estan bien?, espero que si... yo con problemas de conexión solo vengo a dejarles unas letras (?)
Espero sea de su agrado, si no, no hay traumas.
Nuevamente, dedico este escrito a todos los que me siguen la huella. A mis amigos.
Y a quienes siguen manteniendose interesados por mis letras y mi fic
.... En especial, te dedico mis letras a ti, que siempre me alientas. Mil besos BEBE...♥♥♥♥
Disclaimer: Personajes creados por (y que son propiedad de) J.K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Hostoria sin afan de lucro, sólo por amor al arte.
3308 palabras un one ^-°
♥ * Abandono * ♥
...y nos separaremos y tus días volveran a tener luz...
¡Me voy!
Me pregunto si me has escuchado al fin. Tengo mis pertenencias conmigo. Me dirijo a la puerta y tu sigues en la cocina degustando de esa torva taza de té que es mas fuerte en costumbre que, mirar a tu alrededor con entereza.
— ¡Me marcho!
¿No me detienes?, ¿no me preguntas por qué? ¡Tan poco, valgo la pena! ¿Soy tan insignificante en ella para que no me voltées ni a ver? Tomo el pomo de la cerradura. Y mi estúpida esperanza aguarda tu mano en mi hombro, para pedirme que aquí me quede; que por tu amor yo me esfuerce. Que ambos lo hagamos. Y no te deje.
Pasan los segundos; ¡agonizantes segundos! Y no apareces. Ni siquiera de tu lugar te mueves, tan monótono y casual, como cada tarde al sonar las cinco. Vuelvo en mis pasos. Y en el dintel de la entrada a la sala, te observo. Estas tan fresca y exquisita como siempre.
Tus hermosos rizos desiguales caen pletóricamente sobre tus hombros desnudos; que se elevan un poco al estar apoyada contra la dura superficie de ese tu escritorio que tienes frente a la ventana. Miras con parcimonia, las gotas de plata que kamicaces se estrellan contra el cristal empañado de la ventana.
La sinfonía natural, es afuera tal; que ya ejecuta el réquiem de mis olvidos. Estas serena. Voltear a verme no quieres, auque quizás sea que presientes que te observo, y mirarme partir no deseas. Es tan duro que, te romperá el corazón… Sí, eso debe ser. No hay otra explicación. Sabes que lo haré y por ello has estado tan esquiva éstas últimas semanas.
Por eso ya no te abrazas a mí en las noches. Por ello te busco y entre las sabanas te estremeces con mi tacto. Sutil tu manera de decirme que no te importo. Debería dejar de amarte. Pero, duele más a éste corazón, el intentar sacarte; que, el seguir por ti suspirando.
Lo cierto es que, yo no hayo mi vida sin ti. Y sin embargo, aquí me tienes. Listo para dejarte. Listo para en la oscuridad de mi camino perderme, y por fin esa libertad obsequiarte. Sé que la anhelas. Lo he visto en tu rostro ojeroso de los últimos días. Pides a gritos de silencio, que de aquí me largue.
Es eso lo que motiva a mi mano emprender cruel empuñadura contra mi pecho, al alejarme. Con esa actitud que tienes yo también debería odiarte. Pero,… ¡no puedo! Es tan fácil amarte. Es tan sencillo de ti enamorarse. La sonrisa de tus ojos divinos en color Maple, es el tormento de mi alma. Tus labios tristes, de fina fresa, son el delirio de mi boca. Tan cerca y tan lejos; que en, no recuerdo cuanto tiempo exactamente, me has negado, al intentar besarte.
Decidí esto, hace más de dos semanas. Y desde entonces te lo hé dejado saber constantemente, esperando una reacción en tu persona. La primera vez que me atreví a decirlo. Acababas de salir de una matutina ducha, y el sol brillaba como oro en tus húmedos cabellos. Recuerdo que me acerqué hasta ti, y tomando una gota de agua de tu espalda te lo dije entre palabras quebradas.
— ¡Debo irme!
Te estremeciste en tu lugar. Pero no me enfrentaste. Fingiste estar muy ocupada en tu arreglo personal, que para mí, en realidad no tiene mayor importancia. Después de todo, te ves preciosa con apenas colocarte frente a mis ojos. Seguiste hablando para el marrón felino, como lo haces a últimas instancias para lograr apagar mi voz vacilante.
Qué, ya se te hacía tarde. Qué, te esperaban para una reunión. Qué sería un fastidio; más, el tener que responder a sus insulsas preguntas de rutina. Recuerdo que te quedaste pensativa. Y sin soportarlo me incliné a besar tu mejilla. Y allí sentada en el banquillo que se baña de día y sol. Brilló una lágrima como rocío en la comisura de tus bellos ojos.
Me odié a mi mismo, por causarte tal dolor. ¡Qué tan arrogante me había vuelto para no ver que mi presencia te hastía! Sollozaste quedamente y tras retirarme, limpiaste tus ojos y recompusiste el maquillaje. Nadie tenía por que saber que yo te hago llorar. Hasta eso, tú, nunca lo has permitido. Nunca has dejado que los demás sepan del infierno que es tu vida en mi camino.
No quise interrogarte por qué a esa reunión, como a tantas otras, no me invitaste. Pero me mató saber que era con tus antiguos compañeros de colegio y no una simple junta de trabajo. Me fastidió más que esos a quienes llamé tantas veces amigos; hoy no me tomaran en cuenta, si no para robarme a ti, de mi lado. Quizás si estaban enterados de lo insufrible de tus días a mi lado. Quizás el único ciego en todo esto era yo.
La mañana de ese siguiente domingo, yendo de mercado como tantas veces. Volví a soltártelo mientras escogías la fruta. Estabas radiante ese día y no quise desaprovechar la oportunidad para entablar el tema. Sonreíste durante todo el tiempo en que tomando pomelos en una bolsa; te repetí mi sentencia:
— ¡Voy a irme, te dejaré!
Te volviste al otro lado con el carrito de compras, y me dejaste allí parado en medio de ese pasillo como si le hubiese hablado al viento. Te seguí como ahora es mi costumbre. Pagamos y no permitiste que yo lo hiciera. Es como si me dijeras constantemente un: NO TE NECESITO.
Subí a nuestro carro mientras rechazaste mi ayuda para meter los víveres en la cajuela. Estuve tan deprimido que no me importó que tú manejaras. Y el silencio se posó denso en el ambiente de retorno a casa. Te detuviste en cada señalamiento quizás más de lo necesario y te quedaste embelezada frente a una tienda de vestidos de novia. ¡Y pesar que ese había sido nuestro sueño!
Meses antes no parabas de hacer planes y contarme cada uno de ellos. Y veíamos cuando tendríamos suficiente dinero, para realizarlos. No entiendo, como mi flor cantarina, de la nada se volvió muda conmigo. No comprendo como tu risa ya no se oye más en casa. Y entonces el frío inundó mi vida.
Verte preparar comida para uno; descanso y salidas para solo tu persona. Me obligó a darme cuenta que a tu lado ya no me quieres. Noches enteras me hé pasado sentado en la cama. Y tú no te inmutas, ni protestas si de ella me levanto y en el sillón me siento. Sigue gustándome ver tu cara a la luz de la luna mientras descansas. Lloras a veces, y me siento inútil de no poder calmar tus lágrimas como en antaño.
“Te odio” fueron tus últimas palabras una noche entre sollozos; antes de quedarte profundamente dormida. Algo torvo golpeó mi vientre y un apremiante nudo se posó en mi pecho subiendo ardorosamente hasta mi garganta. Retiré mis gafas redondas para contener las lágrimas. Mordí mis labios para no dejarte escuchar que había comprendido con exactitud tus labios adormilados.
Yo ya presentía tus palabras. Más, ¿cómo decírselo con veracidad a mi tonto corazón, que se muere de celos apenas algún chico te voltea a ver? Antes solía también molestarte. Ahora les regalas esas sonrisas que a mi me robas; que a mi me pertenecían.
— ¡Voy a dejarte!
Lo hé gritado casi en tu cara y tú apenas me has prestado atención. Es como si cuando me miras, miraras al aire. Tus avellanados ojos ya no se incrustan en los verdes míos. Hace tiempo que tus finos dedos, no revolotean mi cabellera negra. Ya ansío yo las caricias con que regalas a nuestro fiel felino.
Sacaste mi ropa del armario hace unos días. Sé que dije que yo lo haría, que me desharía de esas cosas que ya no uso y compraría nueva. Pero no pensé que la sacaras toda. Quizás me volviera paranoico y solo fuera para elegir con que quedarnos y que desechar; pero, la pasaste toda a la cama del cuarto de huéspedes. Mayor incitación no era posible.
¡Te estorbo! Y me estorbas al querer odiarte. Entorpezco tu vida, y tú atribulas la mía, con tus tantos silencios esclarecidos. ¡¿Quién habría de decirme que esa dulce princesa que un día yo encontré en mi mejor amiga; habría de convertirse en una bruja fría por la cual este idiota corazón no deja de latir?!
Quisiera golpearme, y ver si sangrando, tu corazón vuelve a tener aunque sea lástima por mí. Pero, ¿de qué sirve intentarlo, cuando no prestas atención a mis días, cuando no te importa si sigo aquí, si me voy, si como, duermo contigo, si estoy triste, si río, vivo, o me muevo?, ¿de qué sirve…?
Eres un témpano a mi lado, que se derrite con apenas el saludo de otros. Yo me lo hé ganado. El asunto es que, no se como terminamos así. Cada quien dividido en su propia tristeza, cada quien viendo por su propia vida.
El celo por nuestra causa, no existe más. No empuñas tu armadura contra la vida, no podemos ir más contra la adversidad. El amor escapa de ti, y tú no quieres retenerlo. Es más sencillo si solo lo observas cual globo al viento, alejándose de tu suave mano.
Tus constantes salidas me enferman, no te ocupas de que yo contigo quiera estar. Te arreglas y subes a ese carro y se pasa el día y tú apenas retornas a dormir. Te ocupas poco incluso del gato. Yo, estando en ésta nuestra casa, lo hé alimentado. Y él también me mira como preguntando: ¿por qué no estoy a tu lado? ¿Por qué te sientes a mi lado tan aprisionada?
No hé preguntado a donde vas, no desde la primera noche en que volviste llorando y no me dejaste a nuestra pieza entrar. Te encerraste a llorar toda la noche, sin decir más. Sé que el día anterior yo había llegado tarde, pero, juro que no fue mi culpa, algo ocurrió ese día, y tuve que quedarme hasta tarde. El auto en que venía, tuvo que ser llevado al mecánico, que por cierto, debo recordarte, ¡no ha llamado!
Volví a pie y te lo expliqué, pero no me prestaste atención. Demasiado digna, para aceptar que a veces tu novio se cansa de la magia y prefiere caminar como un muggle. Sé que la fecha era importante, pero venía yo tan cansado, que solo dar paso tras paso, era un suplicio. Verte sentada con la mesa puesta, fue la peor apuñalada del día. Y en vez de arrastrarme a la ducha como tanto deseaba, te di toda mi historia de los hechos; historia que no bien escuchaste en silencio, de la que esperaba réplica; cuando interrumpieron llamando a la puerta y te fuiste; tras ver quien era.
No volviste esa noche, y fue la primera en pasármela en vela. Pero, para que recordar lo que hiciste, si el canalla soy yo. El que poco te ha valorado por años soy yo. Apenas hace escaso tiempo que te descubrí oculta tras el manto de quien creí una hermana. No hará mucho en que por fin a tu lado encontré la verbena celeste. Y sin embargo tanta dicha, tanta pasión, tanto amor... no pudo ser para siempre.
— ¡He de dejarte!
Y no dejo nota alguna de mi huida. No quiero que alguien crea que justifico con tu desden mi partida. Eres la víctima de éste desamor que se lleva tu vida... Descansarás al fin de no tener que encontrarme cada mañana a tus espaldas. Se aliviará tu alma de no soportar más mi presencia. Y caminarás resuelta por las calles de esta bella ciudad que enmarcó anteriormente nuestro amor. Y nuestra vida que pensamos como un sueño; no te lastimará más.
Vas a ser feliz. Vas de nuevo a reír. Tus lágrimas se secarán. Y yo no estaré más aquí…
Duele amarte, y aun así es imposible lejos de ti, imaginarme. Pero, lo hé de hacer. Por tí vale la pena apartarme. Por tu felicidad merece el sacrificio de abandonarte.
— ¡Ya me marcho!
¿No me despides?... ¡Veo, que no! …Por fin te dejo; alondra de mis vientos. Y mientras mis alas se las lleva el cielo, espero que, tú en casa, seas feliz. Un último beso de tus labios quisiera; pero, es mucho pedir de alguien que no soporta mi presencia más en su existencia.
Mis pasos nunca fueron más pesados al dirigirse a la puerta. Sé que me oirás cuando por fin haya cruzado el dintel. Quizás entonces salgas a desearme suerte…
Se queda mi vida contigo, mientras el portal de la casa se hace pequeño en la distancia. El viento me lleva, y las hojas de otoño presagian, que el próximo año, volverá a haber primavera en tus días.
Muere el sol de la tarde, llevándose entre sus rayos de grana, de oro y de lava, mis últimos días. Duele morir, duele que te quedes tú aquí, duele que no me pidas volver y que yo no tenga fuerzas para combatir.
…
En una habitación de etéreo blanco, y sabanas de hielo. Una línea recta en un monitor, suena incesante mientras el personal corre a intentar hacer algo. El paciente de la puerta 6-03, por fin ha dejado el coma, pero también ha dejado de existir. Es hora de llamar a su novia que desde el accidente; apenas vive alejada de esa cama y de ese cadáver que es ahora su eterno e irrealizable amor.
Minutos pasan hasta que ella llega, y un desgarrador grito retumba entre las delgadas paredes del recinto donde el deceso es inminente, donde la esperanza es un mito, donde se extinguen las sonrisas al igual que las horas del día. Donde se van los instantes, siempre pendientes de una línea roja, que presagia muerte.
fínite
S * T * A * R * L * I * G * T * H *

♥ LIZ ♥















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