aqui me tienen de nuevo
les presento mi nuevo fanfic de mi pareja favorita
decirles que son las primeras en leerlo y que todavia esta en proceso de redaccion
asi que ire publicando conforme vaya escribiendo.
tengo los dos primeros capitulos casi listos, asi que espero actualizar a menudo
antes de nada un resumen:
- Ron y hermione mantuvieron un breve romance durante sus ultima semanas en hogwarts, se pelearon y no se han vuelto a ver en 20 años.
- Hermione tiene 38 años y es jefa del departamento de aurores de nueva york.
- Ron tiene 38 años y es jefe del departamento de aurores de australia.
- Un suceso hara que regresen a inglaterra y se vuelvan a ver las caras.
- Sentimientos olvidados saldran a la luz.
Obviamente, los personajes principales no me pertenecen a mi ni tampoco algunos de sus recuerdos. Estos son de J.K.Rowling, que muy amablemente me los ha prestado, jejejeje.
y ahora el capi:
Capítulo 1:
Abril 2018
Una fotografía que no significaba tanto.
La había encontrado debajo de la cama, cuando intentaba organizar todo el desastre perpetrado por Crookshanks. El viejo gato se había vuelto más cascarrabias con el tiempo, y ahora solo dejaba que su dueña se acercara a él. Su última travesura había sido colarse debajo de la cama y estar sin salir durante cuatro días. Ni siquiera el encantamiento ‘Accio’ consiguió sacarlo.
Era por eso que en un movimiento desesperado, Hermione había acabado debajo de la cama con él. Con su mano derecha rodeó al felino y lo atrajo hacia ella; claro que Crookshanks estaba muy bien agarrado a una caja y cuando salieron al exterior, la caja salió con ellos también.
Hermione suspiró exasperada y después de ponerse de pie, se limpió los restos de polvo y pelusa que se habían adherido a su pijama de invierno.
Aunque estaban en abril, en la ciudad de Nueva York seguía haciendo frío por la noche. Crookshanks había tenido suerte de que su dueña le dedicara parte de la mañana de ese domingo, sino habría tenido que esperar otra semana más.
El trabajo de Hermione en el Ministerio de Magia era asfixiante. Como jefa del Departamento de Aurores se esperaba de ella que diera lo mejor de si, y si ello implicaba no tener vida…no importaba.
Los fines de semana era el único momento que encontraba para relajarse y ser ella misma. No había cambiado mucho desde que salió de Hogwarts veinte años atrás. Bueno tal vez la expresión de la cara no era la misma y alrededor de sus ojos se habían formado unas pequeñas arrugas que constataban el paso del tiempo; pero poco más. Seguía teniendo una larga cabellera castaña (solo que ahora era lisa y para nada alborotada), era alta y delgada, y continuaba siendo más inteligente que la gente que la rodeaba.
Sin prestar mucha atención a la caja, Hermione dio una última mirada al gato y se metió en el baño para ducharse. Le gustaba levantarse temprano, por eso cuando salió con unos tejanos, una vieja camiseta y el cabello mojado, se sentó en su terraza y contempló como el día comenzaba en el cielo. Poco a poco en un horizonte no muy lejano, el sol salió. Al principio era una pequeña cúpula dorada, pero en unos veinte minutos el astro rey miraba el mundo con todo su esplendor.
Mientras se llevaba su taza de café a los labios, sintió un extraño estremecimiento en el estómago. Chasqueó la lengua en señal de disgusto. Con el paso de los años había aprendido que su sexto sentido estaba más desarrollado de lo normal, y si su cuerpo le decía que algo iba a ir mal… pues algo iría mal.
Después de diez minutos pensando en lo que podría salir mal, se levantó y recorrió su apartamento con la vista. El edificio ‘Clare de Lune’ se alzaba majestuoso veintidós plantas por encima del suelo. Tenía magnificas vistas del lado oeste de Central Park y se encontraba bastante cerca del Museo Natural de Historia Americana. A Hermione le gustaba dejarse caer por allí y pasear entre los restos de animales milenarios o maravillándose con la proyección del universo en el planetario.
En cuanto a su apartamento, era todo lo que una mujer de treinta y ocho años, soltera y sin compromiso, podría desear. Amplios ventanales por donde entraba la luz del sol, una suite enorme para ella sola, un salón con sitio para piano, una cocina de acero inoxidable, un estudio repleto de papeles y con la última tecnología informática, y una elegante habitación de invitados. Todo eso claro, rodeado por una terraza con piscina y jacuzzi a la cual se podía acceder desde el salón o desde su propia habitación.
Si.
Uno pensaría que la vida de Hermione Granger era perfecta.
Pero… ¿porqué ella no?
Se pasaba el día rodeada de gente, era respetada en su trabajo y no tenia problemas a la hora de encontrar a un ligue de una noche siempre que lo necesitara. Otra en su lugar haría eso y mucho más, pero Hermione no.
Hacia mucho tiempo que había renunciado a los hombres; no se sentía segura con ellos, y como decía ella ‘mejor sola que mal acompañada’.
Entró de nuevo en su apartamento y se dirigió a su estudio. Podría haber sido el estudio de cualquiera, pues allí no había nada que delatase que pertenecía a alguien; no había portarretratos, revistas, flores o figuras. Parecía más bien sacado de la revista ‘Style’.
Pero así era como le gustaba a Hermione. Nada fuera de su sitio, nada de trabajo pendiente, nada que pudiera distraerla,…nada que señalase que tenía una vida aparte.
Se sentó detrás del escritorio y encendió el ordenador.
¡Cómo odiaba esos trastos muggles!
Eran lentos, se colgaban con facilidad y qué decir de cuando se estropeaban y perdías todo el trabajo realizado. Todavía se preguntaba como el en Ministerio de Magia de EE.UU habían sucumbido a ellos; ahora eran necesarios casi para cualquier cosa.
Conectó el ADSL mágico y se entretuvo mirando algunas páginas. En ‘Corazón de Bruja’ por ejemplo, sacaban a toda plana un primer plano de Víktor Krum y su recién prometida, Yulia Kostova. Se alegró por Víktor. En ‘Quidditch y algunos deportes más’, leyó que Oliver Wood se retiraba y que por primera vez en 150 años, los Chuddley Cannon’s habían vuelto a ganar un partido.
Sonrió tontamente al recordar como Ron…
La sonrisa se le congeló en el acto.
Hacia mucho tiempo que no pensaba en Ron.
Veinte años habían pasado desde que se vieron por última vez.
Chasqueó la lengua por segunda vez esa mañana y movió la cabeza hacia un lado y a otro, como queriendo sacarse esa imagen de la cabeza. Con gesto cansino apagó el ordenador, pues ya le había servido para pensar lo que restara de día. Ni siquiera tuvo la necesidad de abrir su bandeja de entrada donde seguro encontraría varias peticiones.
Se reclinó en su silla y cerró los ojos.
Respiró hondo varias veces y volvió a abrirlos.
No. El dolor que se había formado en su corazón continuaba allí.
Esa era la razón por la que continuaba sola.
Una vez.
Una sola vez había entregado su corazón y se lo habían roto.
Por culpa de EL ahora era esa persona fría e insensible, incapaz de confiar en los demás y que prefería pasar el rato sola que rodeada de gente.
Se levantó de su asiento y volvió a su habitación. Rozó con sus pies una pequeña fotografía que había junto a la moqueta; debía de haber salido a la luz cuando sacó a Crookshanks de debajo de la cama. Pero no fue en eso en lo que pensó.
Se apoyó en su armario ropero y se dejó caer al suelo. Sentía con sus manos comenzaban a temblar y su corazón palpitaba de forma desaforada, tal y como hacia años cuando estaba junto a él.
En la fotografía se podían contemplar cuatro rostros sonrientes.
Correspondía a los viejos y buenos tiempos de cuando estaban en Hogwarts.
Harry y Ginny tan enamorados como siempre no tenían ojos más que para el uno y el otro; cuando la fotografía cambiaba, se podía ver como Harry la besaba y Ginny le revolvía el cabello de manera juguetona. A su lado una imagen no muy diferente.
Ron y Hermione disfrutaban de los primeros días de un amor ya anunciado por muchos. Aunque no era el mejor momento para ella, no podía evitar sentirse feliz arropada entre los fuertes brazos del pelirrojo. Después Ron se acercaba la boca a su oído, le decía que mirase a cámara y le daba un beso en la mejilla. Ella tendía a sonrojarse al final.
La Hermione actual tenía los ojos clavados en el pelirrojo.
No podía creer que él de entre todas las personas le hubiera traicionado de aquella manera, sobretodo después de la noche que habían pasado juntos.
Pero así había sido.
Si se concentraba, Hermione aun podía recordar el aroma masculino del pelirrojo y el escalofrío de placer que sintió cuando sus cuerpos se hicieron uno.
--FLASH BACK--
¿¿les gustó??
espero que si
ya se que he sido mala y les he dejao en la mejor parte, pero antes de continuar tengo que saber si quieren que lo haga
en caso afirmativo espero poder colgar el flash back esta misma noche o como a muy tardar mañana por la mañana.
dejenme muchos comentarios, recuerden que son el alimento de una escritora








