por Roo » Sab Jun 12, 2010 7:50 pm
El tercer y ultimo cap, esperamos que les guste mucho.
Capítulo 3: Las reglas han sido hechas para romperse.
Ron Weasley amaba su trabajo. Cada mañana se levantaba con el entusiasmo reflejado en su rostro y las energías dispuestas para un nuevo día en la oficina. Sentía pena por algunos de sus amigos que continuamente estaban quejándose de sus rutinarios empleos pero, al mismo tiempo, se sentía dichoso de no estar entre los que opinaban de esa manera. Su labor lo hacía feliz y no podía imaginarse en otro lugar que no fuera su adorada empresa. Aun así, su día preferido de la semana era el domingo, ya que solía pasarlo con los suyos en las clásicas reuniones familiares. Porque Ron Weasley amaba a su trabajo si, pero no más que a su hermosa familia.
Aquel domingo era particularmente especial. Ginny junto a su novio –y mejor amigo del pelirrojo –Harry Potter, anunciarían a la familia que estaban comprometidos. Ron estaba acostumbrado ya al tumulto en su casa paterna pero nunca dejaba de disfrutar de ser parte de ello. Él era la cabeza de su empresa, el que tomaba todas las decisiones y mantenía la organización y el orden, pero allí era simplemente un hijo más y, como el resto, estaba bajo las órdenes de su madre Molly.
-¡Si no dejan de jugar ya mismo y entran a la casa se quedarán sin almuerzo! –gritó desde la puerta con las manos en su cintura y mirada amenazante.
Sin dudarlo un sólo segundo, los chicos dejaron la pelota y entraron rápidamente a la casa. Molly sonrió complacida, no sin antes agregar cuando pasaban por su lado:
-Y más les vale que se laven las manos y se arreglen un poco, no los quiero sucios y desarreglados en la mesa.
-Si mamá –corearon todos los hermanos, excepto Percy que sólo se había limitado a observar el juego junto a su esposa.
-Si señora Weasley –contestaron Harry, Angelina y Katie –las novias de Fred y George- que habían estado jugando también.
Una vez en la mesa, comenzaron a comer entre conversaciones y risas. Nunca faltaban las bromas, especialmente de los gemelos que solían ensañarse con Percy para diversión de todos, incluso de Penélope, la esposa de este. Pero, como cada domingo, en algún momento del almuerzo salía a colación ese tema que fastidiaba a Ron e interesaba al resto. Y esta vez fue el turno de Bill:
-¿Cuándo traerás una chica Ronnie? –curioseó, logrando –como siempre- el silencio general y la atención expectante del resto en el pelirrojo.
-No molestes Bill –fue la única y acostumbrada respuesta del muchacho, mientras se llevaba una abundante porción de comida a la boca.
-Ron, no seas así –lo reprendió su madre con parsimonia.
-Eshtoy ganshado de je shiempge me pgegunten esho –contestó, molesto.
-Primero, no hables con la boca llena y segundo… Hijo, nos preocupamos por ti, queremos verte feliz.
-Es cierto, queremos que el blanco de nuestras burlas sea sólo Percy –aseguro Fred.
-¡Oye! –protestó el aludido –yo tengo esposa, ¿no?
-Ron, si quieres puedo presentarte a una amiga, tengo muchas –dispuso Charlie, guiñándole un ojo.
-No gracias –contestó escuetamente. Sabía la clase de “amigas” que tenía su hermano y aunque solían ser muy bonitas, ninguna era tan inteligente, divertida y especial como… Negó con su cabeza y descartó la idea. Nuevamente estaba cayendo en el absurdo.
-Hay una muchacha muy bonita en el trabajo que podría gust…
-¡Papá, ¿tú también?! –lo interrumpió, agónico –Ginny… -expresó, pidiéndole ayuda con la mirada -¿No tenías algo importante que decir?
-¡Ah si! Pero no te preocupes, puede esperar –contestó, divertida ante el sonrojo de ira de su hermano.
-Ginevra, mejor que hables o lo haré yo en tu lugar –amenazó, con un brillo de malicia en su mirada.
-Vamos Ginny, no tortures a tu hermano –bromeó Harry, tomándola de la mano.
-Bueno, está bien hermanito, no te enojes –respondió, sonriendo a su novio y carraspeando para atraer la atención de los presentes -. Familia, Harry y yo tenemos un anuncio que…
-¡Estas embarazada! –Soltó Charlie con sorpresa.
-¡¿Voy a ser abuela de nuevo?! –expresó Molly, entusiasmada.
-Eh, mamá…
-¡Ay! ¡Victogie tendga un pgimito o pgimita! –exclamó Fleur entusiasmada.
-No, Fleur, nosotros… -intentaba terminar Ginny.
-Bueno… Me gusta ser abuelo aunque claro, hubiera sido mejor si se casaban primero…
-No, papá, tu no entiendes, nosotros…
-¡¿Oye Potter, qué le hiciste a nuestra hermanita?! –dijo Fred.
-¡Nada! –se excusó Harry, levantando sus manos en señal de defensa.
Ron observaba a su alrededor divertido, intentando contener la risa. Se había armado todo un alboroto y el rostro de Ginny enrojecía más a cada segundo. Sabía que en cualquier momento la pelirroja explotaría.
-Veo que no han perdido el tiempo –comentó, sarcástico, Bill.
-Bueno, un niño siempre es una alegría y…
-¡¿PUEDEN CALLARSE TODOS?! –gritó encolerizada la pelirroja, logrando que se produjera un silencio absoluto en el lugar y que Harry apartara su mano con miedo -. Gracias… -agregó con voz suave y una delicada sonrisa -. Familia… Harry y yo nos vamos a casar.
El silencio que se había propagado por el lugar, continuaba imperturbable. Bill fue el encargado de quebrarlo, preguntando con un leve gesto de desconfianza:
-¿Pero no estás embarazada, no?
-No Bill… No estoy embarazada –masculló entre dientes, comenzando a enrojecer nuevamente.
-Bueno, si no es así… ¡Felicidades chicos! –exclamó el muchacho, seguido del resto de los presentes que comenzaron a aplaudir y abrazar a la feliz pareja.
-¡Qué alegría muchachos! –sinceró Arthur, con emoción -. ¡Ahora sí pueden comenzar a buscar un niño!
-No empieces papá –respondió la pelirroja, abrazándose al hombre.
Ron observaba maravillado a su alrededor. Su familia estaba realmente feliz con la noticia, aunque el puso especial atención en los novios. Eran realmente envidiables sus expresiones de dicha y aunque a él estaba más que feliz por ellos, no pudo evitar sentir una pequeña punzada de anhelo por tener algo así. Y automáticamente, la imagen de esa mujer que ansiaba a su lado, se coló en su mente, logrando en él algo que jamás pasaba: que deseara por un momento pasar un domingo en la oficina.
El sol había caído ya y con ello llegaba el fin del último día de descanso. Al siguiente comenzaría nuevamente la jornada laboral aunque no era precisamente aquello lo que tenía nerviosa a Hermione. Lo había decidido, definitivamente aquella era la mejor opción. La primera mitad del sábado lo había pasado pensando en lo que había acontecido el día anterior en la oficina… Todavía le costaba creer que Ron hubiera dejado ir a Draco de esa manera, especialmente porque el rubio siempre había sido así y a su jefe nunca le había molestado al punto de permitirle la renuncia. No podía dejar de pensar que efectivamente ella había tenido mucho que ver en aquello y eso la confundía mucho… ¿Sería que existía la posibilidad de que su jefe sintiera lo mismo que ella? Instantáneamente quitaba esa ridícula idea de su cabeza… No podía ser posible; Ron solía estar con mujeres que parecían sacadas de revistas de modas y ella no era precisamente una modelo. Podía estar completamente segura de que él la necesitaba, eso podía afirmarlo ya que le pedía consejo hasta para elegir el color de su corbata, pero su interés hacia ella no pasaba más que por su ojo crítico y su sabiduría para brindarle consejos. Cuando sintió que comenzaba a deprimirse nuevamente por su eterno amor indebido, decidió que lo mejor sería salir del encierro y soledad de su departamento, aunque eligió ir al último lugar que tendría que haber pensado: la casa de sus padres.
Tal como pensaba, ir a visitar a sus padres para mejorar su estado de ánimo no había sido la mejor idea. Bajo la acostumbrada excusa de querer su felicidad, sus progenitores la habían hostigado durante toda su estadía con su preocupación porque encontrara su alma gemela, por lo que el domingo había decidido que lo mejor sería pasarlo sola y alejada de las muchedumbres que parecían sólo pensar en alabar al gran Eros. Y estar sola y concentrada únicamente en sus pensamientos, había hecho que la castaña llegara a esa firme e irremediable conclusión. Lo haría… No sabía cómo ni de dónde sacaría el valor, pero lo haría.
Cuando el alba despuntó al día siguiente, Hermione ya tenía sus ojos abiertos, apuntando fijamente hacia el techo de su habitación. Le había costado dormir esa noche y no era para menos; lo que había decidido cambiaría radicalmente su vida por lo que era un paso demasiado importante, pero lo había analizado muy bien y decididamente era lo mejor para ella. Luego de una apresurada ducha y unos cuantos tragos de café tibio y horrible, se vistió y maquilló rápidamente y salió rumbo a la oficina.
Cuando Ron arribó a la empresa pudo notar que el clima que reinaba allí era bastante tenso. La noticia de la renuncia de Draco había disgustado a más de uno y el pelirrojo sabía que tendría a muchos en contra por ello, especialmente a algunas de las mujeres que solían suspirar por la presencia del rubio. Esquivando algunas miradas asesinas y buscando sin éxito la única que lo reconfortaba, se encaminó rápidamente hacia su oficina, ignorando el comentario mordaz que había deslizado Cho Chang, la ex secretaria del rubio, cuando él pasó por su lado. Cuando cerró la puerta tras él, se apoyó en ella cerrando los ojos y dando un largo suspiro.
-¿Sucede algo? –dijo aquella voz que más esperaba escuchar.
Hermione estaba parada frente a su escritorio con un gran vaso de café en una mano y el diario en la otra, esperando para entregárselos. Pudo notar que estaba algo ojerosa y más seria que lo acostumbrado.
-Estoy bien, es sólo que no dormí muy bien anoche… aunque parece que no soy el único –señaló, observándola detenidamente.
-Yo… -antes de que pudiera continuar, comenzaron a llamar a la puerta.
-Dime –la instó el pelirrojo, ignorando el golpeteo.
-¿No vas a atender?
-Puede esperar –repuso, sin despegar sus ojos de los de ella.
-Bueno… -los golpes continuaban y la castaña resopló con molestia -. Olvídalo –dijo, antes de dirigirse hacia la puerta para abrir.
Cho entró altiva y se dirigió hacia el pelirrojo, ignorando por completo el saludo de la castaña. Ron suspiró pesadamente y se sentó, observando a la muchacha con gesto impaciente.
-Con todo respeto señor, no se cómo pudo dejar ir a uno de los hombres más importantes de la…
-Primero y principal, el jefe soy yo y yo digo que se hace y que no en mi empresa –la interrumpió, sin perder la compostura -. Y segundo, deberías estar aliviada… Ahora que él no trabaja aquí eres libre para conquistarlo a tus anchas –agregó, intentando no reír cuando la chica empalideció.
-No se de que habla, Dra… quiero decir, el señor Malfoy no…
-Señorita Chang, no me tome por tonto –insistió, con una sonrisa cómplice –y por favor, si no tiene nada más que decir, puede retirarse… Al menos que quiera renunciar también para acompañar a Draco… quiero decir, al señor Malfoy –finalizó, recostándose sobre su asiento.
-Por supuesto que no… Con permiso –fue todo lo que dijo, antes de abandonar el lugar.
-Debería agradecer que no la haya despedido cuando me enteré de sus escapadas con su jefe en lugar de recriminarme por que no le imploré a Malfoy que no se vaya –le confió a su secretaria, una vez que estuvieron solos -¿Qué ibas a decirme antes de que nos interrumpieran?
-No es nada, no te preocupes –contestó, con una tímida sonrisa –. Con permiso –expresó, dirigiéndose a la puerta.
Antes de salir de la oficina, se giró hacia su jefe y sin poder reprimirse, preguntó:
-¿Y por qué no la despediste?
-Porque no tenía pruebas –respondió, encogiéndose de hombros.
-Claro… -asintió, antes de retirarse.
Sintió que le faltaba el aire… Su cuerpo temblaba y sentía una gran impotencia y fuertes deseos de llorar. Se encaminó hacia el baño, se encerró en uno de los cubículos y se sentó en el inodoro, apoyando los codos en sus rodillas y hundiendo su rostro entre sus manos.
-Debes hacerlo Hermione, no tienes opción –se repetía una y otra vez. Escuchó que entraban algunas mujeres al baño y notó al escucharlas hablar que se trataba de Cho y Pansy.
-¿Me estás diciendo que el señor Weasley sabía lo de tú y Malfoy? –decía una asombrada Pansy.
-Así parece…
-¿Y cómo es que no los despidió? No lo creo Cho, seguramente lo dijo para ver tu reacción.
-No se, quizás no tenía pruebas… De todas maneras tiene razón, ahora podré estar libre y sin problemas con Draco, ¿no crees? –exclamó, emocionada.
-Si… Claro –respondió, aunque Hermione notó que, al igual que ella, Pansy creía que Draco sólo estaba con ella por deporte.
-Así que, si lo piensas bien, ¡Esto es lo mejor que me pudo haber pasado! –continuaba la chica, excitada -; porque, ¿De qué me sirve tenerlo cerca cada día si no puedo estar con él libremente, ni besarlo, ni abrazarlo? ¡Por unas estúpidas reglas! Admito que era interesante, lo prohibido siempre lo es, ¿no? Las reglas han sido hechas para romperlas pero… yo lo amo y no quiero estar obligada a negar mis sentimientos o a callar mi corazón por una tonta norma sin sentido, ¿no crees?
Hermione ya no pudo contenerse. Abrió la puerta de un golpe y salió del baño a toda prisa, ignorando a las dos chicas que se habían paralizado al notar que las había escuchado. Sin detenerse y más segura que nunca, se dirigió hacia la oficina de su jefe y abrió la puerta de un empujón, sorprendiendo al pelirrojo que se levantó de su asiento sobresaltado.
-Renuncio –exclamó, clavando sus ojos aguados en los profundos azules de su jefe.
-¿Qué? ¿Cómo? ¿Por…? –tartamudeó Ron, con los ojos abiertos como platos.
-Lo que has oído –reiteró, aproximándose al pelirrojo -. Renuncio.
-No entiendo Hermione, ¿De qué hablas? ¿Por qué? –insistió, comenzando a desesperarse y notando como el rostro de su secretaria se acercaba cada vez más al de él.
-Porque están prohibidas las relaciones entre jefe y secretaria, ¿Por qué más? –puntualizó, antes de tomar el pecoso rostro de su superior entre sus manos y besarlo efusivamente.
Fueron dos o quizás tres segundos lo que tardó Ron en corresponder a ese beso. Sin detenerse a pensar en lo que hacía y perdiendo todo resquicio de razón, la aferró fuertemente contra él y profundizó aún más aquel beso, transformándolo en uno lleno de pasión y deseo contenido. Se sentía tan increíblemente genial como siempre había fantaseado y por nada del mundo quería que aquello terminara. Deseaba poder detener el tiempo y perderse en las miles de sensaciones maravillosas que su cuerpo estaba sintiendo en ese momento hasta que sin esperarlo y de la misma manera abrupta que había comenzado, su secretaria rompió ese beso y salió corriendo de su oficina, dejándolo en un estado de total desorientación. Como pudo, se acercó a su asiento y se desplomó sobre él, mientras la cabeza aún le daba vueltas sin parar… ¿Hermione correspondía a sus sentimientos o lo que acababa de vivir había sido un sueño? Uno de esos que solía tener cada día de su existencia… La puerta se abrió nuevamente pero, para desilusión del pelirrojo, se trataba de Cho.
-Señor Weasley, su tío está en el teléfono. Siento haber atendido yo, pero su secretaria salió corriendo y…
-Está bien Cho, ya lo atiendo. Puedes retirarte, gracias –contestó, tomando el teléfono y llevándose el auricular al oído -¿Si?
-¿Cómo es eso de que Malfoy renunció a la empresa? –pudo escuchar a pesar de su ensimismamiento.
-Sí, así es… Y yo también renuncio.
-¡¿Qué?! ¡¿Te has vuelto loco?! –soltó, desesperado -¿Se puede saber a que se debe semejante disparate?
-Lo siento tío pero… El amor manda.
Hermione creía que no podía tener más mala suerte… No sólo estaba ahora sin trabajo, sino que había abandonado la única posibilidad de poder estar cerca siempre del amor de su vida y… estaba completamente empapada. Una lluvia torrencial se había desatado al salir de la empresa y no había podido encontrar un solo taxi disponible, por lo que tuvo que ir caminando hacia su departamento. Ahora estaba desempleada, lejos de la única persona que había amado y… seguramente se enfermaría. Sintiéndose más desdichada que nunca, se despojó de sus prendas mojadas, se arropó con una bata abrigada y determinó ir a la cocina a prepararse café cuando comenzaron a llamar a la puerta. Pensó por un momento ignorar aquello… No tenía ganas de hablar con nadie, se sentía demasiado triste para tener compañía. Pero escuchar el fuerte golpeteo del agua al chocar contra el suelo, le hizo dar cuenta de que la persona que aguardaba detrás de la puerta estaría empapándose como le había pasado a ella por lo que, aunque era lo último que quería, se acercó a la puerta para poder observar por la mirilla y ver quien era.
-¡Ron! –exclamó, sin poder ocultar la sorpresa.
-Hermione, ábreme por favor –pidió el pelirrojo.
Abrió la puerta y… no supo si reír o regañarlo… Ron estaba tan empapado como había estado ella hacía unos minutos y temblaba de pies a cabeza.
-Pasa por favor, te estás mojando.
-¿Más de lo que ya estoy? –bromeó y cuando la castaña rió, el pelirrojo sonrió abiertamente. Amaba escucharla reír… amaba absolutamente todo de ella.
-¿Qué haces aquí? –dijo, tendiéndole una toalla.
-Vine a buscarte… Hermione, te necesito –dijo con sinceridad, observándola a los ojos.
-Ron, yo… no puedo, lo siento… Se que te has acostumbrado a que esté a tu lado en todo momento, que soy tu agenda, tu consejera, tu…
-No Hermione… No estoy diciendo que necesito a mi secretaria… Te necesito a ti –expresó, acercándose a ella -. Siento haber sido tan ciego y no haber notado tus sentimientos… Si tan sólo lo hubiera sabido las cosas habrían sido diferentes… Te amo Hermione y siempre te he amado –confesó, antes de abrazarla y besarla con dulzura.
La amaba… Era increíble como podía uno pasar de un estado completamente vulnerable a uno de dicha absoluta y así era como se sentían ambos en ese momento. Podían existir reglas en la escuela, en el trabajo y en el mundo, pero no en el amor.
-Yo también te amo Ron –respondió abrazada a él, una vez que dejaron de besarse -, pero reglas son reglas por lo que tendré que dejar de ser tu secretaria…
-Muy bien, tendré que contratar otra –concluyó, encogiéndose de hombros.
-Querrás decir otro… ¿No pensarás que permitiré que contrates a una muchacha después de esto, no? –amenazó, levantando una ceja y Ron rió.
-No tienes de qué preocuparte querida, no tendré ninguno de los dos porque yo también renuncié.
-¿Cómo? ¡¿Te has vuelto loco?! –exclamó, sorprendida.
-Sí… Totalmente loco, pero por ti –confesó, comenzando a besar cada parte de su rostro.
-¿Y tu tío lo permitió? –continuó, entre suspiros. Aquellos besos que estaba recibiendo le hacían perder el sentido por momentos.
-Lo dudo… Pero le dije muy claro: O cambia esas estúpidas reglas o me voy.
-Seguramente lo hará, no quiere a nadie más que a ti en esa empresa –confió, con seguridad.
-Si es así, ¿Volverás a ser mi secretaria? –curioseó, comenzando a besar su mandíbula.
-Por supuesto, no puedes siquiera combinar las medias sin mi ayuda –bromeó, comenzando a reír cuando recibió una queja por respuesta, seguida de cosquillas en su cintura.
Afuera, la lluvia caía impetuosa, fría y sin piedad. Adentro, dos personas comenzaban a disfrutar plenamente de un amor sin reglas, que había pasado de ser indebido, de ser sólo un sueño imposible a… una hermosa realidad.
FIN
Lu, llego el fin de tu regalo,espero haya gustado, te quiero mucho amiga!!!
Última edición por
Roo el Dom Jun 13, 2010 7:16 pm, editado 1 vez en total