*Se asoma tímidamente y se arrodilla suplicando perdón*
Cerrad la boca que os van a entrar moscas, sí, soy yo y he vuelto y como ni yo me lo creo lo voy a repetir... ADARA A VUELTO.
Misteriosamente he conseguido terminar hoy el capitulo, un capítulo que se me ha resistido mucho. Estoy muy avergonzada por haber tardado tanto en actualizar, no voy a poner excusas porque no creo que sean válidas, solo puedo decir que lo siento y que no pude evitarlo. Pero bueno, creo que lo importante es que he vuelto y con un capitulo largo e interesante (o eso me pareció en un principio).
Ni si quiera lo he revisado así que no os asustéis si os encontráis monstruosidades y barbaridades pero es que me daba la impresión de que si no lo subía hoy no lo subiría nunca.
Así que aquí estoy. Os dejo con este nuevo capitulo, espero que os guste........!
Capitulo 30: La fiestaLa chica de ojos castaños que le devolvía la mirada desde el espejo tenía una expresión de frustración, le era completamente desconocida; esos ojos grandes y marrones tenían un brillo dorado que nunca antes había estado ahí, sus mejillas, normalmente pálidas, estaban sonrosadas, y sus labios, siempre de un pálido rosa, ahora estaban rojos de tanto morderlos. Sin embargo, contradictoriamente, siempre había creído que esa extraña del espejo que ahora mismo la miraba fijamente era la Hermione que siempre había estado cautiva en su interior, la verdadera Hermione. La que tenía luz y ganas de vivir.
Suspiró y sonrió, apartando la mirada del espejo, y empezó a recoger todo el desastre que tenía montado en el baño. Había intentado arreglarse un poco más de lo normal. Por lo general ella no tardaba mucho en arreglarse pero hoy había decidido maquillarse un poco, no demasiado, a ella le gustaba ir lo más natural posible pero también era una chica y, como a toda mujer, le gustaba arreglarse de vez en cuando para verse más bonita. Para que
él la viera más bonita.
Por desgracia no era muy buena en ello y llevaba más de una hora intentándolo pero al fin había conseguido el efecto que ella quería. Le había costado bastante porque había decidido ponerse un vestido negro que tenía reservado para las ocasiones especiales, lo había encontrado entre la ropa que no usaba, en una caja de cartón, en un rincón de su armario. En realidad esa era la primera vez que se lo ponía, pues no había tenido ocasión ya que su madre se lo compró en un arrebato que tuvo.
El vestido era palabra de honor, completamente liso del escote hasta el caer del pecho, donde empezaba unas tiras de volantes horizontales negros que caían en cascada graciosamente envolviendo su cuerpo, hasta el final del vestido, un poco por encima de las rodillas. Era hermoso y negro. Había elegido ese color por lo elegante que era y, por muy vergonzoso que fuera tenía que admitir que su gran motivación había sido que el color negro era el preferido de Draco.
Por eso cuando decidió decorar sus párpados con un poco de sombra se las vio canutas para hacer una buena combinación con el vestido. La sombra negra era demasiado llamativa para ella. Por suerte, y tras muchos frustrantes intentos, había conseguido que, en vez de parecer un oso panda, había logrado que pareciera que fuera la propia sombra del ojo, logrando así un natural artificial que fortalecía y embellecía su mirada.
Un poco de rimel, nada de delineador y un carmín con un tono rosado para adornar sus labios.
Con lo que se refería a su pelo, no tuvo más remedio que recogerlo en un moño descuidado del que se habían escapado algunos mechones, dándole un toque algo rebelde que dejaba ver a la chica inteligente pero descuidada con su aspecto que siempre había sido, dejando en claro que ella podía estar guapa sin necesidad de frivolidades, siendo siempre ella misma.
Antes de que pudiera terminar de reorganizar el baño, oyó el timbre de la puerta,
maldición, pensó. Los invitados ya comenzaban a llegar. Estuvo tentada durante todo el día a mandarlo todo al demonio y huir lejos, lejos de la dichosa fiesta y de toda la gente que se suponía que iba a ir. Pero no era una cobarde, no iba a huir de un puñado de adolescentes hormonados por muchas ganas que tuviera de hacerlo.
Ahora se arrepentía, estaba sola y tendría que lidiar con los primeros invitados que llegaran sin el respaldo de nadie, Draco se había marchado hacía un rato, habían quedado en que aparecería por allí más tarde, haciendo como que era la primera vez que pisaba esa casa. Le había costado mucho convencerlo y ahora se arrepentía que no estuviera con ella.
Salió del baño y antes de abrir la puerta puso en marcha el equipo de música. La casa se llenó con los arrasadores acordes de
Party Poison, haciendo vibrar la casa con ella. Hermione rodó los ojos mientras abría la puerta, Draco se había encargado de la música así que no le sorprendió escuchar los gritos del cantante, ni el exceso de la batería. A Draco le gustaba el rock, algo que no compartía con él, así que no tenía ni idea que grupo estaba sonando, solo podía reconocer esa canción como una de las muchas del ruidoso repertorio de Draco. Aún así respetaba sus gustos.
-Llegas tarde.
Draco fulminó con la mirada a Blaise que estaba apoyado en un coche con los brazos cruzados, pero no dijo nada.
-Potter y Weasley ya han entrado hace un rato.
Draco sonrió con malicia. Blaise se apartó del coche.
-¿Lo haces solo para fastidiar a esos dos imbéciles, verdad?
Draco no contestó, abrió la puerta principal del edificio y empezó a subir escaleras.
-En esa fiesta solo habrá pringados.- se quejó.
-Deja de quejarte, voy a ir a esa fiesta te guste o no y tu conmigo.
-Hoy Astoria daba otra en su casa, ¿sabes lo jodidamente geniales que son sus fiestas? ¡Y me la pierdo por tu culpa y tus ansías de venganza!
Draco resopló, exasperado, y sin hacerle caso tocó el timbre de su propia casa. Le importaba una mierda la fiesta de Astoria y menos aún le importaba que Blaise quisiese ir, como amigo suyo que era tenía la obligación de acompañarlo a esa fiesta y ayudarlo a lidiar con los imbéciles que estarían ahí dentro. Cuando la puerta se abrió ambos enmudecieron.
-Ahora lo entiendo, ¿así que esta era la verdadera razón, eh pillín?- sonrió con burla.
-Hermione, ¡tu casa es genial!- exclamó entusiasmada Lavender. Ella, Parvati y Ginny estaban en la ventana que conectaba el salón con la cocina, ellas estaban en el salón y Hermione en la cocina, asomada.
-Gracias- sonrió.
-Y muy grande, ¿cómo puedes permitírtelo? Yo tendría que compartir la casa para poder pagármelo.
-P-pues…- Hermione carraspeó y miró hacia otro lado. El comentario le había pillado completamente desprevenida y no pudo evitar pensar por una milésima de segundo que la había descubierto.
Pero eso era imposible, ni siquiera Ginny, que estaba al tanto de su relación con Draco, lo sabía.
Echó un vistazo a su alrededor, mirando la gente que había en su salón, bailando, riendo, comiendo en lugares poco apropiados y hasta había algunos gritando. Era el hábitat natural de cualquier adolescente… menos el suyo. El lugar estaba oscuro, con la luz al mínimo, y no sabía como ni cuando (mucho menos quién), pero había una enorme –en su opinión – bola de disco cegando a todo el mundo con sus brillantes luces. También habían traído alcohol, como si supieran de antemano que en una fiesta de la sabelotodo no habría ni una gota bajo ningún concepto. Y tenían razón. Había intentado deshacerse de él con un no rotundo escrito en la cara, pero ella sola no podía con todos los que se abalanzaron a por una copa.
La casa estaba llena de gente, demasiada, la voz se había corrido como la pólvora y había caras que no reconocía y eso la ponía nerviosa. ¿Dónde coño estaba Draco?
Sus amigos habían tratado de tranquilizarla cuando la pillaron cantándole las cuarenta a un pobre chico que, según él, había roto “sin querer” una figurita de adorno. Pero ella estaba segura que lo había echo con toda la mala intención. Y ahora intentaban distraerla con cotilleos sobre cada persona que pasaba por allí. Bueno, se dijo mirando distraídamente a Neville y Luna que hablaban animadamente, por lo menos algunos lo estaban pasando bien.
-¿Pero qué dices Lav? Hermione está más buena que esa idiota de Abbott.- Hermione se sonrojó al oírle decir eso a Parvati. Miró a sus amigas pensando qué demonios hacía ella siendo tema de conversación.
-¡Sí! Hoy Hermione está buenorra, ¡a todos se les cae la baba!-apoyó Ginny- ¡Aprovéchalo Hermione! Ésta noche arrasas fijo.- añadió guiñándole un ojo.
Hermione estaba como un tomate, así que se escabulló de allí y de esas dos locas antes de que la situación empeorara. Oyó como reían a su costa y no pudo evitar sonreír, estaban locas pero aún con su locura incluida, las quería.
Al salir al pasillo pudo ver como Harry y Ron hablaban animadamente con Seamus y Dean, habían llegado hacía unos veinte minutos y nada más abrir la puerta se dio cuenta que seguían molestos con ella, aunque no lo suficiente para no asistir a la fiesta.
Iba a decirles algo pero pasó de largo, era mejor dejar que se calmaran, luego hablaría con ellos.
Entró en la pequeña biblioteca que tenía Draco montada, cerró la puerta y se apoyó en ella. Suspiró. Ahí no había nadie y podía descansar y alejarse de todo el barullo un momento, le dolía la cabeza y de lo único que tenía ganas era de echar a toda esa gente y pasar una noche tranquila.
Oyó como llamaban a la puerta por enésima vez en esa noche y, con un suspiro de resignación, fue a abrir.
Cuando vio de quien se trataba no pudo evitar sentirse aliviada.
Draco. Por un instante sintió que le faltaba el aire, lo vio ahí parado, con su ya más que conocida pose de despreocupación, vestido con camisa, pantalones y americana, todo de color negro y su pelo normalmente engominado, todo revuelto, y pensó que un ángel acababa de ascender del infierno para aparecerse en el umbral de su puerta.
Cuando se fijó en sus ojos, los cuales había dejado para el final, la miraron con tal intensidad que fue incapaz de sostenle la mirada y supo que se había sonrojado antes incluso de que dijera alguna de sus
genialidades.
Un silbido rompió el momento, entonces Hermione se fijó que Draco no estaba solo.
-Joder, Granger. La socialización te sienta muy bien.
Draco le fulminó con la mirada y Zabinni hizo como que se cerraba la boca con una cremallera.
Draco volvió a poner su atención en ella, mirándola detenidamente de arriba a bajo. Hermione se sintió incómoda, sentía que la desnudaba con la mirada, así que dijo lo primero que se le pasó por la cabeza para que dejara de mirarla de esa forma.
-¿Dónde demonios estabas?
Draco pareció que lo sacaban de un letargo y la miró confundido. Ah, pensó, eso está mejor.
-Uh, yo me largo. Esto me huele a bronca.- y se coló por la puerta, adentrándose en la fiesta, siendo completamente ignorado por la pareja.
-Creía que habías dicho que llegara más tare.
-¡Pero no tan tarde!- exclamó Hermione alzando la voz un poco más de lo necesario. Draco frunció el ceño.
-Fuiste tu la que insistió, así que no me vengas ahora con estas.-gruñó, molesto. Hermione frunció los labios sabiendo que llevaba razón y que se estaba desquitando con él por el estrés acumulado en esa maldita fiesta.
-Sabes que lo hice para que nadie sospechara.- dijo más calmada.
-Lo sé- asintió Draco seriamente.
-Entonces no me reclam…- Hermione se calló abruptamente cuando sintió como la jalaba de un brazo, ahogó un grito y cuando quiso darse cuenta, Draco la había acorralado contra la pared, justo al lado de la puerta abierta de par en par.
Draco la miraba con la misma intensidad con la que la había mirado antes y a Hermione se le cortó la respiración.
-Draco, ¿qué estás…?- empezó a murmurar.
-Estoy cansado de todo esto. Estoy cansado de ocultar quien soy y a quien…- se detuvo unos instantes, vacilante, con Hermione confusa y expectante- …amo. No quiero que nos sigamos ocultando, Hermione.
Ella contenía la respiración, volver a oírle decir que la quería, ¡no!, esta vez había sido incluso mejor que la primera, había dicho que la amaba, era como si estuviera flotando en el cielo.
-Dime una cosa, Hermione –siguió Draco al ver que ella no decía nada, endureciendo su tono de voz- ¿Estás dispuesta a admitir que estás enamorada de un desgraciado como yo, del peor de los hombres?
Hermione frunció el ceño al escucharle decir eso y al oír el tono cortante en su voz. Dejó de flotar en el cielo para darse de bruces contra el suelo. No permitiría que nadie hablara así del hombre al que amaba, ni si quiera él mismo. Hermione le sujetó el rostro entre sus manos con dulzura y firmeza.
-Escúchame muy bien Draco Malfoy, porque no pienso repetírtelo más veces. Tu no eres ningún desgraciado, mucho menos el peor de los hombres. Tienes tus defectos, como todo el mundo y quizá seas la persona más difícil e insoportable que haya conocido pero yo sé que eres bueno y que tu corazón es noble, ¿y sabes por qué? Porque conseguiste lo que nadie pudo hacer. Me salvaste Draco, si tu no hubieras aparecido en mi vida yo…yo sé que ya no estaría aquí. Por eso te quiero, porque a pesar de todo tienes un buen corazón y por eso no me importa gritar a los cuatro vientos que te quiero y que…y que soy tu novia. Así que ni se te ocurra volver a decir eso.
Draco la miró conmocionado, con el pulso desbordado y su corazón hinchado. Acarició una de las mejillas sonrojadas de Hermione con la yema de los dedos y, lentamente, la besó con todo el amor que le tenía, porque sí, estaba jodidamente enamorado de esa mujer. Hermione le respondió de la misma manera, rodeando por completo su cuello, atrayéndolo más a ella. Esa noche se sentía morir cada vez que Draco la rozaba o incluso con una simple mirada, tenía los sentimientos tan a flor de piel que Draco tuvo que sujetarla bien fuerte para que no cayera al suelo, pues las piernas le temblaban.
Sólo había pasado hora y media desde que lo había visto salir por la puerta y hasta ese momento no se había dado cuenta lo mucho que lo había echado de menos.
Al separar sus labios por pura necesidad pulmonar, Draco se acercó a su oreja y le mordió el lóbulo, ganándose un maravilloso jadeo de ella.
-Estás preciosa- susurró en su oído, estremeciéndola con su aliento-
Jodidamente irresistible.
Hermione sentía que las mariposas bailaban enfurecidas en su estómago, más molestas que nunca.
-Draco, para, alguien podría vernos- dijo titubeante. Draco se apartó con un resoplido y la liberó de sus brazos, algo molesto.
-¿No decías que querías gritarles no sé qué cosa a todo el mundo?- dijo con rencor y sarcasmo.
-Dije gritar, no mostrar. Además, deberíamos entrar, no vaya a ser que nos destrocen la casa.- resopló.
Draco sonrió de lado al ver la cara de frustración que ponía la chica.
-¿Tan mal se te da controlar aun puñado de idiotas?- se burló.
Hermione frunció el ceño y le dio un golpe en el brazo.
-No te burles de mí. Si tan mal crees que lo hago ahora mismo vas a entrar ahí y te vas a encargar tu solito de todo.- espetó mientras lo empujaba hacia la puerta. Draco se dejó hacer hasta que llegaron al umbral, una vez allí usó su fuerza para mantenerse en el sitio, haciéndole imposible a Hermione seguir empujándole.
Se volvió hacia ella y con una sonrisa le besó la nariz, dejándola perpleja y más roja que un tomate.
-Nos vemos por ahí.- murmuró divertido y acto seguido se perdió entre la gente, en busca de Blaise, dejándole claro a Hermione que él no pensaba hacer nada.
Cuando Hermione volvió junto a Ginny y las demás, no notó que estaban más alborotadas de lo normal, pues ella seguía en una nube.
-¡Hermione!- gritó Lavender cuando la vio llegar.- ¡Te juro que yo no la invité!
Hermione la miró confundida.
-¿De qué hablas?- preguntó.
-Parkinson y Bulstrode están aquí.- contestó Ginny en lugar de Lavender. Hermione miró incrédula a su amiga.
-¿¡Qué!?- Hermione siguió la mirada de Ginny y vio a las dos serpientes en su salón, apartadas de la mayoría de la gente, criticándolo todo con una simple mirada despectiva.
Hermione se dirigió a ellas sin pensárselo dos veces, furiosa. Ginny fue la primera en seguirla, y tras un segundo de vacilación, Parvati y Lavender también lo hicieron.
-¡Parkinson!- gritó Hermione al llegar hasta ellas.
Pansy Parkinson, junto con Millicent Bulstrode, se irguieron todo lo altas que eran en cuanto la vieron llegar.
-¿Qué crees que estáis haciendo en mi casa?- Pansy sonrió con sorna y la miró despectiva.
-No te las des de grandiosa, Granger, porque no te pega. Ya sabes lo que dicen, -añadió dirigiéndose a su cómplice- aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Millicent rió por el comentario de Pansy mientras que Hermione apretaba los puños, la sangre le hervía.
-¿Es envidia eso que noto, Parkinson?- contraatacó Ginny. La sonrisa de Pansy se borró inmediatamente después de oír ese último comentario.
-No me hagas reír Weasley, ¿Envidia de esta espantapájaros? Por favor.- Hermione miró a su alrededor por el rabillo del ojo, ignorando el último comentario de la morena, algunas personas se habían congregado a su alrededor, mirando curiosamente lo que estaba pasando, entre ellas pudo ver a Harry y Ron junto con Dean y Seamus, debatiéndose entre intervenir o no.
-No voy a repetirlo dos veces, largo de mi casa.- Pansy sonrió con malicia.
-Sólo era curiosidad Granger. Oímos hablar de que ibas a hacer una fiesta y quisimos comprobarlo por nosotras mismas. Es incluso más aburrida de lo que esperaba.
Hermione frunció los labios y respiró hondo antes de hablar, no se rebajaría hasta el nivel de ella.
-Bien, entonces ya puedes irte por donde viniste. Las dos.
Ambas se miraron cómplicemente.
-¿Y perdernos como va fracasando tu fiesta? Ni muerta.
-¡Pansy!
Toda la sala se volvió hacia el dueño de esa voz, sorprendidos al ver de quien se trataba, Pansy perdió su máscara de fría entereza y superioridad por un instante, desconcertada.
-Dra-Draco.
El susodicho se acercó con paso tranquilo y despreocupado hasta donde se encontraba el pequeño grupo y se situó junto a Hermione, que lo miraba con la respiración contenida, también algo desconcertada por su repentina intervención y, para ser sinceros, también algo temerosa por lo que vendría a continuación. Cuando se trataba de Draco, todo podía pasar.
Entre el gentío, Zabinni los miraba atentamente, curioso por saber que ocurrencia habría tenido Draco ahora, y no muy lejos de él, Ron y Harry observaban la escena sorprendidos con el mero hecho de que Malfoy estuviera en la fiesta.
-Es mejor que no te metas.- murmuró Hermione apartando la vista de él.
-Créeme, es mejor que lo haga.- y dio un paso adelante, poniendo su atención en una Pansy en la que todavía estaba presente el asombro.
-¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó Pansy algo insegura – ¿También te has colado?
-No me compares contigo. A diferencia de ti yo sí he sido invitado.
Un murmullo se levantó por toda la sala, sorprendidos ante esa declaración. Pansy lo miró incrédula.
-¿Y por qué habría de invitarte la sabelotodo? Acaso…- fijó su vista en Hermione, la cual se la devolvió sin vacilar.- Ya veo.
La morena se cruzó de brazos y dibujó en su rostro una fría sonrisa.
-Así que tanto esfuerzo dieron sus frutos, ¿me equivoco, Granger? Y yo que pensaba que eras una mosquita muerta.
Hermione frunció el ceño, al igual que Draco. Todos estaban confundidos y espectantes por lo que Pansy Parkinson tenía que decir.
-Parkinson, no voy a permitir qu…- empezó a decir con desdén Draco.
-¡Cállate! ¡No puedo creer que te hayas dejado enredar por esta estúpida! ¿Y por qué? ¿Por qué fue a verte un par de veces al hospital? Vaya cosa, todos lo hicimos. Dime, ¿desde cuando me engañabas con ella?
Todo el mundo se quedó en silencio, un silencio que era roto por el fuerte retumbar de la música. La gente estaba confundida, ¿qué estaba ocurriendo exactamente? ¿Estaba Parkinson reclamándole a Malfoy por haberla engañado? Entonces, ¿eso quería decir que Hermione y Malfoy estaban saliendo? Pero, ¿acaso era posible que ocurriera algo entre esos dos que era polos opuestos?
Draco se había quedado sin habla y miraba confundido a Pansy, la cual estaba que echaba chispas y balbuceaba sin sentido. ¿Qué Hermione fue a verlo al hospital? Eso era imposible, se habían conocido después de que saliera del coma, así que ella no podía saber que él estaba en el hospital.
-Estás loca, Parkinson. Ella y yo nos conocimos hace poco, así que deja de decir tonterías.- gruñó.
A su lado, a Hermione le temblaba todo el cuerpo imperceptiblemente, tenía la cabeza gacha, consiguiendo ocultarse tras una cortina de pelo. Estaba paralizada.
-Pero Draco, -interrumpió Blaise, acercándose al pequeño grupo que formaban en el centro.- Yo mismo fui testigo una vez. Ella iba a visitarte continuamente, ¿no te lo ha dicho?- preguntó mirándola, confuso. Él siempre había pensado que Draco y Granger tenían algún tipo de relación amorosa antes del accidente, pero ahora, al ver a su amigo y a la chica… no sabía qué pensar.
Por su parte, Draco se sentía perplejo, volvió la mirada a Hermione y por un momento sintió miedo de que ella, la persona más pura y buena que creía conocer, le hubiera engañado y traicionado de esa manera, como todos hicieron una vez. Pero todo ese miedo pronto se transformó en rabia, estaba rehuyendo, ¿por qué mierda no le miraba? ¿Acaso le estaba escondiendo algo?
-Mírame.- bramó.
Hermione escuchó su voz llena de ira y se tambaleó al instante, sentía que en cualquier momento sus piernas le fallarían y caería al suelo, inconsciente. Ojala sucediera, desearía con todas sus fuerzas despertar y darse cuenta que solo era un mal sueño y Draco dormía a su lado, en el sofá.
Pero eso solo era una fantasía suya, la realidad era otra y cada vez le gustaba menos. ¿Cómo podía enfrentar esta situación? Ya no podía negar más lo evidente, no después de lo que Zabinni había dicho, sería inútil e hipócrita. Pero lo peor de todo no era eso, lo que más le dolía era que a pesar de todo, del tiempo que habían pasado juntos, él seguía sin recordarla, estaba con ella, sí, pero no recordaba aquellos momentos tan maravillosos que habían pasado juntos hace ya tantos meses, ni todo lo que él había echo por ella, ni lo que ella había intentado hacer por él.
Alzó la vista y lo miró, sabía que sus ojos estaban anegados en lágrimas, sabía que lloraba, pero no le importó que él viera sus lágrimas.
Draco la miró detenidamente unos segundos, algo desconcertado al ver que Hermione estaba llorando. No entendía lo que estaba pasando y odiaba no saber lo que ocurría a su alrededor.
Entonces, salido de la nada, le vino un recuerdo a la mente del día en el que se conocieron, aquel día en el que llovía tanto.
“-¿Quién eres?
La chica perdió su sonrisa y le devolvió una mirada perpleja y asustada. Sus ojos, que antes habían brillado con algo parecido a la felicidad, ahora se oscurecían rápidamente, como si la noche precipitada cayera sobre ellos, inundándolos.
-No me recuerdas.- afirmó con voz quebradiza.
Rehuyó su tacto, dando un par de pasos hacia atrás y terminó por salir corriendo, huyendo de él. Pero antes que desapareciera entre la cortina de agua, Draco pudo ver como su rostro se contraía de dolor, no un dolor físico, sino uno de esos sufrimientos que te van desgarrando por dentro lentamente, muy lentamente.
Aquella fue la primera vez que alguien conseguía aturdirle y conmoverle de ese modo.”Sin previo aviso agarró a Hermione de la muñeca, sorprendiendo a todos, y la arrastró por todo el salón hasta salir al pasillo bajo la mirada de todos los presentes que se iban abriendo a su paso. La llevó hasta su habitación y cerró la puerta tras de sí. Quería una explicación y la quería en ese mismo momento.
Hermione se vio liberada del agarre de Draco en cuanto estuvieron dentro del cuarto de éste. Sujetándose la muñeca condolida, la cual él había sostenido con demasiada fuerza, Hermione miró a su alrededor. Nunca antes había entrado al cuarto de Draco y sentía curiosidad por ver como sería el lugar más íntimo para una persona, sin embargo no consiguió ver mucho puesto que la estancia se encontraba en penumbras.
Hermione centró su mirada en Draco, que le daba la espalda, sabía lo que vendría ahora, sabía que iba a preguntarle, a exigir, pero no tenía ni la más remota idea de lo que iba a responder.
-¿Y bien?- oyó decir a Draco. Hermione no contestó. Draco se volvió hacia ella, frustrado.- ¿No piensas decir nada?
-No sé que quieres que diga.- murmuró. Draco dejó de fingir que no le importaba y mostró lo furioso que estaba, agarró a Hermione del brazo y la atrajo hacia sí bruscamente.
-No te hagas la tonta conmigo, sabes perfectamente a lo que me refiero. Dime a que se referían Pansy y Blaise.- exigió entre dientes.
-¡Suéltame!-dijo soltándose de su agarre, dando un paso hacia atrás.
Apartó la mirada de esos ojos invernales y se mordió el labio inferior. Su corazón latía desbocado y le picaban los ojos.
-Entiendo… supongo que no vale la pena tomarme tantas molestias contigo.
Draco se dispuso a salir de la habitación, pasando por al lado de Hermione, pero antes de siquiera poder abrir la puerta, la voz de ella le detuvo.
-No te atrevas a hablarme así, -comenzó a decir con la voz temblorosa de ira pero sin llegar a alzarla. Draco se detuvo- Tu no tienes ni idea de nada. No entiendes nada.
Hermione se volvió a mirarlo, Draco pudo ver su rostro contraído por la rabia, sin embargo, al fijarse en sus ojos… estos estaban tristes y vidriosos.
-Entonces hazme entender.- Hermione negó con la cabeza.
-No me creerías.
-Inténtalo.
-No…no puedo.
Draco asintió lentamente, comprendiendo que no lograría hacerla hablar y eso le decepcionó.
-Como quieras.- Y salió de la habitación, dejando a una llorosa Hermione.
Draco cruzó el pasillo infestado de gente lo más rápido que pudo, fue derecho a la puerta de salida y la abrió bruscamente, topándose con la loca amiga de Hermione cuyo nombre en ese momento no recordaba. Iba vestida con ropa normal, sin ninguna de las extravagancias que llevaba el día que la conoció y en parte le pareció extraño que fuera como una persona cuerda.
Le dio la impresión que al verlo se aliviaba y destensaba un poco los músculos, le sonrió.
-Menos mal que he llegado a tiempo.-suspiró.
Draco alzó una ceja e hizo un ademán en salir pero ella se puso en medio.
-Apártate. Tengo prisa.-gruñó.
-No lo creo.
-Mira, como te llames, no tengo ni tiempo ni humor para aguantarte a ti y a tus locuras.
-Eres un niño muy maleducado, Draco. Y mi nombre es Jocelyn.
-¿Niño?- preguntó despectivo. Jocelyn gruñó exasperada, agarró la muñeca de Draco, sorprendiéndolo, y lo arrastró de nuevo hacia dentro. Rehizo el camino que momentos antes había hecho Draco, el cual parecía estar tan sorprendido que no supo ni reaccionar a tiempo para zafarse.
-La que no tiene tiempo para malgastarlo en tus ñaquerías soy yo.- masculló Jocelyn.
La vidente abrió la puerta de la habitación de Draco y lo empujó a su interior. Hermione, que ahora estaba sentada en la cama, se sobresaltó y los miró con los ojos vidriosos.
-¿Jocelyn? –la aludida cerró la puerta tras de sí y los miró a ambos con disgusto.
-Vosotros dos, a veces me pregunto si sois masoquistas o si no os rige el cerebro.- ambos la miraron sin entender y algo molestos por como se había referido a ellos, Hermione se secó las lágrimas disimuladamente al escuchar la palabra “masoquista”.
Quién sabe, tal vez lo fuera.
-¿A qué se debe todo este numerito?- preguntó Draco cruzándose de brazos.
-Veréis, mientras hacía la cena tranquilamente me ha vuelto a suceder. Hacía mucho que no pasaba y me ha pillado desprevenida.- Dijo levantando una mano vendada.
Hermione se levantó y miró fijamente a su amiga.
-Espera Jocelyn, ¿te refieres a…?
-Exacto.- Ambas se observaron unos instantes y Draco a su vez las observaba a ellas sin entender nada.
-He venido a arreglar todo este desastre, ya que parece que vosotros no sois capaces.
Draco frunció los labios, no tenía ni idea de lo que estaba pasando ni a lo que se refería esa mujer. Cada vez estaba más convencido de que estaba loca.
-De acuerdo, ya es suficiente. Empieza a hablar claro.- Jocelyn puso su atención en él.
-Verás, Draco, vengo a explicarte lo que Hermione no ha podido.- Draco mantuvo su expresión de entereza pero por dentro todo era un remolino de desconcierto- No te ensañes con ella, la pobre no sabe mucho más que tu y me atrevo a afirmar que también está confundida. Todo el mundo teme lo que no entiende.
Draco se giró a mirar a Hermione que miraba a Jocelyn con los ojos abiertos como platos. Volvió a mirar a la loca.
-¿Cómo podrías saber…?
-Eso no importa –le cortó –, lo realmente importante es que yo tengo las respuestas para las incógnitas de ambos. Pero la pregunta es, ¿estáis dispuestos a escucharlas?
Hermione volvió a sentarse, hacía mucho tiempo que había perdido la esperanza de saber lo que realmente pasó esos meses en los que Draco era algo así como un fantasma, un ente protector. Y ahora, de pronto, se le presentaba la oportunidad de comprenderlo todo. Era una sensación extraña, pero gratificante. Aunque dudaba que la lógica estuviera presente en dicha explicación.
Por su parte, Draco estaba ansioso por saber eso que Hermione no quiso decirle o, según ella, no podía. Necesitaba fervientemente una respuesta, algo que justificara el engaño de ella y su extraño comportamiento, algo a lo que poder aferrarse para poder olvidar todo aquello y seguir con ella como hasta ahora.
Eso era lo que más deseaba. Pero sino era así, y por mucho que le doliera, no perdonaría su mentira.
Se quedó donde estaba, sin mostrar sus verdaderos sentimientos e hizo un gesto, indicándole que siguiera con lo que se suponía que tenía que decir.
Jocelyn respiró hondamente mientras cerraba los ojos y repitió la respiración un par de veces tras las que volvió a abrir los ojos. Les sonrió con una sonrisa que Hermione calificó como misteriosa y con algo de malicia.
-Decidme, ¿creéis en los ángeles?
Hubo un silencio sepulcral en el que ambos la miraron confusos y a la vez sorprendidos por la pregunta. Draco fruncía el ceño y apretaba la mandíbula, pues creyó que esa mujer únicamente quería tomarle el pelo.
-¿Qué demonios tiene que ver esa estupidez?
-Oh, mucho más de lo que crees.-rió Jocelyn.
Hermione parpadeó, aún demasiado sorprendida para decir algo. Tuvo la impresión que Jocelyn disfrutaba con el aturdimiento de ambos y la frustración de Draco.
Pero pronto su privilegiado cerebro empezó a atar cabos.
-Un momento, ¿estás insinuando qu…?- Hermione miró a Draco y este le devolvió la mirada empezando a impacientarse por tanto secretismo.
-No saques conclusiones tan precipitadas, Hermione. Primero contestadme, ¿creéis en los ángeles?
Draco resopló.
-Esto es una pérdida de tiempo. Sí, creo en los ángeles y en los unicornios que cabalgan por los arcoiris. También en duendes traviesos y hadas que van de florecilla en florecilla. No te jode.- gruñó poniendo los ojos en blanco.
-Tu sarcasmo es realmente encantador, Draco. ¿Y tu Hermione?
Hermione se mordió el labio inferior y tardó un instante de más en contestar, lo que hizo llamar la atención de Draco.
-Yo…tal vez.-susurró.
Draco la miró desconcertado, Hermione era la persona más racional que conocía, jamás habría imaginado tal respuesta. Por su parte, Jocelyn sonrió complacida.
-Bueno, algo es algo. La historia que os voy a contar tiene siglos de antigüedad. Muchas culturas tenían esta creencia pero con el paso del tiempo fue quedando en el olvido hasta que finalmente desapareció. Sin embargo todavía quedan algunas personas que creen en ellas.- con esto, atrajo la atención de ambos, así que continuó con algo más de confianza.- Cuenta la leyenda que a todo ser que nace se le designa un ángel guardián que cuida de nosotros desde la lejanía, velando por nuestra seguridad. Siempre se les creyó como entes puros e inmortales, llenos de luz y amor. Sin embargo, un ángel guardián no es tan inmortal como siempre se creyó, pues las acciones de su protegido pueden influir en él y llevarlo hasta su destrucción.
Muchos de ellos han desaparecido por dichas acciones suicidas y sus protegidos han quedado sin protección alguna, dejándole todo al destino que a veces puede ser cruel y despiadado.
El hombre es el único ser que es capaz de destruir todo lo que hay a su alrededor, pero sobretodo, es especialista en destruirse a sí mismo. Pecadores, capaces de tropezar dos veces con la misma piedra, cruel y egoísta. Algunos llevan su vida a tal extremo que su existencia pende de un hilo tan fácil de cortar que hasta un soplo de aire podría destruirlos. A estas personas que han destruido de esa manera su vida, se les da una segunda oportunidad para enmendar los errores cometidos. Tienen la oportunidad de ser perdonados a cambio de ayudar a otras personas, y si lo consiguen, tendrán la oportunidad de volver a su vida y empezar de nuevo. Se les llama ángeles sustitutos, pues sustituyen por un determinado tiempo a los ángeles guardianes que han sido destruidos y llevan a cabo su comet…
-Esto es ridículo.- interrumpió Draco.
Hermione se levantó, el corazón le iba a mil por hora, pues empezaba a comprender todo. Recordaba que Draco le habló alguna vez de errores, protección involuntaria –al menos al principio – y salvación, no su salvación, sino la de él.
-Eso quiere decir que él, que es… que fue…- tartamudeó Hermione, nerviosa.
-Eso quiere decir, -interrumpió Jocelyn sin apartar la mirada de Draco- que tu, Draco Malfoy, llevaste tu vida hasta tal extremo que acabaste con ella. Quiere decir que tú fuiste el ángel sustituto de Hermione y al lograr tu cometido tuviste una segunda oportunidad, por eso estás aquí. Lo único inexplicable es que ella podía verte y oírte, algo que nadie más podía, ni siquiera yo.
-Espera… ¿qué?- exclamó Draco desconcertado por completo. Se volvió y miró a Hermione que volvía a tener los ojos anegados en lágrimas pero su mirada, fijada en él, era firme. Draco negó incrédulo.
-Esto tiene que ser una broma de mal gusto. ¿No le creerás, verdad?- preguntó dirigiéndose a Hermione.
Hermione titubeó unos instantes.
-Es lo que yo vi. Al principio pensé que estaba volviéndome loca pero después empecé a asimilarlo, parecías tan real y a la vez tan ilusorio. Después descubrí que estabas hospitalizado y fui a verte, fue tan… chocante verte postrado en una cama, pálido y sin vida. Yo tenía una imagen de ti muy distinta a esa, para mí estabas lleno de vida, siempre fastidiándome. Desde entonces iba a verte a menudo al hospital, hasta que descubriste lo que hacía. – Hermione sonrió con anhelo, la voz le temblaba al hablar – Te pusiste furioso. Jamás olvidaré ese momento cuando tuve tu espíritu junto a mí, y en el otro extremo, tu cuerpo postrado en una cama de hospital.
Draco la escuchó atentamente, parecía tan sincero lo que decía. Pero no podía aceptar algo como eso, era demasiado fantasioso. ¿Personas que se convierten en ángeles sustitutos de los ángeles de la guarda?
No, no podía creer eso. Ni siquiera de niño había creído en criaturas fantásticas, mucho menos ahora.
Se dejó caer en la silla de su escritorio y se tapó la cara con las manos, apoyando los brazos en sus rodillas.
-Esto es demasiado. Estáis locas.
Hermione volvió a sentarse en la cama, pues sentía que las piernas le fallarían en cualquier momento. Draco no les creía. No creía en lo que decía. No la creía.
No pudo contener más las lágrimas y comenzó a sollozar, desconsolada, pues a pesar de que sabía que jamás iba a creerla, eso no podía evitar que le doliese en lo más profundo de su corazón.
Lo único que deseaba era que la recordase, porque sino lo hacía se volvería loca. No aguantaba más esa situación.
Draco, al oírla llorar, la miró y casi se le parte el alma al verla tan desconsolada pero no supo que hacer.
Jocelyn, que miraba a ambos con pena, se fue retirando silenciosamente, pues ella ya había hecho todo lo que estaba en su mano para que esos dos pudieran estar juntos sin secretos y sin mentiras. Ahora les tocaba a ellos dar el siguiente paso… o acabar con todo.
Ninguno se dio cuenta de que la vidente se había marchado, Hermione seguía desconsolada y Draco cada vez sentía más necesidad de correr hasta ella y consolarla pero había algo que lo retenía.
Fuera, el bullicio de la fiesta retumbaba en las pareces del cuarto, todos ajenos a lo que ocurría en ese lugar.
Draco, sin poder aguantarlo más, decidió ceder un poco. Carraspeó antes de hablar.
-Tal vez… si tuvieras alguna prueba de lo que dices.
Hermione alzó la cabeza y le miró como si se acabara de dar cuenta de que Draco seguía allí.
-¿Una prueba?- murmuró. Draco asintió lentamente.
Hermione, tras unos momentos de reflexión se levantó a toda prisa y salió por la puerta, dejando solo a Draco que no se movió de donde estaba. Lo había dicho por decir, no se esperaba que en realidad Hermione tuviera nada porque, principalmente, era imposible toda aquella historia.
Pero…resonó en su cabeza esa molesta voz a la que llamaban conciencia. ¿Entonces como explicaba que Hermione le conociera de antes?
No pudo responderse así mismo porque la castaña volvió a entrar por la puerta, cerrándola tras de sí.
Fue directo a él y le tendió un pequeño papel doblado, Draco lo cogió. No podía creer que estuviera nervioso por lo que pusiera en el dichoso papelito.
Lo abrió y, en cuanto lo hizo, reconoció su propia letra.
No recordaba haberle escrito ninguna nota.“Centro Psiquiátrico del noreste de Londres.
Narcissa Malfoy. Habit. 399
Cuida de ella, yo no podré.
Y Recuerda tu promesa.
DM.”Draco releyó la nota incontables veces, y cuanto más la leía menos entendía lo que significaba esa nota.
-Me pediste que cuidara de tu madre cuando tú ya no estuvieras. Creías que… que no ibas conseguir salir del coma. Me hiciste prometer que no me derrumbaría cuando ya no estuvieses con… conmigo.
Tras unos momentos de silencio, Draco se levantó repentinamente y salió por la puerta sin decir nada, Hermione tras unos segundos de vacilación, fue tras él.
Atravesaron todo el pasillo lleno de gente que se los quedaba mirando, pues no se habían olvidado del incidente que había ocurrido minutos antes con Pansy Parkinson, Draco fue hasta el reproductor de música y lo apagó.
Hermione, al igual que todo el mundo, se lo quedó mirando extrañada, sin entender que pretendía.
-Fuera de aquí.- dijo con voz firme y helada. La gente empezó a murmurar, desconcertada.- ¿Es que no me habéis oído? ¡Largo!
Empezó a echar a la gente a empujones hasta que todos empezaron a marcharse por su cuenta pues a nadie le gustaba ver a Draco Malfoy enfadado.
Hermione se quedó donde estaba, a unos pasos de Draco, sin decir ni hacer nada. No iba a reclamarle por tratar a todo el mundo de esa manera, ella misma los habría echado a todos si tuviera la malicia suficiente para hacerlo. Además, estaba demasiado preocupada por lo que podría pasar que en ese momento todo le daba igual.
Lentamente la casa se fue vaciando hasta que no quedó prácticamente nadie. Nadie excepto Harry y Ron que se acercaron hasta se donde se encontraba la pareja.
-¿Qué está pasando aquí, Hermione?- exigió Harry saber.
-Sí, ¿por qué dejas que Malfoy los eche a todos?- siguió Ron.
Hermione los miró a ambos sin saber que decir y, nerviosa, lo único que pudo hacer fue retorcerse las manos.
-¿No piensas decir nada?- exclamó Harry.
Draco, un poco alejado del trío y cruzado de brazos, habló.
-Parece ser que hoy Granger no está muy habladora. Justo el día en el que más cosas tiene que explicar. ¿Por qué no les cuentas lo que está pasando? ¿O prefieres que lo haga yo?
Hermione lo miró con expresión afligida, dejó de retorcerse las manos y las apretó en puños. Ya era suficiente, lo único que había hecho esa noche había sido llorar y evadir sus problemas. Ya bastaba de tutibeos, los enfrentaría a los tres en ese momento.
-Yo… os explicaré todo. Voy a deciros la verdad.
Harry respiró hondo, satisfecho, llevaba mucho tiempo queriendo oír eso de Hermione, Ron, por su parte, frunció el ceño nerviosamente pues tenía el presentimiento de que no le iba a gustar lo que iba a oír.
Draco la miró algo sorprendido, pues no creía que esa noche enfrentara a ese par de idiotas y tenía que admitir que, independientemente de lo que había sucedido esa noche, estaba deseando ver las caras de ambos al oír lo que Hermione tenía que decir.
.
..
...
....
.....
......
.......
........
..........Continuará...
Gracias a todas por leer y por tener tanta paciencia, espero no tardar tanto para actualizar la próxima vez. Nos leemos pronto

Os quieroooooooorl!
PD: ¿Os dais cuenta de como todo se va sabiendo poco a poco? Por fin sabemos algo más de lo que era Draco cuando solo Hermione lo veía. Sí.... ya falta poco para el final de este fic

¿estaréis conmigo hasta entonces? ^^