Espero que les guste, porque de verdad no me gustó mucho el resultado. Hice lo más que pude para darle forma a mi idea xD Igual, lo publico
para que las demás se animen, pero si me dejan sola, bueh
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Cuando la más pequeña de los Weasley (que ya no era pequeña nada) se irgue encima de su novio para desabrocharse el sujetador, Harry piensa que ha llegado el momento de entrar en la gloria. Pero la única que llega es la señora Weasley, tocando sonoramente la puerta.
-Ginny, cariño –dice su voz amortiguada por los golpes y por la puerta-. ¿Te despertaste?
La aludida pone cara de horror y, haciéndole mucho daño, toma a Harry por el pelo y lo arrastra debajo de su cama. El chico, con lágrimas en los ojos por el tirón, piensa cómo no se dio cuenta nunca de la fuerza de su novia. Aunque, mientras se colocaba incómodo y adolorido en el piso polvoriento debajo de su cama, pensó que tal vez la adrenalina había actuado, y no Ginny.
Apenas su cuerpo cabe en el reducido espacio, que está tan lleno de cosas que Harry duda que Ginny lo consiga en ese laberinto. Sin embargo, se recuesta sobre su vientre, mirando hacia un lado, porque acaba de ver una araña enganchada en la madera y se ha llevado un susto nada normal.
Su corazón late muy fuerte, aunque no sabe a qué le tiene más miedo: si a la araña o que a la señora Weasley lo descubra.
-Pasa, mamá –dice Ginny, acabando de abotonarse la camisa apresuradamente. Su cara se ha puesto roja, y como cada vez que se pone nerviosa, ha comenzado a sudar profusamente. Una gota de sudor frío recorre el camino imaginario que Harry había trazado con sus dedos en su espalda hace sólo unos segundos antes.
La señora Weasley entra a la habitación con una bandeja repleta de sándwiches, y un vaso lleno de jugo de calabaza.
-Como no bajaste a desayunar, te traje esto –dice su madre, colocando la bandeja en una mesita no muy lejos de ella.
-Gra-gracias –contesta Ginny, tratando de moldear una sonrisa. En ese momento, su madre se vuelve hacia ella y comienza a palpar su rostro.
-Ginny, estás muy roja –dice la mujer, frunciendo el ceño-. Y estás sudando… ¿Estás segura de qué te sientes bien?
-Sí, mamá –contesta la chica, tragando saliva. A su madre no se le escapa nada.
-Bueno, pero en una horita o dos te subo una poción contra la fiebre, estás un poco caliente –replica la señora Weasley y le sonríe a su hija menor.
Ginny sólo logra asentir. Quiere que su mamá se largue de una buena vez para poder ver si Harry sobrevivió a la estadía debajo de su cama. Para convencer a la señora Weasley de que está bien, se pone en pie y comienza a tomar de su jugo de calabaza.
-Ginny –comienza a decir la mujer, recogiendo la bandeja dándole la espalda a la chica-. ¿Has visto a Harry?
Ginny escupe todo el jugo que bajaba por su garganta y comienza a toser, asfixiándose. Su madre se acerca a ella, y dándole palmaditas en la espalda dice:
-¿Ves? Tienes gripe. Esa tos siempre viene antes de la fiebre.
Ginny toma un sorbo del jugo que casi la mata, y mirando con reproche a su madre, dice con voz ronca por su experiencia cercana a la muerte:
-Sí, tal vez es eso. Y no, no lo he visto.
Sus mejillas vuelven a colorearse, delatando su mentira. Pero no le da mucho tiempo más de avergonzarse, pues ve horrorizada como Arnold, su micropuff, se desliza hacia debajo de su cama, es decir, hacia Harry.
-Bueno, debe estar en el gallinero con Ron –sugiere la mujer-. Tampoco bajó a desayunar.
En esa pausa, se escucha una risita. “Mierda”.
Ginny comienza a reírse para disimular la risa corta de Harry debajo de la cama. Al Arnold pasarse por uno de sus pies, el muchacho no puede evitar reírse por las cosquillas, aunque luego posa una de sus manos en su boca, horrorizado por lo que acababa de hacer.
La señora Weasley mira extrañada a su hija, que ríe frenéticamente sin parar.
-¿Qué pasa? –pregunta la mujer.
La risa de Ginny comienza a apagarse. Casi se puede escuchar como sus neuronas explotan del esfuerzo que está haciendo para encontrar una excusa.
-Ron –dice de repente-. Anoche me ha contado un chiste buenísimo.
La señora Weasley sonríe.
-¿Cuál? Al parecer es muy bueno.
Ya no hay rastro de risa en el rostro de Ginny. ¿Ahora de dónde sacará un maldito chiste?
-Bueno… -su cara se pone más roja aún, si es posible. Su madre la mira, expectante.-¿Qué le dijo un demente a otro?
-No lo sé.
-¡Soy un dementor!
Harry vuelve a soltar una carcajada y Ginny tiene que volver a reír como maníaca. La señora Weasley pone cara seria.
-Cariño, es el chiste más horroroso que he oído en mi vida.
Ginny para de reír. Coincide totalmente con su madre. Y ahora no lamenta haber herido a Harry; cuando lo saque de ahí abajo volverá a utilizar el mismo método.
-Bueno… –la mujer suspira y se encamina hacia la puerta. Ginny se desinfla, agradeciendo a todo lo divino por la partida de su madre.
-Gracias, mamá –dice de nuevo, más tranquila.
-De nada –dice la mujer. Al llegar a la puerta, se vuelve y dice con una sonrisa radiante:- Ah, dile a Harry que si cuando salga de debajo la cama van a continuar en lo que estaban, por favor, que usen un hechizo anticonceptivo.
La cara que pone Ginny cuando su madre cierra la puerta tras sí, no tiene precio alguno. Si hubiera visto la expresión de Harry debajo de la cama, hubiera pensado otra cosa.
La señora Weasley se ríe sordamente mientras baja la escalera. Hacía una semana que había hecho lo mismo con Ron y Hermione. Pero con Harry y Ginny había sido mucho más divertido. Mucho más.
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