por Cazadoresdesombras » Sab Feb 06, 2010 3:25 pm
CAPÍTULO 4: DISPUTA TRAS DISPUTA
―¡Hay familias que llevan décadas encerradas allí dentro! ―gritó Hermione exasperada, alzando los brazos con la intención de golpear algo, cualquier cosa, pero reprimió las ganas.
Tenía que calmarse si no quería que la tomasen por loca.
―Hermione, eso es imposible―repitió por enésima vez Ron, haciendo que la castaña resoplase una vez más a modo de respuesta.
―No podemos fiarnos de las palabras de un mortífago, y mucho menos tratándose de Draco Malfoy―corroboró Harry, en un vano intento por hacer entrar a la chica en razón.
―No miente.
―¿Cómo lo sabes? ―cuestionó el pelirrojo, sentándose sobre la mesa de despacho de Harry.
Durante un minuto Hermione no supo qué responder. ¿Qué cómo lo sabía? Pues porque lo sabía. Estaba convencida de que Malfoy no mentía. Había visto en su rostro la cruda realidad, había sido presente de su sufrimiento, del horror que se escondía entre aquellos infranqueables muros.
―No puedo demostrar que diga la verdad, pero le creo―murmuró al fin, cayendo en la cuenta de lo pobre que era su argumento. Era normal que se mostrasen escépticos ante la irracionalidad de sus palabras. No podía culparles por ello―. No espero que creáis a Malfoy, pero agradecería que os fiaseis de mi criterio.
―¿Qué criterio, Hermione? ―cuestionó Harry―. Sabes que nunca te cuestiono ni pongo en entredicho tus métodos de estrategia, pero no puedo apoyar una teoría sin fundamento sólo porque tú tienes una corazonada.
La castaña quiso dar una respuesta convincente, no obstante dejó que las palabras se ahogasen en el fondo de su garganta. ¿De qué serviría seguir discutiendo un tema que ellos ya habían dado por zanjado?
―Tenéis razón―admitió―. Buscaré argumentos sólidos antes de...
―No, no tienes que buscar nada―se adelantó Ron, crispado―. Ese tipo es un embustero, siempre lo ha sido y siempre lo será. No quiero que vuelvas a acercarte a él, ni Harry tampoco.
Hermione frunció el ceño de tal manera que las cejas se unieron hasta formar una delgada línea castaña sobre sus ojos. De inmediato Ron supo lo desacertadas que habían sido sus palabras y Harry rezó porque la discusión acabase lo antes posible.
―¿Me estás prohibiendo que me acerque a Malfoy? ―habló con tanta calma que Ron no pudo evitar balbucear nerviosamente.
―Bueno…, no exactamente. Sólo que…a ver, no es que te lo prohíba…, pero Harry y yo… bueno, no creemos…conveniente que le interrogues sola―logró decir sin mirarla a los ojos.
El silencio que precedió a la voz del pelirrojo no hizo que el ambiente se tornase cada vez más tenso.
―¿Conveniente? ¿Vosotros dos―les señaló con el dedo índice y el medio―, no creéis conveniente que vaya sola?
Harry tragó la espesa saliva que llevaba rato acumulando en la boca. Cuando Hermione hablaba de aquella manera daba verdadero miedo. Era como estar en una balsa en medio de una tormenta imperecedera sabiendo que de un momento a otro la barca puede volcar y hundirte en el fondo del océano.
―A mí no me metáis en esto, chicos―dijo Harry, mostrando las palmas de las manos al aire.
―Yo no te metería si Ron no repitiese una y otra vez que estás de su parte.
―Si lo digo es porque lo está, ¿verdad Harry? ―dijo el pelirrojo, pasando el brazo sobre los hombros del chico.
El pelo azabache no supo qué decir. No le salían las palabras. Odiaba estar presente en las discusiones, siempre terminaba en medio.
―Muy bien―farfulló Hermione, ofendida. Harry quiso decirle que no apoyaba ni a uno ni a otro, pero la chica no le dejo decir ni mu―. No me importa lo más mínimo lo que penséis porque pienso hacer lo que me venga en gana. ¡Ya soy mayorcita como para tener que pedir vuestro consentimiento!
Y con esa última frase se marchó del despacho pegando un fuerte portazo al salir.
―Genial…―suspiró Harry, quitándose de encima el brazo de Ron.
―No creerás que he tenido yo la culpa, ¿no?
Harry no respondió, y de hecho no hizo falta ni que lo hiciese. Su mirada dijo mucho más de lo que podría haber dicho una respuesta verbal.
―No me fio de Malfoy y, sinceramente, no me apetece que Hermione esté tan cerca de él―refunfuñó―. Y sé que tú tampoco quieres que esté sola con él.
―Una cosa es que no me haga gracia que Hermione insista en interrogar en solitario a Malfoy, y otra muy diferente es que me oponga a que lleve a cabo su trabajo porque no me fie de él.
―¿Su trabajo? ¿Es que acaso sabes qué es lo que intenta conseguir con todo esto? Se levantó una mañana diciendo que había averiguado la manera de encontrar a Luna y a Neville y de repente nos vimos arrastrados a una prisión que ni siquiera conocíamos―dijo Ron, alzando la voz―. Se suponía que ese hijo de puta llevaba dos años muerto, y de repente no sólo me entero de que cabía la posibilidad de que siguiese con vida, sino que además existe una prisión que nadie nunca nos había dicho que existía.
―Kingsley se está jugando el cuello por nosotros―le defendió el ojiverde―. Nos ha desvelado un secreto que está vetado a los aurores sólo porque creemos que Malfoy puede saber más cosas de las que en su momento dijo.
Ron se cruzó de brazos cual niño caprichoso mientras fruncía el labio.
―Nosotros no lo creemos, lo cree Hermione―le rectificó.
―Y yo creo en lo que cree mi mejor amiga―dijo Harry, dando por finalizada la charla.
En el momento en el que Hermione Jean Granger cruzó la puerta, Draco supo que no estaba de buen humor. Parecía alterada, como si acabase de tener una bronca con alguien.
―¿Has discutido con pelo zanahoria y San Potter? ―indagó él, fingiendo desinterés.
La verdad es que últimamente le interesaba saber cosas a las que nunca antes les hubiese prestado la más mínima atención. Quizá se debiese a las largas horas que pasaba solo en aquella habitación, o a que en las dos semanas que llevaba allí encerrado a la única persona que había visto y con la que había hablado era Granger, pero fuese cual fuese la explicación de su repentino interés por los problemas de la chica se preocupó. No debería mostrar ganas de hablar con una sangre sucia, ni siquiera debería responder a sus preguntas, pero había algo en la forma en la que ella se dirigía a él que le incitaba a contestar.
―Como vuelvas a llamarles así ésta noche te quedas sin cena―le amenazó Hermione, fulminándolo con la mirada.
De inmediato Draco recobró la sensatez. Nadie, absolutamente nadie le amenazaba.
La chica, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no pagar su mal humor con Malfoy, se mordió el labio inferior y se sentó ―rígida como un palo―, en la silla que siempre descansaba frente a la cama del joven.
Pasaron los minutos y ninguno de los dos interrumpió el silencio. Se miraban el uno al otro, desafiantes, esperando que fuese el contrario el que iniciase la conversación. Tras casi veinte minutos de espera, Hermione decidió finalmente romper el hielo:
―¿Piensas seguir callado? Porque no estoy dispuesta a seguir perdiendo el tiempo aquí sentada mirándote.
Draco no cambió su semblante, pero a la chica le pareció ver un brillo burlón en sus ojos.
―Creía que tú eras la que hacía las preguntas y yo me resignaba a responderlas―dijo él.
―Te resignas…―murmuró Hermione, perfilando una sonrisa irónica―. Pues la verdad es que no das el pego como persona resignada. En realidad creo que te gusta hablar conmigo―dijo, encorvándose hacia el chico para quedar más próxima a él―. Sé que te gusta.
Una mueca de asco quebró la imperturbabilidad de un rostro mucho más encarnecido que semanas anteriores. Malfoy ya no parecía un cadáver andante, no obstante seguía demasiado delgado, al menos a ojos de la castaña.
―Llevaba casi un año sin hablar con nadie. Hablaría con una cucaracha si la sentases en esa silla.
―¿Debo interpretarlo como un insulto?
―Sólo se trata de una realidad palpable; tan palpable como la impureza de tu sangre―respondió él con crueldad.
Hermione estuvo tan cerca de estamparle una bofetada en plena cara que se sorprendió al ver que había podido contenerse a simples centímetros de su mejilla. Draco le sonrió de forma pedante, poniéndose en pie frente a ella.
―Por lo que veo sigues siendo tan predecible como siempre―le susurró, mirándola a los ojos.
Hermione dio un precipitado paso atrás, tropezando con la silla. Justo antes de abrirse el cráneo contra el piso, el rubio la agarró con fuerza del brazo. Sin importarle la presión que ejercía sobre la extremidad de la muchacha, la puso en pie de un tirón haciendo que exhalase un gemido quedo.
―¡¿Eres idiota o qué?! ―gritó Hermione, zafándose con brusquedad del apretón―. Me va a salir moratón―farfulló con enfado, palpándose la zona enrojecida que poco antes había estado cubierta por los firmes dedos de su enemigo.
―Disculpa por no haber permitido que te abrieses la cabeza―musitó él, sentándose despreocupadamente en la cama.
La castaña cogió aire, diciéndose interiormente que lo que iba a decir era un error:
―Gracias―rumió tan bajo que incluso llegó a pensar que él no le había escuchado.
Y entonces, sin atreverse a devolverle la mirada por temor a saber si había escuchado su efímera muestra de agradecimiento, Hermione abandonó precipitadamente la sala ante la atenta mirada de su enemigo.
Al llegar al final del pasillo, se sorprendió y enojó al ver su reflejo en el espejo de cuerpo entero que precedía las escaleras. ¿Desde cuándo se ruborizaba sin una razón lógica?
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Cazadoresdesombras el Sab Feb 06, 2010 10:23 pm, editado 1 vez en total