DRACOYLAURA, KATIXITA, VIRI MALFOY CULLEN, ANI POTTER, MELPÓMENE, GRACIAS POR LOS POSTS!!
ÉSTE CAPÍTULO VA DEDICADO A TOD@S VOSOT@S!!!!
CAPÍTULO 3: INTERROGATORIOCuando Hermione Granger ingresó en la lúgubre estancia en la que se hallaba recluido Draco Malfoy, una fuerte presión nacida en el pecho le hizo percatarse de que no era buena idea acudir sola a su encuentro. Había algo en sus ojos profundos que lograba aterrarle de una forma casi estúpida. Era auror, había presenciado cosas espantosas a lo largo de la vida, y ahora le asustaba una simple mirada; una mirada tan penetrante que resultaba casi imposible lograr sostenerla.
―Por fin una visita. Empezaba a temer que se hubiesen perdido las formas en estos últimos dos años.
Un desagradable escalofrío recorrió el tenso cuerpo de la muchacha. Aquella voz podía llegar a resultar tan mordaz, peligrosa y afilada como una espada de doble filo.
―Por lo que veo 23 meses no han sido suficientes para conseguir mermar tu agudo sentido del humor―ironizó Hermione, cerrando la puerta tras de sí.
La oscuridad invadió rápidamente cada resquicio de la sala empapándola de tenebrosidad. Con los nervios a flor de piel, pulsó el interruptor. La luz nacida de la lámpara colgante la cegó por un breve instante.
―¿Sabes por qué estoy aquí? ―preguntó la castaña, tomando asiento en una de las cuatro sillas desplegables que residían amontonadas en una esquina.
―Podrías haber venido por muchas razones―repuso él, encogiéndose de hombros.
Los muelles de la cama chirriaron cuando el joven cambió de postura ante los indagadores ojos de Hermione. Algo le decía que no sacaría nada en claro de esa conversación.
―Cierto, pero he venido por una en concreto. Me gustaría que me respondieses a unas cuantas preguntas.
Una tétrica sonrisa se formó en el lívido rostro del muchacho. Ya no tenía tan mal aspecto como cuando le habían sacado de El Monte de los Perdidos, pero aun así se notaba que seguía en baja forma. Tendrían que pasar varios meses antes de que pudiese recuperar toda la masa muscular que en ese eterno periodo de tiempo había perdido.
―¿Cómo has logrado sobrevivir?
Draco Malfoy alargó más si cabía la mueca de sus labios, haciendo que Hermione desease fervientemente huir de allí y alejarse tanto como le fuese físicamente posible de él. No sabía cómo definir la sensación que le invadía. Era como saber que no tienes escapatoria, que te estás ahogando en un mar negro, tan oscuro como el vacío, y no puedes nadar hacia el exterior para coger el aire que necesitas. Así se sentía, asfixiada en su propio terreno de juego.
―No es difícil si sabes ser precavido, silencioso y lo bastante inteligente cómo para encontrar alimento.
Hermione intentó hacer memoria y dibujar en la mente el recorrido que había transitado horas antes. No recordaba haber visto nada comestible en las tres horas de estancia en la prisión.
―¿De qué te alimentabas? ―dijo con curiosidad.
Draco borró rápidamente la sonrisa, consiguiendo que la chica tensase cada músculo de su cuerpo.
―Cómo habrás podido comprobar por ti misma, allí no existen árboles que den fruto. No hay animales que poder cazar, ni un solo animal en todo
Deyrü Jâhnna―el extraño nombre llamó la atención de Hermione. No reconocía el idioma, ni siquiera el acento empalagoso y arrastrante de éste―. Pero existe una especie de moho que se forma en las raíces de los árboles que te proporciona la energía suficiente para resistir, si no en buena forma, en una forma aceptable. Se trata de un exquisito manjar con un delicioso sabor a putrefacción y tierra.
La chica no tuvo que hacer ningún tipo de esfuerzo por captar el sarcasmo que la voz de su enemigo emanaba. Todo en él era irónico, petulante o amenazante.
―¿Qué significado tienen esas dos palabras que has dicho? ¿De qué idioma provienen?
Draco bufó como si el tema no le interesase lo más mínimo, como si le aburriese, a pesar de que para Hermione resultaba excitantemente intrigante.
―No es más que un dialecto que hablan los presos―respondió de mala gana―. Es el nombre que le pusieron a ese maldito lugar. Significa algo así como reino traicionero.
―¿Le pusieron? ¿Quién se lo puso?
―Preguntas demasiado―gruñó él, mirando de refilón la bandeja vacía que había junto a la cama, sobre la mesita de noche―. No me vendría mal algo de comida. Me conformaré con pato a la naranja acompañado de setas salteadas y patatas al horno.
Hermione alzó una ceja, desconcertada. ¿Acaso creía que se encontraba en un restaurante de lujo y que ella era una camarera?
―¿Qué?
―Que si pretendes seguir taladrándome la cabeza con tu desagradable voz de pito necesitaré coger fuerzas.
La muchacha apretó los labios, arrugándolos con fuerza bajo un entrecejo fruncido.
―No estás en condiciones de pedir nada―le dijo, intentando no mostrar la rabia que la invadía.
―Supongo que no…―suspiró―, pero tampoco nuestro acuerdo implicaba que debiese soportar esta especie de interrogatorio sin fin. Si no hay comida, no hay respuestas. Tú decides.
Hermione intentó mantener la calma, fingir que ella seguía llevando las riendas, que podía controlar fácilmente la situación sin necesidad de alterarse lo más mínimo.
―Quiero que respondas a todas mis preguntas, sin excepción―concretó sin moverse de su asiento.
―Si consigues traer lo que he pedido responderé con gusto a tus preguntas―solucionó Draco, con una triunfante sonrisa en su rostro demacrado.
Para su mala suerte, la curiosidad pudo con ella. Necesitaba saber más acerca de esa misteriosa cárcel cuya existencia apenas era conocida. Urgía desvelar aspectos primordiales que le mostrasen un poco más de aquel lugar atroz que servía de castigo para sujetos tan peligrosos y mezquinos como el que tenía ante ella.
―En seguida vuelvo. Espérame aquí―masculló entre dientes, poniéndose en pie.
―No te preocupes, no tenía intención de salir. No quisiera marcharme tan pronto.
Hermione reprimió un insulto en su fuero interno mientras abandonaba la sala. El aire fresco del pasillo logró aclararle un poco la mente. Salir de allí había supuesto un alivio mayor del esperado. En el interior se respiraba un aire cargado, tenso. Dentro se sentía vulnerable, cómo si Malfoy supiese en cada momento lo que pensaba, lo que pretendía sacar de esa conversación.
―¿Cómo te ha ido? ―preguntó una voz a escasos metros de dónde ella se encontraba.
La castaña volteó ligeramente el rostro sabiendo a quién encontraría al final de las escaleras. Un muchacho de aspecto desaliñado, de desordenada cabellera negra e intensos ojos verdes le devolvió la mirada a lo lejos.
―Todavía no he terminado con él. En realidad ni siquiera he comenzado―murmuró de mala gana, frotándose con las yemas de los dedos la frente. Empezaba a dolerle la cabeza―. Tiene hambre.
Una risita ahogada escapó de los labios de Harry, que rápidamente los selló al ver la iracunda mirada que la castaña le dedicó.
―No tiene gracia―aclaró, emprendiendo el paso.
―¿Adónde vas?
―A la cocina―respondió casi a gritos, desapareciendo tras una esquina.
Draco Malfoy saboreó lentamente cada trozo de carne que se llevaba a la boca, temiendo que fuese la última vez que se le permitiese probar tal delicatesen. El dulce sabor de la naranja contrastaba a la perfección con la carne de pato, hecha al punto. Resultaba casi imposible creer que ella hubiese cumplido con su parte del trato, y más si tenía en cuenta que lo único que buscaba era unas cuantas respuestas seguramente referentes a su estancia en la prisión. Era gratificante volver a salirse con la suya después de tanto tiempo.
―Siguiendo con lo que te decía antes, ¿quién le puso ese nombre?
Draco tragó antes de responder.
―Creo que fue un tal Edward Harrison―murmuró con desinterés―. Ni siquiera llegué a conocerle. Murió mucho antes de que yo pusiese un pie allí. Coincidí con su tataranieto un par de veces.
―Con…, su tataranieto―repitió Hermione, confusa―. ¿Con el tataranieto de Edward Harrison?
El rubio masticó tranquilamente, fijando las pupilas sobre la castaña. Parecía sorprendida, aunque no entendió exactamente por qué.
―¿Con su tataranieto? ―repitió una vez más, poniendo a Draco de los nervios.
―Sí, su tataranieto―dijo, frunciendo el ceño―. Ya sabes, el hijo del hijo del hijo de su hijo―explicó con retintín, como si estuviese hablando con una persona cuyo coeficiente intelectual no llegase a la media.
―Sé perfectamente lo que significa que era su tataranieto―aclaró Hermione, molesta―. Es sólo que es imposible―aseguró, confiada―. El Monte de los Perdidos fue creado para encerrar a aquellos mortios que se les considerase incapaces de ser rehabilitados. Gente como tú, por ejemplo―apuntó con sorna―. Y teniendo en cuenta que los primeros mortífagos aparecieron hará alrededor de unos treinta años, entenderás que cuestione la respuesta que me has dado.
Malfoy esbozó una máscara de sorpresa en su rostro magullado, para transformarla rápidamente en una mueca que exhibía superioridad.
―¿No lo sabes? ―preguntó con interés, dibujando una alargada sonrisa―. No puedo creerlo.
―¿Qué es lo que se supone que no sé? ―la voz de Hermione sonó ruda.
Estaba claramente mosqueada y no podía evitar mostrárselo a su enemigo.
―¿De verdad crees que esa “prisión” se creó para gente como yo?
―¿Para quién sino? ―repuso sin cuestionar algo que para ella era obvio.
El rubio estiró una de las piernas que tenía plegadas sobre el colchón pegado a la pared. Con la espalda recostada en el muro de yeso y un brazo descansando sobre la rodilla que mantenía doblada, habló de una manera tan tranquilizadora y susurrante que a Hermione se le puso el bello de punta:
―Por lo que veo El Ministerio ni siquiera confía en sus propios adeptos. No es que me pille por sorpresa, siempre imaginé que no estabais enterados de los trapicheos que se cuecen allí dentro―dijo, llevándose una seta a la boca. Tras tragarla, siguió hablando:―. Hará cuestión de unos trescientos años, el Ministro Harold Norton mandó crear un lugar dónde el sol nunca pudiese verse tras un manto de frondosas nubes grises; un paraje totalmente deshabitado dónde el aire estuviese contaminado y el suelo fuese infértil. Allí pretendía encerrar a todos aquellos que se negasen a cumplir sus mandatos, a los desertores y a los rebeldes. Miles de personas fueron encarceladas la primera semana tras su abertura. La mayor parte fueron devorados por las fieras antes de transcurrir 24 horas mientras muchos otros murieron por inanición. Apenas unos pocos lograron mantenerse con vida en esa tierra hostil.
>> Veinte años más tarde, se demostró la tiranía y la corrupción de Norton. Más de siete mil magos fueron apresados y condenados injustamente, haciéndose pública poco después su inocencia. El Monte de los Perdidos fue clausurado y ningún otro mago fue ajusticiado con esa pena de muerte.
Draco jugueteó con el cuchillo que había utilizado para cortar la carne, pasándoselo de un dedo al siguiente con una maestría envidiable.
―Hace unos pocos años El Ministerio se reunió para debatir la posibilidad de abrir de nuevo el lugar para convertirlo en una especie de prisión que no sólo no requería guardias que custodiasen la salida, ya que como bien sabes no hay forma de escapar de allí sin ayuda, sino que además resultaba una opción muy ventajosa para ellos. No tendrían que ensuciarse las manos de sangre―la voz del joven se profundizó, sonando ronca―. Todos cuantos encerrasen allí morirían sin necesidad de asesinarles. Pero supongo que su conciencia no les permitía encerrarnos en un lugar sin agua y alimento, así que crearon la Laguna Negra y escondieron el alimento bajo tierra, esperando que nadie pudiese encontrarlo, pero dándoles a los presos una posibilidad de salvación―sin dejar de jugar con el cuchillo, alzó la vista hacia la castaña esbozando una sonrisa mordaz―. Fueron muy considerados, ¿no te parece?
Hermione entreabrió los labios, pero no salió ningún sonido de ellos. Durante unos instantes permaneció en silencio, sin saber qué decir al respecto. ¿Por qué él estaba al tanto de todo eso y ella no? Hacía apenas unas pocas horas que había descubierto que existía otra cárcel de máxima seguridad a parte de Azkaban, pero en un principio ni siquiera se había cuestionado su existencia. Si existía Azkaban, ¿por qué no construir más prisiones?
―¿Por qué no seguir utilizando Azkaban? Quiero decir…, es la prisión más segura del mundo.
―Pero requiere una vigilancia constante, un desembolso más que escandaloso en los tiempos que corren, por no hablar de la posible fuga de los presos. No existe lugar como
Deyrü Jâhnna. Nadie tiene que preocuparse porque los encarcelados den muestras de vida, porque el noventa por ciento la palma la primera semana.
A Hermione se le hizo un nudo en el estómago. Estaba a favor de que personas como aquel que le estudiaba atentamente a pocos metros se pudriesen en la cárcel, pero todo aquello le parecía excesivo. No estaba a favor de la pena de muerte, y mucho menos de una muerte tan espantosa. ¿Cómo podía ser legal algo así?
―Es una prisión clandestina, totalmente ilegal―dijo Draco, adivinándole el pensamiento. Hermione abrió los ojos como platos―. Por esa razón tan pocos conocen de su existencia, por eso sólo a los altos cargos se les permite llevar allí a los presos. Todo se realiza en riguroso orden y sin llamar la atención. Borran a la gente del mapa, como si nunca hubiese pisado esta tierra, e inventan cualquier excusa para justificar su desaparición.
La joven no supo que decir. Se encontraba perdida, la mente le daba vueltas de lo rápido que ataba conceptos. De repente sintió unas ganas terribles de vomitar.
―Sigo sin entender una cosa―murmuró, pasándose la mano por el pelo―. ¿Cómo se llama el tataranieto de Harrison?
Hermione repasó la lista de los mortífagos reconocidos. No le sonaba que hubiese ningún Harrison en ella. Además, aunque él fuese un mortio, seguía sin encajar que su tatarabuelo hubiese sido apresado siglos atrás. Había algo que se le escapaba.
―Richard, Richard Harrison.
―¿Es un mortífago? ―cuestionó la castaña.
Draco prorrumpió en una cadenciosa pero triste carcajada.
―¿Harrison? No, por supuesto que no―aseguró. Su rostro se volvió sombrío, como el cielo encapotado de nubes negras―. Él nació allí, en
Deyrü Jâhnna.