Hola aqui regrese con nuevo capitulo...
Primero agradecer a:
e_potter ... gracias por empezar a leer mi historia y espero que la sigas un besazo...
sara_hot.princes ... Bueno no me imagine a Ron de repartidor de comida china XD pero bueno todo puede pasar... jejej gracias por comenzar a seguir mi historia un beso...
Brenda... Ahhhhhh!!!!! que puedo decirte nena que te quierooooo!!!! gracias por pasarte por aqui tambien jejeje estoy superfeliz de que lo hagas Siiiiiiiiiii Lu es geniallll!!! superrecomendable su ff. Secretos ocultos (Esta en mi firma XD) Un beso y no te pido que me sigas porque se que lo vas a hacer... chao guapa...
bueno ya estan saludadas mis primeras lectoras una a una porque os lo mereceis...
y ahora ya no me enrollo mas y os dejo el capi...
2. El equipo
Hermione se quedó impresionada con su nuevo despacho, era amplio y muy luminoso.
-Espero que sea de tu agrado – dijo Harry mostrándose orgulloso de la habitación.
- Es muy hermoso… Estoy segura que aquí trabajare muy a gusto.
- Bueno ser la redactora jefe es un cargo de responsabilidad, tenemos el gusto de contar en El Profeta con los mejores profesionales… si me acompañas, te mostraré a tu equipo.
Hermione asintió y siguió a su jefe.
Fuera de su oficina había muchas mesas dispuestas en grupos de cuatro y en ellas, el personal de la revista tecleando sin descanso en sus ordenadores. Harry se aproximó a un grupo de ellos y dijo.
- Disculpad, prestadme atención por favor.
Todos levantaron la vista del monitor y se dispusieron a escuchar lo que el director venia a informarles.
- Les presento a su nueva redactora jefe, la señorita Hermione Granger.
Las miradas del grupo se posaron en ella y una joven rubia, que no pertenecía a ninguna de las mesas, se adelantó tímidamente.
- Hermione, ella será tu secretaria personal – dijo señalando a la muchacha – Lavender Brown.
- Un placer Señorita Brown – saludó Hermione.
- Llámeme Lavender – contestó ésta amablemente.
- Y éste es el equipo de redactores del Profeta – dijo Harry volviéndose hacia los demás presentándolos uno a uno.
Eran tres, la primera era una joven morena y de sonrisa descarada llamada Pansy Parkinson, justo en frente de ella, se hallaba sentado un joven con cara de embobado que respondía al nombre de Neville Longbottom y para finalizar, Hermione no pudo evitar quedarse cautivada por un muchacho rubio de ojos grises…
- Y por último Draco Malfoy, es uno de nuestros mejores redactores, ya lo comprobará.
- Encantada – saludó a todos con entusiasmo – Nos llevaremos muy bien los cuatro.
- Los cinco… es que hay alguien más, pero en estos momentos esta de viaje – dijo Draco mostrando una encantadora sonrisa ladeada.
- En efecto – corroboró Harry – pero llega hoy, así que probablemente acuda a la fiesta que solemos hacer cuando un directivo nuevo se incorpora, en este caso es por ti.
- Entonces puedo empezar desde ahora mismo ¿verdad? – dijo Hermione sonriendo.
- Por supuesto, Lavender ponga a la Señorita Granger al tanto de todo.
Harry se despidió de todos y se dirigió a su despacho. Hermione entró junto a su secretaria en el suyo y se dejó caer sobre el sillón giratorio de su mesa. La rubia se dirigió hacia una agenda que había en el escritorio y la abrió mostrándosela.
- Aquí le he apuntado todos los reportajes y entrevistas en los que están trabajando los chicos, es una revista con profesionales muy jóvenes y el ambiente de trabajo es realmente bueno, ya lo notará.
- Tutéame Lavender, somos de la misma edad – dijo Hermione sonriéndole.
- De acuerdo – rió Lavender sonrojada – hoy tenemos revisión de contenidos, así que los redactores pasaran a última hora de la mañana para dejarle… perdón… dejarte sus trabajos, antes de la reunión de mañana… revisarlos es asunto tuyo - Hermione resopló y Lavender volvió a reír – No te preocupes yo te ayudaré.
- Gracias Lavender, necesito a alguien que conozca a los redactores y su forma de trabajar… ¿Quién ocupaba mi puesto antes?
- El Señor Snape, se jubiló hace un par de semanas, era el único mayor de todo la plantilla. Un hombre serio y un poco cascarrabias, pero todos lo adorábamos.
- Espero poder ganarme vuestra confianza, aunque yo estaré solo hasta las navidades, entonces llegará el redactor definitivo.
- Lo sé, ya verá como el tiempo que esté aquí se sentirá como en casa.
La puerta sonó y ambas miraron hacia ella interrumpiéndose la conversación.
- ¿Puedo pasar? – preguntó Draco asomando la cabeza.
- Por supuesto pasa – le invitó Hermione.
- Lavender en realidad te buscaba a ti… quiero que me localices a Seamos, necesito las fotos para cotejarlas con el reportaje y las necesito ahora en mi mesa, si quiero terminarlo todo y entregárselo a la nueva redactora jefe hoy – dijo el rubio lanzando una seductora mirada a Hermione.
- ¡Oh claro! Perdona Draco, con la nueva llegada lo olvidé, te lo localizo y las dejo sobre tu mesa – y diciendo esto salió disparada de la oficina.
Hermione la observó divertida, esa chica era demasiado nerviosa.
- Siempre va corriendo a todos lados, pero es muy eficiente – dijo Draco – Espero que te guste Londres.
- En realidad yo nací aquí.
- ¿Ah si? – contestó algo contrariado.
- Sí – sonrió Hermione ante el gesto del muchacho – mi padre fue trasladado a Escocia y me fui de Londres cuando tenia catorce años.
- Entonces eres uno de los nuestros.
- Eso parece, adoro Londres, lo único negativo es que estoy de paso y tendré que regresar a Escocia – añadió Hermione.
- Es una lástima…
- Ya están sobre tu escritorio Draco – dijo de repente Lavender entrando de nuevo.
El rubio la miró fastidiado por haberlo interrumpido de esa forma tan brusca y Hermione que se había sonrojado un poco, agradeció la repentina entrada de la muchacha.
- A última hora de la mañana volveré con mi reportaje – dijo mientras salía del despacho con calma.
- No te fíes de él – le advirtió Lavender una vez que perdió de vista a su compañero – Es un Don Juan, todas hemos caído rendidas a sus encantos… ahora tú eres su nueva presa.
Hermione rió, pero Lavender arqueó una ceja haciéndole ver que hablaba muy en serio.
- ¿De verdad?
- Sí, chica nueva, objetivo nuevo. Pansy es la única que no ha caído y tiene mucho mérito trabajar a su lado todo el día mirando esos encantadores ojos grises y no sucumbir a ellos… ¿Y sabes que es lo que mas me molesta de todo?…
- No – contestó Hermione intrigadísima con la conversación.
- Que a pesar de ser él, el que siempre termina abandonándonos, en el fondo sigue cayéndonos bien.
Hermione soltó una carcajada y Lavender movía la cabeza de un lado a otro sonriendo y volviendo a la agenda.
La mañana pasó velozmente, Lavender era muy simpática y Hermione se divertía mucho con ella y con sus comentarios. En pocas horas la había puesto al tanto de todo lo que ocurría en la revista, tanto profesional como personal. El director Potter había heredado la empresa de su padre ya fallecido y estaba felizmente casado con una hermosa muchacha. Draco era un conquistador sin remedio, y aunque todas sabían que tarde o temprano serian abandonadas, ninguna se resistía a pasar como mínimo, una noche con él. Pansy era una chica seria y poco habladora, había tenido un novio que la dejó a las puertas del altar y por ello tenia el carácter un poco agrio, aun así y según Lavender era una buena chica, pero sobre todo una gran redactora. Neville llevaba poco tiempo trabajando en El Profeta, así que no lo conocía lo suficiente y ella prefería no opinar sobre personas a las que apenas había tratado. De la cuarta y desconocida persona, solo dijo que le parecía encantadora y muy amable… Aquello hizo que las ganas de Hermione por conocerla aumentaran.
A lo largo de la mañana todos los redactores fueron dejando sus trabajos sobre el escritorio de Hermione para que ésta los revisase, el último en entregarlo fue Neville que lo hizo un poco apurado por la demora.
- ¡Uf!... No esta nada mal para ser tu primer día – dijo Lavender cerrando la puerta tras Neville.
- La verdad es que ha ido muy bien – respondió Hermione mientras se desperezaba en su sillón.
- Pues deberíamos irnos ya, esta noche habrá unas copas en tu honor aquí en la revista y te aseguro que nuestras reuniones informales son mucho mas divertidas que las de la oficina.
Hermione llegó a su casa sintiendo como si hubiese luchado con un forzudo en un ring de pressing catch, tomó un relajante baño de espuma con aroma a lilas y se tumbó en el sofá machacando sin compasión el mando a distancia del televisor. El piloto rojo del contestador automático parpadeaba, la joven apretó un botón y la pantalla visualizó tres mensajes sin leer.
Se hundió de nuevo en el sofá y dejó que el aparato hablara…
“Piii…”
‘Cariño soy mamá, lo sé… Sé que me vas a decir que no confío en ti, lo lamento hija pero no pude esperar a que avisaras a Luna de que habías regresado a Londres y lo hice yo… Hasta tu padre me ha regañado… bueno espero que todo te haya ido bien en tu primer día… un beso mi vida y llama en cuanto tengas un tiempo... Te quiero’
Su madre siempre se comportaba de la misma forma, nunca le dejaba actuar por sí misma. Una de las razones por las que había aceptado aquel trabajo, era para alejarse un poco mas de su protección, que en la mayoría de los casos la asfixiaban… Pero para su desgracia alguien decidió inventar el teléfono.
Segundo mensaje…
‘Hermione soy Luna, espero que todo te haya ido hoy de perlas, porque yo no puedo decir lo mismo… Hoy los alumnos han estado revoltosos en el colegio y tengo un horrible dolor de cabeza… en serio tengo una relación amor odio con ellos. Querida espero que podamos cenar juntas… llámame si decides pasarte por mi casa…’
Luna siempre había sido su prima favorita, conocía todo de su vida y durante el tiempo que ella y Ron estuvieron juntos, Luna se encargó de ocultarlos hasta que la relación entre ellos se hizo demasiado obvia. Siempre fue una gran aliada y aunque hablaba por los codos y eso molestaba mucho a Hermione, que era menos locuaz, adoraba a aquella chica.
Un nuevo pitido y un nuevo mensaje…
‘¡Oh Dios mío! Siento molestarte. Soy Lavender, toda la tarde hablando de la dichosa fiesta y se me olvidó decirte que es a las ocho… No te demores… Harry odia a la gente impuntual… Nos vemos allí’
- ¡La fiesta! – Exclamo Hermione mirando el reloj - ¡Maldita sea! … No me acordaba y solo dispongo de una hora para llegar.
Saltó del sofá y se dirigió a la maleta que aun no había desecho… Todo estaba arrugado. Sacó de ella un vestido rojo… No, demasiado llamativo… ¡El negro!... Ni hablar ¿Acaso se le había muerto alguien?... Uno verde… Otro con ramilletes de flores… hizo una mueca de asco al ver el vestido… nunca se le debió ocurrir comprar algo tan horrible y lo lanzó al suelo… ¡Azul!... siempre había sido su color favorito. Cogió la tabla de planchar y le quitó las arrugas al vestido, se embutió en él, se recogió su tupida melena castaña y se maquilló como pudo, decidió no comprobar como había quedado… Se calzó unos odiosos zapatos de tacón y salió disparada hacia el taxi, que ya la esperaba en la puerta con el contador en marcha.
Lavender aguardaba en el Hall de entrada de la revista la llegada de Hermione, miraba el reloj insistentemente y se mordía el labio inferior debido a los nervios. Su jefa bajó del taxi sonriéndole, la rubia se aproximó a ella y cerró la puerta del vehículo de golpe, con tan mala suerte que el vaporoso vestido azul de Hermione quedó atrapado.
La secretaria pensó que debía resquebrajarse la tierra en ese momento y tragársela sin más, abrió de nuevo la puerta del taxi, liberando el trozo de tela, que gracias a su ineptitud ahora lucia una hermosa y redonda mancha de grasa. Hermione abrió la boca espantada y Lavender estaba a punto de excavar ese agujero en la tierra ella sola, con sus propias manos.
- ¡Oh Hermione! Lo siento… - se disculpó apenada.
Hermione la miro fastidiada, la mancha se notaba mucho estaba segura, pero ya no había tiempo para cambiarse de vestido.
- Esta bien no te preocupes, no fue tu intención – dijo sabiendo que la fiesta era precisamente en su honor y que por lo tanto seria el centro de todas las miradas y su hermoso y vaporoso vestido azul lucia un enorme y grasiento lunar negro justo donde estaba su trasero.
Harry la esperaba en la puerta del salón de actos donde se celebraba la animada reunión, la recibió con una sonrisa.
- Hermione, puntual, eso me gusta. Entremos.
Nada mas poner un pie en el salón, todas las miradas se posaron en ella y la joven instintivamente se llevó la mano al trasero, intentando tapar la mancha de grasa. Un segundo después de su entrada todos volvieron a sus cosas y Hermione suspiró aliviada al dejar de ser el centro de atención.
- Discúlpame un segundo, voy a buscar a mi esposa. Quiero que os conozcáis – dijo Harry alejándose de ella.
- ¡Oh Dios mío Lavender!... ¿Se nota mucho? – preguntó disimuladamente a su secretaria, forzando una sonrisa.
Lavender miró la parte trasera del vestido y resopló, no es que se notara… es que era lo único que se veía… pero decidió que aquel era el momento justo para decir una mentira piadosa.
- En realidad, el vestido es azul intenso y la mancha queda casi disimulada.
- ¡Uf! ¡Que alivio!... Sé que es abusar demasiado de tu confianza pero ¿Serias tan amable de buscarme un trago?
- ¡Oh! Es lo mínimo que puedo hacer por ti después de haber estropeado tu vestido – dijo la rubia apurada y desapareció entre la gente.
Hermione se encontraba absolutamente fuera de lugar, todos hablaban de sus cosas entre ellos, con confianza y ella no conocía a nadie. Se sentía como pez fuera del agua. Allí estaba, en medio de todas aquellas personas anónimas, esperando a que su secretaria le trajese algo con lo que ahogar su bochorno.
- ¡Ron!
Hermione se quedó paralizada… había escuchado aquel nombre… se giró hacia la persona que llamaba y vio como una mujer se acercaba a un muchacho… Hermione resopló aliviada… aquel no podía ser su Ron… no tenia el pelo rojo, mejor dicho no tenia pelo… y era bajito y rechoncho… Sonrió de su propia estupidez al ilusionarse por un solo instante. De pronto y sin saber como, una joven que llevaba dos bebidas rebosantes en las manos tropezó con ella, derramando el líquido de una de ellas sobre el escote de Hermione.
- ¡Oh Cielos!, lo siento… - se disculpó la joven que tenia rasgos orientales – Que torpe he sido iba tan concentrada para que las bebidas no se derramasen, que no te vi y tropecé contigo…
Hermione pensó que definitivamente, debía haberse quedado en el sofá machacando el mando a distancia… Toda la parte delantera de su vestido estaba empapado y comenzaba a adquirir un asqueroso tono marrón.
- No te preocupes… iré a secarme un poco
- Lo lamento de verdad, ¿Si puedo hacer algo por ti…? – se volvió a disculpar muy apurada.
- No… Gracias – contestó ella aunque pensó ‘Ya hiciste bastante’.
La joven oriental se alejó de ella sonriéndole, Hermione la siguió con la mirada. Aquello era el colmo, ¿Es que no iba a levantar cabeza? Vio como la muchacha llegaba hasta el grupo donde estaba Draco, éste divisó a Hermione y la saludó con la mano, ella le respondió el saludo y siguió mirando a la chica sin saber aun porque. Lavender regresó con la bebida de su jefa y se la dio. Hermione tomó un sorbo… De repente su corazón dejó de latir y el pulso se le detuvo, no llegaba aire a sus pulmones… La muchacha que solo unos segundos antes la había dejado como una sopa, le ofrecía la bebida aun intacta, a un joven alto, con el pelo rojo… Hermione no sabía porque reaccionaba así, si el muchacho estaba de espaldas a ella. La joven oriental le pasó la mano por el cuello al pelirrojo y éste se giró para besarla mostrado completamente su rostro. Hermione dejó caer su copa al suelo haciendo que esta se rompiese en mil pedazos, manchando el borde de su vestido. Lavender se quedó sorprendida y se agachó para recoger los trozos de cristal.
Hermione seguía petrificada, sin apartar la vista de aquel chico. ‘Es él’ pensó ‘Es Ron…’ El Ron niño volvió a su mente, no había duda… sus mismos ojos… su misma boca… el color inconfundible de su cabello… es cierto que ahora lo llevaba mas corto, pero no le cabía ninguna duda, aquel era Ron Weasley. Se llevó la mano al estómago y sintió unas nauseas horribles, estaba a punto de vomitar cuando escuchó que alguien la nombraba.
- Hermione… Quiero presentarte a mi esposa – Harry había vuelto acompañado de una joven pelirroja.
- Hermione Granger, ella es mi esposa Ginny Potter, aunque a ella le gusta que la sigan llamando por su apellido de soltera, Weasley.
Ginny y Hermione se miraron fijamente la una a la otra. La esposa de Harry no podía creer que se tratase de la misma Hermione hasta que ésta habló.
- Hola Ginny ¿Cuánto tiempo? – dijo entrecortadamente.
Harry miró a su esposa confundido…
- ¿Se conocían ya?
- Fuimos amigas de pequeñas – contestó Ginny sin apartar la vista de su antigua amiga.
Hermione estaba pálida y su vestido era un auténtico desastre. Como si tuviese un presentimiento, la pelirroja volvió la mirada hacia el grupo donde se encontraban Draco y aquel joven pelirrojo y comprendió entonces la lividez de Hermione. Lavender seguía a los pies de la joven recogiendo los trozos de cristal de la copa y nadie reparaba en ella. Hermione volvió a sentirse mal y las nauseas se hicieron aun mas fuertes.
- Buenas noches cuñado… ¡Hermanita! Siento no haberte saludado antes… recién acabo de llegar.
Era una voz de hombre, justo detrás de Hermione, muy cerca de ella… tanto, que al hablar notó su calido aliento en el cuello. Abrió los ojos de par en par y miró a Ginny suplicante. El joven pasó por su lado sin mirarla y se acercó a la pelirroja para besarla en las mejillas. Ginny seguía sin apartar los ojos de su antigua amiga.
- Ron… ¿Qué bien que llegaste? – exclamó Harry – Te presento a nuestra nueva redactora jefe… La señorita Hermione Granger… Hermione, él es el cuarto miembro del equipo… Ron Weasley y ella es su encantadora esposa Cho.
Ron palideció al oír el nombre de su antigua novia, pero aun más cuando pudo comprobar al verla que realmente era ella. La castaña deseaba que un rayo la fulminase en ese instante. Harry los miraba sin entender muy bien a que venia tanto silencio y Ginny ya no observaba a Hermione, era a Ron a quien no quitaba ojo. Hermione notó como ya no podía aguantar mas las ganas de vomitar y llevándose una mano a la boca dijo.
- Disculpadme, Lavender acompáñame por favor.
La rubia se levantó del suelo y siguió con rapidez a su jefa, que corría como un rayo hacia el aseo. Ron la siguió con la mirada y el corazón latiéndole desbocado en medio de una angustiosa confusión.
Bueno hasta aqui jejej... y como siempre os digo espero que os guste y me lo conteis... un besooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!
gracias
Y.Maria.CAPITULO 3 pulsa aquí