EvanS-WeasleY escribió:Pdta: mañana (2 d oct.) kumplo 18... no se si fuera molestia q publiqs... seria el mejor regalo!!!
Ahora si me despido... 1 abrazote!!!
Bueno pues aqui esta Eva ¡¡FELICIDADES!! mi regalito para ti... un beso...
os adoro...
Bueno a leer luego me contais...13. Carlisle
El reloj de cuco dejó salir diez veces al pájaro que se escondía dentro. Todo era silencio en el dormitorio de Hermione, aun dormía profundamente. Después de un mes de insomnio, por fin el sueño había podido más que su angustia y su tristeza. Pegado a su cuerpo, como si de un oso de peluche se tratara, se encontraba el marco con el regalo de Ron, y ni siquiera el hecho de que se le clavase las esquinas en el costado había logrado despertarla.
De pronto unos pasos se oyeron por las escaleras y dos muchachas de cabello oscuro y rasgos similares irrumpieron escandalosamente en su habitación.
- ¡Hermione! – gritó una de las muchachas.
- ¡Despierta dormilona! – Exclamó la otra.
Hermione abrió los ojos sobresaltada y se sentó de golpe en la cama. Una de las alborotadoras, descorrió las cortinas cegándola y la otra se sentó a los pies de la cama.
- ¡Buenos días!
- ¡Padma! ¡Parvati! ¿Qué hacéis aquí? – Preguntó Hermione frotándose los ojos.
- Hemos venido a despertar a la bella durmiente – Bromeó Padma.
- No es cierto, bueno sí, la verdad es que hemos venido para sacarte de esa tristeza y devolverte un poco de alegría – Añadió Parvati.
- Mi madre os llamó ¿Verdad?
Las dos jóvenes asintieron al unísono. Hermione resopló.
Padma y Parvati Patil pasaron a ser amigas de Hermione cuando ésta se mudó a Glasgow. Sabían todo sobre ella, incluso conocían la existencia de ese chico de pelo rojo que había vivido durante años en el corazón y la mente de su amiga. Eran buenas chicas, pero alborotaban demasiado y Hermione no estaba de humor para tanta algarabía.
- Venga, levántate y vístete. Nos vamos.
- No chicas, yo no voy a ningún lado – dijo Hermione tumbándose de nuevo en la cama y tapándose la cabeza con la sábana.
Las dos hermanas se pusieron de pie, agarraron la sábana cada una por un extremo y contando hasta tres, tiraron de ella dejando a su amiga fuera de su escondite. Hermione las miró fastidiada y ambas rieron.
- Sabemos que ese pelirrojo es maravilloso, nos lo has repetido hasta darnos dolor de cabeza – dijo Padma poniendo los ojos en blanco – Y aunque no tenemos la menor idea de que te ha podido hacer para que estés tan triste, hoy vamos a conseguir que te olvides de él.
- Al menos durante unas horas – continuó su hermana acercándose a Hermione y tirándole del brazo hasta que logró sacarla de la cama.
La otra Patil, se giró y rebuscó en el armario de la castaña. Sacó un suéter y unos tejanos y se los lanzó a su amiga. Parvati empujó a la joven hacia el baño mientras decía.
- No salgas de ahí hasta que no estés lista.
Y luego se sentó junto a su hermana en el borde de la cama.
Pocos minutos después, Hermione salió del baño vestida. Las Patil aplaudieron y la joven no pudo más que sonreír ante el entusiasmo desmesurado de sus amigas.
- Está bien – dijo resignada - ¿Dónde vamos?
- ¡Al centro de la ciudad! – exclamó Padma.
- ¡Es día de compras! – añadió Parvati.
Ron miró por la ventana del apartamento de Luna. No podía creer en su buena suerte, era un hermoso y soleado día de invierno, y nada podía presagiar que pudiese cambiar. Así que, con el ánimo mas alto que nunca, metió su última camiseta dentro de la maleta y la cerró depositándola en el suelo. Luna entró en su casa y sonriendo dijo.
- ¿Estás listo?
Ron asintió enérgicamente.
- Pues en marcha.
La rubia cargó una bolsa de viaje en su hombro y Ron arrastró su maleta, cerraron el apartamento y se dirigieron al coche que la joven acababa de aparcar justo en la entrada del edificio.
Las hermanas Patil eran hijas de un famoso y rico empresario escocés, que no dudaba en hacer realidad todos los deseos y caprichos de las dos muchachas. Ninguna de ellas había decidido estudiar carrera universitaria alguna y por supuesto, jamás a sus veintitantos años, habían puesto un pie en ningún trabajo. Eran sin duda niñas bien, consentidas de papá y mamá. La Señora Patil solía decir que sus hijas no necesitaban tener conocimientos académicos, porque con toda seguridad acabarían casadas con algún excéntrico millonario que siguiera manteniéndolas como reinas. Aun así, Hermione las adoraba porque dejando al margen lo superficiales que podían llegar a ser en ocasiones, eran divertidas, amables y buenas amigas, y la joven valoraba mucho más esas cualidades que las frivolidades que las envolvían. Así pues, las dos hermanas entraban y salían de las tiendas de moda de la ciudad cargando luego su coche con todas las compras que iban haciendo, como el que compra caramelos en una tienda de dulces. Hermione las seguía sobrepasada por tanta energía. Si había seres en este planeta capaces de conseguir que por un momento Ron saliese de su mente, esas eran sin duda, ese par de hermanas tan ricas como locas.
El viaje iba a ser largo y pesado, Glasgow estaba en la otra punta de la isla británica a unos seiscientos setenta kilómetros de Londres, pero por suerte Luna y Ron podían turnarse al volante. Además, con toda seguridad tendrían que hacer noche por el camino en algún hotel de una ciudad que les pillara de paso, ya que el viaje duraba, parando lo justo, casi doce horas. Pero todos aquellos contratiempos, no ensombrecían en absoluto el buen humor del pelirrojo. Alejarse de Londres lo renovaba, dejar atrás su pasado con Cho y saber que le esperaba un futuro con Hermione, lo hacia ser el ser humano mas feliz de la tierra.
Pronto harían su primera parada oficial en un restaurante de carretera para almorzar, estaba a punto de dar las doce del mediodía.
- ¡Las doce! – Exclamo Padma mirando su reloj – Tendremos que ir pensando donde vamos a comer.
- Estamos en Saltmarket, los mejores restaurantes de la ciudad están en esta plaza. A ver… - dijo su hermana cerrando los ojos y extendía el dedo señalando mientras giraba sobre si misma – ¡Ahí mismo! – exclamo deteniéndose y su dedo indicaba un restaurante bastante lujoso.
- ¡Oh chicas! Debe ser carísimo, creo que tendremos que buscar algo más económico – convino Hermione.
Las Patil se miraron la una a la otra y estallaron en una carcajada. Hermione abrió la boca molesta por la reacción de sus amigas.
- ¿De verdad piensas Hermione Granger, que vamos a dejar que pagues algo? – rió Parvati.
- Ni lo sueñes, nosotras te sacamos de tu cama calentita esta mañana y eso tiene sus consecuencias – añadió Padma divertida.
Hermione protestó un poco, pero no sirvió de nada. Sus amigas estaban empeñadas en no dejarle pagar ni una sola libra.
Como había de esperar el restaurante era de lo más distinguido. Hermione se sentía fuera de lugar vestida con sus tejanos en un sitio en que todos iban un poco menos informales que ella. El encargado del restaurante, le echó una rápida ojeada y estuvo a punto de no dejarla acceder al lugar de no ser porque escuchó el apellido de las dos jóvenes que la acompañaban. Haciendo por una vez la vista gorda, escoltó a las tres mujeres a una de las mejores mesas del restaurante. Ordenaron una suculenta comida a base de buen marisco, pescado al horno y pastel de nueces y pasas. Mientras comían, Hermione volvió a recordar a Ron y su semblante reflejó de nuevo una sombra de melancolía. Sus amigas se percataron rápidamente de ello.
- ¿Ha vuelto?
- ¿Quién? – Preguntó Hermione sobresaltada saliendo de su ensueño.
- Ese pelirrojo que no te deja vivir en paz – Continuó Padma – Te has vuelto a poner triste de nuevo, y eso solo puede significar que él ha vuelto a tu terca cabecita.
- Lo siento chicas, no puedo evitarlo – Añadió fijando los ojos en el plato.
- ¿Qué paso entre ese chico y tú cuando estuviste en Londres para que te afecte tanto? Pensamos que ya lo habías superado – Dijo Parvati.
Hermione le relato entonces todo lo sucedido durante su estancia en Londres, desde el frío recibimiento que obtuvo cuando lo vio después de diez años, hasta el maravilloso regalo de despedida que adornaba su mesita de noche. Sus amigas la escuchaban atónitas y Parvati dejó escapar unas lágrimas. Padma se puso en pie y exclamó en voz alta.
- ¡Es injusto!
Todo el restaurante se volvió a mirarla, su hermana tiró de ella haciendo que volviese a sentarse.
- ¿Y vas a quedarte así, sin hacer nada? – continuó moderando un poco el tono de su voz.
- ¿Qué pretendes que haga? No puedo luchar contra un niño…
- ¡Odio a esa Cho! – exclamó alzando de nuevo la voz.
Parvati tapó con la mano la boca de su hermana para hacerla callar. Todo el restaurante volvía a mirarlas.
- ¿La odias? ¿Qué habrías hecho tú en su lugar? ¿Dejarlo marchar con otra, sabiendo que esperas un hijo suyo? Hizo bien en decírselo, lo único que no apruebo es que use al niño para amenazar al padre. Eso no está bien – añadió Parvati en un tono mas bajo que su acalorada hermana.
Hermione observó a sus amigas, Parvati la miraba con compasión haciéndose cargo del sufrimiento que debía estar pasando y Padma tenía los brazos cruzados sobre el pecho y apretaba los labios indignada. Se parecían mucho físicamente, pero ambas hermanas tenían distintos caracteres.
- Gracias chicas, pero solo un milagro haría que Ron y yo volviésemos a estar juntos.
Ron almorzaba tan rápido que en un par de ocasiones, Luna tuvo que golpearle la espalda debido a que se había atragantado, pero no sirvió de nada hacerlo a la velocidad de la luz ya que su compañera de viaje era incapaz de tragar a ese ritmo y al final tuvo que esperarla. Cuando subieron de nuevo al coche, Luna dijo.
- Podríamos pasar la noche en Preston.
- ¿Preston? – exclamó Ron colocándose el cinturón de seguridad e introduciendo la llave en el contacto – Presto está a medio camino.
- Exacto, es un buen lugar para descansar – Añadió la rubia abrochándose también el cinturón.
- No, Luna. No quiero parar tan pronto, cuanto mas avancemos hoy, mas pronto llegaremos mañana.
El automóvil comenzó a moverse, la muchacha miró a su compañero y resopló un poco fastidiada. Comenzaba a cansarla un poco aquel viaje tan largo.
- ¿Qué propones entonces?
- Carlisle.
- ¡Santo cielo Ron! Carlisle es casi la última ciudad antes de llegar a Escocia, son casi tres horas más de viaje, será muy pesado.
- No si seguimos turnándonos como hasta ahora – convino Ron, sin hacer caso a los gestos de desaprobación que Luna hacia con el rostro.
La rubia miró por la ventanilla, el tiempo estaba cambiando y unas nubes amenazadoramente oscuras comenzaron a avanzar tras ellos.
- No me gusta el cambio de clima, creo que va a llover o aun peor, a nevar – dijo la joven sin dejar de mirar al cielo y murmuró – Preston es mejor opción.
Ron la miró con impaciencia y sin mediar palabra siguió conduciendo. Luna lo había intentado, pero ese chico tenía la cabeza tan dura como roja.
Como bien predijo Luna, las nubes no tardaron mucho tiempo en alcanzarlos y aunque aun no descargaban nada, lo harían pronto. Además, éstas provocaron que la noche se les echara encima mucho mas temprano por lo que en pocas horas ya estaba todo oscuro y aun quedaba mucho trayecto hasta Carlisle. Ron roncaba en el asiento de al lado. Tenía el sueño profundo como si hiciese años que no durmiera. La rubia vio pasar el cartel que desviaba a Preston, si hubiesen elegido esa opción en menos de media hora estaría acurrucada calentita en una cama, pero Ron quería detenerse en Carlisle y eso aun estaba a muchos kilómetros de allí. Quizá no llegarían antes de tres horas y eso, si no empeoraba el tiempo. Resopló fastidiada mientras seguía oyendo los monótonos ronquidos del pelirrojo.
Hermione llegó a su casa agotada. Un día de compras con las hermanas Patil era peor que correr la maratón de Nueva York cinco veces seguidas. Soltó las bolsas con las compras y se derrumbó sobre la cama bocabajo, hundiendo la cara en la almohada. Así estuvo varios segundos hasta que ya no pudo respirar y se giró mirando al techo. Ahora que Padma y Parvati no estaban a su lado para distraerla con sus ocurrencias, Ron volvía a torturar su mente. Hermione se sujetó con fuerza la cabeza zarandeándosela de un lado a otro, deseando que la imagen de Ron, con su sonrisa y sus hermosos ojos azules, se desintegrase con aquellos bruscos movimientos. Pero el movimiento cesó, y él seguía allí. Se incorporó sentándose, suspiró y miró el cuadro de su mesita de noche. Lo tomó volviendo a leer lo que en él decía, luego lo puso bocabajo sobre su regazo y añadió.
- Lo único que consigo es hacerme daño una y otra vez. Esto no puede seguir así.
Hermione se levantó, se acercó a un baúl de madera que había en un rincón de su habitación y levantó la tapa. Quitó el regalo de Ron del marco y dejó caer el papel en el fondo del baúl, cerrándolo nuevamente. Con el marco vacío en la mano, se acercó a la mesita de noche y volvió a colocar la fotografía de ella con sus padres, depositándola nuevamente sobre la mesa. Echo un último vistazo hacia el baúl y suspiró con pesar, mientras decía.
- Adiós Ron.
Y salió de la habitación en dirección al comedor para cenar.
Llovía, llovía mucho y Luna casi no podía ver la carretera a través del cristal. Todo estaba oscuro y desenfocado por culpa del agua. Ron despertó de golpe cuando la joven no pudo esquivar un bache.
- ¿Qué ocurre? – exclamó.
- Es una tormenta Ron, estamos justo en el centro de ella – Decía Luna aterrada.
- ¿Cuánto llevo dormido?
- Unas cuatro horas, casi estamos llegando a Carlisle – aclaró la joven que seguía haciendo esfuerzos por ver algo.
- ¡Cielos Luna! Lo siento, para a un lado. Voy a relevarte.
La muchacha se desvió hacia la derecha y detuvo el coche. Ron salió bajo la lluvia mientras Luna se cambiaba de sitio sin salir del vehiculo. En pocos segundos, el pelirrojo ya estaba empapado.
- ¿Cuánto nos falta para llegar a Carlisle? – Preguntó Ron sacudiéndose el agua del cabello.
- Con esta lluvia, mas de una hora – Dijo Luna rebuscando una manta para que el joven se secase un poco.
- Entonces en marcha, no perdamos más tiempo - Y prendió el motor del coche de nuevo.
Luna que había encontrado algo para que Ron se secase se lo entregó y éste sonriéndole agradecido, se la pasó por el cabello y por el rostro y siguieron su camino.
La lluvia les hacia avanzar muy lentamente, así que casi dos horas después, y a punto de dar las once de la noche, los dos amigos pudieron divisar al fin el desvío hacia Carlisle. Apenas diez minutos mas tarde ya estaban en la ciudad. La lluvia seguía golpeando el techo del auto sin piedad. Luna miró el GPS y pronto localizó un hotel cercano. Por suerte para ambos, quedaba una habitación libre. Luna miró a Ron sonrojada y el pelirrojo preguntó al recepcionista del hotel.
- ¿La habitación consta de una cama o es doble?
- Es una habitación doble, Señor – contestó el hombre.
Ron sonrió mientras le guiñaba un ojo a su amiga. La joven asintió con la cabeza.
- Nos la quedamos.
Cuando entraron en la habitación, Luna se derrumbo en la cama. Le dolía todo el cuerpo, como si alguien la hubiese golpeado cientos de veces con un bate de béisbol. Ron en cambio se aproximó a la ventana y apretó los labios.
- No me gusta nada este tiempo, no me gusta absolutamente nada – dijo.
Cuando Ron y Luna abandonaron Londres con aquel día tan soleado, nada hacia presagiar que el tiempo empeoraría de una forma tan extrema. Pero mientras ambos dormían plácidamente en sus camas calentitas, una tormenta de nieve se ensañó con la ciudad y con otras regiones cercanas, descargando sobre ellas toda su rabia y su violencia. Aquella noche Carlisle quedó cubierta de nieve, sin que los dos jóvenes pudiesen siquiera sospecharlo. Aquel imprevisto haría que su estancia allí, durara algo mas de lo que en un principio habían previsto.
Ron fue el primero en abrir los ojos, miró su reloj que marcaba las nueve de la mañana, se desperezó y volvió los ojos hacia la cama de Luna, que seguía más allá del arco iris. Se incorporó e instintivamente se acercó a la ventana. Se quedó horrorizado con lo que vio. La ciudad estaba cubierta casi por un metro de nieve, algunos postes de luz y ramas de árboles estaban tumbados en el suelo y los coches apenas se veían. Ron corrió al baño, se vistió y bajó rápidamente a la recepción.
Muchos huéspedes del hotel se encontraban allí, pidiendo información sobre lo sucedido. Ron intentó abrirse paso entre ellos, pero fue en vano y tuvo que esperar su turno, mientras oía comentarios tales como… ‘Ha sido una tormenta, una ventisca impresionante…’, ‘El viento alcanzó casi ciento veinte kilómetros por hora, las perdidas materiales son incalculables…’ El joven resopló angustiado, necesitaba saber si las carreteras habían sido cortadas y estaban allí atrapados, sin saber por cuanto tiempo. Al fin llegó su turno.
- Dígame caballero – dijo amablemente la recepcionista.
- ¿Quisiera saber si tengo algún problema para viajar a Glasgow? – Preguntó Ron atropelladamente.
La joven consultó un poco en su computadora y unos segundos después añadió con una sonrisa forzada.
- Todas las salidas hacia el norte están inutilizadas. Lamento decirle que le será imposible viajar a Glasgow, al menos durante el día de hoy.
Ron se pasó la mano por el rostro con desesperación. No podía creer que le estuviese sucediendo eso, cuando estaba a menos de tres horas para volver a ver a Hermione.
- ¿Desea algo caballero? – preguntó de nuevo la joven sin dejar de sonreír.
Ron movió la cabeza de un lado a otro y se alejó lentamente hacia la puerta giratoria del hotel. La nieve la cubría casi en un tercio, miró hacia fuera con pesar. ¿Por qué el destino seguía sin querer ponerse de su parte? Suspiró y subió a su habitación arrastrando los pies.
Cuando entró, Luna aun dormía. El joven se sentó junto a ella y la zarandeó suavemente por el hombro. La muchacha despertó y entreabrió los ojos.
- ¿Pasa algo?
- Estamos atrapados.
- ¿Atrapados? – inquirió Luna sentándose de repente en la cama.
- Al parecer anoche hubo una tormenta de nieve y parte de la ciudad está cubierta, las carreteras hacia el norte están inservibles y se esperan nuevas ventiscas en los próximos días – Contestó Ron de corrido y con el gesto contrariado.
- ¡Santo Cielo! ¿Quieres decir que tendremos que quedarnos aquí indefinidamente?
- Sí, al menos hasta que las carreteras vuelvan a estar disponibles - Luna suspiró, se pasó la mano por el rostro – Lo siento, si hubiese esperado al día que dijiste, no habrías tenido que dejar tu trabajo. Parece ser que al final llegaremos casi el mismo día.
- No te preocupes Ron, tú no me obligaste a faltar a mi trabajo. Yo soy la única responsable de ello. Pero quizás sí debiste hacerme caso cuando te hablé de Preston, dando un rodeo podríamos haber llegado hoy mismo a Glasgow – añadió la rubia saliendo de la cama y entrando al baño.
Ron la contempló mientras se alejaba, Luna tenía razón, había sido demasiado impaciente y ahora no le quedaba más remedio que esperar. Aquellas horas o quizás días serian los más largos de su vida. Se acercó de nuevo a la ventana. Todo era blanco, la gente echaba sal al suelo y las máquinas quitanieves trabajaban sin descanso intentado abrir paso a la calzada. Desvió sus ojos hacia el cielo, era de un azul intenso, pero un poco mas lejos unas nubes negras avanzaban rápido, amenazando con volver a fastidiarlo todo. Tuvo la certeza de que en un par de horas la tormenta volvería a reanudarse. Carlisle era sin duda una hermosa ciudad, y en primavera debía predominar en ella el verde de los parques, salpicado por el color de las flores, pero Ron tenía clara una cosa, jamás volvería a poner un pie allí.
Bueno el proximo capi sera el ultimo espero que os haya gustado... ya sabeis que no iba a ser tan facil jeje...
un besazo enormeeeee CAPITULO 14 pulsa aquí