Siento la demora no se que pasaba pero no podia conectarme argggggggggg...
bueno aqui os lo dejo
gracias a todas os adorooooo!!!!5. Una cena con Draco
La felicidad de Hermione duró muy poco, porque en los días posteriores a aquel maravilloso beso, Ron se había vuelto más frío con ella, si eso era posible. Definitivamente, aquel arrebato amoroso había sido totalmente contraproducente. Corría ya finales de Octubre, hacia un mes que había regresado a Londres y desde su vuelta nada parecía haberle salido bien. Encontrarse con Ron después de tantos años sin saber de él y enterarse de golpe a porrazo que se había casado… ¡Casado!... ¡Cielos, aun le costaba creer que fuera cierto!
Hermione se encontraba sentada en su despacho con los codos apoyados en la mesa y la cabeza entre sus manos… El remordimiento no la dejaba vivir… Había besado a Ron sin pensar en las consecuencias… No podía creer que su locura llegase a tal extremo… ¿Qué pretendía? ¿Robarle el marido a otra?... Se sintió como una basura… ‘¡Olvídalo Hermione!’, gritaba una voz en su interior, ‘¡Resígnate, lo perdiste… Ya no te ama! ¡Pertenece a otra mujer!
- Soy una mala persona – dijo en voz baja y comenzó a golpearse la cabeza con la mesa.
Lavender entró en ese momento cargada con fotocopias. La miró, pero no se sorprendió lo mas mínimo. Se había acostumbrado a que su jefa pasase de la euforia de la alegría, a la más grande de las tristezas. Podía entrar en el despacho y verla dar brincos incontrolados por toda la habitación o como en ese instante, auto castigarse por algo, que a ser sinceros no iba a preguntar que era, para no tener que comerse el marrón. Depositó las fotocopias sobre la mesa de Hermione y salió de nuevo tropezando con Draco que parecía querer entrar. El rubio observó a la castaña, que seguía golpeándose incansablemente y luego miró a Lavender intrigado, ésta se encogió de hombros y se alejó sin hacer ningún comentario.
- Hermione… - dijo muy bajito para no sobresaltarla.
La muchacha seguía en su afán de romperse la cabeza y Draco volvió a probar suerte.
- ¡Hermione!
La joven reaccionó al fin y mirándolo añadió mientras intentaba recomponerse el peinado.
- No te oí llegar.
- Por supuesto que no, era imposible que me oyeras… ¿Por qué intentabas abrirte la cabeza? – preguntó luciendo una encantadora sonrisa.
- Cosas mías… ¿Qué quieres?
- Mi entrevista, supongo que entre cabezazo y cabezazo la habrás revisado ¿No?
Hermione hizo una mueca, haciéndole ver que no le agradaba el comentario. Pero Draco lo ignoró y siguió con la misma expresión cautivadora en su rostro.
- Aquí está – dijo ella sacando unos folios de la carpeta de su escritorio – Esta realmente bien Draco, no cambies nada. Me alegro que hayas hecho caso de mis indicaciones y bajases el tono presuntuoso de tus preguntas.
El rubio no hizo ningún comentario, seguía clavándole su mirada gris como si tratase de desnudarla. La muchacha comenzó a ponerse un poco nerviosa.
- Estas tensa y estresada.
- MI vuelta a Londres no ha sido tan buena como esperaba.
- Necesitas relajarte y divertirte, y yo se como hacerlo – convino el sonriendo mas ampliamente, dejando al descubierto sus perfectos y blanquísimos dientes.
- ¿Ah sí? – añadió Hermione torciendo el gesto ante el atrevimiento del joven.
Draco asintió, sin dejar de mirarla. Se acercó a ella peligrosamente, Hermione recordó todo lo que le habían contado sobre él y sonrió, aquello comenzaba a parecerle divertido.
- ¿Y puedo saber como vas a ayudarme? – dijo casi susurrando.
- Con la mejor terapia del mundo contra el estrés femenino… La terapia Malfoy.
Hermione no puedo evitar reír, ese chico era bueno… ¡Si señor!, muy bueno.
Draco seguía acercándose aun más, pero ella había dejado de estar nerviosa. Sabia que le propondría algo y fuese lo que fuese, lo iba a aceptar.
- Imagina esto… Un buen restaurante, una botella del mejor vino, una cena deliciosa y mi compañía… ¿Es o no una buena terapia antiestrés? – Draco hablaba con voz seductora y guiñándole un ojo.
Hermione estaba a punto de aceptar la invitación, cuando alguien tocó a la puerta y entró. Era Ron, el pelirrojo se quedó perplejo. Draco se apoyaba con ambas manos en la mesa de su jefa y ella aun sentada, se encontraba a escasos centímetros del rubio. Ron apretó los labios, trago saliva y desvío la mirada hacia el lado contrario.
- ¿Qué me dices, aceptas? – Preguntó Draco incorporándose y alejándose hacia la puerta.
- Por supuesto que acepto – respondió ella con decisión, mirando de soslayo a Ron.
- ¡Genial! Te recogeré a las siete.
Y le lanzo un beso con la mano, Hermione sonrió y arrugó la nariz. Ron bufó, no podía creer que también ella se dejase embaucar por ese conquistador de tres al cuarto. Draco abandonó el despacho dejándolos a solas.
- ¿Qué quieres? – preguntó la castaña cambiando radicalmente el tono de su voz.
- Harry me pidió que te trajese estos documentos. Lavender estaba ocupada… Debes firmarlos ahora mismo – contestó él con la misma frialdad con la que había hablado ella.
Hermione agarró los documentos y garabateando su firma en ellos, se los volvió a entregar. Ron no movió un músculo y la miraba fijamente.
- ¿Eso es todo?
- Sí – dijo el reaccionando al fin y dándose media vuelta, salió por la puerta cerrándola de golpe.
Hermione lo miraba mientras desaparecía y suspiró llena de amargura.
- Voy a olvidarte Ron Weasley – dijo intentando convencerse – porque si no acabaré volviéndome loca.
Draco Malfoy tocó al portero automático de Hermione a las siete en punto, la muchacha aun estaba a medio arreglar. Su casa era una leonera, había ropa por todos lados, así que no iba a permitir que nadie entrase. Lo hizo esperar en la calle al menos un cuarto de hora más y aquello pareció no divertir mucho al rubio. Pero su enfado dejó paso a una enorme sonrisa cuando la vio salir del edificio, más bella que nunca. Le abrió la puerta del auto como buen caballero ingles y juntos se dirigieron al restaurante.
Era hermoso y acogedor. Draco ya había reservado mesa, Hermione tenía el presentimiento que esa noche iba a ser especial. El rubio parecía conocer bien el lugar porque los camareros le otorgaban un trato muy personal y ella comenzaba a sentirse verdaderamente a gusto. Pidieron una botella del mejor vino y brindaron por ellos y por su nueva ‘amistad’. Draco hablaba sin cesar del único tema que le interesaba realmente, él mismo y Hermione sonreía asombrada… Era impresionantemente egocéntrico, pero todo lo decía de una forma tan encantadora, que al final terminó escuchándolo embobada.
- Disculpe, Señor Malfoy – un camarero que se había acercado a ellos, interrumpió su monólogo – Tiene una llamada urgente.
Draco lo miró con cara de pocos amigos, pero la chica le guiñó un ojo y él se levanto de la mesa disculpándose con ella y acompañó al camarero.
Hermione observó entonces con más tranquilidad aquel sofisticado restaurante. Las mesas delicadamente vestidas, estaban en su mayoría ocupadas y las que no, habían sido reservadas. La joven recorrió con sus ojos algunas de ellas, cada comensal hablaba de sus cosas, reían ajenos a los problemas que pudiesen tener aquellos que se sentaban en las mesas contiguas. En una de ellas, una chica reía sin parar por algún comentario que su acompañante sonrojado, había hecho… en otra, nadie parecía tener nada que decir… en el atril de la entrada, el metre recibiendo a una nueva pareja… otra mas y… Hermione volvió de nuevo la vista hacia el metre y la pareja recién llegada… Eran ellos, eran Ron y su ‘encantadora’ esposa… Tenia que esconderse, aun no la habían visto. Hermione se agachó y se escondió debajo del mantel. Un camarero había observado la reacción de la joven y se aproximó a ella.
- Disculpe señorita, desea algo.
- No, váyase – exclamó en voz baja haciendo amagos con la mano para que se marchase.
El camarero ignoró el gesto de ella y preguntó de nuevo amablemente.
- ¿Está segura de que no necesita nada?
Hermione lo fulminó con la mirada y volvió la vista hacia Ron, éste se dirigía hacia una mesa muy próxima a la de ella con su esposa.
- Déme la carta ¡Rápido!
El desconcertado camarero le entregó un menú que tenia en las manos y Hermione lo abrió usándolo de barrera entre ella y Ron, saliendo al fin de debajo del mantel.
- Mi acompañante está atendiendo una importante llamada, vuelva un poco mas tarde y ordenaremos la cena. Gracias.
Hermione suspiró aliviada cuando vio alejarse al camarero. Estiró un poco el cuello para poder ver por encima de la carta… ¿Dónde demonios se habían metido?... Ron ya no estaba en su ángulo de visión. La joven giró nerviosa la cabeza hacia su izquierda… No, no estaban allí, luego hizo lo mismo lentamente hacia la derecha, encontrándose de bruces con los ojos azules de Ron que la miraban perplejos. El pelirrojo volteó la cabeza hacia su esposa y Hermione palideció.
Draco volvía a la mesa refunfuñando, pero a medida que se acercaba cambiaba el gesto austero de su rostro por una seductora sonrisa.
- ¡Debemos marcharnos! – exclamó Hermione sin dejarlo tomar asiento.
- ¿Cómo?... Hermione me ha costado mucho reservar esta mesa – Draco había dejado de sonreír.
- No me encuentro muy bien – mintió ella llevándose la mano al estomago.
El rubio resopló apretando los labios, visiblemente molesto con aquella contrariedad. Miró al frente y vio como Cho alzaba la mano saludándolo entusiasmada. El joven le devolvió el saludo y Hermione se llevó la mano al rostro desesperada… Los había visto. Draco se acercó a la mesa de su compañero, habló algo con Cho y regresó sonriendo.
- No podemos irnos, Cho insiste en que cenemos con ellos. Quiere compensarte por el incidente que tuviste con ella en la fiesta. Estaría muy feo que rechazases su invitación.
Hermione protestó, pero él se encogió de hombros.
- Camarero – exclamó chasqueando los dedos y señalando hacia donde estaba Ron añadió – Nos cambiamos a esa mesa.
Hermione se levantó con desgana y puso su mejor y más falsa sonrisa, mientras caminaba hacia el único lugar donde no imaginaba que pasaría la noche. Ron se levantó al verlos llegar y retiró la silla caballerosamente para que ella tomase asiento, bajo la atenta mirada de Cho.
- No podía dejar que la jefa de mi marido no compartiera mesa con nosotros… sobre todo después de aquel horrible encuentro que tuvimos en la fiesta, siento haber derramado mi bebida sobre tu hermoso vestido. Fui muy torpe – Cho adulaba a Hermione descaradamente, Ron comenzó a ponerse rojo.
- Eso ya está olvidado – mintió la castaña – De verdad no queremos molestar.
- ¿Molestar?... En absoluto ¿Verdad Ron?
El pelirrojo que tenía el rostro del mismo color que su cabello, sonrío para hacer creer a su esposa que estaba de acuerdo. Cho comenzó a hablar con Hermione, le contó que era Gemóloga y que trabajaba en una exclusiva joyería Londres diseñando joyas y que de vez en cuando colaboraba con el museo para catalogar nuevos hallazgos de piedras preciosas. Le explicó detalladamente lo que era una amatista y un Lapislázuli, agregando que sin duda la más bella piedra era el diamante. Hermione se aburría como una ostra… ¿Aquella era la mujer que Ron había elegido para pasar el resto de sus días?... En ese momento sintió compasión por él.
Después de algún tiempo repasando todo las gemas existentes sobre la tierra, ordenaron la comida y enseguida comenzaron a llegar los camareros con platos que dejaban un aroma delicioso. Todos comenzaron a degustarlos, pero Cho no dejaba de hablar aunque su comida empezase a enfriarse. A Hermione le costaba mucho tragar, sobre todo si notaba como un par de bellos ojos azules se clavaban en ella de vez en cuando. Cho, que parecía haber dejado descansar la lengua un rato, volvió de nuevo a la carga cuando su plato se hubo vaciado por completo. Pero esta vez le dio por relatarle su feliz luna de miel… Y eso sí que no… Por ahí no pasaba…
- Disculpadme – dijo de pronto interrumpiéndola – Voy al aseo un momento.
Ron la observó mientras se marchaba y regresó de nuevo a su deliciosa cena.
Hermione se apoyaba con las manos sobre la encimera del lavabo, mirándose al espejo. Aquello era más de lo que podía soportar, había aceptado salir con Draco para olvidar un poco que el pelirrojo existía y ahora se encontraba cenando con él y lo que era aun peor, con esa pesada con la que se había casado. ¿Cómo alguien podía hablar tanto y decir tan poco? Esa chica tenía el cerebro como una tabla de planchar, al menos Ron podría haberla cambiado por alguien con más inteligencia. Se iba a demorar en el aseo todo lo que pudiese, no soportaría escuchar nada sobre aquella feliz luna de miel.
Alguien abrió al poco rato la puerta y Hermione se quedó atónita cuando vio a Ron aparecer por ella. El pelirrojo entró y cerró tras él.
- No puedes estar aquí – dijo la muchacha mirando hacia los lados – Es el aseo de chicas.
Ron se encogió de hombros y se acercó a ella.
- Deberías haberte ido.
- ¿Cómo?... Yo llegué antes Ron, deberías haberte ido tú - Hermione lo miró con desprecio… ¿Qué se creía?... ¿Cómo se atrevía a tratarla así por muy condenadamente guapo que fuese? - Esta noche he entendido porque eres un amargado, no puedes ser de otra forma viviendo con Cho. Jamás conocí a nadie tan insoportable.
- ¡Hermione! – Gritó Ron ofendido.
La muchacha no contestó y le dio la espalda, el pelirrojo se acercó a ella, la agarró con fuerza por los hombros y la giró bruscamente.
- Yo también te creí más inteligente, ¿Salir con Malfoy…? ¿Es que nadie te ha advertido? – dijo con los ojos encendidos.
Hermione se liberó con un rápido movimiento de las fuertes manos de su opresor y colocándose nuevamente bien el vestido, dijo alzando la nariz.
- Con Draco haré algo que tú nunca podrás hacer con Cho… Divertirme.
Ron relajó un poco el rostro y sus ojos volvieron a recuperar de nuevo su color azul. Hermione también se calmó un poco y esperó a que él dijese algo.
- No atribuyas a otra lo que solo es culpa tuya – Ron hablaba en un tono pausado y triste – Me rompiste el corazón Hermione y desde entonces no puedo sentir como antes… No me reproches mi carácter, tú me hiciste ser así.
La joven tragó saliva y lo miró compasiva. Ron se veía tan triste, como un animalito desvalido y abandonado, y ella era la persona más estúpida del mundo. Deseaba abrazarlo, besarlo… pero no debía hacerlo, no se entrometería en su matrimonio nunca mas… ella no era de esas.
Se oyeron pasos, Ron levantó la vista hacia Hermione y ésta se mordió el labio inferior, agarró al pelirrojo por el brazo y lo encerró en uno de los cubículos.
Cho entró en el aseo mirando hacia todos los lados.
- ¡Hermione!... Estas aquí… me preocupaste, tardabas demasiado.
- Lo siento, ya le comenté a Draco que no me encontraba bien.
Ron escuchaba subido al retrete la voz de su esposa, rezando para que no lo descubriese allí.
- Pues yo te veo buena cara… - hizo una pausa – Hermione… ¿Qué opinión tienes de mi marido?... De mujer a mujer.
Ron carraspeó al escuchar la pregunta.
- ¿Qué fue eso? – preguntó extrañada al percatarse del ruido.
- Fui yo, tengo tos – mintió Hermione carraspeando para que viese que era cierto – No entendí la pregunta…
- Me gustaría saber como es Ron en el trabajo. Es la única faceta de su vida en la que no lo conozco.
Hermione suspiró aliviada y Ron hizo lo mismo dentro del cubículo.
- Pues es… bueno en el tiempo que llevamos trabajando juntos él… pienso que… - Hermione le daba muchos rodeos a la respuesta y Cho la miraba expectante sonriéndole. Decidió serle sincera – Es brillante, impecable, su forma de escribir transmite millones de sensaciones. Es un placer contar con él en El Profeta.
Cho sonrío satisfecha con la respuesta y Ron intentaba controlar su extraña alegría por todos aquellos halagos.
- Además es increíblemente guapo y encantador – concluyó Cho.
Hermione asintió sonriendo. Aquello era lo único en lo que había estado de acuerdo con ella en toda la noche.
- Sí, realmente lo es… Eres una mujer muy afortunada, espero que seáis muy felices.
- Lo somos – atajó ella.
- Será mejor que volvamos, o vendrán a buscarnos – dijo Hermione notando que la cosa se ponía un poco tensa.
- Sí tienes razón, pero antes voy a entrar discúlpame – dijo señalando al cubículo donde se encontraba Ron.
- ¡No! – gritó Hermione – ¡Ahí no!
Cho se detuvo en seco alarmada y Ron aguantaba la respiración ante lo que se le venia encima.
- Entra en el otro, hay gente que no sabe tirar de la cisterna del retrete… Es horrible lo que hay ahí dentro.
La esposa de Ron se llevó la mano a la boca asqueada y pasó al cubículo contiguo. Cuando Cho cerró la puerta, Hermione corrió hacia donde estaba Ron y lo sacó del brazo gesticulando para que se marchase. El joven no se movió, la miraba con los ojos lleno de ternura… en su interior deseaba decirle algo por la opinión que realmente tenia de él, pero la muchacha estaba muy nerviosa y el reloj jugaba en su contra, así que salió rápidamente del aseo y fue a reunirse con Draco… guardándose las ganas de agradecerle sus palabras.
Por suerte para Hermione, Cho no solía trasnochar. Por ello, una vez terminada la cena, ella y el pelirrojo se marcharon a su casa. La castaña se moría de celos imaginando que ambos compartían la misma cama y deseando olvidarse de todo, se detuvo junto a Draco en un Pub cercano y allí, bebió, bailo y se divirtió hasta altas horas de la madrugada.
Cuando uno lleva encima tantas copas como llevaba Hermione aquella noche, meter la llave en el agujero de la cerradura de su casa era toda una odisea. Draco la observaba divertido y ella resoplaba y maldecía a cada intento fallido. El rubio decidió ayudarla y Hermione pudo entrar al fin en el ático.
- Te invitaría a entrar ¡Hip!... pero esta todo un poco desordenado… - decía intentando articular bien las palabras.
- No soy muy exigente con el orden – contestó Draco agotando el último cartucho de poder pasar la noche con ella.
Hermione sonrío con cara de boba y dio un pequeño traspiés, pero se recuperó pronto.
- Entonces ¡Hip! No te quedes ahí… Pasa y tomaremos la última…
El rubio entró divertido en el ático, pero unos segundos después le entraron unas ganas locas de marcharse de allí. Cuando Hermione dijo ‘Un poco desordenado’, no pensaba para nada que en aquella casa había habido una guerra y que sin duda la ropa había sido la gran derrotada. Aun así había llegado con un propósito y un poco de ropa tirada por todos lados no iba a aguarle la noche. Hizo de tripas corazón y se giró para observar como Hermione canturreaba en la cocina mientras servia un par de copas. Se había descalzado y regresaba hacia él sorteando las prendas y zapatos que había por el suelo, tambaleándose peligrosamente.
- Brindemos – dijo alzando la copa.
- ¿Por qué brindamos? – preguntó él haciendo lo propio.
- ¡Por el lapislázuli!
Draco no entendió aquel extraño brindis, pero a esas alturas de la noche, él era capaz de brindar por lo que fuese.
- Por el lapislázuli – dijo chocando su copa con la de ella.
Hermione se derrumbó en el sofá y el rubio la imitó. Debía actuar pronto. Su dilatada experiencia con el sexo opuesto, le había hecho aprender que una chica casi en estado de coma etílico, podía quedarse dormida en cualquier momento y eso no iba a permitirlo.
Draco se acercó a la joven que miraba distraída el borde de su copa, y le acarició suavemente el cabello. Hermione se giró hacia él y le sonrió. El rubio se aproximó aun más y asiéndola por el cuello poso sus labios sobre los de ella. Hermione cerró los ojos mientras notaba como el beso iba haciéndose cada vez mas intenso y el joven dejaba caer su cuerpo sobre el de ella, recostándola con suavidad en el sofá. Draco buscó con sus hábiles manos los botones del vestido de la muchacha y comenzó a desabrocharlos. Hermione se sentía en el cielo y suspirando abrió lentamente los ojos. Entonces sucedió algo horrible, aquel que la besaba no era Draco, era Ron… Hermione apartó al rubio bruscamente de su cuerpo y se puso en pie de un salto.
- ¿Que demonios te pasa? – exclamo él muy contrariado.
- No puedo… ¡No puedo hacerlo! – gritó la joven desesperada y rompió a llorar.
Draco abrió mucho los ojos perplejo… ¿Qué era eso?... No podía ser… ¿Estaba llorando?... Aquello era una locura… ¿Por qué diablos lloraba ahora?... Él no soportaba ver llorar a una mujer.
- Lo lamento Draco, soy incapaz de acostarme contigo, mientras lo siga amando a él.
¡Tiempo muerto!... Aquello era demasiado… Draco tenía que salir de allí inmediatamente. Si ella comenzaba a confesarle algo sobre algún amor pasado o no correspondido… ¡No, no y no!... Cuando Draco Malfoy se convertía en el paño de lágrimas de una mujer, automáticamente dejaba de sentir por ella cualquier deseo sexual posible… ¡Y no!, definitivamente con ella no… ¡Era una diosa!
- Lo he intentado de mil formas diferente y siempre vuelve a mí…
Draco se tapó los oídos con las manos, se negaba a escucharla… La última vez que sirvió de confidente a una mujer, se convirtió en su amigo y todos sus planes amorosos con Pansy se habían ido al infierno… No iba a pasarle lo mismo con Hermione. Agarró su abrigo y se puso en pie con intención de marcharse.
- Será mejor que me vaya.
- ¡Oh Draco! No me dejes ahora… necesito a alguien con quien desahogarme – Hermione hablaba entrecortadamente por los sollozos y sus ojos le rogaban que se quedase.
Aquella mirada era horrible, iba a ceder… No soportaba que una mujer lo mirase de aquella forma tan desvalida. Tenía dos opciones, una irse… era la más lógica, podría volver a intentarlo con ella en otra ocasión. Y dos, quedarse, olvidarse de disfrutar de aquel cuerpo tan perfecto y convertirse en el confidente de una mujer, arruinando cualquier posibilidad de llevársela a la cama. Draco suspiró resignado y dejando su abrigo de nuevo en el sofá, se acercó a ella y la abrazó con ternura.
- Está bien me quedo, pero será mejor que dejes de beber y te sientes… ¿Quién te está volviendo loca?
Hermione lo miró agradecida y le dijo.
- Gracias Draco, eres un buen amigo.
¡Genial! Aquella era la frase maldita… Adiós a cualquier oportunidad con ella para siempre. Hermione se acomodo en el sofá y enjugándose las lágrimas confesó.
- Se trata de Ron… Ron Weasley.
ESpero que os haya gustado y gracias por vuestras impresiones...
un besazo enormeeeee!!!!!!
PD: FELIZ CUMPLEAÑOS RUPERT!!!!! LO adoroooooCAPITULO 6 pulsa aquí