Título: “La lista”
Tipo: One-Shot/7 drabbles
Personaje/pareja: Theodore Nott/Daphne Greengrass
Época: Del 1º al 7º año en Hogwarts/Segunda generación
Género: Romance
Primer año.
—No me gustas.—Daphne suena tajante y bastante decidida a pesar de su corta edad.
Lo supo en el instante en que lo vio. No le gusta. Punto.
Theodore Nott deja el libro que está leyendo sobre su regazo y la mira arqueando las cejas, dudando seriamente de su salud mental. Ella acababa de presentarse, luego de tomar asiento frente a él en el compartimiento que había ocupado, y después dicho semejante cosa sin mostrar el más mínimo recato. Era extraña.
—¿Ah, sí?—dice con indolencia, sin verse afectado con su declaración. De hecho, se ve tan imperturbable que Daphne no sabe si se ha enfadado o no— ¿Por qué?
Está bien claro que no tiene ganas de escucharla, pero ella de todos modos replica:
—Eres demasiado pálido. Como un fantasma.
Theodore se muerde el labio inferior para no reír sardónicamente.
—Draco también es pálido.
—Él es un Malfoy—responde Daphne automáticamente, como si eso aclarara la cuestión—. Además, hice una lista de los más guapos que conocí hasta ahora y tú te encuentras en el sexto lugar.
Es una conversación demasiado hilarante. A Theodore le es suficiente para darse cuenta de su superficialidad y pedantería. Este comportamiento se explica con la particular belleza que ella posee; sin embargo, eso no hace más que reafirmar su teoría de que es una engreída.
—No me interesa para nada tu puta lista.—refunfuña.
Daphne se tapa la boca abierta con las manos, horrorizada. Theodore pone los ojos en blanco y retoma la lectura de su libro.
Se trata sólo una niña tonta.
Segundo año.
Theodore es callado, reservado y, por sobre todo, solitario. No siente la necesidad de pertenecer a ningún grupo, a diferencia de Daphne, que rápidamente se integró al de Pansy y Millicent. Es por eso que casi no se hablan.
No obstante, en ese curso algo ha cambiado. La cámara de los secretos, el heredero de Slytherin, los ataques a los de sangre impura, son temas que todos debaten en la Sala Común. A la mayoría le importa un cuerno, ya que ellos no están en peligro.
Daphne resopla y levanta la mirada para encontrarse con unos fríos ojos castaños. Sin saber porqué, se levanta y camina hacia él, que está apartado del resto, como siempre.
—¿Tú qué piensas?—le susurra, sentándose a su lado en el escritorio.
—Que no importa quién sea el heredero, de cualquier forma todo el colegio nos odia.—dice Theodore con su característica indiferencia y la vista fija en la tapa del libro que saca de su mochila. Cuando mira a la chica, nota que está seria, demasiado seria para ser ella.
—Eso no es justo. Yo nunca me juntaría con un sangre impura, pero no me gusta ver que los ataquen así. No son culpables por tener la mala suerte de ser hijos de muggles, ¿no?
Él nunca le había escuchado dar un discurso tan largo antes.
—Que Malfoy no te oiga decir eso.—repone con sorna, aunque en el fondo está sorprendido con su declaración.
La pelinegra, cabizbaja, murmura:
—Sé muy bien cómo decir lo que los demás quieren escuchar—Y enseguida añade:—. Contigo es distinto. No te molesta que diga la verdad.
Regresa con sus amigas mientras esboza una sonrisa que él ahora sabe muy bien que no es del todo sincera. Quizás, después de todo, no sea tan superficial.
Tercer año.
Los alumnos bajan del tren y se encaminan a los carruajes que los conducirán al colegio. Pansy se marchó con Draco y sus amigos, por lo que Daphne está sola. Theodore está parado cerca de un carruaje, quien le hace un vago gesto con la cabeza indicando que suba. Ella se acerca y ve que el chico tiene un gesto de asco, mirando un espacio vacío frente al carruaje.
—¿Qué te pasa?—pregunta, dejándose vencer por la curiosidad.
—Thestrals.—contesta Theodore ásperamente, y la insta a que entre.
Cuando ambos ya se acomodan en los asientos, Daphne continúa su interrogatorio:
—¿Qué son los…?
—Son criaturas que sólo pueden ser vistas por las personas que vieron la muerte.
Lo dice con ese típico tono que deja sobreentendido que ya es suficiente con las preguntas. Ella no logra contenerse; la impresión y la sorpresa la tienen impactada. Recuerda qué son los Thestrals y lo que eso conlleva.
—¿Tú a quién viste morir?
—A mi madre. No es algo que me guste recordar demasiado, como supondrás-
Calla al notar los ojos lacrimosos de Daphne. No quiere su lástima ni mucho menos. Lo que no esperaba es que se lanzaría a sus brazos, con un gimoteo, y suspirara. Siente su respiración irregular contra su cuello y se estremece.
—Lo siento mucho.—susurra ella.
Theodore, poco habituado a esas demostraciones de afecto, no acertó siquiera a hacer un movimiento.
—No seas llorona, ¿quieres?—se burla, incómodo. Daphne parpadea, confusa, e inesperadamente se larga a reír. Ahora es él quien está aturdido. Se apresura a explicar:
—Hiciste una mueca muy graciosa.
El muchacho rueda los ojos, aunque no dice nada.
Ese año es en el cual comienzan una extraña amistad, si es que así puede llamársele, ya que Daphne le hace compañía cuando lo encuentra solo en la Sala Común o en la biblioteca, de la misma forma que él. No hablan mucho, pero eso es irrelevante. Porque comparten un secreto.
Cuarto año.
—¿Con quién irás al baile de Navidad?
Pansy sólo se lo pregunta para poder decirle quién es su pareja, si bien no es necesario porque se encargó previamente de que toda la escuela se enterara.
Theodore está haciendo sus deberes de Historia de la Magia en una mesa, de espaldas a ellas. Pansy no lo ve, pero Daphne sabe que está ahí. Se muerde el labio inferior, haciéndose la interesante.
—Me invitaron Vincent y Gregory—dice a modo de burla, y ambas estallan en risitas tontas. Prosigue:—. Está de más decir que los rechacé—Seguramente riéndosele en la cara, pensó él—. También Jason, el de sexto año, ¿lo puedes creer? Ah, y un Hufflepuff cuyo nombre no puedo recordar… Zacharias Smith, creo. Y un tal McLaggen.
—¿A cuál aceptaste?—masculla su amiga, envidiándola.
—A ninguno—Daphne alzó la voz adrede para que Theodore la escuche—. Estoy esperando a alguien en particular.
Pansy pestañea, pensativa.
—¿Te refieres a Theodore?
—Puede ser.—dice Daphne sonriendo misteriosamente.
—Yo que tú no lo esperaría, es un aburrido. No lo imagino en una fiesta.
La chica está de buen humor y por eso tolera ese comentario sin refutar, así como el parloteo sobre Draco Malfoy que hace Pansy después.
Pero la esperada invitación no llega. Daphne se resigna a ir con Jason Elliott, sin saber porqué Theodore no reaccionó ante las claras manifestaciones que le ha dado hasta ahora. No sospecha que él tenía la intención de invitarla, mas no el valor. Y que se arrepentiría de ello por mucho tiempo.
Quinto año.
Durante las vacaciones de verano, Daphne comienza a salir con Jason, el mismo que la acompañó el baile el año anterior. El chisme se desparrama por todo el colegio. Por esta razón, ella se ausenta la mayor parte del tiempo de la Sala Común.
Theodore está acostumbrado a la soledad y, sin embargo, siente que le falta algo. No comprende ese malestar que le sacude el estómago cada vez que escucha nombrar a Jason o ve a Daphne yéndose alegremente para encontrarse con él.
Esa pesadumbre pronto se traduce en mal humor, y se pasa el día con un mohín de disgusto.
El colmo es en una clase de Cuidado de las Criaturas Mágicas. El profesor Hagrid les muestra a los alumnos a los Thestrals; Potter y Longbottom, así como Theodore, los observan con aprensión. Éste rápidamente encuentra la mirada azorada de Daphne, que lo ha comprendido todo. Al finalizar la hora se acerca a él.
—¿Estás bien?—le pregunta en un susurro.
—Mejor que nunca—dice él sarcásticamente y luego, casi infantil, replica:—. Pero deberías ocuparte mejor de tu novio, no de mí.—Y sigue caminando, dejando a Daphne de piedra por la sorpresa.
Por la noche, cuando Theodore está en el cuarto de chicos, sentándose en su cama preparándose para dormir al igual que sus compañeros, Draco Malfoy le dice con sorna:
—No conoces el significado de la palabra disimulo, ¿verdad?
Él alza las cejas. Blaise Zabini, que está parado en la puerta del baño, sonríe.
—Lo que Malfoy quiere decir es que el amor te ha vuelto un idiota. Más de lo usualmente eres.—se burla.
—Malfoy, Zabini—responde Theodore tranquilamente—, váyanse a la mierda.
—¿Sabes en qué se diferencia el Theodore antisocial del que está enamorado?—continúa Blaise, ignorándole— En que el primero tiene esta cara—Pone una expresión grave—, y el que está celoso tiene ésta.—Y hace un gesto de alguien que está a punto de vomitar.
Malfoy se ríe maliciosamente, lo cual incentiva al moreno con sus bromas.
—Oh, claro, y así es Malfoy cuando aparece la hermana de Daphne.—Blaise hace una pose exagerada, cruzando los brazos y con la otra mano echándose el cabello hacia atrás con aire interesante, tal como acostumbra hacer Draco con su lustroso pelo rubio. Éste lo insulta con palabras que nadie sabía que conocía y luego se dispone a dormir, malhumorado.
Pero Theodore no logra conciliar el sueño. Malditos sean sus compañeros que le han abierto los ojos.
Es la verdad. Ama a Daphne Greengrass.
Está furioso por ello.
Sexto año.
El año anterior estuvieron distanciados y no parecía que eso fuera a cambiar, por lo cual Theodore se extraña cuando Daphne acude a su compartimiento. Lo saluda y se sienta enfrente suyo, dudosa. Él lee El Profeta para evitar una conversación, pero la muchacha comienza a hablar:
—¿Sabes? Pansy no se despega de Draco un segundo. Se fue con él, Blaise, Vincent y Gregory a su vagón.
A Theodore eso lo tiene sin cuidado, y no le responde. Ella se mira las uñas, nerviosa.
—¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?
Él no sabe a dónde quiere llegar con su inesperada pregunta.
—Claro. Dijiste que no te gusto.—contesta, monocorde.
—También había hecho una lista—Daphne se ve cada vez más nerviosa—. Sólo que, desde nuestro primer curso, fui cambiándola respecto a lo que… bueno, a lo que iba… pasando…
—¿Y…?
—Ahora tú estás en el primer lugar.—acota, con tanta rapidez que apenas se le entiende.
Él trata de no tomar en cuenta la repentina aceleración de su pulso. Da vuelta a otra página de la revista teniendo cuidado de que no se note su ansiedad.
—Creí que el primero sería Jason.—intenta bromear. Fracasa estrepitosamente.
—No. Terminé con él.—Daphne se encoge de hombros, sin darle importancia al asunto.
—¿Por qué?
—Siempre tienes que preguntar un porqué—Ella sonríe, aún titubeante—. Pues… lo dejé porque me di cuenta de que prefiero estar contigo.
Theodore se siente gozoso, aunque no lo demuestra. No se considera guapo ni interesante; no tiene ni la elegancia de Malfoy o el atractivo de Zabini… y, a pesar de eso, Daphne lo prefiere a él.
Ella ya no tiene paciencia para seguir esperando. Se acerca y se sienta en su regazo para acto seguido rodearle el cuello con los brazos y besarlo. Theodore le corresponde con la misma pasión.
Es la primera vez que prueba sus labios, pero no la última.
El resto del ciclo escolar se las arreglan para tener encuentros nocturnos en los que se dedican a amarse en la oscuridad de la Sala Común vacía, sin que nadie se entere. Nadie más que ellos dos.
Séptimo año.
—No puedo soportarlo más…
Daphne gime en silencio. Theodore toma su rostro entre sus manos y la obliga a mirarlo a los ojos.
—Cállate y escúchame—le exige, determinante—. Debes simular que estás de acuerdo con todo. Es por protección.
La joven hace un esfuerzo y se apoya contra él.
—Torturaban a un niño de doce años, Theodore… a un niño.
Las circunstancias ahora son muy distintas, más tenebrosas. Desde la muerte de Dumbledore, la vuelta de Lord Voldemort y la pesadilla en la que se convirtió Hogwarts bajo el mando de los mortífagos… ya nada es igual que antes.
En el tren, al llegar, Daphne lo saludó a Theodore con cierto recelo. Sabía que su familia pertenecía al lado Oscuro y dudaba sobre su lealtad.
—¿De qué lado estás?—Al no recibir una respuesta inmediata, siguió:— Los demás lo han dejado muy claro: Draco se unió a los mortífagos y Vincent y Gregory lo apoyan. Pansy, Jack y Blaise están en un lugar “neutral”; les da igual quien gane mientras salven su propio pellejo. Pero ¿tú qué?
Él no dudó esta vez:
—No estoy de ningún lado tampoco. Es evidente que el Señor Oscuro no ganará. Si no lo hizo antes, ¿por qué ahora? Siguen siendo minoría. Apuesto a que Potter lo vence otra vez, él es el “héroe” después de todo.—Hubo una mota de sarcasmo en su voz.
Daphne suspiró tristemente.
—Ya ni siquiera los sangre pura estamos completamente a salvo.
Theodore siempre supo que ella no iba a soportarlo. Pasaron varias peligros antes en el colegio, pero ninguno se compara a esta. La abraza. Ver cómo sus compañeros Crabbe y Goyle disfrutaban torturando a un niño bastó para abatirla.
—Todo tiene un fin—agrega él, implacable como siempre—. Pronto regresaremos a la normalidad.
—Pareces muy seguro.
—Lo estoy.
Daphne vuelve a suspirar, aferrándose aún más a Theodore.
—Cuando eso ocurra, entonces, ¿me llevarás contigo?
Él la mira desconcertado.
—¿A dónde?
—Lejos. A donde nadie nos pueda alcanzar.
Theodore asiente con la cabeza.
Y cuando todo acaba, al final, cumple con su promesa. Se van muy lejos.