Holaaa!=)
Les explico. Para aquello que no conozcan a Theodore Nott, es un personaje de Slyhtherin frío y solitario que creó Jk Rowling. Su padre es mortífago y su madre murió, por eso puede ver a los Thestrals. No tiene hermanos, y a sido nombrado en 3 ocasiones o menos en los libros de Harry Potter.
Y Ashley Williams, bueno es el un personaje inventado por una amiga mia. Para que se hagan una idea, tomen la referencia de Anne Hathaway. Chica Gryffindor, valiente, dura y sarcastica.
Es la pareja que nosotras llamamos, 'Thash'
Les dejo el pequeño One, que salio de mi cabecita. Y para que se hagan una idea, su relación es de amor-odio.
Sin más se la dejo, acepto cualquier tipo de critica!
Un besazoo!
:.Cielo e infierno.:
La suave y sensual brisa de la mar, azotaba con delicadeza cada uno de las hebras castañas de su cabello. Sus iris chocolates brillaban ante tal espectáculo. El astro Rey se perdía ya, entre el bravo y furioso oleaje.
El agua entraba en contacto con sus finos pies, mojándolos con sumo cuidado. Sus pálidos y alargados dedos, jugaban a dibujar un nombre en la blanca arena.
Theodore Nott……
Estúpido. Miserable. Orgulloso. Altanero. Fanfarrón. Provocador. Silencioso. Misterioso. Sabelotodo. Solitario. Insensible. Engreído. Cruel. Terco.
Inteligente. Hermoso. Astuto. Poderoso. De mirada penetrante. Perspicaz. Ambicioso. Trabajador. Valiente. Fiel. Confiable.
Así era Theodore Nott. Aquél muchacho con él que tantas veces había discutido, con él que tantas veces había peleado, por él que tantas veces había llorado, por él que tantas veces había sonreído……
Él único que había podido robar su corazón. Él único que había conseguido desarmar todos sus argumentos. Él único que conseguía hacerla callar, enojar, gritar y sufrir. Él único que consiguió embaucarla.
Él único……
El viento cobraba más fuerza, a medida que ella, sola y desprotegida se envolvía con la noche.
Tomó aire, con aquél aroma tan característico de la mar salada, y suspiró profundamente, mientras ocultaba su rostro entre sus brazos.
Tonta……Tonta……
Era lo que se volvía a repetir una y otra vez. Tonta por amarlo tanto. Tonta por elegir siempre erróneamente. Tonta por enamorarse de la persona equivocada.
¿Tan difícil era enamorarse de otra persona, que no de esa alimaña sin corazón?
Cormac McLaggen, Ernie McMillan, Michael Corner, Warrington, Coolin Creevey, Oliver Wood, Eddie Carmichael, Anthony Goldstein, Marcus Belby, Zacharias Smith……Incluso Ron Weasley, quién ahora era feliz con Leah Musen, su mejor amiga.
Tantos chicos guapos que habían querido estar con ella, algunos más idiotas que otros, aunque de igual modo, a todos había rechazado. ¿Por qué? Fácil. Por él.
A todos había rechazado, por aquél estúpido azabache. A sabiendas de qué el nunca llegaría siquiera a pensar que era guapa.
-Amor. Ese estúpido sentimiento-escupió con asco, mientras más silenciosas y rabiosas lágrimas salían sin control de sus apacibles ojos castaños.
Levantó la vista, mirando hacia el horizonte. Ahora era complicado distinguir cuán fuerte era la mar, porque la mar ahora estaba en sus ojos, bañando su cara, con torrentes de agua salada.
Otra vez el viento, sopló con fiereza, dando de lleno en su rostro. Sintiendo como este se congelaba, y volvía a secarse.
Sus jugosos labios, secos, a causa de los sollozos. Su graciosa nariz, roja, por el frío y la llorera.
Pero aún así, hermosa……- pensaba él, desde una de los peñascos de la solitaria playa
¿Qué hacer, dónde ir? Era o que ahora se formulaba en la mente de Nott.
¿Empezaba una pelea? ¿La hacía enojar? ¿Simplemente pasaba de ella? ¿Haría un comentario ofensivo? ¿La hacía reír? ¿Actuaba con indiferencia? ¿La besaba?
Me acerco, y la observo
Simple. No tenía por qué decir nada, solo la observaría. Se sentaría a su lado y la observaría. Tal vez la tomaría de la mano…Ya se vería…
Camino sigiloso, hasta quedar a sus espaldas.
Allí estaba ella. Acurrucada entre sus piernas, con un fino chal color violeta, por los hombros. Su cabello, seguía el curso del viento.
Parecía inquieta, respiraba entrecortadamente. Algo le ocurría. ¿Pero el qué?
Ashley volteó, al notar la persistencia de una mirada clavada en su espalda.
Oh no……
Rápida, se frotó sus ojos, intentando que no se notara que había llorado. Con intentos baladíes, pues era demasiado tarde para demostrar lo contrario.
Avergonzada, pero con parsimonia, giró su cuello, y posó su mirada en el haz de luces que volaba sobre ella.
Esta llorando……-pensó él, dolido
Odiaba verla llorar, odiaba verla sufrir, y más si el motivo de su sufrimiento tenía que ver con él.
No dudó, se sentó a su lado.
Clavaron su mirada en la del otro, y no la apartaron en ningún momento.
Ashley, contempló con descaro cada rasgo de su afilada y enormemente pálida cara. Sus ojos azules, usualmente oscuros como el mar en sus días más tristes, su puntiaguda nariz, y sus llamativos labios. Su ceño lucía fruncido, como cada vez que intentaba averiguar algo. Su pequeña cicatriz, cerca de su oreja derecha, de la cual desconocía su origen. Ahora era ella la que fruncía el ceño.
Theodore, solo la observaba. A ningún rasgo en particular, pues se los conocía todos como si fuera su propia cara. ¿Pero qué era lo que miraba con tanto interés?
Su cicatriz.
Intentando averiguar el significado……
Se mordió el labio, he hizo un amago de sonrisa, mientras enarcaba las cejas. Ashley abrió un poco más los ojos, sorprendida por la repentina actuación de él.
-¿Qué es tan gracioso?- inquirió curiosa
-¿Qué intentas averiguar Williams?-salió por la tangente
Rodó los ojos, cansada ya de la situación. Hoy no tenía energía ni ganas para caer en otro de sus juegos.
-Pregunta, y te diré todo lo que quieres saber-repuso misterioso
-Esa cicatriz…-vaciló, pero ya era tarde. Ya era víctima de otro de sus juegos.-… ¿Cómo te la hiciste?
Sonrió nostálgico, con una mezcla de dolor en su rostro.
-Fue mi padre-respondió con simpleza.- Y ya que lo vas a preguntar, cada uno de estos moratones-remangó su chaqueta negra-, también me los ha hecho él.
Lo miró, como si le estuvieran diciendo que mañana moriría. Su cara como de costumbre, no expresaba dolor o cualquier otro sentimiento, pero podía captar una pizca de tranquilidad en su comportamiento. ¿Le estaba restando importancia?
-Es horrible…-alcanzó a decir, con una voz quebradiza
Otra sonrisa irónica se esparció por su rostro.
-Créeme hay cosas peores…
-¿Peores que tu propio padre te maltrate?-formuló, en posición de ataque
-Sí, y tú mejor que nadie deberías saberlo……-contestó, un poco altanero
Se refería a la muerte de su madre. A la muertes de sus madres. Anne y Samantha, las madres de Ashley y Theodore, respectivamente. Ambas asesinadas a manos de mortífagos, y ella sospechaba que la madre del azabache murió asesinada a manos de su propio esposo.
Se mantuvo el silencio, y nadie hizo comentario alguno.
-¿Es por eso por lo que llorabas?-preguntó él al fin
-¿Por qué?- inquirió ella, un poco desconcertada
-Hace ocho años que asesinaron a tu madre, por si no lo sabías-le dijo, un poco molesto. No le gustaba recordar ese tipo de cosas, y parecía que a ella tampoco le agradaba en absoluto, pues ahora retomaba su llanto
-Perdona-se apresuró a añadir- No debí decirte eso, con tan poco tacto
-¿Es qué tu alguna vez has tenido tacto conmigo?-formuló, despechada
Su dolor se engrandecía. ¿A qué había ido? ¿A causarle más dolor? No lloraba por su madre, aunque sus duras palabras habían contribuido a alimentar ese sufrimiento. ¿Acaso no se daba cuenta, de que cada uno de sus llantos eran por él? ¿No se percataba del daño que le hacía que la tratara así?
Cogió su mano, al observar que el amor de su vida no se calmaba. Aborrecía verla así, y se aborrecía así mismo por tratarla de aquella forma. Ni siquiera le gustaba, él no era como su padre.
No por ahora……
Quería pensar que su madre había contribuido a depositar algo de ilusión, esperanza y sobre todo amor. Amor por Ashley Williams……No odio, por una sangre sucia, como su padre opinaría.
Ella era la razón de su poca alegría, la razón por la que los latidos de su corazón seguían latentes.
¡Dios! La tenía allí delante, podía decírselo. Pero le daba miedo. Miedo a que lo rechazase, a que le dijera que ella no lo amaba, y al fin de su vida. Porque la vida sin ella, no sería vida.
Notó como ella la agarraba con más fuerza, y ante tal suceso, la atrajo hacia sí.
Ella, algo desconfiada, no quiso fiarse mucho de su noble y respetable acto, por lo tanto, rompió el contacto.
Él, la miró incrédulo.
-Vamos, no voy a hacerte daño-refiriéndose a su estado de ánimo
Ashley, que seguía dolida todavía por sus duras palabras, meditó previamente su siguiente comentario, con la cabeza y sangre fría.
-¿Me dices eso? Nunca has hecho algo benévolo por mí… ¿Por qué ahora tendría que ser diferente?
Impactado quedó con sus palabras. Pero es que llevaba razón. Verdaderamente, y como él sospechaba desde hacía mucho tiempo, cada día que discutían, se miraban o como en esos momentos, estaban juntos aparentemente calmados, la hería.
No necesitaba saber más, no quería explicaciones en torno a su comportamiento. No quería saber los verdaderos motivos de su dolor.
Porque ya lo sabía. Siempre tuvo ahí las respuestas, y nunca quiso escucharlas. Desde que se conocieron, no había hecho otra cosa que herirla. Y haciéndola sufrir, también sufría él.
Ellos, como dos increíbles idiotas, se estaban destruyendo el uno al otro.
No eran necesarias las palabras, ni tampoco eran necesarios los insultos, discusiones o miradas. No eran necesarias las disculpas, pues el mal ya estaba hecho. Como tampoco eran necesarias las palabras de consuelo, porque eso solo incrementaría más su dolor.
Ambos sabían lo que necesitaban realmente.
Quién sabe, lo que lo impulso a hacerlo. Quién sabe si fue su coraje, sus sentimientos, su deseo o su descaro. Pero esto fue lo que pasó:
-Ash…-vaciló, por un instante-…Ya sé que no necesitas de mi consuelo, ni de mi falsa compostura al saber que no me importa. Sabes como soy, y también sabes que mi vida sin ti no sería vida. Te odio, por amarte tanto.
>>Cada riña, cada discusión, cada pelea, cada sonrisa tuya, cada argumento, cada vez que actúas con orgullo y valentía, cada vez que me miras, cada vez que me aborreces, consigues que mi vida sea especial, con eso consigues que quiera levantarme cada mañana, con eso consigues que siga luchando.
>>Tú eres la razón de mi vivir, la razón de que mi existencia siga aquí.
>>Tú siempre, fuiste, has sido y serás, el único amor que sentiré en vida.
¿Cómo reaccionar ante aquello? ¿Theodore Nott, abriendo su corazón? ¿Theodore Nott diciéndole que la amaba?
Ella tampoco supo muy bien por qué dijo lo que dijo. Tal vez fue la desesperación que sentía, o porque su corazón clamaba decirle que le correspondía.
-Eres el ser más odioso y miserable en la faz de la tierra. Pero aún así te amo. Tus defectos son mis desesperaciones, como también mis alegrías.
>>Nunca pensé que llegaría a odiarte tanto como para amarte.
Fue ella, aquella mujer de carácter, quién dio el primer paso.
Unieron sus manos, y acercaron sus caras. Un leve rozamiento, para pasar a besos húmedos y cargados de deseo.
Aquello era el cielo, y el infierno junto. La llama de un amor sufrido y deseado. La hoguera que nunca se consumiría.
El concepto de Ashley sobre el amor, cambió desde el primer momento en que Theodore la besó.
Y el amor, que Theodore ya creía olvidado, volvió a surgir de entre sus sufrimientos más profundos.
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Los rayos del sol, impacientes ya se colaban por la gran estancia blanca, como la nieve.
Un azabache se desperezaba, maldiciendo por el apacible y empalagoso clima que levantaba con el lucero de la mañana.
Su primera impresión fue frío y también soledad. Dedujo que estaba sin camiseta, y probablemente también sin pantalones.
Se frotó los ojos, con cansancio, aquella noche no había dormido nada.
Sonrío al instante, pues esa noche fue la mejor de su vida.
Volteó, momentáneamente preocupado.
Suspiró, aliviado. Ella seguía allí, acostada a su lado y no lo había abandonado.
Contempló su espalda desnuda, e inconscientemente, sin pararse a pensar si ella seguía dormida, comenzó a trazar con su dedo índice la línea curva que formaba su columna. Como si de un delicado baile se tratase, con la mayor suavidad del mundo.
Ashley se removió, un tanto molesta. Solo había una cosa que aborrecía con toda su alma. Que no la dejaran dormir.
Se dio la vuelta, olvidando que solo llevaba consigo sus braguitas, y su torso estaba completamente desnudo.
Theodore, sonrío con picardía, y ella le propinó un puñetazo en su hombro. El azabache consiguió quedar encima de ella, amarrándola por la cintura, y mirándola directo a sus ojos.
Comenzó a robarle besos, que ella correspondía sin queja alguna.
-Theo, ¿no crees que deberíamos…?- dejó la frase inconclusa, pues ahora la besaba con más deseo y desesperación
Puso un dedo en sus carnosos labios, articulando un ‘Shhh’.
-Con un beso, sabrás todo lo que he callado
Y allí, en aquella habitación con vistas a las aguas del mar atlántico, volvió a hacerla suya, una vez más.
Y BIIENN? Comenteenn!=)







