por Grand-père » Vie Jun 05, 2009 7:15 pm
Dedicado solo para mi amora Gisella, entre los pochoclos nos vemos (?) que era para su cumpleaños, y se me pasó tanto que dentro de poco se me viene el próximo T_____T
Como sea, en teoría es un One-shot, pero, si lo pongo completo, el culo les va a quedar cuadrado. Tiene 30 páginas y decidí publicarlo en trés partes de 10. Ok?
Espero les guste. La unica aclaración que debo hacer es que se me ocurrió durante la clase de Derecho Romano, el pasado año y que tiene apenas algo Lemmon, asique, no es para alarmarse.
Los quiero!
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Disclaimer: Todos los personajes y lugares le pertenecen a JKR, el resto son efectos colaterales de mi amor por The King Of Pop (LLLLLLLLLLL) Gisella a vos también te amo, tontona
Cinco maneras para liberar a una esclava
1.
Dominus: Aquel mago que tiene en su pertenencia a un esclavo, con el poder de manumitirlo de sus deberes.
Servi: Cosa, esclavo, que está al servicio de un mago.
Manumitir: Dejar en libertad.
Cuando el ministerio, junto con Scrimgeour y su pandilla de inservibles se vieron asestados por el golpe imparable del imperio Voldimista, el ministerio desapareció y con ello, toda la seguridad que los magos habían puesto sobre sus casas y las de sus vecinos muggles. De esta manera, para cuando se llevó a cabo la primera redada de sangre sucias, a un mes de la caída del ministerio, Hermione Granger fue llevada al “basurero”, que cumplía la misma función que una perrera, pero con un nombre más indigno y con menos atenciones. Fue así como luego de ser capturada había sido tatuada con una gran “S” negra en su muñeca que simbolizaba la palabra “Servi”. Técnicamente, Servi era la cosa esclava que tenía un único derecho, algo obligatorio, a procrearse para que – una vez nacido - su bastardo fuese regalado al ejército esclavista, que siempre formaba las primeras filas en las batallas y equivalía a un escudo físico humano para los mortífagos.
En la noche de su cumpleaños numero 18, Draco Malfoy recibió a modo de regalo a Hermione Granger como su Servi, y él se regodeó en esto, porque experimentaría lo que era convertirse en Dominus con nada más ni nada menos que la empollona, amiga del pobretón y del cara rajada. Sin duda alguna, aquel fue su mejor cumpleaños.
- Granger, me duelen los pies, ¡masajéalos! – le ordenó con una sonrisa burlona.
Hermione llevaba tan solo una semana en aquella mansión y sintió ganas de masajearle el cuello al vanidoso ese que tenía por dueño, y de paso estrangularlo.
Existían cinco maneras de liberar a una esclava y Draco Malfoy estaba seguro que jamás usaría ninguna de ellas con Hermione Granger.
Tenía varias razones para creerlo, la primera de todas y la más importante: ella seguía siendo la misma odiosa come libros, empollona y mal arreada de siempre, y él seguía creyéndose el dueño del mundo, tan arrogante, pedante y egoísta como de costumbre y con su idea de salvarse el culo por sobre encima de todas sus prioridades.
Si bien pertenecía al séquito de seguidores de Lord Voldemort - quien ahora estaba al poder, bajo el seudónimo de “El Emperador”- no se consideraba tan valiente como para dar su vida por otros, ni lo suficientemente desquiciado como para asesinar a alguien, jamás lo había hecho y por lo que había visto hacer a alguno de los suyos no se creía capaz. De todas maneras, no veía a los muggles o sangre sucias siquiera como personas, simplemente como “cosas” que en su justa condición de esclavos tenían el derecho de procrearse para darle al imperio futuros guerreros que se enfrentasen – ya fuese a voluntad o bajo el maleficio Imperius – a la resistencia San Potteriana.
No tenía bien en claro si estaba a favor de la muerte de los sangre podrida y los simplones muggles, o si todo aquel asunto le era totalmente indiferente. Sea como fuere, él no tendría que ensuciarse las manos matando o defendiendo, porque su postura era aún más inteligente que la de tomar partido. Si, él no tomaba partido, estaba más allá del bien o del mal, o mejor dicho entre medio. Draco Malfoy hijo del reconocido mortífago Lucius Malfoy, a diferencia de su padre, lo único que quería era salvarse el culo. Como ya lo había reconocido, aquella era su primordial prioridad.
Él prefería mantenerse al margen, protegido al igual que un pollo recién nacido, por el ala de su padre y su madre. Mientras que los tres estuviesen vivos y sanos, el resto le daba lo mismo. Aunque debía reconocer que prefería a Voldemort, ya que la política adoptada por sus progenitores los beneficiaría muchísimo más, que si el cara rajada y el mamotreto de Weasley junto con toda la clase de camicaces que se le juntase ganaran la batalla. Voldemort equivalía a poder y San Potter a derrota y un serio problema judicial.
Y algo que no le gustaba a Draco Malfoy, era estar en el bando de los perdedores. No, su apellido se alzaría en la gloria y el regodeo de los vencedores. No había una chance de errar, porque de esa manera, su prioridad de salvarse el culo y el de su familia, se iría a la mierda.
Hacía ya seis meses que el señor de las tinieblas era el señor de la muerte, algo que para el mismísimo Emperador equivalía a ser más que un Dios, ya que hacía algo mejor que dar vida, quitarla. Como Lucius Malfoy repetía antes de cenar “Lord Voldemort es el proveedor de almas para el Dios de muggles” y le gustaba que todos así lo creyesen.
Manumisión primera “per vindicta”_ Liberación por juicio. El Dominus debe presentarse ante La Honorable Corte Mortífaga y expresar su deseo de liberar a su Servi contando con importantes hechos fácticos que comprueben el buen comportamiento – y en el caso de tratarse de un impuro o muggle - el entendimiento completo de su inferioridad natural sanguínea. Ante la demostración de respeto y eterna sumisión al cuerpo mortífago y por sobre todo a Lord Voldemort, el Servi en cuestión es dejado en libertad total, a excepción de los muggles e impuros que por su inferioridad natural obtienen una libertad parcial, ya que se encuentran en una condición que requiere una tutela perpetua.
Granger, sin duda alguna, era todo lo opuesto a aquella vía de escape, era irrespetuosa, varias veces lo insultaba entre dientes y cuando sentía que no podía reprimir sus frustradas ganas de pegarle se calmaba con al menos insultarlo con la voz al cuello. Sin dudas algunas, después no podía escapar a las represalias, que viniendo del arrogante de Draco Malfoy, consistían en tenderle la cama reiteradas veces en el día porque el muy imbécil la desarmaba en menos de dos minutos, o lustrar todos sus patéticos trofeos que sin duda alguna habían sido comprados y alterados - los nombres - mediante magia, o hacerle de comer bastantes delicias para terminar llamando al elfo ya que todas las preparaciones – según Malfoy - habían sido la mitad de asquerosas de lo que era ella - y eso ya es decir mucho, Granger -.
- Imbécil – masculló.
Draco Malfoy la miró con una sonrisa burlona, mientras ella le quitaba la camisa.
- ¿Qué es lo que dijiste, basura muggle? - preguntó
- Nada.
- ¿A si? Y ¿Cuándo fue que “imbécil” pasó a significar “nada”, Servi inútil?
Hermione tironeó con mayor fuerza de la camisa del “estúpido” que se hacia llamar su “dueño”, arrancándole un par de botones.
- El mismo día en que tu cabeza se convirtió en una gusanera ¿por? – contestó.
- Porque los gusanos que tengo por cerebro me recuerdan que necesitas un castigo extra por tu comportamiento irrespetuoso hacia tu Dominus. ¿O ya te olvidaste que Potter y Weasley decidieron dejar de buscarte? – dijo, y pareció saborear cada palabra, llenándolas de ácido antes de dejarla salir por sus labios malditos.
- Muérete...
- Ni en tus mejores sueños, pretendo vivir muchos años con el simple fin de fastidiarte la vida Granger – aguijoneó.
- ¡Oh! Que patético de tu parte, sabía que soy importante, pero tampoco al extremo de ser la razón de tu vida Malfoy… aunque a decir verdad, es lo mismo que ser la razón de la vida de un hurón… por lo tanto, no, no es tan importante – comentó y empezó a desabrocharle el pantalón, no sin el nerviosismo que siempre la embargaba en ese momento…
- Patética tu vida mugrosa, voy a vivir hasta viejo para fastidiarte y vas a tener ochenta años, vas a estar gorda, esclerótica y más castor de lo que sos hoy, y de todos modos vas a tener que levantarte de la pocilga que tenés por habitación para venir y desvestirme para que yo me bañe - comentó – y después de unos años más, finalmente te vas a morir y yo voy a seguir viviendo, para asegurarme que no te entierren y te tiren por ahí, para que Weasel te vea y muera a tu lado con el corazón partido y por fin, de una vez por todas, el trío de oro va a estar muerto, porque a Potter solo le quedan unos meses..
Hermione le bajó los pantalones con brusquedad y tomó su bóxer entre las manos, tiró con fuerza de éste hacia arriba, arrugando la tela y ejerciendo presión sobre la entrepierna de Draco.
Malfoy por el contrario sonrió, ella estaba furiosa, había dado en el clavo. Podía darse cuenta de eso, no solo porque Hermione le estuviera estrangulando su preciada masculinidad, sino también porque había entrecerrado los ojos hasta que solo fuesen dos rendijas, fruncido el entrecejo y los labios… estaba realmente furiosa y eso le encantó.
- Cuidado Malfoy, porque un día, cuando estés cansado después de la partusas que te armas con las putas de Slytherin que vienen por la noche, quizás, solo quizás, se me ocurra meterme en tu habitación y matarte con mis propias manos… o hacerte una extracción de pene, para que no tengas más a tu juguetito sexual y seas todo un fracaso…
Manumisión segunda “per testamentum”_ Liberación por testamento. El Dominus, debe expresar su deseo de libertad para su Servi una vez que él haya muerto. En éste debe enumerar, al menos, diez actos de respeto por parte de su Servi, quien – una vez fallecido el Dominus – recuperará su libertad, ya sea total o parcial (dependiendo de su condición sanguínea), debiendo eterno respeto por los sucesores del fallecido.
Draco rió con fuerza – más allá del dolor que ella le estaba produciendo – y bajó sus manos hasta encontrar las de ella, las cuales perdieron fuerza.
- Si lo que quieres, Granger, es algo de sexo, solo pídelo y le diré a algún Elfo que te ayude…
Hermione soltó una carcajada fuerte y lo soltó.
- Naturalmente preferiría a un elfo, no tengo ganas de contagiarme de ladilla – Giró sobre sus talones y tocó el agua de la ducha – ya terminé, calculo que podes bañarte solo.
- Si, estoy acostumbrado a meterme ácido por todos lados cada vez que me desvestís. ¡Ahora vete!
Y con un “idiota” se retiró del sector de baño.
2.
Manumisión tercera “Ecclesia”_ Liberación por “iglesia”. El Dominus debe tomar como testigo al Obispo (quien era representado por un mortífago de fuerte poder económico) Dejando liberado al esclavo - ya sea parcial o totalmente - una vez haya dicho bien los 10 mandamientos Voldimistas (“Amaras a Voldemort por sobre todas las cosas” “Denunciaras a todo impuro rebelde” “Tomaras como tuyo lo perteneciente al impuro” “Levantaras tu varita en favor al Emperador” “Odiaras a los traidores a la sangre” “Todos tus trabajos serán por y para el señor de las tinieblas” “No dudarás en derramar sangre putrefacta” etc).
Cuando Draco volvió de misa (un tipo de reunión donde se dedicaban a marcar la importancia de lo 10 mandamientos Voldimista y los próximos cambios de la sociedad hacia esa mugre andante la cual llamaban delicadamente “impuros” o “sangres sucias”) le ordenó – no sin esa sonrisa socarrona y arrogante, la cual era merecedora del odio de Hermione – que preparara la cena y se esmerara en no hacer la porquería que solía cocinar, porque aquella noche tendría una pequeña fiesta con los “muchachos” – o “grandes hipócritas del demonio”, como a ella le gustaba llamarles en su interior – y que se arreglara un poco las “crenchas” para que no los descompusiera del asco aún antes de probar la repugnancia que ella haría.
Por lo tanto, Hermione se pasó toda la tarde haciendo la comida preferida del estúpido, egocéntrico, malcriado, y mal nacido de Malfoy, y preguntándose también, porqué ella tenía que hacer de comer si “tan mal lo haces Granger que siento ganas de morir” y porqué mierda no le hacía simplemente un pollo con salsa de puerro y listo, en vez de complicarse haciendo la “comida preferida del caprichoso diabólico huroncito Malfoy”
De todos modos, cuando gritó ese maldito animal que tenía de aviso por las visitas, decidió dejar la cena reposando unos minutos mientras ella se iba a arreglar, para que el estúpido no sintiera vergüenza de ella. Y odió tener que hacerlo, pero era inteligente y no quería que sus desacatos fueran percibidos por Lucius Malfoy, quien volvía a las seis de la tarde - de hacer vaya uno a saber qué - y remediaba las faltas de Hermione a golpes. Ya una vez la había castigado y ella prefería no saber nada más con algo que tuviese que ver con él. A demás, una vez Lucius había amenazado a Draco por no ser tan despiadado con ella y el hurón – por mucho que le pese a Hermione – se había tragado todas los insultos habidos y por haber, pero con ella había seguido comportándose de la misma manera: gozándola, pero sin ir a extremos. Obviamente, el asunto no había pasado del estudio del “gran Lucius” y ella jamás le había dicho a Draco que los había espiado, ni tampoco se le ocurría hacerlo.
Draco Malfoy era diferente a toda esa mala hierba que habitaba la mansión Malfoy y Hermione sabía cual era su comida preferida, pero mejor no seguir por ese camino.
La cena se sirvió a las ocho y media de la noche. Hermione se había puesto el mejor uniforme de trabajo – que alguna otra empleada había mejorado antes de ser liberada – y se había arreglado lo mejor posible teniendo en cuenta que en su actual mundo, su horizonte se remontaba a un par de prendas idénticas y un peine al cual le faltaban varios dientes.
Para variar, llegada la hora de servir la comida la habían insultado todos los comensales menos el anfitrión, y la mayoría de ellos le había realizado un escaneado físico bastante profundo, al igual que el anfitrión.
Dicen que cuando alguien cocina, deposita sus sentimientos para quien lo recibe, dicen que quien prueba algo delicioso, delata su sentir… irremediablemente.
Y así fue, ante el primer bocado, Draco Malfoy respiró con mayor profundidad de lo habitual y cerró los ojos en un acto reflejo. Y todo eso, Hermione lo vio.
- Realmente Draco, no te equivocabas al decir que esta esclava no sabe dar placer culinario, esto es asqueroso.
- Vomitivo.
- Incomible.
- Tan desagradable como ella misma – comentó un gordo, algo rubio y peludo.
Hermione dio un paso al frente sin poder controlar su genio y con la mejor de las sonrisas, opinó al respecto:
- Si soy tan asquerosa pido entonces, por favor, saber por qué me miró tanto el trasero cuando serví su plato, señor.
- ¡Maldita sangre podrida! – Rugió aquel intento de hombre y se puso de pie, tirando con fuerza la servilleta de tela a la mesa – te arrepentirás de lo que dijiste – y con una rapidez asombrosa, levantó su mano de gorila y la dejó caer con todas sus fuerzas sobre la mejilla de Hermione.
Draco Malfoy se puso de pie, interponiendo su cuerpo entre el de su esclava y el del gorilón.
- Tranquilízate Iron – dijo y alargó su mano al pecho del hombre – no quiero que vuelvas a golpearla, ¿de acuerdo?
Probablemente Iron, con sus 20 años de edad, lo mataría a golpes si se propusiera hacerlo, pero él le daría guerra, otra posibilidad no tenía. Y no es que presentaría batalla por la inútil de Granger, sino por el respeto de sus pares. Nadie golpeaba a un Servi ajeno, permitirlo, sería perder el status civil y él no dejaría que aquello ocurriese.
- ¿Defiendes a la esclava Malfoy? Has caído bajo.
El rubio enfrió la mirada mientras que daba la vuelta y se dirigía a Granger:
- Quiero que subas a tu habitación, te bañes y duermas. Ahora.- Después, se dirigió al “gorilón” como había sido agendado por Hermione – Defiendo mi apellido Iron, no vuelvas a faltarme el respeto frente a la esclava.
Todos tomaron sus respectivos lugares y nadie más emitió ningún otro comentario que tuviese algo que ver con la comida o la sirvienta Hermione Granger.
Manumisión cuarta “inter amicos”_ Liberación “entre amigos”. El esclavo debe ser invitado a compartir la mesa de su dueño junto a sus amigos, dejando en buena imagen a su Dominus. En caso de ser una exitosa ceremonia, luego de dejar la casa en buenas condiciones, el Servi queda liberado (ya sea parcial o totalmente, correspondiendo a su sangre)
Draco sintió rabia cuando cerró los ojos para dormir, ¿Era tan difícil pedirle a la unineuronal de Granger que hiciera de comer y se marchara? Todo habría sido más fácil si le hubiera pedido a las otras inútiles que tenía su padre por esclavas que hicieran de comer, aunque claro, la comida no habría sido tan magníficamente deliciosa, ni se habrían visto tan bien en ese traje de servicio que él mismo había arreglado para la ocasión. Maldita Granger. Mañana pagaría por su estupidez.
3.
El ejército de bastardos ya era lo suficientemente grande como defender unos 3.000 mortífagos de segunda, que si morían, realmente sería lo mismo.
Aquella estrategia de guerra había sido postulada por Roger Morrison, militante del movimiento “Voldimista liberador”, cuya formula planteaba la división de la avanzada liberadora en cuatro estratos: encabezando las armas, muggles e impuros, seguidos por integrantes del “MPJ” (Movimiento Potteriano Juvenil – que por su falta de entrenamiento eran presas fáciles), quienes eran comandados bajo el maleficio Imperio por el estrato subsiguiente: mortífagos mediocres. El cuarto estrato, estaba formado por los mortífagos de la clase del ’50, quienes eran los últimos en presentar batalla, por lo tanto corrían menos riesgo de muerte. Éstos tenían un duro entrenamiento, lo que los había vuelto magos cada vez más hábiles en las artes oscuras y de guerra.
La oposición Potteriana y sus guerrilleros seguían en la sombra, trabajando y esperando por la señal de Harry, alias, el niño que vivió. El porqué era tan importante lo que Harry tenía que hacer, tan solo el adefesio de Ron Weasley y la esclava Hermione Granger lo sabían. Voldemort, por su parte, quería ser uno de ellos. De todos modos, nadie sabía quienes eran los que compartían tal secreto y si Lucius Malfoy lo hubiese sabido, no habría dejado a Granger ni a sol ni a sombra.
El último golpe del Imperio Voldimista estaba programado para consolidar de una vez por toda su política sanguínea: los impuros cumplirían favores al Emperador y luego, serían asesinados. No importaba el costo. Fácil había sido derribar al ministerio luego de romper sus bases: Dumbledore. Por lo tanto, fácil sería acabar con el resto. Y finalmente, ya solo Voldemort, un sangre mixta, obtendría el poder absoluto, y gobernaría inamoviblemente al mundo mágico puro.
Era inevitable, para el siglo XXI ya no habrían rastros de aquella clase subdesarrollada como la impura, ya no habría lugar para ellos.
Como sea, Hermione no tuvo otro pensamiento en su mente durante toda la noche más que el recuerdo de sus amigos y la cara del gorilón, del cual se vengaría, promesa de vida. En ningún momento se le ocurrió que pronto una guerra de bestias inhumanas caería sobre la población mágica y no-magica.
Para cuando los primeros rayos de sol golpearon su rostro, la armada Potteriana debía encontrarse jugando al marco-polo por la ciudad en busca de los Malfoy, sin conciencia alguna de que eran ellos los dueños de su mejor amiga.
Molesta por la luz, la esclava se levantó y fue al baño. Por suerte Draco Malfoy se levantaría destruido por la fiesta de la noche anterior y no la fastidiaría hasta eso de las dos de la tarde.
Si Hermione Granger tenía algún defecto (además de ser fea, impura, asquerosa por naturaleza, dientuda, mal cocinera – según Draco Malfoy.) era que le gustaba disfrutar del baño como si fuese el último. Se colgaba bajo el agua de la ducha hasta que sentía que le picaba la piel y hasta entonces no se le cruzaba por la mente meterse algo de jabón. Y Cuando finalmente se enjuagaba, limpiaba su pelo – y dios la libre – tarea que bien podía llevar otra media hora.
Todo aquello ocurría porque era durante su baño el único momento en el cual ella podía pensar con claridad:
Estaba sola y aterrada.
Por más de que ya llevase cinco meses encerrada en la mansión, temía a lo que podía pasar el día siguiente, no tanto por ella, sino por sus amigos. Por sus seres queridos. Sabía que por más que Draco Malfoy le dijese hasta el cansancio que Harry y Ron se habían cansado de buscarla, ellos lo harían, hasta perder la vida y eso era justamente lo que la asfixiaba.
Podía soportar a Malfoy, podía serle completamente servicial, podía llevar todo aquello sobre sus hombros… pero no la muerte de sus amigos.
Sabía lo que el imperio pretendía, más de una vez había oído cuando se suponía que era sorda, por lo tanto el mundo exterior no era ajeno a su vida. Le dolía que los impuros marcharan frente en la armada del señor de las tinieblas defendiendo a mortífagos. Peleando codo con codo, totalmente obligados y lo peor aún: concientes de que actuaban contra su voluntad.
Le resultaba desagradable oír las noticias de las apariciones de elfos domésticos muertos, tan golpeados que llegaban a entrar en un estado de desfiguración total.
A veces cerraba los ojos y, mientras la lluvia de la ducha caía, recordaba el momento exacto en el que la pirámide política sufrió el quiebre del cual jamás se recompuso. Donde fue que la norma fundamental del mundo mágico fue derogada para crear una mucho peor, mucho más déspota.
“El ministerio ha sido asestado por el golpe del ser más temido en los últimos siglos del mundo mágico.” – había dicho la voz de un hombre en la radio muggle – “Aquí, a solo una semana del comunicado mundial de la existencia de vida mágica, nos encontramos con los ojos clavados en el abismo que ciñe sobre nosotros. Se cree que posiblemente entre esta noche y la madrugada del Martes (mañana) cientos de magos Voldimistas marchen en distintos puntos del mundo con un único fin: eliminar de la faz de la tierra cualquier rastro de lo que ellos llaman muggles. Debido al peligro existencial que corre la raza humana no-mágica, Harry Potter, la otra cara de la moneda, recomienda a todo mago que tenga vecinos muggles ampararlos contra el golpe imparable de quien se hace llamar: Lord Voldemort…” - en esos momentos la voz del hombre se había cortado. Luego se escucharon gritos lejanos en el estudio. Y con un susurro de rendición el locutor dio sus ultimas palabras: - “Que Dios nos bendiga y la Virgen nos proteja”
Se puede decir que a ese punto el quiebre ya había tenido lugar. Y el derecho, la única arma que podía esgrimir el ministerio para proteger a la sociedad, había sido asesinado.
- ¡Granger! – gritó Malfoy – ¡Con un demonio, quiero comer!
Y gracias a eso, Hermione salió semi-bañada a cambiarse, al parecer, el mal nacido había despertado.
Para cuando Draco Malfoy terminó de comer y su Servi se dispuso a lavar todo lo ensuciado, el ejército que portaba una bandera con el emblema de un rayo dorado con fondo escarlata hizo su aparición en los terrenos de la mansión más grande de los Malfoy.
Pronto el terror se apoderó de Hermione. Al frente marchaban nada más ni nada menos que los Weasley, junto a Tonks, Lupin y Ojo loco. Sin embargo, no había rastros de Harry ni Ron – mucho menos de Ginny – entre ellos.
Como alguna hipótesis rezó: “Todo nace con su contra”
Por eso, cuando a Hermione se le cayó el plato de las manos estrellándose contra el piso, aparecieron, como manchas de una nube negra que se formó sobre la casa, uno a uno, los mortífagos.
Ojo loco Moody revoleó su ojo mágico sobre la mansión y lo detuvo en ella. El azar estaba jugando un papel importante, habían encontrado a la amiga de Potter sin siquiera proponérselo.
El señor Weasley movió su varita como si fuese un látigo, dando comienzo así al enfrentamiento. De inmediato chorros de luces fluorescentes surgieron de la punta de las varitas mágicas y los gritos, los saltos y los heridos aparecieron, como lo hace la lluvia los días nublados.
Como suele ocurrir en estos enfrentamientos, un hechizo mortal, que había sido dirigido a un mortífago rubio y alto, se desvió y fue a parar a la ventana por la cual Hermione miraba, atónita. Asustada, reaccionó y buscó un cuchillo, cualquier cosa que pudiera ayudar. ¿Por qué no tenía su varita con ella? ¿Por qué no podía hacer magia en un momento tan crítico como aquel?
Histérica comenzó a llorar, mientras de reojo miraba la batalla. Finalmente encontró el cajón de las cuchillas y sin pensar en lo que hacía las lanzó al aire incrustándolas en las espaldas de los mortífagos más cercanos.
- ¡Granger! – Ladró furioso Draco Malfoy – ¡no estúpida, te matarán!
Con brusquedad la tomó del brazo y la arrojó al suelo, para que un rayo de color rojo reventara contra la pared opuesta al ventanal.
- Maldita seas – le dijo.
Después la protegió con su cuerpo y por ningún motivo la soltó, ni la dejó escapar hasta que llegaron a su cuarto, el cual selló mediante magia.
- Realmente creí que eras inteligente – soltó - ¿Qué es lo que quieres, que te maten?
Hermione se removió en su lugar, por primera vez en su vida, podía distinguir una nota de incredulidad pura en la voz de Malfoy. No se animaba a mirarlo a los ojos, porque probablemente estos le recriminarían lo que había hecho.
- ¿Estas enojado porque lastimé a tus amiguitos? Seguramente ya deben estar como nuevos…
Draco sintió tanta ira que de su varita se escaparon chispas rojas.
- No idiota, por mi esos subnormales se pueden ir a la mismísima mierda ¿Vos te das cuenta que te convertiste en un blanco fácil? Sin varita, sin protección, sin nada… ¡te podrían haber matado!
Hermione levantó la vista, presa de un arranque de furia, sin embargo no habló, simplemente lo miró desafiante como si dijese “lo volvería a hacer si pudiese”
- No me mires con esa cara idiota, te estoy hablando en serio – espetó, luego le dio la espalda y se llevó ambas manos al cabello, murmurando palabras tales como “insensata”, “arriesgado”, “graves problemas”, que parecía más bien decirlas para oírlas solo él. Suspiró con profundidad y giró sobre sus talones, enfrentando su mirada con la de ella nuevamente. Los ojos de Hermione estaba tristes y acompañados por una manta de lagrimas preocupadas – Granger, tus amigos están donde están, haciendo lo que hacen, porque así lo quieren. Pueden huir, esconderse, o pelear. Son libres de elegir, como de esgrimir sus varitas para quien quieran. Podrán ser muy caminases, pobres o reyes de mi odio, pero son capaces de luchar si así lo quieren. Por el otro lado, vos sos esclava de lo que yo desee, de mi varita. Estas atada de pies y manos. No cometas más locuras, de lo contrario…
Las palabras sobraron. A lo lejos se oían aún lo gritos, parecía que la comitiva de rescate estaba luchando con uñas y dientes para poder penetrar en la mansión. Sin embargo, una fuerte resistencia se les había plantado ante las puertas.
- ¿De lo contrario qué? – desafió Hermione y se puso de pié – Malfoy, si a mi no me importa lo que me pase, porqué habría de importarte a vos, ¿eh?
Draco enfrió la mirada. Aquella pregunta lo había tomado por sorpresa.
- Por la misma razón que me importan cien galeones. Si fueses libre Granger, simplemente no tomaría partido – declaró. Después y sin más, desbloqueó la puerta y se fue cerrándola nuevamente tras de si.
Si bien dijo la verdad, no se sintió bien. Había sido cruel y frío. Por eso, cuando se retiró de la habitación para refugiarse en la suya, no se atrevió a mirar los ojos de Hermione Granger, porque sabía que la había herido. Si todo hubiese ocurrido en otras circunstancias, se habría regodeado de su respuesta y hasta habría reído, disfrutando del mal estar de su contrincante. Pero ahora, sabiéndola sola e indefensa, sin tener en quien resguardarse y llorar. Sin tener a nadie que la proteja y ayude en momentos tales, se sintió poco hombre, estúpido.
A fin de cuentas tenía tan solo dieciocho años, se suponía que debía ser infantil, andar a sus anchas con los muchachos y fastidiar a cualquiera que sintiera inferior a él.
No estar en medio de la guerra.
No estar obligado por tu estrato social a ser alguien que no estás listo para ser.
4.
Por suerte para la Servi Hermione Granger no hubo represalias por sus actos. Su Dominus había concurrido junto a ella a la Corte Suprema de Mortífagos y había declarado ser responsable por la idiotez de su esclava.
- Yo, Draco Malfoy – había dicho – me aseguraré de que la sangre sucia no vuelva a levantar sus brazos en contra de ningún honorable miembro de la orden Voldimista. Después de ésta noche deseará no haber nacido.
Era curioso ver aquella situación, principalmente porque se notaba la incomodidad de Draco Malfoy y el temor de ser descubierto, solo bastaba un poco de legeremancia y todo se iría a la mierda – “Me cago en vos y en tu maldita sensibilidad Granger, vuelve a hacer algo semejante y te entrego a los dementores”
De todos modos, era sabido que no solo mentía para defenderla – de lo cual solo él estaba enterado – sino también para evitar una sanción mayor sobre su familia por su irresponsabilidad. Por lo tanto, aquella tarde habían concurrido al juez de primera instancia, un tal Gregor Mcnail, uno de los poco mortífagos cultos de los tiempos – dentro de lo que era posible llamar “culto” a un mortífago – donde habían tenido como única pena pagar al Imperio un importe de veinticinco galeones – “Los cuales me voy a cobrar Granger, galeón por galeón, no lo dudes” - por daños y perjuicios.
5.
- Granger, ya basta, realmente me estás cansando.
Hermione bufó y guardó en un pequeño baúl las últimas prendas que traía en mano.
- Es que todavía no entiendo porqué tengo que ir justamente yo – histeriqueó.
Después del incidente en la cocina el pasado mes, su relación había cambiado y aunque seguían discutiendo por lo primero que se les cruzase por la mente, ya no se insultaban y trataban de cuidarse las espaldas mutuamente. Aquel era un contrato mudo, porque por más de que los dos fuesen concientes del cambio y de la comodidad que sentían en la nueva relación, ninguno decía nada sobre el tema.
Draco se llevó las manos al pelo y lo desordenó. Entendía porqué su Servi no quería viajar, él mismo no quería que ella fuese, pero todo aquello era una prueba y la tenía que superar. A los ojos de su círculo de “amistades” él era muy blando con su esclava.
- Porque mi padre así lo quiere. Ya no discutas – contestó.
- Malfoy, te prometo nunca más discutirte nada y acatar todas tus órdenes, pero no me dejes ir con él… - rogó. Ya no tenía alternativa, si rebajándose a ser su máxima sierva conseguiría no realizar aquella orden estúpida y riesgosa, entonces lo haría.
Draco se puso de pie y comenzó a ayudarla a llenar el baúl.
- Granger, tenés que entender que todo tiene su precio. Sos una esclava y agradece a Dior, o como se llame esa cosa que ustedes los muggles creen “todopoderoso”, de que sos mía, de lo contrario, sabrías lo que es realmente ser una Servi – comentó sin mucho interés – ellos – dijo refiriéndose a los mortífagos de alto rango del movimiento Voldimista liberador – las golpean hasta dejarlas inconcientes, las encarcelan cuando se les viene en gana, las obligan a marchar junto a los muggles, las prestan a los dementores, e inclusive abusan sexualmente de ellas. Y todo eso Granger, ten por seguro que jamás se cruzará por mi mente. Primero porque no estoy loco, segundo que no me interesa quienes ni cuantos mueran en batalla y tercero porque no debe haber nada más repugnante que acostarse con alguien en contra de su voluntad, es de poco hombre…
Hermione se quedó mirándolo, mientras él guardaba las cosas con la vista algo perdida, como si reflexionara consigo mismo. “Es de poco hombre” lo escuchó decir y rió. Aún seguía sorprendiéndose ante las muestras de humanidad de Draco.
- ¿Qué es lo gracioso Granger, acaso querés que te violen? – aguijoneó mirándola de pies a cabeza, como si examinara la idea de hacerlo. A continuación ladeó la cabeza y curvó sus labios en una sonrisa torcida, dejando sus ojos grises clavados en los de ella.
La castaña cambió la expresión, endureciendo las facciones.
- No imbécil, simplemente creí que dirías “No debe haber nada más repugnante que acostarse con una sangre sucia, es de asquerosos” y no lo que dijiste… no importa, son cosas mías, me sorprendiste nada más.
Esta vez, fue Draco Malfoy quien rió.
- Te sorprendería encontrar que no estoy tan enfermo como ellos – comentó, sonriendo aún. Se puso de pie y se dirigió a la salida - ¡Ah Granger! Has el favor de cuidarte, si mi padre te pide que hagas cualquier cosa, simplemente hazlo. No le discutas, no te olvides que no es como yo y que lo que quiere es que comprendas el significado de la palabra “respeto”.
Se puso en marcha, quería largarse de la habitación antes de que ella pudiera convencerlo de quedarse en la mansión. Porque si aquello ocurría significaría que realmente la protegía y que la trataba más como “la sangre sucia, libre, de Granger” que como la Servi Hermione Granger, número 23 de la Mansión Malfoy. Y para él aquello estaba bien. Sí, la protegía ¿y qué? Pero para el resto equivalía a comprarse todos los boletos de camino al infierno. Maldito sea él y ella.
- ¿Por qué haces eso? – preguntó ella - . Draco simplemente la miró y se fue, no deseba volver lingüístico su contrato consensuado.
Aunque en verdad le habría gustado decir que la protegía porque él no era como los demás. Porque solo quería fastidiarla un poco y después dejarla tranquila. Porque realmente la creía inferior, pero tampoco para someterla a su voluntad. Porque las cosas desde la muerte de Albus Dumbledore se habían ido a la mierda. Porque no sabía de que otra manera hacerle entender que no estaba de acuerdo con el sistema Voldimista. Porque recién, a sus dieciocho años se daba cuenta de que todo lo que había anhelado desde pequeño era pura basura. Porque ella era la única que le recordaba – día a día, con su presencia - los mejores momentos de su vida, en el colegio Hogwarts de magia y hechicería, donde se había ganado amigos y no tanto. Donde todo podía resumirse a un simple castigo de la vieja McGonagall. Donde todo era diferente al absolutismo de aquellos momentos.
Pero no le dijo nada. Se guardó todo lo que pensó y deseó volverla a ver tan viva como la había “despedido”.
6.
Ya había pasado un mes entero desde que Lucius Malfoy había partido rumbo a Canadá con la Servi Hermione Granger a “realizar unos tramites” para comenzar una expedición de exterminación al norte de África, donde aún habían regiones de muggles y sangres sucias. Durante aquel período, Draco Malfoy había caído en la cuenta de lo que estaba pasando, del nuevo rumbo que había tomado gran parte del mundo. Estando realmente solo, sin Granger para alimentar el sentimiento de que todo seguía medianamente igual, él había recibido como una bofetada todos los cambios horribles que habían tenido lugar. Y como quien pierde a un ser querido, sintió angustia y algo de desesperación, porque todo lo que veía, le resultaba extraño. Sentía como si Hogwarts, Goyle, Pansy y Crabbe fueran imágenes de un pasado muy lejano y hasta soñado.
Violaciones sexuales, torturas, abusos del poder, privación de la alimentación y libertad, asesinatos, entre otros, eran los crímenes que se estaban cometiendo impunemente a lo largo del “nuevo imperio donde nunca se pone el sol”. Definitivamente esa no era la idea de poder sobre los inferiores que Draco había tenido en mente durante años. A veces, se le venían a la cabeza, comentarios idiotas que había hecho a lo largo de su vida, sobre todo en su segundo año escolar, donde reiteradas veces había deseado encontrarse con la sangre sucia de Granger muerta a manos de la bestia de Slytherin. Realmente no tenía idea alguna de lo que decía, ni tenía pleno conocimiento sobre lo que era vivir en un estado que apoyaba el holocausto de muggles e impuros.
Sin ir más lejos, no soportaba permanecer en una misma sala junto a ellos. Mucho menos junto a Lord Voldemort. Sentía como miles de escalofríos recorrían su cuerpo de pies a cabeza y lo atormentaba la idea de que ellos supieran que él tenía miedo, que estaba realmente cagado de miedo, razón por la cual se limitaba a mirar el suelo y cerrar los puños hasta tener los nudillos blancos.
En algún momento, se llegó a plantear hasta que punto prefería que ganara la batalla el Emperador y no Harry Potter. Ya no estaba tan seguro que la salvación y lo mejor de todo se encontrara junto al señor de su padre. A decir verdad, no podía imaginarse viviendo en un mundo levantado por Lord Voldemort, siendo él uno de sus seguidores más allegados, algo a lo que se comentaba “debía aspirar”. Quizás, solo quizás, él tomara partido por primera vez en la guerra, si es que el coraje le daba para tanto, pero no de la manera que su familia deseaba.
- ¡Bienvenido señor Malfoy! Espero que haya tenido un agradable viaje señor – dijo Anne la Servi personal de Lucius - ¿Quiere que haga algo por usted mi señor?
Lucius la miró con asco y le arrojó una pesada maleta al pecho.
- Lleva a la mugrosa de Granger a su cama, la quiero cocinando en dos horas – bufó – ¿Dónde está mi hijo?
Draco apareció caminando con entereza y despreocupación, como quien se lleva el mundo por delante sin mirar atrás. Llevaba en las manos un libro de cuero negro y letras plateadas en la tapa. Había permanecido toda la noche leyendo un escrito particularmente interesante que había encontrado en la biblioteca de la mansión.
Cuando vio a su padre parado junto a la puerta de entrada sonrió y caminó hacia él para estrecharlo.
- Bienvenido padre ¿cómo fue el viaje? – preguntó.
Lucius hizo esa mueca que suponía ser una sonrisa y alzó un rollo de pergamino.
- Mejor imposible, Draco, mañana mismo parten los adelantados hacia África – comentó entusiasmado - no fue nada difícil convencer al imbécil de Joseph Melbourne.
Draco sonrió.
- Lamento no poder decir lo mismo de la esclava – agregó Lucius – tenías razón, habría sido más productivo llevar a cualquier otra. Maldita asquerosa, perdí más tiempo castigándola que convenciendo al ministro del interior.
El hombre clavó los ojos en su hijo, quien esquivó su mirada y preguntó con fingido desinterés.
- ¿Dónde está ella ahora?
Lucius Malfoy lo miró escéptico antes de contestar ¿Podría ser que su hijo realmente estuviese desarrollando algún sentimiento impuro por la rata de Granger?
- Anne la llevó a su cama, no se veía muy bien, lo único que me falta ahora es que la sucia se muera, sería como perder 100 galeones
Aún sintiendo la mirada desconfiada de su padre sobre sí, Draco giró sobre sus talones y se dispuso a subir las escaleras.
- Merecido se lo tendrá. Voy a seguir leyendo.
Y sin más, se perdió en el primer piso de la mansión.
(continuará...)
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Listo, no sean muy crueles conmigo xDDDDD
You are the sun, you make me shine...
Si, he vuelto, temed.