por emma_weasly » Mié May 07, 2008 10:26 am
Hola! ya estoy aqui otra vez!
muchas gracias por los comentarios. Me animan mucho! Y como sois tan geniales y me gustan tanto vuestros comentarios, hoy os dejo otro capitulo.
espero que lo disfruteis.
gracias a todas por leer mi fic! os quiero!
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Capítulo 28: Londres-Oxford
- ¡¿Qué Hermione no se ha ido del país?! – preguntó Ron casi gritando.
- Lo… lo siento. Fue por mi culpa. Yo le dije que se fuera de la ciudad, que no hacía falta que se fuera del país. Lo siento. – dijo Ginny muy preocupada. Sentía que por su culpa Hermione estaría en peligro. Harry vio que ella no estaba muy bien, fue a abrazarla y le dijo:
- Tranquila, no te preocupes. Herms estará bien.
- ¿Pero y si no lo está?
- La única manera de saberlo es ir a verla. ¿A dónde iba, Ginny? – preguntó Ron muy preocupado. Su plan había salido mal y ahora le venían las dudas: tal vez habría estado mejor con él que la podía proteger que no sola.
- Dijo que iría a Oxford. Tiene una casa allí donde va de vacaciones con sus padres. – contestó. – Espera, tengo la dirección. Voy a buscarla. – fue a buscarla y segundos después volvió con un trozo de pergamino donde estaba anotada la dirección.
- ¿Pero, cómo vamos hasta allí? – preguntó Harry.
- No, vosotros no vais. Eso lo tengo que hacer yo solo. – contestó Ron secamente.
- Pero si te encuentras con mortífagos, tú y Herms no podéis solos.
- Y además, yo dejé que Herms y tú me acompañarais a lo de Voldemort. – le recordó Harry. – Así que deja que ahora vengamos nosotros contigo.
- Vale. De acuerdo. – aceptó Ron.
- Y volviendo a la pregunta de antes, ¿cómo vamos? – preguntó Harry.
- A ver. No podemos aparecernos porque no sabemos dónde está la casa ni nada y en escoba tardaremos mucho tiempo. – dedujo Ginny.
- Podemos ir en tren. – propuso Ron.
- Si, y solo estaríamos unas horas.
- Pues ya está. Yo iré a comprar los billetes para mañana y nos podremos ir. – dijo Harry. – Ron ven mañana a las ocho aquí.
- Vale.
Ya lo tenían todo preparado. Mañana cogerían el tren e irían a ver a Hermione para saber como está. Y Ron le contaría la verdad. Ahora que su plan no había funcionado muy bien y que el ministro lo sabía todo, ¿qué sentido tenía seguir mintiéndole para que se fuera? Estaría más segura con él que la podía proteger.
A la mañana siguiente, Ron despertó temprano. Estaba ansioso por ver a Hermione y durante toda la noche no dejó de pensar en la mejor manera de explicarle por que le había mentido. Pero también estaba muy preocupado por si los mortífagos, y sobretodo Malfoy, le habían hecho algo. No quería pensar en eso, pero la imagen de Hermione en el suelo sin moverse, no paraba de entrar y salir de su cabeza.
A la siete se duchó y se vistió. Después fue a la cocina a desayunar pero, a causa de lo nervioso que estaba, no tenía hambre. Así que solo bebió un café y cuando acabó, se fue y apareció cerca de la casa de Harry y Ginny.
- Buenos días. – saludó Ron cuando Ginny le abrió la puerta. Él pensaba que había llegado muy pronto y que su hermana y su amigo no estarían preparados todavía, pero se equivocó.
- Qué bien que ya hayas llegado. Así ya nos podemos ir. – le dijo Ginny. – Yo no he pegado ojo en toda la noche y Harry también a dormido muy poco, y nos hemos levantado muy pronto.
- Yo igual. No he dormido nada. – contestó Ron y entró en la casa. Vio que Harry acababa de desayunar y mientras Ginny fue a su dormitorio a coger algo, él se acercó a su amigo. - ¿Tienes los billetes de tren, no?
- Si. El tren sale a las nueve de Londres. En dos horas seremos allí. – contestó Harry.
Poco después llegó Ginny, ya preparada del todo, y los tres se aparecieron en la estación de trenes. A pesar de lo temprano que era, había mucha gente en la estación y les costó encontrar el tren que tenían que coger.
- Mirad, es ese. – dijo Harry, minutos después, señalando a un tren con un cartel que ponía:
Tren nº 6
Londres-Oxford
9:00 h
- Pues vamos, faltan veinte minutos para que salga y a ver si conseguimos un compartimiento para nosotros. – dijo Ron y Harry y Ginny asintieron.
Así que los tres fueron hacia el tren, no sin antes comprar El profeta y alguna revista para leer durante el viaje. Tuvieron mucha suerte de encontrar un compartimiento para ellos solos por que, por lo visto, había mucha gente que viajaba en ese tren. Tuvieron que esperar quince minutos a que toda la gente que viajaba llegase y luego el tren se puso en marcha en dirección a Oxford.
El viaje fue bastante aburrido. La primera hora se la pasaron hablando, comentando lo que salía en El profeta, riéndose de lo que ponía El Quisquilloso… Pero la segunda hora de viaje ya fue más aburrida. Harry y Ginny, que no habían dormido casi nada durante esa noche, al final se quedaron dormidos. Pero Ron no podía conciliar el sueño. Una vez, en que no quería leer por cuarta vez El profeta, se quedó mirando a su amigo y su hermana como dormían. Ginny se había quedado dormida sobre el pecho de Harry y a los dos, pese a que estaban durmiendo, se les veía muy felices. Ron recordó todo lo que tuvieron que pasar para llegar a estar como estaban ahora. Harry y Ginny habían empezado a salir juntos cuando él hacía sexto, aunque Ginny ya lo amaba desde hacía mucho tiempo. Pero después, por culpa de Voldemort, tuvieron que terminar su relación y los dos lo pasaron fatal. Y ahora, ya hacía un año que estaban juntos y eran muy felices.
- Ron, eh Ron. – le decía Harry, que se había despertado y Ron no se había dado cuenta.
- ¿Eh? Harry, ¿no estabas durmiendo?
- Si, pero me he despertado y te he visto mirándonos embobado. ¿Se puede saber por qué nos mirabas así? – preguntó Harry e hizo que Ron se pusiera rojo hasta las orejas.
- Eh… nada. – contestó él. – Solo que… nada que se os ve muy felices juntos. – dijo y en ese momento se acordó de Hermione y una terrible tristeza y preocupación se apoderó de él. Harry se dio cuenta y le preguntó:
- ¿Es por Hermione, verdad?
- Si, la echo de menos y veros a vosotros dos así me ha hecho acordarme de ella. – respondió Ron con sinceridad.
Después de despertarse, Harry ya no consiguió dormirse más y empezó a acariciar el pelo de su amada pelirroja. La amaba tanto que entendía perfectamente por lo que estaba pasando su amigo. Él tuvo que hacer algo parecido con Ginny para protegerla de Voldemort y en ese tiempo que estuvieron separados también la echó mucho de menos.
- Señores pasajeros, quería comunicarles que en cinco minutos llegaremos al lugar de destino. Esperamos que hayan disfrutado de su viaje. – dijo la voz de una mujer que salió de un altavoz.
- Ya llegamos.
- Si, será mejor que empiece a despertar a Ginny. – dijo Harry y empezó a darle cortos besos en la cara y a susurrarle cosas en el oído.
Poco después, ella se despertó y al llegar ya a la estación de Oxford, los tres salieron del tren. Decidieron que lo mejor era coger un taxi para que les llevara a la casa de Hermione, así que el primero que vieron lo cogieron. La casa de Hermione no estaba muy lejos de la estación de trenes porque en diez minutos ya llegaron allí. Harry pagó el taxi con el dinero muggle que tenía y mientras Ron fue hacia la casa en la que vivía Hermione y llamó al timbre.
- ¿No está Herms, Ron? – le preguntó Ginny cuando ella y Harry llegaron donde estaba Ron.
- No, he llamado unas cuantas veces y no abre la puerta. – contestó.
- A ver… - dijo Harry. Fue hacia la puerta y vio algo que le sorprendió. – Mirad, parece como si la hayan intentado abrir a la fuerza. – dijo Harry señalando a la puerta.
- Oh, no. Herms… - decía Ron muy preocupado.
- Tal vez está abierta, si la han intentado abrir no creo que la hayan podido cerrar. – dedujo Harry y vio que, como suponía, la puerta estaba abierta.
Los tres entraron dentro de la casa, pero de repente se pararon. Todos los muebles estaban tirados por el suelo, parecía que alguien había entrado allí.