por emma_weasly » Vie Feb 22, 2008 3:23 pm
Hola! que tal?
me pone muy contenta de que os haya gustado el capitulo. yo disfrute mucho escribiendolo, es uno de los que mas me gustan.
Y respecto a lo de los futuros padres, tendreis que esperar un tiempo. Por ahora no se va a saber. tendreis que esperar!
bueno, y no os hago esperar mas. Aqui os dejo el siguiente capitulo.
cuando pueda ya me pasare por vuestros fics, ya que hace muxo que no me paso!
besos!
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Capítulo 15: La guardia en el ministerio
Había pasado ya un mes desde que había nacido la hija de Bill y Fleur. Todos estaban muy contentos y la sonrisa de esa niña hacía que todos se llenaran de alegría. Sobretodo la señora Weasly, que quería que su primera nieta estuviera siempre en La Madriguera con ella. Desde que Bill y Fleur celebraron el almuerzo con las dos familias para presentar a la niña, Harry y Ron no la habían vuelto a ver. Ginny y Hermione, de vez en cuando iban a verla, pero Harry y Ron casi no la podían ver debido a la suma de trabajo que tenían.
Ese día, el jefe de su departamento les había dicho que por la noche tendrían que venir a hacer guardia para proteger al misterioso objeto. Ni a Ron, ni a Harry les hacía muchas ganas quedarse toda la noche despiertos en el ministerio, pero lo que más les molestaba es que nadie les quería contar porque tenían que hacer guardias y cuál era ese objeto tan peligroso que tenían que proteger.
A las ocho de la noche, Harry fue a buscar a Ron a su casa para ir hacia el ministerio. Poco después, llegaron allí. Todo estaba muy oscuro y no había nadie. Fueron a la cafetería a coger un par de cafés para no dormirse y algo para comer y subieron al piso dónde estaba guardado el objeto.
- ¿Sabes? Odio que no nos digan por qué tenemos que proteger este objeto. – dijo Ron cuando ya hacía dos horas que estaban allí.
- Tienes razón. Además ni nos dicen que es. Si por lo menos supiéramos algo podríamos protegerlo mejor. – dijo Harry bebiendo un poco de café. – Pero no, no nos dicen nada, nada en absoluto. “Proteged el objeto. Es muy importante. Si los mortífagos se apoderan de él sería desastroso”.- añadió Harry imitando a su jefe de departamento.
- ¿Has oído eso? – preguntó Ron unas horas más tarde.
- Si. Parece que hay alguien en el ministerio. Debemos ir a mirar quién es. Talvez es alguien que quiere el objeto.
- Tienes razón, pero no podemos dejar el objeto sin protección. Tiene que ir uno solo. – puntualizó Ron y le ordenó a Harry – ve tu, yo me quedo aquí.
- De acuerdo. Ya nos vemos luego. – al decir eso, se dio la vuelta y se fue para mirar que era ese ruido.
Parecía que no hubiese nadie. Todo estaba silencioso y no se oía nada. Siguió mirando por si veía algo extraño. Buscó por toda esa planta y luego bajó a la oficina de aurores, por si era algún auror que había venido a buscar algo.
- Solo pueden ser algunos aurores o el ministro. Somos los únicos que tenemos acceso al ministerio a esa hora de la noche. – pensó Harry.
Decidió coger las escaleras para bajar a la oficina de aurores ya que así podría mirar mejor si había alguien. Bajó las escaleras y no vio a nadie. Todo estaba como hace unas horas. Siguió bajando y llegó a la oficina de aurores. Empezó a buscar por el despacho del jefe de aurores, pero allí no había nadie. Luego miró en el departamento A y fue mirando en cada uno de los departamentos. Pero no había nadie. Si no era ningún auror, debía de ser el ministro, así que fue hacia su despacho. Pero en el despacho tampoco había nadie.
Tal vez solo había sido el viento, o había venido de fuera del ministerio. Era su única opción que le quedaba. Podía habérselo imaginado, pero estaba seguro de que no porque Ron también lo había oído. Miró su reloj. Ya habían pasado quince minutos desde que había dejado a Ron solo, así que volvió con él.
Mientras, Ron seguía vigilando por si venía alguien. Él también estaba seguro de que había oído un ruido y estaba muy preocupado por Harry. Ya hacía quince minutos que se había ido y aún no había vuelto. En un par de ocasiones estuvo a punto de marcharse a buscar a su amigo, pero después recordó que alguien tenía que vigilar el objeto. De repente, oyó otro ruido y una voz a sus espaldas que gritaba:
- Avada Kedavra.
Por suerte Ron consiguió girarse a tiempo y esquivar el hechizo. Cogió su varita y empezó a buscar a la persona que había lanzado ese hechizo.
- ¡Vamos cobarde! ¡Da la cara si te atreves! – gritaba Ron.
- A mi no me llames cobarde, mocoso. – dijo la voz del mortífago que le había lanzado el hechizo. – No se como el ministerio quiere a unos aurores tan pequeños como vosotros.
- ¡Cállate, estúpido!
- ¿Qué me vas a hacer? ¿Lanzarme un hechizo de desarme? – se burló el auror.
- No. Desmaius. – gritó Ron y lo apuntó con la varita. El mortífago consiguió esquivar el hechizo pero de repente, otro rayo de luz roja le dio de lleno en la espalda.
- ¿Estás bien? – dijo Harry que había llegado en el momento oportuno.
- Si, gracias.
- Vamos, no creo que este mortífago haya venido solo. Debe haber más. – dijo Harry y los dos fueron a buscar a los demás mortífagos. No podían haber ido muy lejos porque casi no les había dado tiempo. Y no creían que se marcharan sin conseguir el objeto. Como tardarían mucho tiempo si estaban juntos, decidieron separarse y cada uno buscó por un lado.
Harry no veía a nadie, pero no podía ser que ya se hubiesen ido. De repente vio a algo que lo hizo dudar. Había una sombra que salía de la puerta de esa habitación, parecía de una persona. Debían de estar escondidos allí dentro.
- Bueno, aquí no hay nadie. Mejor voy a buscar por otro sitio. – dijo Harry en voz alta para que los mortífagos le oyeran y se fue. Se escondió detrás de una columna y esperó a que los mortífagos salieran de su escondite. Minutos después, cinco mortífagos salieron de la habitación dónde Harry había visto la sombra y cuando los tuvo delante, los atacó.
- Desmaius. Reducto. – gritó Harry y consiguió dar a tres mortífagos, pero los dos que quedaban empezaron a atacarlo.
- Crucio. – gritó uno de los mortífagos apuntando a Harry con la varita.
- Protego. – gritó también Harry y un escudo protector salió de su varita e hizo que el hechizo del mortífago rebotara.
- Desmaius. – gritó Ron, que acababa de llegar. El hechizo dio por detrás al otro mortífago y este cayó en el suelo.
- Avada Kedavra.
- Protego. Reducto.
- Desmaius. – gritaron Ron y Harry a la vez y el último mortífago quedó tirado en el suelo junto a los otros tres.
Harry ató a los cuatro mortífagos que estaban inconcientes y Ron se fue a buscar el otro. Cuando llegó allí vio que el mortífago se intentaba levantar y le lanzó un hechizo que hizo que se quedara inconciente de nuevo. Le ató las manos, le quitó la varita y lo llevó junto a los otros.
- He enviado una lechuza al ministro, ahora vendrá aquí con algunos aurores. – explicó Harry.
- Perfecto. Esperemos que llegue pronto. ¿No sabes cómo entrar en la sala dónde está el objeto, verdad? – preguntó Ron. – es para asegurarme de que sigue allí.
- No, no tengo ni idea. Ya se lo mirará el ministro.
Veinte minutos después llegó el ministro con siete aurores. Harry y Ron le explicaron al ministro todo lo que había sucedido y el ministro ordenó que dos aurores fueran a mirar si el objeto seguía allí. Los demás, cogieron a los mortífagos y los cerraron en unas celdas del ministerio, mañana los interrogarían y los llevarían a Azkaban.
Respecto a Harry y a Ron, el ministro les dijo que a la mañana siguiente quería hablar con ellos y les citó en su despacho a las once. Después, Harry y Ron dejaron que el ministro y los demás aurores se encargaran de los mortífagos y ellos se fueron cada uno a su casa a intentar dormir un poco. Aunque después de todo lo que había pasado, a los dos les costaría mucho coger el sueño.
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espero que os haya gustado. dejad comentarios, por favor!
adios!