Hola, debería esconderme bajo tierra por tardar tanto en aparecer por aquí, pero no voy a hacerlo... aun...
Gracias a todas las que me dejastéis comentarios en el anterior, sois unos soles enormes...
De veras, siento la demora, deseo que disfrutéis del último capítulo antes del epílogo final...El día en que Ron se dio cuenta que Hermione debía ser ella…Aun no podía entender porqué él continuaba poniendo multas, mientras que Harry ya trabajaba en casos importantes de la comisaría. Probablemente el comisario Crouch le tenía manía; sí, eso debía ser. Porque lo notaba, lo presentía cada vez que ese tipo con bigote y bombín pasaba por su lado, saludando alegremente a Harry y pasando olímpicamente de él. Era aburridísimo estar el día entero pendiente a todo aquel que cometiese una infracción y soñaba con el momento en que Crouch le diese algún caso, pequeño, diminuto, uno de esos casos que ningún policía de la comisaria querría para sí mismo pero por el que Ron daría sin dudarlo su brazo derecho.
Aquella mañana no parecía que iba a ser muy diferente al resto de las mañanas. Paseaba por la calle imponiendo sanciones a todo aquel que había estacionado mal su vehiculo, que circulaba a gran velocidad, o incluso al peatón que no cruzaba por el lugar indicado. Y de todos ellos recibía la misma respuesta: una terrible mirada de profundo odio. Por esa razón, cuando el sol anunciaba la llegada del medio día, Ron decidió hacer un descanso y tomar un tentempié a modo de bocadillo de embutido. Se metió en el coche patrulla y abrió la nevera donde guardaba el refrigerio. Le dio un mordisco, y pronto sus malos humos comenzaron a disiparse. Hacía rato que no tenía ni la mas remota idea de adonde había ido Luna, su extravagante compañera de correrías. Con toda seguridad andaba multando a todos aquellos peatones acompañados de perros, que no recogían los excrementos que los animales dejaban sobre la pulcra acera. Ron resopló, odiaba su trabajo, y odiaba a Harry por hacer lo que él anhelaba hacer. En realidad no lo odiaba, pero debería hacerlo. Le propinó otro buen mordisco a su crujiente bocadillo y entonces vio algo, algo incomprensible que sucedía delante de sus cansados ojos. Un coche, un pequeño vehículo de color rojo fuego aparcaba sobre la acera a escasos metros de donde estaba estacionado el coche patrulla. Ron casi se atraganta con el trozo de pan y embutido ¿Acaso ese tipo era idiota, es que quería que lo sancionase? No era posible que no se hubiese dado cuenta que él estaba allí, y aun le costaba mas creer que ese desafortunado hecho le privase de seguir disfrutando del mejor momento de la jornada. Más fastidiado que nunca dejó a un lado su tentempié y salió refunfuñando del coche patrulla. Con pasos pesados llegó hasta el vehículo que estaba mal estacionado, y golpeó varias veces contra el cristal de la ventana para llamar la atención del conductor, que aun continuaba en su interior.
—Disculpe, ¿acaso no se ha dado cuenta que ha estacionado el coche en un lugar no permitido?—hablaba mirándose los zapatos, con desgana, sin aparente interés por saber quien era el que cometía la infracción—. Me temo que no tengo otra opción que sancionarlo. Por favor abandone el vehículo.
Dio unos pasos hacia atrás para no obstaculizar la salida del individuo y sacó del bolsillo de su camisa un talón de formularios y un bolígrafo.
—Tengo que rellenarle un cuestionario, a ver, ¿su nombre, por favor?
—Hermione.
Ron únicamente escribió la letra H y rápidamente desvió sus ojos hacia la joven que había salido del coche y lo contemplaba con una sonrisa no forzada en los labios. Era ella, Hermione, la misma Hermione de siempre. Ron arrugó el rostro en una especie de mueca de dolor, ¿por qué ella? ¡Maldita sea! Ahora debía cumplir con su obligación y ponerle una multa. A ella, a la joven que había buscado hasta darse por vencido, aquella que alguna vez tuvo un interés en él. Resopló y dijo con desdén.
—Eres tú.
—Hola Ron. No pareces muy contento de verme.
—Hola Hermione, es toda una sorpresa—no sabía que decir, únicamente pensaba que su mala suerte no conocía límites. Con la cantidad de agentes que habrían podido multarla, le había tocado a él. Maldecía para sus adentros una y otra vez— ¿Cómo no te has dado cuenta donde has estacionado el coche? No puedes aparcar aquí Hermione, está prohibido. Vamos, retíralo y haré la vista gorda.
—No puedo, tengo que entregar unos documentos en este edificio y llevo horas dando vueltas buscando un lugar donde poder aparcar. Asumo las consecuencias Ron, haz tu trabajo.
Mientras decía eso había introducido medio cuerpo en el coche y sacado de él una carpeta y un bolso.
—Hermione, no puedes dejar el coche aquí.
—Voy a dejarlo Ron, no tengo otra alternativa, ¿de acuerdo? Tengo mucha prisa, estos documentos—señaló hacia su carpeta—, deben estar entregados antes de las doce, y ya llego tarde.
Ron observó atónito como Hermione, a pesar de sus recomendaciones, cerraba el coche y se disponía a marcharse mientras añadía.
—Serán cinco minutos, cuando regrese estaré dispuesta a darte todos los datos que precisas para rellenar tu formulario.
Y se marchó tan rápida como un rayo. Ron solo pudo pestañear mientras la joven desaparecía ante sus propios ojos tras la puerta de un edificio gubernamental. Miró incrédulo hacia el coche rojo fuego de Hermione y torció el gesto.
Aturdido se alejó de él y se metió de nuevo en el suyo. Agarró su bocadillo y arremetió contra él. La había buscado durante mucho tiempo, y nunca supo nada de ella. Después de aquella desastrosa fiesta de cumpleaños de Hannah Abott, en la que Neville casi pierde la cabeza, Ron no volvió a ver a Hermione. Pero su última conversación con la muchacha despertó en él cierto interés, y un tiempo después quiso saber de ella. Lo intentó, por activa y por pasiva, a base de indirectas hacia sus amigos primero y con directas después. Una dirección, un número de teléfono, algo que le diese la oportunidad de preguntarle porqué de repente él le interesaba, porqué quiso investigarlo, pero nada. Hermione desapareció, simplemente de la noche a la mañana se la tragó la tierra; hasta que finalmente un día se dio por vencido, y no volvió a tratar de encontrarla.
Luna entró en ese instante en el coche patrulla, logrando que el pelirrojo diese un bote sobre el asiento y sus pensamientos se esfumasen de golpe a porrazo.
—Esta mañana leí que encontraron en china un híbrido de cocodrilo y tortuga. Es impresionante la foto que publicaban en el editorial—Luna metió la mano en el bolsillo de su camisa y extrajo un trozo de papel bien doblado—mira, aquí lo llevo. Quiero que lo lea mi padre, le va a encantar. Él siempre dice que aun hay especies animales que desconocemos y que son asombrosas.
Ron la miró fijamente y luego pestañeó un par de veces para dar crédito a lo que estaba escuchando. Debía estar acostumbrado, Luna era buena chica, pero en ocasiones dudaba de su cordura. Tenía una fijación extraña con encontrar animales desconocidos, sin duda su padre la había estado influenciando desde niña. El señor Lovegood siempre había tenido fama de tipo extravagante en el barrio, pero todos sus vecinos lo soportaban porque era una buena persona y se habían acostumbrado a sus desvaríos, oyéndolo como si creyesen todo aquello que les contaban cuando se detenía con ellos en la calle.
—¿Qué nombre le pondrán?—Luna continuaba ensimismada en sus pensamientos—. Tal vez, Tordrilo, o Cocotuga. Es muy interesante, ¿no crees Ron?
—Interesantísimo.
Había asimilado en todo aquel tiempo que llevaba siendo su pareja de patrulla, que intentar convencer a Luna Lovegood de que ciertas cosas no existían, y nunca existirían, era una perdida de tiempo. Así que se limitaba a escucharla y a asentir en todo aquello que le dijese, tal y como los vecinos del barrio del padre de la joven hacían cada día. El monólogo sobre el extraño animal de Luna duró mas de lo que la paciencia de Ron podía soportar, pero aun así el pelirrojo aguantó estoicamente toda la sarta de incongruencias que su entusiasmada compañera era capaz de decir sin inmutarse ni siquiera un poco. Llegó un momento en que los oídos de Ron parecieron taponarse automáticamente. Había aprendido a dejar la mente en blanco y mover solo los músculos de su cuello para asentir de vez en cuando simulando que la escuchaba. Porque en realidad, la mente de Ron se hallaba a muchos metros de Luna y su cocodrilo-tortuga; se encontraba en algún lugar de la calle, junto a Hermione, mirando sus castaños ojos y rompiendo ante ella en mil pedazos el papel de la sanción que debía imponerle. Convirtiéndose en su héroe del día al librarla de tener que desembolsar una mas que significativa suma de dinero. Ella lo miraba con admiración, y él se hinchaba como un globo bajo el uniforme de policía. Por eso no oyó cuando Luna lo llamó, una vez, ni dos, ni tres veces; él continuaba endiosado con Hermione postrada a sus pies. Sonreía mostrando una mueca extraña y exultante en su rostro. Luna tuvo que tirarle de la manga de la camisa para que por fin le hiciese caso. Ron sacudió la cabeza enérgicamente. Hermione y su semblante de devoción hacia él desaparecieron por arte de magia.
—¡¿Qué quieres Luna?!—exclamó molesto con la joven por haberlo despertado de su sueño de grandeza.
—Esa chica lleva un rato saludándote con la mano—contestó la muchacha rubia mientras señalaba con un dedo a través de la luna delantera del coche patrulla.
Hermione había regresado junto al coche rojo fuego y efectivamente le hacía gestos con la mano. Ron dejó su bocadillo a un lado una vez más y sacudió de su uniforme las miguitas de pan que habían caído con cada mordisco. Salió del vehículo, carraspeó un poco para calmar su tensión y comenzó a caminar hacia ella, sin prisa, dándose la importancia que requería.
—¿Has llegado a tiempo para entregar lo que deseabas?
—Sí Ron, siento haber pasado por alto tu autoridad pero si no lo hacía, no habría llegado a tiempo, y no imaginas lo importante que era que esos documentos llegasen a su destinatario hoy mismo—explicó Hermione mientras soltaba el bolso y la carpeta que llevaba en las manos dentro de su coche.
El pelirrojo se quedó en silencio. No quería multarla, se resistía a hacer algo tan desagradable. Pero sabía que Luna los observaba desde el coche patrulla y sería demasiado descarado pasar la falta de Hermione por alto. Así que muy a su pesar, sacó su libreta de formularios del bolsillo de su camisa y dijo con voz queda.
—Me temo que debo tomarte algunos datos, Hermione.
—Por supuesto Ron, estoy dispuesta a colaborar. No quiero que por mi culpa tengas problemas.
Bolígrafo en mano, el joven comenzó el interrogatorio.
—¿La documentación del vehículo, por favor?
—Aquí está—dijo Hermione sacándola rápidamente de la guantera del coche.
—Gracias. Sigamos… ¿Nombre completo?
—Hermione Jean Granger.
—¿Edad?
—Veintitrés años…
—Desapareciste… ¿Dónde te metiste todos estos años?—Ron no pudo aguantarse la pregunta.
Hermione hizo una mueca de desconcierto y luego añadió.
—¿Eso está en el formulario?
—No, es curiosidad mía, pero no contestes si no quier…
—Australia. Mis padres se mudaron allí por cuestiones profesionales. Al principio iba a quedarme en Londres, pero los echaba de menos y terminé yéndome con ellos unos meses después. He regresado porque añoraba esta ciudad, y lo que dejé en ella.
Ron advirtió como la joven se sonrojaba un poco, pero trató de no perder la compostura que le daba ser un miembro de la autoridad, y después de aclararse la garganta continuó con el cuestionario oficial.
—¿Un domicilio actual? Por favor.
—124 de Wigmore St, Paddington, es el apartamento de mis padres.
—Muy bien… ¿estado civil?
Ron dejó de escribir y clavó su mirada en ella. El corazón se le había subido a la garganta, únicamente deseaba escuchar una respuesta.
—Soltera.
Se le escapó una sonrisa de alivio antes de escribir la respuesta de Hermione sobre su cuestionario.
—¿Y tú? ¿Aun sigues libre?
Ahora era ella quien fijaba sus castaños ojos en él y su rostro parecía tenso a espera de la respuesta del joven.
—Como un pájaro—respondió Ron, para luego añadir con una media sonrisa al notar que semblante de Hermione se relajaba—, pero soy yo quien hace las preguntas.
La muchacha asintió conforme se mordía el labio para disimular lo agradable que había sido escuchar la respuesta de Ron.
—Y por último necesito un numero de teléfono con el que pueda, quiero decir… podamos contactar contigo.
—44... 50… 19… 98.
Ron apuntó todos los dígitos que Hermione iba recitándole con lentitud y luego arrancó una hoja del formulario y se la entregó.
—Ésta es tu copia, no la pierdas.
—No lo haré.
Ambos se quedaron callados durante unos segundos, esperando a que el otro dijese algo que no diese por terminado aquel encuentro. Pero ninguno de los dos se atrevió a nada, hasta que el claxon del coche patrulla donde se encontraba Luna los hizo reaccionar. Ron miró contrariado hacia su compañera y vio como ésta se encontraba fuera del vehículo con los brazos apoyados en la puerta.
—Nos trasladan Ron, vamos.
El pelirrojo asintió débilmente y mirando hacia el suelo se giró nuevamente hacia Hermione.
—Fue un placer encontrarme contigo Ron, a pesar de la multa—dijo dulcemente la joven al ver que él aun continuaba sin decir ni palabra.
Ron sonrió bobamente y luego añadió.
—Para mí también… Supongo que nos volveremos a ver algún otro día.
—Eso espero.
La última frase de Hermione consiguió que la sonrisa de Ron aumentase en sus labios. No quería dejarla ir; una cita, tenía que pedirle una cita, parecía que entre ellos había muchas cosas que contar, pero el sonido del claxon de Luna apartó de la mente de Ron el impulso de pedirle a Hermione que cenase con él aquella noche.
—¡Vamos! ¡Despídete Ron!
El pelirrojo refunfuñó y blasfemó algo por lo bajo, algo que ni siquiera Hermione fue capaz de entender.
—Tengo que marcharme.
—Buena suerte Ron.
Hermione le sonrió, se acercó a él y le dio un suave beso en la mejilla que dejó aun mas atontado a Ron y luego se metió en su coche rojo fuego desapareciendo ante la mirada confusa del muchacho, que vio como ella se marchaba sin impedírselo, sin concretar nada; se marchaba una vez mas. Apretó con rabia los labios tensando la mandíbula y entró en el coche patrulla dando un sonoro portazo, se arrebujó en el asiento, agarró el cinturón de seguridad y quiso meter la clavija en su lugar correspondiente pero el atontamiento por el beso de Hermione y el enfado por tener que marcharse de allí en un momento tan inoportuno, lograban que no atinase con la ranura. Luna lo observaba callada y estupefacta hasta que finalmente estalló.
—No le has pedido una cita ¿verdad Ron?—el pelirrojo la miró con rabia, justo después de aclararse con la maldita ranura del cinturón—. No te preocupes chico, tienes su teléfono. Llámala.
El semblante del pelirrojo se suavizó un poco y nervioso buscó la hojita del formulario de Hermione y sonrió. Luna tenía razón, la tenía localizada, ya no tenia porqué esperar que el azar los volviese a juntar algún día de algún año desconocido. La llamaría, lo haría nada mas llegar a casa. En la radio volvió a escucharse el llamamiento que les hacían desde la comisaría, y en menos de un segundo y con el ánimo en las nubes, Ron abandonó junto a su compañera la calle que había conseguido hacer de él un hombre muy, pero que muy feliz.
Sobre las siete de la tarde, Ron llegó a casa. Se había duchado en las dependencias de la comisaría, por ello entró en el apartamento que compartía con Harry con único propósito; llamar a Hermione a la menor brevedad posible. Pero el lugar no estaba solo, y dos personas que retozaban en el sofá del saloncito se pusieron rectos como palos de escoba nada mas verlo entrar por la puerta principal. Ron entrecerró un ojo mirando con el que aun continuaba completamente abierto a la pareja que sonreía, algo despeinada, en el sofá.
—Delante de mí no, ya lo sabéis.
—Oh vamos hermanito… tarde o temprano tendrás que acostumbrarte—Ginny, la hermana pequeña de Ron se levantó colocándose a la vez bien la camiseta y con ello, logrando que Ron entrecerrase también el otro ojo. Le dio unos golpecitos en su roja cabeza con suavidad mientras añadía—. Métete esto en esa cosa dura y vacía que tienes sobre el cuello, Harry y yo somos novios y nos amamos, y hacemos cosas que las personas que se quieren hacen… te guste o no. Además ya nos íbamos, solo entrábamos en calor, ¿verdad Harry?
El joven de cabello azabache solo emitió una sonrisa forzada a modo de asentimiento, y poniendo derecha sus gafas torcidas, se levantó y pasó por delante de su amigo rápidamente, manteniendo la distancia de seguridad oportuna al percibir como éste le lanzaba cuchillos con la mirada. Ginny agarró a su novio de la mano, y tras besar a su hermano en la mejilla, se marcharon juntos. Ron volvía a estar de mal humor. No le gustaba ver situaciones embarazosas entre su hermana pequeña y su mejor amigo, aun no se acostumbraba y por más que Ginny dijese lo que dijese, él no se iba a acostumbrar nunca. Pero eso no era lo que mas alteraba al pelirrojo aquella tarde. En realidad era la llamada que aun no había hecho a Hermione lo que lo mantenía en ese estado de nervios. Se había propuesto hacerlo, y lo iba a hacer, pero la buenísima idea que creyó que sería cuando Luna se lo propuso, ya no le parecía tan buena, y el valor que pensaba que tendría para llevarla a cabo se había esfumado durante el resto del día cada vez que pensaba que Hermione podría rechazarlo. Por ello se sentó en el sofá, delante justo del teléfono, con el número y la dirección de la muchacha en una de sus manos.
—¡Diablos!
Era incapaz de llevar sus dedos hacia el marcador del teléfono. Le invadía el pánico, estaba seguro que ella lo iba a rechazar…
—¡Mierda!
Pero no podía dejar escapar esa oportunidad de saber al fin si ella aun lo consideraba interesante; porque si así era, a Ron no le cabía duda que para él Hermione era mucho más que eso.
—¡Joder! ¡Maldita sea!
Luchaba contra sí mismo, contra su inseguridad. Así que finalmente hinchó de aire su pecho, logrando que la camiseta le quedase muy ajustada, y luego lo soltó lentamente cerrando los ojos y susurrando para sus adentros.
—Puedes hacerlo… saldrá bien, no tienes nada que perder, saldrá bien…
Y aun no había soltado todo el aire cuando sus dedos marcaban con rapidez el número de Hermione. Con el corazón desbocado y la mente completamente en blanco se dispuso a oír los tonos…
Un tono…
Y si ella descolgaba ahora, ¿Qué le diría?
Dos tonos…
Volvió a entrarle el pánico, iba a colgar, iba a hacerlo…
Tres tonos…
No lo soportaba, notaba los latidos en su garganta…, nadie descolgaba, tal vez ella no estaba en su casa, tal vez era lo mejor…
Cuatro tonos…
“Hola, seas quien seas, siento decirte que en este momento no me encuentro en casa, así que si lo que vas a decirme crees que puede interesarme pues dilo y si no, espera a que regrese, y vuelve a llamar.”Ron arrugó el entrecejo, Hermione no estaba. Tanto sufrimiento para nada. Se desinfló como un globo. Pero sin embargo se sintió aliviado, la voz de Hermione había dicho
“si lo que vas a decirme crees que puede interesarme pues dilo…” No estaba seguro si le parecería interesante, pero ya que había descolgado, marcado su numero de teléfono y aguantado los latidos de su corazón golpear contra su yugular mientras escuchaba los tonos, ya que había pasado por todo eso, ahora únicamente le quedaba continuar. Y así lo hizo…
Había escuchado como llamaban al teléfono mientras se colocaba la toalla sobre su cuerpo mojado. Pero el contestador había sido mas rápido y respondió por ella. La voz de la persona que llamaba consiguió que corriese hacia el teléfono envuelta en una toalla y con el cabello revuelto y húmedo.
“No estás en casa, creo que así es mejor. Soy Ron, el idiota que te sancionó esta mañana… Tenía tu número y no pude resistirme…”Hermione se sentó sobre el butacón, quiso descolgar pero se aguantó las ganas, porque Ron parecía dispuesto a hablar y si ella le respondía tal vez volvería a quedarse sin palabras como en su último encuentro. Así que volcó toda su atención y sus expectativas en la voz que se escuchaba al otro lado.
Ron se había quedado en silencio, una vez más. Hermione dejó de respirar por un instante, pero él prosiguió y ella suspiró.
“¡Que estupidez! Llevo toda la tarde ensayando que diablos voy a decirte y ahora no me salen las palabras. No sirvo para adornar frases, así que en realidad cuando oigas este mensaje lo único que deseo que sepas es que… ¡joder!... me gustas, mucho y quisiera volver a verte, pronto…”Hermione dio un bote en el sofá y se puso de rodillas en el suelo para quedar a nivel de la mesilla donde se encontraba el teléfono. Ron se había lanzado y ella deseaba escucharlo, con o sin frases adornadas.
“… pero me temo que será otro día porque hoy no estás… ¡Mierda! Con lo que me ha costado marcar tu número. Soy un cobarde y me da miedo tu reacción… No sé si tendré el valor suficiente de volver a llamarte si tú no lo haces primero… ¡Diablos! Mejor cuelgo ya…”—No, no lo hagas—Hermione había descolgado el auricular.
Ron se quedó petrificado al otro lado, eso sí que lo había pillado desprevenido.
—¿Sigues ahí? ¡Maldita sea! ¿Has colgado Ron?
—No.
Hermione lanzó un suspiro de alivio.
—Menos mal…
—¿Lo has oído todo?
—Sí.
—¿Todo, todo?
—Sí Ron, desde el principio.
—Vaya, lo siento. Es horrible, discúlpame si te pongo en un situación difícil, acabo de darme cuenta que te he dicho lo que sentía sin saber si tenías novio o no. Porque estar soltera no significa que tu corazón no esté ocupado ya.
—¡Oh cielos! ¿Por qué eres tan encantador? No, nadie vive en mi corazón, pero sí hay alguien que está ocupándolo poco a poco.
Hermione oyó como Ron refunfuñaba algo por lo bajo que no pudo descifrar.
—Entonces esta llamada es una perdida de tiempo, olvídala.
—No, no lo es…, no lo entiendes, tú eres el okupa.
Ron estaba desconcertado y exultante al mismo tiempo. La frase de Hermione había disipado en él todas las dudas que le impedían hacer lo que deseaba con aquella llamada. El valor regresó de repente, y con él una pregunta.
—¿Quieres cenar conmigo esta noche?
—Por supuesto que sí—fue rotunda, para qué ocultarlo.
Y ya no hubo necesidad de decir nada mas. Una hora mas tarde, Ron esperaba a Hermione dentro de su coche frente a la puerta del apartamento de la joven. Nada mas verla acercarse a él, salió como un cometa del coche.
—¡Vaya! Estás… increíble—exclamó él, Hermione se sonrojó—. No sabía que te pondrías tan elegante.
Ron se miró su atuendo, consistente en una simple camiseta con extraños dibujos y unos tejanos aparentemente nuevos, pero gastados, intuyendo que había metido la pata una vez mas. Hermione sonrió al ver como el joven se desanimaba.
—Me gusta tu ropa Ron, tú también estás increíble.
El pelirrojo recuperó el ánimo y sonrió mientras le abría la puerta caballerosamente del coche y se pusieron en camino.
Cuando Hermione vio el lugar donde Ron la llevó para su cita, pudo comprobar que no se había equivocado en sus predicciones. Cierto era que apenas se habían visto unas cuantas veces en la vida, pero en la mayoría de ellas siempre había un elemento que los acompañaba: la comida. Y esta vez no iba a ser una excepción. Ron era un tipo de buen comer y por eso Hermione no se sorprendió cuando en vez de a un elegante restaurante, el pelirrojo la llevó a una cantina donde se servían comidas caseras. Y de ahí que ni siquiera se hubiese planteado la necesidad de ir mas elegante escogiendo simplemente aquella camiseta y sus eternos pantalones tejanos.
Era un lugar acogedor, la gente hablaba alto y pedía la comida a voces. Los camareros trataban a los clientes con familiaridad. Era un ambiente distendido en el que la muchacha pronto se acostumbró a estar. Ron pidió la especialidad de la casa y lo hizo para él y para ella, argumentándole que no se iba a arrepentir. Hermione se dejó llevar, lo veía disfrutar y era la primera vez que contemplaba el rostro de Ron sin que éste mostrarse enojo o resentimiento. El chico estaba en su salsa y eso se notaba. La comida llegó pronto, y entre bocado y bocado comenzaron las confidencias. Ron le confesó que después de la fiesta de Hannah la buscó pero que fue en vano, le habló de su frustración como agente de policía porque no le asignaban casos, y de que nunca había tenido una relación seria con ninguna chica. Hermione por su parte le relató que decidió estudiar finalmente en Australia porque se sentía un poco sola en Londres desde la partida de sus padres, y también admitió que ella no había tenido nada serio con nadie al igual que él. Las palabras surgían solas, las confesiones eran fáciles de hacer cuando se miraban a los ojos. Y de esa forma llegaron al postre, finalizando así su primera cena juntos.
Hermione decidió que le apetecía caminar hasta su apartamento, y por esa razón paseaban por las calles, a veces comentando algo, otras en silencio. Ron deseaba agarrarla de la mano, sentía la necesidad de caminar así con ella, manteniendo ese simple contacto. Pero no se atrevía a hacerlo, y se reprimía las ganas. Pero Hermione fue mas decidida y en un descuido del pelirrojo unió su mano a la de él, sin aparente importancia continuó caminando, dejando al muchacho gratamente sorprendido.
Tardaron un poco mas en llegar al apartamento de Hermione porque decidieron tomar el camino mas largo para disfrutar de la espléndida noche que el destino les había regalado. Pero como todo tiene un fin, el trayecto no fue una excepción.
—Hemos llegado—dijo Hermione deteniéndose frente a la puerta de su domicilio sin soltar la mano de Ron.
—Eso parece.
—Es tarde, casi son las once de la noche—certificó ella echándole una ojeada a su reloj de pulsera.
—Mañana hay que madrugar, es día laborable.
Hermione sonrió. Deseaba que Ron subiese, pero era la primera cita. Él le gustaba mucho y quería llevar las cosas con calma, sin prisas
“No te precipites Hermione, las prisas no son buenas y hay que disfrutar de los momentos” se decía para autoconvencerse. Por esa razón reprimió sus ganas de invitarle a subir y soltó con suavidad su mano de la de él.
Ron por su parte tenía la plena certeza de que ella no le invitaría a subir, pero como todo hombre con instintos, albergaba la posibilidad de equivocarse. De todas formas eso no era esencial, no aun. Era bonito conocerse, sentirse emocionado cuando ella lo agarró de la mano sin esperarlo. Pasar por eso, disfrutar el primer beso, las primeras caricias… había tiempo para todo, para todo.
—Será mejor que me marche…, tengo que parar a un taxi para recoger el coche que dejé en la cantina ¿Puedo llamarte mañana?
—Me harías una mujer muy infeliz si no lo hicieses—admitió ella con un brillo especial en la mirada.
Ron se acercó lentamente con intención de besarla a modo de despedida. Ella notó como se le aceleraba el corazón, pensando que la besaría en los labios pero sin embargo, él solo posó sus labios sobre la piel de su mejilla.
—Entonces hasta mañana.
—Hasta mañana, Ron—dijo con decepción.
El joven la miró una vez mas, y luego se dio la vuelta alejándose de ella despacio, con las manos en los bolsillos traseros de su pantalón y arrastrando los pies. Hermione se sintió vacía, percibió que a aquella cita de ensueño le faltaba algo. Algo importante. El beso de Ron no había sido como debería ser, como ella deseaba que fuese. Él era tan indeciso, le costaba tanto dar el paso definitivo. El paso que le demostrase que su relación comenzaba a ser eso, una relación. Por ello cuando vio que la figura de Ron se alejaba ahora con mas rapidez, gritó.
—¡Ron! ¡Espera!
El pelirrojo se giró de inmediato al oír su voz y pudo ver como le joven corría hacia él plantándosele delante con los ojos muy abiertos.
—¡Eres un idiota!
—¡¿Qué?!—Ron no daba crédito al cambio de aptitud de la muchacha.
—¿Por qué no lo has hecho? ¿Por qué no me has besado como debías hacerlo?
Estaba confuso, no sabía que responderle. Y por ello continuó en silencio mientras ella seguía con su retahíla de reproches.
—¿Por qué siempre tengo que ser yo quien de el primer paso? Has estado a punto de rendirte cuando me llamaste por teléfono y ni siquiera has sido capaz de tomar mi mano por el camino. ¡Por el amor de Dios Ron, mi padre me besa en la mejilla!... Tú, no… Tú debes…
Pero no terminó la frase porque de repente algo selló su boca y ese algo eran los labios de Ron. Apenas se dio cuenta de lo que sucedía, Hermione sucumbió rápidamente a ese beso. Al fin, una señal le diese a entender que podía llegar a sacar algo positivo de todo aquello. Y fue maravilloso, porque aquellos labios húmedos y cálidos del joven le hicieron sentir mucho mas de lo que esperaba. Sintió que con cada movimiento en su boca, la piel se le erizaba. Que las manos de Ron en su cintura y detrás de su nuca la aprisionaban con fuerza y la hacían estremecerse de pies a cabeza. Era como flotar, como alcanzar la luna redonda y blanca que daba luz a sus cabezas unidas. Lentamente los labios del joven se detuvieron y sin separarlos de los de ella, cesó el beso mientras decía.
—Yo no soy tu padre.
Hermione cerró los ojos y sonrió. Luego se elevó sobre las puntas de sus pies y lo volvió a besar pero esta vez fue corto, ahora sí, a modo de despedida.
—Nos vemos mañana, Ron.
Ahora fue ella quien se alejó lentamente, y antes de entrar en el portal, lo miró una vez mas y desapareció.
Ron se pasó los dedos por los labios y suspiró. Fue entonces cuando comprendió que ya no había nadie mas a quien desease besar que no fuese Hermione y entendió que era su sonrisa la que debía iluminar sus días mas grises; fue ese el día, en que Ron se dio cuenta que Hermione, debía ser ella…
Deseo de corazón que os haya gustado...
Besos...
María.