Aki tengo otro capitulo....
Espero que lo lean x q está muy weno.... me decepcionaría mucho
si nadie posteara.... Bueno, supongo que todos los fic comienzan asi...
Pero no pierdo la esperanza....
Este el el siguiente cap... envidien a Herms jajajaja
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Capítulo 2: El Cementerio, el Lago y la Deuda
A eso de las cinco treinta de la tarde Harry, Ron, Hermione, Ginny, la Señora Weasley, Fred y George estaban parados en la cocina aguardando las instrucciones de Molly.
-Saldremos en cinco minutos –afirmó-. Hay un traslador a un kilómetro de aquí que sale a las seis menos cinco. Saben muy bien que no podemos aparecernos, ya que sería una falta de respeto y Harry aún no puede –el mencionado bajó la mirada desilusionado-. Tampoco podemos viajar con polvos flu, ya que la chimenea más próxima se encuentra a cinco kilómetros. La única opción que nos queda es esta. Por lo menos al ministerio le están surgiendo ideas; es de ellos el servicio de los trasladores.
Todos lo presentes se miraron impacientes. El corazón de Hermione latía con fuerza y nerviosismo. Ahora sólo esperaba las instrucciones de la Señora Weasley.
-Bueno, vamos ya –dijo Molly con energía-, es imposible que nos retrasemos más.
Salieron de la casa y caminaron hacia un cerro que se divisaba desde La Madriguera. Allí se encontraron con una botella de cerveza vacía, la cuál Fred tomó por un extremo y llevó a los demás.
-Creo que es este –dijo él, mirando a su madre-, ¿deberíamos esperar a alguien más?
-Me parece que no –dijo Molly-, Arthur ya debe estar allá… aunque en lugar de estar apoyando a Draco debe estar maldiciendo al resto de los Malfoy… ¡Ah! –gritó mirando un relij de pulsera-, creo que sale en diez segundos.
Hermione miró el traslador. El dedo que tenía puesto sobre él se había adherido para siempre en él. No se podía mover y se sentía estrangular, girando en un torbellino de luces y colores…
Tocó por fin tierra firme un poco mareada y se tambaleó un poco pero sin caer al suelo. Los demás estaban con ella y atravesaron lo que parecía un pequeño bosque. Luego de cinco minutos salieron de él para ver el espectáculo más majestuoso y más triste que había presenciado. Todo era blanco y se encontraban frente a un cementerio cubierto totalmente por rosas blancas. Llegaron hasta el lugar en donde enterrarían a la Madre de Malfoy. Se podía apreciar una gran cantidad de blancas y relucientes sillas cerca del sepulcro.
Hermione se acercó un poco más y pudo ver a Malfoy entre un gran grupo de gente. Llevaba gafas negras y una gran túnica negra que cubría todo su cuerpo. El aspecto enrojecido de sus mejillas eran vestigios de las lágrimas que las gafas no habían logrado disimular. Su corazón temblaba… ¿Era posible que sintiera tanta lástima por su peor enemigo? No pudo contener una traviesa lágrima que atravesó sus ojos sin permiso. Ron, que iba a su lado, se percató y se acercó a ella para abrazarla por los hombros. Ella agradeció el gesto con una sonrisa sencilla y se volvieron para sentarse en una de las sillas de más atrás.
Empezaba la ceremonia. Como era costumbre dentro de los funerales mágicos un hombre vestido de negro en señal de compartir el sufrimiento de la familia se paró a delante para iniciar un discurso.
Hermione no quería escuchar. Miraba el cielo. Un celeste intenso le devolvía la mirada. No había nubes. Miró luego al frente cuando el hombre comenzaba su discurso. Se sentía mal. Tenía el pecho apretado y no tenía idea del porqué. Deseando que nadie la viera irse salió despreocupadamente dejando solo a Ron que le preguntó:
-¿Dónde vas, Herms?
-Ehh… voy a ver si encuentro un baño –susurró como una excusa que el pelirrojo pareció entender, ya que se volvió murmurando algo que sonó como a “Típico”.
Ella no le hizo caso y comenzó a caminar hacia el bosque por el cuál habían venido. Se adentró de a poco en él, y cuando hubo pasado unos cinco metros escuchó un sonido de agua que antes no había oído. Seguramente hay un río cerca, pensó. Caminó con rapidez hacia la fuente danzarina del sonido y se encontró con un hermoso lago que regular tamaño. Estaba justo en un claro del bosque. La luz ingresaba en él tan naturalmente que parecía un sueño. Tampoco se escuchaban las voces provenientes del funeral, lo cuál Hermione pensó que se había alejado demasiado de allí; pero no le importó, nadie le iba a negar un momento a solas con su mente.
Avanzó un poco más hacia el claro y vio una gran roca junto al lago y se sentó en ella mirando un punto fijo sin saber qué pensar. De verdad que sentía mucha lástima por Draco, pero no podía contarles esto a Harry y Ron; se reirían de ella. Pero tampoco quería tener el sentimiento ageno de compartir una pena con la persona a la que había odiado por casi seis años… No, no podía. Era como si alguien estuviera introduciendo pensamientos que no eran suyos y cargar con ese peso era algo intolerable e inexplicable.
Absorta en esos pensamientos alzó la vista más allá del lago. Entornó un poco los ojos para ver un pequeño objeto brillar a unos tres metros de ella. Ladeó la cabeza en señal de querer entender y no poder. Invadida por la curiosidad se puso de pie para ver mejor el objeto. Era muy pequeño, más o menos un centímetro… parecía un pequeño anillo de material desconocido y de origen del mismo. Estaba enganchado en una ramita sobresaliente de alguna planta submarina. Se preguntaba como no lo había visto antes, ya que brillaba con mucha intensidad; quizá tan entre sus pensamientos lo había pasado por alto. Decidida a saciar su curiosidad sacó la varita del bolsillo de la túnica.
-Accio, anillo
Pero nada ocurrió. Bajó esta vez la varita desconcertada. Era muy difícil que alguien haya puesto un maleficio en el anillo como para no poder atraerlo con un encantamiento convocador, pensó, pero a la vez era un objeto a la simple vista muy valioso como para que cualquiera lo poseyera. Se volvió a sentar pensando en cómo poder sacarlo hasta que vio cerca de ella un gancho largo que se debió de haber caído de un árbol cercano. Fue y lo tomó con precaución, se acercó a la roca en la que había estado anteriormente y se puso de rodillas. Se arremangó la túnica en los brazos para no mojarse y estiró el brazo hacia donde estaba el anillo. Con esfuerzo estiraba la rama para alcanzarlo, pero era inútil; sus brazos o la rama no eran lo suficientemente largos… pero sólo faltaba un centímetro… nada más… se estiró tanto que no se dio cuenta de que la roca no era lo suficientemente grande y calló con estrépito al lago. El agua helada baño su cuerpo y se desesperó; sabía nadar, pero había algo en el agua que la tiraba hacia el fondo. Se hundía de a poco pensando en porqué no le habría dicho a Ron dónde estaría o porqué diablos se le había ocurrido la absurda idea de alcanzar ese objeto. Se hundió su cabeza y aguantó lo que más pudo la respiración. Lo único que alcanzó a hacer fue levantar un brazo para poder asirse de algo… cualquier cosa… ¿moriría? Se preguntaba… era cómico y a la vez trágico pensar que una bruja había muerto ahogada… habría sido muy poco digno… o una muerte lenta. Asio el otro brazo por última vez a la superficie de forma desesperada, pero esta vez algo o alguien la agarró firmemente. Logró salir del agua, pero tenía tanto miedo que no podía abrir los ojos. E inmediatamente pensó en voz alta:
-Gracias, Ron.
Esperó una respuesta de parte de su salvador que jadeaba a su lado, pero con menos intensidad. Luego de unos segundos la figura dijo:
-¿Ron? ¿me confundes con tu noviecito?
Definitivamente no había sido la voz de Ron la que había respondido. Hermione se sobresaltó. Esa voz era conocida, pero peculiarmente áspera e insoportablemente inesperada. Abrió los ojos. Aún con ellos nublados por el agua pudo ver la delgada figura de Draco Malfoy sentado a su lado, empapado y curiosamente no llevaba la larga capa negra, sino que traía sólo un pantalón negro y su torso descubierto era perfecto; brillaba al solo por su blanca piel.
Hermione lo miró a los ojos y no pudo evitar hacerlo de manera desafiante. Pero él, aun cansado esbozó una pícara sonrisa.
-No te estoy confundiendo con nadie –aulló Hermione, un tanto humillada y vergonzosa-, solo…
-No importa. Nadie espera que yo ayude a una impura como tú –dijo Malfoy, pero estaba tranquilo, Hermione pensó que no estaba en condiciones de insultar a nadie-. Sólo escuché a alguien ahogándose, ni siquiera sabía de quién se trataba…
- Ahh… Gracias –Hermione jamás pensó que aquella palabra saldría de su boca hacia Malfoy. En parte se sentía tonta por haberse ahogado por culpa de un estúpido anillo y luego sentirse más avergonzada porque la había rescatado su peor enemigo-… de verdad…
-¡Valla, valla! –se burló Draco-, ¡Granger dándole las gracias a Draco Malfoy! Esto es raro…
-… -sólo pensaba en lo tristes y atractivos que se veían los ojos de Draco… ¡qué estaba pensando! Creia que el agua le había atrofiado el cerebro.
-Me odias, Granger.
Ahora si que no sabía que iba a responer. Era extraño, por alguna razón desconocida no sentía aquella repulsión hacia él como había esperado. Definitivamente no lo odiaba. Era absurdo odiar a alguien y sentir compasión por él, sentir lo que sentía, ponerse en su lugar, estar raramente en su piel sin siquiera conocerlo… y pensaba, ahora que hablaba con él, que nunca había conocido a Draco Malfoy.
-No… no te odio –dijo ella por fin.
Malfoy la miró con curiosidad y sus hermosos ojos grises se dirigieron fijamente a los suyos castaños. En ese momento Hermione se sintió atravesada por rayos x. Quizá nunca se había dado cuenta de lo guapo que era; los sentimientos de odio hacia él nunca habían dejado ver lo bello y atractivo de su cuerpo… ahora viendo su torso desnudo…
-¿No me odias? –preguntó él sarcásticamente-. Lo siento, creo que no debí haberte salvado… ha sido culpa mía, no… el honor de mi madre… -hablaba para sí mismo. En ese instante se levantó del suelo para recoger su túnica-. Adiós, Granger.
Comenzaba a caminar hacia la entrada del bosque cuando una desesperada castaña se puso de pie y corrió hacia él. Lo detuvo agarrándolo suavemente del brazo.
-No te vallas –dijo ella en un susurro apenas audible-, por favor.
Draco la miró extrañada, pero aún así se volvió hacia ella.
-No sé como has llegado ni porqué al funeral de mi madre, pero no permitiré que nadie se ría de ella –parecía paranoico y asustado de algo que la castaña desconocía. Ella le soltó el brazo, pero él no se marchó. La miraba fijamente con esos ojos que la hipnotizaban de tan extraña manera-. No se que me pasa a mí ni porqué hago lo que estoy haciendo… es que… nunca te había conocido de verdad, Granger…
Ella vaciló antes de responder… Un impulso extraño casi la hace abalanzarse sobre él y abrazarlo… pero guardó la compostura, recordando que tenía a su lado a un Malfoy.
-Creo que esta ha sido la única conversación sin insultos que hemos tenido -dijo ella con una tímida sonrisa-, pero… de verdad, creo que yo tampoco te conocía... gracias por salvarme la vida, de verdad... te debo una.
Ambos se miraron fijamente unos segundos. Y Draco por fin sonrió, pero era una sonrisa alegre… él pensaba que había sido ella la única persona que lo había hecho sonreír desde que su madre falleció. Eso la había hecho especial para él… ¡pero como podía decir eso! ¡Era Granger, la Sangre sucia! Era algo imposible… pero había sido tan amable, tan sincera, tan… simplemente se sentía a gusto y eso no era bueno para él.
De la nada Draco sintió un extraño impulso, se acercó lentamente a ella, le tomó una mano y su rostro estaba muy cerca del de ella. Hermione su corazón latiéndole con fuerza. Pensaba que esto no podía estar pasando… tenía que ser un mal sueño… no… estaba muerta… y esto tenía que ser el infierno… Pero cuando los labios de Draco rozaron los de ella ya no era el infierno: era el cielo…
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jajajajajaja los deje con la intriga!!!!
mañana subo otro cap.... bye... ♣