Este fic empecé a escribirlo hace un tiempo, pero no me he animado a empezar a publicarlo hasta ahora.
Disclaimer: Muchos de los personajes y lugares pertenecen a J.K.Rowling (existen excepciones).
Prólogo – Año 1987
- Devuélvemelo. Es mío.
Evelyn rió con todas sus fuerzas.
- ¿Tuyo? Claro que es tuyo. Yo sólo lo he tomado prestado, tú me lo has dejado, ¿o no, Annabeth?
Annabeth se puso roja de furia.
- Yo no te he prestado nada. Tú me lo has quitado.
- Me parece que no sabes lo que dices, enana.
Un chico corpulento como un armario apareció como un rayo al lado de Evelyn, sonriendo de forma maliciosa.
- Sé muy bien lo que digo.
El chico cambió su escalofriante sonrisa por un gesto de ira.
- Se lo vas a dejar a mi hermana, ni una palabra más – mientras hablaba, Harvey hacía rechinar los dientes.
Evelyn abrió el libro de tapas antiguas y empezó a leer la primera página. A cada palabra que avanzaba en la lectura, más evidente se hacía en su cara la extrañeza. Su hermano leía lo mismo que ella por encima de su hombro.
-… “quidditch”… “bludger”… “muggles”… ¿Qué demonios…? – murmuraba Harvey.
- ¡Devuélvemelo!
Annabeth se abalanzó sobre Evelyn y agarró el libro. Las dos empezaron a forcejear por el libro.
- ¡Suéltalo! – gritaba Annabeth.
Evelyn, resistente a soltarlo, cada vez tiraba más. Las dos tropezaron con el bordillo de la acera y cayeron al suelo, aún enzarzadas en su lucha.
- ¡Suéltalo o te arrepentirás! – chilló Annabeth, sin darse cuenta de que se le caía algo del bolsillo, algo que Harvey vio y cogió del suelo.
- Deja en paz a mi hermana, niñata – Harvey blandió como una espada lo que había recogido del suelo, algo alargado y de madera oscura. Mientras las dos chicas seguían forcejeando sin pausa, Harvey se fijó más detalladamente en lo que tenía en la mano -. Eres un bicho raro, muy raro. ¿Para qué demonios llevas encima un palo?
Annabeth soltó el libro y se giró hacia Harvey, aterrorizada, mirando lo que sostenía.
- No le dejo el libro, se lo regalo, pero devuélveme ahora mismo eso, por favor.
Durante unas milésimas de segundo, Harvey pareció extrañado por el interés de Annabeth en lo que acababa de caérsele del bolsillo, pero después pareció divertirse con el horror de Annabeth. Empezó a jugar con el extraño utensilio entre los dedos, contemplando como Annabeth se ponía cada vez más nerviosa.
- Te doy lo que quieras, pero devuélvemela.
- ¿Que te la devuelva? ¿Qué te devuelva el qué? ¿Qué se supone que es?
Annabeth empezó a temblar del nerviosismo.
- ¿Qué crees que estás haciendo?
Harvey, Annabeth y Evelyn se giraron hacia una de las casas de la solitaria y poco transitada calle. Una chica de larga melena pelirroja oscura y rizada les miraba con una nota de enfado. Dando grandes zancadas, se acercó a ellos.
- Devuélvesela ahora mismo a mi hermana, Harvey.
- ¿Y qué ocurriría si no lo hago? – Harvey se cruzó de brazos.
Ayla le miró con gran odio mientras cerraba los puños, clavándose las uñas en la piel de tanto que los apretaba de rabia.
- No te metas donde no te llaman, Prewett – Harvey sonreía con suficiencia.
- ¡Eres tú el que se mete donde no le llaman! – chilló Annabeth, abalanzándose sobre Harvey, pero el chico la esquivó -. Te crees mejor que nadie a pesar de…
Ayla giró la cabeza bruscamente hacia su hermana.
- ¡Cállate!
-… ser un muggle ignorante.
Harvey apuntó a Annabeth amenazadoramente con la varita, temblando de furia.
- ¡¿Cómo me has llamado?! ¡No te consiento que…!
Un destello de luz plateada les cegó. Ayla se agachó cubriéndose los ojos, sorprendida. Cuando apartó las manos de su cara, se quedó inmóvil al ver el panorama. Evelyn estaba boquiabierta sentada en el bordillo. Su hermano seguía de pie con la varita apuntando hacia Annabeth, quien yacía en el suelo, inerte, con el pelo sobre la cara.
Durante unos segundos, Ayla no se movió ni un milímetro, incapaz de creer lo que realmente estaba viendo. Se acercó corriendo a su hermana y se agachó.
- ¡Annabeth, levántate, por favor!
Ayla le retiró el pelo de la cara a su hermana y notó como se le helaba la sangre. La piel de Annabeth ya no mantenía su habitual color tostado, su pecho ya no subía y bajaba al compás de su respiración, sus ojos, siempre ventanas que mostraban sus sentimientos, ahora no transmitían nada.
Ayla notó como las lágrimas empezaban a aflorar de sus ojos.
- ¡¿Qué ha pasado aquí?!
Una chica morena acababa de llegar al lado de Harvey. Se tapó la boca con las manos al ver a Annabeth en el suelo.
- ¿Qué… qué ha… pasado?
Ayla levantó la cabeza sin ocultar sus lágrimas.
- ¡Tu novio la ha matado! ¡Eso pasa, Meredith! ¡Tu novio ha matado a Annabeth!
Ayla abrazó el cuerpo de Annabeth y siguió llorando contra su fría piel. En ese momento, empezaron a llegar algunos transeúntes, seguramente atraídos por el estruendo ocasionado por el inmenso destello plateado.
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- ¡¿Un accidente?! ¡Dices que ha sido un accidente!
Meredith bajó la mirada mientras Ayla se paseaba por la habitación.
- Él no quería matarla. Ni siquiera sabía qué era lo que sostenía entre las manos.
- ¡Algo sabría! ¡Un muggle no puede hacer ningún tipo de magia, ni siquiera con varita! ¡NO ES UN MUGGLE!
- Sus padres son muggles, pero él al parecer no – murmuró Meredith.
Ayla se giró hacia su hermana mayor.
- Él sabía que lo que tenía en las manos era una varita…
Meredith negó con la cabeza.
- Claro que no. No lo sabía hasta que el profesor Dumbledore se lo dijo ayer, después de...
Meredith no terminó la frase. Ayla se detuvo delante de la ventana. Todos los momentos que había vivido con su hermana Annabeth parecían ahora tan lejanos como las casas que había al otro lado del valle, a pesar de en realidad estar bastante cerca. Hacía sólo un día que Annabeth no respiraba, pero Ayla sentía como si hubiera pasado más tiempo de eso. No lograba recordar con mucha claridad los juegos y las conversaciones con Annabeth de dos días antes.
- Espero que no empieces a pensar que él tenía razón al odiar todo lo relativo a los muggles… - murmuró Meredith.
Ayla se giró hacia Meredith.
- No tenía razón; tiene razón. Nadie sabe con certeza que haya muerto.
Meredith meneó la cabeza.
- Desapareció hace seis años, derrotado por…
- ¡Derrotado por nadie! Él sigue vivo, estoy segura, y volverá para hacer justicia.
Meredith se quedó con la boca abierta.
- Siempre has dicho que te parecía injusto el trato que algunos magos le daban a los muggles simplemente por no pertenecer al mundo mágico.
- Ahora me doy cuenta de que estaba equivocada – dijo Ayla.
- ¡Claro que no estabas equivocada!
Ayla se acercó a Meredith y la zarandeó.
- ¡¿Qué no estaba equivocada?! ¡Meredith, baja de la escoba! ¡Tu novio, un asqueroso sangre sucia, ha matado a Annabeth, a tu hermana Annabeth, con una varita! ¡Y encima le defiendes diciendo que ha sido un accidente! ¿Es que acaso vas a perdonarle la muerte de tu hermana, de nuestra hermana?
Meredith guardó silencio. Ayla se apartó de ella.
- Sí, le vas a perdonar – murmuró Ayla -. Aunque no sé por qué me sorprendo. Desde que conociste a ese desgraciado de Harvey Hale, no has prestado la más mínima atención a Annabeth, lo único que te ha importado ha sido tu novio. No sé ni por qué durante un rato he podido creer que le ibas a dejar, que no le ibas a defender. Que te vaya muy bien con tu asqueroso sangre sucia, disfruta todo lo que puedas con él.
Meredith avanzó un paso hacia su hermana.
- ¿Eso es una amenaza?
Ayla sonrió.
- Yo más bien lo llamaría “consejo”.
Ayla fue hacia la puerta y atravesó el umbral.
¿Qué os ha parecido?
Besos
Laura
P.D.: Acabo de publicar el capítulo once de mi fic "¿Cinco merodeadores?" y el capítulo cinco de mi fic "Tiempo lleno de leyendas, ¿leyendas llenas de tiempo?" (cuyos links están en mi firma).


