por Aran. » Jue Feb 19, 2009 8:32 pm
Aquí vengo con un nuevo One. Me ha encantado escribirlo! espero que os guste tanto como a mi!
disfrutad!
disclaimer: los personajes son de Jotaká.
DEFINITIVAMENTE, SÍ
Definitivamente, sí. Estaba un poco bebida. ¿Si no cómo iba a estar hablando y riendo con Draco Malfoy? Eso sólo podía ser a causa de:
1-Los planetas se habían alineado después de trescientos cincuenta y siete años, haciendo que su influjo recayera en mí.
2-Estaba soñando una terrible pesadilla, de la cual me iba a despertar en breves.
3-Algún insensato había echado algo en mi champagne.
Me decanté por la tercera opción, sin duda.
Bebí un largo sorbo de mi rica bebida y presté atención a lo que el no tan joven rubio me decía. Algo de una semana de prácticas en no sé que departamento del Ministerio. Sonreí por cortesía y miré en derredor.
Harry estaba bailando con una pelirroja espectacular. Ginny, desde luego, se veía radiante. ¿Cómo no estarlo el día de tu boda? Bailaban un vals pegados el uno al otro, felices de que, por fin, pudieran estar juntos para siempre. Sonreí. ¡Cuánto me alegraba por ellos!
A Ron no le vi por ningún lado. Sonreí para adentro al comprender que, seguramente, estaría acechando alguna presa con la que satisfacerse esa noche. ¡Cómo había cambiado ese pelirrojo! Pasar de ser un vergonzoso y retraído para con las chicas a un extrovertido y mujeriego hombre de veintisiete años, no era fácil. Pero así es la vida. Es jugar dos años en la liga profesional de quidditch y que las chicas caigan a tus pies.
Hagrid, con una exuberante Madame Maxime como acompañante, bailaba al son del vals. Mirara por donde mirara veía parejas risueñas y soñadoras bailando.
Y yo... Yo me encontraba hablando con el mismísimo Draco Malfoy.
Y os preguntaréis: ¿Cómo ha ocurrido?
Pues bien...
**
-Estás realmente fantástica, Ginny –Elogié a mi amiga con sinceridad. Se veía espectacular. El blanco vestido de tirantes finos caía por su cuerpo como si hubiese nacido para ello. La suave tela se amoldaba a sus caderas y su busto pequeño pero firme sobresalía por un pequeño escote palabra de honor.
-Muchas gracias, Herms. ¡Pero tú no te quedas atrás! –Me dijo sonriente. Sabía que mentía. EL harapo que llevaba puesto no podía calificarse como vestido. Era verde botella con puntilla negra en el escote a pico. Los tirantes finos que lo sujetaban parecían dos deshilachados hilos a punto de resquebrajarse. Mis pies estaban enfundados con sendos tacones negros, tan altos que daba vértigo. Definitivamente, estaba espantosa.
-No mientas. Estoy horrorosa –Dije sinceramente. Cogí mi varita para hacerme el moño y me maquillé suavemente.
Cuando Ginny terminó de arreglarse, bajamos al jardín, donde todos nos esperaban. Mejor dicho, la esperaban. Besé su mejilla y apreté una de ellas en señal de amistad, para ir al lado de Ron a sentarme.
Entonces, le vi.
No sabía que estaba invitado, ni siquiera sabía que se encontraba en el país. Al terminar la guerra, yo había comenzado una relación con Ron y él... Bueno, él había desaparecido de la faz de la tierra.
Noté que me estaba mirando y con una sacudida de cabeza a modo de saludo, me encaminé a mi asiento. La ceremonia estaba por empezar.
**
Aburrida. Esa era la palabra adecuada. Llevábamos media hora de ceremonia y el dichoso sacerdote no había parado de hablar. Ron, a mi lado, había cabeceado tres veces sobre mi hombro y yo, como buena amiga que soy, había optado por darle un manotazo para despertarle.
**
Por fin. El maldito sacerdote había acabado la ceremonia y los novios se disponían a brindar. Me levanté con rapidez y, con una sacudida en la solapa del cuello de Ron, le desperté. Me encaminé a los recién casados con una sonrisa en la cara y los abracé como nunca lo había hecho. Me bebí mi primer champagne de la noche.
**
La conversación estaba siendo muy superficial. Guardé una nota personal en un hueco de mi cerebro para, cuando tuviera la oportunidad, matar a los novios. Me habían situado entre Lavender “chismosa” Brown y Parvati “chismosa número dos” Patil. ¡No llevábamos ni cinco minutos de banquete y esas dos hormonas con patas ya habían clasificado a todos los hombres de la fiesta! Sinceramente, no me sorprendí al encontrar a Draco Malfoy entre los cinco mejores. Estaba guapísimo. Sus rasgos masculinos se habían acentuado en el paso de esos diez años. Su mandíbula era más pronunciada y sus pómulos más afilados. El pelo, ligeramente largo, caía despeinado dándole un toque informal muy interesante. Y su ropa, bueno, era para quitarse el sombrero. El traje negro hacía contraste con su piel blanquecina. Pero lo mejor, sin duda, eran sus ojos. Seguían fríos e inexpresivos pero, si te fijabas bien, se podía observar como la chispa del odio había sucumbido.
Moví con fuerza mi cabeza para alejar esos pensamientos de mi mente, ya que me había dado cuenta de que había estado cinco minutos observando el punto rubio que sobresalía de entre las cabezas. De dieciocho cabezas para ser más exactas.
Puse un poco de mi atención en la conversación y seguí comiendo.
**
Era tedioso. Me encontraba en una de las barras de la pista de baile con Cho Chang. Era impresionante como en dos minutos podía desconectar de una conversación. Aunque no era de extrañar cuando ésta trataba de perfumes. ¿Es que no había nadie en la fiesta con la que hablar por más de cinco minutos sin aburrirme? Definitivamente, no. Tomé un sorbo más largo de mi cuarto champagne y sonreí cuando la ex Ravenclaw se despidió de mí. En realidad, resoplé con alivio.
Me volví distraída hacia la barra y uno de los camareros vino hacia mí. Era muy guapo, había que reconocerlo. Moreno, ojos negros y piel ligeramente bronceada. Un bombón.
-¿Puedo ayudarla en algo –Me preguntó muy cortésmente- señora...? -¿Señora, yo? ¿Desde cuándo? Vale que mi atuendo no era muy favorecedor, pero de ahí a llamarme vieja, había un paso gigantesco.
-Señorita Granger –Respondí con frialdad- Y no, no quiero nada.
-No te lo tomes tan a pecho, Granger. A veces hay que saber aceptar una buena crítica –Escuché a mis espaldas. Definitivamente, era él. Su voz no había cambiado ni un ápice. A lo mejor una octava, pero el tono de arrogancia y el arrastre de las palabras seguía ahí.
Me di la vuelta para comprobar que, efectivamente, era él. Draco Malfoy. Su media sonrisa, junto a todo su cuerpo, me lo ratificaba. Sonreí con cinismo y le fulminé con la mirada, para, a continuación, darme la vuelta y pedir otro champagne. El cuarto estaba vacío.
**
Definitivamente, había gente que no entendía una indirecta por muy directa que fuera. Después de decirle al mal nacido de Malfoy que por qué no se iba a un lugar muy lejano donde podría hacer algo bueno por la humanidad (sí, a la mierda), éste sonrió y rompió a reír. Alcé mi ceja hasta taparla con el flequillo y me crucé de brazos. Yo no veía la broma por ningún lado.
-De verás, Granger. Yo te recordaba más simpática.
¿Simpática? Esa afirmación me descolocó por completo. ¿Desde cuándo yo había sido simpática con él? ¿Acaso me había perdido algo de mi vida en Hogwarts? Creía haber estado en mi cuerpo durante todo el tiempo.
-¿Simpática? Estás desvariando, Malfoy.
-Puede ser. ¿Qué es de tu vida?
Definitivamente, esto era muy extraño. Que Malfoy se acercara a mí tenía un pase, pero que dijera que era simpática y, para más INRI, me preguntara por mi vida, era preocupante.
-¿Te interesa de verdad, o es que te aburres tanto que no has sabido qué más hacer? –Pregunté con una ceja alzada a la vez que tomaba un sorbo de mi quinto champagne.
-Me inclino más por la segunda opción. Aunque, sinceramente, me intriga saber qué ha hecho la premio anual de Hogwarts en estos diez años.
-Comencé la carrera en el Departamento para la Regulación y el Control de las Criaturas Mágicas. No sé si sabes que soy fundadora de la P.E.D.D.O. –Expliqué hinchando mi pecho. Estaba muy orgullosa de, al fin, haber conseguido lo que me prometía- Los elfos domésticos tienen una regulación en su trabajo. Tienen un salario mínimo, que, aunque ínfimo, ya es un gran adelanto. Y todo gracias a mí.
-Que interesante –Expresó Draco mirando su reloj de pulsera.
El muy imbécil no había escuchado nada de lo que había dicho.
-¿Para qué me preguntas si luego no me escuchas? ¡Es una falta de respeto gravísima!
-Lo que tu digas, Granger. ¿Otra copa?
**
Definitivamente, el mundo había dado un giro de 180º. Tras enterarme de que Malfoy había estado viajando por toda Europa en estos diez años, perdí la cuenta de mis copas. Me contó que era inefable y, claramente, no me contó nada más de su empleo. Pero la conversación no se quedó ahí.
-¿Y te casaste con Weasley ya?
-¿Con Ron? –Reí- No. Ni siquiera somos pareja. Estuvimos saliendo durante un año, pero nos dimos cuenta de que lo nuestro es una amistad. Nada más. ¿Y tú con Parkinson?
Draco rodó los ojos tras ponerlos en blanco y contestó:
-No entiendo por qué todo el mundo piensa que yo tenía algo con Pansy.
-Era de suponer cuando iba por el castillo llamándote “Draqui” –Contestó yo con rin tintín, consiguiendo que la media sonrisa de Malfoy se acentuara aún más. ¿Había expresado ya que era guapísimo?
-Pues resulta que no.
Murmuré algo que se entendió como “uhm” y seguí bebiendo mi enésimo champagne.
**
-¿De verás? –Malfoy estaba riendo como nunca le había visto. Definitivamente, esta boda iba a guardarse bien adentro de mi subconsciente. No todos los días consigues hablar civilizadamente con la persona que te hizo la vida imposible durante siete años. Parecía que había madurado.
-Sí. Pero lo mejor no es eso. Es que cuando me di cuenta de que la poción estaba mal hecha, Ron ya estaba morado como una uva y tan hinchado que se estaba levantando del suelo.
-Eso me hubiese gustado verlo, sin duda –Me dijo mientras no paraba de reírse.
-Desde luego que sí. Estuvo muy gracioso –Contesté ruborizada. Cómo había acabado contándole la mala jugada que le hice pasar a Ron hacía ya siete años, no lo sabía. Pero de lo que estaba segura era de que me lo estaba pasando como nunca.
**
-¿No te duelen los pies? –Me preguntó con curiosidad mirando mis zapatos. La verdad era que estar dos horas de pie, con el único apoyo de una barra, era incomodísimo. Asentí- ¿Quieres que vayamos a algún sitio en el que nos podamos sentar y estemos más a gusto?
Definitivamente, nos habíamos vuelto locos. Los dos. Pero sólo fui consciente de ello cuando una impresionada Ginny me dijo adiós con la mano y me gesticuló un “ya me contarás”. Debía ser rarísimo ver a Hermione Granger y a Draco Malfoy irse de una fiesta juntos y sin pelearse.
Salimos fuera del salón donde se había organizado el banquete y me condujo hacia un BWM descapotable negro. Decir que me quedé impactada, es quedarse corta.
-¿Este coche es tuyo?
-Sí, claro –Me contestó sencillamente. Como si no fuera raro ver a Draco Malfoy en un coche muggle. Definitivamente, el mundo estaba patas arriba. Subí al asiento del copiloto y, una vez allí, me descalcé. No aguantaba más esos dichosos zapatos. ¡Maldita la hora en que me los había comprado!
El sonido del motor rugió y no me dio tiempo a ponerme el cinturón de seguridad cuando ya íbamos por la carretera a 108 kilómetros por hora. Le miré asustada, él se dio cuenta de esto y aminoró la marcha, mirándome de reojo.
-¿Estás loco? ¡Conduce más despacio!
-Llevo conduciendo desde los diecinueve años, Granger, y nunca me ha pasado nada. Ponte el cinturón y disfruta de la brisa de julio –Me dijo mientras encendía la radio. Buscó una emisora en concreto y una música relajante nos envolvió.
Siete minutos y dos canciones después, llegamos a Picadilly Circus y nos sentamos en una pequeña terraza frente a Trocadero. Pedimos unas copas y Malfoy me dijo:
-Aquí solía venir yo de pequeño.
Le miré sorprendida y dije:
-Yo también. ¡Qué casualidad! A lo mejor nos vimos de niños y no nos acordamos.
Definitivamente, el alcohol estaba pasándome factura. Pero a Malfoy también, porque sonrió.
**
Unas copas más tarde, estábamos bailando al son de una música ruidosa en un local de la zona. No sabía cuánto tiempo llevábamos manoseándonos en la pista de baile, pero por lo sofocada que estaba, diría que mucho.
Seguimos bailando muy pegados hasta que su pie pisó uno de los míos. ¡Qué dolor! Salimos fuera del local para sentarnos en su coche hasta que se me pasara el dolor, pero en vez de eso, mi boca estaba reuniéndose con la suya nada más llegar al capó.
Decir que estábamos en un motel en, apenas, cinco minutos, es, definitivamente, mentir.
**
No conté las veces que lo hicimos esa noche, pero de lo que sí estoy segura es de que el número del móvil de Malfoy va a estar marcado en el mío durante mucho tiempo.
Definitivamente, sí.
______________________________________
espero que os haya gustado! =) tengo que decir en mi defensa que es la primera vez que escribo un One taaaan largo jaja
pasaos por mis otros fics! (en mi firma)
un beso =)
Última edición por
Aran. el Jue Mar 26, 2009 2:45 pm, editado 2 veces en total