por Hermosura Dolohov » Vie May 01, 2009 11:45 am
Capítulo 4:
A la mañana siguiente, Ron se levantó decidido a declararse a Hermione, decirla lo que sentía por ella, sin mentiras, sin tragarse nada, sólo dejar que el corazón tome las riendas de su cuerpo y de su mente, dispuesto a librarse del peso de sus sentimientos. Aunque iba decidido, también se sentía algo nervioso ¿y si ella lo rechazaba? ¿y si no sentía lo mismo por él?
Al fin llegó a las puertas del Gran Comedor, buscó a Harry con la mirada y le hizo una señal para que se acercara, el pelinegro se acercó enseguida.
- ¿Qué pasa, Ron?
- Lo voy a hacer, Harry.
- ¿Qué vas a hacer, Ron?
- Voy a decirla a Hermione mis sentimientos. Aquí, ahora y delante de todos.
- Buena suerte, amigo. Te estaré apoyando y dándote ánimos.
Sonreí y Harry levantó el pulgar de su mano derecha, como símbolo de apoyo. ¡Adelante! Me dije dándome ánimos mentalmente. Ya era hora de que ella supiese lo que él sentía. Caminó hacia la castaña, le sudaban las manos de lo nervioso que estaba, llegó hasta ella, ¡qué mujer más hermosa! ¿Cómo se podría fijar en él? Si ella era un ángel.
- Hola, Hermione.-dijo Ron sonriéndola.
- Hola, Ron.-dijo Hermione, también sonriendo. ¡Qué sonrisa tan bonita tenía! Pensó el pelirrojo quedándose embobado.-¿Estás bien? Te ves un poco nervioso.
- Oh, no te preocupes por mi, estoy muy bien. Quisiera preguntarte una cosa.
- Claro, lo que quieras.
En ese momento, Ron cogió una cuchara y la copa de agua que bebía la chica. Dió unos cuantos toques, llamando la atención de todos. Cuando al fin se aseguró de que todos los alumnos y profesores miraban, comenzó a hablar.
- Quisiera hacer una petición, aquí, delante de todos. Quisiera que todos compartiérais mi alegría, o en el peor de los casos, mi humillación.-miro fijamente a Hermione, mi corazón latía desesperadamente. ¡Por ella!-Hermione...no sé como decir esto. Te quiero, desde la primera vez que te ví en el tren, desde entonces, no he dejado de amarte, quererte tal y como eres, cada día me gustas más. Eres perfecta. Por eso, quería pedirte, que me concedieras el honor de estar contigo, besarte cada mañana en los labios, si tu me lo permitieras, quisiera ser tu novio. Quiero que sepas que comprenderé a la perfección ni sólo quieres que lo nuestro sea amistad, pues soy muy poco para tí, Hermione, te lo mereces TODO, pero si me aceptas, me harás el hombre más feliz del mundo.
Todos en el Gran Comedor, los miraban, expectantes de la contestación de la chica. Las cartas ya estaban echadas, ahora a ella le tocaba decidir. La castañá lo miraba, sonriente, con los ojos como platos, en estado de shock. El corazón de Ron bombeaba a velocidades que el propio muchacho dudaba de que no estallase. ¿Qué contestaría la chica de sus sueños? ¿Lo aceptaría? ¿Rechazaría?
Entonces, los ojos de Hermione amenazaron con romper a llorar, la castaña, exhaló y finalmente, rompió el silencio:
- ¡Oh, Ron! Por supuesto que acepto.-dijo mientras temblaba de nervios sintiendo el escrutinio de los espectadores. La ternura se apoderó de los ojos de la castaña.
Ron se acercó a ella, mientras ella se sentía paralizada por lo que estaba a punto de suceder. Ella estaba sintiendo algo diferente, cada vez se acercaba más y más. Podía ver sus ojos más de cerca... sus labios... sus sensuales labios... Y no atinó a moverse.
Las dos manos del pelirrojo tomaron el rostro de la castaña con cuidado, apartaron el mechón de cabello de sus ojos y...
Por fin los dulces labios del chico se juntaron con los de ella en un momento mágico...el primer beso con el hombre que amaba.
Su sabor era tan dulce... tan largamente acariciado... tan suave, tan perfecto.
Si, ella se había enamorado de Ron Weasley...La besó con cuidado... con mucho cuidado, mientras sus brazos la rodeaban, acercándola a su cuerpo. Ella se desvanecía junto a él, y sin embargo quería hacerlo. Fundirse con él si eso fuera posible, y no despegarse nunca más.
Los labios de Ron jugaron lenta y pausadamente con los suyos, tomándose su tiempo para acariciarlos, para conocerla, para deleitarse, para probarlos... La respiración de él era suave así como los movimientos de su cabeza al besarla. Cuidándola como si yo fuera una joya muy preciada.
Ella también lo besó, respondiendo al beso que tanto había soñado.
Entonces, todo el Gran Comedor, estalló en aplausos y vítores, ¿todos? No, pues en la mesa de Slytherin...
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En la mesa de Slytherin, nadie era ajeno a esta escena.
- ¿Asíque el pobretón se decidió a declararse a la Sangre Sucia?-dijo Draco con ironía.
- ¡Qué patético!-dijo Pansy.
- Así es, patético.-apoyó Blaise.-Y asqueroso ¿no crees Theo?
Pero Theo no respondía, pues se había quedado mirando la escena, petrificado ¿porqué? Ni él mismo lo sabía, sólo sabía que ver ese beso lo había dañado. Sin saber el motivo, el joven Slytherin no podía apartar los ojos de ella, ver como sonreía, como lo miraba...
- ¿Theo?-volvió a preguntar Blaise mientras movía una de sus manos frente a la cara del chico.
- ¿Decías algo?-preguntó Theo saliendo de su ensoñación.
- No, nada.-dijo Pansy.