"Destino\"
Hola a todas mis niñas, este one shoot fue beteado por LIGLAS gracias a ella por hacerlo.
Las quiero
Besitos bigi
"Destino"
Era un niño feliz. Podía decir que mi infancia había estado llena de felicidad desde siempre, pero todo había cambiado al llegar a ese lugar.
Recuerdo el accidente; a mucha gente preguntándose si yo también había muerto; quise gritar, decirles que no, que estaba vivo, pero nada salía de mi boca. Yo había sobrevivido, mis padres no.
Odiaba la lluvia, me asustaba, y esta noche era especialmente tormentosa; yo estaba ahí en mi nuevo hogar, si es que se le podía llamar ahogar. Era un cuarto, con dos camas, una tenía mi nombre, la otra solo enunciaba "T".
Una mujer mal humorada me había llevado hasta allí luego de darme unos tiesos bocadillos. Extrañaba a mi mamá, pero no iba a llorar.
Acomodé lo que pude, sentí un ruido.
- ¿Quién anda por ahí? - Pregunté asustado, tratando de esconderlo.
"¡Nada! Deben ser los ruidos propios del lugar" - Pensé temeroso. Luego me reproché a mi mismo ser tan cobarde ¿Qué pensaría mi padre si estuviera allí?
La lluvia caía copiosa. Más ruidos. Me levanté de golpe de la cama donde me había sentado… Nada. No pude ver nada, salí al pasillo y otra mujer vino hacia mí.
- ¿Eres nuevo? Tendrás que aprender modales muchachito - Increpó, mirándome sin demasiado agrado - Nadie sale solo al pasillo, vete con tu compañero de cuarto - Chilló mientras me empujaba de malas maneras dentro de la recámara.
La mujer estaba loca o no conocía bien el lugar; yo estaba solo, no tenía compañero alguno. Me acosté a dormir sintiendo la lluvia caer, estaba a punto de dormirme cuando noté que el florero sobre la mesa entre ambas camas se estaba moviendo.
Me incorporé en la cama aterrado y encendí la luz. Todo parecía en orden pero quise irme de allí; traté de salir al pasillo pero comprobé que la puerta tenía llave, maldije mi mala suerte, si tuviera un compañero tal vez él me explicaría los ruidos y no estaría tan asustado.
"Seguramente mi mente lo está inventado todo" - Pensé tratando de tranquilizarme. Me volví a acostar y me tapé la cabeza con las sábanas.
Dormí un rato, recordándome que yo no debía estar ahí. Sentí ruido nuevamente y al encender la luz vi que un niño de mi edad me estaba mirando asombrado.
- ¿Cómo entraste si está todo cerrado? - Le pregunté exaltado.
- Seguro eres mi nuevo compañero de cuarto - Se burló sin contestarme - Puedes irte corriendo ahora ¿No te han dicho que nadie quiere compartir habitación conmigo? - Dijo.
- ¿Cómo entraste? - Repetí balbuceando de los nervios.
- Tengo mis trucos… Llámame T - Me escrutó desagradablemente con la mirada - Bonita noche, ¿No? - Dijo, cuando el sonido de la lluvia llenó el vacío de mi silencio.
- Odio la lluvia - Le informé - ¿Tú escuchas frecuentemente ruidos en la habitación?
El chico que era de mi estatura, con ojos brillantes y serpentinos, pelo negro con rulos y cara expresiva, largó una carcajada.
- Siempre hay ruidos en mi habitación, puedes cambiarte de cuarto, cuando quieras - Concedió, y parecía muy orgulloso de ello.
- No será necesario - Aseguré, a lo que vi como se reía.
Me miró burlón y se dirigió a la otra cama, acostándose, y yo volví a hacerlo.
Al otro día el sol brillaba en lo alto. "Parecería imposible haber estado tan asustado por unos simples ruiditos" - Pensé. Con la luz solar todo se veía más fácil y menos terrorífico.
El sonante sonido de una chicharra finalmente terminó de sacarme del estado de duermevela en el que estaba y vi como T se empezaba a cambiar, yo hice lo mismo. Todo era nuevo para mí, jamás había estado en un orfanato.
Bajamos a desayunar y me senté junto a T en una mesa apartada, nadie parecía querer estar con él, por lo que ninguno de los otros niños y niñas me hablaron; me sentía aburrido.
Suspiré.
- ¿Extrañas tu casa?
- Sí - Le dije.
- Tuviste suerte, yo nunca tuve una casa.
Sonreí y pensé en mis padres. Sí, había sido muy afortunado, pero ahora…
Una mujer gorda vino hacia nosotros y le recriminó a T no haber limpiado su cuarto. Pude ver como de repente la mujer caía desde su altura mientras T le sonreía, no entendía el porqué pero ese chico empezaba a disgustarme, aunque él no le hubiera hecho nada a la mujer…
Otra mujer, la misma que me había llevado al cuarto el primer día fue a ayudar a su compañera mientras ordenaba a T retirarse del lugar en penitencia a nuestro cuarto.
El resto del desayuno fue tranquilo, me hice amigo de dos niños: Brenda y Ralph. Ellos me comentaron que nadie se acercaba a T, que era un niño malo, que siempre hacía daño a las personas con las que estaba. Yo sólo sonreí. "T estaba muy lejos, nada pudo hacerle a la mujer gorda" - Pensé.
Las semanas iban pasando y cada vez me llevaba peor con T. En la noche los ruidos eran más intensos, y yo estaba seguro que era él quien los creaba de alguna manera. El idiota quería asustarme, pero no se lo permitiría.
Un día que entré a la habitación lo vi horrorizado jugar con la única foto que tenía de mis padres; le grité que la dejara, y la rompió, fui contra él y nos tomamos a golpes de puño. Yo empecé a sangrar, pero lo había atrapado, estuve a punto de lanzarlo por la ventana pero no lo hice, yo no era así, y terminé en la enfermería. Esa noche T escapó.
Con el tiempo supe que yo era especial, que corría sangre mágica por mis venas; también supe que T era especial de una manera similar y diferente; que pude haber librado al mundo mágico de alguien como él, ya que no muchos pueden contar que estuvieron a punto de terminar con la vida de Tom Riddle.
Fin.







