por Anahi Granger » Jue Jul 15, 2010 9:03 pm
y sin más les dejo el epilogo que espero que les guste... la verdad yo creo que relativamente hay poco que contar... y debo admitir que comence con muchas ideas para el epilogo que se redujeron a esto y que bueno al final no tenía idea de como concluir la historia! pero esto salio! y espero que les guste lo hice con mucho cariño y gracias!!
EPILOGO.
Mientras Harry recorría su cuerpo, recordó lo maravilloso que ahora era su matrimonio. Harry la había apoyado en todo, se habían complementado el uno al otro comprendiendo que para que todo funcionara debían renunciar a algunas cosas que eran necesarias y que la relación era de dos, no podía aportar uno más que él otro, algo que Ron jamás hubiera entendido, saco esos pensamientos de su mente cuando Harry acaricio su abultado vientre. Ambos sonrieron y el chico regreso a sus labios fundiéndose en un beso lleno de amor.
-Creo que esta pequeña y tú deben descansar ya- susurro Harry acomodándose al lado de la chica y respirando su perfume.
-Trataremos de hacerlo,- sonrió Hermione acariciando su vientre desnudo – esta pequeña será tan inquieta como tu- Harry rió brevemente ante el comentario de la castaña.
Ambos permanecieron en silencio, recordando las dificultades que habían tenido que enfrentar para poder estar juntos, pero sin embargo sabían que no hubieran podido evitarlo, tenía que haber sido así y ya nada podían cambiar. Ninguno se arrepentiría nunca pese a que la familia Weasley les había cerrado las puertas de su hogar, habían perdido la amistad de Ron y habían tenido que empezar desde cero, contando con el apoyo de los padres de Hermione solamente, pero nada importaba ya, solamente el que estaban juntos, que tenían una hermosa familia y que se amaban intensamente.
Harry tomo la mano de Hermione entre la suya y se observaron por varios minutos, nada podía ser mejor, Harry tenía la familia que tanto había soñado, al lado de la mujer que amaba por sobre todo y Hermione al fin había descubierto el verdadero amor. No podían pedir nada más, Hermione había recuperado la amistad de Ginny con el paso del tiempo y aunque la pelirroja aun se mostraba algo recelosa con todo lo que había pasado, sabía que todo eso se disiparía un día.
Ginny despertó aquella mañana al escuchar el llanto de su pequeño, de inmediato se puso de pie y se apresuro para ir hasta la habitación contigua a la suya. Tomo a su pequeño hijo entre sus brazos y sonrió. El pequeño era una réplica exacta de Draco, al menos había sido lo que la madre de este opinaba cada vez que veía a su pequeño nieto. Draco ingreso en la habitación minutos después que Ginny.
-Hola bebe- saludo a su pequeño hijo depositando un beso en su frente, la pelirroja sonrió y entrego al pequeño a los brazos de su padre.
-Iré a despertar a Ariadne y enseguida preparo el desayuno- Draco asintió lentamente y Ginny abandono el dormitorio de su bebé para dirigirse al dormitorio de su pequeña hija.
La pequeña Ariadne tenía el cabello rojo como su madre y los ojos de su padre, era una combinación perfecta de ambos, a sus casi seis años de edad era una pequeña encantadora, en cuanto escucho la voz de su madre abrió sus ojos sonriendo ampliamente.
-Arriba cariño- Ginny le sonrió a su hija y se acerco a ella para depositar un beso en su frente – vamos despierta para que me ayudes a preparar un rico desayuno- Ariadne asintió y de inmediato se puso de pie.
Ginny y Draco poseían la familia que alguna vez Ron hubiera deseado tener al lado de Hermione, la pelirroja y el rubio habían llevado las cosas de una manera diferente, dispuestos siempre a apoyarse y a aceptarse tal cual eran.
La pelirroja había dejado su orgullo de lado y tiempo después había buscado a Hermione, encontrándola distinta a la mujer que se había convertido, era nuevamente la mujer que ella había conocido, la amiga siempre incondicional, se alegro por ella y por Harry, tenían una familia hermosa al igual que ella pero lo lamentaba por su hermano quien se había sumido en una terrible depresión después de lo sucedido.
La señora Granger se hallaba cortando algunas rosas de su jardín, su esposo la observo y sonrió ayudándole con su labor se acerco hasta ella. El señor Granger observo acercarse una camioneta negra y sonrió.
-Nuestros nietos han llegado- informo a su esposa logrando que esta se girara para observar la camioneta que se había detenido frente a su casa. Harry bajo de ella saludando a sus suegros alegremente, el matrimonio Granger se acerco hasta el mientras Harry abría la puerta trasera para que sus hijos pudieran salir, Sirus salió de la camioneta a toda prisa para darles un gran abrazo a sus abuelos, mientras Harry tomaba en brazos al pequeño Thomas que se había quedado dormido durante el trayecto. Sirius a sus cinco años de edad era idéntico a él con la diferencia de que poseía los hermosos ojos de Hermione, Thomas también poseía los hermosos ojos de Hermione, y el cabello indomable de Harry pero tan castaño como el de su madre. El padre de Hermione se apresuro a tomar a su pequeño nieto de tan solo tres años de edad en brazos, para que Harry ayudara a Hermione a bajar de la camioneta.
La castaña lucía hermosa, la maternidad le sentaba a la perfección y Harry no terminaba de repetírselo, con sus seis meses de embarazo y ansiosa porque su primer niña llegara, le comenzaba a costar trabajo moverse, Harry le ayudo a ponerse de pie y juntos se reunieron con los padres de la castaña, su madre la recibió con un gran abrazo al igual que su padre.
Una vez que ingresaron al hogar del matrimonio Granger la madre de la castaña mostro a su hija las cosas que había comprado para su futura nieta, Hermione quedo encantada ante las pequeñas prendas y los juguetes que su madre había adquirido. La señora Granger observo a su hija, la veía feliz, con una familia hermosa y un hombre a su lado que había sabio valorarla y quererla, estaba feliz por ella, porque al fin había encontrado a la persona indicada, recordaba el dolor de su hija seis años atrás y se sintió aliviada al saber que Harry la amaba demasiado como para lastimarla de la manera en la que Ron lo había hecho, no culpaba al pelirrojo de todo, sabía que Hermione había tenido culpa en todo ello al haber aceptado consolidar un matrimonio sin ni siquiera saber que no lo amaba, pero todo aquello había quedado en el pasado y al observar a sus pequeños nietos daba gracias de que ahora todo estuviera bien.
Sirius platicaba animadamente con su abuelo, quien reía ante las ocurrencias de su nieto. Harry se sentía dichoso, los padres de Hermione le habían abierto las puertas de su hogar acogiéndolo como un hijo más, había tenido que ganarse el cariño de su suegro, quien se había mostrado receloso ante la idea de que su hija volviera a casarse y sufriera una vez más, pero les había demostrado que amaba a Hermione más que a su vida y que por ella sería capaz de todo.
El pequeño Thomas reclamaba la atención de su abuela quien encantada le relataba una y otra vez viejas historias que en alguna ocasión le había contado a Hermione, la castaña observo a su alrededor, no podía pedir nada más, tenía una familia hermosa, estaba con el hombre que amaba y se sentía completa al fin, ese vacío que durante tanto tiempo había estado presente se había llenado en cuanto Harry le dijo al fin que la amaba. Trato de imaginarse al lado del pelirrojo y supo que su vida sería una total farsa, que a pesar de quererlo no hubiera logrado nunca amarlo, suspiro ante ello, ambos se habían dañado y esperaba que algún día el pelirrojo encontrara la felicidad como ella lo había hecho.
Ron entro en la madriguera aspirando el olor a la tarta de calabaza que su madre había cocinado, sonrió y se apresuro a reunirse con la mujer, quien lo recibió con una sonrisa y de inmediato llamó a su marido para que pudieran cenar.
El pelirrojo había decidido regresar a casa de sus padres, no le apetecía en lo absoluto tener que estar solo en la casa que Hermione y él habían adquirido durante su matrimonio, aun había muchos recuerdos que prefería olvidar, muchas cosas que debía dejar en el pasado, quería olvidarse de sus errores y al igual que Hermione Ron sabía que aquella casa estaba teñida del sufrimiento de ella y de las constantes discusiones que habían tenido, no era nada grato recordar todo ello. Había aprendido a sobrellevar el asunto, pese a haberse deprimido en un momento supo que tenía que seguir adelante, veía a Harry a diario en el Ministerio y algunas veces también a Hermione, debía aprender a vivir con ello, su ex esposa era ahora la pareja del que un día llamo su mejor amigo y nada podía hacer para cambiarlo. Algunas veces al observar a su hermana y a su cuñado aun imaginaba que las cosas con Hermione hubieran podido ser así, pero había llegado a comprender que la castaña nunca hubiera podido amarlo. Seis años habían pasado y poco a poco comenzaba a rehacer su vida, la pequeña hija de su hermana era su adoración y soñaba con encontrar un día a la mujer correcta para formar la familia que al lado de Hermione no había logrado.
Molly había buscado a Hermione en incontables ocasiones, tratando de que la castaña entrara en razón y pudiera arreglar las cosas con su hijo, sin embargo cuando la chica le confesó la traición del pelirrojo había desistido de la idea de buscarla dejándola sumamente decepcionada y haciéndole entender que aquella mujer no era para su hijo ni él era el hombre indicado para aquella castaña.
-Ginny nos visitara mañana- informo la señora Weasley a su esposo e hijo que platicaban acerca del arduo día que había tenido Ron.
-Que bien, hace mucho que no veo a Ariadne- comento Ron mientras devoraba el pedazo de tarta de que su madre le había servido, Molly lo observo con desaprobación y sirvió una rebanada más a su marido.
-y ¿Cómo ha ido todo con Harry?- interrogo Arthur un tanto temeroso por la reacción que su hijo pudiera tener, Ron lo observo y Molly dejo todo sobre la mesa sin atreverse a seguir comiendo.
-Aun no es tiempo- comento Ron observando a su madre – quiero que las heridas de Hermione sanen por completo y las de Harry también, yo necesito tiempo- informo ganándose la aprobación de sus padres.
Ninguno dijo más, aquel tema había quedado en el olvido durante mucho tiempo, la señora Weasley se sentía apenada y dolida ante todo lo que había pasado y Arthur pese a saber que su hijo había sido el causante de todo entendía que Hermione y Harry también habían obrado mal, habían cerrado las puertas de su hogar para aquellos chicos y sabían que algún día se abrirían nuevamente solo era cuestión de tiempo para sanar aquellas heridas que aun estaban presentes.
Aquella tarde Harry había prometido a sus hijos llevarlos por el callejón Diagon, Sirius era el que se mostraba más entusiasmado ante la idea y Hermione estaba feliz de poder pasar aquel día con sus hijos y su esposo. Al llegar los pequeños observaban todo a su alrededor, fascinados como si fuera la primera vez, Hermione agradeció el que no hubiera mucha gente y comenzaron su recorrido por el lugar.
Sus pequeños están felices, Harry llevaba en brazos a su pequeño Thomas, mientras Hermione tomaba la mano de Sirus, caminaban observando todo a su alrededor. Visitaron primeramente la tienda dedicada a los artículos de Quidditch, Hermione resoplo ante ello pero sonrió un poco cuando observo la emoción de sus pequeños cuando Harry comenzaba a explicarles todo lo relacionado con aquel deporte mágico.
-Vamos ya cariño- Hermione se acerco a Harry sonriéndole dulcemente –quiero ir a la librería- el ojiverde asintió y tras adquirir algunas cosas salieron de aquella tienda.
Ron tomo la mano de su sobrina, mientras apresuraban a Ginny para llegar a la tienda de artículos para Quidditch, el pelirrojo detuvo sus pasos al observar a la familia que en ese instante salía del local. Ginny lo observo extrañada y al llegar a su lado se detuvo para observar lo que tenía a su hermano tan absorto.
-Se ve hermosa- comento Ron observando desde la distancia a Hermione, quien sonreía abiertamente ante las ocurrencias de Harry, la castaña se veía feliz y con sus seis meses de embarazo lucia tan hermosa como siempre.
Ginny observo a su hermano incapaz de decir algo, estaba feliz por su amiga pero sabía que a su hermano aun le dolía todo lo sucedido. El pelirrojo observo a su hermana y le sonrió ampliamente.
Harry trataba de convencer a Hermione para adquirir una escoba de juguete para su pequeño Thomas, Hermione trataba de negarse pero finalmente había cedido reclamándose internamente ante ello.
-¿Qué les parece ir por un helado?- interrogo el ojiverde besando suavemente los labios de su esposa, sus hijos asintieron con una gran sonrisa.
-Harry cielo, quiero visitar la librería.
-Está bien, iremos por los libros de mamá y luego iremos por ese helado- Sirus trato de protestar pero asintió cuando su madre le sonrió ampliamente.
-¿Por qué no vamos por un helado?- propuso Ron cuando observo a la familia Potter alejarse, Ariadne asintió al instante y emprendieron el camino dejando atrás a la feliz familia que aun reía abiertamente.
-¡Ginny!- la pelirroja detuvo sus pasos y una soñadora rubia apareció frente a ella sonriendo ampliamente.
-¡Luna!- saludo efusivamente a la rubia quien sonrió a su pequeño hijo y deposito un beso en su frente –querida que gusto verte.
-Hola Ron- saludo al pelirrojo y luego observo a la pequeña pelirroja que tomaba la mano de su tío.
-Hola Luna- saludo Ron correspondiendo la sonrisa de la rubia –estábamos por ir a comer un helado ¿Por qué no vienes?- Ginny se mostro extrañada ante la invitación y Luna asintió al instante ampliando aun más su sonrisa.
Continuaron su camino mientras reían ante lo que Luna decía, Ron se mostro interesado ante todo lo que la rubia comentaba y Ginny sonrió discretamente al observar que su hermano había reparado en lo que encantadora que era su amiga.
-podríamos vernos algún día para platicar- comento Luna a Ron cuando habían terminado de comer el helado.
-Me parece perfecto- comento sonriendo – te enviare una lechuza- Ginny rió ante ello y Luna se despidió asintiendo con un movimiento de cabeza.
-¿Qué fue eso?- pregunto cuando su amiga había abandonado el lugar, Ron se encogió de hombros y apresuro a su hermana para que pudieran abandonar el local.
Ariadne comenzó a correr una vez que salieron de la heladería, tratando de ganar la carrera a su tío para llegar a la tienda de Quidditch.
Harry detuvo sus pasos al observar a Ron a un par de metros de ellos, Hermione también lo observo y tomo la mano de Harry, el pelirrojo detuvo su carrera y observo a la familia sonriendo débilmente.
-Algún día todo estará bien- susurro Harry para Hermione quien asintió y respondió la sonrisa del pelirrojo.