por Aran. » Mar Ene 13, 2009 1:51 pm
chicas! aqui vengo con un nuevo One! me estoy leyendo, por 3475895 vez, HP7 y no he podido resistirme a escribir este relato. =)
ESpero que os guste!
Disclaimer: todooooo pertenece a J.K. Rowling
Se lo dedico a Ire ademas de por ser mi mejor amiga, por ser la primera en leerlo. por ver el boceto jaja escrito en una hoja de cuadros y con tachones jaja se que no va a leer esta dedicatoria pero =) te quiero perri
y tambien a Rocy por darme el titulo y aportarme una cosilla =) gracias wapa
y sin mas....
-¿Sabes quién es Draco? –preguntó su madre.
¿Qué si sabía quién era? Claro que lo sabía. Era una repugnante sangr... ¡No! No podía si quiera insultarla con sus pensamientos. No cuando ella estaba presente, indefensa delante de él, con su pelo enmarañado y castaño cayéndole por la cara. Con sus ojos llorosos pero valientes, dispuesta a morir, si hacía falta, por ayudar al imbécil de San Potter.
Ella. Por supuesto que la conocía. Ella. La inseparable amiga del cara rajada y de la comadreja. La sabelotodo, la sabihonda, la come libros, la prefecta perfecta, la alumna que todo profesor desea para sus clases, siempre dispuesta a contestar las preguntas formuladas, con su mano alzada constantemente.
Ella. A la que odiaba desde antes, incluso, de conocerla. Ella. La persona que había conseguido sacarle de sus casillas por no doblegarse ante él, ante un Malfoy, ante el príncipe de Slytherin. La bruja más inteligente de todo Hogwarts (aunque eso no lo reconocería nunca en voz alta). Ella. A la que llevaba observando desde su entrada al colegio buscando razones, por pequeñas que fueran, para odiarla como debía de haber sido, según su padre.
Y la odiaba. Claro que lo hacía.
La odiaba por ser tan jodidamente valiente, no como él. Obligado a ser algo que no quería y a hacer cosas que nunca en su vida hubiese hecho, incluso en sus peores pesadillas. Obligado a llevar una marca de alguien a quien aborrecía. Una marca. Su padre siempre se jactaba de que los Malfoy eran la mejor familia de la sociedad, pero ahí estaban los tres, presos en su propia casa por alguien que decía odiar a los muggles siendo, él mismo, uno.
La odiaba por haber ido al baile de cuarto curso con el gorila sin cerebro de Krum y haberse visto tan guapa como se vio. ¿Celos? Podía ser, y no lo negaba. Ya no. En aquellos tiempos había buscando millones de excusas para negar lo evidente, tratando de creérselas sin resultado alguno. Al fin y al cabo, era un hombre y ella, por mucho que le pesara a su padre, al Señor Oscuro y a quien fuese, una mujer.
Odiaba la forma en que estudiaba, siempre sumergida en el libro con su pelo recogido detrás de la oreja, dejando al descubierto su blanco y cetrino cuello, invitándole a recorrerlo con sus labios hasta hartarse. Pero él no podía ni soñar con ello. No, ella era una sangre sucia y él un sangre limpia. Un sangre limpia que espiaba desde un rincón de la biblioteca a la sabelotodo Hermione Granger, deseoso de probar el manjar que eran sus labios, siempre mordidos por ella en un gesto involuntario que le volvía loco.
Odiaba su pelo del color del caramelo, siempre tan enmarañado, que desprendía una fragancia a miel muy conocida para él. Y lo odió aún más cuando se dio cuenta de que uno de los olores de su Amortentia era ése, tan nítido que resultaba imposible ignorarlo.
Odiaba sus ojos, castaños y grandes, llenos de sabiduría obtenida de las largas jornadas de estudio. Sus ojos, que ahora le miraban con súplica. Como nunca antes le habían mirado. Implorando por su vida. Por que si decía un simple “Si” ella acabaría muerta. Y la odió aún más por ello.
Ella. A la que llevaba sin ver desde el día de la muerte de Dumbledore... ¿Qué habría estado haciendo todos esos meses? No lo sabía y no quería saberlo. Lo único que le importaba es que estaba allí, agarrada por su madre y esperando una respuesta...
Ella. Siempre era ella. La causante de todos sus males. ¿Por qué debía ser una sangr... una hija de muggles? Todo hubiese sido más fácil si ella hubiese sido una sangre pura, alguien como él. Pero no, ella no. Ella debía salirse con la suya y quedar por encima de él, contradiciéndole. Era ilógico, pero ¿qué no es ilógico en una guerra? Su “amo” deseaba algo ilógico pero nadie le contradecía. Si él quería algo ilógico ¿por qué deberían contradecirle? Él deseaba que Hermione Granger fuese una sangre pura. Así, la habría pedido ir al baile con él, le habría dicho lo que sentía, lo que le carcomía el alma y luchaba por salir de su boca en ese momento. Pero no. No podía ni debía.
Claro que sabía quien era.
-Pues... no lo sé.
Draco tragó la saliva que se le había quedado seca en la boca y tras ver como Hermione le gesticulaba un “gracias”, cerró los ojos. Estaba cansado y lo único que deseaba en ese momento era salir del salón para dirigirse a su habitación y, una vez allí, romper todo y cuanto estuviera a su paso.
Vio como se llevaban a Hermione, con sus dos amigos, de la estancia y tras suspirar, se encaminó a salir de la habitación no sin antes mirar una vez más la puerta por la que había desaparecido ella unos segundos atrás.
Ella.
Una lágrima solitaria calló por su mejilla y se alejó rumbo a su habitación con una sonrisa. Había actuado bien y lo sabía. No le preocupaba si no la volvía a ver, si se casaba con Weasley, con Potter o con los dos. Le daba igual... Él la había salvado de una muerte segura y con ello estaba en paz. Por ella...
Ella.
espero que se entienda el momento en el cual esta escrito! y que os haya gustado
un beso a todas =)
pasaos por mi fic y mi otro one (en la firma)