“los grillos cantan” Hola… Hola… Hola ¿Hay alguien ahí?????
Bueno… Les tengo una sorpresa de 6174 palabras más o menos… si están pensando que es un nuevo capi... acertaron sino pues… no se en que piensen
No hablaremos del tiempo que tarde en traerlo porque me da pena, y no piensen que olvide la historia ni nada parecido, es sólo que nomás no salía, por alguna extraña razón no podía continuarla, eh estado un poco atarantada, tal vez por eso el capi esta peque comparado con los últimos que he publicado pero creo que va al grano y espero que les guste.
Saben creo que para que Encrucijada invada mi mente se necesita un clima frio y lluvioso
me di cuenta de eso estos días por qué así estuvieron y en cuanto vi llover me dieron ganas de escribir, no supe ni en cual, pero tenía muchas ganas, de hecho yo estaba segura que era en otro fic,
pero en cuanto encendí mi computadora me fui derechito a Encrucijada y pues finalmente termine el capi . Así que hay que agradecer los días lluviosos y los frentes fríos
También quiero agradecerle a todas ustedes por su comentarios y por seguir insistiendo en que actualice, sus palabras de apoyo, y sus exigencias
son lo que me motivan a continuar
y Bienvenidas sean las nuevas lectoras
espero que la historia siga siendo de su agrado
Y como podrás ver meldark SÍ voy a continuar la historia, es sólo que soy lenta
y más porque también divido mi creatividad en los otros fics.
Sin más palabrería aquí se los dejo
Disfrútenlo

CAPITULO 13: VERDADERAS INTENCIONES
Habían pasado ya un par de minutos desde que Draco había soltado esa bomba, bueno mejor dicho, desde que había hecho la pregunta que muchos considerarían la más importante de toda su vida, sin embargo para él, aquello sólo era un trámite más, un cabo que no debía dejar suelto en la ejecución de su plan, ahora sólo tenía que asegurarse de tener el control absoluto de la chica después de que ésta le hubiera dicho que lo amaba, para cualquier otro esa declaración sería suficiente, pero no para él, conocía al imbécil de Potter y sabía de antemano que de ese momento en adelante iba estar al acecho de su novia, tratando de que ella recordara lo que alguna vez fueron, y tomando en cuenta que esta lo recordaría debía darse prisa , esa era la verdadera razón por la que acababa de proponerle matrimonio a Hermione Granger.
Lo único que realmente le importaba era el daño que podría hacerle al joven jefe de Aurores, no era suficiente el ya causado, debía llevarlo hasta los límites del dolor emocional y más allá, eso era lo menos que se merecía por lo que había hecho, probaría sólo un poco de lo que él había sentido y para esto no importaba lo que tuviera que hacer a continuación, incluso hacer aquella absurda petición con su mejor cara.
Sin embargo los segundos pasaban y Hermione seguía sin decir absolutamente nada, parecía que aún no asimilaba su propuesta, lo único que hacía era mirarlo a él y al anillo alternativamente mientras balbuceaba palabras incomprensibles.
-¿No dirás nada?- preguntó enarcando una ceja tras no obtener respuesta.
-Ah… ah…-
-Sí, eso has dicho varias veces-
-Draco, yo… -comenzó a decir la joven castaña cuya mandíbula estaba muy cerca de dislocarse de la impresión -¿C-cómo podría decir que no?- repuso esbozando una radiante sonrisa.
-Eso es un…-
-¡Sí!- se apresuró a decir Hermione lanzándose impetuosa a los brazos de su apuesto y semidesnudo novio -¡Por supuesto que sí!- añadió para luego besar apasionadamente los labios del rubio.
-Hagámoslo entonces…- dijo Draco con fingido entusiasmo cuando él y Hermione se separaron de aquel beso –casémonos… ahora mismo-
La castaña abrió los ojos como platos y sonrió divertida -¿Ahora mismo?... ¿estás loco?- añadió recorriendo con su dedo índice el rubio cabello de la frente de su novio.
-Sólo por ti…-repuso Malfoy enarcando la ceja de un modo seductor y aferrándose a la cintura de la chica –por eso no veo razones para esperar… vamos a casarnos de inmediato-
-¿Es en serio, Draco?-
-Por supuesto que sí- acepto el ojigris sin pisca de titubeos- hay que vestirnos rápidamente y buscar una capilla cuanto antes-
-Suena tentador- admitió Hermione sonriendo de oreja a oreja, esa era una de las cosas que tanto le gustaban de Draco, que fuera tan espontaneo y apasionado, él definitivamente estremecía sus planes y su mundo entero, sin embargo en esa relación alguien tenía que tener sensatez y al parecer esa tenía que ser ella -pero…-
-Pero qué…-
-Pero me gustaría una boda a la cual pueda asistir mi familia y amigos… ¿a ti no?- repuso la chica buscando la mirada grisácea del rubio –además aún no has podido conocer a mis padres ni yo a los tuyos…-
-Hermione- suspiró Draco con desgana, alejándose un poco de la chica ¿Por qué demonios tenía que ser tan perfecta en todo? ¿Por qué no sólo tiraba todo por la borda y lo hacía? Eso sólo demoraba sus planes – Los conoceré después, entiende que ya no quiero esperar… quiero que seas mi esposa ahora mismo- aseguró el rubio.
-A mí también me encantaría ser tu esposa lo antes posible… pero creo que debemos planear un poco esto-
-¿Qué hay que planear?- quiso saber el rubio un tanto desesperado – ambos queremos hacerlo, no se necesita más que eso, Hermione-
-Draco… Te amo lo sabes… pero hay muchas cosas que tenemos que hacer primero-
El rubio resopló ligeramente cansado del tema, por qué demonios quería esperar, seguro para realizar la típica boda con la que los muggles soñaban ilusamente, pero él no tenía tiempo que perder en ese tipo de tonterías. Sin embargo conocía muy bien a esa castaña, sabía que de seguir insistiendo ella comenzaría a sospechar que algo que no estaba del todo bien en su propuesta y eso era lo que menos quería, no estaba dispuesto a perder el terreno ya avanzado.
Se acercó nuevamente a ella, acarició sus mejillas con la yema de sus dedos y con una delicadeza que turbo a la joven de sobremanera, era un gesto por demás afectivo que el rubio rara vez era capaz de realizar. No obstante cuando lo hacía era devastador para Hermione, quien cerró sus ojos marrones al sentir la calidez de su contacto, afortunamente en esa ocasión agradeció estar sentada en la cama de lo contrario sus piernas no habrían sido capaces de sostenerla y se hubiera derretido como un helado bajo los intentos rayos del sol.
-Haremos lo que tú quieras- dijo Draco en voz queda de un modo tan sutil e insinuante que un suspiro se escapó de entre los labios pequeños y ligeramente hinchados de la castaña.
El rubio la miró entonces con sumo interés y con una sonrisa maliciosa colgando de la comisura de sus perfectos labios, su ego estaba en las nubes después de la declaración de la castaña y más aún después de ver lo sumisa que ésta quedaba ante sus caricias, en ese momento se daba cuenta con gran placer que todo su esfuerzo finalmente estaba siendo recompensado, la tenía precisamente donde quería, comiendo de la palma de su mano, ahora podría pasar a la siguiente fase de su plan, restregarle a Potter lo enamorada que estaba la estúpida de Hermione Granger de él, Draco Malfoy, su peor enemigo.
Finalmente le haría pagar cada una de las lágrimas que su familia había derramado por su culpa, a partir de ese momento el apellido Malfoy sería sinónimo de dolor y sufrimiento para ese estúpido auror. El muy imbécil lamentaría el día en que decidió meterse con su familia y destrozarla del modo en que lo hizo, había valido la pena esperar con su venganza si con eso conseguía que Potter llorara lágrimas de sangre, perdería ante sus ojos lo qué más amaba, tal y como él lo hizo por su culpa.
“Varios de los elfos domésticos que habían servido en su casa desde mucho antes de que él naciera entraban y salían de la recamara principal de su gran mansión como almas que llevaba el demonio, se comunicaban rápidamente entre ellos con sus voces chillonas ordenándose traer más agua para apagar la fiebre que desde la pasada noche no dejaba tranquila a su ama.
El joven rubio cuyos ojos grises estaban hinchados a causa de la tristeza y del cansancio que sentía debido a que no había dormido nada en la espera de una noticia, se encontraba en el pasillo frente a esa desesperante puerta de color oscuro, con la ropa desaliñada y el cabello revuelto gracias a la misma desesperación de la que era presa al no saber nada a cerca de la salud de su adorada madre, sin embargo no podía entrar, no tenía el valor para cruzar el umbral y ver una vez más como su madre luchaba entre la vida y la muerte, tal y como venía haciéndolo desde que su padre había perdido la oportunidad de regresar con ellos a causa de ese imbécil.
Los elfos le habían suplicado varias veces que llamara a los sanadores de San Mungo, pero él no lo hizo, estos ya habían desahuciado a su madre, asegurándole de la manera más fría que fueron capaces que era ella quien estaba dejándose morir a causa de la tristeza que aparentaba sentir, “Qué aparentaba sentir” ¡Infelices sanadores! No había sido suficiente el hecho de que atendieron a su familia como si fuera la peor escoria de la comunidad mágica, no, tuvieron que burlarse de la enfermedad de su madre tan sólo por qué su padre había sido un mortífago a disposición del Señor Tenebroso. No les importó en lo más mínimo que él estuviera tratando de recuperar el buen nombre de su familia trabajando arduamente en el Ministerio de Magia, y además le habían dejado muy claro que se salvaría sólo aquel que quisiera hacerlo, recalcándole que su madre no lo deseaba, pero ellos no eran más que unos idiotas que no comprendían su situación, ni su enfermedad y ni siquiera les interesa hacerlo.
Por esa razón no la había llevado por enésima vez a ese maldito hospital, tanto él como su madre, Narcisa, eran orgullosos y no volverían a rebajarse a un trato como el que les habían dado en todas aquella ocasiones, inclusive su rubia madre le había suplicado cuando lo delirios cesaban que no la llevará más a ese lugar, él había consentido a su petición y ahora estaba con el alma pendiendo de un hilo, uno que cada día parecía más delgado.
Pero no se permitirá a si mismo demostrarle al mundo el desconsuelo que lo embargaba al saber que estaba perdiendo a las únicas personas que le importaban, más aún a la mujer que le había dado la vida y la cual había cuidado de él como su más preciada posesión, sin importar los peligros que estuvieron constantemente a su alrededor con el regreso del Señor Oscuro, lo cuido y lo amó a tal grado de que él había crecido en extremo consentido. Y él amaba a su madre más que a nada en el mundo y no estaba dispuesto a verla sufrir más a causa de la enfermedad que meses atrás la había convertido en su presa favorita, provocada como ya le habían dicho un centenar de veces, por la evidente tristeza que sentía.
Suspiró con pesadez como si estuviera infinitamente agotado de todo para después dirigirse hasta el enorme ventanal que iluminaba parcialmente el pasillo donde él se encontraba. El atardecer que se divisaba desde ese lugar parecía de alguna manera burlarse de él y de su preocupación, pero sin duda podría afirmar que ese era el atardecer más hermoso que había visto en mucho, mucho tiempo. El sol brillaba sobre las montañas que custodiaban la mansión, coloreando de nacarado el cielo tal y como lo harían las pinceladas de un reconocido y talentoso pintor, sin embargo la tristeza que se percibía en el ambiente y la propia no lo dejaban disfrutar de la vista como lo hubiera hecho en otras circunstancias.
De repente un grito agudo resonó en todas las paredes de la residencia, un grito de terror que le congeló la sangre en las venas, seguido del fuerte sonido de cristales rotos y el cual venía precisamente de la recamara de su madre. Su mente su nubló por un par de segundos, la angustia lo abordó en un santiamén como un manto transparente, corrió en cuanto sus piernas fueron capaces de responderle y abrió la puerta de par en par. Los elfos domésticos que se arremolinaban alrededor de la cama de sábanas blancas de seda miraban horrorizados el cuerpo de la mujer que se encontraba ahí, desfallecida tal y como una muñeca de porcelana infinitamente delicada, frágil y… y sin vida.
Al parecer la taza había caído de sus manos débiles cuando su último aliento de vida la abandonó-¡Madre!- exclamó el rubio notando como las lágrimas se derramaban por su mejillas al tiempo que se acercaba hasta ella con pasos trémulos cayendo en la cuenta de la tragedia que acaba de azotar a su familia-¿Madre?... – se arrodilló al lado de la cama y tomó la mano de la mujer, aún estaba tibia y aquello le dio unas esperanzas que ilusamente acepto – Madre, por favor despierta… todo estará bien, te lo prometo…-
-Amo, ella ha muer…-
-¡NO!- le espeto Draco con los ojos abnegados en lagrimas y con rabia al pequeño elfo doméstico que se había atrevido a hablar y afirmar aquella desgracia que él se negaba a creer a pesar de verlo con sus propios ojos –No… ella está bien… mamá por favor… por favor mírame- suplicó tomando entre sus manos el rostro de la rubia mujer –mírame todo estará bien… papá volverá… papá…- las lágrimas lo vencieron, los ojos de su madre estaban abiertos pero no había ni luz ni calidez en ellos, no había absolutamente nada, ella no lo miraba y nunca más lo haría, había muerto, la había perdido para siempre…” Aquel recuerdo cruzó la mente del rubio tan rápido que no había sido capaz de detenerlo a pesar de querer hacerlo, odiaba recordar la tarde en que su madre había muerto, era sin lugar a dudas el peor recuerdo de toda su vida, era por eso precisamente que hacía todo aquello, para vengarla a ella y a su padre.
Se sintió completamente abrumado, se puso de pie sin más y tomó su pantalón que estaba tirado al lado de la cama para luego ponérselo ante la mirada sorprendida de su ahora prometida.
-¿Pasa algo Draco?- preguntó la castaña frunciendo ligeramente el entrecejo por el repentino cambio del rubio y por haberla dejado en la espera de un beso que nunca llego. Este evitó mirarla mientras buscaba su camisa en los rincones de esa recamara -¿Draco?-
- Recordé que tengo algo que hacer en el ministerio- respondió sin darse plenamente cuenta de lo que decía mientras buscaba detrás del mueble que estaba frente al espejo, el cual reflejaba a una sorprendida y pasmada castaña envuelta en sabanas.
-¿Ministerio?- preguntó extrañada.
El rubio se quedó petrificado cual estatua de piedra al caer en la cuenta de lo que había dicho -Ah… quiero decir… Co-constructora… sí eso es…- balbuceo dándole la espalda a esa chica que frunció el ceño ante su titubeante respuesta.
-¿Estás bien?-
-Sí, perfectamente…- replicó rápidamente - ¿Dónde está esa maldita camisa?-
-Creo que en la sala…- respondió Hermione en voz queda sin saber que había sucedido para que Draco se comportara tan disperso -¿Amor, estás bien?-
-Sí… nos vemos en la noche- respondió secamente, se acercó a ella, le dio un rápido beso en la frente y salió de la recamara argumentando que tenía un trabajo importante que entregar para mañana mismo.
-Vaya…- resopló Hermione después de escuchar el golpe sordo de la puerta al cerrarse detrás del rubio –tú sí que sabes romper el encantó- susurró para sí misma.
Miró entonces el anillo que llevaba en su dedo anular en el cual brillaba aquel hermoso diamante y no le importó que el rubio se hubiera marchado de improvisto, al fin y al cabo volvería al anochecer tal y como lo dijo, sonrió nuevamente como una boba al saber que pronto se convertiría en la Señora Malfoy, Hermione Jean Malfoy. Deseo gritar de alegría a los cuatro vientos para que todos se enteraran de que era la mujer más feliz que pisaba la faz de la tierra, deseo llamar a sus padres y a Allison para comunicarles la buena noticia, estaba tan emocionada que aquello hasta la perecía irreal.
¡Dios! Amaba tanto a ese rubio que si pensaba en el día que lo conoció jamás lo hubiera creído posible, pero ahora después de tanto tiempo no imaginaba su vida sin él, Draco se había convertido en todo para ella a pesar de sacarla de quicio muchas veces, el amor era tan extraño, ella sin lugar a dudas había pasado del odio al amor sin darse cuenta y francamente recordarlo la hacía sonreír por las vueltas que daba la vida.
Mientras pensaba en ello una nueva avalancha de imágenes invadió su mente, cerró sus ojos con fuerza como si de esa manera pudiera detener aquellos rostros, lugares y un sinfín de cosas más que desfilaban en su mente tan rápido que se sintió mareada y abrumada, más que nada mareada y con unos deseos enormes de vomitar debido quizás al vértigo que se apoderó de su estomago.
Hermione no fue capaz de distinguir mucho pero sin duda aquella cabellera azabache y aquellos inconfundibles ojos verdes habían estado presentes en cada una de las escenas difusas que su mente había representado para ella a la velocidad de la luz. Se llevó entonces una mano a la frente a causa del repentino dolor que comenzó a aquejarla, uno que sin duda se había vuelto constante desde hacía un par de días atrás y el cual se volvía más y más intensó.
Inhaló todo el aire que pudo para reponerse, al menos para ser capaz de dejar esa cama, y después de ponerse una delgada bata, regalo de su novio, se dirigió al cuarto de baño para refrescar un poco su cara, abrió el grifo con manos temblorosas para mojar su rostro y así despejar su mente y mitigar de una vez por todas aquel deseo apremiante que sentía de vomitar a causa de lo mareada que se encontraba. Al instante que sintió el agua fría chocar contra su rostro el mareo cesó considerablemente, fue entonces que levantó su cara y miró su reflejo en el espejo frente a ella, el cual le regresaba una imagen de sí misma que resultaba ligeramente diferente…
“La imagen que le regresaba el espejo era el de una adolescente nerviosa y más que nada ansiosa, sus manos temblaban ligeramente mientras colocaba un cadejo de cabello castaño detrás su oreja tratando al mismo tiempo de poner en su rostro un poco de rubor que no era realmente necesario, sus mejillas ya estaban lo suficientemente coloradas por sí solas cómo para hacerlo.
No sabía por qué razón se había puesto tan nerviosa cuando aquel chico de hermosos ojos esmeraldas la había citado a la orilla del lago, aunque tal vez eso se debía a la forma en que la miraba últimamente, esa que lograba desarmarla desde sabría Merlín cuando, tal vez desde que sus propios sentimientos respecto a ese joven cambiaron.
Suspiró sintiendo como el aire invadía sus pulmones trayéndole una paz que francamente no sentía, se preguntaba una y otra vez que era aquello que el chico necesitaba hablar con ella y precisamente en el lago. Si acaso se trataba sobre alguna cosa trivial o sobre algo relacionado con el colegio y deberes atrasados, podría hacerlo ahí, como siempre lo hacían ese par cabeza dura que tenía por mejores amigos, sin embargo el nerviosismo que notó en el ojiverde la inquietaba, no obstante una voz que parecía la propia le susurraba detrás del oído que no podía ser nada malo y que se relejara, que estaba comportándose de un modo realmente tonto.
Miró su reflejo con atención, sus ojos marrones brillaban con cierta ilusión al imaginar un sinfín de escenarios que representaba aquella “cita” en el lago, lo más probable era que aquello no fuera para nada una cita como ilusamente comenzaba a pensar, pero que más podías pensar si el chico del cual estás enamorada decide invitarte sólo a ti a pasear por el lago al atardecer, eso volaría la imaginación de cualquiera y debía admitir que sonaba lindo, negó sutilmente a la chica que sonreía de oreja a oreja en el espejo, no debía dejarse llevar por ese tipo de pensamientos, seguramente él sólo deseaba hablar de los tantos problemas que cargaba sobre su espalda.
-Vamos Hermione… no seas tonta- se dijo así misma para que su mente dejara aquello por la paz –seguro no será nada de lo que piensas-
-Entonces sal de una vez- dijo una voz detrás suyo sobresaltándola y esta vez no era la propia de eso estaba más que segura.
-¿Q-qué?- preguntó dándose vuelta para mirar a la joven de piel canela que estaba recostada en unas de las camas del otro lado de la suya y en la cual no se había percatado hasta entonces.
-Que salgas… tienes horas mirándote al espejo y acomodando tu cabello de un modo y de otro… - dijo la chica tomando asiento y cruzando sus piernas sobre la cama -así que si vas a ver a un chico ya tuviste mucho tiempo para arreglarte y si sigues así sólo arruinaras lo ya avanzado con tu cabello… créeme te lo digo por experiencia-
-Ah… bueno-
-¿Y quién es él?- quiso saber la joven sonriéndole con complicidad.
-Él… ¿Quién?- repuso Hermione saliéndose por la tangente y volviendo su rostro hacia el espejo de su tocador.
-No te hagas la tonta Hermione – le atajó la chica cuyos rasgos hindús resultaban evidentes aún a pesar de la poca iluminación que rondaba en el dormitorio –ese chico para al que has estado arreglándote-
-No es nada de eso-
-¡Claro! Por eso sigues sin decidirte a salir ¿no?-
Hermione decidió ignorar ese comentario mientras la chica le hacía la burla porque para ella resulto evidente que mentía, resopló y se puso de pie dirigiéndose al instante hacia la puerta del dormitorio. “Buena suerte, Hermione” le había gritado su compañera cuando ya había salido provocando sin que ésta se diera cuenta que los colores subieran por todo su rostro.
Mientras salía del castillo cruzando los jardines donde muchos jóvenes descansaban despreocupados, sus manos comenzaban a sudarle a causa de los nervios que a cada paso que daba iban aumentando considerablemente, su estomago se estremecía en su interior como si quisiera escapar de su cuerpo y su corazón latía más rápido de lo normal “Basta” se repetía mentalmente mientras el lago quedaba al descubierto ante su campo de visibilidad.
Se detuvo entonces unos segundos antes de llegar al lugar acordado con su amigo, respiró profundamente en varias ocasiones para controlarse por completo, lo que menos quería era quedar como una tonta ante él, eso nunca se lo perdonaría a sí misma.
Tras varios segundos que para ella resultaron eternos continuo con su camino. Fue entonces cuando lo vio, sentado sobre una manta de color beige mirando hacia el lago despreocupadamente, su cabello negro estaba completamente alborotado como si el viento soplara a su alrededor todo el tiempo, una característica que siempre le había gustado de él, que su cabello fuera casi tan rebelde como el suyo, claro que él se veía extremadamente apuesto con ese estilo algo que no podía asegurar en ella.
Inhaló aire una vez más y sonrió como si no estuviera muriéndose de nervios en el interior, avanzó más hacia él y éste pareció notar su llegada ya que se volvió hacia ella, los ojos esmeraldas de ese joven brillaron de un modo que la cautivo y una sonrisa nerviosa se dibujo en sus perfectos y delgados labios.
-¡Hola Harry!- lo saludó ella sonriéndole…” -Harry… - murmuró Hermione mirando su pálido rostro en el espejo de ese baño, el desconcierto de que aquellas imágenes siguieran invadiendo su mente en los momentos menos esperados resultaba evidente, más aún tomando en cuenta que era ese chico quien nuevamente se encontraba en ellas, el mismo que había conocido en Oxford, suspiró cansada -¿Por qué sigues apareciendo en mi mente?... – preguntó como si ese joven pudiera escucharla y sería capaz de responderle -¿Por qué?...-
Habían pasado unas cuantas horas desde que Harry había destrozado su oficina, había escuchado a Ron diciéndole un montón de estupideces para que se calmara, claro que ninguna de ellas había funcionado en lo más mínimo, él seguía verdaderamente furioso, el pelirrojo incluso había opinado que debería llamar a Luna para que la escuchara a ella, seguro pensó que ella lograría lo que él no era capaz, o tal vez ya se le habían acabado las ideas y necesitaba refuerzos.
De cualquier modo no le importaba en lo más mínimo lo que su amigo y su secretaria Bonnie le dijeran para tranquilizarlo, como tampoco le interesaba llegar al fondo del asunto antes de hacer algo que pudiera lamentar, como era la constante recomendación de Ron, además el ojiverde estaba seguro que no lamentaría nada de lo que pudiera pasarle a ese tipo, al contrario. Malfoy se merecía la pena de muerte y aunque ya no utilizaban a los dementores sin duda a ese maldito rubio le vendría muy bien un beso por parte de estos, y eso era muy poco comparado con todo lo que se merecía por estar con ella, por haberla besado por… por todo.
Mientras Harry fingía una tranquilidad que verdaderamente no sentía meditaba en todo lo que había visto en aquella universidad muggle, lugar donde había encontrado a su Hermione, no de Draco Malfoy sino de él, ella era su alma gemela, el amor de su vida y aún no podía creer del todo que estuviera con aquel estúpido, estaba seguro que el muy imbécil se había aprovechado de que ella no recordaba nada de su vida y al mismo tiempo mientras pensaba en eso se preguntaba cómo era aquello posible, cómo pudo Malfoy encontrarla cuando él tardó tanto tiempo en hacerlo. Debía averiguarlo y luego partirle la cara, o tal vez primero eso y después descubrir la respuesta, en fin, el orden no importaba, pero de algo estaba seguro, no podía esperar más, la duda estaba matándolo más lenta y parsimoniosamente de lo que lo haría la certeza.
-¿Estás bien?- quiso saber el pelirrojo al ser ignorado olímpicamente por su amigo después de un discurso que cualquier político estaría orgulloso.
Harry levantó su mirada esmeralda hasta el joven fulminándolo con rabia ¿Qué si estaba bien? Que pregunta tan más estúpida, de verdad que Ron era un imbécil cuando quería serlo -¿En serio me estás preguntando eso?- le reclamó el jefe de Aurores tratando de contenerse antes de gritarle a su amigo lo idiota que era.
-Ah… ah- titubeo él desviando la mirada del molesto ojiverde, incluso sentía la rabia de este atravesándole la piel –Bueno… ¿Qué es lo que piensas hacer?-
-¡Matarlo!-
-¡Harry! ¿Estás loco?... eres el jefe de Aurores no puedes hacer eso-
-Más bien por eso puedo hacerlo, Ron, porque soy el jefe de Aurores- replicó Harry llenó de rabia.
-Ya te lo dije, tienes que pensar bien lo que harás, no puedes dejarte llevar… seguro a él le encantaría eso…- dijo el pelirrojo un tanto alarmado por la determinación que había en la mirada de su amigo –quiere arruinarte Harry… ambos lo sabemos-
- Es por eso que está con ella- afirmó el ojiverde con seriedad.
-Eso no lo sabes- repuso Ron nada convencido de ello, conocía tan bien como Harry a ese maldito de Malfoy y aquello parecía ser la respuesta exacta, pero no quería alimentar la molestia de su amigo y lograr con esto que el ojiverde saliera a hacer lo que había dicho, matar a Malfoy.
-¿Hay alguna otra razón?…-preguntó mirando a su amigo con hastío -hasta tú lo dijiste, Malfoy busca arruinar mi vida…-
-¿Pero… por qué con ella?- preguntó Ron más para sí mismo que para el ojiverde -nadie sabía sobre tu relación con Hermione… nadie en el colegio, ¿cómo…-
-Eso voy averiguar- afirmó Harry con ímpetu, ese mismo que lo invadía cada que había un caso que resolver en la oficina de Aurores. Ron suspiró resignado, sabía que nada de lo que dijera le haría cambiar de opinión y eso era en extremo preocupante, Harry seguía siendo impulso y eso casi siempre los metía en problemas, aunque en esa ocasión entendía la rabia y la desesperación de la que era presa, incluso él estaba enfadado y consternado a pesar de no querer demostrarlo.
Para él y estaba seguro de que para cualquiera escuchar que Hermione era novia de Draco Malfoy resultaría muchísimo más extraño que escuchar que los snorkack de cuernos arrugados existían y estaban a simple vista, no importaban las circunstancias en las que aquella relación hubiera surgido, eso sin lugar a dudas era lo más insólito que pudo haber escuchado o imaginado en toda su vida y siendo prometido de Luna Lovegood había imaginado muchas cosas raras, pero nada tan fuera de lugar como aquella supuesta relación de la que su amigo hablaba.
En ese momento Bonnie cruzó el umbral de la oficina interrumpiendo las cavilaciones de ambos jóvenes, se notaba un tanto temerosa y cualquiera en su lugar lo estaría, ella nunca había visto a su jefe comportarse de la manera en que lo había hecho, incluso algunos de los magos que habían transitado por la segunda planta del ministerio magia se habían dado cuenta de la forma en que el jefe de Aurores había perdido los estribos y ella no supo cómo justificar aquel comportamiento.
-Disculpen… Señor Potter…- lo llamó con un ligero titubeo en su voz y mirando con aprensión a su jefe, obviamente le preocupaba que éste comenzará a destrozar todo cuanto hubiera quedado intacto en el lugar. De hecho el ojiverde ni siquiera levantó su mirada hasta ella pero su espalda se tensó, algo que le dio a entender a su secretaria que la estaba escuchando, así que continuo –El ministro insiste en que necesita los resultados del caso… desde ayer los espera en su escritorio… y… y también desea hablar con usted cuanto antes-
Harry miró de soslayo el desorden que rondaba en su escritorio y el piso de la oficina preguntándose en dónde demonios había quedado aquel informe y tratando de imaginar el daño que los pergaminos presentaban después de su arranque. Resopló con hastío y con un movimiento perezoso de su varita invocó hasta sus manos aquellos documentos sólo para darse cuenta que su imaginación era bastante buena, ya que éstos estaban hechos pedazos.
Murmuró un “Reparo” en voz queda que al instante dejo los documentos como nuevos – Llévaselos al ministro- le dijo a Ron acercándoselos -y explícale todo lo que quiera saber al respecto-
-Pero él quiere hablar contigo- repuso el pelirrojo desconcertado.
-Tú sabes lo mismo que yo…-replicó Harry con enfado –así que hazlo, yo no quiero hablar ni con él ni con nadie-
-Pero, Harry…-
-¡Hazlo Ron!- le espetó el ojiverde a su amigo con voz autoritaria, después de todo era su jefe y debía hacer lo que él le pidiera. Ron frunció el ceño, por lo general Harry nunca relegaba sus obligaciones, claro que en ese momento las circunstancias y su molestia podían más que cualquier otra cosa y a pesar de que bien podría hacerlo, algo le susurraba al oído que no debía dejar a su amigo solo en esos momentos.
-Está bien, pero…-
-Pero nada- repuso el ojiverde con fuerza. Ron suspiró resignado y tomó los documentos que su amigo le ofrecía, salió entonces de la oficina indicándole a Bonnie que saliera con él para sin duda darle unas cuantas recomendaciones sobre lo que debería hacer para mantener al ojiverde confinado en esa oficina antes de que cometiera una locura, una que evidentemente ya se había apoderado de él…
El rubio había atravesado el atrio del Ministerio de Magia sin prestar atención a su alrededor, sabía que era tarde y que probablemente las instalaciones se cerrarían de un momento a otro, puesto el horario de trabajo estaba por terminar, sin embargo ahí estaba, a Hermione le había dicho que tenía trabajo que realizar sólo para justificar sus repentinos deseos de salir de ese departamento y a pesar de que había mentido en ese instante, había decidido regresar a su oficina para terminar con los documentos sobre los holandeses que antes dejo inconclusos para salir en busca de la castaña. No debía descuidar su trabajo ni por ella ni por nadie.
Cuando llegó hasta su oficina vio a Blaise Zabini entregando pergaminos a su secretaria y dándole indicaciones como si ella fuera idiota o algo parecido y eso de cierto modo le causo gracia. La chica morena se marchó con lágrimas en los ojos, pasando por su lado lo más rápido que pudo. Insultar a las demás personas les resultaba terapéutico a ambos, tal vez por eso eran tan buenos amigos.
Blaise se percató de la llegada del rubio y lo miró con enfado – Draco… hasta que te dignas a aparecer - le reprochó mientras el ojigris sonreía con descaro.
-Estaba ocupado, si sabes a lo que me refiero- repuso Malfoy sonriendo con picardía.
El joven de color rió ligeramente –Me lo puedo imaginar… más si tomamos en cuanta tu “fino” entretenimiento –masculló con evidente sarcasmo en la voz, algo que disgusto un poco al rubio por referirse a Hermione de ese modo, después de todo era su prometida, aunque lo disimulo al instante con un gesto altivo.
-¿Esta listo el reporte de esos malditos holandeses?- preguntó cambiando súbitamente de tema, algo que su amigo no pudo evitar notar.
-¿Te molesta?- quiso saber Zabini ignorando la última cuestión del ojigris mientras enarcaba las cejas con burla.
-¡Te hice una pregunta, Blaise!- le espetó el rubio.
El joven rió con descaró,
“Evidente y más evidente” pensó mofándose en su interior de Draco Malfoy quien se había pasado presumiéndole un plan que él francamente no le veía mucho futuro. Granger había perturbado a su amigo más de lo que este quería admitir y el muy idiota seguía llamándose
“Cazador” el cual desde su punto de vista había sido cazado por su propia presa sin darse plenamente cuenta ello.
-Claro que está listo…- respondió finalmente Zabini alzando una ceja con un evidente gesto de superioridad -¿Creíste que iba a esperar que tuvieras ganas de trabajar o qué?-
-Bien… - respondió el rubio tratando de sonar desenfadado, algo que no resulto del todo puesto que Blaise seguía con aquella risa burlona en el rostro -¿Y qué esperas para entregarlo?-
-Que te quites de enfrente, tal vez-
El rubio se hizo a un lado permitiéndole el paso a Zabini quien avanzó un par de pasos hasta detenerse a su lado mirándolo de soslayo –Ten cuidado Draco… me parece que jugaste con fuego… y estás quemándote – sin más emprendió camino rumbo a la oficina del ministro de magia para entregar los documentos que se tratarían con el comité de los representantes de Holanda. Quienes debían estar gozando de lo lindo en el caldero Chorreante puesto que a pesar de sus insistencias no los había reubicado.
Malfoy resopló con fastidio por esa advertencia de Zabini ¿Qué de verdad era tan difícil para su amigo confiar en que tenía todo bajo control? Seguramente sí, porque desde que le dio a conocer su plan no había parado de preguntarle si su relación con Hermione se debía sólo a eso. Draco no cometería el error de enamorarse de una sangre sucia y menos de la castaña, estaba con ella, sí, pero por su venganza sólo por eso, él no estaba dispuesto a manchar su apellido uniéndolo con el de una asquerosa sangre sucia como ella. Cuando aquello acabara la dejaría tirada como un juguete roto o cómo uno del cual su dueño se ha cansado mientras que ella estaría rogando por las migajas de su amor, así cumpliría la venganza que había planeado para ella también.
Se encaminó entonces hacía el interior de su oficina ubicada en el quinto piso del Ministerio de Magia para revisar las copias de los pergaminos que Zabini llevaría al Ministro, debía comprobar que todo estuviera en orden, no dudaba de la capacidad del joven pero prefería cerciorarse. De repente, sin ser capaz de reaccionar sintió el impacto de una especie de rayo en su espalda que lo impulso con una fuerza desmedida hasta la pared que estaba detrás de su escritorio, derribando todo a su paso y golpeándose en el muro con estrepito.
El dolor en su cabeza fue inmediato, abrió sus grises ojos sin ser capaz de distinguir el bulto borroso que se acercaba a él con la varita en alto. Intentó sacar su propia arma mágica pero antes de que pudiera hacerlo, la persona frente a él lo sujeto de la solapa de de su abrigo y lo levantó con vehemencia mientras clavaba su varita mágica en su cuello en forma de amenaza.
-Ni se te ocurra sacar tu varita, Malfoy-
El rubio reconoció esa voz en el mismo instante que su vista se aclaró- Potter…- escupió con su voz que arrastraba las palabras casi como lo hacían las serpientes venenosas dibujando una sonrisa maliciosa en la comisura de su labio -¿Vas a matarme?-
-Por supuesto… eso no lo dudes, Maldito- repuso Harry clavándole más la varita en el cuello hasta que su yugular quedo completamente visible, pensando en lo fácil que sería cortar esa vena y verlo morir desangrándose lentamente mientras le suplicaba ayuda.
-Hazlo… no esperes más…- lo retó el rubio aún a pesar de que no estaba en la mejor posición, él tenía todas las de perder, pero si lo hacía, si Potter cumplía su amenaza él también –aunque no creo que aún siendo el jefe de Aurores te den inmunidad por asesinato-
-Tendremos que averiguarlo entonces- aseguró el ojiverde con una firmeza que perturbaría a cualquiera, pero no a Draco Malfoy quien rió entre dientes, mofándose de lo molesto que su enemigo se encontraba -Pero antes vas a responder un par de preguntas con sinceridad- repuso Harry aferrándose con más fuerza al abrigo del rubio y clavando aún más la punta de su varita en su cuello tan pálido que comenzaba a amoratarse…