Saben? Saben?
HOY HAY TERCERO Y ULTIMO CAPITULO!
Lamento mucho lo retraso, mil disculpas, mas una vez
Totalmente dedicado a Misa y Clau!
Este es vuestro regalo de boda
Sin más perdidas de tiempo, el Fic
Capitulo III
Volvió a besarle el cuello, mientras sentía como las manos de ella apretaban ligeramente las suyas y se acomodaba mejor sobre él. No entendía como era posible nunca haberse percatado en su amiga, en la figura de su cuerpo…y sobretodo en la forma como ella hacía que su corazón palpitara de aquella forma. Dos días, tan solo habían pasado dos días desde que le había pedido que fuera su novia y ya podía decir, con toda la seguridad, que sin ella no podría vivir. De repente todas las veces que pensó estar enamorado le parecían simples bromitas de su corazón. ¿Para donde había ido todo aquél hielo que lo atormentaba noche y día? No sabía. Quizás se hubiera desvanecido y evaporado con parte del agua de la tina del baño donde se encontraba con Hermione.
- Debo salir de aquí. Pronto despertará Meredith y…
No pudo seguir hablando, ya que Harry posó sus labios sobre los de ella, impidiéndola de terminar la oración que estaba diciendo. Nunca se cansaría de sentir los labios del moreno sobre los suyos.
- Harry, en serio. Mira mi piel – dijo ella soltando las manos del chico y elevándolas en el aire para que el moreno pudiera observarlas – Parecen manos de vieja de tan enjuagadas.
- No seas tonta, estas hermosa como siempre – dijo Harry haciéndola sonrojarse de nuevo. En los últimos dos días él no hacía otra cosa sino decirle cosas de hacerla quedar sin respirar.
- Harry en serio. Estamos despiertos hace horas…ya deben ser casi las diez de la mañana y Mer no tardará en despertarse.
Harry soltó un suspiro, apenado por no poder seguir junto con su novia. De verdad se sentía verdaderamente bien junto a ella, como si toda su vida estuviera simplemente esperando su presencia para completarse. Se sentía aún mejor jugando con Meredith mientras su castaña lo miraba con dulzura. Sentía que hacía parte de una familia…una familia que nunca tuvo en toda su vida.
- Solo te dejaré ir si me contestas a una pregunta…inocente – dijo Harry con una sonrisa pícara en su rostro.
Hermione lo miró confundida, pero terminó asintiendo con la cabeza mientras se preguntaba interiormente que estaba pasando por la cabeza de su novio.
- Quiero que lo confieses…nunca has tenido un amanecer así, ¿verdad?
Hermione empezó a reír de buena gana mientras se incorporaba mejor y se ponía delante del ojiverde para mirarlo a los ojos. Tomo su rostro entre sus manos y lo besó despacio, sintiendo las manos de él posarse en su cuerpo, acariciándolo con dulzura y desespero. Soltó sus labios al percatarse del camino que tomarían si seguían besándose de esa forma y lo miró de nuevo en sus orbes verdes.
- Lo confieso. Nunca he tenido un amanecer así. Nunca nadie me ha hecho suspirar como lo haces tú. Nunca nadie me hizo sentir tan bien como tú. Jamás en mi vida he despertado sin sentir frío en alguna noche de invierno, como estos últimos días. Nunca nadie me ha hecho desear tanto estar acompañada como me haces desear tu compañía. Nadie, solo tú.
Harry volvió a besarla, casi sin dejarla terminar lo que decía. La besó con urgencia y desespero, luchando por sentir cada pedazo de la boca de la chica, por aprovechar cada mordida que la castaña le proporcionaba en su labio inferior.
- Harry no…despertará Meredith – dijo Hermione en un susurro cuando él ojiverde soltó sus labios y bajó por el cuerpo de su novia, besándole el cuello, los hombros, hasta llegar a sus pechos.
Harry sonrió al escuchar el tono temeroso de la castaña. Ni ella misma creía en sus palabras, pensó, mientras sus manos soltaban la cintura de la chica y le acariciaba sus pechos, mientras sus labios volvían a buscar los de la chica, sintiendo de nuevo su sabor exquisito. Parecía que el agua de la tina se evaporaba debido al calor que de repente se hizo en aquél baño ya que cada vez menos sentía el cuerpo de la castaña bajo el agua. ¿O sería por la forma con que ella arqueaba las espaldas, suspirando con cada toque o roce de piel que él mismo le proporcionaba?
Las manos de la castaña no paraban en ninguna parte del cuerpo del ojiverde, moviéndose y llevando a el chico a la locura con cada caricia de la chica. Pronto sintió, de nuevo, algo irguiéndose bajo ella. Sonrió de satisfacción mientras mordisqueaba él lóbulo de la oreja del chico y con sus manos, lo arañaba despacio en el pecho, provocándolo. Sabía que eso lo volvía loco.
Se olvidó por completo de las horas y de lo que tenía que hacer ese día al sentir el moreno dentro de ella, moviéndose despacio. Sus uñas se clavaban en las espaldas del chico, mientras él aceleraba sus embestidas y la hacía suspirar con más fuerza y frecuencia, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no hacerse loca con todo aquél placer. Cuando el orgasmo empezó a elevarlos hasta el cielo, no pudo dejar de gritar y suspirar por última vez el nombre del chico, sintiéndose plena y rejuvenecida. Como exactamente se había sentido hacia una hora atrás. Sonrió por ello. Si las cosas seguían de ese modo, definitivamente se volvería loca y pasaría a costarle mucho más lo que costaba ya en el invierno, levantarse de la cama en cada mañana.
Él chico se recostó completamente sobre el pecho de Hermione, quien respiraba entrecortadamente. Se notaba cansada y eso lo animó en cierta parte y se animó aún más al sentirla besar su frente, mientras con sus manos le acariciaba la espalda desnuda.
- Eres terrible. Ahora ya no tengo ganas de irme de aquí. – dijo Hermione.
- ¿Me estas diciendo que hace rato querías irte? – preguntó él ojiverde frunciendo el ceño y mirándola a los ojos.
- No. Pero ahora aún menos. – contestó la castaña soltando una carcajada. – Si te pedí que nunca me dejaras, no iré yo a hacerlo, pero es que no quiero que Meredith empiece a enojarse contigo.
- ¿Meredith? ¿Por qué lo haría? – preguntó él ojiverde confundido
- Veras…es que a ella no le gustan mucho mis novios, muchos menos que los traiga acá a casa, y…
- ¿Tus novios? ¿Qué novios? – preguntó de nuevo él ojiverde mientras se acomodaba mejor para mirar su novia a los ojos.
- Si, los que tuve hasta ahora… ¿O tu crees que en seis años estuve completamente sola?
Ahora que lo pensaba, nunca siquiera había imaginado ninguna de las dos opciones. Por un lado Hermione siempre fue una chica que seguía todas las reglas y bastante reservada en lo que se refería a acercarse a nueva gente y por eso extrañaba que hubiese tenido varias “relaciones amorosas”, pero por otro lado, sabía que había billones de hombres en el mundo, y que seguro él no era el único tipo con ojos en la cara para ver lo bella que su novia era.
- Solo queda decir que pensaste que era virgen. – dijo de nuevo la castaña, riéndose debido a la cara que en ese momento su novio hacía.
Harry la miró con su ceño fruncido mientras se enamoraba aún más de la risa de su amiga. Podía decir con casi toda la certeza que sus ojos habían dejado de tener aquél color opaco y habían vuelto a brillar.
- ¡Harry por Dios! – dijo la castaña al percatarse de la cara de incredulidad del ojiverde. Las ganas de reír eran más fuertes que ella y así se puso con fuertes carcajadas mientras Harry fingía estar enfadado.
- ¡Janie! ¿Mamá, estas ahí? – dijo Meredith mientras se golpeaba la puerta de la habitación de la castaña.
Hermione se alegró por recordarse que tenía un hechizo silenciador bloqueando los sonidos de aquella habitación. Se levantó y se vistió con una bata, cubriendo su cuerpo desnudo y salio del baño, sabiendo que su novio la seguía con la mirada.
El ojiverde quedó un rato más en la tina del baño, terminando por salir al sentir que el agua empezaba a enfriarse. Ya era día 24 de Diciembre, y en ese día se celebra la Navidad con una cena… algo que para él siempre fue sutil y sin sentido. Pero ese día se sentía con ganas enormes de celebrarlo. Ahora podía decir que tenía una familia y estaba seguro nunca querer abandonarla. ¿Cómo pudo estar tanto tiempo alejado de Hermione? No tenía idea, pero solo el echo de pensar que la dejó sola por casi seis años le hacía revolver el estomago. Nunca había sido tan egoísta como lo fue con su amiga.
Después de vestirse bajó las escaleras, encontrándose con el dulce y suave olor del desayuno preparado por su novia. Le encantaba la forma como ella cocinaba, le encantaba mirar su rostro mientras se dormía placidamente junto a él. Caminó hasta llegar a la cocina, encontrándose con los ojos marrones de Meredith, mirándolo con desconfianza. La niña no era ninguna idiota ni nada por el estilo, era bastante inteligente y perspicaz, seguro se lo había heredado de su hermana.
- ¿Dónde has estado? – le preguntó la pequeña mirándolo con desconfianza.
Hermione sonrió al reconocer lo que pasaba. Esa pregunta siempre se la hacía a sus ex cuando, por si acaso, dormían con ella. Realmente nunca ninguno se comparó siquiera con lo que sentía por Harry, pero Meredith aún no sabía distinguirlo. Y sinceramente esperaba que la pequeña le diera lucha a su novio, porque en parte le encantaba ver como, con las preguntas que hacía la más pequeña, los hombres se ponían rojos y bastante confundidos.
- Salí a comprar pan. – le respondió él ojiverde - ¿Qué tenemos hoy para el desayuno?
- ¡Tostadas! Y haremos los dulces para la Navidad, ¿verdad Janie? – dijo Meredith acercándose a la castaña y abrazándola por la cintura.
Hermione le correspondió al abrazo diciéndole que si, que habrían más dulces que en cualquier otro año puesto que ahora serían más. Desayunaron juntos, como una verdadera familia antes de Navidad.
Meredith reía como una loca mientras Harry hacía una historia fantástica sobre un chico que luchaba contra un dragón, utilizando sus tostadas como personajes principales. A la castaña, esa historia le sonaba bastante conocida.
Después de comer, Hermione le anunció a Meredith que Justin igual también vendría a pasar la Navidad con ellos. La pequeña quedó tan contenta que se fue a ordenar su habitación llena de muñecas y ropitas color rosa y azul.
El semblante de Harry cambió totalmente al escuchar esa nueva noticia. Pensó que pasaría la Navidad con Hermione y Meredith, solo los tres, pero parecía que no. Llegaría una cuarta persona que él no sabía ni quien era, pero que había escuchado su novia hablar con él por celular y ella le parecía demasiado contenta riendo con ese tal chico. Se levantó de la mesa, olvidándose completamente que podría utilizar su varita para las tareas domesticas y empezó a ordenar la cocina bajo la atenta mirada de Hermione.
- ¿Qué te pasa? ¿Por qué te enojaste? – preguntó la castaña con un poco de miedo. Desconfiaba de lo que sería, pero no afirmó nada hasta que Harry le contara lo que le atormentaba.
- No me pasa nada. No estoy enojado. – se maldijo por no poder ocultar el tono de enojo en su voz y mas aún por no poder mirar su novia a los ojos mientras se lo decía.
Hermione esbozó una sonrisa y se levantó de la mesa acercándose al ojiverde. Si no lo conociera como lo conoce no le creería ni una única palabra. Lo abrazó por la espalda y le beso el cuello, sintiéndolo estremecerse bajo el contacto de sus labios con su piel.
- Si estas enojado. Y quedaste con mala cara ayer cuando Mer igual habló de Justin. – preguntó la castaña susurrándole las palabras al oído.
- Yo pensé que finalmente podría pasar de nuevo la Navidad en familia, como hace años no lo hago…pero si quieres invitar alguien más…estas en tu casa y tienes todo el derecho.
La castaña se sorprendió con esas palabras. ¿Navidad en familia? ¿Familia? Habían pasado tan solo cuatro días desde que vivían juntos y apenas dos desde que se entregó totalmente a él. ¿Parecía precipitado? Quizás un poco, y eso se lo habían advertido. Pero los remordimientos de haber pensado que ya no conocía aquél hombre que tenía en sus brazos la hicieron sentirse realmente mal. Se percató que la frialdad era solo una mascarilla para el dolor de la soledad. ¿Hace cuento tiempo ella no vía sus padres? Ellos ni se habían preocupado en llamarla o simplemente escribir una estúpida postal de felices fiestas, o simplemente preguntando como estaban sus hijas. Y ahora llega ese chico a su vida después de tanto tiempo y en tan poco tiempo la llama de familia y la ama como si nunca nada hubiera pasado.
- Harry yo… - pero las palabras quedaron prendidas en su garganta y las lágrimas querían correr por sus mejillas. Se colocó delante de él y lo besó con dulzura, dejando que sus lágrimas de emoción mojasen el rostro de Harry.
- Lo siento yo… no quería hacerte sentir mal, lo siento… - dijo él ojiverde mientras con la palma de sus manos limpiaba las lágrimas de la castaña.
- Harry por favor no te enojes. Te entiendo pero… Justin fue la única persona que me apoyo hasta ahora. Fue el único que estuvo verdaderamente conmigo. Él es mi primo Harry… ¡no puedo abandonarlo ahora!
- ¿Que quieres decir con eso?
- Justin me apoyo cuando más lo necesité, con Meredith y en arreglarme el trabajo en El Profeta. Hace un tiempo que estuvo de novio con una chica y ella quedó embarazada – Hermione paró por unos segundos para tomar aire – El problema es que la mujer lo dejó solo con el bebe.
Harry la abrazó y dejó que ella recostara su cabeza en su hombro. No tenía el derecho de pensar fuera lo que fuera y de juzgarla cuando él mismo estuvo ausente de su vida, sin importarle nada por seis largos años.
- Él esta pasando por lo mismo que pasé yo. Lo siento Harry, pero en este momento no podré dejarlo.
- Lo sé amor, y lo siento por haber dicho lo que dije, entiendo que quieras ayudarlo y no me importo nada…
- ¿Quién pensaste que era? – preguntó Hermione mirándolo con una sonrisa burlona en los labios - ¿Acaso estabas con celos?
Él ojiverde la miró de mala gana, fingiéndose enojado, pero la besó, dejando que el sabor de la boca de la castaña lo embriagara y lo hiciera sentirse de nuevo caminando hasta el cielo.
- Sabes Harry, ya que estamos en familia y seremos más que en los años anteriores… – empezó la ojimiel abrazándolo por la cintura.
Harry la miró de ceño fruncido y sintió las mariposas en su estomago moverse con más fuerza con la sonrisa que Hermione en ese momento le dedicaba...
**
En la cocina, parecía que una tormenta la hubiera atravesado de un lado a otro. Había crema pastelera en las bancadas y harina en las ropas, cabellos y rostros de las dos hermanas que reían de buena gana, mientras el ojiverde ordenaba la mesa de la sala para la cena, o por lo menos lo intentaba ya que cada vez que entraba en la cocina era una autentica guerra de harina, y con intentos desesperados por no tropezar con cucharas perdidas por el suelo o por leche que termino en el suelo.
- ¡Tendremos la casa llena! ¡Mucha gente para la Navidad! – decía Meredith mientras saltaba en ronda del ojiverde - ¡Estoy tan contenta! ¡Nunca tuve tantos regalos en el árbol! ¿Vendrá Santa Claus, Harry?
- No sé Mer. ¿Le has enviado alguna carta?
- ¡Claro, claro! Le he pedido una cosa ¡muy especial!. ¡Él me la traerá, estoy segura!,he sido una buena niña y ya casi se leer, soy la mejor de mi clase, Mi profesora tiene mucho orgullo de mi. ¿Sabes que ya se leer casi todo y aún no hemos aprendido ni mitad del alfabeto? Es Janie quien me enseña.
Harry colocó el plato que quedaba en la mesa y sonrió a la alegre niña. Estaba tan alegre y tan feliz, casi ni cabía en si de tanta felicidad que la embargaba en aquél momento. La tomo en sus brazos y la tiró al aire, haciéndola reír a carcajadas y seguido la colocó sentada en sus hombros y caminaron hacía la cocina, siguiendo él rico olor que emanaba de allá. Esquivaron los focos y las hombreras de las puertas intentando a toda costa que Meredith no chocara con la frente en alguno.
- ¡Mamá que rico huele! ¿Cuánto tiempo queda hasta que llegue Justin?
- ¡Diez minutos! Tenemos que ir a arreglarnos… - dijo la castaña mientras miraba el reloj de la cocina.
- ¡Vamos, vamos! – dijo la pequeña mientras bajaba de los hombros del ojiverde y corría en dirección a las escaleras, seguida de Rusti, quien no dejaba de mirar a la castaña pidiéndole comida.
El moreno se acercó a la chica y metió su dedo a la tarta que ella preparaba. Le supo maravillosa y más aun por la cara de fastidio que hizo Hermione. Le daba gracia la harina en la nariz de su novia y suavemente la limpio.
- Iré a cambiarme. Si tocan la puerta abre por favor, ¿si? – dijo la castaña dándole un beso en los labios. – ¡Y no metas más el dedo ahí!
Harry asintió y quedó observando a la castaña mientras ella caminaba apurada por la sala y subía las escaleras. Sonrió con malicia y volvió a meter el dedo en la tarta. Estaba hecha una delicia, pensó el ojiverde mientras salía de la cocina, deseando que Hermione no lo descubriera, sino se molestaría con él.
**
- ¡Dios mío Justin, Alex esta enorme! – dijo la castaña mientras se colocaba de rodillas en el suelo y con sus dedos tocaba la mejilla del niño que agitaba sus pequeñas manos en el aire, como que pidiendo que lo sacasen del carrito de bebe azul y castaño.
- Si esta … será así grandecito como el padre – contestó el chico de pelo castaño ondulado, corto y ojos color chocolate.
- No hay remedio. El ego de los hombres será siempre grande. – dijo Hermione mientras sacaba al bebé del carrito y este reía a carcajadas.
- Que graciosa primita.
- ¡Primo! – dijo la voz de Meredith mientras bajaba las escaleras corriendo.
- ¡Enana! – contestó él chico cargándola en sus brazos y tirándola al aire – Que raro, creo que igual estas mayor… y mas pesada. ¿te comiste sola todos los chocolates que te he regalado?
- No, Janie también los comió.
- ¿En serio? Si pues, me parece más gordita también.
Hermione lo miró de mala gana mientras cargaba al pequeño niño de pelo castaño y mejillas bien rosaditas que reía por haber finalmente salido de su carrito. El ojiverde sonrió por el comentario de Justin y más aun por mirar a su novia cargando aquél nene que quizás aun ni sabía como sentarse. ¿Cómo sería si ella cargara un hijo suyo? Calma, ¿Cómo que ya andaba pensando esa clase que cosas? Tenía que calmarse si no quería volverse loco.
- Justin, este es Harry, el novio de Janie – dijo Meredith con la mayor sonrisa en su rostro.
- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes? – preguntó Hermione de ceño fruncido y con un semblante confundido, al igual del ojiverde. ¿No se suponía que la nena no debería saber?
- ¡Ah! Soy Justin, mucho gusto. – dijo él chico tendiéndole la mano. Harry la apretó sonriendo y deseando adentro caerle bien a ese chico, sino tendría problemas graves con él. Si la apoyó desde el principio en estas alturas debería ser muy protector con ella.
- ¡Este año seremos muchos! – dijo Meredith feliz, sin salir de los brazos de Justin.
- ¡Si! Sabes, cuando yo y Janie éramos niños solíamos ser más de veinte en la cena. Y a la noche venía Santa Claus con los regalos. – dijo Justin mientras colocaba a la pequeña en el suelo. - ¡Que rico huele, has hecho la tarta!
- Si huele rico, pero tu hijo no. Anda a cambiarle los pañales – dijo Hermione mientras le entregaba al pequeño bebé.
- ¡No! ¿De nuevo? Lo cambié hace rato. – contestó Justin cargando a su sonriente hijo. –¿No puedes cambiarlo por mi esta vez?
- Ni lo sueñes, es tu hijo, solo soy su madrina.
Justin soltó un suspiro bien fuerte antes de empezar a subir las escaleras con una maleta cargada de pañales y accesorios para el bebé. Meredith lo siguió dispuesta a ayudarlo con la difícil tarea de cambiar el pañal, aunque la ojimiel estaba segura que la pequeña correría en cuanto viera lo que significaba realmente “cambiar pañales”.
- ¿Cómo descubrió tu hermana que estábamos juntos? – preguntó Harry acercándose a la castaña.
- Bueno, tengo que admitir. La inteligencia la heredó de mí. – contestó la chica plantando un suave beso en los labios del ojiverde.
- Disculpen chicos. ¿Estamos interrumpiendo algo? – preguntó una voz desde la puerta de la casa.
Andrómeda entró, tomada de la mano con Teddy. Se notaba el pasar de los años en el rostro de la señora. Su pelo blanco y sus ropas ya gastadas le demarcaban más aún sus arrugas, pero su sonrisa calurosa y simpática seguía inscrita en sus labios y en sus ojos un brillo de felicidad y calma tan típico de ella. La vida le había enseñado muchas cosas, en especial como enfrentarse con los problemas, siempre con calma y con una sonrisa presente.
Harry se apartó de Hermione para tenderle los brazos a Teddy, quien saltó para el sin dudar. Tenía el pelo azul oscuro, y unos ojos grandes y castaños, brillantes de alegría y felicidad por volver a ver su desaparecido padrino.
Andrómeda abrazó a la pareja. Hacía ya años que no veía a Hermione, esa niña de pelo castaño enmarañado y muy estudiosa. Los problemas de ella la había ultrapasado y por muchas veces había intentado saber algo de ella, en fin. La única persona con quien mantenía alguna clase de contacto era con el ojiverde y hacía ya mucho tiempo que no lo veía.
- Bueno, parece que la Navidad llega a ser realmente mágica. Felicidades niños, y feliz Navidad.
- Gracias Andrómeda. Es maravilloso tenerla acá, Teddy esta crecido, hace mucho tiempo no lo vía.
No eran necesarias las palabras para describir lo que sentían todos en aquella casa. Para Meredith fue raro llegar a la sala y encontrarse con otro niño de su edad. Nunca en la Navidad había podido compartir travesuras con otros niño de su edad, siempre la pasaba sola con Justin y Hermione, escuchándoles contar lo mucho que se divertían, haciendo enojar a sus padres y abuelos y a las “primas mellizas mujercitas creciditas” como solían llamarles tantas veces.
Mientras los mayores terminaban de cenar, Meredith y Teddy corrían por la casa, haciendo pequeñas magias con las manos, sin saber realmente como las hacían. Harry se sentía feliz al observarlos tan contentos. Por meros instantes tuvo miedo que Meredith quedase con celos o que Teddy se enojara por estar viviendo con otra persona y no ir a verlo, pero los dos estaban muy contentos jugando uno con el otro. Sus pensamientos se bloquearon al posar sus ojos en Hermione y verla con Alex sentada sobre sus piernas dándole la papa cuchara a cuchara, mientras se vez en cuando le metía un poco de pavo en la boca.
- ¡Que hermosos! Estoy segura que cuando crezcan, Meredith y Teddy harán una buena pareja. – dijo Andrómeda mientras se recostaba en la silla, dando por terminada su cena.
- ¡Andrómeda! Aun son muy jóvenes para pensar en algo así, solo tienen seis – dijo Hermione colocando al bebé de pie.
- Lo lamento querida, pero hay cosas que se notan luego desde un principio – empezó de nuevo la vieja mujer – desde el primer día que te vi con Harry supe que estarían juntos de una forma u otra.
Las mejillas de Hermione se volvieron de un color carmín, al igual que las de Harry, pero ambos se callaron.
- Si señora, solo queda decir que a ellos les hace falta algún hijo. – dijo Justin mientras intentaba controlar las ganas de reír. Sabía que Hermione lo mataría por ese comentario.
- Bueno, por lo menos Hermione ya esta preparada.
La castaña miraba de mala gana a Justin, garantizándole que en un rato llevaría un sape en la cabeza o una pisoteada en el pie que lo haría ver estrellas. Pensó que sería mejor que se callara o ella terminaría por echarle comida a la cara, como lo había echo unos años antes cuando eran pequeños.
La noche pasó sin problemas. Teddy y Meredith terminaron por dormirse juntos en el suelo, al lado de Alex quien estaba sentado apoyado en cuatro almohadas colocadas a su alredor jugando con sus manos.
Ya era casi la media noche, cuado Harry decidió ayudar a cargar el pequeño Teddy hasta la mansión Black y Justin cargó Meredith hasta su cama, acostándola despacio, intentando no despertarla.
- ¿Hablaras con Torey? – preguntó Hermione cuando Justin bajó las escaleras y se encontró con ella – Tu hijo no puede seguir así sin madre y como ves yo sigo sin poder ayudarte mucho…
- No te preocupes prima, sé que hago. Además, si ella no quiere ayudarme con Alex, te garantizo que jamás va a verlo.
- Es tu decisión. ¿Cuándo vuelves a aparecerte por acá? – preguntó de nuevo la castaña mientras colocaba al bebé ya dormido en el carrito.
- Cuando pueda, lo prometo. Pero no sé si venga antes del 2010. ¿Quedarás bien?
Hermione asintió con la cabeza y dejó que Justin le plantara un beso en la frente para luego abrazarla con fuerza. Sabía que su primo la necesitaba ahora más que nunca y se sentía impotente por no poder ayudarlo un poco en lo que hacía. Escuchó a Harry llegar debido al fuerte estampido de la Aparición y luego lo vio asomarse por la puerta de calle, con su abrigo cubierto de nieve. Justin se separó de ella y agarró en el carrito con ambas manos, empujándolo hacia la calle.
- Cuida a mi prima. – dijo Justin al llegar junto a Harry – Ella lo necesita.
Él ojiverde se limitó a asentir con la cabeza mientras estrechaba su mano para apretar la del chico de pelo castaño. Lo vio alejarse con él carrito por la nieve hasta llegar a su coche y colocar en la silla al pequeño Alex, quien ya iba dormido. Sintió los brazos de Hermione rodearle la cintura y se volteó despacio para entrar en la casa. Sintieron el calor del hogar sobre ellos y Hermione se dejó caer pesadamente sobre él sofá donde antes dormía el ojiverde. Había ya mucho tiempo que en esa casa no había tanta gente junta y se sentía realmente bien con eso. Finalmente pasaba una Navidad con una verdadera familia. Aunque a principio tuviera un poco de miedo con la reacción de Justin con los restantes, el chico tomó con bastante satisfacción el echo de tener más gente con quien celebrar esta hermosa fecha.
- ¿Sabes? – dijo la castaña cuando Harry se sentó a su lado – Nunca había visto a Meredith tan feliz en la Navidad como hoy. Fue realmente bueno, se siente muy bien con todo esto.
- Claro que si – respondió Harry regalándole un beso en la mejilla.
- Estoy cansada y tengo sueño…
- Vamos dormir – dijo el ojiverde al sentir como, inexplicablemente, el sueño igual empezaba a hacerse sentir.
Con un movimiento de su varita hizo que con las escobas y los pañales de limpiar saliesen del armario y empezasen a limpiar solos, mientras escuchaban los platos y las lozas de la cocina lavarse solos en la cocina. Sonrió y se levantó, tomo de la mano a la castaña, ayudándola a levantarse. Se notaba que estaba cansada. La llevó por las escaleras hasta llegar a la habitación y la acostó en la cama que en los últimos dos días habían compartido sacándole los zapatos. La castaña sonrió y se enroscó en su pecho cuando él se acostó a su lado en la cama. Era rara la forma como los verdes ojos del chico empezaban a pesarle y cerrarse, mientras observaba a su novia y le acariciaba su rostro. No luchó contra ese sueño y se dejó dormir abrazado a Hermione.
**
De nuevo aquél ruido molesto. Hacía ya mucho tiempo que sonaba y parecía no querer terminar. ¿Tiempo? Ella no sabía que era el tiempo, como le decía su hermana. Pero por lo menos desde que escuchó a su hermana y Harry acostarse aquél ruido estruendoso y continuado, como si algo chocara contra la pared. La curiosidad la mataba, quería saber que era lo que provocaba aquél ruido.
Se levantó de la cama y caminó a lo largo del pasillo, pasando por la habitación de su hermana. La puerta estaba media abierta y la oscuridad estaba presente en toda la habitación. Meredith empezó a bajar las escaleras, despacio, intentando hacer lo mínimo de ruido para no espantar lo que fuera que estuviera abajo. En el medio de la oscuridad pudo observar como Rusti, agitaba su cola alegremente, mirando una sombra moviéndose con torpeza al lado del árbol de Navidad.
Con un gesto de su mano hizo que toda la sala quedara iluminada y al mirar detenidamente el ser que se agitaba junto al árbol, provocando que esta se chocara contra la pared, se quedo completamente paralizada. Un traje todo en color rojo, una gorra también en rojo y unas barbas enormes y blancas, indicando su avanzada edad.
- ¿Santa Claus? – murmuro la niña mientras sus ojos bien se abrían como platos.
- Buenas noches Meredith – dijo el viejo hombre – ¿Quieres darme una ayuda?
La aún sorprendida niña se acercó a él, caminando despacio, con miedo que con cada paso el viejito desapareciera, como si fuera una simple ilusión.
Él árbol de Navidad que había construido, decorado y hechizado con Harry estaba prendiendo las barbas del hombre con una de sus ramas. Con un simple toque de su mano, al árbol soltó al hombre, haciendo que este se frotara la barbilla.
- Muchas gracias pequeña.
- No puedo creerlo. ¿Usted es... Santa... Claus? – preguntó la pequeña
- Si ¿No crees? ¿Quieres comprobarlo?
Sin dudar y sin esperar más un momento la pequeña castaña agarró las barbas del hombre y las jaló, intentando sacárselas. Un grito de dolor hizo que la niña soltara al hombre. No habían salido ni caído ni un solo pelo de la barba. ¡Era verdad, era el mismísimo, el verdadero! el hombre viejo de barbas blancas que solía entregar los regalos a los niños bien comportados en la noche de Navidad.
- No puedo creerlo. ¡Santa Claus! - dijo acercándose a él y abrazándolo.
- ¿Sabes? Creo que él hechizo de hacer dormir tiene fallas... debería hacer dormir toda la gente…pero ya con tu hermana y tu primo, ellos siempre andaban despiertos cuando intentaba entrar…
- ¿En serio? ¿Janie lo ha visto?
- Si, claro. Esa niña casi no dormía. Gracias por las bolachas – dijo él hombre mientras tomaba las bolachas que Meredith le había dejado sobre la chimenea y las comía con gusto – Son muy buenas.
- De nada señor.
- OH no pequeña, solo dime Nicholas. Dime una cosa, ¿te gustó esta Navidad?
- ¡Claro que si! Muchas gracias, fue el mejor regalo que alguna vez me trajo en estos años – respondió la niña sonriendo.
Santas Claus sonrió. Finalmente había podido darle un verdadero regalo a esa niña que tanto apreciaba. Conocía todas y cada historia de cada niño y sabía perfectamente siempre cuales eran sus deseos para las Navidades. Pero no todos pedían paz, amor alegría o “una familia” como había pedido Meredith. Al largo de los años pedía cosas sencillas como un libro con imagines del mundo de la Magia, un peluche del Mickey Mouse, una ropa de princesa para el Carnaval y nunca había visto sus ojos brillar como brillaban en esa noche. Estaba realmente feliz. Eso le calentó el corazón, su trabajo en aquella casa había sido ejecutado con éxito, no solo Meredith estaba feliz, sino que Hermione Granger y Harry Potter habían abierto sus ojos y finalmente estaban juntos, Teddy Lupin y Andrómeda Black habían finalmente pasado una Navidad lejos de la enorme y melancólica mansión de Grimmauld Place. Solo quedaba sorprender Alex y Justin Granger, pero para eso aún tenía que hacer algo.
- Bueno mi niña, no me sentiría bien a pasara por acá y no te trajera nada más – dijo de nuevo Santa Claus.
Con un estallido de sus dedos, hizo aparecer en los brazos de la pequeña niña de ojos miel una muñeca pequeña, del tamaño de un bebé, con dos trenzas largas y rubias y unos ojos azules cielo, vestida con un bonito vestido azul y rosa.
- No es necesario señor Santa Claus…mejor si se lo regala a alguna niña que necesite yo no quiero nada más.
La humildad no se encuentra en estos días, la verdad es cada día es más escasa, los buenos se los llevan los ángeles, los malos quedan en la tierra haciendo sufrir y provocando dolor en los demás. Todos sufren y todos lloran, pocos niños se ve sonreír y muchos se ve con las marcas de la maldad en su cuerpo.
- Claro que es necesario Meredith. Ahora ya debo irme – dijo Santa Claus al terminar de comer las bolachas y beber la leche.
- Hum, señor…me gustaría pedirle una cosa…No por mí, sino por Janie…bueno, también por mi
- ¿Por tu hermana? Bueno creo que si…
- Bueno yo sé que ella dejó todo por cuidarme, pero ahora…sé que ella quiere mucho una familia .. y quería pedirle si – se interrumpió para soltar un largo suspiro y respirar hondo – bueno no es para esta Navidad, es algo para la próxima Navidad.
El hombre de ropas rojas se sorprendió con la petición. Muchas veces los niños quedaban tan absortos con sus juguetes que en nada más pensaban. Nunca había recibido pedidos de Navidad tan pronto.
- Bueno señor, quería pedirle…quería pedirle un sobrino…
Si antes se había sorprendido, ahora estaba completamente paralizado y sin palabras. ¿Un sobrino? Bueno, eso seguro no se lo esperaba y no podría ser él quien se lo realizaba … pero algo podía imaginar.
- Meredith, lamento decirte que ese regalo no podrá ser yo darte… - Meredith miró al suelo con semblante triste al escuchar las palabras de Santa Claus – Pero no creo que tengas que esperar hasta la Navidad.
La niña sonrió de oreja a oreja mientras se tiraba en los brazos de Santa Claus. ¿Otro miembro de la familia? ¿Tan pronto? Bueno, mejor regalo no podía. Se separó del señor y miró por la ventana, percatándose que la nieve había dejado de caer. De fuera de la ventana, Santa Claus le saludo con la mano, mientras se desaparecía. Nunca se había sentido tan feliz en su vida, ni nunca se había percatado que la vida al final podría traer hermosas sorpresas. Estaba segura que ahora mucho menos extrañaría a sus verdaderos padres. ¿Verdaderos? Sus padres eran ahora la pareja de dormía en paz en la habitación de arriba. A partir de ese día no sentiría la falta de nadie más.
Subió las escaleras con la muñeca en sus manos. Al pasar por la habitación de su hermana no pudo evitar mirar adentro. Se acercó a la cama donde dormían y no pudo evitar sentirse más feliz aún. Subió sin hacer ruido para encima de la cama y se acomodó lo mejor que pudo entre Harry y Hermione. Había ya mucho tiempo que no dormía con su hermana.
- ¿Meredith, qué pasa? – preguntó Hermione al sentir el movimiento en su cama.
- Nada…estaba con miedo de la oscuridad – respondió la niña colocándose bajo las sabanas.
- Mentir es feo Mer – dijo Harry esta vez, con voz de sueño.
- No miento.
Hermione se acomodó, tomando a su hermana en los brazos, mientras Harry se juntaba a las dos, tomando las manos de su novia en las suyas. No tardó en dormirse de nuevo, así como Harry, pero la pequeña castaña sí. Se removió suavemente intentando no despertar a ninguno de nuevo, hasta poder llegar con sus manos al vientre de su hermana y tocarle suavemente con sus manitas.
El Profeta, 24 de Diciembre de 2009
Hoy las cosas serán distintas. El espíritu Navideño será capaz de cambiar las personas, cambiar el Mundo. Si todos creemos en los sueños, si todos hacemos algo por ser felices y hacer los demás felices el Mundo será distinto. ¿Qué seria de nosotros si no tuviéramos alguien que se preocupe por nosotros? ¿O si no tuviéramos a nadie con quien preocuparnos?
Seré sincera, pero nunca me había sentido así.
Parece que mis sueños se han hecho realidad. Si, por lo menos algunos. ¿Será que el último se realizara? ¿Estaré pidiendo demasiado? Finalmente hay algo que realmente llena mi vida, que me tiene verdaderamente prendida a la vida y que no me deja sola absorbida en esta soledad.
Me siento feliz por poder decir que, en seis años, puedo alzar la mano, puedo decir que no pasaré otra Navidad en la oscuridad de mi vida solitaria y rutinaria.
Hermione Jane Granger.
Meredith sonrió. Finalmente las vidas de ellas habían tenido un rumo y un camino por donde seguir. Finalmente había alguien que cuidara bien a su hermana. Le acarició el vientre con suavidad y cariño.
Habría un más miembro en la familia. Se sentía dichosa. Hermione estaba embarazada y ella era la primera en saberlo.
**Fin**
Que les parecio?
Gracias por pasar!
Caro ^^














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