"Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr][TERMINADO]

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"Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr][TERMINADO]

Notapor Jane B.Potter » Lun Dic 21, 2009 10:06 am

Hola gente como andan?
Espero que muy atareados, buscando presentes, limpiando la casa y preparando ya los pellos pasteles de navidad *O*
Eso es buena señal, es señal que tendrán casa llena y no estarán solos. :D

Bueno, aqui les dejo una pequeña idea que me surgio para el One de Navidad.
Para empezar, esto no es un One ... sino un Mini Fic que creo que no tendra más que 3 capitulos.
Debido a problemas tecnicos no pude publicar el capitulo ayer...lo siento. Pero ... antes tarde que nunca no?? jajaja

Disclaimer: Todos los personages pertencen a JKR y a la Warner Bros (?), execepto una o dos personages que las puedo considerar mias.

Observaciones: Este Mini es totalmente dedicado a la APHH :D Es el regalo para neustro querido Club <3

Agradecimientos: Sam, gracias por betearme es realmente un gusto enorme tenerte de nuevo por acá :D ; Clau, en los ultimos días me has apoyado mucho y me has escuchado. Te agradezco de todo mi corazón por ello, espero que tengas una hermosa Navidad; Jesse, casi nunca te agarro en el msn T.T no fuiste a tiempo de pedirme el capitulo, asi que ahora aqui lo tienes jajajaja xD ; A todos los lectores que se pasen por acá! :D

Ahora, sin perder más tiempo, el fic (:












"Enseñame a quererte"

Capitulo I


“El Profeta, 20 de Diciembre 2009”

Diciembre. El peor mes del año. ¿Paz, amor y cariño? ¡Ja! ¿Sería bueno no? Todo esto no pasa de una simple mentira. El Santa Claus que trae regalos a los niños, los renos voladores, la estrella…Todo esto no pasa de una mentira. Ser niño es querer la Navidad. Querer a la nieve, querer a los regalos, reír con los hermanos y los primos, dejar que nuestros ojos brillen de alegría al abrir los hermosos regalos de la familia. La cena con la familia completa…El sueño de los niños.

Es toda una tristeza sentir que todo esto se pierde con el pasar de los años. Todo aquello que sentíamos en niños deja de surtir cualquier efecto mientras nos hacemos “grandes”. La inocencia se pierde, los sueños se desvanecen. ¿Qué queda? Simple. Nos queda la familia. Y nos queda el amor. ¿Amor? Alce la mano quien pasa la Navidad amando verdaderamente, riendo como una niña y sintiéndose realmente bien al mirar los rostros de los demás y veo en ellos una sonrisa de pura felicidad.

Alcen la mano, aquellos, que no volverán a pasar otra Navidad en la oscuridad de sus vidas solitarias y rutinarias.

Espero con mucha sinceridad, que mucha gente haya alzado la mano y probé que estoy equivocada.

Hermione Jane Granger




Se levantó despacio de la silla, tomando en sus manos el plato sucio del desayuno, soltando un largo suspiro. Ella tenía razón. De nuevo pasaría solo otra Navidad en aquel pequeño departamento.

Desde niño que la Navidad no pasaba de un día más en el año. Nunca había conocido ninguna de estas fantasías de niño que su “amiga” mencionaba en su columna de ‘El Profeta’. ¿Amiga? ¿Ahora resuelta que siente nostalgia? No, eso no puede ser. Hasta sus once años vivió como esclavo de una soledad que lo atormentaba, bajo de una frialdad de ver sonrisas rasgadas en el rostro de sus tíos y su primo y él no poder siquiera esbozar cualquier señal de alegría. ¿Santa Claus? Por de la magia que en niño no sabía controlar, su tío había quedado en boxers en el medio de la sala de estar en Privet Drive, sin mencionar la barba blanca en el suelo y el ruidoso llanto de su primo Dudley al descubrir que, al final, no existía ningún Santa Claus. Era un simple disfraz de su padre.

No había Navidad que no quedara castigado en su pequeño cubículo, mismo sin haber echo nada. No había Navidad que no lamentara en silencio no tener amigos, no recibir un regalo o un simple “Feliz Navidad, Harry” de parte de sus padres. No había Navidad que no llorara por no tener sus padres consigo.

Todos estos deseos era simples sueños hasta entrar por primera vez en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts.

En ese castillo, que pudo llamar casa por siete años, pudo conocer por primera vez la amistad, el amor y hasta mismo la verdadera magia. Haría todo para volver atrás. Volver a tener once años y entrar por primera vez por los portones de la escuela. Volver a colocar el Sombrero Seleccionador y escuchar gritar ‘¡Griffindor!’. Volver a sentir la alegría y la felicidad que no sentía hace tiempo.

Tenía la conciencia en lo que se había tornado. Un hombre solitario y alejado del mundo, alejado de toda la magia, viviendo solo, en un pequeño departamento en el medio de Londres. Un hombre frío y dolido. Se había tornado en todo aquello que no quería ser, todo aquello que en Hogwarts no era.

La batalla y la muerte de algunos de sus amigos lo había dejado de rastros. Ni su novia de esos tiempo, Ginny, pudo levantarle los ánimos. Vio como, poco a poco, su novia y su mejor amigo se alejaban de él siguiendo un camino totalmente distinto al suyo. Vio como su mejor amiga se alejaba de él y hasta de sus estudios, por motivos que nunca fue capaz de entender, motivos eses que desconocía completamente. Ahora, era un Auror solitario, que viaja solo a cada lugar, que no tiene amigos y que puede decir sin mentirle a nadie, que nunca en su vida conoció el amor.

Lo único que sabía en esos momentos era que su mejor amigo, Ron, trabajaba en la tienda con George Weasley, uno de los gemelos Weasley y que estaba junto con Luna. De su ex novia, Ginny, no sabía absolutamente nada, si seguía viva o ya no. Y Hermione, bueno, de ella sabía que trabajaba para ‘El profeta’, escribiendo cronicas y algunos reportajes. ¿Por qué no había seguido con el curso de medicina?

No sabía, ni le importaba en lo más minino. Su presencia era el daño de medio mundo, así que más le valía alejarse de todo y todos, vivir solo como vivía cuando era un niño, sin amigos y sin amor alguno.

No era verdad. ¡Tenía un amigo! Rusti era su amigo, su mejor amigo. Sonreío cuando el perro de pelo negro y orejas grandes y descaídas se acercó a él. Estaba siendo injusto con Rusti, él era su amigo y su compañero. Siempre le hacía una fiesta enorme cuando llegaba del trabajo, lamiéndole el rostro y saltando como un loco. Lo había encontrado un día por acaso en una noche de lluvia. Era tan pequeño y tan indefenso.

Colocó el plato sobre la bancada blanca y se coloco de rodillas para acariciarle las orejas y hacerle fiestas en su dorso. Era su único amigo, y le bastaba.

- ¿Quieres ir a la calle? – le preguntó mientras se levantaba de novo.

El perro corrió en dirección a la puerta de la entrada de la casa y se sentó delante de ella, agitado con la lengua de fuera de su boca.

- Lo tomaré como un sí. Pero te advierto que está frío y está nevando, así que tendrás que aguantarte. ¿Estás preparado?

El perro no se movió un centímetro de su lugar, limitándose a rodar un poco la cabeza y a mirarlo con sus grandes ojos azules y sus orejas en pie. Era adorable, aunque fuera un poco torpe y testarudo. Pero no podía censurarlo por ello, así lo quería.

Con un gesto de su varita, dejó el plato lavándose solo, junto con la taza de comida de Rusti. Se encaminó hacía la puerta y su puso su bufanda de invierno mientras el perro empezaba a saltar como loco a su lado. Tomó la correa y la colocó en el perro. No podía arriesgarse a salir de nuevo sin ella, no quería tener que correr de nuevo detrás de Rusti y del idiota del gato que se les apareció en el camino. El perro casi lo mata y él casi se cae al suelo de tantas veces tropezarse en piedras sueltas de la calle. Era mejor prevenirse antes que sucediera lo mismo.

Camino despacio mirando las calles a su alredor. Todas iluminadas con luces de Navidad y gente apurada caminando, intentando desesperadamente escaparse de ese frío insoportable de la calle. Pero él no, caminaba despacio, con una mano en el bolsillo y la otra agarrando la correa de su perro.

Observó las personas dentro de las tiendas, unas comprando regalos de ultima hora, otras escogiendo con sumo cuidado los regalos y mirando cada cosa en las tiendas, buscando el regalo ideal para alguien. Miró una librería apiñada de gente. Pensó que, en ese momento, su amiga estaría escogiendo en alguna librería como aquella, algún libro para regalar a alguien o mismo para ella misma leer.

Limpió la nieve de uno de los bancos delante de la librería y se sentó ahí y su perro se sentó a su lado en el suelo, mirando detenidamente cada persona que pasaba por ellos. A pesar de haber cambiado tan drásticamente, se sentía muy solo. Por veces, su corazón aun desea que llegue alguien que quiera quedarse a su lado, no por ser Harry Potter, el chico que derrotó Lord Voldemort, que ahora se hizo un hombre, un Auror conocido por si talento, sino simplemente alguien que lo viera como Harry, el chico tierno y dulce que ya no existía mas.

Agarró su cartera y la abrió con cuidado. Tenía apenas dos fotos adentro de ella. Una en la cual estaban sus padres con él, poco antes de haber muerto y la otra, en Hogwarts, poco tiempo después de la batalla donde es encuentra él con Hermione. Era la persona que más extrañaba de todo el colegio, aunque no le hacia falta su presencia. Nunca había dejado de pensar en su amiga, ni de cuestionarse porque se había ido sin decir nada. Pero no se perdonaría nunca de haberla visto llorar y no haber logrado saber que pasaba con ella.

Lo único que guardaba de ella, era un numero de un celular de su departamento donde supuestamente ella vivía. Su orgullo y su frialdad no lo habían permitido llamarla, así que seguía sin saber que pasaba con ella.

Se levantó de repente del banco y se dispuso a caminar en dirección a su casa. El frío empezaba a congelarle los huesos y quería dejar de pensar en su amiga. No tenía sentido alguno pensar en ella ahora.

Comenzó a correr con Rusti, intentando calentarse. Corrió sin mirar atrás, simplemente miraba su camino, sin importarle lo que pasaba a su alrededor. No le importó ni los padres que caminaban por la mano con sus hijos, ni con las parejas que se abrazaban, intentando apagar el frío. No se dio cuanta de escuchar su perro ladrar, ni de que estaba pasando en una calle.

Todo se apagó cuando se percató que las luces del coche estaban ya demasiado cerca.

**

No sabía cuanto tiempo había pasado, había perdido la noción de todo. Sentía sus sienes palpitar con fuerza, le dolía demasiado la cabeza para pensar. Intentó abrir despacio sus ojos, en van. Cuanto más esfuerzo hacía para salir de aquél transe en que estaba, peor se sentía. Se percató que no solo su cabeza le dolía, sino todo su cuerpo.

Abrió despacio sus ojos, intentando por todo no marearse. ¿Qué le había pasado? No se acordaba de nada…solo una luces y… ¡Rusti! Se acordó de su perro y se percató que no estaba allí con él. Después de haber forzado totalmente su mirada, miró a su alredor. Reconoció las paredes blancas del hogar y el olor tan característico a éter. Estaba en S. Mungo.

- Señor Potter, ah despierto finalmente – dijo una de mujer. - ¿Cómo se siente?

El ojiverde se voltea hacía donde venía la voz. Si alguna vez tuvo dudas sobre donde estaba, se las había perdido. Una enfermera rubia se encontraba a los pies de su cama. Desafortunadamente conocía aquél rostro. Había sido una de sus conquistas que no duró más que tres semanas y de las cuales, como tantas otras, no se acordaba el nombre.

- Perfectamente – mintió el pelinegro - ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde está Rusti?

- Una pregunta por vez, ¿quieres? – dijo la mujer, acercándose a él. Se sentó en el borde de su cama y lo miró fijamente con sus enormes ojos negros. Harry se percató de la leve sonrisa que ella tenía dibujada en su rostro y se sintió terriblemente molesto por ello. Había sido él quien había terminado con ella, pero le molestaba que alguna de sus novias se riese a su costa. Mucho más una cualquiera, que no se acordaba el nombre y que no habían estado juntos mucho tiempo.

- Lo que pasó fue que nunca le han enseñado que se debe mirar para los dos lados de la calle antes de cruzar. Estás aquí porque el coche que chocó con usted travó antes de pasarle completamente por encima. – dijo la chica con altivez en su voz – Y su perro está bien. Por lo visto aprendió a cruzar.

- Que graciosa tú. ¿Cuándo puedo irme?

- Cuando llegue tu niñera.

- ¿Qué? ¿Qué niñera? –
preguntó el ojiverde confundido. No sabía si se había perdido verdaderamente la memoria o si la tipa estaba realmente burlándose de él. Estaba realmente confundido y le dolía demasiado el cuerpo.

- Nunca pensé que el señor soledad tuviera un numero de celular en su cartera…

- Hermione… -
dijo Harry bajito

- Si pues, lo importante es que esa tal “Jane” quedara cuidándote. Creo que usted tendrá una más con que divertirse. – dijo de nuevo la rubia levantándose de su cama – Que mejore

Harry la observó saliendo por la puerta de su habitación. Se reprochó a si mismo por haber estado con una enfermera…y se reprochó aun más por haber dejado el numero en su cartera. Parecía que el destino se estaba burlando de él. ¿Por qué tenía ahora que estar con Hermione? ¿Ella vendría? Una parte de si deseaba con toda la fuerza que no, no quería verla, no quería estar con ella, no la necesitaba. Sabía cuidarse solo, lo hizo por casi seis años. Pero una pequeña parte de si ansiaba por compañía, por cariño y por compañía. Era esa pequeña parte que el pelinegro intentaba ocultar de todo y todos.

La puerta se abrió de nuevo y esta vez Harry estaba preparado para contestar a su ex, pero mordió la lengua para no hablar en tiempo de percatarse de era el Dr. Pat, su médico de la academia de Aurors quien entraba. El hombre le sonrío, alegre por saber que su paciente ya se encontraba mejor.

- Harry, Harry, solo tu para intentar el suicidio días antes de la Navidad. ¿Cómo te sientes?

- No intenté suicidarme Marcus, sabes bien de eso. Solo fue un descuido
- respondió el ojiverde intentando defenderse. – Escucha, no necesito compañía alguna, estoy bien, solo déjame ir a mi casa sabes bien que…

Se levantó con esfuerzo de la cama del hospital. Si que le dolía cada muslo de su cuerpo, en especial sus hombros. Tendría que aguantarse si quería escaparse de este problema.

- No – dijo el doctor, costando la palabra al ojiverde – ni lo sueñes chico. Ya sé que tienes veinte y cuatro años y que puedes cuidarte. Golpeaste con fuerza la cabeza y estas en riesgo de sufrir de un traumatismo craniano. Puedes elegir, o quedas aquí hasta que yo este seguro que todo esta bien y tendrás que aguantar la Loraine o vas con tu ‘amiga’. Es tu decisión.

¿Loraine? Así se llamaba la rubia.

- Marcus por favor…no me hagas esto.

- Ya lo hice. Tu amiga esta ahí afuera, esperando que le de permiso para entrar y encaminarte a su casa. –
dijo de nuevo el hombre de bata blanca. – La chica vino luego que la llamamos y parecía preocupada.

Harry soltó un suspiro. Peor que pasar la Navidad solo, era pasársela solo en S. Mungo. Y peor que eso, era tener que enfrentar la castaña. ¿Preocupada? ¡Por dios! Hace casi seis años que no se hablaban. ¿Por qué iba ella a preocuparse por él?

- Deja solo vestirme…después ella que entre. ¿Dónde está Rusti?

- No te preocupes, seguro ya está en el coche de la chica esperándote. Que mejores Harry, Feliz Navidad – le dijo el doctor acercándose a la puerta

- Gracias, igualmente. Saludos a tu mujer. – dijo Harry.

El hombre salio de la habitación dejando el pelinegro solo. Se sentía enojado consigo mismo por ni siquiera haber insistido tanto en no tener acompañante para los próximos días. Golpeó la pared con su puño, arrependiendose en seguida al sentir como el dolor se alastraba por su brazo hasta llegar a su hombro y hacerse más fuerte en su cabeza ya dolida. No estaba para nada bien. Se sentía cansado, solo tenía ganas de dormir.

Después de encontrar su varita sobre una mesa y sus gafas, trató de vestirse como pudo, sacándose la bata verde-lima del hospital. Con un Accio de su varita, una pequeña maleta con algunas ropas aparecieron delante de si.

Escuchó que alguien tocaba a la puerta y esta se abría de par en par. Por momentos se sintió mareado al no reconocer la persona que se asomaba por la puerta. Estaba distinta. La recordaba como una adolescente aun desarrollando su cuerpo, pero esa no era la imagen que tenía delante de si. Era una mujer, hermosa. Una mujer con un cuerpo totalmente desarrollado, unos pechos firmes y unas caderas de hacer celos a cualquiera. Su pelo seguía igual, castaño y con unos rizos bien definidos, pero sus ojos estaban distintos. No tenían aquél brillo que solían tener cuando su amiga era más joven. Se recordaba de ver tristeza en aquellos ojos llorosos y por los vistos el brillo que él tanto amaba en los ojos de la que fue su mejor amigo, nunca había vuelto.

- ¿Hermione? – dijo aun sin creer en los que sus ojos veían.

- Hola Harry.

Nunca había creído que Hermione fuera fea ni nada por el estilo. Varias veces se había percatado de los cambios que sufría su cuerpo mientras se desarrollaba, pero nunca imaginó que llegara donde esta ahora. Estaba realmente atractiva y especialmente hermosa.

- ¿Cómo te sientes? – le preguntó la castaña sin acercarse a él. Para ella, el hombre que tenía delante de si no era Harry. Era una persona que ya casi no conocía, una persona que había cambiado demasiado su forma de ser debido a las casualidades del destino. Solo deseaba con todo su ser que hubiese algo del viejo Harry que conocía en aquél hombre y que no se arrepintiera con lo sucedido.

- Genial. Me siento genial – dijo el ojiverde con el sarcasmo bastante presente en su voz

Hermione soltó un largo suspiro y se acercó al ojiverde, para tomar la maleta posada en el suelo. Lo miró a los ojos estudiándolo por momentos. Por momentos perdió toda su esperanza.

Harry se percató del semblante de su amiga. Había sido demasiado frío con ella. A pesar del tiempo que había pasado ella estaba allí para ayudarlo. Se había olvidado completamente del frágil que era su amiga y como ella tomaba las cosas que le decían. Siempre tuvo que tener cuidado con lo que decía para no hacerle daño y por los vistos eso no había cambiado.

- Lo siento Hermione yo…Tú no tienes que hacer esto. Simplemente déjame en mi casa y aquí queda terminada la cuestión. – dijo Harry intentando convencerla.

Ella se limitó a tocarle con las yemas de sus dedos en el rostro blanco del ojiverde, pasando su mano por su corte en la mejilla. Tantas veces lo había visto mal, como que caminando hacía la muerte, pero nunca podría acostumbrarse a ello. Su corazón siempre se encogía al verlo mal, esa era una de las características de ella que nunca habían cambiado.

- No. No puedo arriesgarme a que empeores. – dijo la ojimiel con firmeza – Vendrás conmigo hasta que recuperes completamente. Lo que hagas después es contigo.

- Hermione no. Quiero estar solo.

- No hagas berrinches como si fueras un bebé pequeño. Podrás estar solo cuando quieras, pero ahora estás bajo mi responsabilidad, así que vámonos.


Caminó despacio detrás de su castaña amiga hasta llegar afuera de las puertas del hospital. No se sentía en condiciones de caminar mucho más, su cuerpo seguía doliéndole.

- ¿Aguantarás Aparecerte? – le pregunta la castaña tomándolo del brazo.

- Si claro. Soy un Auror, ¿tú que crees?

Hermione volvió a soltar otro suspiro y encerró sus ojos, concentrándose en ver en su mente, la sala de de su casa. Todo empezó a girar en su vuelta y no pudo dejar se sentir su estomago revolverse en su barriga. Nunca se había acostumbrado a la sensación de transportarse de esa forma y creía que nunca lo haría. Sostuvo a Harry del brazo intentando que él no cayera, pero su esfuerzo fue en vano. El ojiverde no aguantó las vueltas que el mundo deba y terminó perdiendo el equilibrio, cayendo sobre un sofá rojo y la castaña perdió el equilibrio con él, terminando por caerse sobre él.

Harry de espaldas en el sofá y Hermione sobre él, con sus manos posadas en su pecho.
Su sangre corrió luego en dirección a sus mejillas, haciéndolas teñirse de un rojo vivo, cosa que él ojiverde no dejó escapar. Se levantó con tanta rapidez con la que su cuerpo pudo y ayudó el moreno a incorporarse, ayudándolo a sentarse en el sofá.

- ¿Estás bien? – preguntó la castaña bastante avergonzada por lo sucedido. Nunca le pasó algo así desde que había aprendido a Aparecerse.

- Estaría mejor si no te tiraras en cima de mí. Termino de llegar del hospital, sigo adolorido…tenerte encima no es propiamente algo que me ayude a recuperar.

Las palabras quedaron prendidas en la garganta de la castaña y sus mejillas se hicieron aun más rojas que lo que ya estaba. Se sentía completamente avergonzada por lo sucedido y más aún si Harry insinuaba algo así. ¿Después de tanto tiempo sin verse, ella se caía sobre él? Que cosa tan fea y tan fácilmente malinterpretada.

- No necesitas quedar tan nerviosa – dijo Harry sonriendo de satisfacción. Tomó Hermione de la mano y la acercó a si, haciéndola sentarse en el sofá a su lado. Sintió una enorme necesidad de abrazarla y dejarse quedar así por tiempo indefinido, pero se contuvo. Hacerlo sería admitir que la extrañaba y eso era una completa mentira. O por lo menos eso creía. Recostó su cabeza en el pecho de la chica, sin soltar su mano y dejo que ella le acariciara la cabeza, exactamente en el lugar donde más le dolía. Sus caricias lo hicieron relajarse y el dolor de cabeza empezó a diminuirse. Cerró sus ojos y dejó que los cariños de su amiga lo relajasen completamente. Perdió el enojo y la noción del tiempo, hasta que, despacio, Hermione empezó a levantarse.

- Necesitas descansar un rato. Duerme un poco mientras te preparo la habitación – le dijo la castaña al ojiverde, entregándole una almohada.

Mientras el chico se acostaba y se acomodaba con la almohada, Hermione encendía la chimenea que estaba delante del sofá. Colocó una manta sobre el chico y le besó suavemente la frente.

Harry sentía que el cansacio empezaba a dominarlo totalmente. Observó su amiga encaminarse hacía la cocina, moviéndose despacio y balanceando sus caderas. Cerró sus ojos y su mente empezó a divagar por hogares escondidos. Recuerdos que había perdido, empezó a encontrarlos uno a uno. Cada segundo que había pasado con sus amigos era como un tesoro que tenía guardado en su corazón. Sin querer, empezó a percatarse que necesitaba a su amiga. No podía estar solo.

**

- No perrito, no podemos hacer ruido. No podemos despertar él señor.

Los ruidos estaban destorcidos y su mirada la tenía demasiado borrosa. Se había dormido profundamente y ahora que despertaba, el dolor de cabeza y en su cuerpo volvieron a atacarlo como si fueron dementors sedientos de felicidad.

- ¡Mira que hicimos! ¡Lo estamos despertando perrito! ¿Y ahora? – escuchó susurrar una voz. Era una voz de niña, bastante suave y al mismo alegre.

Espera… ¿una voz de niña?

Abrió los ojos y buscó sus gafas, terminando por recibirlas de la mano de alguien. Las colocó de una forma torpe, casi espetándoselos en los ojos y se sentó en el sofá de forma brusca. Su cabeza empezó a andar de roda cuando lo hizo. Tenía que ser mas cuidadoso, no fuera caerse de nuevo.

- ¿Se encuentra bien?

Harry volteó su mirada hacía donde provenía la hermosa voz y sus ojos se posaron sobre unos grandes ojos castaños miel. Su corazón dejó de latir y el dolor de su cuerpo pareció desaparecer todo de su cuerpo, para centrarse en su corazón. Era una niña. Una niña pequeña de ojos castaños miel y pelo castaño, preso en dos trenzas que le caían sobre los hombros.

- Sí – respondió cuando pudo nuevamente racionar. ¿Quién era aquella niña? ¿Qué hacía en el departamento de Hermione? No, no podía ser. ¿O si? Se parecía demasiado a Hermione. Los mismos ojos, el pelo bastante idéntico… ¿Hermione tenía una hija?

- ¿Mer, que estás haciendo? – preguntó Hermione bajando unas escaleras – te dije que no despertaras a Harry.

- No fue con intención. Disculpa –
dijo la niña bajando la mirada.

- No te preocupes niña. ¿Qué horas son? – preguntó el ojiverde intentando cambiar el tema.

- Es casi hora de la cena – contestó Hermione acercándose a Harry y a la pequeña.

- ¿Señor, puedo ir a jugar con su perro? – preguntó la niña rogándole con la mirada. Era Hermione pero en un tamaño más pequeño y con mucho menos edad. No había otra hipótesis, la niña era hija de su amiga.

- Si, claro. – contestó el ojiverde mirando al suelo. Solo en ese momento se había percatado que Rusti estaba en aquella casa.

En el rostro de la niña se rasgó una sonrisa enorme y empezó a correr con Rusti detrás, subiendo las escaleras por donde Hermione había bajado. ¿Por qué le importaba tanto que la castaña tuviera una hija? ¿Por qué sentía su corazón estremecerse y apretarse en solo pensar en esa posibilidad?

- Ya conoces a Meredith – dijo Hermione sacándolo de sus pensamientos – ¿Estás bien?

- ¿Es tu hija? –
le preguntó él ojiverde sin medir el ton sus palabras.

Hermione esbozó una sonrisa y se sentó a su lado. Se percató del dolor en la voz del ojiverde y de la forma como este miraba el suelo. No quería que él se enojara con ella, mucho menos ahora que estaba nuevamente con él, y por los motivos equivocados.

- No Harry. Meredith es mi hermana.

El ojiverde la levantó su mirada del suelo para mirarla de ceño fruncido. ¿Hermana? Esa no se la esperaba. Su corazón empezó a latir con fuerza y las mariposas qe había nacido en su estomago desaparecieron casi por completo.

- Dejé el curso de medicina porque mis padres iban a separarse y me percaté que Meredith era una bruja – empezó la castaña – Me quedé con ella por unos tiempos cuando aun era bebé, esperando que mis padres se decidiesen con quien quedaría ella. Pero por culpa de pequeños accidentes con magia, ninguno de ellos quiso arriesgarse a perder su nueva pareja. Meredith está en mi custodia.

- ¿Cómo? – preguntó el ojiverde sin creer en las palabras de su amiga - ¿Has abdicado de tus estudios por tu hermana?

- ¡Claro! ¿Por quien me tomas? No podría dejarla sola.

Parecía una escena salida de una novela. ¿Cómo era posible que el egoísmo de sus propios padres le hubiese dejado a su amiga desistir de todo? Ella no tenía nunca porque cuidar aquella crianza, no había sido ella quien se la había echo. Esta pagando por algo al que era completamente inocente. Por culpa de sus padres, estaba trabajando como periodista y no había concluido el curso que quería tener. Cuidaba una niña desde que tenía dieciocho y ahora, con tan solo veinte y cuatro años se podría confundir la unión de hermanas con el amor de una madre.

- ¿Por qué nunca habías dicho nada? – preguntó el ojiverde.

- Porque no. Ron estaba demasiado ocupado con los entrenamientos de Quiddich y tú, demasiado ocupado en martirizarte y cambiar totalmente tu personalidad.

Aquello había sido como un balde de agua helada. ¡Nunca nadie le había dicho algo así! Él no había estado martirizándose ni tratando de cambiar, todo había sucedido sin que él lo previera. No podía cambiar el facto de tanta gente haber muerto por su culpa cuando él era el único que merecía la muerte en aquella batalla. ¿Aquellas palabras era lo que la gente pensaba?

- Eso no es verdad.

- Lo es, y lo sabes Harry. Eres una persona fría y solitaria, algo que nunca serías en Hogwarts. Dejaste todos tus amigos y te centraste solo en ti mismo – empezó de nuevo la castaña – Perdóname por decirte esto de esta forma.

La castaña lo tomó de la mano al percatarse de su cambio de semblante. Era algo que le dolía demasiado, ese cambio tan drástico de su mejor amigo. Y más aún le dolía saber que había perdido el único apoyo que tenía para ser feliz. O por lo menos eso creía.

Harry volvió a mirarla a los ojos y pasó su brazo sobre los hombros de su amiga, sintiendo su corazón latir con más fuerza. Había tiempo que no se sentaba calmamente en algún sofá delante de cualquier chimenea con su amiga. Esa era quizás lo que más extrañaba de estar en Hogwarts. Empezaba a sentir que al final, no todo era lo que sentía en estos últimos seis años. Le besó suavemente la frente y dejó que ella posara la cabeza sobre sus hombros, cubriéndose a los dos como podía con la manta que la castaña le había dejado.

Meredith subía y bajaba las escaleras, corriendo por toda la casa, seguida por Rusti, gritando y cantando, divirtiéndose como había tiempo no lo hacía. Pero en las mentes del moreno y de la ojimiel toda la casa estaba sumergida en el completo silencio y en toda la calma y paz del mundo. Nada podría arruinar ese momento, ni mismo el frío de la tarde los hacía estremecerse o querer volver a la realidad.

En aquél momento, solo existían ellos dos.


Espero que les haya gustado :D
Saludos!
Caro.
Última edición por Jane B.Potter el Mié Ene 13, 2010 7:33 pm, editado 2 veces en total

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"Enseñame a quererte" H/Hr -Mini Fic TERMINADO-

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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Zan Potter » Lun Dic 21, 2009 10:22 am

Carito XD robo el primer lugar como corresponde(me aseguro de eso y despues comento)

Listo XD.

Bueno ya sabes que me gustó, mejoraste bastante jaja, y supongo que Nadia te traspasó el drama jaja o me equivoco? XD.

En fin, espero que sigas pronto.

Salute
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Bichito De Luz » Lun Dic 21, 2009 12:41 pm

Guardo lugar <3

Ya edito


Edito:

Caroooo, cómo lo dejas ahí, mujer?
Me dejaste con ganas de leer más T__T
Continúalo pronto, ¿si? *le hace ojitos*

Yendo con el cap. esta hermosooo
Harry solo y Hermione cuidando de su hermanita desde los 18 *-*

Ya me voy, te cuidas.

Continualoo *-*

Lu.

PD: Segundaa :P
Última edición por Bichito De Luz el Lun Dic 21, 2009 2:25 pm, editado 1 vez en total

Hello, cutie!

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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Sandrita-elie potter » Lun Dic 21, 2009 1:04 pm

Segunda..! Hola Jane!!

Jajjaja..! Me apareci..! Tanto tiempo verdad?

Como siempre escribes Fabuloso!!

Me encanta! SIguelo..!

Meredith! Me encanta el nombre! Si tengo una hija la llamo asi obviamente tiene que tener un apellido Ingles o algo asi..!


SIgue.. Porfavor..! Esta bellisimo!!


Te extraño Jane!


Besos


San
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor A.Lissa-Potter » Lun Dic 21, 2009 1:22 pm

Hola,

Me encanta tu mini fic, porfis siguelo pronto
me gusta mucho.
Estare pendiente de tus actualizaciones....

Atte.July



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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Orgasm. » Lun Dic 21, 2009 4:56 pm

por merlín!

Me has dejado atónita... Me fascinó!!

cada sentimiento en los personajes lo sentía en carne propiaaaa!...
Y cuando pensé que Meredith podria ser hija de Hermione casi tengo un ataque cardiaco!, abuuuuuuuuu... Me fascinó simplemente y quierooo -necesito- continuación YAAAAAAA!!!!

No tardess, si????

Un besoooooo

América.


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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Anahi Granger » Lun Dic 21, 2009 6:07 pm

Hola!!!

oh por merlin en cuanto vi que escribias
un mini fic corrí a leerlo, sabes que me encanta
todo lo que escribes...

y obvio este me ha encantado!!!

me gusta mucho como describes los sentimientos de
los personajes y puedo decirte que me transporte totalmente
a la historia...
ha y casi me da el colapso cuando leí que Meredith se parece mucho a Hermione
creí que era su hija!! (por cierto me gusta mucho el nombre) pero bueno
no me esperaba que Harry se convirtiera en una persona solitaria y fría
y que Hermione tuviera que hacerse cargo de su pequeña hermana, me he quedado
con muchas ganas de continuar leyendo y aquí estare esperando linda...

besos
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor YEKNOD-NEOFILIS » Lun Dic 21, 2009 7:25 pm

oh my god!
si en cuanto lei que escribias de nuevo
le di click al link
y llegue directo aqui
debo decir que realmente
has escrito algo muy hermoso
es un buen fic
en serio
y es que has logrado
impregnar todos
los sentimientos en cada palabra

bueno hay te dejo y no se te olvide pasearte por mi fic
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor MissPotterGranger » Lun Dic 21, 2009 9:06 pm

Tocayaaaaa!!!!!!! :D :D
ME ENCANTOOO!!!!!!! NO TENGO PALABRAS!! ESTA HERMOSOO!!!
TE FELICITOOOO AMIGAAA!! :)

Es una lástima qe Harry haya cambiado tantoo =/ pero sin dudaa Hermione lo hara entrar en razón, y parece qe ya lo esta lograndoo!!! AMEE EL FINAL DEL CAPITULOO!!! =3

Por un momento pensee igual que Harry :shock: pense qe Meredith era hija de Herms!, es una lastima lo de los padres de Hermss y qe haya dejando sus estudios por cuidar a su hermanitaa =/

CONTINUALA PRONTOOOOOOOOOOOO!!!!!!

cuidatee muchooo!!!
un besoo enormee!!
tqmm tocayaa!! :D

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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor ♥Chikane♥ » Lun Dic 21, 2009 9:28 pm

Este capitulo estubo super lindo
bueno aun que fue algo triste x la soledad de Harry
y por la mala suerte que tubo Hermione, x que x culpa
de sus tontos papas tubo que ocuparse de su hermana
y dejar sus estudios que mal en verdad

Pero ahora Harry y Hermione x fin estan juntos solo
falten que hagan sus diferencias aun lado y asi los
dos podran estar juntos jjejejejeje

Amiga Jane, como siempre escribes cosas
maravillosas en verdad :D :D :D :D :D :D :D
espero que continues pronto siiiiiii
x que me muero de ganas de leer mas
Te de seo una blanca y magica


FELIZNAVIDAD
Y UN MAGICO 2010


A ti y a todoa tu familia que el proximo año esten llenos de mucha salud, trabajo y sobre todo mucha
PAZ
xoxo
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Clau.Padfoot » Lun Dic 21, 2009 9:29 pm

Llege :o
tarde pero llege (?)
dejame leo y comento 8)
------------------------------

Hola Caro ^.^
por donde empezar...


"Clau, en los ultimos días me has apoyado mucho y me has escuchado. Te agradezco de todo mi corazón por ello, espero que tengas una hermosa Navidad"

Que puedo decir ante esto :o..la verdad no me lo esperaba xDD..
NO TIENES NADA QUE AGRADECER ^.^ yo encantada de ayudarte, apoyarte, escucharte...y es que eso hacen los amigos =)
y conmigo cuentas siempre linda :)...ademas sabes que te apoyo al 100% te quiero mucho ♥


"Es toda una tristeza sentir que todo esto se pierde con el pasar de los años. Todo aquello que sentíamos en niños deja de surtir cualquier efecto mientras nos hacemos “grandes”. La inocencia se pierde, los sueños se desvanecen. ¿Qué queda? Simple. Nos queda la familia. Y nos queda el amor. ¿Amor? Alce la mano quien pasa la Navidad amando verdaderamente, riendo como una niña y sintiéndose realmente bien al mirar los rostros de los demás y veo en ellos una sonrisa de pura felicidad.

Alcen la mano, aquellos, que no volverán a pasar otra Navidad en la oscuridad de sus vidas solitarias y rutinarias.

Espero con mucha sinceridad, que mucha gente haya alzado la mano y probé que estoy equivocada."


No sabes lo duro que me pego estos parrafos T_T
tienes tanta razon :/..mientras mas grandes nos hacemos mas perdemos las costumbres, ese calor familiar, la niñez a pesar de que seguimos teniendo nuestro niño por dentro..pero no queremos mostrarlo..yo me siento mal..porque no alsarè la mano T_T..de verdad me adentre mucho en el fic..y este es un gran comienzo..

todo el capitulo estuvo magnifico, me transporte completamente al fic, al tema, y tuve la sensacion de esa soledad por parte de Harry, me senti desdichada por un momento y luego cai en cuenta que estaba leyendo..
sinceramente has mejorado un monton..y escribes muy lindo amiga..aunque no lo quieras creer..
me encanto de verdad..cuando Harry penso que Merth era su hija casi me da un infarto xDD, se me arrugo el corazon a mi tambien xD..de verdad que mis palabras no describen todo lo que senti cuando comenze a leer.


"En aquél momento, solo existían ellos dos."

*----------------* el amor..
ellos son el uno para el otro..
sinceramente tu fic me deja con ancias, ganas, necesidad de seguir leyendo...asi que siguelo pronto por favor!
y no desanimes ^--^
te quiero mucho amiga!
espero y lo sigas pronto..
y te dije que si era, mejor dicho es HERMOSO!!
te cuidas..
nos leemos
bye!
Clau!

This.
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Sandrita-elie potter » Mar Dic 22, 2009 11:24 am

Janeeee!

Quiero continuacion! Publicar hoy!

:D :D :D :D :D :D :D

Me quedo esperando!!

San
El 98% de los adolescentes ha fumado, si eres del dichoso 2% que no lo ha hecho, coloca esto en tu firma
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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor -LittleDhampir- » Mar Dic 22, 2009 12:48 pm

Caroo!

Jane Potter escribió: Nunca había dejado de pensar en su amiga, ni de cuestionarse porque se había ido sin decir nada. Pero no se perdonaría nunca de haberla visto llorar y no haber logrado saber que pasaba con ella.


OMG :cry: ... me dolio el pecho al leer eso :(

me encantó
cuando harry se queria ir para no ver a hermione estaba como :arrow: :o :x :| . pero despues ....casi hiciste que llorara con algunas partes (lo cual es muy dificil a menos que no seas una pelicula de disney xD)

espero la continuacion amore :D, me alegra mucho saber que volviste a escribir y a publicar.

Besotes.

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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Bellie :3 » Mar Dic 22, 2009 3:13 pm

Awwwwwwwwwww. Primer fic que leo después de 5 años (?) xDDDDDD
Tenía tiempísimo sin leer, no time, no time (?)
Y cuando empiezo de nuevo, empiezo con esta maravilla *-*

El capitulo me ha gustado muchisimo, ese reencuentro *o* para cuidar a Harry.
Me huele que hay amoorrrrrr allí. (?) xD

Espero que lo sigas pronto Caro, sabes que escribes genial, señorita? Pues sí. escribes genial.

Siguelo pronto. Cuidate, se te quiere mucho ^^
(K)

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Re: "Enseñame a quererte" MiniFic [H/Hr]

Notapor Jane B.Potter » Mar Dic 22, 2009 9:57 pm

Hola gente hermosa !! :D
Aqui les traigo el segundo y penultimo capitulo de este mini fic.
Espero que sea totalmente de su agrado :D

Agradecimientos: A Iha, por ser un dulce de niña y por querer que publique a cada rato xD; A Clau, de nuevo, te mereces este lugar por lo cuanto me ayudaste hoy. MILES de gracias;

Sin perdeer más tiempo, el fic 8)



Capitulo II


El Profeta, 22 de Diciembre de 2009

Hace ya algún tiempo que pedí un deseo. No fue un deseo cualquiera. No es nada sin la cual yo pueda vivir. Sobreviví hasta hoy sin eso, pero la vida sería mucho más sencilla e incluso bella si ese deseo se hiciera realidad. Hay ciertas cosas que uno evita alcanzar, como la soledad y la tristeza. Los enfermos se limitan a pedir salud, los enamorados piden que su amor sea correspondido, los soñadores piden que sus sueños se hagan realidad, los afectados por las guerras piden la paz.

Yo pedí que las cosas volvieran a ser como eran antes. Pedí para dejar de pagar por los errores que cometí en el pasado y para volver a ser feliz. No sólo lo pedí por mí, lo pedí también por la persona que más quiero y más me preocupa en este mundo, la persona por la cual dejé todo para tras. No me arrepiento nada de haberlo echo, todo lo contrario. A veces podemos aprender cosas de donde menos esperamos, mismo ahora que puedo decir que me encuentro sola, recibo cada día una palabra o un simple gesto de cariño de ese alguien. Eso es lo que la inocencia me proporciona.

No sé realmente que pensar, ahora que es Navidad, creo que mi deseo empieza a concretizarse. Un lugar más en la mesa, un regalo más para ofrecer…un poco de amor que tengo aquí guardado podrá nuevamente ser libre y tratar de cumplir su labor. ¿Me habrán escuchado los ángeles? No estoy tan segura, al final, las coincidencias pueden ocurrir.

Pero estoy feliz que por lo menos una parte de mí me sienta mejor.

Hermione Jane Granger.


Se levantó del sofá donde había dormido y se dirigió a la cocina. Le encantaba el suave olor a tostadas luego por la mañana, más aún cuando no era él quien las hacía, sino que alguien las hiciera para él. Y mejor aún cuando ese alguien era su mejor amiga.

Su cuerpo le dolía mucho menos que en los días anteriores y ya no se mareaba al levantarse o mismo cuando subía las escaleras para el piso superior de la casa. Tenía algunos hematomas en su cuerpo, cosa que su amiga decía ser normal después de lo que le había pasado.

Quedó parado delante de la puerta observando Hermione. Estaba de espaldas para él, preparando el desayuno. La chica ni se percató de su presencia, estaba sumida en sus labores y en sus pensamientos. Se acercó a ella, despacio, intentando no hacer ruido alguno, colocó sus manos sobre la bancada blanca, una de cada lado de su amiga. Pudo sentirla sobresaltarse cuando su cuerpo chocó con él de ella y más aún cuando le plantó un sonoro beso en la mejilla.

- Buenos días – le dijo sin soltarla

- Buenos días. ¿Dormiste bien? – respondió la castaña con voz temblosa.

Harry asintió con la cabeza mientras sacaba sus manos de la bancada y la abrazaba por la cintura. Le regaló otro beso en la mejilla mientras veía como empezaban a ganar de nuevo un color rojizo, típico de ella cuando se sentía avergonzada y nerviosa.

- ¿Qué preparas? – preguntó sin soltarla. Sentir el calor de su cuerpo en el suyo lo estaba volviendo loco. Su amiga traía puesto una bata roja mientras él simplemente venía en camisa de dormir. No sabía si los escalofríos que sintió fueron por tomar su amiga en los brazos o si había empezado a sentir frío.

- El desayuno. Tostadas con mantequilla o lo que más quieras ponerle – respondió la ojimiel tomando las manos del chico – Y para Meredith, cereales con leche. Ella quiso ir a vestirse antes de desayunar, no quiero que juegue con Rusti en piyama.

Harry sonrió y la soltó finalmente, para luego agarrar en una tostada con mantequilla que su amiga había terminado de preparar. Estaban ricas, pensó él mientras su amiga se alejaba para ir a recoger los cereales para su hermana. Miró a su alredor, intentando apartar su mirada de la figura de su amiga, bajándose y abriendo una puerta de algún armario para sacar los benditos cereales.

- ¡Hola! – dijo Meredith entrando estrepitosamente en la cocina, sacando el ojiverde de sus pensamientos - ¡Buenos días!

La pequeña se acercó a Harry y le estiró los brazos. El chico posó su tostada y la tomó en sus brazos, tirándola al aire y colocándola sobre sus hombros, ya se había ganado todas las fuerzas al parecer, pensó el chico mientras escuchaba como la pequeña ojimiel reía de buenas ganas.

- ¡Genial! Quiero más por favor – dijo la pequeña haciendo unos ojitos dulces. Fue inevitable recordarse de Hermione en Hogwarts cuando quería obtener algo de su parte y hacía esos mismos ojitos, dejándolo completamente derretido y sin fuerzas para recusarle lo que fuera.

Accedió al pedido de la nena lanzándola de nuevo al aire, haciéndola reír con ganas. La castaña los miraba divertida. Sumergida en sus pensamientos no dejaba de imaginar su padre jugando con ella de la misma forma con que Harry jugaba con Meredith, años atrás cuando aún era una niña pequeña. Como extrañaba esas noches frías de invierno en que sus padres la arropaban antes de dormir o los días calientes de verano donde salían cada mañana a la playa a jugar o simplemente a tomarse un paseo. Extrañaba a sus padres, eso no podía negárselo.

Nunca un simple vaso de leche caliente le habían echo sentir tan bien. Intentó peinar su pelo negro, pero como de costumbre, no logró modificar ni un poco su aspecto. Se sentó en el sofá de la sala, jugando pacientemente con la pequeña andaba mientras esperaba por Hermione. Les había prometido que iba con ellas a la calle y se llevarían a Rusti, quien ya estaba harto de estar siempre encerrado en casa.

Su corazón latía a mil, mientras la voz de su amiga llegaba a sus oídos. La escuchaba hablar por teléfono con un tipo cualquiera, un tal Justin. La castaña reía y decía oraciones cortas como simples “sí”, “no”, “de acuerdo”, y como tal, él no pudo entender casi nada de la charla. Sólo se percató que los dos eran muy amigos, demasiado para su gusto. ¿Qué era aquello que sentía hacía eso? No entendía, era algo a que era completamente ignorante. ¿Celos? No, eso era imposible. Él no quería a nadie, no sentía celos de nadie, vivía bien y tenía lo que necesitaba.

Se alegró cuando la ojimiel colgó la llamada. Meredith corrió para ella y no tardó en vestir su abrigo y colocar su bufanda, para luego empezar a correr detrás de Rusti, intentando colocarle la correa, en vano. Tuvo que ser Harry a colocársela.

En la calle, la pequeña no dejaba de reír y jugar con Rusti, corriendo y incitándolo a que hiciera lo mismo. El perro saltaba intentando soltarse, pero debido a los entrenamientos en la academia de Aurors, Harry tenía fuerza para agarrarlo y no dejar que se escapara. Iban caminando despacio por un jardín cerca del departamento, cuando Meredith decidió que quería sentarse un rato delante de un lago para mirar los cisnes. Quedó encantada con ellos, quería a todo el cuesto tocarles, pero cuando alguno empezaba a acercarse para morderla ella corría de nuevo para junto de Hermione, mientras Rusti latía intentando hacerlos irse.

Había tiempo que ninguno de los dos amigos se sentía tan bien. Hermione estaba feliz por, finalmente, haber podido reencontrar una persona que pensó haber perdido hace tiempo. Sólo le quedaba la esperanza de que su amigo se quedara por más tiempo que simplemente por los dos días impuestos por el doctor.

Volvieron a caminar por el jardín después de Meredith se haber cansado de molestar los cisnes. Hermione agradecía para si misma por ella no haber echo sin intención ninguna clase de hechizo. Ese era siempre un riesgo enorme que corría cuando salía con su hermana a la calle y esta se emocionaba con cualquier cosa. Hasta ese día no había ocurrido nada que no fuera solucionable.

- ¿Tan fuerte eres? ¡Deja ver tus muslos! – dijo Meredith contenta rodeándose a Harry.

- Si sus musculos fueran tan grandes como su ego, seguro sería alguna clase de Super Heróe – dijo Hermione sonriendo.

Harry la miro de mala gana pero igual sonreía. La castaña solía burlarse así muchas veces de su amigo pelirrojo, incluso cuando eran novios. Claro que Ron siempre levaba las cosas en serio y terminaba por ser Harry quien tenía que callarlos o terminaban rompiéndose algún hueso.

- ¡Quiero ver, quiero ver! – dijo de nuevo la pequeña con una sonrisa de oreja a oreja.

El ojiverde se hizo una pose artística, tal Dios Guerrero Grego. Alzó sus brazos y hizo fuerza para hacer sobresalir sus muslos de los brazos. Quien lo viera hacer esas figuras en plena calle pensaría que era algún loco salido de una comedia antigua. Quedó en esa posición, observando como Meredith reía de buenas ganas, bastante admirada con la supuesta fuerza que él parecía tener y observando también a su castaña amiga que reía en silencio.

Pero de repente, sintió que algo lo tiraba del brazo. No tuvo tiempo alguno para reaccionar o mismo para concentrarse y aguantar su brazo. Fue tan inesperado y tan fuerte que lo hizo casi volar y al perder el equilibrio cayó estrepitosamente al suelo.

Se había olvidado completamente que tenía la correa de Rusti prendida en su brazo. Meredith corrió detrás del perro mientras gritaba su nombre. Sólo logró alcanzarlo unos metros más delante cuando el perro paró delante del lago para latir a los cisnes. El ojiverde se sentó en el suelo para luego mirar a su amiga. Ella reía de buenas ganas, agarrándose ya a su barriga debido a la falta de aire provocada de tanto reír.

- ¿Cuál es la gracia? – preguntó Harry fingiendo molestia.

La ojimiel no le contestó. Seguid riendo hasta dejar de aguantar sus piernas y tener que colocarse de rodillas en el suelo, cubriendo el rostro con las manos, intentando controlar su risa. Pero se le estaba haciendo difícil.

- ¡Ya! Podía haberme roto el trasero que tú seguirías riendo. – dijo el ojiverde siguiendo con el juego de falsa molestia

- Lo siento, lo siento – dijo la castaña sollozando. Aún no se había recuperado bien la cordura, cuando empezó a ponerse de pie y le tendió la mano a Harry para ayudarlo a levantarse.

- No. Eres una tramposa. ¡Casi me muero!

- ¿Qué clase de Aurores tenemos en el Ministerio? - respondió Hermione alzando una ceja mientras sonreía. Se notaba que estaba muertita por reírse de nuevo.

Harry la tomó de la mano y se levantó, sacudiéndose la nieve de la ropa. Y con un movimiento rápido tomó su amiga por la cintura y la alzó en sus brazos. Hermione gritó al percatarse de la forma como el ojiverde la agarraba, pero no le importó. Empezó a girar con ella hasta dejársela caer en un monte de nieve y empezar a tirarle pelotas de nieve.

Rusti se soltó de Meredith y corrió para junto de su dueño, mordiéndole el abrigo, como quien pide para que no se olvide de él, mientras la pequeña ojimiel le tiraba pelotas de nieve al ojiverde. La castaña reía aun más, cuando por fin, Meredith y Rusti volvieron a tirar Harry al suelo. Ella aprovechó el momento para tirarle nieve y vengarse por haberla puesto en el suelo. Parecían dos auténticos niños jugando, de eso no había duda alguna.

Cuando terminó la juguetería Harry y Hermione se encontraban sentados en el suelo, mientras Meredith se sentaba y acurrucaba junto a Rusti, quien se echó en el suelo de patas arriba. Reían como había mucho tiempo no lo hacían, haciéndose recordar de tiempos antiguos y lejanos, memorias que habían quedado perdidas en sus mentes y ahora volvían como si nunca se hubiesen ido.

Harry le miró a su amiga a los ojos. Le pareció ver de nuevo aquel brillo tan característico de nuevo en sus ojos. No sabía si había sido sólo una ilusión o cosa del momento, pero se alegró por aquella mirada tan bella. Había tiempo que deseaba verla así de feliz. Se acercó un poco más a ella, tomándola de la mano y acariciándole el rostro con la otra. ¿Qué hacia? Tenía que controlarse o terminaría por hacerse daño a si mismo. ¿Qué pasaba? ¿Por qué estaba racionando así con su amiga? Él no la necesitaba.

Sin percatarse empezó a acercar su rostro al de ella. Podía ver detalladamente cada pedacito de sus orbes miel y hasta sus pequeñas pecas casi invisibles. Sintió como la mano que él le había tomado empezaba a temblar y como los nervios empezaban a tomarla.

- Mira que amor. Esos chicos tuvieron que ser padres muy jóvenes para tener una hija tan crecida.

- Cállate boca grande. Ándate que se hace tarde para el almuerzo.

Hermione no pudo evitar sonrojarse y reír por el comentario de esa pareja que no conocía. Recostó su cabeza en el hombro de Harry intentando ocultar la vergüenza y lo rojas que se pusieron sus mejillas. Nunca en su vida se había sentido tantas veces avergonzada en tan poco tiempo como en aquellos últimos dos días. ¿Qué estaba a punto de ocurrir? ¿Qué era aquél cosquilleo en su barriga? ¿Qué era lo que empezaba a sentir por el moreno? Una parte de si agradeció aquella interrupción, pero la otra, la parte que ella no tenía la más pequeña idea de que existiera maldijo las personas.

El ojiverde igual sonreía y agradeció silenciosamente a los cielos y a todos los dioses por la interrupción causada por aquellas dos personas. Tenía que empezar a controlarse o terminaría por cometer un gran error.

- ¡Que gran idea! – dijo Meredith levantándose de un alto – a partir de ahora a ti – señaló a Hermione – ¡te llamaré mamá y a ti! – señaló a Harry empezando a reír – ¡te diré papá!

La castaña río nerviosamente mientras la niña se acercaba a ellos y los abrazaba ambos con una enorme alegría. Le plantó un beso en la mejilla y se levantó, ayudando el moreno a hacer lo mismo. Se acercaba la hora del almuerzo y sus barricas ya pedían algo que fuera comestible.

El ojiverve le permitió a Meredith que se llevara a Rusti. Ya quedaba poco para llegar a casa y seguro que, después del sucedido, el perro no volvería a correr como loco detrás de algún cisne u otro animal cualquiera que se atravesase en su camino. Miró a Hermione de reojo. La chica venía caminando a su lado, frotándose los brazos y con sus labios temblando ligeramente. Se veía realmente hermosa, nunca había imaginado que ella se desarrollara de esa forma y se hiciera en la mujer que es hoy.

- ¿Tienes frío? – le preguntó Harry a la castaña.

- Ya me pasará – respondió la ojimiel encogiéndose de hombros.

Él no pudo resistirle. Colocó su brazo sobre los hombros de su amiga y le regaló un suave beso en la mejilla. Se sentía raro, muy raro a decir la verdad. Empezaba a sentir cosas que nunca antes en su vida había experimentado y que, a decir verdad, tenía miedo de sentir.

Meredith quedó un poco atrás para apretar las cuerdas de su zapato. Había sido un logro enorme aprenderlo, era de las pocas de su clase que lograba hacerlo. Se colocó de nuevo en pie y su mirada fijó en su hermana colocando su brazo alredor de la cintura del ojiverde. Dejó escapar una sonrisa en su rostro. No entendía él porqué, pero le caía bien aquél chico.

**

- ¿Y que más? ¿Qué hiciste después? – preguntó Meredith bastante sorprendida

- Después con tu hermana nos montamos en el hipogrifo y volamos hacía la Torre del último piso y liberamos a Sirius. – finalizó él ojiverde.

- ¡Wow! A Janie no le gusta volar. ¿Cómo la convenciste a subir a Buckbeack? – preguntó de nuevo la pequeña ojimiel

- No lo hice. Fue necesario, ella no tuvo otro remedio. – dijo Harry soltando una carcajada.

- Que gracioso. – dijo Hermione asomándose por la puerta de la habitación de se hermana – Ya es hora de que esa nena se duerma.

Meredith hizo una mueca de molestia, pero terminó accediendo a las órdenes de Hermione y se recostó en su cama, bostezando. No tardaría mucho en dormirse, pensó Harry mientras veía como Hermione la arropaba y le daba un beso suave en la mejilla. Bajó las escaleras hacía la sala y se sentó en el sofá, guardando las cosas en su maleta. El doctor le había dicho un par de días, pues bien, un par de días había pasado. Había escuchado de nuevo Hermione hablar con el tal Justin esa misma tarde. Había sentido su corazón encogerse y más aun cuando, al parecer, ella le dijo que la Navidad sería en su casa y el tipo aceptó.

Escuchó Hermione bajar las escaleras y dirigirse a la cocina. Traía el vaso de leche de Meredith vacío en su mano. ¿Cómo le diría que se iba? Había pasado unos maravillosos días en aquella casa y la pequeña Meredith empezaba a quererlo. No entendía el porqué de costarle tanto abandonar la casa y sentirse mal y con rabia hacia un tipo que ni siquiera conocía y nunca en su vida había escuchado hablar.

Caminó hacía la cocina y observó a su amiga. Ella estaba de espaldas para él, se había sacado la bata y estaba simplemente con las calzas del piyama y con una camisa de alzas, que dejaban mucho a la imaginación. Utilizaba su varita para guardar la loza limpia en los debidos armarios. Se acercó a ella y coloco sus manos sobre sus hombros, bajando suavemente por sus brazos hasta tonarla de las manos.

La castaña se estremeció con el contacto de su amigo y intentó preguntarle que demonios hacía. Pero no pasó de un intento. Cerró sus ojos y se limitó a deliciarse con los besos en el cuello que el moreno le daba. ¿Pero que le pasaba? Ella no era chica de dejarse llevar por el deseo o por cualquier tipo que le apareciera por delante. Pero Harry no era cualquiera. Era su mejor amigo, era el amor que ocultó durante mucho tiempo.

Harry soltó las manos de la castaña, acariciándole su barriga y su cintura. Nunca había sentido algo tan fuerte como aquellos impulsos hacía su amiga, y no era solo querer hacerla suya, sentía una necesidad enorme de hacerla sentirse bien, hacerla sentirse amada. Pensó por momentos que se estaba volviendo loco, pero la razón no se mantuvo mucho tiempo conciente en su cerebro y rápidamente olvidó su cordura.

La hizo voltearse y la miró a los ojos. Pudo ver la confusión en su mirada, pero al mismo tiempo un enorme cariño. Besó sus labios, despacio, intentando conocer cada rincón de aquella suave boca, probando y dejándose probar con lentitud. No se recordaba de haber dado un beso como aquél alguna vez en su vida, sentía el corazón de la castaña latir tan deprisa que casi podría jurar que le saltaría de su pecho. No podía quejarse…el suyo latía exactamente de la misma manera.

Al separarse de ella, sus manos se mantuvieron inmóviles en su cintura y no fue capaz de desprender su mirada. Se arrepentía. Se arrepentía más que todo de aquél beso. No quería que ella abriera los ojos, no quería tener que confrontarla. Quería irse, correr y huir sin dejar rastro, esconderse y nunca más salir de su burbuja de soledad. No la necesitaba, vivía bien. No necesitaba a nadie.

Ella abrió sus ojos cuando dejó de sentir las manos del moreno.

- Me voy – dijo el ojiverde

- ¿Te vas? ¿Dónde? – preguntó la confundida castaña

- A mi casa. Gracias por ayudarme estos días…

- Quédate…quédate por favor – le pidió Hermione sin moverse de su posición.

- No puedo yo…yo debo irme – respondió el ojiverde

- ¿Por qué? – preguntó la ojimiel sin saber que decir o que pensar - ¿Por qué me besaste si te ibas? ¿Por qué haces esto?

- No necesito a nadie Hermione. Siempre he estado solo y así seguiré. No quiero vivir aferrado a una ilusión. Quiero estar solo.

Su corazón explotaría. Quería llorar, en verdad quería, pero se obligó a controlarse, su orgullo no se permitía a llorar delante de él. No derramaría una única lágrima por alguien como Harry. ¿Cómo pudo equivocarse tanto? ¿Cómo pudo pensar que Harry, su Harry había vuelto? Se odiaba a si misma, odiaba las ilusiones que se había creado y sobre todo, odiaba a ese chico que tenía delante.

- Entonces vete, la puerta es por allá – dijo la castaña sin siquiera mirarlo a la cara.

Aquellas palabras fueron como cuchillos en el corazón del moreno. Le dolió escuchar aquellas palabras de la boca de su amiga, pero le dolió aún más el tono de voz con que su amiga se las había dicho. Sólo un idiota no se percataría del dolor y de la angustia en las palabras de aquella hermosa mujer. Se sintió una basura.

Hermione empezó a caminar hacía las escaleras, subiéndolas a correr hasta legar a su habitación y encerrar la puerta con un portazo. Al moreno, le hubiera dolido mucho menos una cachetada que lo que le dolía lo sucedido.

Tomó sus cosas y vistió su abrigo. Colocó la correa en Rusti, quien lo miraba bastante confundido. Miró por última vez la casa antes de abrir la puerta de la calle. No podía permitirse a si mismo volver a sufrir, no quería que nadie más se hiciera daño por culpa de su presencia. El problema era que el mal ya estaba hecho, ahora era solo esperar que el tiempo lo resolviera.

Abrió la puerta y sintió el frío golpearle la cara. Su corazón se encogía y lo hacía sentirse enojado consigo mismo.

**

Hermione escuchó la puerta encerrarse y no pudo contener las lágrimas más tiempo. Había tiempo que no lloraba y no quería llorar, pero era más fuerte que ella. Se sentó en su cama y agarró en sus rodillas, aferrándose a su almohada, como lo hacía cuando estaba en Hogwarts y lloró. Era insoportable él dolor que sentía. Él la había engañado, y ella se había dejado engañar creándose falsas esperanzas y engañosas ilusiones.

Escuchó la puerta de su habitación abrirse. ¿Qué le diría a Meredith? Ella igual estaba feliz con la presencia de Harry en la casa. Su hermana no era de aquellas niñas que querían luego a la gente, había que conquistarla para que ella quisiera a alguien. Pero el ojiverde no había echo esfuerzo alguno y la pequeña niña de rizos castaños ya le decía “papá”.

Sintió que unos brazos la envolvían en un abrazo. ¿Qué estaba pasando? Eran demasiado fuertes para ser Meredith. Levantó su rostro y su mirada chocó con la verde esmeralda de Harry. Todo su cuerpo se tensó y su corazón empezó de nuevo a latir con locura.

Se levantó de repente y se alejó de su cama. El enojo y la rabia que sentía no querían dejarla pensar con coherencia. Ahora era ella la que quería que el ojiverse se fuera y no volviera más.

- ¿Qué haces aquí? ¿No te ibas?

- No. – respondió el chico bajando su mirada hacía el suelo. Sólo en ese momento se percató que Hermione estaba descalza.

- Pues ahora vete. Vete y no vuelvas más – dijo la castaña

- Hermione yo…

- No quiero tus excusas, vete de mi casa – le cortó las castaña sin medir sus palabras. – Te odio.

De nuevo deseó haber recibido una cachetada en vez de de tener que escuchar aquellas frías palabras. Lo odiaba. Lo odiaba por ser un cobarde, lo odiaba por promesas que se hicieron en el colegio que hoy no podían cumplir, lo odiaba por las ilusiones que se había creado. Lo odiaba por quererlo tanto.

El ojiverde se levantó de la cama y se acercó a la castaña. Se preparó para la eventualidad de ella darle una fuerte cachetada mientras le limpiaba las lágrimas con sus manos.

- No llores mi princesa – le dijo el chico – No quería hacerte daño. No quería que nadie más sufriera por mi culpa.

La envolvió de nuevo en un abrazo, mientras sentía como ella empezaba de nuevo a sollozar. Su corazón casi se le caía a los pies. Quería pedirle perdón por todos los errores que había cometido y esencialmente por nunca haberla apoyado cuando ella más lo necesitó. Sus vidas habían dado muchas vueltas, sus caminos se alejaron completamente uno del otro, haciéndolos tornarse en personas distintas.

Hermione le correspondió al abrazo olvidando por momentos todas sus dudas y todos sus miedos. Sabía de antemano que él estaba mal, que a pesar de haber ganado la batalla, las cosas no iban tan bien como el lo deseara. Al final había tenido demasiadas perdidas como para poder mantenerse de pie sin recurrir a la ayuda de nadie.

- Te quiero Harry. No vuelvas a dejarme.

Él la soltó por un breve instante para mirarla a los ojos. Sabía que no mentía. La beso de nuevo, solo que esta vez no fue como la primera. La castaña profundizó el beso mientras con sus manos le revolvía su pelo negro mientras él le acariciaba sus espaldas y su cintura.

La acercó hasta su cama y la acostó ahí, besándola y regalándole suaves mordidas en su cuello. La ropa se la sacaba con lentitud, probando cada pedazo de piel desnuda de la castaña. Volvió a besar sus labios cuando sintió que las manos de su castaña se habían posado en su cinturón y empezaban a desabrocharlo. Sus mentes volaban y sus manos eran testigos de un pasado inacabado y de algo nuevo que se avecinaba. Se querían y ya nada podría hacérselos negarlo.

Los suaves jadeos de ambos quedaban perdidos en la habitación, las paredes hechizadas con un hechizo silenciador eran los únicos testigos de lo que sucedía esa noche entre los dos amigos. La temperatura iba aumentando en la habitación mientras las diferentes prendas se perdían por allí.

Harry paró por un momento, observándola detenidamente. Era aún más hermosa de lo que se había imaginado, su desnudez era más bella que cualquier ropa que se hubiera vestido. Siempre le dijeron que la belleza era algo que no se debe ocultar, debe estar presente en cada día y en cada momento. Y ahora él creía completamente en esas palabras.

- Te quiero – le dijo a su amiga mientras vía como sus mejillas se volvían de un hermoso color carmín - ¿Quieres ser mi novia?

La chica sonreía de alegría. Las palabras quedaron prendidas en su garganta y no pudo hacer nada más que volver a besas ese chico que le había robado el corazón. – Si, quiero – fue lo último que pudo decir antes de dejarse envolver por las caricias y el placer que ese hombre le regalaba.
Última edición por Jane B.Potter el Mié Dic 23, 2009 6:15 pm, editado 1 vez en total

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