La trama es mía, los personajes no. * *
Parte I. POV. GinnyEntre Sueños-¡De nuevo! – Exclamé levantándome sobresaltada. De nuevo aquel sueño… extraño. Siempre era el mismo, y la verdad es que la situación me estaba poniendo nerviosa. ¡Era tan real, tan vivido! El sentirme estar siendo observada, estudiaba, provocaba en mí estremecimientos escalofriantes. Pero era sólo un sueño… no había que preocuparse por los sueños en lo absoluto, por más reales que se sientan.
-¡Buenos días, Ginny! – Me saludó Luna sentando a mi lado en la mesa de Griffindor. Le sonreí como respuesta, mientras me limitaba a tomar sólo un vaso de zumo de calabaza. – Has estado muy madrugadora últimamente, ¿problemas para dormir?
-En lo absoluto – Mi problema no era el dormir, mi problema era el soñar.
-¿Iras a la salida de Hosmeade hoy?
-No lo creo, no me siento con muchas ganas.
-¿Tienes otros planes?
-Estar por ahí.
-¿No te molesta si me uno?
-Para nada. Pero pensé que querías ir al pueblo.
-Quería ver si conseguía Starkes, me dijeron de una tienda en Hosmeade que podría tenerlos. Pero mi padre ya me envió una caja llena de ellos. Son hermosos, si gustas, ahora te los enseñó.
-Bien… seguro. - ¿Qué demonios eran los Starkes?
Seguimos con nuestro rutinario desayuno. Fingí escuchar a mi amiga sobre los poderes curativos de los Nordos – los cuales tampoco tenía idea de qué eran – Mientras mordía con ganas una tostada untada de mermelada.
-Sólo sueltan su veneno cuando se sienten amenazados. Su fuerza es increíble a pesar de su tamañito y…
Tomé la jarra de jugo dispuesta a llenar mi vaso nuevamente… cuando de pronto me invadió esa sensación. Y ya no era sólo el estar siendo observada. El olor de aquella persona penetraba en mi nariz y me hacía erizar los vellos de los brazos. Era un aroma entre dulce y cítrico, peculiar, inigualable… delicioso. Miré de un lado a otro, buscando al portador de aquel perfume único e inconfundible; miles de rostros me devolvieron la mirada, pero ninguna era la de “´él”.
Pero ¿qué demonios estoy pensando? Eran sólo sueños los que experimentaba. Era completamente imposible que “él” fuera real.
-¡Ginny! – Un llamado de Luna me hizo volver a la realidad. - ¿A quién buscas?
-A nadie.
-¿Me acompañas a la biblioteca? Necesito un libro de transfiguración para la tarea del Lunes.
Nos levantamos de la mesa al mismo tiempo. Antes de empezar a caminar, giré de nuevo mi rostro de un lado a otro… y nada, el olor ya no estaba.
-¿Te sientes bien? – Los azules ojos de Luna se clavaron en mí.
-Seguro, vamos – Jalé el brazo de mi compañera para salir del gran comedor. No percibí de nuevo aquel aroma exquisito, pero sí pude reconocer una profunda mirada clavada en mi espalda, fija y distante, justo antes de atravesar las enormes puertas.
-Hace un bonito día, ¿verdad? – Habíamos decidido pasar la tarde fuera del castillo. Luna portaba su libro de transfiguración en uno de sus brazos mientras yo cargaba una novela que me regaló mi tía Muriel en mi décimo quinto cumpleaños, justo ese verano.
Nos sentamos bajo la sombra de un árbol bien tupido cerca del lago. Luna ojeó con atención el libro de transfiguración, mientras yo me perdía releyendo el prologo de mi novela,
“La Sombra del Viento” Bonito nombre, bastante atrayente.
-Hola, chicas – Colin se unió a nosotros en ese momento. - ¿Por qué no fueron a Hosmeade hoy?
-No teníamos ganas. ¿Y tú?
-Igual. A decir verdad, muchos faltaron al pueblo hoy.
Miré alrededor, notando la gran cantidad de alumnos que se hallaban en el lugar. Era de suponerse, dado que la situación no estaba como para dar paseos felices a la luz del sol.
-¿Qué lees? – Colin tomó el libro que estaba en mi regazo y lo empezó a leer con interés. Sonreí, sabía lo mucho que le gustaban los libros, además de las fotografías.
Suspiré relajada mientras me tumbaba de espaldas contra el césped. Mi vista se perdió entre las nubes que se formaban en el cielo… de un momento a otro, me vi buscándole formas con la intención de pasar el tiempo: Una vaca, un perro, una naranja partida por la mitad…
-¿Qué tanto mira Malfoy? – Luna me distrajo en ese momento. Me incorporé tan velozmente que hasta me mareé. Mis ojos se posaron en ése pequeño grupo de Slytherin que se encontraba sentado cerca de las puertas del castillo: Crabbe, Gole, Pansy Parkinson, otro chico al cual no le recordaba su nombre… y entre ellos, Draco Malfoy.
Decir que mi corazón ya se encontraba situado en la garganta, sería poca descripción. Cada latido lo escuchaba. Mi piel se erizó, mis manos temblaron, mi respiración se aceleró de manera alarmante… mi mente atajó aquellos sueños, aquella sensación de estar siendo fijamente observada… ¡Por Merlín que era la mirada de Malfoy! Podía jurarlo en ese instante… eran los ojos de “él”.
-Ginny, ¿estás bien? – Luna sacudió mi hombro, regresándome a la realidad.
-Eh… sí, estoy bien – Me levanté del césped.
-¿Seguro? ¡Estás pálida!
Giré de nuevo mi rostro, pero ya el grupo de Slytherin no se encontraba allí.
-Estoy bien – Repetí de nuevo hacia mi amiga. – Nos vemos después, chicos.
Caminaba por los pasillos sin ver a donde iba. Amigos me saldaban y yo los pasaba de largo sin percatarme de ellos. Un 10% de mi mente se concentraba en caminar, respirar, y todo aquello que era básico para el cuerpo; mientras el 90% restante, se perdía en Draco Malfoy. ¿Sería posible? ¿Podría ser Draco Malfoy el chico que me observa tan atentamente durante mis sueños? ¿Sería…? ¡Imposible! Era algo que no lograba procesar. O quizás, me costara aceptar.
Esa noche era particularmente fría, más de lo normal. Me arropé hasta el cuello con la gruesa manta que mi madre tejió para mí la navidad pasada, giré mi cuerpo para cambiar de posición, y deseé que el sueño llegara para poder corroborar mis sospechas. Sí, quería dormir, quería soñar… con él. Comprobar si los ojos de aquel intruso que se inmiscuía en mi cabeza, eran exactamente los mismos ojos de hielo que noté hoy en la mirada de Malfoy.
Una corazonada me decía que estaba en lo cierto. Pero otra cosa – llamémosle lógica- me decía que era imposible. El gran Draco Malfoy, el príncipe de Slytherin, el Dios griego por las que todas las estúpidas suspiran, ¿fijarse en la pobretona de Ginny Weasley?
Al darme cuenta, ya mi mente se perdía en un agradable sopor que me relajó. Caí rendida sobre la suavidad de mi almohada… y en sólo cuestión de segundos, el sueño llegó…
Aquel aroma tan adictivo… ¿desde cuándo me hacía feliz percibirlo? No logré dar con su mirada, me costaba abrir los ojos. ¡Pero sabía que estaba ahí! Lo percibí, lo sentí. Abrí mis labios una y otra vez deseando hablar, pero ninguna palabra salió de mi boca. Me incorporé, y al ver, ya había amanecido… estaba despierta.
Deseé con fervor que la noche llegara pronto, pero desafortunadamente, el día se me fue sumamente lento.
Busque por los pasillos a ese arrogante chico rubio. Quería verlo de nuevo, sí. Reflejarme en sus ojos y comprobar si era él o no el dueño de mi mente… dueño de mi mente, sí, lo había aceptado.
-¡Sin duda estoy completamente loca! – Me dije deteniendo mi andar y apoyándome contra una de las frías paredes. Debía controlarme, no dejarme llevar, no ilusionarme.
Suspiré hondo un par de veces antes de continuar con mí andar hacia los terrenos del colegio. Esa tarde tocaba práctica de Quiddicth, la cual sin duda me hacía falta; una actividad para despejar mi mente y olvidarme por al menos unos instantes de aquel ser. Estaba a punto de llegar a las grandes puertas cuando me topé con él. Sus ojos de hielo, su mirada intensa, su aroma tan peculiar… ¡Por Merlín! Era él. Podían llamarme loca, pero era Draco Malfoy.
Me observó detenidamente, como si deseara buscar algo a través de mí. Mi cuerpo en ese momento fue víctima de sensaciones incontrolables y, de cierto modo, placenteras. Mis piernas se paralizaron frente a él, permitiéndole a mis ojos disfrutar de su expresión ¡Y nunca en mi vida había visto tanta perfección en un simple rostro!... quería hablar, preguntarle todo lo que necesitaba para estar completamente segura de que era “él”, pero mis labios sólo lograron exclamar una simple palabra sin sentido.
-Oh – Lo vi negar con la cabeza suavemente a la par que una sonrisa se formaba sobre sus finos labios. Pasó a mi lado un segundo después, dejando impregnado en el aire su aroma tan condenadamente delicioso. Cerré los ojos, aspirando con profundidad. Me sentía aturdida, alocada, extrañamente excitada… y de cierto modo feliz.
Ya no quería jugar Quiddicth. No quería hacer nada… sólo dormir, dormir y soñar.
Esa noche, Morfeo me dio el regalo desde tempranas horas. Apenas eran las siete cuando caí rendida en la tibieza de mi cama. Y como siempre, desde hacía unas semanas, estaba ahí… su presencia, su olor… ahora su tacto. Sentí las yemas de sus dedos trazar el contorno de mi rostro, su dedo índice delinear mis labios. La palma de su mano acarició mi garganta hasta llegar al inicio de mi pijama… ¡Dios! Quería moverme, deseaba despertar a mi cuerpo de su letargo y hacer algo con él… lo deseaba. Devolverle las caricias, los roces…
-¡Eres real! – Logré articular por fin, con mis exhalaciones aceleradas y con el latido de mi corazón a mil.
Él no dijo nada, no era necesario. Sus manos se deslizaron por mis brazos; era de piel fría, y cálida a la vez. En esos instantes percibí su tibio aliento rozar mi piel. Sus finos labios se posaron con ternura sobre mi frente, despertando en mí algo más que un simple estremecimiento. Su boca bajó desde mi entrecejo hacía la punta de mi nariz. Su aliento poseía aroma a pan dulce, tremendamente apetecible… Sólo un movimiento más, y sería la bruja más feliz del planeta.
-¡Ginny, hora de levantarse! – Gritó una de mis compañeras de cuarto, amargándome la existencia por completo. Catherine me caía muy bien, pero en ese momento, la odié con todas mis fuerzas.
Las clases aburridas se tornaron más largas de lo normal. Las horas al parecer, se habían puesto de acuerdo para dar marcha caracol. Mis pensamientos se hallaban absortos sólo en mis sueños… en él. ¡Dios, en Draco Malfoy!
¿Por qué hacerse ver ante de mi de aquella forma? Era una pregunta a la cual ya le tenía una respuesta.
Él era Draco Malfoy, yo Ginevra Weasley. ¿Habría alguna oportunidad de tener una relación justo como Dios mandaba? ¡JA! Sería una verdadera ingenua si creyera eso.
Me oculté en una mesa de la amplia biblioteca. Miré fijamente las altas ventanas del lugar, deseando tener el poder de ocultar el sol y hacer salir las estrellas ya. Suspiré sonoramente mientras me levantaba de la silla. Camine hacia la salida dispuesta a abandonar el lugar cuando él estaba ingresando.
¡Ese cosquilleo en mi cuerpo! Causado por su aroma, su mirar, su presencia… su tacto. El roce de su mano con la mía provocó en mí una muy alta descarga que podía ser llamada como Electroshock, además de convertir a mis rodillas en masas de gelatina. Mi vista se quedó fija en la negra túnica que ondeaba y se perdía por entre las estanterías repletas de libros. Sólo cuando lo perdí de vista, fijé mis ojos en el pequeño papel que reposaba entre mis dedos.
“Hasta esta noche, pequeña… recuerda soñar…”Bien nuestra relación no era como se debía. Sabíamos que no se podía. Pero era válido el tenerla entre sueños, ¿no? Sólo entre sueños.
* *
Parte II. POV. Draco