¡Hola! ¡Antes de que me maten, lean!
Siento mucho, mucho la tardanza y me avergüenzo de mi misma por ello, merezco que me arranquen las pestañas una a una y que mis hijos paseen con bolsas en la cabeza

, lo sé, lo siento, tírenme tomatazos, ladrillazos

, lo que quieran T__T pero les juro que no ha sido cosa mía

, el trabajo me tiene muerta, problemillas, escases de inspiración y el amor, el amor (8) xD
El capítulo es una porquería, el capítulo es basura, me enferma pero hombre, no podía hacerlas esperar más, espero que lo lean y que al menos alguien no me haya abandonado, muchas gracias por la paciencia, las quiero.
¡Disfrútenlo!
PD- Al parecer les voy a deber la imagen... el ImagenShack está más muerto que yo u.u
CAPITULO 13 :
Confesiones -Sólo yo…
- ¡NOOO!
Draco se detuvo un instante. Su cuerpo se sintió vivo una vez más y la sangre hervirle a tal grado que le calentó la piel, sintió las uñas de Hermione aferrarse a sus hombros, defendiéndose como un gato mientras él sonreía entretenido. Jamás en la vida, después de la guerra, se sintió tan vivo, jamás había tenido tanta conciencia de su cuerpo y de cada parte de él, de cada centímetro de su piel lleno de terminaciones nerviosas que Hermione había accionado con su grito, con su temor, con su coraje. Sentía los pies entumidos pero él seguía sonriendo admirando el miedo a morir que tenía la castaña, era delirante la forma en que le suplicaba con la mirada que no la arrojara, la pasión con que se enganchaba a sus hombros y a su vida. Cómo a pesar de todo y de todos, quería seguir viva, quería vivir aunque fuera a su lado.
-¿No? – inquirió alzando una ceja con maleficencia e indiferentemente, escondiendo muy bien sus verdaderas emociones, como le habían enseñado en la escuela, cuando lo que quería era gritar toda esa euforia que la situación le provocaba- ¿No qué, Granger?
-N-no… no me mates… - suplicó ella, quebrada por completo, no lo miraba más a los ojos, se dedicó a divagar por su rostro pálido y apretar los labios lo más que pudo para no llorar. Sentía la lluvia caer por su espalda y escuchaba al mar detrás rugir por ella, reclamándola para él.
-¿Qué no te mate? – repitió él en forma burlona- La muerte es una forma de escape… ¿no es eso lo que tanto anhelas? – la empujó un poco más sin soltarla- ¿No quieres ser libre? ¿No quieres reunirte de nuevo con Harry?
-¡No hables de Harry! – soltó ella enfurecida ante su mención. ¿Cómo se atrevía aquella escoria a nombrar al héroe del mundo mágico? -¡No eres nadie para….!
-¡SOY TU DUEÑO! – vociferó el rubio riendo casi histéricamente- Soy el hijo del Ministro, el próximo mandamás de esta porquería de país, ¡soy Draco Malfoy!
-¡Eres una infame, vil y asquerosa piltrafa de ser humano! – soltó ella enloquecida al borde de la ventana, sí iba a morir, no iba a hacerlo callada. Le diría cuanto tenía que decirle a ese imbécil que creía tenerlo todo. - ¡Un idiota que no ha ganado nada por él mismo en toda tu patética vida! ¡Y hazlo, vamos! ¡Arrójame de una vez, que prefiero morir antes que seguir soportando tu sola presencia!-
Abrió los ojos desmesuradamente al ver que Draco movió las manos más y cuando creyó que la lanzaría al vacío, se volteó arrojándola al suelo de la habitación, sus rodillas dieron contra el suelo de madera y su cabeza contra la base de la cama, de inmediato un hilillo de sangre le resbaló por la sien, se volvió hacia él, que respiraba con dificultad subiendo y bajando el pecho, se limpió con altanería la herida y le miró.
-Ni siquiera tienes el valor de esto…- soltó una risita despectiva, pero al segundo se le borró. Draco se fue sobre ella y la tomó por el cuello levantándola con violencia.
-Escúchame, sangre sucia- le susurró- Si hubiera querido, estarías hecha pedazos mientras el mar te arrastraba… - se acercó a su oído apretando más su cuello mientras ella luchaba por que la soltara- pero no me convienes así… prefiero que estés viva… soy tu dueño… a partir de hoy… yo decido tu vida…
La luz en los ojos de Hermione se comenzó a apagar, sintió sus piernas flaquear y su cuerpo se soltó.
Escuchaba ruidos alrededor de la habitación pero sus parpados estaban tan pesados que le era imposible tratar de abrirlos. Trató de moverse, al menos para sentir el duro colchón de su mazmorra, pero no podía. Parecía que le habían inyectado plomo en la sangre y sus manos se negaban a seguir los mandatos de su cerebro que dolía cada vez más. Escuchó algunos murmullos que no pudo ni siquiera entender o definir a quién le pertenecían, alcanzó a escuchar el canto de los pájaros que daban vueltas por la mansión y el sol le escoció lo ojos que poco se habían abierto, volvió a caer en un estado de semiinconsciencia.
-Está despertando la señorita… - murmuró la joven elfina mientras se asomaba a la cama mientras la otra, mayor que ella andaba por ahí acomodando la habitación.
-Ya era hora- rezongó Solange mientras recogía una vasija de plata con agua tibia- Esta esclava es más inútil aún que Kirk, lo único que hace es enfermar…
-No soy una esclava- murmuró Hermione incorporándose haciendo que la elfina joven retrocediera temerosa, llevó ambas manos a su cabeza y la sostuvo un momento- ¿Cuánto tiempo he dormido?
-¿Antes o después de que te bajara la fiebre?- repuso Solange altanera mientras abría las cortinas del suntuoso cuarto en que ahora se encontraban.
-En total- susurró la castaña cerrando los ojos ante la luz que acaba de entrar-
-Tres días-
-¿Tres días?-
-Eres sorda ¿o qué? – soltó la elfina- Llevas tres días dormida, te ha bajado la fiebre desde ayer a mediodía – le dijo metiendo algunos vestidos en el clóset- será mejor que tomes un baño y te pongas algo decente- le miro desdeñosa- he desechado el vestido que el amo te dio, lo hiciste un desastre...
-No quiero nada que venga de tu amo- dijo Hermione en el mismo tono, la elfina estaba comenzando a fastidiarla- Ni siquiera un vaso de agua…
-Que mejor que no quieras nada- dijo Solange con altanería- nos ahorraremos mucho…
Hermione abrió los ojos por completo acostumbrándose a la luz que inundaba la habitación, las paredes eran blancas y los detalles en dorado le hacían sentir calor, era acogedor a pesar de todo, la cama era enorme y se podía sentir el rocío del mar, miró por la ventana y un centenar de imágenes se le formaron en la mente como remolinos incesantes, su cuerpo empapado sobre la ventana y a punto de ser arrojado al vacío por Draco Malfoy. Vio su rostro reír de una manera sádica y espantosa, se sintió darle los golpes que le había repartido y la frustración que le dio ver que no podía hacerle daño, afloró de nueva cuenta. Ahora más que nunca le dolían los puños… pero no de cansancio, sino más bien de impotencia por no poder haber matado a Draco cuando tuvo la oportunidad. Apoyo las manos en la cama y tomó con fuerza las sábanas sintiendo que algunas lágrimas caían por sus mejillas.
-¿Por qué llora la señorita?- preguntó con inocencia la elfina joven.
La castaña levantó el rostro ante la voz dulce y casi humana de aquella criatura en la cual no se había fijado aún muy bien. Vio sus grandes y redondos ojos azules brillar con su reflejo en ellos y sus orejas puntiagudas y blancas perfectamente limpias, llevaba un moño rosa en la cabeza, haciendo juego con su vestido de tul. ¿Por qué Draco se molestaría tanto en vestir bien a sus elfinas? ¿Por qué estaba en una habitación tan hermosa y elegante, en lugar de la mazmorra en que la tenía antes? Se abrazó a sí misma dejando que el sol se fuera levantando pegándole en de lleno en el rostro que ni siquiera se tomó la molestia en virarlo. Se sentía cálido, limpio, como una caricia que hace tiempo no recibía… ¿por qué le tenía qué pasar esto a ella? ¿Qué había sido de Ron, de Ginny, de Luna? ¿De todos y cada uno de los que estaban ese día en la batalla? ¿Los Weasley estaban bien? ¿Hogwarts seguía dando instrucción? ¿Se habrían olvidado todos de ella? ¿Por qué nadie la buscaba? ¿Por qué nadie nunca la encontró? Nadie… hasta que apareció en su vida esa maldición, que ahora representaba Draco Malfoy para ella.
Las elfinas salieron de la habitación en silencio y la más pequeña le sonrío cariñosamente desde el umbral, pero Hermione no pudo ni siquiera lograr que sus labios se levantaran. No podía… recordaba todos esos momentos en que había sido feliz, todos esos en que estaba sonriendo y sintiéndose plena, viva. Aquellos mismos instantes que habían quedado tan lejos, tan apartados de su propia realidad que parecían ajenos, se le dibujaban como sueños, sueños que jamás se cristalizarían. Una sonrisa irónica se le esbozo en el rostro… ¿porqué había sido más feliz siendo Serenity que ella misma? ¿Por qué la esclavitud de ese personaje manipulable era más tangible que la propia?
Odiaba saber que había sido estúpida y vulnerable, odiaba saber que durante tantos años había hecho la voluntad de otros y no la de ella, que había sido manejada cual vil títere siempre a la disposición de Lestrange, Lucius Malfoy, Zabini y ahora su vida en manos de Draco Malfoy, el mismo chiquillo que miles de veces le había hecho la vida imposible… pero ahora era el hombre que tenía el poder para hacerlo a placer.
Draco volvió la mirada hacia la escalera de nueva cuenta, escuchando un par de pasos ligeros por las escaleras pero se llevó una decepción al ver a las elfinas bajar con un par de telas en los brazos.
-¿Dónde está Hermione? – les preguntó con altivez mirando hacia las escaleras mientras ellas llegaban al final y hacían una reverencia profunda.
-La señorita no ha querido vestirse y bajar, señor- la elfina más grande volvió a inclinarse tras responder y Draco soltó un bufido apretando sus labios uno contra otro. Sin decir más, saltó de dos en dos los escalones hacia su habitación, arrojó la puerta de un golpe y no la encontró en la cama. Sus ojos grises se abrieron en sorpresa al ver la ventana abierta de par en par mientras las cortinas blancas eran arrojadas por el viento, se acercó a la ventana con una ligereza increíble y se agarro al alfeizar con fuerza, sintiendo la madera crujir bajo sus manos.
-
“No puede ser”- pensó con desesperación mientras veía el mar en calma, nada más contrastante con lo que ayer había alcanzado a ver.
Hermione no podría haberse arrojado por la ventana, no. Era cobarde, temía a morir, ayer se lo había demostrado al gritar que no la arrojara al mar, no podría haberlo hecho ella sola. Estaba perdido en esa imposible suposición cuando sus sentidos se agudizaron… escuchó el agua de la ducha caer suavemente y el aroma de un perfume desconocido le llenó las fosas nasales, volvió el rostro hacia la cama y miró la ropa de su prisionera sobre la cama, absolutamente toda prenda que podría cubrir su cuerpo, de nuevo escuchó el correr del agua en el cuarto de baño y caminó despacio hacia allá. Los vapores del baño salían hacia él envolviéndolo de una manera increíble y llevándolo casi hipnotizado hacia ahí. La puerta estaba entreabierta y con cuidado, asomó uno de sus ojos grises por la hendidura vislumbrando el cuerpo desnudo y húmedo de la chica tras la puerta semitransparente de la ducha. Sus manos alrededor de su cadera, tallando algo que él no alcanzó a ver, ella le dio la espalda y pudo ver su cabello largo y castaño pegado a esa espalda blanca y tersa que se le antojó acariciar con premura. Una tensión en su pantalón lo empezó a aquejar y por un segundo una fugaz locura se apoderó de su mente, se imaginó entrando al baño, abrir la puerta de la ducha y poseer a esa mujer que lo estaba volviendo loco. Pero al instante se dijo que era una tontería… no debía olvidar de quién se trataba. Se desprendió del lugar de inmediato, bajando las escaleras mucho más rápido de lo que había subido, las rodillas le dolían del esfuerzo por no caer y cuando volvió a respirar estaba abajo viendo a las elfinas que se habían quedado en el mismo lugar. Lanzó un largo suspiro y se pasó una mano por el cabello con desesperación.
-Dígale a Hermione- le indicó a la mayor con la respiración agitada- a la esclava…- se corrigió- que la quiero lista para la cena… a las 6 han de servir, que se ponga el vestido rojo…- y sin más salió de la estancia cruzando la puerta de la casa y desapareció en el camino mientras se echaba la capa por los hombros.
-Sólo encárgate de eso y déjenme en paz, ¿quieres Kadijah?- terminó diciendo Zabini llevándose una mano a la cabeza, controlándose cuanto podía para no gritar en ese mismo momento. Estaba desquiciado, devastado, quería verla, tenerla en sus brazos y poder besarla de nueva cuenta, quería poder mirar sus ojos marrones y perderse en el aroma a sándalo de sus ondas castañas. Y lo único que obtenía era una horda de chicas que querían ocupar el lugar de Serenity. No tenían su porte, su elegancia y esa extraordinaria fuerza en sus mirar. La seguridad en sus pasos con la delicadeza exacta para hacerla tan atractiva, nadie imitaba sus movimientos que hipnotizaban y había algo tan incierto en las profundidades de sus ojos castaños que la hacían diferente, tan diferente que extrañamente habían hecho mella en su corazón verde y plata.
Echó a andar por el pasillo que llevaba a su habitación y el lugar iba volviéndose más sombrío y elegante, las serpientes en las paredes que sostenían en su boca las llamas que iluminaban el pasillo iban prendiendo a su paso, abrió la puerta de su habitación y se aferró tan fuerte al pomo de la puerta al mirarla ahí. En su cama… cruzada de piernas, al tiempo que se pasaba las manos por el cuello y el cabello mirándolo con pasión y un dejo de amor tan profundo que se le antojó falso. Se soltó de la puerta y caminó hasta ella despacio, como si la vida se le fuera acabando en cada paso que daba, en cada centímetro menos para poder tocar su piel. Ella se puso de rodillas sobre la cama, Zabini sintió como el corazón se le detuvo en un impulso y llego hasta ella, alzando una mano para poder tocar su rostro, pero esa caricia nunca llegó… la ilusión se le deshizo en el aire, transformándose en humo y dejando el rastro de perfume que había dejado en su cama, en su piel, en cada poro de su ser.
Tenía que volverla a ver. Tenía que recuperarla.
Hermione no sabía que era exactamente lo que estaba haciendo. Sus manos trabajaban por mecánica y sus ojos no hacían más que ver como poco a poco sus dedos traicioneros hacían entrar a su cuerpo delgado y frágil en aquel vestido rojo que él había indicado. La elfina pequeña iba y venía arreglando el tocador con maquillaje, labiales, joyas y peines para el cabello que brillaban quizás, demasiado, para su gusto. Tomó la brocha para el rubor y se lo pasó por las mejillas con desgana, notando el cambio sutil pero bastante perceptible en su rostro, los ojos se le iluminaron tenuemente y el color volvió a ella con una oleada de su mano. Se sintió asqueada de sí misma, no sabía porque hacía aquello, porque obedecía al pie de la letra las órdenes de ese idiota de Draco. Por un momento, aquella magia que le había sido impuesta le había renacido por el cuerpo, instalándose en su pecho y en su mente, aquella furia indomable de su corazón se negaba a seguirla, cada paso, cada movimiento dado le hacía llegar puntadas de dolor y de impotencia a cada rincón de su cuerpo. Tenía que escapar de ahí, no sabía cómo, no sabía cuando, pero debía hacerlo. La huída era lo único claro en su mente.
-¿Está bien, señorita?- preguntó la elfina con su voz chillona y aguda retumbándole en las orejas a Hermione, que se volvió a ella tan decidida y con una expresión fiera que no era para la criatura, si no para sí misma, que se encogió ante su mirada. A la castaña se le enterneció el corazón y respiró hondo suavizando su rostro.
-Completamente…
“bien” – susurró mirándose de nuevo en el espejo tratando de comprender por qué respondía aquello- Y tú… ¿cuál es tu nombre? – quiso saber sonriendo sutil y sinceramente en días.
-Mi nombre es Karuna- respondió la criatura con docilidad y alzando las orejas con alegría- Mi familia ha cuidado de los Malfoy desde generaciones… mi bisabuela cuidó al señor Abraxas Malfoy, mi abuela al amo Lucius, mi madre al amo Draco y yo – los pequeños ojos cafés le brillaron con ilusión, una cosa que Hermione miró de mal modo- cuidaré a los hijos del amo Draco…
-Al hijo- susurró Hermione- Querrás decir… al parecer los Malfoy sólo tienen permitido tener un hijo…- sin soltar la brocha de su rubor se puso a jugar con las cerdas entretenida y meditabunda.
-No es un permiso, señorita- rió Karuna mientras acercaba un banco y subía a él tomando el cabello de la chica para peinarlo curvando su boca estrecha y delgada en una sonrisa- Es una tradición tan vieja como el árbol genealógico Malfoy… queda estipulado en cada contrato matrimonial y en los testamentos en vida... el hijo recibirá la mayor parte de la fortuna al concebir a su primer y único hijo…
-¿Y la segunda parte? – quiso saber Hermione dándole vuelta a un prendedor que había tomado meditando sobre cómo Karuna soltaba información de una manera tan fácil y fluida… por un segundo se sintió culpable por no decirle que debía callar, que su vida podría estar en peligro por desvelar los secretos de la familia a la que servía, pero la parte fría y dura de su corazón le susurraba que tal vez esa era el camino que buscaba para escapar.
-Se les entregará cuando su padre muera y sea leído el testamento… - Hermione asistió suavemente- No mueva la cabeza, señorita…
-Me llamo Hermione – dijo ella sonriendo- Dime Hermione…
La elfina balbuceó su nombre y a la chica le pareció trasladarse a la noche del baile de Navidad cuando le mostraba a Viktor como decirlo, sonrío sin poder evitarlo y miles de imágenes se volvieron a agolpar en su mente completamente callada y Karuna siguió peinándola.
-Listo- musitó la elfina minutos después, la muchacha alzó la mirada y por primera vez comprendió porque los hombres se fascinaban con su alter ego, con aquella no que no era, con Serenity… se había convertido en ella.
-¡Señorita, el señor Zabini no quiere atender a nadie!- los gritos que se empezaron a escuchar por el pasillo despertaron al aludido de su ensoñación.
-¡Quítate de mi camino, insignificante ramera! – la voz déspota y fría que se dejó escuchar hizo que Blaise se pusiera en pie de un golpe y se encaminara a la puerta como alma que llevaba el mismo diablo o peor…
-¡Pero…! – balbuceaba la otra muchacha con voz más suave y apenada.
-¡¿No me estás escuchando, imbécil?! – volvió a gritar- ¡Hazte a un lado si no quieres que …!
-¡Parkinson! – gritó el moreno al abrir la puerta estrepitosamente y salir al pasillo como endemoniado y tomar a Pansy por el brazo sin ningún reparo- ¿Qué demonios significa esto? ¡Déjanos solos, Kadijah!
La muchacha asistió y no pudo más que agachar la cabeza cuando el chico se llevó a la morena casi arrastrándola y encogió el cuerpo al escuchar el azote de la puerta.
-¿Me quieres decir que mierda tienes en el cerebro, Parkinson?- le espetó Zabini mientras la arrojaba en la silla frente a su escritorio- ¡Que sea la primera y última vez que vienes y me armas un escándalo aquí, escuchaste? ¡¿ESCUCHASTE?!
-¡Ya te escuché, maldita sea! – respondió ella de forma altiva y fastidiada, alzando una mano y arrojando su bolso de color plata sobre los múltiples pergaminos frente a ella- No es necesario que me grites y tampoco que me trataras así enfrente de tu …
“trabajadora” – enfatizó con maldad.
-Al menos ella lo hace por trabajo, tú lo haces por
“amor al arte”- dijo Zabini formando una sonrisa maliciosa en la curvatura de los labios- De golfa a golfa…
-No he venido aquí para que me insultes, Blaise- repuso ella alzando la voz con firmeza- De ser así, me hubiera quedado en casa escuchando a mi madre…
-Entonces, ¿a qué se debe tu adorable visita?
-¿Ni una copa, nada? –Pansy alzó la ceja mientras cruzaba las piernas, el vestido de seda rosa pálido le cayó a un lado y se deshizo de la túnica de viaje que llevaba encima, dejando suelto su largo y espeso cabello negro- Creí que tenías más educación…
Blaise soltó un bufido largo y hondo, fue a la estantería y comenzó a servir dos copas de su mejor licor, sin dejar de mirar de vez en cuando a Pansy que seguía con la vista fija en el escritorio y cada cosa que había en él. Meneó las distintas botellas de colores, formas y tamaños diferentes en busca de aquel que era el favorito de la muchacha, hasta que lo encontró: un whiskey rosa proveniente de las tierras bajas de Escocia.
-Aquí tienes…- le soltó la copa manchando un poco su vestido- Lo lamento… - sonrío de lado- Tal vez debas quitártelo… - la chica alzó una ceja y bebió de la copa sin decir nada- Tenemos que hablar- dijo después de unos segundos cuando la mirada interrogante del moreno la puso incomoda-
-Me comenzaba a preguntar cuando pondrías a trabajar ese cerebrito tuyo, preciosa- comentó él con socarronería- ¿Sobre qué quieres hablar? – se puso en pie y fue hacia ella con una sonrisa seductora- Sobre la mesa… o sobre la cama… - la puso en pie de un tirón, volviéndola en contra de él y la apoyo en la mesa, no la deseaba, no quería estar con ella, pero verla ir hacia él, le recordó cómo fue que Draco se había llevado a Hermione. Sabía que a su “amigo” no le importaba en lo más mínimo Pansy, que no se casaría con ella, pero tenerla en sus brazos, poseerla le daba la ligera satisfacción de que se burlaba de él en su cara y la sensación de una prosaica e infantil venganza lo llenaba por instantes. Le mordió el cuello con fuerza y ella no se resistió, aventó las manos por el escritorio y cerró los ojos ante el contacto rudo que Zabini había hecho, el muchacho corrió su cabello a un lado la tomo con ambas manos por la cintura acercándola más a su cuerpo.
-Blaise… - ronroneó la morena- Suéltame…
-¿En serio? ¿Eso quieres? – la volvió a él y la miró con lujuria, una lujuria que no le nacía en lo más profundo del alma, si no desde su más grande rencor-
-Sí… - la chica se agarró con fuerza de la camisa del chico-
-¿Y no hay manera de convencerte?
-Me temo que no – Pansy alzó la ceja arrojándolo lejos de ella- Vine aquí por mis intereses… no por los tuyos – le soltó y el moreno hizo una meca de dolor más que fingida-
-Me hieres, Parkinson… - añadió con burla volviendo a su lugar- Bien, ¿qué quieres saber?
-Draco… - le dijo como si nada- ¿Qué pasa con él? ¿Por qué está actuando así? – Zabini se le quedo mirando sin decir nada mientras se llevaba la copa a los labios- Desde que llegó ha huido y no sólo de mí, su madre y su padre tienen la misma queja, se la ha pasado encerrado en esa casa, no le interesa nada sobre mí, sobre el país, sobre la dictadura, ¡ni siquiera se ha pegado de nuevo a las faldas de su madre! – sonrió de lado- Y mira que eso es preocupante, Narcissa lo amamantó hasta que se fue a la dichosa escuela esa…
Zabini soltó una carcajada estridente.
-Está serio, duro, extraño… disperso… - Pansy se quedó pensando en la noche que tuvieron sexo y él se alejó de ella, alegando que tenía miles de cosas que hacer.
-No te gustará saber qué es lo que tiene tan “disperso”- enfatizó- a tu adorado Draco…
Pansy se volvió a él con rapidez.
-¿Así que lo sabes?- le interrogó entrecerrando los ojos- ¿De qué se trata? Dímelo o…
-¿Me vas a amenazar a mí, Pansy? – preguntó él con ironía- No creo que te convenga hacer eso…
-Está bien- suspiró ella guardando los improperios y la arrogancia, sabiendo que sólo Zabini tenía una buena carta en este juego- Dime…
-Primero que nada… - sonrío él sabiéndose con poder- ¿Qué gano yo con esto?
-¡No tengo tiempo para estupideces, Blaise! – explotó la chica- ¡La maldita oportunidad de ser la mujer más rica y poderosa de esta mierda de país se me está yendo de las manos! – lo miro atenta mientras su pecho subía y bajaba violentamente- ¿Qué quieres a cambio? Sé que no es oro, de eso tienes suficiente, sexo también te sobra… - se mordió el labio- Dime qué quieres… lo tendrás… yo te lo aseguro…
-Quiero el entretenimiento de Draco…
quiero a Hermione…