Ya sé que no querían que volviera, pero que puedo hacer yo. Me gusta darles la lata. En fin, no sólo vine a eso, vine también a dejarles un One, que a mí en lo personal me fascinó, pero a ustedes no sé. Tal vez exagero, pero a mí me encantó esta perspectiva de la relación entre Draco y Hermione, porque, claro esto es un Dramione. Ya sé que hay muchos, que ya no hay nada más que decir de ellos, pero me gustaría que vieran mis impresiones de esta pareja que me encanta.
Se aceptan tomatazos, pero de preferencia con limoncito, porque si no, no me lo como. Y ya saben, que estén blanditos porque si están duros me duele el golpazo.
Bueno, disfrútenlo.
Disclaimer: Ya sabemos todo lo que va acá: Los personajes, logos y lugares pertenecen a la gran, maravillosa, grande JK Rowling, a la que debemos agradecer que nos haya regalado semejante saga de nuestro niño mago, culpable de tantas locuras y perversidades que abundan por estos lares. Lo hago sin fin de lucro, porque si lo hiciera, me moría de hambre u.u y si fueran míos, ya saben, ¡Agárrate Draco Malfoy!
Ahora sí, ¡disfrútenlo!

Escúchame.
Por una vez en tu vida escucha a alguien más que a tu razón que hace tiempo calló, que hace tiempo se ha vuelto una gran ausente en esta situación, que desde hace tiempo no es más que otro de mis títeres.
Se nos fue de las manos esta cosa que llamamos “relación”.
Ya no puedo mentirte más, no está dentro de mi tanta habilidad para engañar.
No soy bueno para ti y tú lo sabes. ¿Por qué es que cierras tus ojos a la verdad? ¿Por qué insistes en este juego que hace tiempo terminó?
No hace falta que digas que me quieres, eso no cambiara mi decisión, por primera vez en mi vida sé lo que es la convicción, por primera vez en mi vida decido por mí mismo y no hay marcha atrás.
Anoche di vueltas en la cama tratando de decidir qué hacer y la respuesta me llegó cuando en mi mente pude ver tu vida a futuro, con un remedo de esposo y tus hijos corriendo a tu alrededor. Sabes que yo no puedo darte esa clase de vida, ni siquiera esa clase de amor.
Y sentí furia por mí, por ti y por ese idiota que te tendrá en sus brazos todas las noches. Y lo odié, aún sin conocerlo, aún sin saber que apellido maldeciría por siempre.
No te hago bien… ¿Por qué no lo ves?
Te he mentido, te he engañado y tú me has creído sin creerme, acallando lo que en realidad quisieras decirme. Y no puedes irte, no quieres irte por que con mis engaños te he atado a mí, te he hecho un pedazo de lo que eras, de aquella muchacha que me odiaba sólo una sombra quedó, yo y sólo yo merezco prisión por ello.
Tú no tienes la culpa de mi engaño, de mis mentiras, soy yo el culpable, soy yo el cobarde que hoy por eso se va. Porque no tengo el valor de reparar mis errores, porque soy débil y sé que un segundo más a tu lado basta para que me arrepienta de mi decisión y siga causándote el daño que tanto me hiere.
Sabes que no puedo quedarme, no puedo hacerte más daño del que ya te hice, no puedo hacerme más daño del que ya me provoqué retando a mi alma a sentir algo más que amor a mí mismo.
Y sí. Porque a pesar de la mentira y el engaño, a pesar de la máscara, de la cortina de humo que te regalé, sólo una cosa de las miles que te dije era verdad.
Que te amo como a nadie jamás logré amar, que daría mi vida por ti, por no ver esos ojos marrones llorar, por no ser yo el causante de esas lagrimas que resbalan por tus sonrosadas mejillas.
Odio hacerte llorar, ese es el castigo más grande que me puedes dar. Digo que te amo y tú ya no me crees. Dices que si te amara no te dejaría como ahora. Y es que tú sigues sin comprender que es porque te amo que lo hago, que te dejo por qué es lo mejor. Que es mejor que sufras un tiempo por no estar conmigo que una vida de tormentos a mi lado.
Yo no puedo hacerte feliz, Hermione Granger, esa verdad es tan cierta como tú y como yo, como este adiós que hoy te doy.
No eres para mí y me maldeciré toda la vida por ello, una Granger y un Malfoy no combinan, no van. Tu eres pura y crees en la verdad, yo soy sólo mentiras, sólo apariencias.
Bajas tu mirada al suelo y yo dejo que mis ojos grises se pinten del dorado del ocaso de la tarde, del ocaso de nuestro amor.
Es mejor así, tú más que nadie debería saberlo, tú, la victima de mis engaños, tú el objetivo del juego… tú, la mujer de mi vida.
-¡Cobarde!- me llamas y yo vuelvo la mirada hacia ti. ¿De qué manera tengo que decirlo?
¿De qué forma tengo que explicarte que es lo mejor?
Y sí soy un cobarde. Por no tener la valentía suficiente para encarar al mundo por nuestro amor, por no tener las agallas para admitir ante mi mismo que eres tú lo mejor que me pasó, que eres el amor de mi vida y que a pesar de todo, de nuestras diferencias de linaje, de sangre, de cuna, de ideas… te seguiré amando. Pero eso jamás lo sabrás. Jamás pensaras que yo te amé, sólo así podrás ser feliz, sólo así podrás odiarme como siempre debiste hacerlo.
Quisiera darte el beso de despedida que tanto anhelo… que tanto deseo llevarme de tus labios antes de dejarte, quisiera por un momento flaquear en mi decisión para poder darme ese lujo de rozar tus dulces labios nuevamente. Te acercas a mí y yo me siento estremecer… buscas mi mirada y yo lleno de hielo la mía. Logro ver la decepción en tu rostro y el corazón se me va destrozando.
Tus labios contra los míos. Tu cuerpo junto a mí. Me besas y yo respondo, sabes como yo que lo haré, que no podré resistirme a hacerlo de nuevo. Que no puedo resistirme a ti, a tu cuerpo, a tus besos, a tus caricias y a las ganas de volver a sentirte mía.
“Déjala”
Vuelvo a escuchar la voz de Potter en mi cabeza aquella noche que te encontró entre mis brazos después de hacer el amor en tu propia habitación. Ambos salimos dejándote entre las sabanas tibias de la cama, único escenario de mi amor, dejándote un regalo en el vientre y tu piel con un olor a sexo y sudor.
Discutimos y peleamos, pero eso tampoco lo sabrás. Él no lo dirá y yo tampoco, no tiene caso, porque después de este día, los dos sabremos que hice lo correcto para protegerte, siguiendo el consejo de mi peor enemigo y tu mejor amigo.
Me pidió que te dejara, que no jugara más contigo, que no te hiciera más daño, que dejara de enredarme contigo por mera diversión. Al principio reí, Potter no sabía nada de mí, no sabía que era yo quien más disfrutaba de aquello e irónicamente tenía razón… todo era un juego, todo era lujuria y diversión…
Pero fue el mismo quien me hizo ver lo que pasaba. Fueron sus palabras de advertencia lo que me hicieron darme cuenta de lo mucho que te amaba, del gran error que cometí al acercarme a ti. Fue por él que me di cuenta de que te amaba aún cuando no lo traté.
Me separé de tu beso.
-Dime que no me amas, Draco y te creeré- dijiste con suficiencia y suspiré, esa era otra de las malas cosas que te enseñé.
Te miré con desdén, todo aquel que por un tiempo guardé, me separé más de ti y tus ilusiones quebré.
-No te amo- te dije asegurándome de una vez que no me buscarías más, aún así me acerqué a ti arrinconándote contra la pared y me apoderé de tus labios como cada noche, como cada vez- Nunca te amé…
No me creíste y yo tampoco lo hice cuando respondiste.
-Yo tampoco lo hice- me empujaste lejos de ti y te vi alejarte con paso decidido por los pasillos de aquel castillo que mudo testigo fue.
Si hubieras puesto un poco más de atención en mí… tal vez te hubieras dado cuenta de que en mis ojos grises llenos de tristeza se dibujaba la ironía que era aquella oración.
-Te amo… y siempre lo haré.





