Bueno, este one en un principio iba a participar en el concurso de San Valentín de Potterfics, pero no pude terminarlo a tiempo. La idea de one me gustó mucho, además, se trata de una de las parejas de la TG que más me gusta (después del Rose/Scorpius) y por eso no quise dejarlo en la nada. Bien, creo que no hay más nada para decir más que agradecerle a Diana (como siempre) por corregirlo
Disclaimer: Todos los personajes y lugares pertenecen a JKR
Expecto Patronum
—¡Expecto Patronum!
Un fino haz de luz, color plateado y sin forma, salió del extremo de la varita de Victoire. Se propagó por unos segundos en el aire y luego se esfumó.
—¡No puede ser! —chilló indignada la joven—. ¡Es la décima vez que lo intento y no logro conjurar este maldito hechizo!
Tiró su varita al suelo mientras se sentaba sobre la arena. Miró a su alrededor y ni siquiera el bello paisaje del atardecer que le proporcionaba ese lugar tan hermoso, como lo era Shell Cottage, lograba sacarla del fastidio que le daba haber tenido tantos intentos fallidos en algo que consideraba «un simple encantamiento».
—Sabes que es magia muy avanzada —le animó su amigo, Ted Lupin—. No debes frustrarte.
—¿Por qué se me ocurrió ser auror? ¿Por qué no intente ser medimaga, trabajar para el Ministerio o ser profesora en Hogwarts? —se preguntó irónicamente y a la vez alterada, haciendo sonreír a Ted—. ¿Por qué tengo que complicarlo todo? —esta vez se dirigió al chico de cabello azul.
—Tú no lo complicas —Suspiró pesadamente, era la tercera vez que le escuchaba decir lo mismo en el día—. Ser auror no es nada fácil, mi padrino lo dice todo el tiempo. Además, es lo que te gusta y todo el esfuerzo que hagas por conseguirlo lo valorarás cuando logres al fin tu meta.
—Cuando lo dices así suena tan sencillo —dijo con aire soñador. Lo miró y, nuevamente, se alteró—. ¡Pero la realidad es que si no logro hacer un buen patronus no pasaré el maldito examen práctico!
—Y si sigues siendo tan pesimista nunca lograrás hacer el encantamiento correctamente. —Se agachó para tomar la varita de Victoire que estaba semienterrada en la arena y se la entregó—. ¡Vamos! Inténtalo otra vez.
—Ted, fue suficiente por hoy —contestó desanimada. Ya no tenía la misma energía de dos horas atrás.
—¿Querías que te enseñara a hacer el encantamiento cueste lo que cueste? Es lo que haré. —Le tendió una mano para levantarla del suelo—. ¡Vamos, inténtalo una vez más!
Con su varita en mano, tomó aire y cerró muy fuerte los ojos. Se concentró en ese recuerdo feliz, el que había estado utilizando desde que comenzaron las prácticas: El día en que iría por primera a vez a Hogwarts.
Habían pasado ocho años desde aquel mágico día, pero aún sentía como si hubiese sido ayer cuando esperaba ansiosa el tren en la estación King Cross, junto a toda su familia. Se recordaba a ella misma junto con su enorme baúl lleno de ropa, fotos de su familia, libros, pergaminos, plumas… con su túnica que, por aquel entonces, le quedaba tan larga que Fleur tuvo que hacerle unas puntadas en el dobladillo para que no se tropezara; con la jaula para su lechuza, y lo más importante: su varita. Había estado realmente emocionada. Amaba la aventura, y sabía que en Hogwarts tendría una más apasionante que la otra.
Volvió a la realidad, pero con su recuerdo presente y latente. Estaba lista para hacerlo, esta vez lo lograría.
—Expec…
—¡Alto! —interrumpió Teddy, distrayéndola—. Cambia de recuerdo, a lo mejor es eso.
—¡Expecto Patronum! —No le hizo caso, volvió a pensar en lo mismo.
El mismo resultado que había obtenido hace unos minutos, se repitió. Se había desconcentrado.
No sabía cuánto aguantaría hasta resignarse completamente, pero si la situación no avanzaba y seguía sin obtener buenos resultados, no tardaría mucho en darse por vencida.
—Bueno, tal vez ese tampoco fue un recuerdo muy intenso. —Ella lo fulminó con la mirada: ¡Por supuesto que no había sido intenso! Él la había distraído. Iba a sentarse otra vez en el suelo pero él habló antes de que pudiera hacer algo—. Cierra los ojos. —Le miró ofuscada—. ¡Cierra los ojos! —Ted la escuchó bufar, pero al final lo hizo—. Piensa… ¿Cuál es el momento que más feliz que has vivido?
¿Qué otro recuerdo podría haber? Había solamente una única cosa que le podía hacer gozar de alegría hasta la última célula nerviosa de su cuerpo. Había un solo recuerdo que era muchísimo más intenso que el anterior.
Hacía dos años atrás, más precisamente el primero de septiembre, resurgió en su cabeza. Ella con diecisiete años era una de las más bellas chicas de séptimo curso en Hogwarts. Estaba igual que ahora: alta, esbelta, de cabello rubio platinado y ojos azules. El escenario de su recuerdo seguía siendo el mismo, sólo que las circunstancias eran otras. Teddy la había ido a despedir a la estación King Cross. La había besado por primera vez y le había pedido que fueran novios.
Ése era su recuerdo más feliz. Ese día, en que por fin, el chico metamorfomago que tanto la hacía divertir con sus transformaciones, y suspirar por su inteligencia y timidez, había cumplido uno de sus más profundos deseos.
—¿Lo tienes? —Victoire asintió con una sonrisa—. Ahora, trata de sentirlo. —Se acercó a ella y le susurró al oído—. Haz de cuenta que has vuelto el tiempo atrás y estás sintiendo todo lo que sentiste aquel día
Su cuerpo se tensó, un escalofrío comenzó a subirle desde la punta de los pies hasta la coronilla, su piel se erizó. No sabía si todo aquello se debía a aquel susurro en su oído o a que no era consciente de lo que su cuerpo manifestaba cada vez que ese recuerdo palpitaba en su cabeza.
«¿Qué sentí ese día? Que desfallecía. Cómo moría y revivía en el mismo momento. Sentí mi mente nublarse y no pude pensar en más nada. Percibía la textura de tus labios, el sabor de tu boca y la ternura de tus abrazos. Fue como si el corazón se me saliera del pecho, porque ya no era mío sino que era tuyo. Mi amor era tuyo, y aún lo sigue siendo. Si supieras cuanto deseo volver a besarte…»
—¿Estás lista? —Victoire asintió con una sonrisa, pero sus ojos seguían cerrados—. Hazlo.
—¡EXPECTO PATRONUM! —gritó a toda voz. Sus ojos volvieron a ver y no podían dar consentimiento alguno de lo que tenían enfrente. Una hermosa ave de plumas largas salió de la punta de su varita y empezó a girar en torno a ellos dos, uniéndolos en un círculo de gas plateado.
—¡Lo lograste, Vic! —exclamó emocionado, mientras no dejaba de mirar al ave que volaba a su alrededor.
—¡Lo hice! —gritó eufórica y abrazó al muchacho con todas sus fuerzas—. ¡Lo hice!
—Sólo tenías que concentrarte, sólo eso —dijo orgulloso de su amiga, aún observando al ave que poco a poco se desvanecía. Observó a la joven rubia y le preguntó—: ¿Qué fue lo que pensaste?
—Fue una mezcla entre un recuerdo y un deseo —le contestó extasiada, pero siendo a la vez cortante. No podía contarle el motivo por el cual el patronus había salido perfecto.
—No quieres contarme qué fue exactamente. —El ave se había esfumado, y Ted notó la cercanía que había entre él y ella. Se sintió intimidado y retrocedió.
—Es algo personal.
—Entiendo. —Suspiró, y bajó la mirada—. Siempre que invoco un patronus me imagino junto a papá y a mamá. —Tanta alegría por el logro de Victoire, se fue ante aquel comentario hecho por él mismo—. Tal como si fuéramos una familia. —Ella lo miró entristecida; sabía el sufrimiento que por años había atormentado a Ted. Odiaba verlo tan triste, indefenso. No tenía palabras para reanimarlo, ni siquiera podía mirarlo mucho más.
—Creo que es hora de irme. —Se miraron—. Será mejor que vaya a saludar a tu mamá, se enfadará si me voy de aquí sin despedirme de ella. —Comenzó a caminar hacia la casa de Victoire, que no estaba demasiado lejos.
—Yo… yo te acompaño. —Lo siguió; no iba a quedarse ahí parada—. ¡Ted!
Él volteó y aunque la contempló como lo hacía siempre, su mirada gris era inexpresiva.
«¡Quiero besarte!»
—Gracias por ayudarme —mintió con una sonrisa forzada. Eso no era lo que quería decirle.
—Somos amigos, Vic. —Le devolvió la sonrisa—. Se supone que eso es lo que hacen los amigos. —La miró una vez más, y le dio la espalda para seguir su camino.
—¡Recordé nuestro primer beso! —soltó en un grito. Ted quedó inmóvil, no se esperaba esa confesión—. Mientras conjuraba el patronus pensaba en lo feliz que fui la primera vez que nos besamos. Ese es mi recuerdo más feliz. —Ted giró sobre sí mirando al suelo. Sentía la respiración de la muchacha muy cerca de él, las manos le sudaban… ¿estaba nervioso?—. Y lo que más deseo en este momento es volver a besarte. —Victoire tomó dulcemente el mentón de su amigo e hizo que tanto los ojos de él como los de ella se conectaran. Sus labios prácticamente se rozaban y, a esa distancia, ella susurró—: Sólo una vez más…
—Nosotros n-no podemos. —Él se alejó bruscamente.
—¡¿Por qué no?!
—¡Somos amigos!
—¡Yo no quiero ser tu amiga! —La miró perplejo. ¿Hablaba en serio?—. ¡No quiero y no puedo!
—Otra vez no, Victoire. Intentamos ser algo más, y no pudimos. Nos lastimamos mutuamente. No somos el uno para el otro y debes entenderlo —dijo intentando sonar seguro de sí mismo. Pensaba que eso era así, pero no sentía lo mismo. Su corazón no sentía eso—. Y en este momento, lo único que puedo darte es mi amistad.
—¡Éramos adolescentes! ¡Tenía diecisiete y tú diecinueve! —respondió indignada.
—¡Ahora eres tú la que tiene diecinueve y las cosas no han cambiado!
—¿Qué no cambió? —Su voz se elevó aun más. Más que indignada, estaba furiosa—. ¿Que me sigues viendo como una nena? ¿Eso no cambió?
—¡Sigues siendo una nena!
—¡Te recuerdo que a esta nena, como tú dices, fue a la quisiste y a la que sigues queriendo. Porque sé que si te beso… —Hizo ademán de acercársele.
—¡No intentes seducirme, porque…!
—¿Por qué? ¿Por qué tienes tanto miedo de que te bese? —La actitud del chico le hería, pero ella no permitiría que el dolor le ganara la batalla. Decidió contraatacar con lo que sabía era la verdad—. Oh, déjame que responda la pregunta por ti: Sabes que eres vulnerable ante mí y aunque lo niegues, sé perfectamente que me sigues amando tanto como yo…
Una nueva interrupción tomó de sorpresa a la bella rubia. Esta vez no habían sido las palabras de Teddy, sino su boca la que se movía con mayor atrevimiento sobre los labios de una sorprendida Victoire. La besaba con impetuosidad, pero ella no podía corresponderle. Se sentía perturbada y hasta casi desconcertada. Había esperado mucho para volver a sentir sus labios, pero no era la manera en que lo había imaginado, inesperada, agresiva… y en cuanto decidió ser consciente de lo que debía hacer, él se alejó y le exclamó con desdén:
—¿Ves? Puedo besarte tranquilamente y, ¿sabes por qué? —Desvió la mirada—. ¡Porque no te amo! El único cariño que siento hacia ti es el de un amigo.
—¡No te creo!
—¡No me importa lo que tú pienses! —Ted aseguraba esto, intentando que Victoire le creyera, aunque ni él mismo estaba convencido de que fuera cierto.
—¡Vamos, repítelo! ¡Dímelo en la cara! ¡Dime que no me amas! ¡Mírame a los ojos y dime que no me amas! —le incitó a gritos, creyendo que podría hacerlo entrar en razón.
—N-no… N-no —tartamudeó, otra vez contemplaba sus perfectos ojos azules.
¿Qué estaba haciendo? ¿A quién quería engañar? ¿A él mismo? Y es lo que estaba haciendo, se estaba engañando.
—Te amo. —Suspiró— Te amo más que a cualquier otra cosa… Más que a mi propia vida. —Ella sonrió, es lo que quería escuchar—. ¿Contenta?
—Nos amamos, no entiendo por qué motivo no estamos juntos —declaró más calmada—. Lo tenemos todo para ser felices.
—A veces se necesita más que amor para estar con alguien.
Bueno, amor era algo que siempre había sentido por él, en medio de muchos otros sentimientos. Desde niños había sentido una conexión especial entre ellos, pero ¿acaso Ted no lo había notado?
—¿Cómo qué más se necesita?
—Confianza.
—Yo confío en ti. —Le acarició con dulzura la mejilla; otra vez estaban muy cerca uno del otro—. ¿Tú confías en mí?
—Si no lo hubiera hecho durante estos años no podría haber sido tu amigo —aseguró como si fuera lo más obvio en el mundo.
—¿Y entonces? ¿Por qué te empeñas en que no podemos estar juntos? —Respiró profundo y reflexionó—: No importa lo que pasó antes, no me interesa el pasado. Me interesa lo que pasa ahora y en este momento. Quiero volver a intentarlo contigo —suplicó—. Por favor…
—Sólo necesito saber algo antes de seguir con esto… ¿Me amas?
—¿Aún te quedan dudas? —Ambos rieron—. Siempre lo he hecho.
FIN
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