¡Hola!
Aquí estoy de nuevo, molestando gente
Espero y se encuentren bien mi queridas lectoras, ahora les traigo el capitulo 2, pero no desesperen ya pronto, ya pronto espero cumplir las expectativas de esta historia y sobre todo que la disfruten, gracias a mis primeras lectoras Marionne, Dark Y Giselle, las adoro niñas!!!
Sin más preámbulos, aquí va el capitulo 2!!!!
CAPITULO 2
Una mujer de aspecto pulcro se paseaba frente a la imponente chimenea de la sala de estar. La habitación era enorme, de color marfil, madera y marrón.
Ella tenía las manos entrelazadas frente al pecho, se le notaba nerviosa y compungida, aunque su elegante aspecto la ponía muy lejos de lo que se consideraba un ataque de neurosis, llevaba el cabello rojo peinado pulcramente, le llegaba un poco más arriba del hombro y sus ojos verdes esmeralda combinaban con su traje. Escuchó llamar a la puerta y se dirigió a ella rápidamente, esperando ver a la única persona que podría ayudarla en ese momento.
-¡Hermione!- exclamó al tiempo que llevaba sus manos a la altura de su corazón- Que bueno que llegas, Peter…
-¡Rose!- gritó la castaña arrojando el bolso en el sofá- ¿Qué paso? – preguntó sumamente preocupada-¿Cómo que Peter desapareció?
-Ya no sé que hacer – dijo la mujer con los ojos llenos de lágrimas- Llamé a la oficina y nadie me contesta, he intentado localizarlo por todos los medios posibles y no lo encuentro, por favor – sus ojos verdes en anegados en lágrimas se clavaron en los marrones que tan desconcertados trataron de tranquilizarla- ayúdame, Hermione…
-Cálmate, Rose- contestó la aludida aparentando una calma que no sentía, el miedo fue invadiéndola poco a poco, sintió una opresión extraña en el pecho, al sensación de perder a alguien querido como ya lo había hecho años atrás.
-¡No puedo, necesito saber dónde está Peter!- repuso la mujer desesperadamente mientras algunas lágrimas se escapaban de sus ojos.
-¡Por favor, Rose! - - insistió la otra y comenzó a andar por la estancia a grandes zancadas, tratando de pensar- No, necesito que te controles y me ayudes- le dijo mientras se acercaba a la chimenea.
-¡¿Cómo quieres que me tranquilice mientras Peter está…?!
-¡Por eso necesito que te calmes, Rose, para encontrarlo! – exclamó igual de alterada la castaña mientras se volvía a ella.
La mujer se dejo caer en el sofá, con el rostro entre las manos mientras Hermione iba y venía con pergamino, pluma y tinta para buscar ayuda, polvos flu en la otra mano y el aparato muggle más útil para ella: un celular.
-Esto no puede esperar a que la lechuza llegue – murmuro para sí la castaña y marco en el teléfono móvil – Marionne – habló inmediatamente de que el teléfono dejo de sonar – Sé que es tarde, pero te necesito, es urgente- le dijo a la soñolienta chica que se encontraba del otro lado del auricular-Necesito que convoques a todos a una reunión urgente- mientras hablaba escribía rápidamente en uno de los pergaminos- Ahora mismo, no puede esperar a mañana, nos vemos ahí en media hora – y sin más deslizo la caratula del celular y alzando la varita murmuró “Geminio” , así el trozo de pergamino se duplico, lo hizo varias veces, sabía que no todos los integrantes del consejo consular se habían adaptado a las nuevas tecnologías muggles, si no que seguían con la habitual costumbre mágica de comunicarse por medio de lechuzas.
Ató los pergaminos a la pata de dos lechuzas, la perteneciente a Rose y la propia, un ave color rojiza y grandes ojos color plomo. Ambas lechuzas salieron listas para entregar las misivas perdiéndose en la aterciopelada noche.
-Rose, necesito que alguien se quede aquí acompañándote…
-No, Hermione – la interrumpió la mujer levantándose con brío- No pienso quedarme aquí, no sin saber nada de Peter – añadió decidida- Voy contigo…
Hermione sonrió admirando el gran amor que Rose sentía por Peter desde hace tantos años y que seguía manteniéndolos juntos y enamorados, tal y como el primer día. Su historia era bastante peculiar, vista desde el punto de la castaña, era la historia que quizá ella habría seguido. Peter era un sangre limpia, de origen humilde y que había salido adelante gracias a su animó e insistencia por ayudar a los demás. Ella, Rose, era hija de muggles y por ello, se entendían perfectamente, pareciera que Rose le leía la mente y adivinaba cada uno de sus sentimientos y acciones.
La mujer fue a su habitación mientras Hermione esperaba observando el fuego en la chimenea, aparentando esa tensa calma que no sentía, levantó una mano, colocándola en la repisa al tiempo que cerraba los ojos y unas lagrimas resbalaban por sus mejillas, perdiéndose en sus labios recordando aquel maldito momento en que había sentido perder todo, al igual que Rose lo sentía ahora…
“Hermione meneo su espesa cabellera castaña entrelazando sus dedos, delicadamente en los rizos que caían en cascada por su espalda, se reclino un poco más en su asiento y cerro los ojos exhausta.
Aquella tarde había sido demasiado pesada, había demasiado trabajo, el cual aún no terminaba, que ni siquiera tuvo oportunidad de salir a comer con Ron, y es que como directora del departamento de Regulación y Protección de las criaturas mágicas, no se podía dar el lujo de irse y dejar todo aquello a medias. Era extraño, a pesar de tener la mente ocupada en los asuntos laborales, había algo que la molestaba, la incomodaba y ni siquiera podía identificar aquella sensación, que por alguna extraña razón la angustiaba. Trataba de no pensar en ello, pues sabia a la perfección que no había razón alguna para sentirse de aquella manera, absolutamente todo su mundo estaba en orden.
Con la guerra terminada dos años atrás, todo se encontraba en armonía, recuperó a sus padres, vivía en un departamento en Londres, tenía un trabajo maravilloso y por si eso fuera poco, era feliz al lado de aquel hombre que amaba con todo el corazón.
Aún así… aquel sentimiento seguía con ella, dentro y fuera de su pecho, rondándola, casi asfixiándola y ella seguía sin entender el por qué. Trató de convencerse que eran tonterías suyas, tal vez se sentía culpable por no acompañar a Ron, pero aquellas conclusiones no la llenaban por completo…
Necesitaba urgentemente un descanso, miró el reloj de pulso que llevaba consigo y se sorprendió de lo tarde que era, el día se le había esfumado. Se levantó rápidamente de la silla e intentó en vano acomodar su cabello, en un ritual extraño antes de salir de la oficina, de repente su mejor amiga apareció en el umbral de la puerta.
A la castaña se le detuvo el corazón…
El cabello rojo de aquella muchacha le caía por la espalda sin cuidado alguno y al ver su rostro con el maquillaje marcando surcos negros que nacían en sus ojos avellana, que en anegados en lágrimas, le gritaron a Hermione que algo no andaba bien.
No se detuvo ni un momento, salió de su escritorio y se acerco a ella tomándola por los hombros, Ginny hizo una mueca de profunda aflicción.
-¡¿Qué sucede, Ginny?! – Quiso saber la chica asustada por la mala pinta de la pelirroja-¡¿Por qué estás así?!
Pero la aludida no podía articular palabra alguna, tenía un nudo en la garganta y lo único que pudo hacer es comenzar a llorar y sollozar descontroladamente, ¿cómo iba a explicarle lo que acababa de suceder? Cuando ni siquiera ella sabia a ciencia cierta lo que había sucedido.
Hermione la tomó entre sus brazos sin saber qué hacer… sin saber que era lo que sucedía, para que Ginevra Molly Weasley, la más fuerte de los Weasley, se comportara de aquella manera.
-¡Ginny! – Exclamó la castaña tratando de tranquilizarla- ¡¿Qué sucede?!
-R-Ron… - murmuró con la voz quebrada por el llanto clavando su mirada en el marrón impregnado de terror con que Hermione la miraba…”
Marionne Matthews caminaba apresuradamente hacia la oficina de la consejera interina y asistente consular, mientras unos malhumorados y soñolientos hombres y mujeres caminaban tras ella, preguntándose que podía ser tan urgente para no dejarlos dormir.
-Hermione ya están aquí- aviso la chica para después lanzar un bostezo, llevaba un pantalón deportivo y un suéter a juego, su cabello en una coleta y unas grandes ojeras que no pudo maquillar.
-Está bien Marionne- contestó la castaña- Necesito café y te necesito aquí, ¡vamos! –la apresuró y la muchacha salió de nuevo rápidamente, mientras algunos hombres entraban a la oficina.
-¿Qué pasa Hermione?- preguntó uno, obviamente molesto-¡Ah!... Buenas noches, Rose – saludó a la mujer con un mejor tono.
-Siéntate por favor, Michaels- dijo Hermione alzando una mano a su frente, un dolor inesperado y fastidioso le comenzaba a atacar.
-Hermione ¿qué demonios está sucediendo? – preguntó otro, apenas entrar a la oficina.
-Peter desapareció- saltó la castaña sin más y todos los presentes se quedaron completamente atónitos.
-¿Cómo que desapareció?- se extrañó un hombre robusto y con un bigote como de morsa frunciendo ligeramente el entrecejo.
-Así, simplemente desapareció…-contestó ella alterada- No sabemos dónde está o a donde fue después de abandonar el consulado, el celador que estuvo hoy en el lugar de Jack Carter también desapareció, no hay indicios de él en ningún archivo ni nada parecido… como saben, no hay cámaras de seguridad… pensamos que jamás las necesitaríamos…
-Tal vez tenía una reunión- observó una mujer mayor un tanto exasperada y con aire altivo que molesto en grado sumo a la castaña.
-Richardson- Hermione la miró casi fulminante- ¿Olvidas que yo soy su asistente y que Marionne es –señalo a la trigueña que es ese momento entraba por la puerta- es la recepcionista y secretaría?
-Peter no tenía ninguna reunión – continuo ella- Ni cena de negocios, yo siempre suelo acompañarlo.
-¿Y ya avisaste a las autoridades?-preguntó un hombre de algunos 40 años, rubio y de ojos pardos.
-Por supuesto, no deben tardar en llegar – respondió Hermione mientras Marionne repartía las tazas de café a los presentes, aunque la verdad es que no hacía ya ninguna falta de los afectos estimulantes de la cafeína, la noticia de la desaparición del cónsul, los mantuvo despiertos, mientras murmuraban entre si.
-Buenas noches – saludó un hombre de alta estatura, de cabello castaño y vestido de traje, cuya presencia acalló los murmullos- Ya estamos aquí, Srita Granger – tras de él, otros tres lo escoltaban.-Soy el agente Brownlow.
-Perfecto – comentó Hermione levantándose súbitamente de su asiento- Ya conocen la situación, el señor Van Thasel tiene casi 6 horas desaparecido y…
-Debemos esperar 24 horas para reconocerlo como desaparecido, Srita Granger, el código judicial lo marca así… - comenzó a recitar el hombre.
-¡Me importa un comino el código judicial!- gritó ella, sobresaltando a todos, incluso a ella misma- ¡Estamos hablando del cónsul ingles, no esperaré 18 horas más para buscarlo! – Suspiró tratando de calmarse- Escuchen – volvió a hablar más pausadamente- todos los estados han sido informados de la situación… están vigilando absolutamente cualquier medio de transporte, ya sea mágico o muggle-recitaba la castaña mirando a todos al tiempo que trataba de calmar su propio nerviosismo.
-Creo... creo que deberían ir a dormir – añadió al ver que el reloj marcaba la una y 32 de la madrugada- Mañana… – rió un tanto exasperada -En unas horas más, los necesito aquí lo más despiertos posible… discúlpenme, buenas noches y gracias.
-Ni que lo digas, Hermione… hiciste bien en avisarnos- respondió Michaels amablemente.
Cada uno de los presentes se fueron despidiendo, no sin antes darle unas palabras de consuelo a Rose y asegurarle que Peter aparecería pronto.
-Srita. Granger- Bronwlow la miró con cuidado, en su formación en el gobierno mágico estadounidense no le habían enseñado a tratar con una mujer al punto de la histeria- Con permiso, nosotros nos retiramos- Tenga por seguro que el señor Van Thasel aparecerá…
-Eso espero- contestó la castaña con el rostro cansado y acomodando su cabello-Muchas gracias.
Los hombres salieron en silencio tras mirarse los unos a los otros.
-Rose, deberías ir a dormir unas horas – sugirió Hermione mirando como la mujer se apoyaba en el respaldo de la silla cerrando los ojos.
-No lo haré, a menos que tú también lo hagas- respondió la bruja- Tú también necesitas dormir…
-Pero…
-Rose tiene razón, Hermione – intervino Marionne- Duerme un poco- al ver a la castaña dispuesta a rebatir se apresuró a añadir-Anda, no ganamos nada aquí, en unas horas tendremos noticias y si no se te ofrece nada más, me voy a descansar.
-Está bien, Marionne, ve- accedió la aludida- Pero, necesito que alguien acompañe a Rose mientras yo voy a mi departamento.
-Hermione, no necesito a nadie- repuso Rose casi ofendida.
-Ésta vez no me discutas, Rose, no puedo dejarte sola ¡y si crees que lo haré estás muy equivocada! – le contesto la castaña y sonó tan segura que la mujer no pudo responder.
-Marionne, ¿podrías hacerlo?
-¡Hermione!- exclamó Rose- No es necesario incomodar a Marion – añadió- Además la empleada doméstica está conmigo.
Tras varios segundos de silencio la muchacha dijo sin más remedio.
-Está bien, Rose- la miró con desesperación- Eres tan testaruda…
-En eso, nos parecemos mucho, querida…
Hermione sonrió ante el agudo pero acertado comentario de Rose y las tres salieron de la oficina.