“Disclaimer: Casi todos los personajes y casi todos los lugares pertenecen a JKR, no son de mi invención”
Espero que os guste
~ CAP 1 - Comportamiento extraño
~ CAP 2 - La cruel realidad
~ CAP 3 – La ayuda menos esperada...
~ CAP 4 – Taberna “The Corsair”
~ CAP 5 - Una fiesta inesperada
~ CAP 6 - Tormenta
~ CAP 7 - La selva
~ CAP 8 - Roces
~ CAP 9 - Tengo un ángel de la guarda…
~ CAP 10 - Las cascadas
~ CAP 11 - Gracias, Hermione
~ CAP 12 - “La Mujer Que Llora”
~ CAP 13 - Herida
~ CAP 14 – Desapariciones misteriosas
~ CAP 15 - Descubrimientos sorprendentes
~ CAP 16 - El Dorado
~ CAP 17 - Las personas cambian
~ CAP 18 - No hay nada imposible
~ CAP 19 – Sentimientos inaceptables e inconfesables
~ CAP 20 - Voy a casarme
~ CAP 21 – Baño bajo las estrellas
~ CAP 22 - No sé si es amor
~ CAP 23 - “El Pozo de las Almas”
~ CAP 24 - Un beso vale más que mil palabras
~ CAP 25 - ¿Te arrepientes?
~ CAP 26 - Confía en mí
~ CAP 27 - Han llegado...
~ CAP 28 - Traición
~ CAP 29 – Soy vuestra única salida
~ CAP 30 - Por ti, Draco
~ CAP 31 - No puedo seguir sin ti
~ CAP 32 - Arreglando diferencias
~ CAP 33 - Hazme tuya
~ CAP 34 - Epílogo

~ CAP 1 - Comportamiento extraño ~
El Ministerio de Magia. El órgano político homónimo al gobierno muggle, tiene su sede en un pequeño callejón estrecho del centro de Londres. Cada mañana se aparece allí el personal del Ministerio, que empiezan a trabajar a partir de las ocho. El Atrio siempre está absolutamente atestado de gente con prisas por llegar a algún lugar, generalmente cargados con montañas y montañas de pergaminos.
“Genial, otra vez a subir por las escaleras…”-pensó Ronald Weasley con fastidio al llegar a duras penas a los ascensores y leer el últimamente demasiado habitual cartel de AVERIADO.
Subió las escaleras todo lo rápido que le permitían sus largas piernas (tuvo que parar un par de veces para recoger los centenares de papeles que llevaba en las manos y que se le cayeron por el camino).
“Séptima planta… sexta planta…” –se decía el pelirrojo.
Al fin, jadeante, llegó al segundo piso. Se secó el sudor de su frente apartándose el sudado cabello pelirrojo de los ojos y echó a andar por el pasillo. Como de costumbre, las cientos de puertas que decoraban las paredes del pasillo estaban abiertas. Tras ellas se distinguía a los aurores más destacables del Ministerio de Magia ejerciendo sus tareas; algunos leyendo o escribiendo con grandes plumas de águila, otros dictándoles mensajes a los memorándum interdepartamentales…
Finalmente llegó, casi al final del pasillo, al despacho que deseaba. Era la única puerta que permanecía cerrada a cal y canto. Una pequeña tarjetita dorada colgada de la puerta rezaba H. J. POTTER, AUROR.
Ron golpeó la puerta con los nudillos (se le cayeron un par de pergaminos por hacerlo) y una voz le indicó un débil *pase*. El joven pelirrojo empujó la puerta con dificultad y penetró en la luminosa estancia.
-Buenos días… por fin viernes –saludó Ron a un muchacho de cabello negro azabache, brillantes ojos verdes con gafas y una curiosa cicatriz en la frente en forma de rayo, que estaba sentado tras un desordenado escritorio-. Te traigo los informes…
-Buenos días –le saludó Harry Potter poniéndose en pie sonriente y ayudando a su amigo a dejar sobre la mesa todos los pergaminos que éste le traía-. ¿Cómo es que has tardado tanto en venir? ¿Y por qué traes tantos papeles?
-Puf, no me lo recuerdes –bufó Ron dejándose caer en la silla frente a la mesa de su compañero-. Los ascensores estaban estropeados…
-¿Otra vez? –inquirió su amigo sentándose en el escritorio y examinando los papeles que le había traído.
-Otra vez –corroboró Ron asintiendo con la cabeza.
-Avisaré a los del Servicio de Mantenimiento Mágico, no te preocupes… -aseguró su amigo sonriéndole. Repentinamente frunció el entrecejo-. Oye, ¿y estos otros informes? ¿De qué son?
-Ah, esos son los de Hermione. Me ha dicho que hoy no va a poder venir y me ha pedido que te los entregue.
-Mmm… -el moreno parecía algo sorprendido-. ¿Y por qué no puede venir? ¿No le habrá pasado nada, no?
-Que va –negó su amigo-. Al parecer se ha quedado sin libros para leer y ha tenido que ir urgentemente a “Flourish y Blotts”.
-¿Solo eso? –rió Harry.
-Solo eso. Ya sabes que Hermione sin libros no es Hermione…
-En eso tienes razón.
-Aunque… -Ron parecía preocupado.
-¿Aunque? –repitió su amigo mirándole fijamente.
-No sé… Hermione está algo rara últimamente…
-¿Rara? ¿En qué sentido?
-Bueno… -Ron se pasó una mano por la nuca-. Hace varios días que no sale de su habitación de la Madriguera. Ni siquiera baja a comer. Y casi no me habla…
-Bah, no creo que sea nada –aseguró Harry negando con la cabeza-. Lo más probable es que esté inmersa en una lectura fascinante o algo así… ¿No te acuerdas cuando estábamos en tercero, la vez que estuvo una semana sin hablar con nosotros porque no podía dejar de leer “Runas antiguas hechas fáciles”?
-Sí, tienes razón –reconoció Ron más animado. Emitió un suave suspiro-. Hace ya casi siete años de eso. Tres años sin pisar Hogwarts ¿Sabes? Echo de menos la escuela.
-Yo también –coincidió el moreno-. Ser auror es genial pero… me gustaría poder volver allí.
-Sí, aunque sería un poco raro ver a dos chicos de veinte años entre adolescentes ¿no crees?
-Pues sí. Que se le va a hacer, nos hemos hecho mayores –bromeó Harry.
-Hablas como mi madre –Ron fingió un escalofrío. Su amigo soltó una carcajada.
-Oye, y no le des vueltas a lo de Hermione –aconsejó Harry-. Ya verás cómo se le pasa enseguida.
-Sí –Ron sonrió aliviado-. Seguro que no es nada. Además, me alegro de que esté pasando una temporada en La Madriguera, es agradable tenerla en casa ¡a ver cuando vienes tú!
-Me lo pensaré –sonrió su amigo.
-Bueno, me voy –sentenció el pelirrojo poniéndose en pie y dirigiéndose a la puerta de su despacho (ambos amigos tenían despachos contiguos por cortesía de Kingsley)-. Te dejo tranquilo.
-Nos vemos en la comida…
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-¡Ginny, a cenar!
-¡Voy!
-¡Hermione, a cenar!
-…
-¡Hermione! ¡Hermione, querida, baja o se enfriará la cena!
-No va a bajar –sentenció Ginny entrando en la cocina y sentándose en la mesa-. Me ha dicho que tiene mucho trabajo.
-¿Trabajo? –Repitió su madre removiendo la sopa-. Pero si hoy no ha ido al Ministerio. ¿De qué tendrá tanto trabajo?
-¿No ha ido? –Inquirió Ginny sorprendida colocándose el largo cabello pelirrojo detrás de la oreja-. ¿Por qué no?
-Me ha dicho que tenía cosas que hacer.
-Qué extraño…
-¡Hola familia! –saludó Arthur Weasley entrando en la cocina seguido de Harry y Ron.
-Hola Arthur –le saludó su mujer besándole-. Hola, Ron, hijo. ¿Te quedas a cenar, Harry?
-Con mucho gusto, Sra. Weasley.
-El gusto es mío, cielo, ¿Qué tal el día?
-Bueno, estos días hay bastante trabajo pero hoy ha sido un día muy tranquilo –comentó Harry saludando a Ginny con un beso.
-Es cierto –corroboró Ron-. Aunque tengo un hambre horrible ¿cenamos ya?
-Claro, os estábamos esperando –comentó su madre sirviendo la cena.
-¿Y Hermione? –Inquirió Arthur-. ¿No baja?
-No… parece ser que tiene cosas que hacer –contestó su mujer con un asomo de preocupación en el rostro.
-¿Qué es más importante que cenar con nosotros? –se preguntó en voz alta el Sr. Weasley mirando a su hija menor.
-A mí no me mires –Ginny se encogió de hombros-. Es lo que me acaba de decir, que tiene mucho trabajo. Yo he estado todo el día entrenando con el equipo, así que no sé lo que puede ser.
-Es extraño –musitó su padre sirviéndose sopa.
Harry y Ron intercambiaron una mirada de inquietud. La cena transcurrió con total tranquilidad y los Weasley convencieron a Harry de que se quedase a pasar la noche en la Madriguera aprovechando que era viernes (N.A. desde que había dejado Hogwarts, Harry vivía solo en Grimmauld Place pero se pasaba de vez en cuando por casa de los Weasley).
Antes de ir a acostarse, Harry y Ron fueron a la habitación de Hermione. Tocaron la puerta con los nudillos y, tras unos segundos, la chica abrió la puerta. La joven parecía cansada y tenía bastantes ojeras. Su cabello castaño estaba aun más enmarañado que de costumbre y llevaba puesto el mismo pijama que la noche anterior.
-Ah, hola chicos –saludó la castaña sonriéndoles a pesar de su aspecto.
-Hola, ¿Cómo estás? –inquirió Harry observándola con preocupación.
-Mmm… perfectamente –sentenció apartándose del marco de la puerta para dejarles pasar-. Aunque me gustaría hablar con vosotros un momento.
-Claro.
Ambos muchachos entraron en la habitación y se quedaron inmóviles a unos pasos de la puerta: absolutamente toda la habitación estaba atestada de montañas y montañas de libros de todos los tamaños que se amontonaban sobre la cama, el suelo y el escritorio de la joven. De hecho, uno de los libros (bastante grueso, por cierto) estaba abierto sobre el escritorio junto a una vela encendida. Parecía que habían interrumpido la lectura de la muchacha.
-Sentaos aquí –aconsejó Hermione dejando espacio sobre la cama apartando un par de montañas de libros.
-Hermione –empezó Ron con tono suave que indicaba que pensaba que su amiga estaba loca-, ¿Has comprado todos estos libros en el Callejón Diagon?
-Oh no, todos no. Algunos son míos –contestó la chica con tranquilidad sentándose en el escritorio mirando a sus amigos.
-Ya –murmuró el pelirrojo, incrédulo.
-Antes que nada –comenzó Hermione inhalando profundamente-. Os pido disculpas a ambos por no haber podido ir hoy al Ministerio… ya sé que últimamente hay bastante trabajo…
-No pasa nada, no te preocupes –aseguró Harry.
-… pero es que tenía cosas muy importantes que hacer. Harry, supongo que Ron ya te habrá dicho que he ido a “Flourish y Blotts” a comprar libros –ambos chicos asintieron con la cabeza-. Bien. Pues he tenido que ir porque… el otro día, estaba leyendo un libro cuando… creí descubrir algo… algo horrible y… bueno… he ido a comprar más libros para verificar lo que acababa de descubrir… y… bueno…
-Hermione, por Merlín, ve al grano –suplicó Ron con el entrecejo fruncido.
La chica cerró los ojos volviendo a respirar hondo.
-Creo… creo que he descubierto que… Voldemort no murió en realidad.
¿Qué os ha parecido?
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Acepto todo tipo de críticas ^^
Besos ♥

























