Disclaimer: Todos los personajes y lugares pertenecen a JKR
Personajes: Rose, Scorpius, Lorcan y una chirusa desconocida (?
Antes que nada quiero agradecerle a Diana (mi betareader por excelencia) por haber perdido su tiempo en leer esto y corregirlo. ¡Gracias!
No juegues con fuego
Siendo de noche, todavía se sentían los últimos calores del verano. A Rose Weasley le gustaba mucho ese clima, aunque disfrutaba más del frescor que traería pronto el otoño.
La joven se encontraba en esos momentos terminando de enganchar su insignia de prefecta sobre su túnica al tiempo que bajaba las escaleras que conducían a la sala común de Gryffindor. Allí el silencio era descomunal; no había nadie fuera de su cama a esas horas, a excepción de…
—¡Lorcan! —exclamó sorprendida, al verlo sentado en una de las butacas de la sala—. ¿Qué haces despierto a estas horas ?
—Necesito hablar contigo, Rose —contestó serenamente mientras dejaba su asiento y se acercaba.
—Justo ahora no puedo, tengo ronda de prefectos. Pero si quieres puedes esperarme hasta que vuelva, no tardaré demasiado —aseguró la pelirroja en tono amable, aunque severo.
—¿Y si mejor te acompaño?
—No me parece una buena idea —dijo sin convicción. Ya eran más de las doce; ella tenía permiso para rondar por los pasillos hasta tarde, ¿pero él?
—Sólo serán unos minutos. —Le dedicó una sonrisa—. Nadie nos pescará, lo prometo.
A la pelirroja no le agradaba demasiado la idea de merodear sola por los pasillos vacíos del colegio, así que un poco de compañía no le vendría mal, ¿cierto?. Ambos jóvenes salieron por el retrato de la Dama Gorda y comenzaron a caminar despreocupadamente. Tal y como se lo había imaginado hacía unos minutos, en aquellos pasillos no vagaba ni un alma.
Lorcan era el mayor de los gemelos Scamander; un rubio corpulento, alto, atractivo —mucho más que su hermano Lysander—, enérgico y bromista —ya que era partícipe de todas las payasadas que armaban sus mejores amigos, James y Fred—. Cursaba su último año en Hogwarts, siendo dos años mayor que Rose. Él siempre la andaba fastidiando con bromas sin sentido y, como consecuencia, se ganaba el enojo y las reprimendas de ella. Últimamente, aquellas bromas insignificantes se habían vuelto muy frecuentes; el rubio buscaba excusas para llamar su atención y ella, no era ninguna tonta, había deducido la razón.
Nunca había pasado un momento a solas con él —siempre estaban rodeados por los demás Weasley o Potter— por lo que le resultaba extraña ésa situación, aún así, gracias a sus sensatas deducciones, sabía lo que se avecinaba y se había preparado: esperaba el momento en que él quisiera declarársele para dejar bien en claro que ella no sentía lo mismo, teniendo muy en cuenta que Dominique (su prima predilecta) se había enamorado del chico en cuestión. Rose no estaba dispuesta a armar una disputa con su prima por alguien que consideraba un amigo.
Habían llegado al quinto piso; durante el camino ninguno de los dos había emitido ni una mísera palabra. Lorcan detuvo su caminar, Rose también lo hizo. El rubio, con los ojos clavados en el suelo, hinchó su pecho al inhalar una bocanada de aire armándose de valor, levantó la mirada y la posicionó en los expresivos ojos azules de la muchacha heredados de Ronald Weasley, su padre.
—No me gusta andar con rodeos —dijo Lorcan, totalmente decidido—. Voy a ser directo: Me gustas Rose. —Esperó algún tipo de expresión en el rostro de su amiga pero ella ni se inmutó, seguía mirándolo de la misma manera—. Sé que pensarás que te estoy gastando una broma, pero no. Estoy siendo sincero, realmente me gustas… —Tomó su mano y la envolvió entre las suyas—. Mucho más de lo que tú puedes imaginar…
—No quiero sonar engreída, pero… Ya lo sabía —el autoestima de Lorcan cayó al suelo, ¡por supuesto que ella se daría cuenta! Él no hacía otra cosa que comportarse como un tonto cada vez que se le acercaba; sin contar que ella era una de las personas más inteligentes que había conocido, hasta mucho más que su hermano Lysander, que era un Ravenclaw—. Eres un chico increíble, una gran persona, lindo y…
—Detente. —La interrumpió, percibiendo lo que se aproximaba—. Ya sé lo que dirás. Soy poca cosa para ti, ¿verdad? —dijo decepcionado—. No estoy a la altura de una chica como tú.
—¡Jamás diría eso! —Trató de buscar las palabras más adecuadas para ser tan sutil como fuera posible—. Nos conocemos hace muchos años, hemos compartido demasiado y por eso te veo como un amigo, siempre lo has sido.
—Entiendo. —Se afligió, aunque en un momento imaginó que le diría algo así—. Perdóname…
—No tengo nada que perdonarte… —Él dejó de mirarla—. Será mejor que siga recorriendo los corredores sola antes de que Filch nos encuentre. Entonces, ¿sólo amigos?
—Sólo amigos —reafirmó él, forzando una sonrisa—. Adiós.
—Adiós, Lorcan.
Lo vio irse con las manos en los bolsillos de su pantalón, seguramente a caminar por ahí; lo conocía bastante para asegurar que esa noche no volvería a la torre de Gryffindor. Él no soportaba el rechazo de ningún tipo. Intuía que pasaría mucho tiempo hasta que él volviera a hablarle y tratarla como antes. Suspiró, era lo mejor para todos; para ella, para él, para Dominique. Sin más, dejó de observarlo dispuesta a seguir el camino contrario, rondaría unos minutos más y volvería a la sala común; debían ser más de la una de la mañana.
Obviando lo vivido hasta hace unos minutos, era una noche tranquila, parecía que todos se habían dignado a dormir temprano sin querer quebrantar ninguna norma. Bueno, eso creyó hasta que percibió un ruido de pasos apresurados y divisó un par de sombras en la esquina del pasillo. La luz de luna que atravesaba el ventanal era lo único que alumbraba ése sector del castillo, forzando a Rose a acercarse cada vez más a ésas dos personas que estaban cometiendo una infracción, para poder reconocerlos.
—Malfoy… —masculló para sí.
El muy descarado se encontraba besando a una muchacha castaña, a la cual no le podía ver el rostro porque estaba de espaldas. La chica desconocida envolvía sus dedos en el sedoso y rubio cabello de Scorpius, despeinándolo. Él no se quedaba atrás, repartía caricias apasionadas por la espalda de la joven y la estrechaba contra sí.
Los ojos de Rose se abrían de par en par, sin dar consentimiento a lo que veía; negó con la cabeza, pensando que tal vez se había confundido o que quizás el sueño y el cansancio la hacían tener alucinaciones. Pero no, veía perfectamente: Scorpius Malfoy se besaba con otra, mostrando toda la desfachatez del mundo, sobre sus narices.
Un extraño dolor, como si fuese una puntada, pegó en el estómago de la pelirroja; una mezcla de tristeza y bronca —¿celos?—. Seguía rígida, sin moverse, sin despegar la vista del ridículo espectáculo… ignorando que el rubio aprovechaba la falta de luz para mirarla con disimulo y disfrutar de su rostro afligido e impetuoso, de sus orejas rojas de furia y de sus manos ceñidas en un puño como si fuera a golpear a alguien. Fue por más, quería ver hasta qué punto aguantaría Weasley para hacer algo; cerró los ojos y fue tanteando osadamente con sus manos por la espalda de su amante hasta su…
«¡Suficiente!»
La puntada se disipó y una llama de fuego se encendió en su interior; quemándola, matándola. Sí se dejaba guiar por esa llama interior, por ese impulso que la empujaba a actuar sin razón, iría corriendo a separarlos y reprenderlos diciendo que estaba infringiendo las normas; seguramente Malfoy se reiría de ella y le contestaría que se estaba muriendo de celos. No podía arruinar su orgullo, no podía reconocer que sí estaba celosa de él —siendo los dos enemigos a muerte—. Tuvo suerte y su razón intervino para ayudarla. ¿Él jugaba con fuego? Pues ella le respondería de la misma manera.
—¡Lorcan! —Salió corriendo a buscarlo—. ¡Lorcan, espera! —El rubio había doblado en una esquina—. ¡Espera, por favor!
Hacía oídos sordos; fuera lo que fuera no quería escucharla. Rose logró alcanzarlo, se paró enfrente de él y lo detuvo:
—Olvida lo que te dije hace unos minutos —le dijo, tomándolo de los hombros para que no se le escapara.
—Hace unos minutos me acabas de rechazar —contestó molesto a Rose—. ¿Y ahora…?
—Las mujeres cambiamos de decisión muy rápido, ¿sabías?
—¿Qué demonios…?
No pudo completar su frase ya que unos labios cálidos besaban desesperadamente los suyos y lo dejaron sin habla. Lorcan no correspondía el beso, estaba demasiado consternado para hacerlo. Sin embargo, a Rose eso parecía no importarle, enroscó sus brazos alrededor del cuello del gemelo Scamander y fue retrocediendo para llevarlo nuevamente al corredor donde todavía debía estar Scorpius y la… Chirusa. Finalmente, Scamander mandó todo al diablo, tomó a su amiga por las mejillas y siguió el beso.
A unos metros de allí, la escena era la misma, sólo que los protagonistas eran otros. Scorpius lentamente abrió sus ojos grises y se llevó una no muy grata sorpresa. La pelirroja a la que intentaba dar celos ya no estaba mirándolo como si fuera a descuartizarlo sino que, al igual que él, estaba besándose con… ¿Lorcan Scamander? Su rostro pálido se puso rojo de rabia y sintió un fuerte odio hacia el joven. Por un momento quiso dejar de lado lo que estaba haciendo para agarrar a ése idiota y golpearlo hasta verlo desangrado en el piso, pero se contuvo, descargando todo ese aborrecimiento en aquel beso.
«Estás jugando con fuego y te vas a quemar, Weasley», pensó con furia.
Sí, tal vez se quemarían por jugar con fuego, pero tanto él como ella habían conseguido lo que querían del otro: despertar ese sentimiento que los llevaría a un peligroso pero apasionante juego, con final desconocido.
¡Gracias por leer!

















