por lengua_de_caramelo » Dom Mar 04, 2012 10:16 pm
Capítulo 25: "Tradición de cumpleaños"
El sobresalto le hizo abrir los ojos repentinamente. Abrió la boca para respirar y, cuando estuvo a punto de incorporarse en la cama, sintió que algo pegajoso se deslizaba repetidamente por su cara.
-¡PIG!-bramó Ron molesto. Su mascota había situado sus patas sobre su pecho y casi todo su peso se recargaba sobre él, aplastándolo e impidiéndole respirar correctamente. Tomó la cabeza de Pig con sus manos y la apartó de su rostro justo cuando ella se disponía a lamerlo nuevamente. La labradora creyó que todo se trataba de un juego, por lo que se subió completamente a la cama y comenzó a escarbar entre las sábanas y Ron como si quisiera hacer un hueco para estar lo más cerca posible de su amo.-¡Pig, eres una loca! ¿Por qué te gusta tanto hacerme esto?-preguntó el pelirrojo mientras la labradora se echaba a su lado y restregaba su cabeza contra el brazo de Ron.
-Debe ser que es su forma de desearte un feliz cumpleaños.-dijo una voz desde la puerta.
-Entonces creo que debería hacerlo una vez al año y no al menos tres veces a la semana.-aclaró Ron entre risas mirando a Harry por sobre el lomo de Pig.
-Supongo que no esperarás que yo también haga algo como eso como manera de decirte Feliz Cumpleaños, ¿no?-dijo Harry reprimiendo una sonrisa.
-No, creo que ya tuve suficiente con Pig.-respondió el pelirrojo, simulando que estaba rechazando una tentadora oferta.-Pero no estaría mal que me hicieras unos panqueques para el desayuno. Sería un regalo increíble para comenzar el día.
-¡Ya sabía que ibas a decir eso!-saltó Harry golpeándose la mano con su puño.-Lo sabía.
-Entonces asumo que los panqueques ya estarán hechos y esperándome sobre la mesa.-aventuró Ron mientras se ponía de pie y le hacía señas a Pig para que se bajara de la cama.
-Junto con un tazón de leche con chocolate caliente y las galletas dulces que tanto te gustan.-agregó su amigo y comenzó a alejarse por el pasillo.
-Por eso eres mi mejor amigo, Harry.-le dijo Ron entre risas.
-Gracias por darle un sentido a mi vida.-alcanzó a decir Harry antes de llegar a la sala.
Ron rió con ganas al tiempo que extendía sus sábanas y frazadas descuidadamente sobre la cama en lugar de hacerla correctamente, lo cual no tendría mucho sentido ya que Pig normalmente se echaba allí y terminaba dejando todo nuevamente fuera de lugar. Además, ¿qué clase de persona hacía su cama el día de su cumpleaños? Su cumpleaños era la excusa perfecta para todo y Ron siempre se encargaba de usarla para la mayoría de las cosas que se le presentaran durante el día.
El desayuno fue realmente bueno. Ron no tenía problemas en admitir que Harry era mucho mejor cocinando que él. Los panqueques le habían salido deliciosos. Luego de unos cuantos minutos de silencio en los que ambos se dedicaron a devorar su suculento desayuno y a ver televisión, Ron fue el primero en hablar:
-¿Hermione vendrá hoy a mi fiesta?
-Sí, Ron. Ya me lo preguntaste un millón de veces. Ella sí vendrá.-respondió Harry cansinamente.
-Lo siento, pero es que quería asegurarme de que hoy efectivamente sea el día de su regreso de Londres.-se excusó Ron.-Ella no me avisó que se marchaba con sus estudiantes por una semana.
-A mí tampoco me dijo nada al respecto. Ginny me contó que fue un viaje inesperado debido a que la profesora que debía acompañar a los estudiantes se enfermó y necesitaban a alguien que la reemplazara.-informó Harry mientras pasaba los canales con el control remoto.-Hermione tuvo que hacer sus maletas unas horas antes de partir a Londres y no le quedó tiempo para avisarnos que se iba.
Aun así Ron se mantuvo pensativo y preocupado, lo cual llamó la atención de Harry.
Se fue por su trabajo, Ron.-trató de tranquilizarlo.-No lo hizo a propósito para no estar el día de tu cumpleaños. Si le hubieran dado a elegir, créeme que ella hubiera preferido quedarse.
-¿Sí?-dijo Ron distraídamente.
-Es obvio que sí.-aseguró Harry.-Bueno, al menos eso creo. De lo contrario, sería una lástima que este año volvieras a hacer lo que haces siempre sin que nadie te detenga. Y todos sabemos que Hermione es la única que podría impedir que te bebas tus famosas rondas de vodka hasta caer muerto en el piso.-agregó haciendo una pequeña sonrisa.
-A lo mejor no pueda ir esta noche a Cabeza de Puerco.-consideró Ron tratando de sonar indiferente.-Seguramente estará cansada por el viaje y prefiera quedarse en su departamento. Ginny dijo que Hermione regresaría tarde.
-Ya deja de pensar en eso.-le ordenó Harry.-Hermione vendrá. Ella se ha perdido tus últimos cinco cumpleaños y de seguro tú no extrañabas su presencia cuando lo festejabas. ¿Por qué de repente te importa tanto que asista a éste?
-Está bien, está bien. Sólo preguntaba, nada más.
Ron comprendía que Harry no pudiera tener una idea aproximada de la verdadera razón por la cual le interesara tanto que Hermione fuera a su cumpleaños. No le había contado a su mejor amigo lo sucedido al final del Día de San Valentín y tampoco planeaba hacerlo. Pero Ron había estado un poco insistente debido a que no había vuelto a ver a Hermione desde entonces. Y eso estaba preocupándole. No le gustaba mantenerse alejado de ella por mucho tiempo, ni mucho menos pensar que el motivo de su distanciamiento fuera debido a su culpa. ¿Sería todo su culpa? No, no podía serlo. Hermione estaba acostumbrada a actuar como si nada sucediera entre ambos. Lo más lógico para ella sería reaparecer, justamente para dar a entender que todo estaba de lo más bien. ¿Entonces por qué no lo había hecho? ¿Se habría arrepentido? ¿Sentiría vergüenza al respecto?
Como Ron pensaba, su cumpleaños era la excusa perfecta para muchas cosas, y eso incluía ver a Hermione de nuevo. Si lo que a ella le incomodaba era que ambos estuvieran solos, esa noche no lo estarían porque habría más personas a su alrededor y menos posibilidades de momentos y silencios incómodos. Pero si Hermione no iba quizás sería más difícil encontrar un momento adecuado para que ambos volvieran a verse sin que hubiera tensión. ¿Qué motivos podría darle a su amiga para verla de nuevo? ¿Invitarla a tomar fotografías? ¿Invitarla a dar un paseo por el parque junto a él y Pig? ¿Decirle que salieran a conducir o, en un caso más extremo, que lo acompañara a su examen de conducir? De repente aquellas excusas no le parecían lo suficientemente sólidas y casuales como para usarlas. ¿Por qué simplemente no iba a su departamento y le confesaba que la amaba? Porque decir la verdad sería peor que aquellas excusas sin sentido. Sería el fin de todo.
El viaje de regreso de Londres fue muy tranquilo. Al menos para Hermione quien a cinco minutos de puesto en marcha el autobús se había quedado dormida en su asiento mientras sus estudiantes hablaban animada y bulliciosamente cerca de ella. A pesar de haberse dormido profundamente, la despertaron las sonoras risas de un grupito de chicas que estaba sentado sólo dos asientos atrás de ella. Hermione se incorporó en su sitio y apartó un poco las cortinas de su ventanilla para ver el exterior del autobús. Ya estaba anocheciendo y el cielo perdía rápidamente los últimos colores rojizos de la tarde mientras dejaba ver las primeras estrellas. Dentro de pocos minutos llegarían a la ciudad de Surrey y todos se desconcentrarían en Hogwarts para irse a sus respectivos hogares seguramente a descansar. Por su parte, ella tendría que ir directamente a su departamento, desempacar, tomar una ducha y luego elegir rápidamente la ropa que se pondría para asistir al cumpleaños de Ron. El mismo se celebraría esa misma noche en Cabeza de Puerco, un amplio bar al que Harry, Ron y otros compañeros de clase de la secundaria habían comenzado a asistir en su último año. A pesar de haber sido invitada muchas veces a tomar algo con sus amigos, Hermione siempre se había negado, principalmente porque no le gustaba la idea de estar despierta hasta altas horas de la noche bebiendo tragos con alcohol y viendo cómo todos iban embriagándose progresivamente. Además, porque nunca había tenido ropa adecuada para salidas como esas debido a que no se consideraba una chica linda y lo suficientemente segura y a la moda para ir a un sitio así y exhibirse frente a personas desconocidas. Pero esta vez tendría que hacer una excepción sólo porque era el cumpleaños de su mejor amigo y hacía varios días que no lo veía. De haberlo visto antes Hermione le hubiera sugerido a Ron que hiciera una celebración más tranquila, quizás en casa de sus padres en Privet Drive o en la casa que compartía con Harry. Hasta podría haberle ofrecido su departamento para que él, Harry, Ginny y ella se reunieran a cenar algo y a beber unas cuentas cervezas y otras bebidas. Y quizás… de repente Harry y Ginny decidieran irse a bailar o a dar una vuelta por la ciudad, dejando a ella y a Ron solos en su departamento. Un fugaz escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando imaginó una hipotética situación en la cual un muchacho pelirrojo y una chica de cabello castaño, sentados en un sofá, pasaban de lo que parecía ser un intento de conversación a una súbita invasión del espacio personal, en la cual pronto la discreción dejaba de existir y era reemplazada por el más libre y explosivo desenfreno. Esa podía ser sin duda una celebración de cumpleaños interesante. Sin embargo, estaba muy lejos de suceder, pues estarían rodeados de personas aquella noche en el bar y encontrar un momento a solas sería imposible. Además, de nada serviría tenerlo allí porque no podrían dejar volar su inquieta imaginación.
El regreso a su departamento se había demorado más de lo calculado, por lo que debería apresurarse si quería llegar al cumpleaños de Ron a tiempo. O al menos no tan tarde. Cuando estuvo en la sala, no esperó encontrar allí a Ginny. Se había comunicado con ella hacía unos minutos y su amiga se encontraba ya en Cabeza de Puerco junto con Harry y Ron. En un instante Ginny estuvo a punto de pasarle el teléfono celular a Ron para que Hermione lo felicitara, pero la castaña lo había evitado diciéndole a la pelirroja que sería mejor felicitarlo cuando se vieran en el bar.
Hermione entró en su habitación, dejó su maleta en el suelo y rápidamente se dirigió al baño para darse una ducha. Quince minutos después ya estaba de regreso en su habitación vistiendo sólo una toalla. Abrió su guardarropa y lo encontró un poco vacío debido a que había empacado la mayoría de su ropa para ir a Londres. Deslizó su mirada hacia su maleta cerrada e hizo un gesto de fastidio. De nada serviría buscar allí algo que ponerse porque la ropa que había llevado al viaje no sería la más adecuada para usar esa noche. Quería algo diferente esta vez. Miró nuevamente su guardarropa y sintió deseos de tirar sus prendas. Todas eran tan aburridas y sobrias que cualquiera que las viera pensaría que pertenecían a una mujer anciana sumamente seria y nada arriesgada. Hermione estuvo tentándose en escabullirse hasta la habitación de Ginny y tomar algo de su guardarropa que, sin importar que se tratara de una camiseta vieja, seguramente sería mucho mejor que las prendas que poseía la castaña. Pero desistió en aquella posibilidad, pues Ginny no estaba y, a pesar que la pelirroja le hubiera dado permiso para usar sus cosas, Hermione de todas formas no sabría qué ponerse. Por un instante deseó que su amiga estuviera allí para ayudarla. Pensó en llamarla y rogarle que viniera al departamento, pero luego cambió de idea debido a que era absurdo pedirle eso a Ginny. ¿Acaso tenía cinco años y no podía vestirse por sí misma ni elegir su propia ropa? Hermione vio su guardarropa una vez más y respiró con resignación. No era justo. No era justo que esa mismísima noche no tuviera algo decente que ponerse cuando deseaba más que nunca estar linda. Aceptando la derrota, Hermione cerró bruscamente las puertas del guardarropa, las cuales, debido a la fuerza del impacto, volvieron a abrirse de par en par. Hermione se sentó en su cama encorvando su espalda y mirando la pared que tenía enfrente. Definitivamente no asistiría esa noche. La inseguridad la había invadido de repente. Sus amigos sabían que a ella no le gustaba asistir a sitios concurridos y llenos de personas desconocidas. ¿Por qué simplemente no habían decidido reunirse en casa y celebrar el cumpleaños de Ron más tranquilamente? Así ella podría sentirse más segura y no tendría que estar esmerándose mucho en su apariencia. Llamaría a Ginny y le diría que no asistiría. No. Mejor no la llamaría porque eso lograría que su amiga se preocupara por ella y regresara al departamento dispuesta a ayudarla. Lamentaría fallarle a Ron de esa forma. Quizás él lo comprendiera. Después de todo él había faltado a su último cumpleaños. ¡Pero porque estuvo incapacitado al caerse en la piscina! ¡Esa era una verdadera justificación! No como la de ella, que simplemente no tenía nada para vestir. Aun así Ron tendría que comprenderlo. Tendría que comprender que ella no se sintiera lo suficientemente segura y conforme con su apariencia y que no fuera tan extrovertida y sociable.
Sentir unas frías gotas de agua caer sobre sus hombros desnudos la regresó a la realidad. Su cabello estaba mojado y comenzaba a gotear sobre ella, provocándole más frío del que había comenzado a sentir al estar casi desnuda. Pensando en quedarse sentada en su cama indefinidamente, Hermione salió completamente de sus meditaciones al escuchar el sonido de algo que caía al suelo. Desvió su mirada hacia un costado y se encontró con una bolsa de cartón de un intenso color fucsia escrita con cursivas y estilizadas letras blancas. La bolsa había caído de uno de los estantes del guardarropa seguramente a causa de los portazos propinados por Hermione segundos atrás. Era el regalo que Ginny le había hecho sin motivo alguno hacía unos dos meses. Lo había olvidado por completo y ahora de repente caía desde su guardarropa. No se trataba de una mala idea, por cierto. Al contrario, sería la oportunidad perfecta para usar lo que su amiga le había regalado. Calzando nuevamente sus pies en sus pantuflas blancas, Hermione se puso de pie y se dispuso a tomar la bolsa que había caído al suelo.
La idea de celebrar su cumpleaños en Cabeza de Puerco no había resultado tan desacertada después de todo, debido a que hacía un tiempo que no salía de casa por la noche a un sitio donde pudiera relacionarse con las personas. Y particularmente ese día, un viernes por la noche, Cabeza de Puerco estaba lleno de gente como era costumbre que sucediera al comenzar el fin de semana. Hasta ahora Ron había divisado alguno que otro conocido con su respectivo grupo de amigos entrando al bar y sentándose en alguna de las escasas mesas vacías que quedaban. Por suerte Harry, Ron, Ginny y Luna habían llegado relativamente temprano y lograron conseguir un sitio donde sentarse en el primer piso del bar. El ambiente allí arriba era un tanto más tranquilo que en la planta baja donde se concentraba la gente que acudía al bar y comenzaba a buscar a sus amigos o se dirigía a una mediana pista de baile en la parte trasera. Sin embargo, pronto el primer piso comenzaba a poblarse de gente y de bullicio proveniente de las mesas. Cabeza de Puerco contaba con un amplio balcón decorado con mesas, sillas rústicas y pequeños sillones, pero que en esos momentos tenía muy pocas personas, pues la noche estaba muy fría para estar al aire libre. Luego de hacer aquellas fugaces observaciones, Ron pronto dejó de pensar en la muchedumbre y se dedicó a deslizar vagamente su mirada por las personas que subían la escalera con más frecuencia. Debía encontrar otra cosa para hacer porque apenas a cinco minutos de haberse sentado a la mesa había surgido en él una especie de ansiedad y nerviosismo que se acrecentaba más a cada instante. ¿Ella vendría? Aquella era la única pregunta que se generaba una y otra vez en su mente y se tornaba cada vez más insistente. Y que Ron hubiera optado inexplicablemente por mantenerse sobrio esa noche no estaba ayudando para nada en cuanto a calmar su ansiedad.
-Casi no has bebido nada, Ron. ¿Qué sucede?-le preguntó Ginny sacándolo de su estado de alerta.-¿La cerveza no tiene suficiente graduación alcohólica para comenzar la noche y prefieres directamente las rondas de vodka?
-Quizás le llegó la crisis de los veinticuatro.-aventuró Harry tratando de reprimir una sonrisa. No te preocupes, Ron. Tu hígado resistirá unos años más. Bebe tranquilo. Es tu cumpleaños.
-Muy gracioso, Harry.-dijo el pelirrojo regresando su atención a la conversación.-Pero recuerda que tú también llegarás a los veinticuatro en julio.
-Me parece bien que seas moderado, Ronald.-opinó Luna hablando con el suave y dulce tono de voz que la caracterizaba.-Antes no podías dejar la bebida. Cada vez que salíamos tenía que rogarte que no bebieras tanto.
-No te confíes mucho, Luna. Descuídate y lo verás bebiendo de un barril.-se burló Ginny ocasionando que Harry soltara una carcajada.
-Por suerte, Neville no bebe tanto como tú.-comentó Luna casualmente.-Sabe lo que el alcohol le produce a las neuronas y al resto del cuerpo humano.
-Eso es porque él también estudia Biología como tú.-le recordó Ginny.-Pero de todas formas nunca viene mal un trago o dos, ¿no? Así se logra calmar la ansiedad.
-Para eso es mejor el sexo.-dijo Luna con simpleza.-Por ejemplo, el lunes pasado teníamos un examen de la universidad y para aliviar tensiones Neville y yo hicimos…
-¡Luna, detente!-saltó Ginny adelantándose en su silla y mirando a su amiga con un gesto de advertencia.-Admiro que seas tan segura de ti misma y liberal a la hora de hablar, pero hay cosas que es mejor no mencionarlas. Sobre todo si son muy privadas.-explicó rápidamente al tiempo que veía la repentina incomodidad de Harry y la risa contenida de Ron.-Me alegré mucho cuando me contaste que tú y Neville habían comenzado a salir pero no hay necesidad de explayarse tanto.
-Sí, tienes razón.-coincidió Luna comprensivamente.-Mucha gente me lo dice todo el tiempo. Incomodo a las personas, aunque no lo hago a propósito. Creo que no sería correcto contar mis intimidades con Neville. Como cuando…
-¡Luna, por favor!-volvió a saltar la pelirroja. Ron y Harry rieron con ganas ante el gesto de sorpresa de Ginny y la impasibilidad de Luna.
-Ahora que lo mencionas, ¿cuándo vendrá Neville?-preguntó Harry.-Creí que vendría contigo.
-Llegará dentro de unos minutos. Su abuela estaba enferma y él debía cuidarla hoy.-informó Luna brevemente.-Dicen que no está muy bien, pero Neville está convencido que su abuela durará más tiempo en este mundo…
-Hermione también está retrasada.-dijo Ron distraídamente, al parecer sin percatarse de que Luna aun continuaba hablando. El pelirrojo había centrado su mirada en su vaso de cerveza lleno que Harry le había servido. Unas enormes ganas de bebérselo se habían apoderado de él, pero hizo un esfuerzo aun mayor para no ceder a sus crecientes impulsos.
Sin poder contener por más tiempo su inquietud, Ron encendió su viejo teléfono celular para verificar si tenía algún mensaje o una llamada perdida. Nada. Ni siquiera alguna otra persona había tratado de comunicarse con él. Vio la hora para justificar el uso de su celular y se percató de que hacía una hora que habían llegado ya a Cabeza de Puerco y que las posibilidades de que Hermione asistiera a su fiesta disminuían a cada segundo. Ella no demoraría tanto. Ron la conocía y sabía que su amiga detestaba llegar tarde a cualquier sitio, por lo que seguramente hubiera optado por no venir. Tratando de ocultar su evidente inquietud, Ron miró distraídamente hacia las demás mesas, ninguna con asientos vacíos. Todas llenas de gente, de amigos que sí habían asistido y que ahora estaban pasando un buen rato mientras comían y bebían algo. Cuando su mirada llegó nuevamente a las escaleras, no pudo evitar detenerse unos segundos más al ver a la mujer que se hallaba subiendo elegantemente y sin la compañía de nadie. En cuanto levantó su mirada, un mechón de su sedoso cabello ondulado cayó sobre su rostro nervioso. Fue en ese preciso momento en el que ella se apartaba el rebelde mechón cuando Ron se percató de que aquella hermosa mujer era Hermione. Sintió a la perfección cómo el corazón se le contraía dentro de su pecho y luego un sacudón le recorría el cuerpo. En ese instante, lo único en lo que pudo pensar fue en la inolvidable noche que habían vivido en los últimos minutos del Día de San Valentín. Sin poder evitarlo sus mejillas comenzaron a adquirir un llamativo tono rosado. -¡Hermione, aquí!-la llamó Ginny luego de percatarse de que era a Hermione a quien Ron miraba con tanta atención.
La castaña se sobresaltó un poco al oír su nombre, pero luego se tranquilizó al ver que era Ginny quien la estaba llamando. Se acercó a la mesa donde estaban sus amigos con cierto nerviosismo al ver que su amiga y Luna estaban ambas vestidas de una manera mucho más sobria que ella. La inseguridad volvió a invadirla de repente, haciéndola pensar que quizás fue una mala decisión vestirse tan elegante para esa ocasión.
-¡Te pusiste el vestido!-fue lo primero que notó Ginny. Por su parte, Hermione la notó muy emocionada por aquel hecho, lo cual logró disminuir un poco sus nervios.-¡Sabía que era justo para ti! En cuanto lo vi lo supe.
-Sólo me lo puse porque no tuve tiempo de desempacar.-explicó la castaña sintiéndose ahora un tanto abrumada.-Creo que es un poco corto…
-Pues yo pienso que es perfecto.-se adelantó a opinar la pelirroja, quien inmediatamente miró a su embobado hermano.-¿No es cierto, Ron? ¿No se ve hermosa?
-Sí… Te ves muy bien, Hermione.-fue lo único que pudo decir Ron, lo cual fue poco. Hermione llevaba un vestido drapeado simple de color magenta cuyo corte resaltaba a la perfección las curvas de su cintura y de sus caderas. Los pliegues de la sedosa tela lograban una bonita terminación en la parte superior del vestido, logrando un escote que no era del todo provocativo pero que lograba que las miradas se posaran sutilmente en él y se aventuraran a descender. Al caminar, el vestido ondeó naturalmente, dejando que las piernas de Hermione fueran el centro de atención por unos segundos. La castaña, quien fue consciente del efecto que su llegada había provocado en Ron, se sintió ruborizar considerablemente al ver que su amigo no podía dejar de mirarla.
-¡Oh, lo siento! ¡Olvidé felicitarte!-dijo de repente Hermione al sentarse frente al pelirrojo.-¡Feliz cumpleaños, Ron!-dijo sin atreverse a darle un beso en la mejilla o algún otro gesto de afecto.
-Gracias.-dijo él con simpleza.
-No traje tu regalo porque era un poco grande para estar cargándolo hasta aquí.-explicó la castaña.-Y menos podría con estos tacos… No puedo caminar…
-¿Qué es? ¿Un elefante?-preguntó Ron con curiosidad, volviendo a su manera de ser bromista.
-No, claro que no.-dijo la castaña haciendo una pequeña sonrisa.-Pero tiene menos patas.
-Realmente espero que no sea un animal.-dijo Harry, quien había escuchado la conversación con repentino interés.
-Creía que te gustaban los animales, Harry.-dijo Luna mirando a Harry con confusión.
-Sí, pero no tanto si se suben a la mesa y te roban la mitad del desayuno como Pig hizo esta mañana.-comentó Harry haciendo reír a Ginny y Hermione.-¿Por qué no tomó el desayuno de Ron? Después de todo es su mascota.
-Porque ella sabía que era mi cumpleaños.-dijo Ron simplemente.-No le haces eso a tu amo en su día.
La presencia de Harry, Ginny, Luna y luego la llegada de Neville, efectivamente había logrado disminuir la tensión que Ron pensaba que podría haber entre Hermione y él. Hasta ahora no había surgido situación alguna que pudiera generar silencios o momentos incómodos que involucrara a ambos. La conversación se había mantenido muy fluida y divertida. Al menos eso pensaba Ron, quien en realidad no la estaba escuchando y de vez en cuando le llegaban a sus oídos las risas de sus amigos junto con los murmullos del resto de la gente a su alrededor. Hermione y él casi no habían hablado, y eso le daba a Ron la posibilidad de observarla mientras ella se distraía conversando con los demás acerca de su viaje a Londres, o eso parecía ser, pues Ron creía haber escuchado el nombre de esa ciudad una que otra vez. Toda esa situación creaba en él una mezcla de confusión y decepción. Siempre se asombraba de lo bien que Hermione manejaba sus emociones estando en público y de lo racional que se mostraba, como si nada hubiera pasado. Pero de todas formas, algo había pasado entre ellos y ameritaba al menos un minuto de reflexión de su parte. ¿O acaso no era digno de someterse al riguroso análisis de su estructurada mente ni por aquel breve tiempo? ¿Eso era lo que realmente significaba para ella estar con él de esa forma? En aquellos momentos deseó poder entrar en la mente de su amiga y saber lo que ella pensaba al respecto acerca de todo. Tan sólo para asegurarse de las cosas y descartar suposiciones acerca de ella que él había tomado como verdades tras largos años de amistad. Hermione ni siquiera se mostraba nerviosa en su presencia, e incluso Ron había llegado a pensar que ella lo estaba ignorando. ¿Pero por qué? Entonces eso significaba algo. Ella sí estaba pensando en lo sucedido entre los dos. Quizás lo hubiera pensado y esa hubiera sido la verdadera razón de su demora en asistir a su fiesta. Tal vez le incomodara realmente mirarlo a los ojos… O tal vez no...
Tanto misterio y tantos pensamientos cargados de posibilidades terminaban confundiéndolo y poniéndolo más intranquilo que de costumbre. Necesitaba un trago con urgencia, pero aquella era la primera vez que salía y se encontraba en presencia de Hermione. Sabía que ella estaba al tanto de su atracción casi suicida por el alcohol, pero quería demostrarle que podía controlarse siquiera esa noche. De lo contrario, ¿qué pensaría ella si lo viera bebiendo trago tras trago en menos de una hora? No le importaba lo que pensaran Harry, Ginny, Neville, e incluso Luna, su ex novia. Pero la impresión que se llevara Hermione de él era suficiente para que reuniera la fuerza de voluntad que hasta ahora lo había mantenido alejado de su vaso de cerveza. Hasta ahora. Mintiendo que debía ir al baño, Ron se alejó de la mesa y bajó las escaleras fingiendo que no tenía prisa. Si sus amigos le hubieran prestado atención, se habrían dado cuenta de que en realidad no había necesidad de que bajara las escaleras, pues en el primer piso también había baños. Pero no una barra donde sirvieran tragos en cuestión de segundos.
A pesar de que Ron se hubiera retirado momentáneamente de la mesa, la conversación continuó sin él pero en cierta forma lo mantuvo presente al tenerlo como tema central de un momento a otro.
-Yo sólo digo que Ron siempre fue un insensible.-mencionó Ginny.-O al menos la mayor parte del tiempo.
-Sólo tiene poco tacto, eso es todo.-dijo Hermione en su defensa.
-Pero tú misma se lo dijiste una vez, Hermione. Junto con algo sobre una cucharita de té que hasta el día de hoy Ron no pudo comprender.-le recordó Harry entre risas.
-¿Qué?-preguntaron Ginny y Neville al mismo tiempo.
-Ya había olvidado eso.-reconoció la castaña sintiéndose abochornada.
-¿Quién dijo qué sobre una cucharita de té?-preguntó Luna con interés.
-Pregúntaselo a Hermione.-dijo Harry señalando a Hermione con la mirada.
-No, no voy a decirlo.-se apresuró a aclarar Hermione.-Ni siquiera recuerdo lo que dije.
-Ron lo recuerda. Me citó esa frase una vez.-comentó Harry tratando de recordar.-Era algo sobre tener la variedad de emociones de una cucharita de té. Dijo que fue muy gracioso.
Mientras todos reían por la anécdota, Hermione no pudo evitar sentirse un tanto avergonzada por lo que le había dicho a Ron durante la secundaria hacía ya tantos años. En realidad pensaba que su amigo había madurado considerablemente desde ese tiempo, por lo cual no sería necesario repetirle aquellas palabras que, por cierto, recordaba a la perfección. Deslizó su mirada hacia el asiento vacío frente a ella que había dejado el pelirrojo.
-Ron se está demorando.-dijo Hermione luego de que las risas hubieran terminado.
-Tal vez se encontró con alguien.-supuso Harry.-Vi a algunos conocidos en el bar. Quizás estén saludándolo por su cumpleaños
-O quizás se marchó al demonio y nos dejó a todos plantados como el año pasado.-aventuró Ginny, siempre aprovechando cada oportunidad que se le presentaba para perjudicar a su hermano.
-¿Ron hizo eso? ¿Se marchó de su propia fiesta?-preguntó Hermione con interés.-¿Por qué?
-Bueno, digamos que él tiene una manera peculiar de festejar su cumpleaños que no es la que planeamos nosotros y…-comenzó a decir Harry pero Ginny lo interrumpió.
-Se marchó a otra fiesta donde tendría sexo asegurado.-dijo la pelirroja un tanto ofendida.-No le des más vueltas al asunto, Harry.
-Está bien. Sólo trataba de defender a Ron.-dijo Harry mientras trataba que sus amigos fueran comprensivos.
-Mi hermano es tan descarado que probablemente ahora esté en la barra bebiendo vodka y tratando de conquistar a alguna chica tonta para largarse juntos de aquí.-dijo Ginny manteniendo su aire ofendido.-Gran manera de pasar su cumpleaños.
-No creo que sea todo como dices, Ginny.-trató de suavizar Neville.
-Tienes razón. A veces es peor. Pero es su vida y él ya es grande como para que su hermanita y los demás le digan qué hacer.
-Si quieres, yo puedo ir a buscarlo ahora.-se ofreció Hermione.-Para asegurarnos que esté bien.-agregó innecesariamente para justificar su repentino e inesperado ofrecimiento.
-Perfecto. Gracias, Hermione.-dijo Ginny aliviada.-Espero que esté sobrio.
Hermione se puso rápidamente de pie sintiéndose un tanto incómoda por la repentina mirada de interés y expectativa que había puesto Ginny en ella. Avanzó entre el espacio que formaban las mesas y luego bajó las escaleras con cautela al llevar zapatos de taco alto. Cuando llegó a la planta baja se vio rodeaba de concurridos grupos de personas que iban y venían por el pasillo principal. Algunas regresaban a sus respectivas mesas mientras otras se ponían de pie y se dirigían a la pista de baile, al patio trasero o a la barra a ordenar tragos… Aquel lugar era un sitio seguro donde podría encontrarse Ron. Mientras caminaba hacia allí, Hermione se percató de lo cálido y movido que era el ambiente. Lo cierto era que le estaba gustando Cabeza de Puerco, junto con sus luces tenues y su música roquera que a veces se tornaba lenta y seductora con el sonido de solos de guitarra eléctrica, y otras veces rápida y tentadora para ir a bailar. Estando a metros de la barra, Hermione distinguió a un muchacho de cabellera pelirroja sentado casi en un extremo, a punto de ordenarle algo a un barman que estaba atendiendo allí. Al parecer eran conocidos, pues Ron le estrechó la mano y el muchacho sonrió al tiempo que le daba unas afectuosas palmadas en el hombro, seguramente felicitándolo por su cumpleaños. Antes de ir a buscar el pedido del pelirrojo, el barman mencionó algo que provocó que Ron riera brevemente, se cubriera el rostro con una mano avergonzado y luego le hiciera señas para que olvidara el asunto. Hermione consideró que aquel sería el momento oportuno para intervenir y seguramente evitar lo que parecía ser el comienzo de una de las tradiciones de cumpleañero de Ron.
-¿Qué haces aquí?-dijo Hermione de repente, provocando que Ron se volteara un tanto sobresaltado.-Estábamos esperándote pero nunca viniste.
-Sí, lo sé. Lo siento.-se disculpó Ron con un repentino nerviosismo.-Pero es que necesitaba un trago con urgencia.
-¿Por qué no se lo ordenaste a la mesera que estuvo atendiéndonos?-le preguntó la castaña con desconfianza.
-Porque Ginny hubiera comenzado a molestarme y a decir que soy un alcohólico o algo parecido.-explicó Ron desviando la mirada de Hermione y situándola en la pulida superficie negra de la barra.-Eso me inhibe, ¿sabes? Y no puedo beber.
-Te inhibe.-repitió Hermione.-Oh, ya veo.-agregó fingiendo un tono de comprensión.-Eres muy complejo, Ron. Tienes tu manera particular y extraña de hacer las cosas. Como la forma en que festejas tu cumpleaños, según me dijeron.-se acercó más al pelirrojo y apoyó uno de sus codos sobre la fría barra al tiempo que miraba a su amigo esperando una explicación.-¿Ya elegiste la chica con la que te marcharás?
-No, claro que no.-negó Ron mirándola como si ella estuviera loca. Luego cambió su expresión a una bromista.-Debo estar ebrio primero para elegirla. Tengo un orden, Hermione.
-Oh, lo siento.-se disculpó ella fingidamente y luego rodó los ojos.
-Y no creas todo lo que dice Ginny.-añadió Ron, esta vez sin fingir su seriedad.
-Mmm, será algo difícil no hacerlo dado que ella tiene pruebas que respaldan sus palabras.-se lamentó en decir Hermione.
-Te mostró las fotos de su cumpleaños, ¿verdad?-comprendió Ron al instante.
-Las cuales no te favorecen mucho.-opinó la castaña al tiempo que se sentaba junto a Ron tras haberse desocupado uno de los altos taburetes metálicos.
-Pues adivina qué. No me importa lo que digan todos.-dijo Ron con seguridad y sinceridad.-Hoy es mi cumpleaños y eso me da ciertos derechos. Como el de ser una esponja.
-¿Qué?-saltó Hermione entre risueña y confusa.
-Sí, una esponja.-repitió Ron como si todo tuviera sentido.-Esta noche seré una esponja y absorberé todo el alcohol que tenga a mi alrededor.-agregó justo cuando el barman le traía una botella de cerveza y la destapaba frente a él. Al ver que Hermione se había unido a Ron, el muchacho inmediatamente sacó otro vaso y se quedó un fugaz instante viendo cómo la castaña y Ron se observaban fijamente. El barman hizo un breve gesto de aprobación y de respeto hacia Ron al comprobar la velocidad con la que lograba conseguirse una chica y luego se marchó al ver que había otros clientes para ser atendidos.
-¿Y si yo te pidiera que no lo hicieras?-dijo Hermione luego de unos segundos de silencio.-No lo hagas, Ron.
-Eso fue una orden, no una petición.-aclaró Ron aun sin poder despegar su mirada de Hermione.
-Lo sé. Soy mandona, ¿recuerdas?-reconoció la castaña.
Desvió su atención de los brillantes ojos azules de su amigo y miró fugazmente sus labios, sintiendo un inexplicable cosquilleo recorriéndole el cuerpo. Su atención se centró en la botella de cerveza que había sido dejada frente a ellos. Tomó el vaso que el barman le había dejado y se dispuso a servirse.
-¿Puedo?-preguntó Hermione con cierta inocencia mientras llenaba su vaso con cuidado.
-No estás sola después de todo.-fue la respuesta de Ron, quien no pudo evitar que sus ojos se deslizaran un poco del rostro de Hermione hacia su escote cuando ella se hubo adelantado de su asiento para tomar su vaso.
-Aunque, según lo que me dijeron sobre tu manera de festejar tu cumpleaños, tendré que beber toda la noche para que no te vayas de tu fiesta.-destacó la castaña sin apartar su atención de la cerveza que estaba sirviéndole a Ron.-No te gustaría verme con ese tipo de allá que está observándome, ¿verdad?-desvió sutilmente su mirada hacia un hombre de aspecto desagradable que estaba en la barra unos metros detrás de Ron. Lejos de ser discreto, Ron giró su cuello hacia la izquierda y observó al hombre en cuestión.
-Muy astuta, Hermione.-reconoció al instante. Tomó su vaso de cerveza y lo levantó un poco como si estuviera brindando por Hermione. La castaña hizo lo mismo, sólo que hizo chocar su vaso con el de Ron provocando un breve tintineo. En menos de diez segundos, Ron ya se había terminado el contenido de su vaso y se disponía a servirse otro.
-¡Oye! Dijiste sólo un trago.-lo frenó Hermione tomándole el brazo.
-Lo cual es una botella de cerveza.-dijo Ron con naturalidad.-O dos.-pero Hermione le dedicó una mirada severa.-Por favor, esto no emborracha nada.
-No. Un trago es un trago.-aclaró Hermione sonando lógica.-Además,
“Uno de los dos debe mantenerse sobrio para evitar que el otro cometa una locura”.-citó a la perfección sin poder evitar hacer una sonrisa de satisfacción.-Si mal no recuerdo, eso también lo dijiste tú. Y soy yo la que tiene que beber para que tú no te marches.
-¡Por Dios!-exclamó Ron luego de mirarla con incredulidad.-¿Tu cerebro no descansa nunca?-se quejó provocando que Hermione riera animadamente.
Luego de que Hermione terminara cediendo y dejando que Ron bebiera un segundo vaso de cerveza para terminar la botella, ambos se pusieron de pie dispuestos a regresar a la mesa donde habían estado sentados junto a sus amigos. Pasaron entre algunas personas que circulaban por allí y llegaron al pie de la escalera, donde tuvieron que esperar unos segundos que un grupo de gente bajara. Cuando Ron y Hermione llegaron al primer piso vieron que la mesa donde se habían sentado en un principio ahora estaba ocupada por otras personas. De seguro sus amigos se habían separado para ir a bailar, o tal vez estuvieran buscándolos debido a que Ron y Hermione se habían tardado más de lo normal en regresar. Sin preocuparse mucho por aquel hecho, ambos continuaron caminando por el laberíntico primer piso del bar hasta llegar a una especie de salón pequeño donde en vez de haber sillas había sofás con mesitas ratonas que tenían pequeñas lámparas con velas decorativas en su centro. El salón tenía apariencia de ser antiguo pero muy bien cuidado. Su piso era de baldosas negras y blancas, dando la impresión de ser un enorme tablero de ajedrez circular que terminaba donde había unas altas puertas de madera un tanto descascarada. A través de las ventanas de las puertas se veía un pequeño balcón donde había más sillas y mesas que se encontraban ocupadas por algunas parejas. Colgando del techo del salón había una araña que emitía una luz tenue que, sumada a la iluminación de las velas le daba al ambiente un aire intimista. Allí había pocas personas, por lo que Ron y Hermione pudieron hallar un lugar para poder sentarse. Sin embargo, antes de que pudieran llegar a uno de los sofás, una persona entró al salón y los llamó elevando la voz.
-¡Aquí están!-exclamó Ginny un tanto molesta.-¡Pensé que se habían ido! ¿Qué estuvieron haciendo?-preguntó mientras arqueaba una ceja en señal de desconfianza.-¿Por qué tardaron tanto?
-Sólo estuvimos tomando una cerveza…-resumió Hermione sin comprender muy bien el enojo de su amiga.-¿Pasa algo?
-No, no pasa nada.-dijo Harry, quien se había unido a ellos segundos después que Ginny.
-Por supuesto que pasa algo.-se apresuró a desmentir Ginny, quien miró a su novio con elocuencia y luego dirigió su atención a su hermano.-Es tu ex, Ron.
-Ginny…-insistió Harry pero la pelirroja volvió a mirarlo con una mezcla de elocuencia y súplica.
-¿Qué sucede con Luna?-preguntó Ron con confusión.
-Ella no, tonto. Tu otra ex.-aclaró Ginny.-Había olvidado lo mucho que me desagradaba Lavender Brown. No sé cómo pudiste soportarla por tanto tiempo.
-¿Qué…?-comenzó a preguntar el pelirrojo pero su hermana lo interrumpió hablando con indignación.
-Resulta que misteriosamente ella está aquí en tu fiesta.-comentó sin hacer pausas.-Esa mujer podrá tener escasa masa cerebral pero parece serle suficiente para hacer planes diabólicos. Y sus dos perritas falderas gemelas le aportan entre ambas una neurona más para así…
-¿De qué hablas, Ginny?-la frenó Ron de verdad confundido.
-Lavender Brown, tu ex novia, está aquí en Cabeza de Puerco.-especificó Ginny a la vez que rodaba los ojos y bufaba sonoramente.-Debo suponer que tú no la invitaste. ¿O acaso lo hiciste, Ron?-miró a su hermano fijamente como si esperara encontrar la más mínima señal de debilidad que confirmara sus suposiciones.
-No, claro que no.-negó Ron inmediatamente.-Que ella esté aquí debe ser sólo una coincidencia…
-Sí, claro. Ella sabía que hoy era tu cumpleaños y que lo celebrarías aquí.-aseguró Ginny volteándose de un momento a otro y mirando a su alrededor con atención.
-¿Y eso qué?-cuestionó Ron comenzando a molestarse por lo entrometida que era su hermana.
-¡Lavender intentará algo contigo esta noche!-explotó Ginny.-La escuché mencionándoselo a sus amigas. Sabe que estás aquí. Tu cumpleaños es la excusa perfecta. Alcohol, desenfreno, euforia en exceso que luego conducirá a un sutil manoseo que finalmente terminará en…
-¡Por favor, Ginny!-saltó Ron ya cansado de oír a la pelirroja.-Y después dices que yo soy el paranoico.-lo que menos quería era que su maniática ex novia continuara siendo mencionada en la conversación y pasara a ser tema central.
-Descuida, Ron. Puedes agradecérmelo cuando quieras, no hay prisa.-dijo Ginny poniéndose de muy mal humor ante la reacción de su hermano.-Pero preferiría un poco de cortesía, quizás un “Gracias, Ginny. Eres una buena hermana”.
Aquellas palabras fueron suficientes para que Ron cambiara su expresión de cansancio y molestia a una de seriedad y de alerta.
-¿Qué hiciste, Ginny?-preguntó temiendo escuchar lo peor.
-La escuché hablando con las Patil justo cuando tu nombre salía en la conversación…-comenzó a decir Ginny volviendo a desviar su mirada, pero esta vez no para asegurarse de que Lavender no estuviera cerca sino para evitar el contacto con los escrutadores ojos de su hermano. Estaba segura de que no le gustaría saber la verdad.-No pude evitar interrumpir como quien quiere saludar cínicamente a tres viejas compañeras del colegio…
-¿Qué fue lo que hiciste, Ginny?-repitió el pelirrojo bajando y endureciendo su voz. Su hermana se tardó un poco más de lo normal en responder. Desvió una vez más su atención hacia el resto de las personas que estaban en el bar y por fin habló:
-Le dije a Lavender que Hermione y tú están saliendo.-dijo aceleradamente como si hablar así fuera a suavizar considerablemente el duro semblante de su hermano, lo cual no sucedió sino que tuvo el efecto contrario.-Pero de todas formas te aconsejo que no te quedes solo en ningún momento porque aun así Lavender puede intentar algo…
-¿¡Que le dijiste qué!?-saltó no sólo Ron sino también Hermione, quien se había mantenido callada y expectante en toda la conversación.
-Que ustedes dos están saliendo.-repitió la pelirroja haciendo un gesto de dolor y mirando a su hermano y a Hermione en señal de disculpa.-Fue lo primero que se me ocurrió.
-Te dije que era una mala idea, Ginny.-opinó Harry al ver que tanto Ron como Hermione se habían quedado anonadados, lo cual no era buena señal.
-Debe ser una broma.-logró decir Hermione después de unos segundos.
-Como si ella fuera a creer eso.-dijo Ron rodando los ojos.
-¡Fue lo mismo que Lavender me dijo!-saltó Ginny.-Así que si ves que ella se te acerca, trata de actuar como si fueras más que el amigo de Hermione, ¿sí?
-¿Y qué se supone que debo hacer cada vez que ella me vea?-inquirió Ron comenzando a levantar la voz.-¿De repente abrazar a Hermione o algo así? ¡Se dará cuenta que todo es una farsa!
-¿Entonces quieres que ella se cuelgue de tu cuello toda la noche como si fuera una bufanda?-contraatacó Ginny también alzando la voz.-Yo quería hacerte un favor, pero si eso es lo que quieres… Puedo decirle que acaban de terminar. Eso sí sería creíble porque ustedes discuten todo el tiempo.-agregó ácidamente.
-¡No discutimos todo el tiempo!-aclararon Ron y Hermione al unísono.
-Ginny…-la llamó Harry con cierto temor.
-Ahora no, Harry. A ti también te molestaba que esa tonta saliera con mi hermano, así que…
-Viene hacia aquí…-la interrumpió Harry rápidamente luego de regresar su mirada a sus amigos.-Ya vio a Ron.
Ginny giró su cabeza para ver sin disimulo alguno hacia donde su novio había estado mirando. Divisó una larga cabellera rubia acompañada de dos cabelleras idénticas de color negro caminando en el pasillo que se formaba entre las mesas. El grupo de las tres chicas, liderado por Lavender, se dirigía justamente hacia donde estaban Harry, Ron, Hermione y Ginny.
-¡Rápido, hagan algo ahora!-exclamó la pelirroja dirigiéndose a su hermano y a Hermione.
-¿Hacer qué?-preguntó Ron sin comprender.
-¡Abrácense! ¡Dense un abrazo!-ordenó Ginny tomando a Ron y a Hermione por el brazo para que estuvieran más cerca el uno del otro.
-¡No lo creerá, Ginny!-insistió Ron.
-¡Entonces bésense!-exclamó la pelirroja mirando a Ron y Hermione fijamente.
-¿Qué?-dijo Ron comenzando a ponerse colorado ante la propuesta de Ginny.
-¡Sólo un beso!-dijo Ginny casualmente, como si quisiera quitarle importancia al asunto.-¿Quieres tener a Lavender como tu acosadora personal toda la noche?
-Yo… no, pero…-balbuceó el pelirrojo sin saber muy bien qué fundamentar en su defensa. Realmente no quería tener a Lavender siguiéndolo durante toda la noche porque sabía perfectamente hasta dónde era capaz de llegar al estar acostumbrada a conseguir siempre lo que quería. Pero no por eso tendría que hacer la locura que Ginny le había propuesto. De seguro debía haber otra solución. Si él no quería nada esa noche, Lavender no podría obligarlo. Ambos ya eran adultos y podían aceptar que su relación había fracasado rotundamente sin posibilidad de remontar vuelo. Sí, esa idea era mucho mejor y más madura. En caso de encontrarse con Lavender, si ella intentaba algo con él, Ron le expresaría su punto de vista y de seguro todo terminaría bien.
El pelirrojo desvió su mirada hacia el frente y pudo ver a Lavender Brown acercándose hacia él. Efectivamente lo había visto y se disponía a saludarlo. No obstante, antes de que Ron pudiera pensar en devolverle el saludo, ignorarla o esconderse, sintió que unas manos lo tomaban por los brazos suavemente para traerlo a la realidad. Ron regresó su atención a sus amigos, encontrándose con un par de brillantes ojos marrones que lo miraban fijamente. El corazón se le desbocó en una milésima de segundo. Conocía esa mirada y sabía muy bien lo que ocurriría a continuación. Antes de que pudiera siquiera pensar en una razón para librarse de esa inesperada situación, su amiga volvió a tirar de él para traerlo más cerca. Todo sucedió tan rápido que Ron sólo pudo cerrar los ojos y perder la razón apenas sintió los labios de Hermione posándose delicadamente sobre los suyos.
No pudo evitarlo y se dejó llevar al tiempo que tomaba la cintura de Hermione y la acercaba más, aumentando rápidamente la intensidad del beso. La castaña respondió al instante, aferrando sus manos al cuello de Ron y besándolo con mayor fuerza y decisión. Por un instante estuvo a punto de abrir más su boca debido a lo estimulante que se había tornado el beso, pero desistió y aminoró la energía de sus movimientos. Separaron sus bocas tan sólo milímetros y no pudieron evitar darse un último beso breve pero significativo, tal como debió haber sido el mismo desde un principio.
Ambos alejaron sus rostros con lentitud, pero sus cuerpos seguían estando muy cerca y amenazaban con permanecer así por más tiempo. Se dedicaron una fugaz mirada y luego regresaron lentamente su atención a sus amigos.
-¿Puedo hacerles una pregunta?-dijo Ginny luego de unos tensos segundos de silencio.-¿Acaso ustedes dos de verdad están saliendo? Porque, por el beso que acabo de ver, de verdad me lo creí.
Ni Ron ni Hermione supieron qué decir al respecto, optando por bajar sus miradas con cierta vergüenza y ruborizarse notoriamente. Por su parte, Harry aun permanecía con la boca entreabierta sin estar muy seguro de si lo que había visto había sido cierto. Al igual que Ginny, por un instante él también pensó que toda la farsa que habían montado esos quince segundos había sido real. La manera en la que sus dos mejores amigos se habían besado… Las escasas veces que Harry había visto a Ron besando a una chica, jamás lo había hecho de esa forma. Ni siquiera a alguna de sus verdaderas novias. Eso definitivamente significaba algo. Sin embargo, Harry no se extrañó mucho al descubrir qué era. De alguna manera siempre lo había sospechado por mucho que Ron se esmerara en encubrirlo cada vez que estaba en presencia de Hermione. Aunque la castaña también se había mostrado un tanto entusiasta besando a Ron, con quien discutía la mayor parte del tiempo. Además, ella no había hecho objeción alguna ante la propuesta del beso. ¡Ella lo había iniciado! Eso también debía significar algo. Harry no pudo hacer más que alzar levemente las cejas en señal de asombro y aceptación. Después de cinco años comprobaba que había más que amistad entre sus dos mejores amigos, y gracias a la sugerencia de Ginny ambos habían tenido la pequeña oportunidad de demostrar que el sentimiento era mutuo. Harry se alegraba por eso, pero lo que lamentaba era que ellos hubieran tenido que esperar tanto tiempo para tener sólo una demostración de lo que sentían el uno por el otro. Era una lástima que fueran tan cobardes y no pudieran decir lo que sentían sin que el resto de las personas, incluso ellos mismos, tuvieran que convencerse de que el beso había sido una mentira.
En cuanto todos recordaron el porqué del beso de Ron y Hermione, dirigieron sus miradas hacia el frente, apreciando que una ofendida muchacha rubia se giraba bruscamente para marcharse escaleras abajo mientras sus dos amigas la seguían tratando de apaciguar su repentina furia.
Mientras caminaba en dirección al baño podía sentir a la perfección que sus mejillas se habían encendido y que su corazón latía fuertemente contra su pecho. Aun no podía creer que hubiera tenido el valor de hacer lo que había hecho hacía dos minutos. Era muy tonto de su parte dejar que le afectara el haber besado a Ron, pues aquella no había sido la primera vez. Sin embargo, era la primera vez que lo besaba en público, nada más y nada menos que frente a sus amigos. Hermione no se sentía para nada cómoda con las muestras de afecto frente a otras personas pero esta vez había hecho una excepción, llegando a percatarse de que en realidad no le había molestado e incomodado en lo absoluto. Se había dejado llevar como si Ron y ella hubieran estado completamente solos… Debía admitir que por unos brevísimos instantes había sentido el impulso de seguir besándolo, y no de aquella forma relativamente tranquila. Todavía no podía comprender por qué Ginny y Harry los habían visto a Ron y a ella de esa manera tan sorprendida. Después de todo, Ginny había sugerido el beso y Hermione lo había hecho realidad. Porque de tratarse de Ron, él no hubiera hecho nada, dejando que Lavender Brown ganara terreno sobre él en un abrir y cerrar de ojos. Y Hermione no podía permitir aquello.
El breve gesto de enfado que se había formado en su rostro al pensar en Lavender había vuelto a aparecer mientras caminaba por el estrecho pasillo que la conducía al baño de mujeres. Una voz chillona y un tanto histérica llegó hasta sus oídos perfectamente al haber quedado entreabierta la puerta principal del baño. Sin poder evitarlo, se detuvo en seco al escuchar su propio nombre seguido de una serie de hirientes insultos.
-¡No puedo creerlo! ¡No puedo creerlo! ¡No es posible!-dijo Lavender Brown indignada mientras movía los brazos enérgicamente y su reflejo la imitaba en el extenso espejo que tenía frente a ella.-¿En qué mundo un chico increíble como Ron saldría con alguien como Hermione Granger? Es una comelibros insulsa y aburrida. ¡Ni siquiera es linda! ¿Qué habrá visto Ron en ella?
-Por favor, Lav.-trató de suavizar Parvati Patil.-Se los veía muy bien juntos. Después de todo eran y siguen siendo mejores amigos.
-Era muy probable que eso sucediera.-agregó Padma Patil.
-Entonces también fue inteligente para esas cosas, ¿no?-comprobó Lavender.-¿Lo ven? Les dije que no por nada era muy amiga de dos de los chicos más hermosos de todo el colegio. Esas eran sus intenciones…-siseó apretando los dientes.-Daba igual si se quedaba con Harry Potter o con Ron.
-Déjala ya.-insistió Parvati.-Sólo te molesta ver que Ron esté con otra persona y tú no.
-Acéptalo. Ron y tú terminaron.-le recordó Padma sin rodeos.-Es más, tú fuiste la que decidió dejarlo y ahora él sale con Hermione.
-¡Es que no es justo!-explotó Lavender encarando a sus amigas.-Ustedes vieron cómo la estaba besando. Ron nunca me besó así a mí.-dijo en su defensa y luego se cruzó de brazos endureciendo su mirada.-Por eso nunca me agradó Hermione Granger. Es una… robanovios.
-Técnicamente Ron ya no es tu novio, Lav.-aclaró Parvati temiendo contradecir a su amiga.
-…una planificadora malvada y manipuladora de chicos y…-continuó despotricando la rubia hasta que escuchó que alguien entraba haciendo chocar la puerta del baño contra la pared.
-Si tienes algo más para decirme puedes decírmelo de frente.-sentenció Hermione, quien la miraba desafiante desde el otro extremo del baño.
-¡Estabas escuchando! Así que también eres entrometida.-dijo Lavender haciendo un temible gesto de indignación.-Lo besaste frente a mí a propósito, ¿verdad? ¡Confiésalo, Granger!-la retó mientras la señalaba con descaro.
-Lo que yo haya hecho no tiene por qué importarte, Lavender.-dijo Hermione calmadamente.
-¿Pensaste que eso me afectaría? ¿Sentiste lástima por mí?-preguntó Lavender caminando decididamente hacia donde estaba Hermione.-Si eso fue lo que pensaste, estás muy equivocada. La única persona que sintió lástima en ese momento fui yo. Sentí lástima por ti.
-Sinceramente, no tengo idea de lo que dices.-informó la castaña frunciendo el ceño y mirando a su interlocutora como si estuviera loca.
-De seguro debes sentirte en tu mejor momento al saber que estás con alguien como Ron.-atacó Lavender.-Disfrútalo porque no durará mucho. Pronto él se dará cuenta de las cosas y te dejará.-agregó haciendo una desagradable sonrisa de satisfacción.
-¿Es que sufriste un repentino retroceso mental y volviste a la secundaria de nuevo?-preguntó Hermione alzando los brazos y mirando al techo como si todo estuviera perdido.-Por favor, hazme creer por un segundo que de verdad eres una persona madura y ten la decencia de aceptar que lo de Ron y tú terminó. ¡Hace años! ¡Tú lo dejaste! Supéralo.-le aconsejó alzando la voz.-Fue lo mejor que pudiste haber hecho. Él era demasiado bueno para ti.
-Bien, quédatelo entonces, Granger.-dijo Lavender haciendo señas y muecas, como si estuviera lanzándole una maldición a Hermione. Aunque inmediatamente la rubia cambió su expresión a una de burla.-Pero al menos yo estuve con él antes que tú. Tal parece que te gané. Lo siento, Señorita Perfecta, pero no se puede ser siempre la mejor en todo.
-¿Y quién dice que tú lo tuviste primero?-dejó escapar Hermione sin poder evitar hacer la misma expresión que Lavender.
Fue demasiado. Lavender miró a Hermione con los ojos como platos y lo próximo que vio la castaña fueron unas manos con largas uñas acercándose decididamente a su rostro.
¿Qué demonios había sucedido hacía tan sólo dos minutos? Aquella pregunta se había instalado en la confundida mente de Ron con el único propósito de perturbarlo más e invitarlo a cometer alguna locura. Hermione y él se habían besado, en público. Eso había sucedido. Y Harry y Ginny los habían visto. Ron había visto sus caras de asombro, dando a entender que el beso había ido más allá de lo planeado. Tendría que haberse controlado más sabiendo que no estaba solo. Como si hubiera sido posible hacerlo si el único pensamiento en su mente era el de la imagen de su mejor amiga y él desnudándose entre besos desesperadamente en su habitación. Además, si el beso hubiera sido discreto Lavender no se lo hubiera creído. Al menos el beso no había sido en vano. Por la expresión de su ex novia, Ron sabía que estaba más que molesta y no sería para nada aconsejable cruzársela por el bar el resto de la noche y por al menos un par de años. Por otro lado, Ron debía suponer que Hermione también había pensado lo mismo que él, porque de lo contrario su boca y sus manos no se hubieran mostrado tan entusiastas. La inspiración debía de haber surgido de algún lado. De alguna imagen mental, tal vez. ¿Y qué seguía a continuación? Esa era la otra pregunta que deambulaba por la mente de Ron mientras bajaba por segunda vez las escaleras del bar. Era obvio: un trago. Quizás más de uno. O más de diez. Todo dependía de lo que sucediera en los próximos minutos. ¿Qué sería peor: soportar incómodas preguntas de parte de Ginny, tener que esquivar las miradas de reojo de Harry o ser partícipe nuevamente de una continua, agobiante y silenciosa complicidad con Hermione? En caso de ser las tres, Ron estaba más que seguro que no sobreviviría a tales presiones sin ayuda del alcohol. Fue por eso que el pelirrojo se dirigió decididamente hacia la barra, listo para ordenar unas rondas de vodka como normalmente hacía en su cumpleaños. Si tenía suerte, lograría emborracharse rápido. Y si tenía más suerte aún, conseguiría una chica cualquiera y se largaría de allí como debía haber sucedido desde un principio. Aquello sería genial. De esa forma su beso con Hermione pasaría fácilmente a un segundo plano y sus amigos comentarían con todos un nuevo y esperado incidente de Ron Weasley el 1º de marzo. No sería bueno decepcionarlos.
Tropezándose con algunas personas, Ron sólo estaba a unos cuantos metros de la barra cuando se encontró con Luna y Neville, quienes se aliviaron al verlo caminar hacia ellos.
-¡Ron, aquí estás! Hermione ha estado buscándote desde hace como media hora.-informó Neville.
-Lo sé. Ya me encontró, en realidad.-dijo Ron haciendo una breve sonrisa.-Ahora es ella la que se ha ido al baño.
-Y tú vas a buscarla.-agregó Luna suavemente.
-De hecho, no.-negó Ron rascándose nerviosamente la nuca.-Voy a la barra a beber unos tragos.
-Es una pena. Creí que resistirías más tiempo esta noche.-se lamentó en decir Luna impasiblemente.
-También yo.-coincidió Ron sin lamentarlo en lo absoluto.-También yo.
-¿Sucede algo?-preguntó Neville frunciendo un poco el ceño.
-Creo que “algo” es poco.-dijo Ron enigmáticamente.-Pero para eso está el alcohol, ¿no?-bromeó haciendo una breve y ansiosa sonrisa que delataba su desesperación por un trago.
-No lo creo.-desestimó Luna sin molestarse.-Parece que lo que necesitas es sexo y no alcohol.-agregó mirando analíticamente a Ron de pies a cabeza.-¿No es cierto, Neville?
-Bueno, yo…-titubeó incómodo su novio.
-Es más saludable, en teoría. Aunque hay casos en los que…-comenzó a contar la rubia pero Ron la interrumpió al instante al ver hacia dónde iba la conversación.
-Gracias por el consejo, Luna. Lo tendré en cuenta.-dijo Ron con sinceridad.-Sólo que de momento me quedo con el alcohol.
-Ron, creo que no deberías beber solo…-opinó Neville tratando de no sonar muy entrometido.-¿Quieres que te acompañemos?
-Estaré bien. Lo prometo.-aseguró Ron convincentemente.
Sin embargo, apenas unos segundos después de haberse librado de Luna y Neville, Ron nuevamente fue retenido de su objetivo. Antes de llegar a la concurrida barra, tuvo la oportunidad de ver que del baño de mujeres salía una esbelta chica de ojos llorosos visiblemente molesta. Segundos después la puerta del baño volvió a abrirse para dar paso a una chica también molesta, tratando de arreglarse su desalineado cabello rubio mientras intentaba alcanzar a la chica de cabello castaño que había salido primero. Ron sólo tuvo que ver la escena un instante para unir los hilos de los hechos. Ignorando completamente a Lavender Brown siendo retenida por sus amigas gemelas, la atención de Ron se centró en Hermione, quien rápidamente se ponía su abrigo que había tomado del perchero que estaba a la entrada del bar. Sin voltearse en ningún momento, Hermione salió de Cabeza de Puerco echa una furia y aceleró más aun el paso logrando que su cabello y su vestido ondearan con su andar decidido. Por más que Ron hubiera deseado seguirla inmediatamente, su intento se vio interrumpido por Lavender, quien había logrado librarse de sus amigas y ahora se interponía entre él y la salida. Lamentablemente lo había encontrado y ahora lo miraba sin parpadear. Antes de que Ron pudiera pensar en decir algo, sintió una rápida, fuerte y sonora bofetada impactándole de lleno en la mejilla izquierda.
Después de haber dejado escapar unas cuantas lágrimas en su camioneta camino a su departamento, Hermione se había equivocado al pensar que sentiría alivio al llegar a la tranquilidad de su sala de estar. Al menos ya había dejado de llorar, pero su interior continuaba agitado y buscando algún medio por el cual descargar toda la furia que sentía. Por suerte encontró algo con qué hacerlo. Luego de quitarse sus incómodos zapatos los lanzó fuertemente contra el sofá, logrando que rebotaran y cayeran al suelo en medio de la sala. No le importó en lo absoluto que eso alterara el orden a su alrededor y continuó arrojando cosas. Se quitó su abrigo secamente, aventándolo contra una silla que seguramente Ginny había dejado fuera de lugar esa misma tarde. Ignoró que uno de los botones del abrigo se había salido a causa de su brusquedad y prosiguió a quitarse los pendientes y la delicada pulsera de plata que se había puesto. No le importó en lo absoluto y fue lanzándolos descontroladamente contra la mesa. Estuvo a punto de hacer lo mismo con las hebillas de su cabello cuando el sonido de alguien golpeando fuertemente la puerta la sacó de sus corrosivos pensamientos.
Una nueva e inexplicable oleada de furia se apoderó de ella al tiempo que avanzaba por la sala enérgicamente. Luego de abrir la puerta, se encontró de frente con los azules ojos de Ron que la miraron fijamente en busca de una explicación.
-¿Por qué demonios no usas el portero eléctrico?-exclamó la castaña secamente.
-¿Para que sepas que soy yo y no me abras la puerta?-contraatacó Ron.
-¡Sí!-saltó Hermione y luego se alejó de él regresando a la sala de estar.-¿Por qué viniste hasta aquí? Regresa con los demás a festejar tu cumpleaños.-le ordenó señalándole la puerta.
-¿Por qué te fuiste de la fiesta? Pasó algo.-dijo Ron seriamente.
-No pasó nada.-negó Hermione al instante.
-Te vi saliendo del baño de chicas. Estabas llorando.-destacó el pelirrojo adoptando un tono de voz calmado.
-No estaba llorando, Ron.-volvió a negar la castaña tercamente.
-¿Fue por culpa de Lavender?-continuó interrogando él.
-No, fue por otra cosa.-aclaró Hermione sin pensar en lo que estaba diciendo. Jamás le perdonaría a esa rubia estúpida el haberla hecho llorar de nuevo.
-Entonces sí estabas llorando.-comprobó Ron logrando que su amiga perdiera la poca paciencia que le quedaba.
-¡Pero qué pesado eres!-exclamó completamente sulfurada. No esperó que Ron dijera alguna otra pregunta o comentario y lo tomó del brazo fuertemente para arrastrarlo hasta la puerta. El pelirrojo no pudo hacer nada al respecto para lograr que Hermione lo escuchara, por lo que tendría que imitar su comportamiento y unirse en la discusión.
-¿Por lo tanto debo regresar a Cabeza de Puerco y preguntarle a Lavender por qué me golpeó al salir del baño de chicas?-preguntó frenándose bruscamente y haciendo que Hermione se tropezara con el zapato que había tirado hacía unos segundos.
-¿Te golpeó?-repitió Hermione incrédulamente, olvidando por un momento que estaba molesta.-Es una… perra…
-¿Puedo suponer que la razón por la cual ella me golpeó fue debido a algo que tú le dijiste?-prosiguió Ron, sorprendiéndose al escuchar hablar así a Hermione. Debía de estar demasiado molesta para usar aquel lenguaje.
-¿Qué? ¿Por qué habría yo de dirigirle la palabra a esa estúpida?-dijo Hermione haciéndose la desentendida.-¡Ella y yo no tendríamos nada de qué hablar! Creo que a estas alturas ya deberías saber que si una chica golpea a un chico es porque se lo merece.
-Tienes razón, discúlpame.-agregó Ron irónicamente.-Entonces tú no hablaste con Lavender, sólo le tiraste el cabello y yo me merecía ese golpe frente a todo el mundo. ¿Y qué significa si una chica golpea a otra chica?-continuó diciendo con aquel exasperante tono de voz.
-¡Yo no la golpee!-bramó Hermione volviendo a empujar a Ron para hacer que se largara de su departamento.-¡Sólo le tiré del cabello! ¡Ella fue la que me golpeó!
-¡No puedo creerlo!-dijo Ron haciendo una sonrisa colmada de incredulidad.-¡No puedo creer que me perdiera eso! ¡Hermione Granger peleándose con una chica! Toda una buscapleitos.
-¡Para tu información, lo hice por ti!-aclaró la castaña tirando del brazo de Ron para voltearlo y que él quedara frente a ella.-Por si no lo recuerdas, se suponía que debíamos pretender que éramos una pareja. ¿Qué clase de novia sería si no me atreviera a defender a la persona que amo?-añadió, dándose cuenta al instante que había hablado más de la cuenta. Como si nada extraño hubiera sido dicho, e ignorando la expresión de sorpresa del rostro de Ron, Hermione prosiguió con sus palabras:-Honestamente, Ron, creo que podría entender más rápido la Teoría de Cuerdas que la razón por la cual saliste con Lavender La Estúpida Brown. Sí, ella puede ser bonita y todo lo demás, pero por dentro es horrible y repulsiva, y tú lo sabes. ¡Siempre lo supiste! Merecías a alguien mucho mejor que ella, y yo me encargué de decírselo personalmente.
Sin esperar que el pelirrojo respondiera a aquel monólogo, Hermione volvió a tomarlo con fuerza por el brazo para conducirlo fuera del departamento. No obstante, Ron la frenó deteniéndose en el vano de la puerta.
-Si eso es lo que piensas de todo el asunto, si tanto te molesta que haya tenido algo con Lavender, creo que debería decirte por qué salí con ella.-opinó Ron tranquilizándose y mirando fijamente a Hermione.
-¿Sabes qué? No quiero saberlo.-confesó Hermione sonriendo para sus adentros y sabiendo lo mucho que le molestaría a Ron aquella respuesta.
-¿Por qué no?-preguntó Ron sin delatar su enojo ante la falta de curiosidad de Hermione. Ella debía saberlo. Hermione debía saber que salir con Lavender había sido sólo un medio para ponerla celosa, para llamar su atención, para asegurarse de que él le realmente le importaba a pesar de haberlo utilizado en el pasado. Y recién cinco años después todo estaba dando resultado por más que Hermione se esmerara enormemente en aparentar que el asunto no le interesaba en lo absoluto. Podía ver claramente la chispa de furia contenida en los ojos de Hermione, sólo que esta vez estaba acompañada de algo más. Fue suficiente con que Ron moviera un poco el brazo que su amiga continuaba sujetándole para comprobarlo. A pesar de haberlo arrastrado camino a la salida por toda la sala, esta vez Hermione no estaba haciendo nada por soltarle el brazo y dejarlo ir.
Aquella cercanía extrema entre sus rostros fue suficiente para que ambos pudieran leer sus pensamientos y comprobar que querían hacerlos realidad con la misma convicción. Sin embargo, fue Ron el que dio el primer paso. Hermione no pudo más que sentir una satisfacción infinita debido a que su imaginario plan había funcionado. Lo que verdaderamente no había planeado había sido lo de Lavender Brown. Si bien la rubia había ocasionado que Hermione se marchara de la fiesta, eso logró que Ron la siguiera hasta su departamento, siempre preocupándose por ella más de lo normal. Y ahora allí lo tenía, justo como lo quería: besándola fervientemente y dejando completamente de lado la discusión que acababan de tener. Hermione no podía culpar a Lavender por haber querido intentar algo con Ron esa misma noche, pero debió impedirlo urgentemente debido a que a ella también se le había ocurrido lo mismo. Con la única diferencia de que a Hermione le había funcionado. Después de todo era mucho más astuta que Lavender Brown y ese era el tipo de mujer que necesitaba Ron. Alguien inteligente, firme, decidida y que supiera valorarlo en todos los aspectos de su personalidad. A simple vista su amigo parecía un chico simple, inocente y tímido, pero todavía resultaba casi imposible de creer que una persona así pudiera besar tan bien. Cada beso había logrado alterar a Hermione hasta desaparecer fácilmente su conciencia y darle lo más parecido a unas vacaciones, llevándola a un sitio muy lejano que, sospechaba, se encontraba fuera de sí misma. Supo que ya no estaba pensando en nada racional cuando se encontró a sí misma deseando desesperadamente que Ron la tocara. Lo necesitaba demasiado. Lo había estado anhelando desde hacía días. No tuvo que esperar mucho tiempo, pues sintió a la perfección las manos de Ron encontrándose otra vez con las curvas de su cintura que tanto parecían provocarlas. Hermione vio cómo aquel contacto hacía efecto rápidamente en su cuerpo, sensibilizándolo notoriamente y haciéndolo víctima de inevitables estremecimientos y sacudidas. Su corazón también estaba sufriendo los efectos de tantas sensaciones simultáneas y ahora se encontraba latiendo como un incansable tambor contra su agitado pecho.
Luego de cerrar distraídamente la puerta principal, Hermione recargó su espalda contra la pared y quedó acorralada sin la más mínima posibilidad de escaparse de las manos de Ron. Fue en ese momento cuando volvió a percatarse de lo alto y fornido que él era. Se trataba de uno de los hombres más fuertes que había conocido en su vida. Todo un ejemplar que estaba pasando de ser una tentación a convertirse en un vicio para ella. No sólo era físicamente perfecto, sino que también olía increíblemente bien. Ron siempre se había caracterizado por tener un aroma especial que lo distinguía. Hermione aun no sabía cómo describirlo ni con qué relacionarlo, pero sabía que era su esencia. Tan exquisita como el aroma de su cabello, si llegaba a percibirlo debido a lo sutil que era. Estando tan pegada a él, Hermione podía sentir el aroma de su amigo impregnado en su ropa, desprendiéndose de ella e intoxicándole los sentidos.
Olvidando todo recaudo, lo condujo hasta su habitación y una vez allí fue guiándolo resueltamente hasta su cama. Hermione se sentó a su lado, prácticamente pegada a él para aprovechar al máximo la peligrosa cercanía que habían ganado en cuestión de segundos. Ron no pudo evitarlo. Estar besándola no era suficiente. Había luchado contra sus impulsos pero aquello siempre resultaba en vano. Deslizó con seguridad una de sus manos por el muslo derecho de Hermione sin siquiera pensar que fuera algo incorrecto, pues dentro del todo eso sería lo más leve que pudiera llegar a hacerle. Sabía de lo suave que eran sus piernas, por lo que cada ínfima porción de piel que hacía contacto con la palma de su mano al escabullirse discretamente bajo su vestido estaba volviéndolo completamente loco. Sin embargo, pronto eso también dejó de ser suficiente. Ya no se estaba conformando con apoderarse de esa pequeña parte del cuerpo de su amiga. Quería mucho más. Fue por ello que entre besos su otra mano avanzó hasta su rostro, luego hasta su cuello y finalmente hasta su hombro, dejando caer el tirante de su vestido escotado. Hermione no pudo contener su tranquilidad por mucho más tiempo al sentir que la mano de Ron ya había llegado prácticamente hasta su cadera y continuaba oprimiendo inconscientemente su muslo, desencadenando que lo besara con más fuerza y que todos sus sentidos se excitaran violentamente y comenzaran a salirse de control. ¿Por qué siempre se apoderaba de ella aquel impulso de ferocidad cada vez que Ron la tocaba de esa forma? Deseaba matarlo por lo que estaba haciéndole pero al mismo tiempo también sería capaz de matarlo si él se detenía. Para acompañar aquel impulso asesino que la estaba invadiendo, también había aparecido en ella la poderosa necesidad de arrancarle la ropa, tal como había sucedido la última vez. Pero también deseaba seguir besándolo fervientemente. Quería hacerle tantas cosas a la vez, y que al mismo tiempo él no dejara de encenderla más a cada segundo. Odiaba que Ron pudiera volver de su mente un completo caos cuando nadie más podía hacerlo y que él lograra permanecer mucho más calmado que ella misma. ¿Por qué en ese caso se invertían los papeles? ¿Y por qué eso le gustaba terriblemente?
Hermione no tuvo tiempo de responder a esas contradictorias preguntas porque la agresividad volvió a poseerla al percibir claramente que los dedos de Ron se deslizaban por medio de su entrepierna, presionándola con determinación y logrando que aquel pulsante estremecimiento se apoderara de la parte más baja de su vientre. Tomó a Ron por su chaqueta y lo empujó decididamente hacia atrás, lanzándolo sobre la cama y terminando con los incitantes besos. El pelirrojo no quiso ser avasallado, por lo que comenzó a incorporarse y a acomodarse en la cama recargándose en sus codos mientras Hermione le bajaba el cierre de su chaqueta y volvía a acercar su rostro peligrosamente al de él. Ron no pudo evitarlo y le robó un beso. Y luego otro, y otro y otro. Aquellos besos cortos fueron haciéndose cada vez más largos, retomando la misma intensidad que los anteriores y rápidamente superándolos en tiempo y en número. La castaña fue avanzando cada vez más sobre él hasta que su cuerpo volvió a estar prácticamente pegado al suyo. Una de las manos del pelirrojo retomó su antigua posición en el hombro de Hermione y quiso continuar bajando aquel molesto tirante del vestido para finalmente terminar de quitarlo. Al ver que aquella no era la solución, dirigió su completa atención al extremo inferior del vestido, volviendo a subirlo con la excusa de sentir nuevamente la tibia y sedosa piel recubría aquellos firmes muslos. Hermione también se dio cuenta de que su vestido comenzaba a ser una molestia para ambos, por lo que le hizo las cosas más simples a Ron y extendió un poco sus brazos y dejó que él se lo quitara, pues de esa forma podría sentir sus fuertes manos también sobre la parte superior de su cuerpo, mezclándose por instantes con la suavidad de la tela al deslizarse sobre su piel sensible. Simultáneamente a aquella acción, Hermione fue sentándose a horcajadas sobre Ron y, cuando terminó de despojarla de su molesta ropa, él se encontró con una perturbadora imagen: Hermione estaba sentada sobre sus piernas y llevaba un conjunto de ropa interior de color lila cuya pieza superior resaltaba perfectamente la elevación de sus pechos mientras que la inferior también ayudaba adaptándose a las curvas de su cintura y de sus caderas. Resultaba irónico que Hermione se empeñara en usar ropa interior de colores tan inocentes cuando ella ya había demostrado que no lo era en lo absoluto. Pero aun así él no podía evitar sentirse seducido por aquella ropa tan simple y común. No sólo había logrado que no pudiera apartar la mirada de los pechos de Hermione sino que ahora no pensara en otra cosa más que en tocarlos descaradamente junto con el resto de su cuerpo. No obstante, optó por no desnudar tan rápidamente a su amiga y disfrutar un poco más de aquella extremadamente seductora imagen que quizás no tuviera muchas oportunidades de ver.
En su pecho se mezclaban infinidad de sentimientos que colisionaban entre sí produciendo un frenesí de emociones imposibles de contener. Era aquel impulso demencial y suicida que siempre había mantenido reprimido en la presencia e incluso en la ausencia de su amiga. Aquel impulso que había tratado de ignorar con el alcohol o que se trasladara y fuera provocado por otra mujer, pero que siempre había fracasado rotundamente. En el fondo lo sabía muy bien: nunca había querido deshacerse de esa sensación, pues le hacía cometer locuras, le proporcionaba una pequeña pero intacta esperanza y lo mantenía vivo. Y quería que Hermione lo supiera cuanto antes. No sólo eso. Quería tenerla sólo para él, un pensamiento sumamente egoísta pero totalmente justificado. También quería cobrarle todas las veces que la había deseado y que ella no había estado allí. No debía alejarse nunca más, y si llegaba a hacerlo esta vez él se encargaría de no dejarla ir. Sería capaz de secuestrarla, de encerrarla en su habitación y de encadenarla a su cama, por muy perturbador que eso fuera. Pero serían medidas sumamente necesarias y también totalmente justificadas. ¿Acaso Hermione aún no podía ver que él la amaba con la más violenta de las locuras? Si ella realmente no lo sabía aún, entonces Ron se encargaría de demostrárselo.
Dejó que la castaña le quitara su chaqueta y, para ahorrar tiempo, le quitara el jersey y su camiseta de mangas cortas a la vez. Pero luego con decisión fue apoderándose del torso de Hermione, enroscando sus largos brazos por su espalda y trayéndola más cerca mientras ella le rodeaba el cuello distraídamente y se dejaba encender con sus desinhibidas manos. La castaña no pudo detener a Ron en sus acciones y él supo tomar ventaja de aquel momento de debilidad de parte de ella para invertir las posiciones. Su amigo había avanzado en la cama y ahora era ella la que estaba siendo rodeada. Entreabrió sus piernas para que él se acercara más a ella. Cuando creyó que el pelirrojo iba a terminar de desnudarla, Hermione se sorprendió de sentir que los labios de su amigo se depositaban en su fino cuello. Nunca nadie la había besado allí. Ni mucho menos de aquella manera. Pronto sintió los labios de Ron no sólo en su cuello sino también justo donde comenzaban a insinuarse sus pechos, luego descendiendo por su estómago hasta un punto entre su ombligo y su ropa interior. No pudo evitar hundir involuntariamente su vientre ante la sensación. Era como tener cosquillas y escalofríos al mismo tiempo. Como si algo estuviera revoloteando en su interior y pareciera ponerse sumamente contento con sentir los labios de Ron al hacer contacto con su erizada piel. Llegó a recibir un beso en su rodilla izquierda, por más gracioso que eso le resultara. Pero no fue tan cómico cuando él regresó por su trayecto inicial y le besó la entrepierna, muy cerca de donde comenzaba su intimidad. Eso sólo le recordó lo excitada que estaba. No habían tenido tantos encuentros como para que supiera si él tenía ciertas perversiones, ni mucho menos cuáles eran en caso de realmente poseerlas. Si a Ron le apetecía besarla y eso lograba estimularlo mucho más, entonces que lo hiciera con suma confianza y seguridad, pues Hermione no sólo había disfrutado de aquellos besos al sentirse fuertemente seducida sino que al mismo tiempo no había podido evitar tener una sensación distinta que iba más allá de un placer puramente físico y pasajero. Aquel extraño revoloteo en su interior nunca antes lo había sentido. Al menos no con tanta intensidad, pero había sido reconfortante al igual que la sensación de estar flotando que le había provocado. Una misteriosa seguridad que le decía que a pesar de estar haciendo un acto sumamente egoísta y de beneficio personal, al menos lo estaba haciendo con la persona adecuada.
Cuando el rostro de Ron volvió a estar a la altura del de ella, Hermione pronto volvió a sentir los labios de su amigo presionando su cuello deseosamente. Cerró los ojos y entreabrió levemente su boca. No pudo evitarlo y dejó que su mejilla se deslizara sobre la de él, acariciándola adictivamente para demostrarle lo mucho que le gustaban esos besos. Luego los labios de Hermione se unieron a aquellas caricias, deslizándose por su rostro junto con su respingada nariz, percibiendo nuevamente su delicioso aroma natural.
Aquel juego previo, aquel aperitivo, era tan bueno como el plato principal y no hacía más que prepararla completamente para la acción. Su cuerpo estaba ciego por tantos estímulos físicos y deseaba descargar finalmente todas sus tensiones en aquella desordenada cama. Fue por ello que cuando tuvo los labios de Ron de nuevo a la vista, los besó profundamente, introduciendo su lengua en su boca y dejando que la de él hiciera exactamente lo mismo en la de ella. Sus delicadas manos se sintieron en su derecho al recorrer su musculosa y larga espalda, presionando las yemas de sus dedos en su parte superior y luego enroscando sus brazos alrededor de su cuello, finalmente acariciando su cabello rojo. Las piernas de ambos eran un completo enredo como sus cuerpos. Ron sí que era grande y fuerte, y a simple vista podría parecer mucho para ella. Pero Hermione sabía arreglárselas muy bien. Además, aquel era el tipo de hombre que a ella más le atraía y no dejaría que nadie le diera consejo alguno sobre sus particulares gustos.
No sabía por qué, pero Hermione sentía que una extraña sensación de bienestar la invadía. Era como estar cumpliendo una fantasía muy secreta. Quizás se debiera al hecho de estar sucediendo en su habitación, la cual consideraba aburrida, un tanto depresiva y muy ordenada. Pero ahora era todo lo contrario. Sobre todo su cama, que en esos momentos parecía ser una especie de tempestuosa nube debido a las arrugadas sábanas blancas arremolinadas en sus extremos y formando jirones de suave algodón. Y dos cuerpos desnudos se encontraban en esa nube, flotando en ella como si estuvieran sumidos en el más increíble sueño del que mejor era no despertar. Era perfecto porque en esos instantes no existían el tiempo ni las preocupaciones que pudieran distraerlos. La ciudad, la vida, todo seguía con su perpetua rutina mientras ambos se salían de ella para entrar en un mundo donde sólo ellos existían y nadie ni nada más eran necesarios. Donde lo único que necesitaban para sobrevivir era estar muy cerca el uno de otro, tan cerca como para respirar el mismo aire y que ninguno de los dos pudiera distinguir dónde comenzaba y dónde terminaba cada cuerpo. Tan cerca como para lograr que sus corazones se sincronizaran y latieran con el mismo ritmo acelerado. En aquella proximidad los secretos dejaban de existir, descubriendo que en realidad no había muchos sino sólo uno. Una necesidad, un deseo: compartir aquel momento, pues ambos se habían elegido mutuamente desde un principio para poder liberar y expresar lo que guardaban en lo más profundo de su ser y que nadie más se molestaba en comprender. Que el mundo los ignorara de nuevo aquella noche. No les importaba en lo absoluto. Que el mundo continuara sin tenerlos en cuenta. No lo necesitaban para entregarse completamente como si ese momento de sus vidas fuera el último. Ellos lo eran todo y eso abarcaba cada porción de la existencia.
Se habían dedicado a mirarse a los ojos por largos segundos mientras sentían sus cuerpos completamente exhaustos y aun percibiendo al rojo vivo donde sus manos se habían deslizado. Sus cálidos alientos impactaban en sus rostros, en los cuales relucían algunas pequeñas gotas de sudor. Pero no importaba el cansancio. Lo único que importaba era complacer los mandatos de sus cuerpos, de sus corazones y de sus almas. Y eso daba la impresión de ser imposible, pues ambos podían presentir y asegurar que nunca obtendrían suficiente el uno del otro. Cada repetido roce continuaba provocando estremecimientos y desatando una pasión enceguecida que debía ser alimentada con más caricias y peligrosos roces en los lugares más sensibles de sus cuerpos. Eso terminaba desatando más pasión y conduciéndolos nuevamente a un círculo vicioso del que no querían salir jamás. Ignoraron el agotamiento y la agitación mientras se intoxicaban con los más desesperados besos trayéndose más cerca a pesar de estar ya muy juntos, como si alejarse un centímetro pudiera hacerlos desaparecer. Sus cuerpos volvieron a confundirse y a enroscarse entre las desordenadas sábanas blancas. La temperatura subía en cuestión de segundos y pronto las expresiones como “tener sexo” o “hacer el amor” dejaban de tener sentido al ser insuficientes para explicar lo que cada uno estaba viviendo. Aquello era mucho más que eso.
Lo despertó el sonido de un molesto despertador que por suerte logró callar al instante al darle un manotazo aun con los ojos cerrados. Luego de unos segundos aquel hecho le pareció extraño, pues él no tenía la mesita de noche orientada al lado derecho de la cama. Abrió los ojos y vio la hora en el despertador electrónico que tenía enfrente. Eran las ocho en punto de la mañana. Demasiado temprano para su gusto. Deslizó la vista hacia la ventana que tenía a unos metros de distancia. La luz del día se colaba de lleno en la habitación al no haber sido corridas las cortinas. Pronto Ron se percató de que no se encontraba en su habitación sino en la de Hermione. No le hizo falta preguntarse cómo había terminado durmiendo allí porque lo recordó al instante. Además, ver en el suelo su propia ropa junto con un vestido y ropa interior de mujer sólo ayudó a corroborar todo. Se volteó lentamente esperando encontrarse con un par de ojos castaños mirándolo fijamente. Pero eso no sucedió. En lugar de encontrarse con el somnoliento rostro de Hermione al haber escuchado la alarma del despertador, Ron sólo pudo apreciar la espalda desnuda de su amiga en el otro extremo de la cama. Dedicándose a contemplarla, el pelirrojo deslizó lentamente su mirada por su ondulado cabello desperdigado en la almohada, luego por su larga espalda, y finalmente recorriendo el resto de las curvas de su contorneado cuerpo, casi lamentándose que estuviera cubierto por las sábanas blancas. Su pensamiento egoísta fue rápidamente reemplazado por preocupación al percatarse de que seguramente Hermione debía de tener frío al estar la mitad de su cuerpo expuesto. Dudó unos segundos en cubrirla correctamente con las sábanas por temor a despertarla. Aunque pronto se preguntó por qué ella se había ido a dormir al otro extremo de la cama en lugar de quedarse junto a él todo el tiempo. Ron recordaba haberse dormido a su lado luego de que ambos se hubieran besado hasta el cansancio extremo. La fuerte necesidad de tirar de ella para traerla junto a él y abrazarla invadió a Ron. Pero desistió con la misma velocidad debido a que sabía que aquella muestra de afecto le molestaría a Hermione. Una vez que el desenfreno del momento pasaba ya no era para nada conveniente intentar algo como eso porque lamentablemente su amiga volvía a ser como siempre.
Siendo conciente que tendría que marcharse pronto, Ron se dedicó una vez más a contemplar ininterrumpidamente a Hermione, a escuchar su suave y pausada respiración al dormir y a percibir su delicado perfume impregnado en cada centímetro de la cama. Se preguntó si ella estaría soñando y, en caso de ser así, cuáles serían sus sueños y si él estaría en alguno de ellos. Sólo esperaba que el Ron de esos sueños tuviera un poco más de suerte que el de la realidad y se encontrara abrazando a Hermione fuertemente mientras le decía al oído lo mucho que la amaba.
El regreso a casa le pareció demasiado breve. Ron ni siquiera recordaba haberle pagado al taxista, ni mucho menos haber caminado hasta la entrada de la casa. Su mente parecía haberse quedado junto a Hermione en su espaciosa cama. No podía dejar de pensar en ella, en todo lo que había sucedido anoche y en que había tenido el mejor cumpleaños de su vida. Aunque la peor parte fue la despedida, pues la misma había sido fría, vaga, indiferente. Quizás se debiera a que Hermione aun hubiera estado cansada o a que Ron debía marcharse pronto por temor a que Ginny pudiera regresar en cualquier momento al departamento. Aquello le recordó que su molesta hermana no había vuelto al departamento en toda la noche. Lo cual había sido bueno. No se preocupó mucho por ese hecho porque de seguro debía haber alguna explicación y Ron sinceramente no tenía ganas de pensar en ello.
Bostezó perezosamente antes de entrar a la casa, al tiempo que se percataba de lo hambriento que estaba. Hubiera sido bueno que Hermione lo hubiera invitado a quedarse a desayunar con ella. Luego podrían haber visto televisión, o quizás no porque tal vez hubieran comenzado a besarse a la mesa mientras a ambos se les ocurría regresar a la cama… A lo mejor ese pensamiento hubiera sucedido realmente en algún universo paralelo, porque en el universo en el que se encontraba Ron no podían suceder tantas cosas buenas en tan poco tiempo. Lo comprobó fácilmente, porque apenas hubo entrado en la sala se encontró con la severa mirada de su hermana. Entonces Ginny había pasado la noche con Harry al ver que ambos tendrían la casa para ellos solos. La pelirroja estaba sentada a la mesa seguramente esperando el desayuno que Harry debía de estar preparando. Ron la ignoró y prosiguió su marcha hacia la cocina.
-¿Te divertiste anoche, Ron?-no pudo evitar decir Ginny.
-No estuvo mal.-respondió Ron hablando con la voz rasposa.
-Me alegro. Porque no esperaba menos de ti, ¿sabes?-continuó hablando su hermana en un todo de voz idéntico al que adquiría su madre cuando se molestaba.
-Qué alivio saber que no te decepcioné.-dijo Ron con ironía mientras seguía caminando lentamente.-¿Ya lo sabe toda la familia, hermanita?
-¡Eres un inmaduro!-saltó la pelirroja sin poder contenerse.-De seguro por eso se marchó Hermione: porque uno de sus mejores amigos es un alcohólico y promiscuo incorregible.-agregó ácidamente.-Ni siquiera estando ella presente en tu fiesta pudiste contenerte. Fred, George y Charlie llegaron luego y tuve que decirles que te habías ido al demonio. Debería darte vergüenza.
-Déjame en paz, Ginny.-le ordenó Ron cansinamente.
-¡Necesitas ayuda profesional, Ron!-advirtió Ginny desde la sala.
-¡Ni siquiera sabes lo que pasó!-dijo el pelirrojo alzando la voz. Llegó a la cocina, donde se encontró con Harry, y se aproximó al refrigerador.-¡Y no estaba ebrio cuando me fui!-agregó luego de unos segundos.
-¡No me hagas reír!-dijo su hermana en un irritante tono de voz.
Ron no dijo nada más al respecto y se concentró en sacar la leche del refrigerador junto con la mitad de su pastel de cumpleaños que había sobrado del día anterior. Llevó ambas cosas al mesón de la cocina y se dispuso a desayunar. Mientras tomaba una cuchara para sopa y comenzaba a cortar irregulares trozos de pastel, se percató de que su amigo lo estaba mirando. En realidad estaba mirando el estado en el que estaba luego de haber pasado toda la noche fuera de casa. El cabello de Ron estaba alborotado y apelmazado en algunos sectores de su cabeza, una parte de su jersey estaba metida descuidadamente dentro de sus pantalones y su chaqueta estaba muy arrugada.
-¿Ahora tú también me dirás algo?-preguntó Ron tomando el envase de leche y llevándoselo directamente a la boca.
-No, claro que no.-dijo Harry haciendo una pequeña sonrisa al tiempo que se recargaba sobre el mesón de la cocina.-Creo que Ginny ya lo dijo todo.
-Entonces sufre de locura porque está hablando sola en la sala.-notó Ron al prestarle atención nuevamente a su hermana, quien continuaba despotricando contra él.
-¡Escuché eso!-saltó la pelirroja.
-Creo que es en estos momentos en los que me alegro de no tener hermanos.-confesó Harry al tiempo que Ron hacía una sonrisa y se llevaba una suculenta cucharada de pastel de chocolate a la boca.
-¡Ojalá yo pudiera decir lo mismo, Harry!-volvió a decir Ginny desde la sala de estar.
Sin muchos deseos de quedarse a desayunar con Harry y Ginny para escuchar más reproches de parte de su entrometida hermana, Ron optó por cortar una exagerada porción de pastel, servirla en un plato y llevársela junto con el envase de leche a su habitación. Allí tendría su merecida tranquilidad, si no se encontraba a Pig durmiendo en su cama, claro. Apenas Ron hubo caminado escasos pasos, Harry no pudo evitar preguntárselo:
-¿Valió la pena?-Ron se volteó lentamente cargando el plato de pastel y la leche en sus manos.-Haberte marchado anoche.-especificó Harry con una media sonrisa.
-Absolutamente.-fue la simple respuesta de Ron. Le dedicó una breve mirada de sinceridad a Harry y luego le dio la espalda para dirigirse por fin a su habitación.