Otra cosa que también me frenaba un poco era la idea de que esta historia no les gustara tanto a las lectoras como las anteriores y que tanta espera y expectativas hubieran sido en vano. Tampoco es que me haga la gran escritora, pero cuando algo no me sale en un determinado momento, pienso que mejor es no forzarlo y esperar que madure un poco más o que de repente me llegue la inspiración divina.
Hablando de esta nueva historia, lo que hasta ahora no me convence mucho es el título “Lidiando con la vida”. No sé, me parece muy común y poco original. No sé si lo habré dicho antes pero lo que más me cuesta es ponerle un título a mis historias! Es en lo que menos pienso a la hora de escribir. Me hundo en las personalidades de los personajes, los diálogos y en el desarrollo de la trama y trato de evitar los títulos, jeje. Lo mismo me pasa con el nombre de los capítulos. Eso también me cuesta. Por eso prefería ponerles números, como en mi anterior fic “¡Por favor, recuerda que te amo!”. Se me ocurría que un número pelado generaba más misterio que un nombre que más o menos te permitía intuir y hacer una hipótesis de qué podía tratarse un capítulo. Aunque en esta nueva historia estoy esforzándome.
Bueno, bueno. Mejor no sigo aburriendo con mis explicaciones y mejor las dejo leyendo esta nueva idea.
Es un AU. Es la primera vez que escribo un fic así y puedo decir que he extrañado mucho las varitas y todo lo relacionado con la magia. Pero a veces la magia soluciona mucho las cosas. ¿Qué sería de la vida sin tantos problemas? XD No quiero adelantarme más de la cuenta y ponerme a pensar en alguna nueva historia que incluya magia porque creo que tengo cosas de sobra para pensar y seguir ajustando ahora con este fic!
Nota: los personajes pertenecen a JKR, aunque yo inventé a unos en este fic... Sólo escribo estas historias porque me gusta hacerlo. No recibo ningún dinero a cambio ni nada por el estilo, solo felicidad interna y momentos de diversión, XD
RESUMEN
No quiero decir mucho al respecto, pero como para ir entusiasmando un poco a las lectoras…
La historia comienza con el regreso de Hermione a Surrey luego de haberse ido a estudiar al extranjero. Resulta ilógico pensar que absolutamente todo volverá a ser como antes de haberse marchado. Algunas cosas han cambiado, aunque otras permanecen iguales, pues de ello se percata Hermione al ver a Ron, uno de sus mejores y más queridos amigos. Pero en esa pequeña distancia que separa a las miradas hay historias, recuerdos que siempre salen a la luz cada vez que dos pares de ojos se cruzan. Hay confesiones que no pueden ser dichas de otra forma más que mediante el silencio de una mirada, pero que continuamente luchan por hacerse oír para aliviar así la pesada carga emocional que por tanto tiempo ha llevado el corazón. Aunque una confesión de amor que lleva años muriéndose por decir parece ser el principal problema de Ron, también hay otras complicaciones a las que tendrá que enfrentarse de una vez por todas. Miedos que no sólo él sino también Hermione deberán superar gracias a la confianza, la amistad y el amor, dándose cuenta de que tantos obstáculos, situaciones inesperadas y enseñanzas son parte de la vida, porque así como hay momentos malos, también existen los buenos momentos que hacen que vivir valga la pena.
Sí, sé que este resumen me salió muy cursi pero no se me ocurría qué más poner, jaja. Espero que les guste la historia.
Capítulo 1: "El regreso"
Aquel 12 de junio se celebraba el aniversario de casados de Molly y Arthur Weasley. Como un acontecimiento así era muy especial, sus hijos decidieron hacerles una gran celebración en su honor. En un principio, los Señores se habían negado pensando en lo costoso que sería organizar un evento como ese, pero luego terminaron accediendo sabiendo que cada hijo aportaría dinero para pagar el festejo. Además, sus padres se lo merecían realmente por haber sido tan buenos. Esta sería una manera de devolverles los miles de favores que ellos les habían hecho en toda su vida. La fiesta se realizaría en el salón de fiestas de un importante hotel en el centro de la ciudad de Surrey. Los siete hijos del matrimonio se habían encargado de los preparativos, siempre ignorando el continuo ofrecimiento de ayuda de su madre y sus constantes preguntas sobre si todo iba bien.
Finalmente el día de la fiesta llegó. Aquella noche fue perfecta: el clima era el ideal, ni muy frío ni muy caluroso; todos estaban muy emocionados y contentos, incluidos los agasajados. Molly y Arthur sentían como si se hubieran casado nuevamente y estuvieran celebrándolo con todos sus amigos y demás seres queridos. Todo estuvo espléndido. La decoración, la comida y bebida, el baile… Hasta que llegó la hora del brindis. Como los hijos del matrimonio Weasley eran siete, sería un discurso muy extenso si cada uno dijera algo. Por lo que decidieron hacer un sorteo y el que resultara ganador diría unas palabras para felicitar a sus padres frente a todos los invitados. Desafortunadamente, el ganador del sorteo había sido Ron. Había intentado por todos sus medios pasarle la responsabilidad a otro de sus hermanos. Sólo que ninguno había accedido a hacerlo. Era de esperarse, pues todos ellos siempre habían dicho algunas palabras en las Navidades, cumpleaños y otras celebraciones. Ron nunca había hablado en eventos como esos y esta vez era su turno. Ahora estaba allí, en aquel amplio salón de fiestas lleno de personas vestidas de manera elegante. Ginny, su hermana menor, se subió a una tarima y golpeó su copa de champaña con una cuchara para que los invitados hicieran silencio. Le hizo señas a Ron para que subiera a la tarima.
-Y ahora, mi hermano Ron dirá unas palabras en honor a esta celebración familiar.-habló Ginny y luego le hizo señas para que se aproximara al micrófono.
Ron contó los escalones de la tarima. Eran cinco. Pero le parecieron muchos más luego de subirlos. Cuando estuvo en la tarima y se paró frente a toda aquella gente, las luces de los reflectores lo desorientaron un poco. Evitó mirarlas, pero tampoco quería ver a los invitados. Los pies comenzaron a temblarle y luego todo el cuerpo. Los dedos habían perdido la sensibilidad. Sentía las manos frías a pesar de la calidez del salón. Lo único que tenía temperatura era su rostro, pues se había enrojecido notoriamente llegando casi a parecerse al intenso color rojo de su cabello. De un segundo a otro la música de fondo dejó de sonar y todos quedaron finalmente en silencio. Ron evitaba mirar al público, pero sabía que cada mirada estaba posada sobre él. Miró fugazmente a la mesa donde se encontraba toda su familia. Sus padres lo miraban orgullosos y sonrientes. Si tan sólo supieran lo que le estaba costando a Ron pararse frente a tanta gente y tener que hablar. Recordó que había anotado en un papel su discurso. Buscó el papel metiendo su temblorosa mano en el bolsillo interior de su traje de gala. Encontró lo que buscaba. La hoja de papel estaba plegada en varias partes. Comenzó a desplegarla y antes de terminar de extenderla, la hoja se le escapó de las manos cayendo al piso de la tarima. Ron se inclinó para levantarla, pensando que todo sería mucho más fácil si sus piernas y manos no temblaran tanto. Recogió el arrugado papel y lo sostuvo fuertemente entre sus manos. Volvió a aproximarse al micrófono y miró por un segundo a la gente. Grave error. No supo si era su imaginación, pero había visto a todos los invitados riéndose, señalándolo como si él fuera la atracción principal de un circo. Sin embargo, ningún sonido de risas o burlas se escuchaba a su alrededor. Todo estaba en silencio. Ni siquiera podía escuchar el sonido de su propia respiración o del arrugado papel en sus inquietas manos. ¿Por qué tenía que ponerse tan nervioso? Después de todo había practicado el discurso frente a un espejo, lo había perfeccionado más de tres veces y finalmente lo había pasado a limpio para no tener ese problema. Dándose confianza, Ron dirigió su mirada al papel. Las luces de los reflectores le impedían leer con claridad. Casi no distinguía las palabras, o tal vez sería porque su letra era espantosa. ¿Por qué no había escrito el discurso en su computadora? Pues porque su impresora no tenía tinta para luego imprimirlo. ¿Por qué no había comprado nuevos cartuchos de tinta? Porque se había gastado todo su dinero en otras cosas. “¡Concéntrate!”, se dijo a sí mismo. “Puedes hacerlo. ¡Maldición, puedes hacerlo!” Acercando más el papel para leerlo mejor, la visión se le nubló un poco. Volviendo a enfocar las palabras iniciales, Ron se dio cuenta de que no las comprendía. No porque no entendiera su propia letra, sino porque esas palabras no existían. Las letras que las componían estaban dispuestas de manera errónea, algunas estaban escritas al revés. No había manera que una palabra tuviera tantas consonantes consecutivas sin ninguna vocal de por medio. ¿Por qué las letras se movían tanto y luego cambiaban de lugar? ¿Cuál era la primera palabra que debía leer? ¿Cómo se leía? ¿Qué letra era aquella? No la reconocía. ¿Cómo se hablaba?
Sintiendo que ya había pasado una eternidad, Ron levantó la mirada. Quizás después de tanto tiempo los invitados se hubieran ido y el salón estuviera vacío. Pero allí estaban todos, con sus vestidos y trajes de gala, sosteniendo en sus manos una copa llena de champaña fría. ¿Por qué no se habían marchado después de tanto tiempo? ¿Querían verlo tartamudear y luego desmayarse? ¡Incluso podría agarrarle hipotermia debido a sus heladas extremidades! Quizás eso fuera una exageración, pero podría suceder… ¿verdad? “¡Concéntrate, maldita sea!” “Piensa que son todos unos estúpidos. Imagínalos desnudos. Imagina que no les importa un demonio lo que tengas para decir…” Nuevamente dirigió la vista a su hoja. Quería estrujarla entre sus manos hasta convertirla en una pelota de papel. Las letras continuaban moviéndose como hormigas por todos lados, modificando las palabras y sus significados. Sintiendo que le faltaba el aire, Ron apartó el papel de su vista y miró a la gente y respiró profundamente. No pudo evitarlo. Se le escapó una risa. Comenzó a reír, pero no de manera nerviosa sino con una risa que rápidamente se convirtió en una carcajada. Amaba reírse así, pero tenía la extraña sensación que ese no era el momento adecuado para hacerlo. Realmente no era el momento adecuado. Los rostros de desconcierto de las personas le causaban demasiada gracia. Todavía debía decir su discurso pero prefería mil veces seguir riéndose. Esa era la única forma en que se le estaban pasando los nervios. Poco a poco dejó de temblar, sus manos adquirieron temperatura, pero su rostro continuó sonrojado. Aun así, la risa no se iba. Haciendo un gran esfuerzo, se aproximó de nuevo al micrófono.
-Discúlpenme, pero no puedo hacer esto.-dijo entre risas y optó por bajar de la tarima antes de que las cosas empeoraran más.
Pasó por el medio del salón, evitando mirar directamente a alguien, sobre todo a sus padres. No quería ver la decepción en sus ojos. Sintiendo que las miradas le derretían la espalda, Ron abandonó el salón por la puerta principal. Continuó alejándose de la fiesta, pensando en lo que acababa de hacer. Se había reído frente a más de cien invitados. Sus facultades para leer y hablar se habían interrumpido ante su nerviosismo, las palabras escritas en su hoja se habían vuelto locas de tanto moverse, los colores de su cara se habían intensificado. Al menos ya había terminado todo aquello. Ahora estaba lejos del salón. De todas formas se sentía un infeliz. La necesidad de gritar desgarradoramente era grande, pero no quería espantar a todos. Por el momento, sólo se conformaría en romper su discurso en mil pedazos. Rasgando el papel y luego tirándolo, el pelirrojo con torpeza por el extenso pasillo del hotel y luego bajó las escaleras sintiendo que sus piernas temblaban notoriamente. “No te olvides de respirar”, fue diciéndose a sí mismo a cada paso que daba. Sinceramente, no le importaba lo que dijeran los demás sobre él luego de la fiesta. Seguramente sus hermanos se burlarían un poco, pero eso era natural, casi de rutina en una familia numerosa. Recordarían ese hecho en las siguientes reuniones familiares, Ron también se reiría y luego lo olvidaría.
-¡Ron!, ¿adónde vas?
Lo que le faltaba, que Ginny lo siguiera. Volteándose a ver, Ron vio que Harry la acompañaba. ¿Es que uno no podía encontrar un sitio para gritar tranquilo?
-¿Qué fue lo que pasó en la fiesta? ¿Qué fue todo eso?
-¿Una forma de canalizar la tensión?-dijo Ron mientras seguía caminando hacia donde quería llegar.
-Parecía que tenías un demonio dentro por la forma en la que te reías.-informó Harry.-¿Qué era lo gracioso?
-La gente, sus caras, mi rostro a punto de estallar, mis manos que temblaban, las palabras de mi discurso… Todo. Admítanlo, fue para morirse de la risa.
-No fue gracioso, Ron. Mamá está preocupada por ti y nos mandó a verte para que no cometieras alguna locura.-dijo Ginny.
Al fin se estaba acercando a donde quería llegar: la piscina del hotel. Abrió las elegantes puertas de madera y entró en un salón donde se encontraba una extensa piscina rectangular.
-¡No pensarás lanzarte al agua con esa ropa!
Ron no escuchó las palabras de su hermana. Antes de que ella y Harry pudieran siquiera pensar en detenerlo, Ron corrió a toda velocidad y se lanzó al agua. Los sentidos se le agudizaron, sintiendo cómo cada milímetro de su cuerpo se mojaba. Todo quedó en un silencio total. Su cuerpo se hundía, burbujas salían de su nariz, todo estaba oscuro. Antes de que su cuerpo volviera solo a la superficie, Ron se aferró con las manos y las piernas en dos de las esquinas de la piscina, a medio metro del fondo. Al fin algo de tranquilidad. No esperó un segundo más y gritó con todas sus fuerzas. Movió la cabeza frenéticamente de un lado a otro, como si quisiera que su cerebro se saliera de ella. Enormes burbujas de aire salían de su boca y se iban hacia la superficie. Sintiendo que los pulmones iban a estallarle a causa de la falta de aire, Ron se soltó de donde se agarraba y nadó para respirar. Inspiró aire como un desesperado. Su respiración era agitada.
-¡Sal del agua, Ron! ¡Te enfermarás! ¡Tú y tus manías! ¿No podías gritar aquí afuera?
-¿Cómo está el agua?-preguntó Harry algo divertido.
-Perfecta.-respondió Ron y comenzó a nadar por la parte profunda. Para Harry resultaba muy gracioso verlo nadando de traje y corbata… y también de zapatos. Su amigo tenía sus momentos de locura y había que respetarlos.
Luego de unos cinco minutos, Ron decidió salir del agua debido a que realmente era muy molesto nadar con ese tipo de ropa puesta. Subió rápidamente por la escalera, sintiendo que el cuerpo le pesaba. Pero todo se debía al traje y a los zapatos mojados. Harry y Ginny se alejaron de él porque sabían lo que vendría a continuación. Todo eso parecía ser parte de un ritual. Ron comenzó a sacudir la cabeza de un lado a otro y también el resto de su cuerpo. Daba la impresión de ser un perro que estaba quitándose el agua de encima. Finalmente Ron se quedó quieto. El cabello mojado se le pegaba a la frente y le cubría los ojos, su traje negro parecía quedarle dos talles más grande, haciendo que él se viera pequeño a pesar de ser el más alto de la familia Weasley. Esperando que sucediera algo más del ritual, Harry y Ginny lo miraron con cautela. Pero Ron respiró profundamente y luego sonrió. Se sentía mucho mejor. Su sonrojo se había ido y ya no estaba más tenso.
-¡Por Dios, que eres raro!-dijo Ginny haciendo una sonrisa.-Será mejor que te llevemos a tu casa antes de que armes otro espectáculo si todos te ven así.
-Sí, tienes razón.-coincidió Ron.
-Iremos en mi auto.-dijo Harry. No le importaba mucho que su amigo mojara el asiento al sentarse. Lo que le preocupaba más era que algún empleado del hotel lo viera caminando completamente empapado por la recepción y luego lo retuviera por creer que había causado disturbios o algo similar. Camino al pasillo, Ginny no pudo dejar de reír a causa del sonido pegajoso que hacían los mojados zapatos de Ron al caminar.
-¿Por casualidad alguien trajo una toalla?-preguntó el pelirrojo, abrazándose a sí mismo para no perder más calor corporal. Como respuesta, Harry le prestó su blazer negro. Era la única solución que podría sacarlos de apuros hasta llegar a la casa de Ron.
TRES AÑOS DESPUES…
Como siempre, la estación de trenes estaba llena de gente. Incluso aquel día de tormenta. Aunque ello no impedía que cientos de personas fueran a despedir o a recibir a sus seres queridos. En este último caso, eso era lo que habían ido a hacer Harry y Ginny: a recibir a su mejor amiga, quien venía nuevamente a Surrey luego de haberse marchado hace cinco años para estudiar Licenciatura en Letras en el extranjero. El sonido de los frenos del tren al detenerse no hizo más que entusiasmar más a Ginny. La pelirroja se coló junto a Harry entre la multitud y buscó a su amiga con la mirada. Los pasajeros del Expreso de Surrey comenzaron a salir de los vagones, cargando maletas y bolsos. La confusión y el desorden que se generaba en esos momentos eran grandes, pero todo formaba parte de la magia de ir a recibir a un viejo amigo luego de no verlo por años. Harry agradeció que los vagones tuvieran las luces encendidas, ya que así pudo localizar a Hermione con más rapidez. Por suerte, ella iba en el segundo vagón y fue una de las primeras en salir.
-¡Hermione! ¡Hermione!-gritó Ginny saltando (literalmente) de alegría. Le hizo señas levantando los brazos efusivamente. Algunas personas la vieron con extrañeza pero a ella no le importó verse un tanto ridícula. En ese momento se sentía feliz. Cuando su amiga la vio, se apresuró hacia ella. Llevaba consigo una enorme maleta y un bolso de mano. Ginny la abrazó con mucha fuerza y hasta la levantó del suelo. Hermione también la abrazó con mucho entusiasmo y se emocionó tanto que hasta estuvo a punto de llorar. Miró a sus amigos con cierta nostalgia pero inmediatamente se percató de que algo faltaba. Más bien, alguien faltaba…
-¡Qué bueno es verte!-chilló Ginny soltando a su amiga del abrazo.
-Te extrañamos mucho, Hermione.-dijo Harry, un poco más calmado que Ginny pero igual de feliz. Le dio un caluroso abrazo.
Cuando Hermione pudo respirar un poco de aire luego de aquellos dos abrazos, disimuladamente miró hacia ambos lados del anden. No pudo distinguir alguna otra cabellera pelirroja, lo cual la desilusionó un poco. Por un segundo su mente se vio enfrascada en la absurda fantasía de que Harry y Ginny aparentaban que nada sucedía y que todo ese comportamiento se debiera a que Ron, su otro amigo, le haría una sorpresa. Tal vez en cualquier instante aparecería entre la gente y la asustaría por detrás. Pero nada de eso sucedió porque Harry comenzó a caminar hacia la salida de la estación. ¿Sería posible que Ron, su mejor amigo, se perdiera de su regreso? De inmediato, Hermione pensó que debía haber alguna explicación lógica. ¿Podría ser posible que fuera por eso…?
Ginny la sacó de sus pensamientos:
-¿Cómo estuvo tu viaje? ¿No se te hizo eterno? ¿Llovió todo el camino desde Escocia?-fue preguntando la pelirroja mientras los tres se mezclaban entre la multitud de gente en el andén número 1. Una vez fuera de la estación de trenes, Harry se apresuró a abrir el gran paraguas negro que llevaba en la mano. Hermione y Ginny se apresuraron a resguardarse bajo el paraguas mientras cruzaban la calle y se dirigían al auto de Harry.
El viaje a la casa de los padres de Hermione duró alrededor de media hora, debido a que la intensa tormenta hacía imposible que el tránsito fuera más rápido. No se veía absolutamente nada a través del parabrisas. Las gotas de lluvia se estrellaban contra él sin tregua. El día estaba gris y pronto anochecería.
-¿Qué fue lo que dijo Ron?-preguntó Ginny de repente.-¿No iba a venir a recibir a Hermione en la estación?
-Sí, eso dijo, pero ya ves lo que pasa cuando hay tormentas. Quizás no pudo conseguir un taxi o no lo dejaron salir temprano del trabajo…-supuso Harry mientras frenaba en un semáforo. Miró a Hermione por el espejo retrovisor. Su amiga estaba mirando distraídamente por la ventana, pero hizo una leve sonrisa cuando se mencionó a Ron en la conversación.
-Intentaré llamarlo para que ya no vaya a la estación de trenes…-murmuró Ginny, sacando su teléfono celular del bolsillo de su chaqueta deportiva. Como tenía a Ron en su lista de marcado rápido, no tardó en llamarlo. Luego de unos segundos, apartó el celular de su oreja y volvió a llamar. Nada.-Como siempre, no responde las llamadas. Que después no diga que no quisimos avisarle.-habló la pelirroja algo molesta.
Hermione se emocionó mucho cuando llegaron a su casa. Hacía tanto tiempo que no estaba en su antiguo hogar… A pesar de que Harry y Ginny le hubieran dicho que sus padres todavía no estarían en casa, Hermione de todas formas estaba contenta. Una vez habiendo estacionado frente a la casa, Harry llevó su pesada maleta mientras Ginny le sostuvo su bolso de mano mientras Hermione corría rápidamente al recibidor sin importar que la intensa lluvia la mojara un poco. Abrió la puerta y apenas entró en la casa la invadió una sensación de calidez. Qué bien se sentía estar allí de nuevo.
-Tus padres no tardarán en llegar.-dijo Harry, dejando la maleta al pie de las escaleras.
-Sí, hablé por teléfono con ellos esta mañana y me dijeron que hoy trabajarían toda la tarde.-recordó Hermione.-¿Quieren tomar algo?-ofreció mientras se quitaba su chaqueta e iba hacia la cocina.
Mientras Harry y Ginny se sentaban en el sofá y esperaban que Hermione regresara de la cocina, se escuchó que un auto se detenía y que una de sus puertas se cerraba fuertemente. En menos de cinco segundos alguien tocó el timbre y golpeó a la puerta con desesperación. Hermione les pidió desde la cocina que vieran de quién se trataba al tiempo que ella cerraba el refrigerador y ponía una jarra de jugo en una bandeja. Ginny abrió la puerta rápidamente, haciéndose una idea de quién podría ser por su manera de tocar el timbre y golpear la puerta.
-Ya me imaginaba que serías tú… ¡Por Dios! ¡Estás completamente empapado, Ron!-se sorprendió Ginny.
-¿En serio?-dijo Ron irónicamente.-Como no pude conseguir un maldito taxi por la tormenta, fui corriendo hasta la estación y no los encontré. ¿Por qué no me dijeron que se irían de allí tan rápido?
-Intentamos comunicarnos contigo pero no atendías el teléfono.-informó Harry.-Ginny te llamó dos veces y no respondiste.
-Es mi celular… Creo que se murió otra vez.-sacó del bolsillo de su pantalón un objeto con forma rectangular, el cual goteaba un poco.-Olvidé recargarle la batería y, como si fuera poco, se me cayó en el agua cuando corría hacia la estación de trenes…
-Era de esperarse.-dijo una voz desde la cocina. Hermione caminó hacia la sala lentamente y se detuvo para contemplar a Ron.-Sólo a ti te suceden tantas cosas juntas. ¿Viniste nadando hasta aquí?
-Algo así…-asintió el pelirrojo haciendo una leve sonrisa.-Lamento haber llegado tarde a la estación.
La primera impresión que tuvo Hermione al ver a su amigo luego de tanto tiempo fue que casi no había cambiado. Aunque lo notaba un poco más alto que la última vez que lo vio, aun seguía siendo algo flaco. Su rostro había cambiado apenas, luciendo mayor pero su expresión era igual de afable y un tanto misteriosa, como si constantemente estuviera guardando un secreto. Sus ojos, que siempre tenían esa apariencia de estar cansados y mostrarse perezosos cuando aparentaban todo lo contrario, se mostraban despabilados, como si hubieran encontrado en Hermione una llama que los hubiera avivado.
-¿Vas a poner alguna otra excusa por haber llegado tarde o vas a venir aquí y darme un abrazo de bienvenida?-preguntó Hermione cruzándose de brazos.
-Estoy empapado hasta los huesos, Hermione. Voy a mojarte.
-No me importa. Ven aquí…
Ron ensanchó su sonrisa al momento que se acercó hacia Hermione. La castaña también sonrió y ambos se abrazaron profundamente. No pudo evitarlo y apretó con fuerza a su amigo, moviéndolo levemente de un lado a otro. Continuó abrazando con fuerza a Ron, como si quisiera romperle todos los huesos de su torso. Pero la intención de aquel abrazo no era aquella sino todo lo contrario: era para demostrarle lo mucho que lo había extrañado. Cuando se separaron, Hermione ni siquiera le dio importancia a su ropa ahora un tanto mojada. Su estado de felicidad era tal que no podía molestarle aquel detalle insignificante.
-Comprendo que estés molesta por no haber llegado a tiempo a la estación para recibirte, pero no tenías que intentar quebrarme todos los huesos del cuerpo con ese abrazo.-resaltó Ron con una fingida expresión de temor.
Hermione trató de reprimir una sonrisa pero se le hizo imposible. Soltó una risa y se cruzó de brazos mientras negaba levemente con la cabeza. Se había alegrado al ver a Harry y Ginny, sólo que no tanto como ver a Ron luego de haberse marchado por cinco años. Pensó que ahora que había regresado a Surrey, tendría tiempo de sobra para pasar con ellos las vacaciones de verano al igual que en sus días de escuela.
-Parece que nada ha cambiado.-le dijo Hermione dejando de sonreír, aunque a Ron le pareció notar un encubierto brillo de perspicacia en sus ojos. Lo entendió a la perfección. Pero para no levantar sospechas continuó sonriendo normalmente, tratando de no mostrarse nervioso ni dar a entender que su mente había hecho un rápido viaje al pasado para recordar ciertos puntos de inflexión que había sufrido su amistad con Hermione. Fue lo mismo que tuvo que hacer al verla de nuevo después de tantos años: pretender que todo seguía igual entre ellos dos y que seguiría así hasta el fin de los tiempos. Qué iluso que había sido al abrazarla, pensando que el paso del tiempo había traído el olvido, había sanado las heridas o logrado alguna otra acción que después de todo terminaría siendo inútil y no pudiera ayudarlo en su complicada situación. Por un momento se extrañó que el aún vigente amor que sentía por su mejor amiga, que se asemejaba a una intensa llama, no hubiera logrado que el agua que lo mojaba se evaporara y le secara la ropa al hacer contacto con Hermione. Pero como físico sabía que eso no sería posible, pues el punto de ebullición del agua era de 100º C, temperatura que su cuerpo no podría soportar. Había que admitir que no era nada agradable estar en esa situación, pero debía olvidarse de todo o al menos dejarlo de lado ahora que tenía a Hermione de nuevo frente a él, que estarían otra vez cerca y que su amistad podía llegar a ser como antes: llena de buenos y malos momentos, de conversaciones interesantes, de risas, una amistad llena de favores…
-Ron, tienes la piel de gallina.-notó Hermione mirándole el brazo desnudo y húmedo. Saliendo de su fugaz abstracción, el pelirrojo observó su remera empapada y luego sus brazos. Era cierto, se le había puesto la piel de gallina.-Debes tener frío…-agregó la castaña y sin que Ron tuviera tiempo de reaccionar de alguna forma, ella se acercó más a él y deslizó su mano por su brazo izquierdo. Ese era precisamente el tipo de cercanía que debía evitar con ella. Lo sabía por experiencia. Ante aquel contacto físico sus poros se le notaron mucho más y el escaso vello de todo su cuerpo se había erizado completamente. Era como haber sentido un poderoso escozor de pies a cabeza, logrando darle un súbito y fugaz dolor de cabeza a causa del nerviosismo inesperado.-¡Estás helado, Ron!-Hermione ahora había posado sus manos en los dos brazos de Ron, quien de repente había comenzado a sentirse un tanto débil e indefenso.-Ven conmigo, te daré una toalla para que te seques...-sintiendo que su amiga tomaba uno de sus brazos con más fuerza para conducirlo escaleras arriba, Ron ejerció más fuerza para no moverse de su sitio. ¡Quién sabía lo que podía ocurrir entre ellos si se quedaban solos!
-Estoy bien así, gracias.-se apresuró a decir Ron tratando de sonar despreocupado, por más que hubiera comenzado a sentir más frío. Pero eso se debía más al roce de Hermione que a haberse empapado con la tormenta.
-Estás helado como un sapo, Ron. Si a eso le llamas estar bien… Acompáñame arriba para que te dé una toalla.-insistió Hermione amenazando con volver a tomar de su brazo o, peor aún, de tomar una de sus manos.
-No te preocupes, Hermione. Estoy bien. En serio.-la tranquilizó Ron, inconscientemente retrocediendo medio paso lejos de Hermione.
-Pero vas a enfermarte si no te secas rápido. Si quieres puedes darte un baño bien caliente para dejar de enfriarte.-la castaña le señaló las escaleras haciendo un gesto que daba a entender que quería que él la siguiera.
-Lo digo en serio. Estoy más que bien así.-volvió a decir Ron.
¿Era su impresión o Hermione de verdad quería que él fuera con ella escaleras arriba? Quizás fuera todo obra de su imaginación y (¿por qué no?) de su paranoia, pero Ron podía seguir detectando ese brillo de perspicacia en la mirada de Hermione que nadie más en esa sala parecía haber notado. No. No se quedaría a solas con su amiga porque sabía que si lo hacía se dejaría influenciar totalmente por ella. Y eso implicaba quedar en lo más parecido a un estado de sumisión absoluta al perder todo poder de decisión y autocontrol. Ya le había sucedido antes, todo por dejarse engañar por esa mirada que aparentaba ser inocente.
Antes de que Hermione volviera a decir algo, Harry se adelantó a hablar.
-Quizás deberían dejar de insistir tanto porque si siguen así podrían terminar discutiendo. Ya saben, como en los viejos tiempos.
-Es verdad.-corroboró Ginny.-No sería bueno que en el primer día que Hermione lleva aquí tuviera que agotarse con una pelea contigo, hermanito.
-Estaba pensando lo mismo.-mintió Ron. Casi había olvidado que Harry y Ginny también estaban en la sala de estar de Hermione. Sólo esperaba que ellos no hubieran notado nada extraño en él o en la misteriosa mirada de Hermione y en las existentes o inexistentes indirectas que ella le lanzaba con sus buenas intenciones de hacerlo subir al primer piso. No necesitaba subir allí… ¿verdad?-Lo que menos quiero ahora es causarte molestias, Hermione. De seguro debes estar cansada por el viaje de regreso y a lo mejor quieras descansar en este momento. Será mejor que nos vayamos ahora.-agregó, mirando a Harry y Ginny y ocultando en sus ojos azules su desesperación por salir cuanto antes de la casa de Hermione.-Harry, ¿podrías llevarme? Gasté hasta el último centavo en el taxi hasta aquí y debo hacer unas cosas.
-¿No crees que sería conveniente que te pusieras ropa seca y que esperaras a que la tormenta se calme un poco?-preguntó Harry.
-Lo sé, pero debo hacer un trabajo con urgencia.-explicó el pelirrojo, tomando su bolso mediano que había dejado en el suelo. Hermione se preguntó que contendría.-También debo ir a ver a alguien que me debe dinero.
-¿Algo más?-dijo Harry irónicamente.-Porque me encanta ser tu chofer particular.
-Ahora que lo dices… Tengo que ir a otro sitio pero…-objetó al ver que Harry lo miraba peligrosamente-dejaré eso para mañana porque está lloviendo.-agregó al instante.-Si me disculpas, Harry, te esperaré en el auto.
Hermione deslizó su mirada haciendo el mismo trayecto que había hecho Ron desde el medio de la sala hacia la puerta principal. Se quedó viendo la puerta como por dos segundos, teniendo la leve sensación de que Ron regresaría. Preguntándose por qué había comenzado a actuar un tanto extraño instantes antes de marcharse, Hermione dirigió su mirada a Ginny, quien estaba contenta por algo en particular:
-Como ahora debes estar un poco agotada por tu viaje desde Escocia, te haremos la fiesta de bienvenida mañana. Supuestamente es una fiesta sorpresa, pero sabes que ese tipo de fiestas nunca funciona.
-Trata de lucir sorprendida mañana.-le aconsejó Harry.-La fiesta será en casa de Ginny.
-Te aseguro que me sorprenderé de todas formas al ver a todos de nuevo.-dijo Hermione sonriendo nuevamente.-Sólo díganle a Ron que no llegue tarde, ni empapado, ni actuando tan extraño como recién.
Luego de que Harry y Ginny volvieran a darle un caluroso abrazo a Hermione y se marcharan, la castaña quedó sola en casa. Cerró la puerta principal y fue hacia la cocina. Se dio cuenta de que al final no habían tomado el jugo que ella había olvidado llevar a la sala. Guardó la jarra en el refrigerador y se apoyó en la mesada de la cocina. Sonrió para sí misma mientras observaba a su alrededor. Estaba en casa. Miró su ropa y recordó que estaba húmeda debido al abrazo que le había dado Ron. Fue inevitable. En lo primero que había pensado al verlo allí frente a ella había sido en lo sucedido entre ambos en su último año de secundaria. ¿Habría sido eso lo que había incomodado un poco a Ron? ¿Por eso había comenzado a actuar con nerviosismo, dispuesto a marcharse lo más rápido posible? Inmediatamente Hermione negó con la cabeza. No podía ser por eso, pues tanto ella como Ron habían pautado que todo continuaría normal entre ellos dos. Como siempre sucedía. Ambos eran muy buenos amigos y no había razón para que no siguieran siéndolo ahora. Tal vez Ron se hubiera incomodado un poco por el hecho de verla después de cinco largos años. Incluso pudo haber pensado que su amistad no seguiría tan fresca como antes, cuando se veían prácticamente todos los días tanto en la escuela como los fines de semana. Sí, seguro que era eso. Ron probablemente hubiera pensado que habría mucha tensión entre ellos dos. Pero no la hubo. Al menos no para Hermione, quien se sintió muy a gusto al ver no sólo a su pelirrojo favorito sino a sus otros dos mejores amigos, Harry y Ginny. Ya tendría la oportunidad de volver a acostumbrarse a estar con ellos. Eso era en lo único que había pensado cuando había decidido volver. El tiempo podría haberle hecho olvidar un poco algunas cosas, como lo que se sentía estar con sus amigos pero Hermione estaba segura que lo recordaría fácilmente.
Con un imborrable semblante de alegría, Hermione se dispuso a ir a su habitación a deshacer su enorme equipaje.






