icecreammanrupert escribió:El pelirrojo se había acercado paulatinamente y se encontraba frente a ella atravesándola con la mirada.
—¿Estás confundida?
—No.
—¿Segura, Hermione?
—Claro, completamente segura.
Ron arrugó el entrecejo, como si no creyese ni una sola de las palabras que decía Hermione. El aire se hacía cada vez más irrespirable, y aquel maldito calor se acrecentaba. Si Ron se acercaba un poco mas echaría a correr. Pero no lo hizo, no movió ni uno solo de sus músculos cuando percibió como los dedos del pelirrojo se habían posado sobre la piel de su cuello y bajaban lentamente hasta la clavícula.
—Si hago esto, ¿qué sientes?
—Na…, nada.
¿Nada? Luchaba contra sí misma, y contra todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Los dedos de Ron sobre su cuello la hicieron retroceder nuevamente unas horas atrás, un par de días atrás, unos momentos que pretendía olvidar; y lo único que hacía era recordar todo aquello una y otra vez, cada vez con mas nitidez, con mas detalles. Y los poros de su cuerpo se abrieron y todos lo vellos se pusieron en pie al contacto calido de aquel roce, sin importancia, sin ninguna importancia…
—¿Y ahora, sigues sin sentir nada?
Se agitó de pies a cabeza. La voz susurrante de Ron había golpeado contra su oído, y su aliento tibio contra el lóbulo de su oreja. Se escapaba, aquella situación se le iba de las manos, igual que si fuese humo. Tenía que recobrar la cordura antes de que la perdiese por completo.
—¿Qué sientes, Hermione?
Otra vez su voz, armoniosa, dulce, masculina, otra vez su aliento golpeando su templanza. Sus labios rozando la piel del borde de su oreja. Ya no soportaba mas aquel calor infernal, y sus pulmones se habían empequeñecido, no cabía en ellos mas oxígeno. Cortar por lo sano, cortar aquello de raíz…
—No siento nada
icecreammanrupert escribió:Sus pasos podían oírse a varios kilómetros de distancia, porque Ginny Weasley pisaba el suelo con tanta intensidad que el tacón de sus zapatos parecía perforarlo. Estaba demasiado enfurecida como para pensar con claridad, como para contenerse y comportarse como una mujer cuerda y equilibrada. Imaginar a Cho retozando salvajemente con su ex marido en el sofá no era una imagen muy agradable y el dragón que hacía arder su estómago lograba que saliese humo por sus orejas y los ojos se le inyectaran en sangre. Cuando llegó al despacho de Harry solo golpeó una vez, y luego abrió la puerta sin aguardar a que le dieran paso.
—¿Puedo hablar contigo?
Harry torció el gesto confuso, Ginny parecía muy alterada.
—Ahora no puedo Ginny, tengo mucho trabajo atrasad…
—Me importa un bledo tu trabajo atrasado, necesito hablar contigo, y necesito hacerlo ahora.
Neville. que estaba sentado en una mesa muy cerca de Harry. comprendió sin necesidad de que nadie le explicase nada, que había llegado el momento de desaparecer antes de que Ginny se encargase de deshacerse de él con sus propias manos. Conocía de sobra el fuerte carácter de la joven Weasley y no deseaba enfrentarse a ella nuevamente; ya lo hizo una vez y no salió muy bien parado.
—¿Todo bien Harry? —preguntó Cho antes de marcharse.
Ginny la fulminó con la mirada dejándole muy claro cual era la razón de su descomunal enfado.
—¿Qué es tan urgente como para hacerte perder los modales? Ni siquiera diste los buenos días.
—Vaya, que perspicaz eres Harry. No di los buenos días porque no tienen nada de buenos.
Se produjo un silencio, Ginny deseaba escupirle a la cara las miles de cosas que se le pasaban por la mente, sobre todo cuando veía como Harry la miraba fijamente con gesto confuso, como si no supiese que era lo que la tenía tan agitada.
—James me dijo que no dormiste solo la noche del sábado —no le gustaba dar rodeos, ir al grano era mucho mas práctico.
—Vaya, ¿así que es eso?, debí imaginarlo.
—Entonces es cierto ¿No vas a desmentirme que pasaste la noche con Cho? —la rabia de Ginny aumentaba a pasos agigantados sobre todo ante la pasividad y la desfachatez de Harry.
—No, ella durmió en mi casa el sábado.
Desde lo mas profundo de su estómago, Ginny notó como se retorcía el dragón que se alojaba en él provocándole terribles nauseas.
—¡James estaba allí! —exclamó perdiendo completamente los estribos.
—Yo no me acosté con Cho si es eso lo que insinúas.
—¿Ah no? ¿Entonces a qué vino que durmiese en tu casa? ¿Acaso se incendió la suya?
—No seas ridícula, necesitaba a alguien con quien hablar y la llamé para que me hiciese compañía.
—Y al parecer se lo tomó al pie de la letra, eso de hacerte compañía.
Harry no pudo soportarlo mas y se levantó bruscamente de su sillón rodeando la mesa hasta situarse frente a su ex mujer.
—¿Nunca vas a confiar en mi palabra, verdad Ginny? —ella apretó los labios y entrecerró los ojos con rabia—. Ya te he dicho que no me acosté con Cho, si quieres creerme estupendo, si prefieres no hacerlo, es tu problema.
—Si lo que necesitabas era compañía, ¿por qué no recurriste a otra persona que no fuese ella?
—¿A quién, Ginny? ¿A Hermione? Si no recuerdo mal estaba contigo en aquella maldita fiesta… ¿O acaso te refieres a Neville, o a Seamus? Ellos tienen familia, esposas, personas a las que dedicar un sábado por la noche, y no perder el tiempo con un amigo estúpido que no puede sacarse de la cabeza la horrible idea de que la mujer a la que aun ama está rozándose con otro hombre mientras baila, y que además resulta que el tipo es su ex novio.
Ginny dio un paso hacia atrás y su enfado mermó considerablemente, ahora el desconcierto inundaba cada recoveco de su cuerpo, y el dragón se había convertido en una mariposa que no dejaba de agitar las alas haciéndole sentir un agradable cosquilleo en las paredes de su estómago.
—¿Pensabas en mí? —susurró con el corazón golpeándole salvajemente la garganta.
—¡¿Pensar?! No hice otra cosa en toda la noche, no había ni un solo instante en que no me asaltara la espantosa imagen de Dean poniendo sobre ti una de sus manos… ¿Lo hizo, verdad? Dejaste que te tocara —Harry había avanzado algunos pasos hacia Ginny que seguía sumida en el desconcierto, la conversación estaba dando un giro inesperado.
—Solo fue un baile…—musitó una vez mas.
—¡Maldita sea! Cho me escuchó, me dio consejos y trajp una película que no terminamos de ver porque nos quedamos dormidos..., mientras tú dejabas que ese idiota de Thomas te sobase…
—¡Harry!
—¿Y vienes a pedirme explicaciones? Mas bien deberías dármelas tú a mí.
Para cuando Ginny quiso darse cuenta, Harry había avanzado demasiados pasos hacia ella y prácticamente lo tenía encima, aquello consiguió que la mariposa que jugueteaba en su interior, batiese con mas intensidad las alas y la sensación placentera aumentase consiguiendo que ya no recordase muy bien qué era lo que hacía allí.
—Me preocupa lo que ocurra con James, creo que no es apropiado que nuestro hijo vea que te despiertas junto a una mujer, te hayas o no acostado con ella. Solo vine a recordarte eso.
—Lo tengo muy presente, jamás expondría a James a presenciar nada que pudiese perjudicarlo emocionalmente.
Habían conseguido controlarse, ella habló con suavidad y él respondió en el mismo tono. Pero aun estaban demasiado cerca el uno del otro. Ginny podía ver el fulgor esmeralda en los ojos de Harry y él podía embriagarse con el perfume que manaba de los cabellos rojos y ondulados de la mujer. No era fácil reprimir los deseos coartados durante tantos meses, y se apoderaba de ellos las ganas de hacer lo que realmente anhelaban, aun sabiendo que después tal vez, cuando aquello sucediese, se arrepentirían de no haber sido mas fuertes. La mariposa agitadora comenzó a subir por el esófago de Ginny y salió libre por su boca justo cuando percibió como los labios de Harry aprisionaban los suyos en un beso pausado, tierno, lleno de sentimientos latentes. Pudo haberlo interrumpido, pudo haber seguido enterrada en su terquedad y haber cruzado la cara de aquel hombre de un buen bofetón, pero debía rendirse a la evidencia; la verdadera razón es que a pesar de sus dudas, de sus desconfianzas y de sus lágrimas, Ginny seguía locamente enamorada de Harry, y sabia que tarde o temprano terminaría sucumbiendo a él. Enterró sus dedos en el cabello azabache del joven desordenándolo aun mas de lo habitual, mientras notaba como las manos de Harry rodeaban sus caderas y la atraía con decisión hacia las suyas. Ya no había solo ternura en aquel beso, había algo mas, porque el amor, el verdadero amor lleva consigo la pasión y entre ellos siempre hubo mucha. Ginny había quedado aprisionada entre la fría pared y el cálido cuerpo de Harry que había abandonado su boca para recorrer ahora con sus labios el borde de la mandíbula de la joven. Miles de cosas pasaban por la mente de Ginny; ceder ¿estaba bien o no lo estaba?, dejarse llevar por lo que deseaba ¿iba en contra de su dignidad, o tal vez no?… si en realidad Harry nunca demostró ser culpable de lo que ella vio aquella fatídica mañana ¿Por qué no volver a intentar confiar en él? ¿Por qué seguir sufriendo? Esta vez no fue Cho, pero Ginny era consciente de que tal vez algún día Harry conocería a alguien que le hiciese sentir bien y ese alguien lo arrancaría definitivamente de su vida ¿Por qué dejar que eso sucediese? Si lo único que deseaba era estar a su lado por el resto de su existencia ¿Era eso algo tan indigno? Sufrió una fuerte sacudida cuando notó como Harry trataba de abrirse paso desabrochando los botones de su camisa, dejando al descubierto un trozo de la fina lencería que cubría parte de su cuerpo.
—¡Oh, Dios mío! Harry… para… no sigas, por favor. Esto no está bien.
El joven se separó un poco de ella mirándola con frustración.
—¿No está bien? Pensé que lo deseabas tanto como yo.
—Así es, pero no puedo ir tan deprisa —respondió Ginny mientras sujetaba los bordes de su camisa para dejar de estar tan expuesta a él.
Sin embargo, lejos de parecer molesto, el rostro de Harry se adornaba con una significativa sonrisa, mientras su respiración continuaba siendo jadeante.
—¿Quieres decir con eso que estás dándome otra oportunidad?
—Creo que me he vuelto completamente loca, estamos divorciados…
—¿Y eso que mas da? Volvería a casarme contigo mil veces mas si hiciese falta —la sonrisa que Harry mostraba en su semblante robaba el protagonismo a la verde luz de sus ojos—. Estas dándome otra oportunidad, ¿verdad?
—Necesito ir muy despacio, tengo que aprender a confiar en ti otra vez Harry, quiero hacerlo.
—Te daré todo el tiempo que necesites para que entiendas que yo jamás podría llegar a traicionarte.
Respiraba ya con menos agitación aunque aun lo hacía con rapidez. Ginny terminó de abrocharse el último botón de su camisa, se atusó el cabello y dijo en voz baja.
—Deberíamos dejar esta conversación aquí —observaba como Harry la miraba embobado—. Tal vez podríamos continuarla en otro momento, en otro lugar…
—¿Cuándo?
—No lo sé, pronto.
Lo miró una vez mas a los ojos y se giró dispuesta a salir del despacho cuando la voz de Harry la detuvo nuevamente.
—James tiene razón.
—¿A qué te refieres?
—A que eres capaz de perdonar si te dan un beso.
Ginny sonrió, y mirando fijamente a su ex marido, añadió.
—Yo aun no te he perdonado, así que tal vez no baste un solo beso.
Sonrió aun mas ampliamente mientras abandonaba definitivamente la oficina de Harry. El joven sintió como las nubes grises que se instalaron en su vida hace casi un año, comenzaban a apartarse de su corazón, y dejaban paso a otras blancas y esponjosas, como esas que de vez en cuando adornaban el cielo de Londres después de una tormenta
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