por Jane Black Potter » Sab Ene 03, 2009 2:06 pm
¡Hola chicas!
¡¡SORPRESA!!
He decidido crear este nuevo tema para ir escribiendo flashbacks no leídos sobre asuntos que no saldrán en la saga pero que no obstante, considero fundamentales e importantes para entender mi Historia: Los Merodeadores Presentan.
Nuevamente, recomiendo que se lea la saga antes de comenzar con estos flashback ya que así os enteraréis más de qué va el asunto. Estas escenas no son one shot ya que guardan una completa y directa relación con mi historia y la de Rowling.
Solo espero que os gusten y que me comentéis muchas cosas sobre ellos.
"Para entender el presente, hay que conocer bien el pasado"
¡ESPERO QUE LO DISFRUTÉIS!
¡Un Abrazo!
Jane Black
Advertencia
Tanto personajes como algunos diálogos, son copiados casi literalmente de la historia real de Harry Potter en los libros de J.K. Rowling. Nada de eso me pertenece en absoluto pero, siguiendo con mi idea de ser fiel a la historia, me he visto obligada a escribir lo que fue en realidad. Repito, nada de lo que reconozcáis me pertenece. Eso es obra de J.K Rowling.
EL COMIENZO
La familia Potter corría por el andén 9 y ¾ a toda velocidad pues faltaban 10 minutos para que el tren Expreso partiera de la estación King´s Cross de Londres.
James Charlus Potter, un niño de once años, encabezaba la avanzadilla de su familia corriendo mientras cargaba con una bolsa de mano. Detrás le seguía su padre, el señor Potter, arrastrando un enorme baúl contra el asfalto del suelo a la vez que intentaba esquivar el hervidero de personas y equipajes allí congregados. Charlus Potter era un hombre alto y fuerte, de pelo negro como el azabache y con pinta de ser bastante indomable. Sus ojos, del color de las avellanas, eran grandes y vivarachos, al igual que los de su hijo, James. Detrás de él corría su mujer, Dorea Potter. Dorea era una mujer muy guapa, de pelo castaño oscuro que hacía resaltar sus preciosos ojos azules. No era tan alta como su marido ya que este le sacaba poco más de una cabeza pero tampoco era baja de estatura. De la mano, llevaba a la más pequeña de la familia, Marian Jane Potter. La niña, al contrario que su hermano, iba resistiéndose al paso de su familia con el ceño y la boca fruncidos. Era el primer día de septiembre, de 1971.
- No entiendo porqué tengo que esperar al año que viene para ir con Jimmy… ¡Yo quiero ir con él! – rezongaba la niña mientras intentaba zafarse de la mano de su madre.
- Ya hemos hablado de esto, Marian – Dorea tiraba de ella con cara de desesperación.
- Pero ahora, ¿qué voy a hacer? – la niña estaba punto de llorar – Sin Jimmy, me voy a aburrir mucho… ¡Quiero ir con él! – Dorea Potter puso los ojos en blanco.
- Ya irás el año que viene, cuando cumplas once años – contestó con voz cansina.
- Pero dentro de unos meses cumpliré los once… ¿No pueden hacer “la vista gorda”? – la señora Potter no pudo evitar sonreír ante la ocurrencia de su hija pequeña.
- ¡Vamos, chicas! – apuró el señor Potter, que ya estaba esperando a que su hijo bajara del tren para despedirse.
En cuanto James bajó del tren, se encontró de frente con los ojos llorosos de su hermana y le invadió un profundo pesar por dejarla. Estaba muy emocionado por ir a ese nuevo colegio, pero también sabía que no vería a Marian hasta Navidad, cosa que, aunque no lo admitiría nunca en voz alta, le entristecía mucho.
- ¡Venga, enana! – James bajó de un salto las escaleras – ¿No te vas a despedir de mi? – Marian se cruzó de brazos con la boca apretada mientras miraba a otro lado.
- No te preocupes, James – Charlus puso una mano en el hombro de su hijo, que se quedó muy serio mirando a su hermana – ya se le pasará.
- ¡No se me va a pasar! – gruñó Marian.
- Venga, no seas tan orgullosa y despídete de tu hermano – le animó Dorea, la cual hacía tremendos esfuerzos por no llorar ya que su primogénito, iba a salir por primera vez de casa.
- Marian… - James se acercó a su hermana y se dobló un poco para hablarle – Te prometo que te escribiré todos los días – Marian hizo un mohín sin estar muy convencida – ¡Ey! mírame a los ojos – James le cogió el mentón obligándola a alzar la vista – Te lo prometo, y sabes que lo haré.
- ¡Jo, Jimmy! – Marian se lanzó a los brazos de su hermano, el cual la cogió como pudo ya que ésta le estaba estrujando – ¡Te voy a echar mucho de menos! – Marian rompió a llorar.
- Y yo a ti, enana – James luchaba porque no le saliera una lágrima rebelde.
Un estruendoso pitido interrumpió aquel momento para anunciar que el tren iba a salir inmediatamente. James se despidió de sus padres con un fuerte abrazo. Estaba nervioso, ansioso… en realidad no sabía como describir la sensación que le embargaba, pero de lo que sí que estaba seguro, era de que echaría a su hermana en falta, y mucho.
James subió al tren y desde una ventana del pasillo, se despidió de su familia hasta que éste se puso en marcha. Sus ojos estaban clavados en los azules de su hermana los cuales reflejaban tristeza pero de pronto, Marian echó a andar según el ritmo del tren y cada vez su sonrisa se ensanchaba más.
- ¡Adiós, Jimmy! – Marian agitaba el brazo corriendo cada vez más.
- ¡¡Te quiero, enana!! – aquella fue la última vez en bastante tiempo que James Potter le diría a su hermana que la quería.
James, con las manos apoyadas en el cristal, no pudo resistirse a que aquella lágrima, acompañada de otras, saliera sin ningún pudor. Marian casi se cae al llegar al final del andén y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Él se quedó mirando cómo la figura de su hermana se iba empequeñeciendo conforme el tren adquiría más velocidad. Su corazón palpitaba con fuerza a cada metro que el tren se alejaba pues iba a comenzar una nueva vida sin su hermana, en un colegio nuevo. Un colegio muy especial al que iban todos los niños especiales desde los once años. Su nombre era “Hogwarts” y James, un mago.
En cuanto James perdió de vista a su hermana, se quedó observando la ventana. No miraba nada fijo ni pensaba nada en concreto pues su mente, se había quedado en blanco.
- ¡Eh, tú! – una voz arrastrada le sacó de su ensimismamiento – recoge tu baúl y métete en un compartimento.
Una chica morena y mayor que él, le miraba con cara de malas pulgas. En su túnica, lucía una insignia con una serpiente verde y una “P” al lado. Detrás de ella, estaba otra chica rubia, pero parecía un poco más pequeña que la primera. Tenía la misma insignia en la túnica pero sin aquella “P” extraña así que James supo enseguida que eran Slyhterins. Sin decir nada pero con el ceño fruncido, cogió su baúl y arrastrándolo, comenzó a mirar por las ventanillas de los compartimentos en busca de un sitio libre.
- ¡Vamos, que no tenemos todo el día! – apresuró la joven morena al niño – Este seguro que acaba en Gryffindor – masculló por lo bajo.
- Venga Bella, deja a ese mocoso de primero y vamos a ver a los nuestros – apremió la rubia. La otra asintió de mala gana y se perdieron por el pasillo.
James suspiró al haberse librado de ellas y continuó con su búsqueda. Al final del último vagón, encontró un compartimento donde aún quedaba sitio y, con la mano un poco temblorosa por los nervios, abrió la puerta.
Al lado de la ventana, estaba un chico de pelo negro azulado sentado con una pierna doblada encima del banco. En frente suyo, una chica pelirroja que ni siquiera se volteó para ver quién había entrado, miraba absorta y en silencio por la ventana. Ambos eran nuevos ya que en sus túnicas, no había ningún indicio de pertenecer a una casa.
- Hola. Eh… ¿Queda sitio? – preguntó James un poco cohibido. El moreno le miró serio, pero pronto su cara se tornó más amable.
- Claro, entra – el niño bajó su pierna flexionada y se apresuró a hacerle sitio. La niña, seguía mirando por la ventana como si no existieran mientras el niño ayudaba a James a acomodar su baúl.
- Gracias – dijo James un poco nervioso aún.
- No hay de qué – el moreno le guiñó un ojo y volvió a sentarse en su sitio. James se sentó al lado.
- Tú también eres nuevo ¿verdad? – dijo el niño volviendo a adoptar su postura inicial, pero esta vez mirando a James.
- Sí. Me llamo James Potter – James extendió la mano hacia él.
- Black, Sirius Black – este le estrechó la mano con una sonrisa – Encantado de conocerte.
A James le sorprendió la educación de aquel niño pues él no era ni la mitad de educado que Sirius. También parecía muy elegante y supuso que sería de una buena familia de magos. Después de estrechar la mano de Sirius, se fijó en la chica pelirroja y, queriendo ser tan educado como su recién conocido, le extendió la mano.
- Hola soy Potter, James Potter. Encantado de conocerte.
Sirius soltó una pequeña risita, lo que hizo que James se pusiera un poco rojo pero, sin saber porqué, le hizo gracia esa burla y no se molestó con él. La chica le miró con recelo, sobretodo después de la carcajada de Sirius.
- Lily Evans.
Lily no le estrechó la mano y James frunció el ceño bajando la suya. Nada más presentarse, Lily siguió mirando por la ventana y a partir de aquel momento, los chicos se apartaron hacia el lado de la puerta, uno en frente del otro, sin hacerla caso.
Al cabo de un rato, un chico moreno con cara cetrina y pelo negro grasiento, abrió la puerta del compartimento. Llevaba puesta la túnica del colegio. Lily le echó una ojeada, pero siguió mirando por la ventana. Su cara era triste.
- No quiero hablar contigo – dijo con voz entrecortada ignorando a James y Sirius, que seguían a lo suyo.
- ¿Por qué no? – contestó el niño sentándose en frente de ella ignorando de la misma manera a los otros dos.
- Tuney me… me odia porque leímos la carta que le envió Dumbledore.
- ¿Y qué? – Lily le lanzó una mirada de profunda antipatía.
- ¡Pues que es mi hermana! – le espetó.
- Solo es una… - el chico se contuvo a tiempo y dio gracias porque Lily se estuviera enjugando las lágrimas en aquel momento, lo que hizo que no le oyera – ¡Lo hemos conseguido! ¡Nos vamos a Hogwarts! – ella asintió frotándose los ojos y, a pesar de su disgusto, esbozó una sonrisa.
- Ojalá entres en Slytherin – comentó el moreno con ojos soñadores.
- ¿En Slytherin?
James, al oír el nombre de Slytherin, decidió meterse en la conversación. Estaba seguro de que Sirius no había estado escuchando pero él, pudo atender a las dos conversaciones.
- ¿Quién va a querer que lo pongan en Slytherin? Si me pasara eso, creo que me largaría ¿Tú no? – le preguntó James a Sirius que iba repantigado en el asiento de enfrente. Este no sonrió.
- Toda mi familia ha estado en Slytherin.
- ¡Jo! ¡Y yo que te tenía por una buena persona! – exclamó James un poco decepcionado.
- A lo mejor rompo la tradición – replicó Sirius sonriendo burlón mientras le guiñaba un ojo a James – ¿A dónde irás tú, si te dejan elegir?
- ¡A Gryffindor, dónde habitan los valientes! – exclamó James haciendo como que blandía una espada – Como mi padre – el chico nuevo hizo un ruidito despectivo.
- ¿Te ocurre algo? – preguntó James con desprecio volviéndose hacia él.
- No, qué va – contestó el chico, aunque su expresión desdeñosa lo desmentía – Si prefieres lucir músculos antes que cerebro…
- ¿A dónde te gustaría ir a ti, que no tienes ninguna de las dos cosas? – preguntó Sirius molesto por la actitud del niño.
James soltó una carcajada ante el comentario de Sirius. Lily se enderezó, abochornada, y miró primero a James y luego a Sirius con antipatía.
- Vámonos, Severus. Buscaremos otro compartimento.
- ¡Ooooooh! – James y Sirius imitaron el tono altivo de Lily y James intentó ponerle la zancadilla a Severus cuando salía.
- ¡Hasta luego, Quejicus! – exclamó Sirius a la vez que la puerta del compartimento se cerraba de golpe.
James comenzó a desternillarse de risa por el mote que le acababa de poner Sirius a aquel personaje extraño que deseaba tanto ir a Slytherin. La peor casa, según James.
- ¡Menudo idiota! – exclamó James en cuanto pudo parar de reír.
- ¡Buf! Ese chaval las va a pasar “canutas” en este colegio… - auguró Sirius con una sonrisa maliciosa.
- ¡Claro que sí, compañero! – ambos niños chocaron las manos a la vez que reían y se acomodaban cada uno en un banco del compartimento.
Después de estar hablando y bromeando durante un buen rato, James y Sirius sintieron un alboroto en el pasillo a eso de las doce y media. Un carrito de comida arrastrado por una mujer, recorría el pasillo de su vagón y ambos niños, hambrientos como estaban, casi tiraron la puerta abajo para poder comprar algo que aliviara a sus estómagos.
- ¡Tranquilos, chicos! Hay para todos – La vendedora era una mujer de cara sonriente y prominentes hoyuelos.
- Yo quiero una bolsa de Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores – pidió James sacando dinero mágico de una bolsa que le habían dado sus padres – y una empanada de calabaza.
- Yo quiero otra empanada y una bolsa de brujitas de chocolate – pidió Sirius inmediatamente después de que pagara James.
- ¿De las que vuelan? – preguntó la señora a punto de destapar una caja que se movía con brusquedad.
- ¡Por Merlín, NO! – exclamó Sirius – ¡Las que vuelan son unas asesinas en potencia! – la señora comenzó a reír – Si alguna vez conozco a alguien que pueda comer una bruja voladora, me rendiré a sus pies…
- ¿De chocolate blanco o negro, guapo? – volvió a preguntar la mujer entre risas.
- Negro, como mi apellido – contestó sin dudar.
- ¡Muy buena, Sir!
James le palmeó el hombro mientras entraban de nuevo en el compartimento y Sirius no pudo evitar esbozar una sonrisa por la familiaridad con la que le trataba aquel niño nuevo. Desde aquel momento y sin importarle lo que opinaría su familia, deseó entrar en la casa Gryffindor con todas sus fuerzas.
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* Luna Lovegood * el Jue Nov 03, 2011 7:06 pm, editado 4 veces en total
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