¡ÁNIMO!
Se que la saga ya va por el tercer libro pero espero que no os de pereza comenzar a leer la historia. Quizá hace más ilusión ir leyendo publicación tras publicación (a mi me pasa lo contrario) pero, visto de otra forma, así no tenéis la intriga de esperar a saber lo que va a pasar
También me gustaría advertir que hoy en día estoy revisando y reeditando este primer libro de mi saga "Los Merodeadores Presentan". Con el paso del tiempo, he ido mejorando mi narrativa (cosa de la que me alegro mucho) y como es normal, este primer libro está narrado de forma más bien mediocre... hay bastante (por no decir mucha) diferencia con el segundo y tercer libro. Esa es la razón de que encontréis los primeros capítulos mejor narrados y con más calidad que los siguientes. Poco a poco iré reeditandolo. La esencia de este primer libro sigue siendo la misma ya que no voy a cambiar ni un solo pensamiento o acción de los personajes pero desde luego, estarán mejor narrados y con bastantes más detalles pero repito, no voy a cambiar nada de la historia.
Este Fic esta basado en los personajes creados por J.K.Rowling y otros tantos de mi invención.
"Para entender el presente, hay que conocer bien el pasado"
¡Espero que os guste!
Jane Black Potter
PROLOGO
Una vida entre guerras es una vida llena de desgracias, maldiciones, enfrentamientos…en definitiva, no es vida. Eso es lo que suele pensar todo el mundo. En mi opinión, una guerra es una forma de vida. Yo nací en medio de ella y soy feliz, pero mi familia, en especial mis padres la padecieron en toda su intensidad. Todos ellos lucharon por la libertad que ahora disfrutamos las nuevas generaciones, pero muchas vidas se perdieron en el camino. Por esa razón, he decidido contarle a las futuras generaciones la verdadera historia de Hogwarts y el mundo mágico desde el tiempo de los “Merodeadores”, hasta la gran batalla final que tuvo lugar en Hogwarts y que pasará a la historia como uno de los momentos más oscuros y difíciles que ha vivido el mundo mágico en toda su historia. No es una leyenda, es la verdad.
Tengo 35 años y mi nombre es Sirius James Black.
CAPÍTULO 1
LA BIENVENIDA
Estación “King´s Cross” de Londres. Eran las once menos veinte de la mañana, cuando James y Marian Potter se disponían a cruzar junto a sus padres el muro de la columna que separaba los andenes 9 y 10 en la estación de tren muggle, para llegar al andén 9 y ¾. Toda la familia estaba nerviosa ya que solo faltaban 20 minutos para que saliera el tren expreso con destino al colegio de magia más importante de Inglaterra y uno de los más reconocidos internacionalmente: El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Para James era su segundo año en el colegio y para su hermana, Marian, el primero. James Potter tenía 12 años. Era un poco más alto que los niños de su edad pero a la vez bastante delgado aunque no por ello era un enclenque ya que tenía bastante fuerza. Su pelo, de color negro azabache, había sido mil veces maldecido por su madre ya que, aunque lo llevaba corto, era absolutamente imposible de peinar a causa de los múltiples remolinos que tenía el chico en el cuero cabelludo. Sus relucientes y vivarachos ojos de color avellana, quedaban semiocultos por unas gafas redondas y de pasta negra ya que James utilizaba gafas desde los 8 años. Ahora le quedaban un poco grandes porque el año anterior en el colegio, las había intentado modificar mediante un hechizo, pues las odiaba a muerte, consiguiendo únicamente agrandarlas y que sus padres, como castigo, no las devolvieran a su tamaño original ni, por supuesto, le compraran otras.
Marian Potter tenía 11 años. Era una niña muy guapa, de estatura media, delgada y enclenque como su hermano. Su largo y espeso pelo, estaba moldeado en forma de hermosos tirabuzones de un negro brillante precioso. Aunque tenía un pelo de anuncio, Marian odiaba los tirabuzones tanto como James sus gafas, por lo que se recogía el pelo normalmente en una o dos coletas. Aún así, lo que realmente hacía tan especial a Marian eran sus penetrantes ojos azules los cuales hacian que su mirada profunda y decidida cautivara a cualquiera.
James se pasó todo el verano contándole a su hermana lo guay que era Hogwarts, la casa Gryffindor que era a la que él pertenecía, el Quidditch y por supuesto, le habló hasta la saciedad de sus tres amigos: Remus J. Lupin, Peter Pettigrew y Sirius Black. James no hizo otra cosa más que cartearse con ellos durante todo el verano. Marian, aunque al principio se mostraba emocionaba por todo lo que le contaba su hermano sobre su estancia en Hogwarts, llegó a aburrirse un poco de tanto Remus, tanto Peter y sobretodo de tantísimo Sirius Black ya que había observado que su hermano hablaba de él como si fuera más especial que los demás y eso, sin saber porqué, le fastidiaba. Nadie sabía lo qué tramaban los chicos en esas cuantiosas cartas, pero cuando Jayak, la hermosa lechuza familiar, llegaba con una carta de Sirius, James se encerraba en su habitación y no salía de ella durante las dos horas siguientes.
Marian dedicó su tiempo estival a devorar todos los libros que tuvieran que ver con Hogwarts y su historia ya que, aunque al principio no quería saber nada del colegio por haberla “separado de su hermano”, la perspectiva de que ahora ella también ingresaría dentro de poco, la emocionaba. No obstante, tampoco podía evitar preocuparse por la casa donde quedaría ya que toda la familia Potter había estudiado en Hogwarts y pertenecido la casa Gryffindor desde hacía siglos.
La familia Potter ya estaba preparada para atravesar el muro que les conduciría a aquel espacio mágico donde aguardaba el tren de Hogwarts. Marian estaba un poco nerviosa, pero no quería que se le notara, ya que James se burlaría de ella diciéndole que no era lo suficientemente valiente para estar en Gryffindor y que, por lo tanto, mejor estaría en Ravenclaw o Hufflepuff. Básicamente ese era el motivo por el cual Marian Potter estaba molesta aquel uno de septiembre de 1972.
- ¿Estás nerviosa, Marian? - Preguntó James con un tono irónico.
- ¡No, Jimmy! - Contestó la niña de mala forma y entornando los ojos lo que hizo que James sonriera satisfecho.
- Bueno hermanita, ¡nos vemos luego! - James cogió carrerilla y atravesó el muro desapareciendo de la vista de todos.
Marian se quedó paralizada y pensativa delante de la columna. Ella misma no entendía porqué tenía tanto miedo pues ya había cruzado aquel muro el año pasado cuando acompañaron a James al tren. << ¿Porqué me paralizo ahora?>> Marian comenzaba a respirar fuerte, cuando sintió una mano grande agarrándole cariñosamente el hombro.
- ¡Venga hija! Coge carrerilla y sin miedo - era su padre, Charlus Potter.
- Ya lo se. No debo tener miedo y ser valiente, o sino… no me seleccionarán para entrar en Gryffindor. ¿Verdad papá?- la mirada preocupada y triste de la niña hizo que su padre la abrazara.
- Escúchame con atención, Marian- el señor Potter se había agachado para quedar a su misma altura – Da igual la casa en la que quedes. Tu madre y yo siempre estaremos muy orgullosos de tí.
- Sí, eso ya lo sé papá – la niña miraba al suelo mientras balanceaba su cuerpo hacia los lados - Pero… se que sería una decepción para vosotros que no estuviera en Gryffindor. Al fin y al cabo, toda la familia ha pertenecido a esa casa durante generaciones…
- Eso no importa- interrumpió el padre contundente. Marian se sobresaltó, pero él volvió a tomar un tono agradable.
- Venga Marian, tienes que ser fuerte. Además, está James para que acudas a él si tienes algún problema - le dijo con confianza.
- Ya…- Marian volvía a bajar la cabeza con resignación, pues no estaba segura de que James le fuera a cuidar tal y como decía su padre.
- En serio, cielo. Él te gasta bromas y te hace rabiar porque eres su hermana pequeña, pero nunca – la niña seguía con la cabeza gacha - Mírame, ¡nunca!, dejaría que te pasara nada malo. De eso estoy seguro.
Marian observó que en los ojos del Señor Potter había un brillo de confianza igual al de James. Su hermano se parecía mucho a su padre y en ese momento, Marian sintió que quien le daba ánimos no era él, sino James. Después de eso, miró con decisión la columna: << venga Marian, puedes hacerlo…una, dos y…>>
De repente apareció ante ella el tren expreso de Hogwarts. Aunque ya lo había visto el año pasado de refilón, Marian quedó embobada mirando el grandioso tren que tenía en frente. Su color escarlata, imponente, hacía brillar hasta el más escondido detalle. Simplemente, era perfecto.
- ¡Marian corre, el tren va a salir! - le avisó su madre, Dorea Potter.
- ¡Voy, mamá! – la niña corrió dando saltitos hacia donde estaba su familia.
- ¿Dónde estabas? – Le regañó James.
- ¡Donde no te importa, Jimmy!- exclamó la niña sacando la lengua.
- Vale, lo que tú digas, enana – dijo rodando los ojos y arrastrando las palabras - Bueno, me subo al tren que ya estarán los chicos esperándome.
- ¿De qué chicos hablas? - le preguntó Marian con la esperanza de que su hermano le ofreciera sentarse con él en el tren ya que ella no conocía a nadie allí.
- De Remus, Peter y Sirius… ¡¿De quiénes voy a hablar?! – James miró a su alrededor - Qué raro que no esté Sirius por aquí… Bueno, estará ya en el tren – dijo encogiéndose de hombros - ¡Adiós papá, adiós mamá! - James se despidió como un rayo de sus padres y subió al tren en busca de sus amigos.
Aquel gesto le dejó muy claro a Marian que su hermano no quería que fuera con él en el viaje. Ella se quedó mirando la puerta por la que había subido James al tren con resentimiento << El muy tonto ya no se acuerda de que el año pasado era él quien temblaba de miedo delante del tren>>
- ¡Adiós, papás! - Marian les dio un beso y un abrazo a cada uno.
- Marian, tienes alma Gryffindor.
Cuando su padre le dijo aquello, en su cara se dibujó una sonrisa espléndida. Ella asintió segura pues ya le daba igual no tener con quién sentarse en el tren ni que su hermano fuera un egoísta. ¡Ella sería una Gryffindor!
Los Señores Potter se fueron pronto, porque tenían que ir al banco mágico “Gringotts” urgentemente para arreglar unos papeleos. Cuando Marian se quiso dar cuenta, ya no quedaba nadie que le ayudarla a subir su baúl el cual pesaba un quintal.
- No puedo yo sola con el baúl – Marian hacía esfuerzos por mover el enorme baúl pero solo consiguió arrastrarlo unos centímetros - ¡Voy a matar a Jimmy! - murmuró apretando los dientes.
- ¿Te ayudo?
Marian se quedó quieta en su postura pues lo que menos imaginaba era que alguien le ofreciera ayuda con su equipaje. Comenzó a levantar la vista hacia el lugar de donde provenía la voz encontrándose con un niño que se apoyaba en un pilar de la marquesina que cubría todo el andén. Era un poco más alto que James y su complexión parecía relativamente más fuerte que la del niño Potter. Marian observó que su pelo, corto pero peinado de forma casual y negro, brillaba con la luz del sol. Pero, al igual que pasaba con Marian, lo que más llamaba la atención de su aspecto eran sus grandes ojos grises, que la observaban con curiosidad. Realmente, el niño era muy guapo.
- Sí, gracias. – Marian soltó su baúl con alivio y en la cara del niño se dibujó una sonrisa bastante sincera mientras se acercaba a ella - Mi hermano ya ha subido al tren y me ha dejado colgada con todo el equipaje - el chico soltó una sonora carcajada.
- Bueno, no te preocupes. Los hermanos suelen hacer esas cosas – comentó sin dejar de sonreír.
- ¿Eres de Gryffindor? - preguntó Marian observando la corbata de rayas rojas y doradas que llevaba el chico.
- Por supuesto – contestó hinchando el pecho con orgullo.
Marian comenzó a reír por la pose del niño y éste no tardó en contagiarse también. Cuando pudieron parar de reír y sin nada que decir, se quedaron por unos segundos mirándose << Por Merlín, tiene unos ojos más bonitos que los míos… y su cara me recuerda a alguien>> pensó él. Luego, recuperó la conversación.
- ¿Es tu primer año? Porque no recuerdo haberte visto por el colegio.
- Sí – contestó ella señalando su cuello sin corbata de rayas de colores - A ver para qué casa me seleccionan – Marian no pudo disimular su preocupación pero enseguida adoptó un tono soñador - ¡Ojalá que entre en Gryffindor, como mi hermano! – el niño alzó las cejas sorprendido por saber que el hermano de aquella niña también estaba en Gryffindor.
- Pues igual le conozco – dijo haciendo memoria.
- Lo más seguro. Además, si entro en Gryffindor, ya conoceré a dos personas – Marian le guiñó un ojo haciendo esbozar una sonrisa al niño. El silbato del tren sonó.
- Será mejor que subamos o nos quedaremos en Londres y no sabes las ganas que tengo de salir de esta ciudad… - él cogió el baúl más pesado y ella el resto de cosas - ¡Como pesa el condenado! – exclamó haciéndole un guiño cómplice << Qué amable es este chico... y muy majo, además>> pensaba Marian con una sonrisa en los labios mientras subía detrás de él.
- Muchas gracias. Menos mal que me has ayudado porque si no…- El niño volvió a mirarla extrañado.
- Aún no me has dicho como te llamas - dijo decididamente.
- ¡Es verdad! Perdona. Mi nombre es Marian, Marian Potter - él abrió la boca y los ojos de par en par al oír su nombre - ¿Pasa algo? - preguntó ella torciendo el gesto – Bueno, por el apellido seguro que ya sabes quien es mi hermano… - el niño seguía petrificado en el sitio y Marian comenzó a ponerse algo nerviosa – O, o… vale, te llevas mal con él, ¿verdad? – el chico salió de su lapsus bastante nervioso.
- Eeee, nnn…no. Bueno Marian, pues e, encantado de…
- Hombre por fin has subido al tren Mary… ¡¡Sir!! - James Potter corría por el pasillo del vagón en dirección a los niños. Cuando llegó donde estaban, pasó su brazo por encima de los hombros del niño al que acababa de conocer Marian.
- ¡Hola, James! - acertó a decir él con la cara aún pálida mientras James le zarandeaba contento.
- Ya veo que has conocido a mi hermana - ella les miraba atónita pues nunca había visto a su hermano comportarse así con nadie - Hermanita, te presento a mi mejor amigo, Sirius Black - Marian abrió los ojos como había hecho Sirius momentos antes << Este chico es el famoso ¡SIRIUS BLACK!>> pensó casi gritando para sus adentros.
- Sí, ya nos conocemos – contestó Sirius con la compostura recuperada - le dejaste colgada con los baúles, Jimmy.
<< Le llama Jimmy…>>- pensó Marian sorprendida de que alguien se tomara tantas confianzas como para llamar a su hermano como sólo ella le llamaba. Eso la molestó bastante, pero no dijo nada. << A Jimmy, ¡sólo le llamo Jimmy yo!>>
- ¡Es verdad! Perdona Marian, creía que papá te había ayudado a subirlos – se disculpó James palmeando la espalda de su hermana.
- No te preocupes. Ya me ha ayudado Sirius – Marian miró a Sirius esbozando una semisonrisa y él correspondió con otra mientras el silencio reinaba.
- Bueno, dejémonos de charlas y vayamos al compartimento, que los chicos nos están esperando – James se agachó para coger el baúl de su hermana - Ven Mary, así te los presento.
Sirius, James y Marian entraron en el compartimento donde estaban sus otros dos amigos hablando animadamente en un lado del compartimento. James se sentó de un salto en el lado interior del banco opuesto ya que a Sirius le encantaba ir del lado de la ventana. Marian permaneció de pie apoyada en el marco de la puerta con su baúl en medio del pasillo del compartimento.
- ¿Dónde habéis estado? - preguntó el más pequeño de todos.
- Fui a buscar a mi hermana y de paso encontré a Sirius - Marian y Sirius se miraron de reojo pero enseguida volvieron la vista al frente – Siéntate aquí, enana – James palmeó la tapicería del sitio que había a su lado y Marian, medio resoplando, accedió a la petición de su hermano - Bueno, os presento. Este es Peter Pettigrew.
Peter era un chico bastante bajito y relleno. Tenía el pelo castaño oscuro y los ojos marrones y pequeños. Tenía una cara bastante graciosa y un don increíble para meter la pata haya donde iba, lo que hacía que sus amigos se partieran de risa con él.
- Hola - saludó rápidamente para seguir hablando con Sirius sobre sus vacaciones.
- Y este es Remus Lupin.
Remus John Lupin era otro chico de Gryffindor que también tenía doce años como James. Su delgadez, fragilidad y palidez, hacían que pareciera enfermo. Tenía algunas marcas de cicatrices en la cara que infundían cierto temor pero éste desaparecía en cuanto alguien se fijaba en sus hermosos ojos color miel cuya mirada desprendía bondad por todas partes.
- Mucho gusto, Marian.- dijo con una tímida sonrisa – ¿ya conocías a Sirius? – preguntó para iniciar una conversación ya que había notado que la chica estaba intimidada por su aspecto. Sirius desvió la cabeza hacia la conversación que tenía lugar en la otra parte del compartimento.
- No – contestó Marian con una gran sonrisa hacia el rubio – le acabo de conocer hace un rato.
- Sí. Sirius le ayudó a subir los baúles - dijo James en cuanto miró el equipaje de su hermana.
- Qué caballero, Sirius ¿Tanto te ha cambiado el verano como para ayudar a una chica a subir el equipaje? – preguntó Peter con sorna. Sirius frunció el ceño al oír el comentario de su amigo.
- Bueno, la chica no podía con los baúles así que, como soy el más fuerte de todos vosotros, me ofrecí a ayudarla - dijo con chulería mientras se colocaba las manos detrás de la cabeza y subía los pies para apoyarlos en el banco de Peter y Remus - ¡Y cómo pesaba el condenado! - exclamó haciendo burla - Creo que llevaba piedras o algo así - Todos lo chicos le rieron la gracia mientras Marian enfurecía por momentos << ¿Ahora me llama chica? ¡Sólo me ha ayudado para exhibirse!>> pensó entornando los ojos hacia Sirius.
- Bien, bien. Gracias por cargar con mis piedras, Señor “Black el fuerte” - le espetó molesta y con sarcasmo mientras se levantaba del asiento.
- ¿A dónde vas enana? – James la agarró del brazo – solo ha sido una broma.
Marian se zafó de él y con un bufido, cogió su baúl y se fue con aire digno. Apenas podía mantener el equilibrio con el baúl y las otras dos bolsas pero poco a poco, fue arrastrándolo mientras maldecía su mala suerte al haberse topado con Sirius Black. También estaba molesta porque su hermano no la había defendido. << ¡Vaya estúpido!>>
Ya había llegado a las puertas que separan los compartimentos, cuando una voz la sobresaltó haciendo que se le cayera una de las bolsas.
- ¡¿Ya no me llamas Sirius?! - gritó éste desde la puerta del compartimento.
Ella no se dio la vuelta para contestar. Aquel chico le había decepcionado pues su actitud había cambiado radicalmente en cuanto se encontró con sus amigos << ¡es un falso!>> exclamó para sí misma. Acababa de cruzar de vagón y estaba a punto de cerrar la puerta, cuando escuchó algo que en realidad, estaba deseando oír desde que pisó por primera vez el expreso.
- ¡Bienvenida a Hogwarts, Marian Potter!
Marian se dio la vuelta y vio a Sirius esbozar una gran sonrisa hacia ella. Después de unos segundos mirándose, Marian cerró la puerta del siguiente vagón dando por zanjado su encuentro pero, sin saber porqué, las comisuras de sus labios se curvaron imperceptiblemente hacia arriba. Por otro lado, en cuanto Marian desapareció de su vista, la espléndida sonrisa de Sirius desapareció de su cara mientras seguía mirando de frente.
- Es un poco sensible… ya se le pasará – James acababa de salir del compartimento. Sirius, después de unos segundos, le miró volviendo a adoptar su imagen traviesa de siempre.
- Pasársele… ¿El qué? – James negó con la cabeza y una sonrisa mientras empujaba a su mejor amigo dentro del compartimento.
- Jolín con tu hermanita, James. ¡Vaya genio que tiene! – comentó Peter, más impresionado por la reacción de Sirius que por el temperamento de la niña Potter.
- Ya la conoceréis, tiene bastante carácter – dijo mientras él y Sirius volvían a tomar asiento – Aunque le he hecho rabiar con la posibilidad de que no la seleccionen para Gryffindor, espero que entre – James se tornó serio por un momento y Sirius volvió a mirar por la ventana de forma pasiva - Toda mi familia ha pertenecido durante generaciones a la casa Gryffindor… ¡No va a ser ella la oveja negra! – Acto seguido, James cayó en la cuenta del comentario que acababa de hacer y miró a Sirius - Sir, lo siento, no me acordaba…
- Tranquilo, no importa – el chico, un poco serio, seguía mirando a traves de la ventana.
James se tensó un poco ya que Sirius, había sido el único miembro de la familia Black al que el sombrero seleccionador no le asignó la casa Slytherin rompiendo así una tradición de siglos. Aquello le valió la desaprobación de casi toda su familia y en especial la de su madre, Walburga Black.
- Bueno, pero… - James aún se sentía un poco culpable.
- No te preocupes, colega – dijo volviendo la vista hacia sus amigos - Además, mi hermano también ingresa este año en el colegio y seguro que le seleccionan para Slytherin… ¡La peor casa de Hogwarts! - la tristeza se convirtió en burla y todos comenzaron a reír.
*****
Marian sudaba por los cuatro costados debido al esfuerzo de arrastrar su baúl. Iba haciendo paradas delante de cada uno de los compartimentos para mirar si quedaba algún sitio libre pero de momento, todos estaban ocompletos. << ¿A que al final me tengo que quedar en el pasillo?>> pensó bufando mientras se sentaba encima de su baúl para descansar. Aún así, Marian tenía claro que prefería hacer todo el trayecto a Hogwarts sentada en medio del pasillo del penúltimo vagón a volver con James y sus amigos ya que estaba segura que, de ser así, sería objeto de burlas durante todo el viaje por su condición de novata. A cabo de un rato y con un suspiro previo, la niña Potter se incorporó para seguir buscando sitio. Solo quedaban los compartimentos del último vagón del tren. Fue mirando uno por uno hasta que en el último se topo con que la puerta no tenia ventanilla. Marian cogio una gran bocanada de aire y, deseando que no hubiera nadie dentro, giró el picaporte y entro decidida. Tal y como habia previsto, tres chicas sentadas interrumpieron su conversación para mirarla con sorpresa pues la entrada de Marian no habia sido muy discreta. Marian las observo durante unos segundos antes de comezar a ponerse roja como un tomete. Debían ser más mayores que ella ya que no llevaban puestas las capas de los alumnos de primero aunque tampoco hubiera sabido a que casa pertenecian porque iban vestidas con ropa de calle para estar mas comodas durante el largo viaje a Hogwarts.
- Eh… hola - Marian se adelanto un paso pero ante las caras de las chicas, decidio recular y salir por donde habia entrado - Lo siento, pensaba que estaba vacio…
- Queda uno libre, si quieres siéntate aquí.
La chica que se sentaba al lado de la ventana, señalaba con la mano el sitio que quedaba libre a su lado. La chica lucia un pelo Rojo oscuro, largo y muy espeson el cual hacia resaltar sus preciosos ojos de color verde esmeralda. Marian dudo un poco al principio pero la calida sonrisa que le ofrecia aquella chica le disipo de todas su reticencias.
- Muchas gracias- la voz de alivio de Marian hizo que la pelirroja ensanchara aun mas su sonrisa.
- Yo soy Lily Evans - se presento extendiendo la mano.
- Eres de primero, ¿verdad? - pregunto curiosa la chica que se estaba en frente de Lily. Marian asintio con la cabeza haciendo que la nueva chica le guiñara un ojo complice que hizo que Marian se relajara un poco - Soy Alice Rowland.
Alice era bajita y de cara redonda y graciosa. Su pelo rubio contrastaban con sus ojos avellana por ser una combinación atipica lo que la hacia aun mas especial.
- Me parece que la estamos atosigandola un poco… - viendo la verguenza de la niña Potter, la ultima chica siguió con las presentaciones - Soy Laura Meyer.
Laura era la mas alta de las tres chicas. Tenia el pelo castaño aunque los reflejos del sol que se colaban por la ventana hacia que cambiara aun rubio dorado cuando se exponia a ellos. Sus ojos eran azules aunque el color era diferente al de Marian porque el suyo se parecia mas al azul del caribe y el de Marian al azul del profundo atlantico.
- De que casa sois? - pregunto Marian con algo de vergüenza aun.
- Las tres somos de Gryffindor - contestó Alise - Mi hermano tambien comienza este año así que compartireis algunas clases.
- Igual los dos entran en Gryffindor ¿no? - intervino Laura apartando la vista de la ventana.
- Eso espero… - el tono preocupado de Marian no paso desapercibido para las chicas.
- Por que dices eso? - Lily se aceco mas a ella.
- Bueno, es que mi hermano y toda mi familia han pertenecido siempre a Gryffindor y si yo no entro…
- Tienes un hermano en Gryffindor? - pregunto Lily sorprendida.
Marian asintio incomoda al percibir que Lily la miraba de arriba a abajo con los ojos involuntariamente entornados. Laura, que conocia bien los arrebatos de su amiga Lily quiso echarle una mano a Marian.
- y a que curso va tu hermano?
- A segundo - la voz de Marian era casi un hilo pues tanto Laura como Alice chicas miraron a Lily, la cual se estaba incomodando por momentos.
- Y… Bueno, no nos has dicho como te llamas - Alice Intentaba parecer espontanea pero incluso a ella le estaba resultando difícil.
- ¡Ah! - Marian comenzo a prepararse para huir del compartimento pues pensaba seriamente en que aquellas chicas le estaban tomando con ella por ser nueva - Lo siento. Soy Marian Potter.
- No me lo puedo creer - Lily negó con la cabeza varias veces mientras apoyaba su espalda de golpe en el asiento dispuesta a seguir mirando por la ventana.
- Lily… - Laura intentaba disimular la actitud de su pelirroja amiga - ella no tiene porque ser como…
- Es verdad - la interrumpio Alise mirando a Marian con pena.
- Bueno, yo me voy - Marian, sin poder aguantar mas aquella situación, se levanto del asiento dispuesta a largarse de alli.
- Las tres somos Gryffindor, vamos a comenzar segundo curso y… tu hermano es James Potter - Marian se quedo pretrificada de espaldas a las chicas al oir la voz de Lily. Poco a poco fue girando su cuerpo en medio de un sepulcral silencio hasta que quedo de nuevo enfrente de las chicas.
- Conoces a mi hermano - balbuceo Marian. Lily alzo los brazos de forma evidente y Marian pudo intuair por fin a que venia aquella actitud pues su hermano nunca se habia caracterizado por ser un santo precisamente.
- Le conocemos bastante bien - respondio Alise.
- Pues la verdad es que nunca pense que Potter pudiera tener una hermana - comento Laura sorprendida.
- Pues la tiene. Para su suerte o desgracia, soy su hermana - contesto Marian tajante, hasta por aquella situación pues ella no tenia porque pagar los platos rotos de su hermano.
Notó que Lily torcía la cara hacia la ventana de forma descarada, pero Marian hizo como si no la hubiese visto. El vagón volvió a sumirse en otro incomodísimo silencio hasta que Lily, sin poder reprimirse más, volvió a hablar.
- ¿Y cómo es que no estás con él? - Marian notó todo el sarcasmo del que iba cargada la pregunta pero aún así, decidió contestar ya que todo aquello era indirectamente culpa de James.
- Está con sus amigotes - contestó con un matiz de desprecio - Y no me apetecía aguantar sus tonterías y bromas absurdas durante todo el viaje, así que me largué del compartimento - las chicas la miraban con mucha atención - Creo recordar que eran unos tales Lupin, Pettigrew y…
- Black… - dijeron las cuatro a la vez cansinamente.
Todas se miraron confusas por la coincidencia pero, lejos de incomodarse más, rompieron a reír a carcajada limpia. Marian observó cómo la expresión suspicaz anterior de Lily cambiaba a una sonrisa espléndida después de aquello. Parecía que Marian había ganado un premio con la respuesta que acababa de dar y las tres Gryffindor lanzaron miradas de aprobación hacia Marian.
- Siéntate, por favor - pidió Lily volviendo a palmear el sitio libre que había a su lado.
- Perdona nuestra actitud, Marian - se disculpó Laura por las tres y Marian hizo un gesto con la mano quitándole importancia pues ya se sentía mejor - Esque esos cuatro...
- Querrás decir esos tres… - corrigió Alice - Lupin no cuenta porque no se mete con nosotras.
- Entonces dejémoslo en dos. Petigrew tampoco porque es un pelele - Laura y Alice se quedaron mirando a las musarañas pensando por un momento en el argumento de Lily.
- Es verdad, Petigrew tampoco cuenta - corroboró finalmente Alice - Marian estaba haciendo tremendos esfuerzos por no reír ante el comportamiento de aquellas chicas.
- Bueno, el caso es que tu hermano y Black son unos alborotadores - afirmó Laura. Marian la miró sin comprender muy bien a donde querían llegar.
- Sí. Durante el curso pasado no hicieron más que molestarnos y hacer bromas constantemente a cualquiera que se le ponía por delante.
- Incluso a la profesora McGonagall se le acabaron las ideas para castigarles. - acabó Lily.
- ¡Venga ya! - Marian abrió los ojos de par en par pues no sabía nada de eso - ¿Habláis en serio? - las tres afirmaron con la cabeza y Lily le puso una mano en el hombro.
- Querida, siento darte esta noticia pero… tu hermano y Sirius Black, son los mayores alborotadores que ha conocido Hogwarts en toda su historia.
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
CAPÍTULO 2
LA SELECCIÓN
El expreso aminoró poco a poco la marcha hasta que se detuvo en la estación de Hogsmeade. Éste era el único pueblo enteramente mágico que había en Inglaterra y el más cercano a su vez del colegio Hogwarts lo que hacía que los alumnos tuvieran que cubrir el resto del recorrido hacia el castillo por otros medios.
Marian comenzó a sentir una especie de cosquilleo en el estómago debido a los nervios, ya que el momento de entrar en el legendario castillo era inminente. Las chicas, que para ellas aquella circunstancia no tenía nada de nuevo, bajaron del tren hablando alegremente mientras se ayudaban unas a otras con los baúles. Aún así, cuando todo el equipaje estuvo fuera del tren, se quedaron admirando la espectacular vista que desde la estación, había del castillo a media tarde. Marian sintió un escalofrío repentino. Iba a comenzar su vida como bruja y ese pensamiento, fue lo que hizo que aquel misterioso castillo le pareciera lo mejor del mundo.
- ¡Es precioso! - exclamó Marian impresionada.
- Si que lo es ¿verdad?- suspiró Laura, que nunca dejaba de maravillarse ante aquella imagen.
- Y además es una pasada por dentro - apuntó Alice. Se hizo un silencio momentáneo y Lily torció la cabeza para mirar a Marian.
- ¡Bienvenida a Hogwarts!
Marian clavó su mirada en la pelirroja por un instante. Sintió una sensación muy familiar al estar frente a ella pero, como la mayoría de las otras veces que le había pasado esta situación, no le dio la más mínima importancia. Lo que estaba claro era que, con presentimiento o sin él, aquella chica era la segunda persona que le daba la bienvenida a Hogwarts.
- ¡Los de primero, por favor! ¡Acercaos!- una voz potente que Marian creyó amplificada por algún hechizo, retumbó en toda la estación haciendo que las cuatro niñas se sobresaltaran.
- Es, es… ¡ENORME! - exclamó Marian con los ojos como platos y un tanto asustada.
Ogg era un mago sorprendentemente grande que mediría cerca de dos metros y medio y pesaría entorno a los doscientos kilos. Tenía el pelo largo, canoso y enmarañado y vestía ropas bastante humildes y poco cuidadas. A simple vista, parecía un semi-gigante pero en realidad, sólo era un hombre desarrollado en extremo.
- ¿Tengo que ir con ese hombre? - preguntó Marian deseando que sus nuevas amigas le dijeran lo contrario o en su defecto, que le dieran más opciones.
- Marian, ese es Ruffus Ogg, el guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts - Laura sonreía compasiva al ver la cara de susto que presentaba la niña Potter - No te asustes porque aunque es muy grande, es buena persona. Lleva siendo el guardabosques de Hogwarts desde antes de que Dumbledore fuera director así que supongo que dentro de poco se jubilará… Bueno, en definitiva, te caerá bien.
- Pe, pero… ¿Por qué tengo que ir con él? - Preguntó Marian aún con desconfianza mientras negaba con la cabeza sin darse cuenta, haciendo reír a las niñas.
- Es tradición que los nuevos alumnos vayan al castillo en barcas por el lago - le explicó Lily - Además, tu hermano y sus amigotes se llevan muy bien con él así que…
Marian sintió una sensación rara y excitante por todos los cambios y tantas cosas nuevas pero aún así, le parecía un buen comienzo.
- ¡Marian! ¿Dónde estabas? Llevo un rato buscándote - James apareció detrás de la niña jadeando por venir corriendo - Venga, vete con Ogg - dijo empujándola por la espalda, lo que molestó un poco a Marian - Nos vemos en el castillo… - ya se iba a ir, cuando cayó en la cuenta de quienes acompañaban a Marian - ¡Hola, chicas! ¿Que tal el verano? - preguntó con falsa amabilidad.
- Bien, Potter. Adiós - contestó secamente Lily cruzando los brazos y mirando hacia otro lado.
- ¿Ahora eres tú la portavoz del grupito, Evans? - James no desaprovechaba ninguna oportunidad para meterse con Lily - Además, no te lo preguntaba a tí… ¡qué más quisieras! - Lily, con la cara roja, hizo ademán de contestarle pero un grito atronador desvió la atención del niño.
- ¡James! Corre o nos iremos sin ti.
- ¡Voy!- Contestó James levantando la mano para que le esperaran - ¡Cuídate, enana! - le advirtió echando una última mirada a las chicas.
Lily, Alise y Laura comenzaron a despotricar contra James y sus amigos mientras Marian veía cómo su hermano se iba con el chico que había gritado. Marian comenzó a fruncir el ceño al ver a Sirius Black guiñarle un ojo mientras agarraba a James por la espalda para irse.
*****
Marian y sus compañeros de primer curso, después del paseo en barca hasta el embarcadero del castillo, fueron conducidos por unas escaleras hacia la puerta del Gran Comedor del colegio. Marian se había imaginado tantas veces aquel momento, que su corazón empezó a palpitar muy fuerte ante aquella realidad. Sabía que estaba apunto de ser seleccionada para una casa. Pero, ¿cual sería? Estaba sumida en esos pensamientos, cuando una mujer con capa y sombrero negro de punta se acercó a ellos. Tenía el pelo recogido en un bajo y tieso moño y unas gafas cuadradas, ocultaban con bastante eficiencia sus pequeños ojos negros. << Esa debe ser la profesora de Transformaciones de Jimmy… McDonalls, McRonaland… ¡buah! Como se llame >>
- Bienvenidos a Hogwarts, alumnos de primero - el tono solemne y altivo de la profesora hizo que varios alumnos borraran su sonrisa de la cara - Soy la profesora McGonagall. Profesora de Transformaciones, Jefa de estudios y Jefa de la casa Gryffindor. << ¡Eso, McGonagall! >> exclamó Marian en su interior mientras se daba un golpecito en la cabeza lo que hizo que los niños que había a su alrededor la miraran de forma extraña - Ahora pasarán al Gran Comedor del Colegio en fila de a dos y en orden para proceder a la selección de sus casas. A saber, Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Esperamos que su conducta durante su estancia en Hogwarts se rija por el buen comportamiento, trabajo y disciplina - a Marian le sorprendió que la profesora le mirara directamente a ella al decir aquellas últimas palabras pero en cuestión de segundos halló la respuesta. << Jimmy… >> - Su estancia en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería será de siete años durante los cuales obtendrán la mejor formación para ser en un futuro, unos magos y brujas de provecho. Buena suerte y bienvenidos.
<< ¡Siete años!>> La exclamación de Marian en sus pensamientos fue tan fuerte, que hasta llegó a pensar que lo había dicho en voz alta. James no le había comentado cuanto tiempo tendrían que estar en Hogwarts. << ¡Que burrada! Siete años en este castillo>>
- Muchos años entre estas paredes ¿no?
Marian salió de su ensimismamiento para ver quién le hablaba. Era un chico de su misma estatura, con el pelo negro y corto. Tenía los ojos muy oscuros, casi negros, y una cara que le recordaba mucho a alguien.
- Pues, sí. - contestó Mairan con una sonrisa - Pero no nos queda más remedio así que… - los dos se quedaron mirando las grandes puertas del comedor.
- Me llamo Regulus Black - el niño le tendió una mano a modo de saludo y Marian le miró con los ojos entornados.
- ¿Black?... ¿eres familia de Sirius Black? - el niño hizo un gesto de sorpresa casi imperceptible.
- Sí. Soy su hermano.
No hubo tiempo para más explicaciones ya que en aquel instante se abrieron las enormes puertas del Gran Comedor. El lugar era muy grande y estaba abovedado por un cielo encantado. A lo largo del mismo, se extendían cuatro mesas de madera muy largas que ocupaban casi toda la estancia. Cada mesa pertenecía a una casa y encima de ellas lucían imponentes banderas enormes con los escudos y colores de cada casa y delante de cada mesa los recibía el fantasma correspondiente a cada una de ellas. El escudo de la casa Slytherin, surcado por una serpiente, era de color verde y plata. Su fantasma era el Barón Sanguinario. El escudo de Ravenclaw era de color azul y bronce con un águila en el centro y su fantasma era la bella Dama Gris. En el escudo de Hufflepuff, había un tejón dibujado sobre un fondo amarillo y negro y su fantasma era el Fraile Gordo. Por último, el escudo de Gryffindor, que era de color rojo y dorado, estaba dominado por un gran león. Su fantasma era Sir Nicholas de Mimsy-Porpington, más conocido como "Nick Casi-decapitado". Al fondo y en posición horizontal, se encontraba la mesa de los profesores presidida por un hombre de túnica color púrpura. Lucía un largo cabello de color plateado como su barba y bigote. Su nariz, larga y extremadamente torcida hacia la derecha, sujetaba a duras penas unas gafas de media luna que no llegaban a ocultar del todo unos ojos claros y brillantes por los que se trasparentaba una mirada profunda pero tierna. Era el director del colegio, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore.
Los alumnos de primero se colocaron delante de la mesa de los profesores donde había un sombrero de punta, remendado y viejo encima de un taburete. Todos los nuevos niños pegaron un bote al ver cómo se abría una ranura en el viejo sombrero que adoptaba la forma de una boca, pero, no conforme con eso, el sombrero comenzó a cantar una canción. Marian no prestó atención a la letra de la canción ya que no podía dejar de mirar la ranura por la que hablaba con cara de boba. Al acabar el recital, la profesora McGonagall se acercó al taburerte, abrió un pergamino y comenzó a nombrar uno por uno a los nuevos alumnos para que se sentaran el en taburete y fueran probándose el sombrero, el cual gritaba la casa seleccionada para cada uno de ellos.
- Issy Parker - llamó la profesora. La chica se sentó en el taburete.
- ¡RAVENCLAW! - gritó el sombrero.
- Neville Rowland - << Ese debe ser el hermano de Alice…>> pensó Marian al ver el gran parecido que tenía el niño con su hermana.
- ¡GRYFFINDOR! - Marian torció la vista hacia la mesa de Gryffindor, donde Alice daba botes de alegría y se levantaba para dar la enhorabuena a su hermano.
- Melinda Heaven - una chica de pelo rubio subió a la tarima.
- ¡HUFFLEPUFF! - volvió a anunciar el sombrero.
- Regulus Black - el hermano de Sirius miró a Marian con una sonrisa y subió decidido. El sombrero estuvo deliberando más tiempo de lo normal con Regulus hasta que gritó su veredicto.
- ¡SLYTHERIN! - el chico parecía muy contento y cuando bajó para ir a su correspondiente mesa, le deseó suerte a Marian.
Marian creía que el corazón se le iba a salir de pecho y comenzó a buscar frenéticamente a su hermano por toda la mesa Gryffindor. Lo encontró sentado con sus amigos, mirándola fijamente. Sus ojos marrones reflejaban preocupación y en aquel momento, Marian supo que todas las cosas que le había dicho en verano para hacerla rabiar sobre la casa en la que sería seleccionada, habían sido broma. Marian intentó mostrarse segura pero James sabía que estaba muerta de miedo así que le sonrió de forma sincera para mostrarle su entero apoyo. Un chico muy guapo de ojos grises que estaba a su lado, miraba hacia la mesa de Slytherin con amargura. Marian siguió con la vista hacia donde miraba Sirius topándose con Regulus, su hermano. << ¿Por qué le mirará así? ¿Será por la casa? A Regulus no parece importarle… >>
- ¡¡AU!!
Un pequeño golpe propinado por una niña que pasaba por su lado y que ya había sido seleccionada para Ravenclaw, la hizo despertar de sus pensamientos. La cara se le tornó roja al ver a la chica dirigirse hacia la mesa Ravenclaw donde los alumnos la miraban murmurando y riendo por lo bajo. Luego palideció al ver que eso se repetía en todas las mesas.
- ¡Marian Jane Potter! - El tono de voz de la profesora McGonagall denotaba que no era la primera vez que llamaba por ella.
Regulus, que aún no se había sentado, volvió la mirada inmediatamente hacía la tarima al escuchar el jaleo y nombre de la chica que acababa de conocer. << ¿Marian Potter? ¡La hermana del amigo de Sirius! Y tenía que ser ella precisamente…>> pensó con algo de decepción. A Sirius no le pasó el gesto de su hermano desapercibido y frunció aún más el ceño.
Marian sintió que se moría de vergüenza y más cuando, al subir las escaleras hacia la tarima, observó al director Dumbledore sonreír ligeramente por su pequeño incidente. Ya frente al sombrero que sostenía la profesora con cara de malas pulgas, se sentó en el taburete y sintió cómo la sala había enmudecido de repente aunque estuviera viendo que los alumnos seguían hablando entre sí. Y en una de estas miradas, se encontró con la de Sirius Black aunque no le dio tiempo a examinarla.
- ¡Oh, Por Merlín! - Marian pegó un bote en el taburete ya que la exclamación del sombrero le había pillado por sorpresa - Bueno… ejem, ejem - carraspeó el sobrero en la mente de la niña. Marian, sin comprender nada, comenzó a fruncir el ceño por la extraña actitud del sombrero mágico - Mmm… no eres excesivamente ambiciosa, pero sí muy inteligente y trabajadora. También se nota una valentía oculta en ti muy fuerte pero claro, aún es pronto… Pero… sí. Definitivamente tienes un gran potencial, aunque no me esperaba menos de ti.
Al mismo tiempo en la mesa de los leones, mientras la cara de James mostraba una mezcla entre preocupación y expectación, la de Sirius Black, era todo un poema.
- Sirius, desea que entre Gryffindor, por favor. - la mirada suplicante de James hizo que Sirius fuera incapaz de negarle nada en aquel momento.
<< Que Marian venga a Gryffindor, que esté en Gryffindor… >>
- ¡GRYFFINDOR! - anunció el sombrero con voz potente. La mesa de los leones estalló en aplausos para recibir a su nueva compañera.
- ¡Toma ya! ¡Esa es mi hermana! - James se levantó de la mesa como impulsado por un muelle y con el puño en alto - ¡Marian está en Gryffindor, Sir! - zarandeó un poco a su amigo, pero Sirius ni se dio cuenta.
Sirius quedó paralizado en el asiento. En realidad estaba deseando que Marian entrara en Gryffindor porque se lo había pedido su mejor amigo pero en el momento de oír el veredicto del sombrero, su estómago fue sacudido por una punzada. Recordó con angustia y sorpresa que aquello fue lo mismo que sintió cuando le seleccionaron para la casa Gryffindor. Aquel acontecimiento, le cambió la vida para siempre ya que toda su familia había pertenecido a la casa Slytherin durante generaciones. Él era el primero que rompía aquella antigua tradición y al volver a sentir la misma sensación en el momento en que el sombrero anunció que Marian Potter iba a formar parte de la casa Gryffindor, supo que su vida volvería a cambiar para siempre por causa de aquella chica, de Maria Jane Potter.
- ¡Estoy en Gryffindor, Jimmy!- Marian corría hacia su hermano que le esperaba con los brazos abiertos.
- ¡Enhorabuena, enana!- gritó James cogiéndola y zarandeándola de un lado a otro - No esperaba menos de ti.
Marian estaba feliz junto a sus nuevas amigas que la abrazaban en señal de afecto por haber entrado en Gryffindor. También se acercaron Remus Lupin y Peter Petigrew a darle la enhorabuena ya que al fin y al cabo, era la hermana de su amigo, James. A Marian le resultó extraño que Sirius, siendo el mejor amigo de su hermano, no se hubiera acercado junto con Remus y Peter a felicitarla así que no pudo evitar buscarle con la mirada por toda la mesa. Entre cabezas, manos y cuerpos, le encontró sentado observándola con cara de expectación e intriga. De repente, el mundo pareció quedar en un segundo plano cuando sus miradas se encontraron. Marian tuvo una sensación extraña que no se podía comparar ni con el expreso, ni con el castillo, ni con nada que hubiera vivido hasta entonces. Era como si aquel momento, aquel cruce de miradas, fuera a cambiar su vida para siempre.
Espero que os haya gustado. mandadme Post porfa y así me animo a subir más capítulos.
Un Abrazo!






