Hola!!!!!!
Siento el retraso en publicar pero es que he estado muy ocupada esta semana y no tengo mucho tiempo... Este es el último capítulo... Gracias a tod@s por seguirme a lo largo de estas semanas (hayáis comentado o no) ...
Espero que os guste!!!!
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Capítulo 14Promesas Olvidadas
—Por favor señor, apártese para que podamos trabajar —le pidió una voz al pelirrojo pero este no le atendió pues estaba llamando a Hermione a voz en grito, desesperado por no recibir respuesta alguna por parte de la castaña que se había desmayado—. Señor, por favor —insistió la voz. Ron esta vez decidió prestarle atención a la voz. Al desviar su mirada de Hermione se dio cuenta de que ante él había dos sanitarios, dispuestos a intervenir.
Ron se hizo a un lado, sin dejar de apretar la herida de la muchacha y el médico de la ambulancia se situó al lado del pelirrojo, poniendo las manos en el estómago de Hermione, remplazando las de Ron, que las apartó en cuanto el hombre estuvo bien colocado. El otro sanitario se colocó al lado de su compañero, pasándole las cosas que el otro le pedía y Ron se puso en pie, dándose cuenta de que estaba temblando de pies a cabeza. Se acercó a la pared para apoyarse y observó el trabajo de los médicos.
El muchacho no entendía lo que estaba ocurriendo, no entendía lo que hacían los sanitarios ni cómo era posible que Hermione hubiera recibido una bala que estaba destinada a él. Todo le parecía tan confuso. Primero había tenido ante él a Krum, apuntándole con un arma, dispuesto a matarlo, y un segundo después tenía a Hermione cayendo en sus brazos después de interponerse en el camino de la bala, haciendo que el pelirrojo proliferara tal grito que creyó que se le desgarraría la garganta.
En ese momento los sanitarios, subieron a Hermione a una camilla, dispuesta a llevársela al hospital, lo que hizo que Ron reaccionara.
—¿A qué hospital la llevan? —les preguntó acercándose a ellos, temblando todavía de dolor, miedo e impotencia por ver cómo la mujer a la que amaba se iba de su lado una vez más sin que pudiera hacer nada.
—Al London Bridge Hospital... No se preocupe, la señorita se pondrá bien —le aseguró el sanitario aunque Ron notó que había cierto tono de duda en su voz.
—Soy médico y se perfectamente que la bala le ha dado por la zona del estómago... Hay que llegar lo antes posible a un hospital y el London Bridge está muy lejos en una situación así... La llevamos a San Mungo —declaró con tal convicción que los sanitarios titubearon.
—Pero el hospital San Mungo es privado...
—Es el hospital de mi padre así que vamos —dijo decidido. No le gustaba ser tajante pero la vida de Hermione estaba en juego y ahí estaban perdiendo en tiempo. Los sanitarios cargaron con la camilla de la chica y se dispusieron a bajar por las escaleras. Fue una tarea que les demoró unos minutos porque las escaleras no estaban en muy buen estado y tenían que tener cuidado con donde ponían el pie.
Al salir la camilla, Ginny y sus amigos se abalanzaron sobre la ambulancia esperando a que los sanitarios se acercaran con ella. La ambulancia se encontraba cerca del cordón policial y no querían tratar de traspasarlo de nuevo y discutir con más agentes de policía.
—¡Hermione! —exclamó Draco, más pálido que de costumbre. Lavender lo miró y al ver su cara temió que se desmallaría. Lo cogió por un brazo tratando de reconfortarlo.
—¡Ron! —gritó Ginny y se saltó el cordón policial seguida de Harry, que se había olvidado de su profesionalidad y solo quería saber cómo estaban los que él consideraba como sus hermanos, Ron y Hermione.
—¿Estás bien? —cuestionó Harry cuando llegó a la altura de Ron, seguido de Ginny— ¿cómo está Hermione?
—Se pondrá bien —dijo sin detenerse y sin mirarles, con la vista fija en la camilla en la que llevaban a la castaña—. ¡Ginny! —dijo súbitamente, deteniéndose— llama al hospital de papá y diles que voy para allá con Hermione... que preparen un quirófano, ¿vale? —la pelirroja se limitó a asentir, con lágrimas retenidas en sus ojos, viendo cómo dos de las personas más importantes de su vida desaparecían de su vista tras las puertas de la ambulancia. Se abrazó a Harry, desolada pero reaccionando se apresuró a llamar al hospital, como su hermano le había indicado y después a su padre, temiendo que Ron cometiera alguna imprudencia. Después de eso se acercó a sus amigos y todos se pusieron rápidamente en marcha para el hospital.
El viaje al hospital no fue sencillo pues tras unos reconocimientos del médico de la ambulancia y de Ron, llegaron a la conclusión de que la bala había afectado al estómago y que algunos trozos de la metralla de la bala habían afectado a la arteria que conducía la sangre al estómago, lo que podría derivar en una hemorragia interna. El corazón de Hermione latía débilmente y Ron temía que no llegaran a tiempo al hospital.
Las puertas de urgencias de San Mungo se abrieron para dar paso a la camilla que portaba a la doctora Hermione Granger, que ya era esperada por una enfermera y un médico, que no resultó ser otro que Cormac McLaggen. Ron iba al lado de la camilla y al ver al rubio no pudo evitar maldecir su suerte. El pelirrojo pretendía intervenir a Hermione personalmente y estando Cormac de por medio la cosa resultaría más difícil.
Dirigieron la camilla de Hermione a uno de los cubículos que tenían instalados para pacientes graves recién llegados para estabilizarla y prepararla para meterla en el quirófano. Ron se dirigió hacia la sala pero Cormac lo detuvo, colocándose delante de la puerta, impidiendo el paso del pelirrojo.
—Conoces las reglas, Weasley. No se puede atender a un paciente con el que se tienen lazos afectivos... Eso nos compromete demasiado... —le dijo con desdén.
—Métete el reglamento por donde te quepa McLaggen —le espetó apartándole de un empujón y entrando en la sala. Cormac le siguió, decidido.
—No puedes operarla... Estás muy nervioso, te tiembla el pulso... Además de que estás hecho un asco... ¿Quieres que agarre una infección? —le preguntó—. ¡Sal de aquí! —le ordenó, tratando de mantener la calma. Sorprendido, vio como Ron, tras mirarse las manos, salía de la sala disparado sin protestar.
Ron salió del cubículo y se dirigió al vestuario, dispuesto a cambiarse y limpiarse para poder operarla él. Por mucho que le molestara reconocerlo Cormac tenía razón en lo de la higiene y no quería que Hermione corriera más peligro por su culpa.
Al salir al vestíbulo del hospital para dirigirse al vestuario se encontró con sus amigos, que se abalanzaron sobre él preguntándole acerca del estado de Hermione. Se encerró en el vestuario sin responder a ninguna de las preguntas de sus amigos. Se limpió y cambió rápidamente y se dispuso a salir del vestuario dando un suspiro, tratando de tranquilizarse y controlar su pulso. Al salir se encontró con las mismas preguntas que no fueron contestadas tampoco en esa ocasión y se perdió de la vista de sus amigos al traspasar las puertas de la zona restringida para pacientes y médicos. El grupo de amigos lo vieron alejarse hastiados por la falta de información y por la actitud del pelirrojo.
Ron se dirigió a la zona de quirófanos y preguntó en cual intervendrían a Hermione Granger. Se dirigió al número dos, como le indicó la enfermera, aunque ésta le dijo que todavía no habían llegado con la paciente para operarla. Entro en una sala que había antes del quirófano en la que se puso la bata, el gorro y la mascarilla. Luego procedió a lavarse las manos y se puso los guantes. Se observó en el espejo esperando, preocupado, tratando de mentalizarse de que era otra persona a la que tendría que operar. Se observó las manos, éstas aun le temblaban y pensó que la vida de Hermione dependía de que consiguiera tranquilizarse. Ese pensamiento hizo que el temblor de sus manos se detuviera al momento.
Escuchó como varias personas se acercaban y se asomó por la pequeña ventana que tenía la puerta del quirófano. Ya llegaban con la camilla de Hermione. Se introdujo en el quirófano y observó el sitio en el que se encontraba. Era una sala bastante grande, en el centro se hallaba una gran camilla, la cual estaba rodeada de muchas mesas con los más variopintos instrumentos.
Ron estaba frenético, no recordaba haberse sentido tan nervioso ni siquiera en su primera operación. Pero por otro lado, el tiempo le parecía que transcurría lentamente, como si se empeñara en retener el momento que tan nervioso le ponía, y sin comprender si eso ocurría porque se apiadaba de él y le daba más tiempo para que se tranquilizara o si lo hacía para que se pusiera aún más nervioso y se le hiciera imposible operarla.
—Ron —susurró una voz. El pelirrojo se giró y vio a su padre que lo observaba con una triste sonrisa—. No van a traerla aquí, hijo —le dijo acercándose a él.
—¿Qué? —preguntó desesperado, quitándose la mascarilla—. ¿Por qué? ¿Le ha pasado algo? —la voz se le ahogaba y le costaba hablar. Aterrado, se dirigió a la puerta del quirófano pero Arthur no le dejó salir.
—No le ha pasado nada, Ron... Pero no la van a operar en este quirófano —le dijo—. La enfermera te mintió por orden mía. Ginny me avisó de lo ocurrido cuando te fuiste de Hogsmeade y como sabíamos que querrías operarla, llamé al hospital y les dije que te mintieran si preguntabas acerca de Hermione Granger.... En estos momentos Cormac debe estar operándola.
—¿¡Qué!? —ladró Ron, tratando de salir de la sala. Arthur, negando con la cabeza, llevó una de sus manos al bolsillo de su bata y tras un movimiento rápido, aprovechando la distracción de Ron —que forcejeaba con él tratando de salir de allí—, le inyectó algo con una jeringuilla en el cuello.
Se apartó de la puerta dejando salir a su hijo, que no se había dado cuenta de la jugada de su padre por los forcejeos y el enfado, y lo siguió con la mirada. Ron se dirigió fuera del quirófano, dispuesto a entrar en todos los que había en el hospital si era necesario pero algo le detuvo. La vista comenzó a nublársele y unos segundos después yacía en el suelo inconsciente. Arthur sonrió, los tranquilizantes habían funcionado.
Rápidamente llamó a una enfermera y le indicó que avisara a un auxiliar para que llevaran a su hijo a una habitación, asegurando que la terrible experiencia vivida ese día y los nervios habían conseguido que se desmayara. La enfermera no le creyó del todo pero no le cuestionó, él era el jefe y no había que contrariarle.
Se despertó con un gran dolor de cabeza, como cuando tenía resaca pero estaba seguro de que ese dolor no se debía a una borrachera de una noche de fiesta. Ese dolor de cabeza se lo debía a su padre. Ron dirigió una de sus manos a su cabeza y se la frotó, pensando en lo que su padre había hecho. Había sido consciente de lo ocurrido un segundo antes de caer desmayado al suelo y no era algo que se le hubiera olvidado en la inconsciencia. Al igual que lo ocurrido con Hermione.
«
Hermione...», pensó abriendo los ojos. Por la luz que había en la habitación se percató de que era de noche. Miró al lado izquierdo de su cama, dándose cuenta de que Ginny se encontraba en la habitación. Se había quedado dormida leyendo un libro, pero debido a la oscuridad que había en la habitación no pudo ver de qué libro se trataba. Giró la cabeza al lado derecho de la cama y se sorprendió ante lo que veían sus ojos. Hermione estaba en una cama contigua a la suya, conectada a maquinas que controlaban sus signos vitales... Estaba viva. Ron no pudo que evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas del más puro alivio.
—¡Hermione! —exclamó, sin poder controlarse. Ginny se despertó sobresaltada.
—¡Ron! —dijo levantándose de un salto del asiento—. ¿Qué tal te encuentras? Papá nos dijo que el calmante quizás te diera dolores de cabeza pero que no pasaría de eso... No sabes lo cabreada que está mamá con él por inyectártelo —le aseguró con una débil sonrisa aunque Ron pudo ver la preocupación reflejada en su cara.
—Estoy bien... ¿Cómo está Hermione? —cuestionó rápidamente, preocupado—. ¿Dónde están los demás?
—Todos están bien... Sólo dejan que se quede una persona y bueno... Convencí a todos para que me dejaran a mí... Papá tiene guardia y mamá no estaba de humor así que no fue difícil —le aseguró—. Y Hermione... se pondrá bien... Cormac hizo un gran trabajo con ella... pero todavía sigue inconsciente...
—¿Todavía? —preguntó desorientado—. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que la operaron?
—No mucho... La operaron hace casi dos días...
—¡¿Dos días?! ¿He estado inconsciente... dos días?
—Casi... Pero con todo el estrés al que has estado sometido últimamente el sueño se alargó más de lo esperado —le explicó—. Voy a avisar a papá que te has despertado ya... Se llevará una gran alegría... estaba muy preocupado... —le aseguró.
Los días pasaron sin mayores acontecimientos. Aunque Ron fue dado de alta el mismo día en el que se despertó, hizo uso de su influencia en el hospital para poder quedarse allí junto a Hermione, hasta que ésta despertara, aunque se estaba demorando.
Los médicos decían que se debía a que la chica había perdido una gran cantidad de sangre, a pesar de que Ron trató de detener la hemorragia, lo cual le aseguraron que le salvó la vida a Hermione.
Ron se pasaba el día al lado de Hermione, en compañía de las personas que la iban a visitar, esperando a que despertara. Cuando estaban a solar, Ron aprovechaba para leerle la edición que iba a regalarle para su cuarto aniversario de “Orgullo y Prejuicio” que Harry le había traído el día después a despertarse por pedido del pelirrojo.
Hermione se encontraba en un estado de letargo, podía escuchar perfectamente lo que ocurría a su alrededor o lo que ella creía que ocurría, pues a veces dudaba de si lo que escuchaba no eran más que imaginaciones, producto de un sueño profundo del que era incapaz de despertar. Sea lo que fuere, en las voces que oía cada vez que podía, se distinguían todas y cada una de las personas que más quería en ese mundo: la familia Weasley, sus padres, sus amigos y Ron... Siempre estaba Ron, daba igual quien más estuviera con ella, él nunca faltaba a su lado. Esa constante compañía era lo que la hacía dudar que no fueran imaginaciones suyas, llevadas a cabo por su cruel mente y por el deseo de que no le hubiera pasado nada. Su voz siempre la acompañaba, a veces estaba hablando con otras personas, otras estaba hablando con ella diciéndole que despertara pronto y ella rogaba por poder contestarle pero siempre se le quedaban las palabras en la garganta y se le imposibilitaba hablar. Pero sin duda lo que más le fascinaba a Hermione era escuchar a Ron leyéndole “Orgullo y Prejuicio”, su libro favorito.
—
“… o puedo concretar la hora, ni el sitio, ni la mirada, ni las palabras que asentaron los fundamentos...” —le narraba Ron, lo que hacía que Hermione se emocionara mucho pues esa era una de sus partes favoritas del libro—.
“Hace ya bastante tiempo. Lo estaba a medias sin conocer...”—
“...que había comenzado”[*] —finalizó Hermione, aunque fue un susurro inaudible porque tenía la boca seca después de tanto tiempo sin beber. A pesar de ello Ron permaneció callado, expectante, pues creyó escuchar algo pero no se volvió a oír nada. Desilusionado se acercó a Hermione para observarla, sin soltar el libro que había estado leyendo hasta unos segundos antes. Al situarse a su lado le agarró la mano y la observó, preguntándose cuánto tiempo más tendría que esperar para que Hermione despertara.
Hermione notó el cálido tacto de Ron y trató de hablar otra vez pero no lo consiguió pues tenía la boca extremadamente seca. Se removió débilmente, pero lo suficiente como para que los puntos de la cirugía le tiraran, provocándole a Hermione un fuerte dolor en el estómago, que se vio reflejado en un quejido.
—¡Hermione! —exclamó el pelirrojo, esta vez seguro de haber escuchado algo. Hermione fue abriendo los ojos lentamente, encontrándose ante ella a Ronald Weasley. Pudo ver que la observaba con ojos ansiosos, enrojecidos y húmedos. Le dedicó una sonrisa para tratar de tranquilizarlo—. Hermione... —susurró acariciándole una mejilla, totalmente aliviado por verla de nuevo con los ojos abiertos.
—A-agua —trató de pedirle Hermione. Estaba deseando decirle miles de cosas, pero sabía que no podría decírselas con la boca seca como la tenía. A pesar de que la petición resultó algo inteligible, Ron entendió el sentido del mensaje y se dispuso a servirle un poco de agua.
—Bebe despacio... Sé que debes estar muerta de sed pero no debes forzar tu estómago... Da pequeños sorbos —le recomendó en el tono que empleaba con los pacientes, dándole a entender a Hermione que estaba hablando en serio. La castaña le dedicó una mirada entre divertida y exasperada, pues no le gustaba que la trataran como a una niña pequeña. Ron le sonrió encantado de volver a ver una de sus fulminantes y maravillosas miradas.
Hermione se incorporó un poco con la ayuda del chico y bebió despacio durante unos minutos. Cuando se encontró lista para hablar se giró y miró a Ron, ávida de respuestas pero éste no necesitó que le preguntara nada.
—Krum murió... Los policías lo abatieron en cuanto entraron a la habitación en la que estábamos... Tú recibiste un disparo... Te afectó al estómago y a la arteria que se dirige a él pero gracias a que yo te apliqué presión en la herida y la rápida actuación de los médicos en el hospital conseguimos salvarte... Me tuviste muy preocupado —le aseguró acariciándole una de sus manos, agarrándola después, como si temiera que pudiera irse de su lado—. Quería operarte yo mismo pero mi padre no estaba de acuerdo... Me administró un calmante y estuve como dos días inconsciente... A ti te operó Cormac McLaggen. —No pudo evitar hacer un gesto de disgusto al decir el nombre pero Hermione se fijó en que era más leve que en otras ocasiones— Desde la operación han pasado cinco días... Nos tenías a todos muy preocupados... Será mejor que vaya a avisar a mi padre de que has despertado... Ya verás cuando se enteren tus padres. Estaban muy mal... Mi padre tuvo que obligarlos a que se fueran a descansar a casa... —Se levantó de la silla que ocupaba al lado de la cama de Hermione y se dirigió a la puerta, dispuesto a dar la buena noticia a su padre.
Ron se sentía muy raro, no sabía como actuar con Hermione. Al verla despertar se había llenado de alegría y esperanza y había deseado estrecharla entre sus brazos y besarla pero ahora... Había estado a punto de perderla otra vez y ese recuerdo le atormentaba tanto que no podía evitar sentir ganas de salir huyendo de esa habitación.
—Ron... ¿qué pasa? —preguntó Hermione tomando al pelirrojo por sorpresa y haciendo que se detuviera en el acto.
—¿Qué quieres decir? —le dijo acercándose a la cama de la chica de nuevo—. No pasa nada...
—Sí... estás como... distante... Queriendo huir de mi lado... —le acusó con lágrimas en los ojos—. Lo que me dijiste en la Casa de los Gritos no era cierto... No me quieres... —susurró, tratando de contener las lágrimas. Ron la había engañado al decirle que la quería, sólo se lo había dicho para que muriera tranquila.
—No, no, no... —se apresuró a negar Ron horrorizado por las conclusiones a la que estaba llegando la castaña—. Eso no es cierto... Yo... te quiero Hermione, siempre lo haré... pero he estado tan cerca de perderte otra vez que me da miedo acercarme de nuevo a ti... Es algo estúpido pero no puedo evitarlo... Estoy tan aterrado por haber estado a punto de perderte que me da miedo acercarme a ti y que te alejes otra vez... No huyo porque no te quiera... lo hago porque te amo tanto que me da mied... —Hermione lo calló con un beso.
Lo que sintieron ambos al besarse fue algo totalmente indescriptible. Sintieron como si fuera el primer beso que se hubieran dado en sus vidas, igual de anhelado que el primero que se dieron, al igual que este en una sala de hospital e igual de maravilloso. Se separaron tras unos minutos y Ron apoyó su frente en la de Hermione. Se alejó unos centímetros de ella y mirándola a los ojos le susurró.
—Prométeme que nunca más me dejaras —le rogó, mirándola con desesperación. La chica lo miró y dedicándole una pequeña sonrisa y cogiéndole con las dos manos por ambos lados de la cara le respondió.
—Nunca más te dejaré, lo juró. —Y selló su promesa con un beso.
Pasadas unas semanas, Hermione fue dada de alta y para celebrarlo los Weasley prepararon una fiesta en La Madriguera unos días después, a la que invitaron a todos los amigos de Hermione y a los padres de la chica.
—Bienvenidos, señores Granger —les recibió Ginny al abrir la puerta y ver a los padres de la castaña.
—Hola Ginny... ¿Han llegado ya Hermione y Ron? —le preguntó la señora Granger.
—No, todavía no... Pero deben estar a punto de llegar...
Se encaminaron al comedor de la casa, que estaba lleno de cabezas pelirrojas, pues estaban allí todos los hermanos Weasley a excepción de Ron. Además estaban Harry y sus amigos y las esposas de Percy y Bill; Audrey y Fleur, respectivamente. La última estaba embarazada y ya había salido de cuentas.
—Molly, Arthur... gracias por invitarnos a la fiesta —les dijo el señor Granger, sentándose en los asientos que les ofrecía el patriarca de la familia.
—No es para menos, a fin de cuentas es vuestra hija —le dijo Arthur, sonriente.
Pasaron unos minutos hasta que llamaron de nuevo a la puerta. Molly fue a abrir y se encontró con Ron y Hermione, a la que recibió con un abrazo más delicado de lo acostumbrado pues no quería hacerle daño en la herida.
—¡Oh, querida! ¡Estoy tan contenta de verte fuera de ese hospital por fin! —le dijo la matriarca de los Weasley, soltándola y dedicándole una inmensa sonrisa—. ¡Ah comer! —sentenció entrando en el salón seguida de los recién llegados pero se volvió a Hermione y dijo algo que nunca pensaron escuchar de ella—: Será mejor que tú comas algo ligero Hermione, los médicos de la familia me dijeron que tenías que cuidar tu estómago...
La comida transcurrió en el patio sin mayores sobresaltos, aunque Fleur se quejaba alguna que otra vez de las fuertes patadas que daba el bebé. Tras la comida se dispersaron un poco, en diversas conversaciones. Hermione estaba hablando con Ginny y Harry, que le estaban dando la noticia de su compromiso. La castaña se sintió un poco molesta pues había pasado semanas en el hospital y no le habían dicho nada.
—¡No sé como no me lo habéis dicho antes! —dijo haciéndose la ofendida.
—Hermione no te enfades... Lo que pasa es que con todo lo ocurrido... No queríamos darte sobresaltos... —trato de justificarse Harry.
—¿Sobresaltos? ¿Qué pasa? ¿Ahora se me está prohibido alegrarme porque mi hermano y mi mejor amiga se vayan a casar? —preguntó, dedicándoles una gran sonrisa. La pareja sonrió aliviada.
—Habíamos pensado en que Ron y tú fuerais los padrinos... Si queréis, claro... —le propuso Ginny. Hermione se lanzó a los brazos de su amiga emocionada y luego le dedicó otro abrazo al moreno.
—¡Claro que quiero! Me habéis hecho muy felices al pensar en mi como vuestra madrina... —Hermione desvió la mirada y vio que Ron estaba hablando con Fleur. Despidiéndose de la pareja se acercó a su novio.
Ron estaba hablando con Fleur acerca de que debería ir al hospital a que le hicieran una ecografía cuando Hermione se le acercó. Se disculparon con la rubia y se alejaron del resto de los presentes, adentrándose en la casa para poder hablar más tranquilos.
—¿Cómo no me habías contado que Ginny y Harry se casaban? —le preguntó la castaña con un poco de reproche.
—Bueno... Lo que pasa es que no queríamos que te sobresaltaras más de lo debido y mi padre y yo decidimos que sería lo mejor —se acercó a su novia, poniendo cara de perrito abandonado y le pregunto—: ¿No estás enfada conmigo, verdad?
—Me es imposible enfadarme si me pones esa carita —afirmó la muchacha, besando a su novio en la mejilla —. Quería contarte algo...
—¿Te ocurre algo, Hermione? —le preguntó Ron preocupado, temiendo que le doliera el estómago o la herida.
—No, no... —le dijo rápidamente tratando de tranquilizarlo, acercándose a su bolso y sacando un libro de él. Se trataba del que el pelirrojo le había querido regalar para su cuarto aniversario—. Lo que pasa es que estas semanas en el hospital, cuando me estuviste leyendo el libro me leíste el final pero cuando salí de San Mungo y me diste el libro... bueno... le falta la última página —le dijo mostrándole el libro.
—¿De verdad? —cuestionó Ron aliviado, con una sonrisa en la cara que hizo que Hermione se preguntara si se había perdido alguna broma por parte del pelirrojo.
—¿Qué te traes entre manos? —le preguntó con una sonrisa, acercándose a él. El pelirrojo le tendió una hoja doblada. Al abrirla Hermione se percató de que se trataba del final del libro pero lo que llamó su atención fueron las palabras escritas con bolígrafo negro, con la letra de su novio.
“Nosotros cuando nos conocimos empezamos tan mal como los dos protagonistas, Elizabeth y Mr. Darcy... Espero que tengamos el mismo y deseado final feliz que ellos y que pasemos toda nuestra vida juntos”—Ron... ¿qué...?
—Iba a pedirte que leyeras la dedicatoria en la cena de nuestro aniversario pero... bueno, al final todo se complicó y no pude dártelo... Cuando llegué a casa, después de que Ginny me confirmara que te habías ido, desenvolví el libro y arranqué la página con la dedicatoria... Esa página siempre ha ido conmigo, recordándome lo que me había pasado por haberle entregado mi corazón a alguien sin reservas... —le explicó, acercándose a ella y cogiéndole las manos, haciendo que el libro y la hoja cayeran al suelo—. Hoy te devuelvo la hoja que falta del libro, con mi corazón y la proposición que encierra la dedicatoria... Sé que es precipitado pero hemos pasado por tantas cosas que me parece una pérdida de tiempo esperar siquiera un segundo más. Hermione... ¿quieres casarte conmigo? —preguntó, conteniendo la respiración.
La chica se le hacía imposible contestar, pues estaba embargada por las lágrimas. Se lanzó a su cuello y le besó apasionadamente, olvidándose de sus heridas y puntos y los dolores que estos le causaban, abrazándole tan fuerte que Ron pensaba que se ahogaría. Se separaron unos minutos más tarde y Ron la miró sonriente.
—¿Me tengo que tomar eso como un sí?
—¡Sí! —dijo volviendo a abrazarlo.
—Oh Neville, ¿no te parece hermoso? —dijo una voz detrás de los jóvenes. La pareja se separó y se giraron hacia la puerta que daba al patio, encontrándose con Luna y Neville.
—Sí, precioso —concedió el moreno—. Chicos, sentimos interrumpir pero... bueno... Fleur está de parto —anunció haciendo que la pareja reaccionara y saliera disparada de la habitación, dejando atrás a los recién llegados, que se miraban divertidos. En La Madriguera nunca habría una velada aburrida.
FIN
Espero que os haya gustado!!!
Al igual que la vez anterior no había escrito la palabra "FIN" hasta hace unos instantes y la verdad es que es un poco triste hacerlo...
Espero que no os haya decepcionado el final (los finales no son lo mío) y que hayáis disfrutado leyendo esta historia tanto como yo escribiéndola,
…
La idea inicial era escribir un epílogo pero no sé si la falta de tiempo me permitirá hacerlo,
… Trataré de conseguirlo pero sino es así solo os diré que GRACIAS por darle una oportunidad a esta historia y mi...
Nos leemos!!!
Besos!!
Bye
Nay
[*]La parte en cursiva es un fragmento de la obra literaria “Orgullo y Prejuicio” de Jane Austen.
Epílogo: Esperanza