Hola!!!
Bueno... aquí os dejo el epílogo... Siento haber tardado tanto pero no tuve tiempo para nada... Gracias a tod@s por seguirme a mi y a esta historia... Espero que nos leamos pronto...
Y por último, os dedico a todas el epílogo, pero especialmente a Neftis... porque en la primera parte se lo prometí y al final no me fue posible escribirlo y se lo debía ya desde hace unos cuantos meses, xD …
Espero que os guste!!!
EpílogoEsperanza
—¡Ronald Weasley! —exclamaba Harry Potter subiendo apresuradamente las escaleras de la Madriguera, en busca de su mejor amigo—. ¡Ron! ¿Dónde te has metido? —le llamó cuando llegó al segundo piso.
Se encaminó a la habitación de su amigo, a la que entró sin llamar encontrándose con el pelirrojo, quien estaba teniendo problemas con su corbata.
—¡Por fin! ¿No me has oído llamarte? —le preguntó y sin esperar respuesta continuó con lo que había ido a decirle—. Ronald, ya es tarde... Siempre tenemos que ir apurados a todas partes... ¡Hasta para ir a una boda llegas tarde! Y eso que eres imprescindible... Sin ti no hay boda compañero.
—Ya lo sé... pero esta corbata no... —dijo luchando con ella tratando de anudársela correctamente.
—Por el amor de Dios, Ron... Cualquiera pensaría que no te has puesto nunca una corbata —se lamentó el moreno, acercándose a su amigo para anudarle él mismo la prenda.
—Pues la verdad es que no soy muy aficionado a llevar correa —le soltó mordazmente—. Lo siento... es que estoy nervioso —se excusó—. Ya sabes que no me gusta ser el centro de atención... ¿Y si meto la pata?
—Todo saldrá bien —le aseguró el chico enderezándole al muchacho la corbata, ya anudada.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó acercándose a un espejo que había en la habitación para mirarse, llevando una de sus manos a la díscola prenda, incómodo.
—Porque al final siempre acaban saliéndote bien las cosas, aunque a veces no sepas muy bien cómo —le explicó, riendo a carcajadas—. Y ahora... ¡vamos!, que ya llegamos tarde... Ginny y Hermione nos matarán.
Los dos hombres salieron de la habitación riendo por la situación y el nerviosismo que les causaba la idea de que las chicas se enfadaran con ellos.
—¡Por fin! —exclamó una mujer pelirroja, al ver al coche de su marido aparcar ante la puerta de la iglesia.
—¡Papi! —exclamó una niñita pelirroja lanzándose a los brazos de su padre.
—Lo siento, Ginny... pero tu hermano estaba un tanto nervioso —le dijo Harry besándola y cogiendo en brazos a la niña—. ¿Dónde están James y Albus? —le preguntó extrañado.
—Están dentro de la iglesia... Han empezado a discutir, como siempre, así que Lily y yo hemos decidido esperaros aquí y dejarles dentro... Mi madre está cuidando de ellos. Ron —dijo mirando a su hermano con una mirada acusadora—, te están esperando dentro... Espero que no hayas olvidado los anillos. —El muchacho, que estaba acariciando la carita de su sobrina, se puso pálido y se llevó las manos a los bolsillos rápidamente, buscando la cajita de las dichosas sortijas.
—Aquí están —dijo suspirando aliviado—. Nos vemos dentro —les dijo dirigiéndose al interior de la iglesia.
Era una pequeña nave, con muchos detalles tallados en las paredes y estatuas de santos lo que hacía que a ojos de Ron ese espacio tan pequeño se viera recargado. Al cerrarse la puerta varias cabezas de los poco invitados se giraron para ver quien había llegado, poniendo a Ron terriblemente nervioso. Se deslizó rápidamente al costado derecho de la iglesia, entrando en la cámara en la que se encontraba la novia.
—¡RON! —gritó la muchacha—. Menos mal que ya has llegado... Estoy tan terriblemente nerviosa —decía atropelladamente acercándose al hombre.
—Lavender, tranquilízate —le dijo, besándola en la frente—. Todo saldrá bien —le aseguró con cierto tono dudoso.
—Tú también estás nervioso, lo veo en tus ojos... —le acusó—. Si es por lo del discurso puedo convencerlo para que...
—Soy el padrino, tengo que hacerlo —la cortó, intentando convencerla de que podría hacerlo, aunque más bien parecía que se quería convencer a sí mismo.
—Todo saldrá bien. Al menos son pocos invitados... familiares y amigos... Si haces el ridículo todo quedará en casa...
—Muy graciosa... Pero creía que la que necesitaría que la tranquilizaran serías tú y no yo...
—Por supuesto que estoy nerviosa... Es normal... Pero aún así no he estado más segura de algo en mi vida... A pesar de la precipitación de todo... —En ese momento alguien llamó a la puerta. Pasados unos segundo la puerta se abrió dejando pasar a una mujer castaña que venía de la mano de una niña pelirroja de ojos azules, vestida con un hermoso vestido. Detrás de ellas entraron una muchacha pelirroja y otra rubia que llevaban vestidos idénticos, las damas de honor.
—¡Vaya! ¡Victoire, Molly! Estáis preciosas... Rosie —dijo Ron acercándose a su hija, que estaba algo pálida, y agachándose para quedar a la altura de la pequeña de cinco años—. ¿Qué ocurre? Tú también estás preciosa, hija. —La niña no contestó.
—Está nerviosa —le explicó Hermione viendo como su marido se levantaba. Se acercó a él y le besó brevemente—. Teme tropezarse cuando vaya de camino al altar y pise la cola del vestido de Lavender —le dijo sonriendo—. Se parece demasiado a su padre —aseguró acariciando la mejilla de su marido.
—Y que lo digas —intervino Lavender—. Tu marido está como un flan..., no para de temblar. —Ron la miró molesto.
—Exagerada. —En ese instante se escuchó al órgano de la iglesia entonar las notas de la marcha que daba la entrada a la novia.
—¡Oh, no! —exclamó la rubia.
—¿Y ahora quién es la nerviosa? —ironizó el muchacho riendo, cogiendo del brazo a Lavender y encaminándose a la puerta, detrás de Victoire y Molly y seguidos de Rosie, quien llevaba la cola del vestido de la novia.
Para Ron y Lavender ese pasillo, que separaba la habitación en la que se encontraban del altar, les pareció interminable. Para el pelirrojo por el hecho de que todos los ojos estaban siguiendo cada uno de sus pasos y los de la novia. «
Y pensar que cuando me casé dije que no pasaría por esto otra vez». Para la muchacha, sin embargo, eran las ansias de llegar al lado de su novio lo que la hacían impacientarse y estaba convencida de que lo único que impedía que saliera corriendo hacia él era el firme brazo de Ron entrelazado al suyo. La cosa no mejoró cuando sus ojos hicieron contacto visual con los de su futuro esposo, Draco Malfoy. «
Dios mío... Está guapísimo», se dijo.
Mientras se dirigía hasta él pensó en todo lo que había ocurrido en su relación desde que empezaron a salir. No todo había sido maravilloso, por supuesto. Habían pasado momentos muy difíciles por culpa de los padres del rubio cuando se enteraron que ella se había quedado embarazada después de casi tres años de relación. Ellos insistieron en que debían de casarse de inmediato pero la pareja se negó, haciendo que Lucius y Narcisa Malfoy se alejaran de ellos. De eso ya hacía casi seis años. Después de eso Los Weasley se habían convertido en una auténtica familia para el muchacho y por ese motivo ninguno de ellos faltaba en ese día tan especial para la pareja.
Llegaron por fin al altar. Lavender seguía con los ojos fijos en Draco pero los apartó cuando escuchó como Ron suspiraba, aliviado y le dedicó una sonrisa. Unió sus manos a las de Draco y se dispusieron a oír las palabras del sacerdote. Al lado de Ron había un niño rubio de ojos grises que observaba como sus padres se casaban. Scorpius Malfoy estaba muy feliz por sus padres, que además le habían dicho que tendría un hermanito o hermanita en unos meses pero que no debía decir nada, puesto que era un secreto de familia por el momento. El niño desvió la mirada de sus padres y recorrió con ella toda la nave deteniéndose en la niña pelirroja que se encontraba de pie al lado de la novia, de su misma edad y que en esos momentos le sonreía. Dedicándole una rápida sonrisa en respuesta, sonrojado, volvió la mirada de nuevo a sus padres, que en esos momentos recibían las alianzas de manos de Ron.
Tras unos minutos más el cura dijo el tradicional «Ya puedes besar a la novia» seguido de aplausos y vítores al ver a la pareja basarse con amor y fervor, aunque se separaron rápidamente.
En el banquete, que se celebraba en La Madriguera, se respiraba un ambiente familiar y festivo. Había gran cantidad de comida y tanto adultos como niños disfrutaban de la conversación.
—Luna, ¿cómo va tu último libro? —le preguntó Ginny a la rubia, mirándola con curiosidad.
—Pues la verdad es que lo he tenido que dejar aparcado un poco —se lamentó—. Lorcan y Lysander son unos revoltosos y no tengo mucho tiempo... Además, Neville está muy ocupado con su última investigación y no tiene mucho tiempo para ayudarme.
—Lo siento mucho, cariño —se disculpó el moreno, sentado a su lado, cogiendo la mano de su esposa.
—No te preocupes... Lo entiendo... ¿Y vosotros que tal con vuestra investigación? —le preguntó a Ginny y Harry.
—¡Ah! Pues genial... Estamos haciendo grandes progresos... —empezó a explicarles Harry, muy entusiasmado.
Mientras tanto, unas mesas más alejados, se encontraban Hermione con sus hijos, Rose y Hugo, Bill, con su mujer e hijos y Teddy, el mejor amigo de su hija mayor, Victoire, al que habían invitado después de hablar con los novios, que mostraron su total acuerdo.
—Teddy... ¿qué tal están tus padres? —le preguntó Bill rudamente al muchacho que se encontraba frente a él, sentado junto a Victoire. Ese chico le caía muy bien, además de ser un gran amigo de sus padres, Remus y Nymphadora Lupin (más conocida como Tonks) pero no le hacía mucha gracia que su hijita estuviera tanto tiempo con un muchacho, a pesar de que Fleur insistía en que veía cosas donde no las había pues Victoire, teniendo solo ocho años, todavía no se interesaba en chicos.
—Muy bien, la verdad. Están disfrutando de su viaje en Francia como aniversario —le dijo sonriendo.
—Hace mucho que no veo a Remus... —intervino Hermione, quien hasta hacía unos segundos había estado intentando detener la discusión que tenían sus hijos. La castaña le guardaba un gran cariño a su antiguo profesor, pues lo había ayudado en Hogwarts cuando Krum la acosó en el colegio.
—Sí, él también está deseando veros a vosotros y a Rosie y al pequeño Hugo, claro —dijo el castaño, que dirigió sus vista a la mesa nupcial, riéndose a carcajadas al posar su mirada en Ron—. Creo que está a punto de vomitar —comentó, haciendo que todos volvieran su vista a la mesa.
—Pobrecito... —dijo Dominique, mientras Louis asentía, de acuerdo con su hermana.
—Lo pasa fatal cuando tiene que hablar en público —les explicó la castaña.
—Es increíble que, después de todas las charlas que ha dado en universidades, todavía no se haya acostumbrado —afirmó Fleur.
—Se parece demasiado a papá... ¿Recordáis que cuando Ginny y Harry se casaron empezó a tartamudear a la hora de dar el discurso como padre de la novia? —comentó Bill, sonriendo.
Transcurrieron los minutos sin que nadie dijera nada acerca del discurso y Ron ya pensaba que se libraría de tener que darlo cuando Draco se levantó, haciendo sonar su copa con una cuchara, provocando que todos guardaran silencio.
—Bueno... Ha llegado el momento de que el padrino nos asombre con su maravillosa oratoria y nos de el discurso acostumbrado. Pero antes... me gustaría daros a todos las gracias por acompañarme en este día tan especial para mí —dijo Draco emocionado—. Querría dar las gracias especialmente a los Weasley por haber sido mi familia durante estos años y habernos abierto a mi esposa, a mi hijo y a mí las puertas de su hogar —dijo mirando a los señores Weasley que sonreían emocionados—. Y quería darle las gracias a mi esposa —dijo girándose para mirar a su mujer, que lo miraba sonriente— por haberme hecho el hombre más feliz del mundo al quererme y al darme dos maravillosos hijos. —Todos se quedaron en silencio, confundidos por esa afirmación, mientras la pareja se besaba rápidamente, felices y enamorados.
—¡Hey, Malfoy! —saltó uno de los gemelos.
—¿Se te olvidó cómo se cuenta? —inquirió el otro.
—Solo tienes un hijo... a no ser que tengáis uno escondido bajo la mesa —remató el que habló primero, llevándose una mano a la barbilla y poniendo cara pensativa.
—¡Fred! —le dijo una mujer castaña, sentada a su lado.
—¡George! —dijo a su vez una muchacha de tez oscura, sentada al lado del otro gemelo.
—¿Sí, cariño? —dijeron al unísono.
—¡Callaos! —Los dos hombre guardaron silencio y bajaron la mirada ante lo dicho por sus respectivas esposas.
Todos los invitados se rieron ante la situación que acababan de presenciar, aunque seguían un tanto confusos. Era increíble cómo las mujeres de Fred y de George (Anna y Angelina, respectivamente) eran capaces de "domarlos". La señora Weasley les dirigió una rápida mirada a sus nueras, satisfecha. Los recién casados se miraron riendo, mientras Lavender se ponía de pie, feliz de poder dar la noticia al fin.
—No, chicos... a mi marido no se le olvidó como se cuenta... Tenemos dos hijos... O los tendremos dentro de seis meses —sentenció la rubia. Los invitados a la boda guardaron silencio, intentando comprender lo que la chica había dicho. Ron fue el primero en reaccionar, acercándose a la pareja para felicitarlos, causando así una avalancha de invitados acercándose a los recién casados para felicitarlos. Scorpius se acercó a ellos cuando se alejaron, confundido.
—Pero papá, ¿no era un secreto? —le preguntó el rubio.
—Cuando las cosas te hacen feliz no hay porque esconderlo... —le dijo su padre, sonriéndole. El niño lo miró confundido.
—¿Es una de esas cosas que entenderé cuando sea mayor? —le cuestionó el chico.
—No —dijo su madre, cogiéndolo en brazos—. Es una de esas cosas que entenderás cuando quieras a alguien tanto como quiero yo a papá —le explicó rozando su nariz con la de su hijo cariñosamente.
La velada continúo entre risas, alegría y amor... Y promesas, aquellas que hacen que cada día se ilumine con esperanza, con la ilusión de descubrir algo nuevo.
Espero que os haya gustado!!!!
Una vez más, gracias por acompañarme durante toda esta historia... Espero que hayáis disfrutado de ella tanto como yo escribiéndola,
…
Nos leemos, espero
...
Besos!!!
Bye
Nay