por emma_weasly » Dom Ene 18, 2009 8:41 am
Hola de nuevoo!
Ahora si que os dejo con el capitulo! Aunque tengo que deciros que voy a tardar un poco más en publicar, porque últimamente la inspiración no está de mi parte! Lo siento! Y además con los estudios y todo eso...
Pero os si que tengo capítulo y espero que lo disfrutéis!
Un besoo!
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Capítulo 6: Empezar desde cero
Había pasado una semana desde que Hermione y Jake rompieron. Durante ese tiempo, Hermione no supo nada más de él y se pasó todos los días en casa de sus padres. Nunca salía de ahí y siempre estaba encerrada en su habitación sin ver a nadie. Pero lo que realmente hacía Hermione era estar a solas con su hijo o hija. Esos días que estuvo sola se dio cuenta de que el bebé que llevaba en el vientre era lo que más quería en el mundo y él o ella era lo único que la hacía mantenerse fuerte. La verdad es que ahora ya no estaba enfadada ni triste por haberse quedado embarazada. Ahora creía que era lo mejor que le hubiera podido pasar. Jake se habría enterado de todos modos de lo que pasó con Ron y la hubiera dejado igual, así que al menos sabía que estaba con alguien que no la dejaría nunca.
Pero sus padres no sabían nada de eso y empezaban a preocuparse por su hija. Creían que ya tenía que superar la ruptura con Jake y lo mejor para hacerlo era seguir con su vida de antes. Así que una tarde, la llamaron y se reunieron los tres en el salón para hablar.
- Hermione, hija, tenemos que hablar. – le dijo su padre.
- ¿Qué es lo que pasa? – preguntó preocupada por lo serios que estaban sus padres.
- Creemos que últimamente estás muy sola siempre y nunca sales de casa. Estamos preocupados por ti. – dijo su madre.
- Estoy bien, tranquilos. Solo necesitaba tiempo para pensar y asimilar todo lo ocurrido. – contestó ella.
- ¿Y cuándo vuelves al trabajo?
- En un par de días se me acaba la baja, así que ya voy a volver.
- ¿Y vas a quedarte mucho tiempo aquí? – preguntó la señora Granger.
- ¿No queréis que esté con vosotros? – les preguntó Hermione extrañada.
- No, no eso. Claro que queremos que estés con nosotros. – dijo el señor Granger.
- Lo único que creemos es que te estas aislando en una “cajita de cristal”. Todavía no has ido a tu antigua casa a recoger tus cosas ni nada.
- Es que… no sé si estoy preparada todavía. – contestó Hermione.
- ¿Y cuando lo estarás? Hija, solo te lo decimos por tu bien. Tienes que superar todo lo que ha pasado. Ahora llevas a un hijo en el vientre, en siete meses vas a dar a luz, ¿y que seguirás viviendo aquí? ¿Escondiéndote de los errores que cometiste? – razonó la señora Granger.
En ese momento Hermione se puso a llorar y su madre se arrepintió de lo que acababa de decir. Fue hacia su hija y la abrazó fuertemente.
- Hermione, lo siento, perdóname. No era mi intención ofenderte. – dijo.
- No, mamá, tienes razón. No puedo aislarme de todo, esconderme. Tengo que hacer frente a todo lo ocurrido, por mi hijo. – contestó Hermione y se tocó el vientre. – Es hora de empezar mi vida de nuevo.
- Muy bien dicho, hija. – se enorgulleció su padre.
- Y que sepas que nosotros te vamos a ayudar en todo lo que necesites. – añadió su madre.
- Muchas gracias, mamá, gracias papá.
En otro lado de la ciudad, Harry y Ginny habían ido a pasear con James por el Callejón Diagon. Al pasar por la tienda de los gemelos, Sortilegios Weasly, vieron que estaba tan abarrotada de gente como siempre. Pero George los vio desde dentro y les indicó que entrasen. James estaba fascinado con las cosas que había y le encantaban algunos de los juguetes que habían. Muchos de la familia decían que James se parecía bastante a los gemelos y ellos adoraban a su sobrino.
- Hola, ¿cómo estáis? Hola James. – saludó George.
- Muy bien. Vosotros, con mucha gente, como siempre.
- Si, la verdad es que estamos muy contentos con el éxito que tiene la tienda. Y mamá que no quería que trabajásemos en eso al principio. – dijo George y Harry y Ginny recordaron las broncas que les metía la señora Weasly por fabricar y vender esas cosas.
En ese momento, una señora con un niño pequeño le pidió a George unos artículos y él tuvo que atenderles.
- Voy un momento y sigo con vosotros. Podéis subir a la casa, está Charlie ahí. – dijo George y fue a atender a la señora.
Ginny, Harry y James subieron a la casa de los gemelos y, tal y como les había dicho George, ahí estaba Charlie, tumbado en el sofá y con unas cuantas cervezas por encima de la mesa.
- ¡Charlie! – exclamó Ginny al verlo. - ¿Qué haces bebiendo si son las once de la mañana?
- En realidad son de la noche. – dijo Fred que acababa de llegar. – Ayer vino ya un poco borracho y siguió bebiendo aquí. Dice que desde que ha llegado a Londres su vida es una mierda.
- ¿Y eso? – preguntó Harry.
Charlie siempre había sido muy responsable y le gustaba su vida y su trabajo. Ninguno entendía el por qué de ese cambio de opinión.
- Pues porque estaba mejor en Rumania. – dijo Charlie, que acababa de despertarse y había oído la conversación de sus hermanos.
- ¿Por qué dices que estabas mejor en Rumania? – le preguntó Ginny.
- Porque… ¡Qué dolor de cabeza!
- Voy a por una poción contra la resaca. – dijo Fred y se fue a la cocina.
Enseguida volvió y le dio la poción a Charlie para que se la bebiese. Él lo hizo y al cabo de un par de minutos ya se encontraba mejor y en condiciones para hablar.
- Verás, es que aquí no conozco a nadie. Me paso todas las noches de los sábados en mi casa solo y, es muy aburrido.
- ¿Pero no tienes a ningún compañero en el ministerio? – preguntó Harry, que lo había visto algunas veces con otros magos de su departamento de Cuidado de Criaturas Mágicas.
- Si, pero todos tienen novia o están casados y siempre están con su pareja. No suelen quedar con amigos por las noches.
- Ay, hermanito, lo que a ti te pasa es que te estás volviendo viejo. – bromeó Fred. – Tienes 27 años y a esa edad todo el mundo tiene novia.
- ¡Fred! – lo regañó Ginny, ya que Charlie se había puesto más deprimido todavía.
Ella se sentó al lado de su hermano y le cogió de las manos.
- Mira, lo que a ti te pasa es que no te has acostumbrado a vivir aquí socialmente y necesitas conocer gente. Sobretodo chicas. – dijo Ginny.
- George y yo somos los reyes de las fiestas y conocemos un montón de gente, todos nos adoran. Así que seguro que nos van a hacer el favor de hablar con nuestro hermanito, aunque sea un poco aburrido, como dice él. – bromeó Fred de nuevo y esta vez todos rieron, incluso Charlie.
Al fin y al cabo, sus hermanos tenían razón: Charlie necesitaba encontrar ya a alguien con quien compartir su vida.
A la mañana siguiente, Hermione se despertó radiante y con muchas ideas en la cabeza. Después de hablar con sus padres y de oír lo que ellos le dijeron, había tomado la decisión de empezar de nuevo su vida. Se había pasado una semana escondiéndose de todo y había llegado el momento de volver a la casa que compartía con Jake. No quería quedarse a vivir allí, porque le traería demasiados recuerdos, pero tenía que ir a buscar todas sus cosas. Así que justo después de desayunar, fue a San Mungo para asegurarse que mañana empezaba a trabajar y para revisar cuántos pacientes tenía apuntados para ese día.
Luego fue a dar un paseo y al pasar por delante una inmobiliaria, se dio cuenta de lo que realmente necesitaba para recuperar su vida. Tenía que comprarse una nueva casa dónde criaría a su hijo. Entró en la inmobiliaria y allí le enseñaron algunas casas y algunos pisos. Tenía suficiente dinero ahorrado desde que empezó a trabajar y creyó que un piso pequeño podría pagarlo, así que después de mucho mirar, se decidió. No quería esperar más, porque sabía que como más pronto empezase su nueva vida, más pronto superaría lo de Jake. Después de una hora mirando pisos, compró uno en el centro de la ciudad, cerca del Callejón Diagon. El piso tenía dos habitaciones, un cuarto de baño, una cocina y un salón. Era pequeño, pero para vivir ahora ella sola y dentro de unos meses con su hija, era lo suficiente grande.
Se había pasado ya toda la mañana comprando y al mediodía volvió a casa de sus padres para almorzar. Durante la comida, les contó que se había comprado un piso y que en dos días realizaría la mudanza para irse ya a vivir al piso. Sus padres estaban muy orgullosos de todo el esfuerzo que estaba haciendo su hija para recuperar su vida y no podían estar más contentos. Además, la charla con Hermione del otro día había servido de mucho.
Ya por la tarde, Hermione le envió una lechuza a Ginny explicándole que iría a su antigua casa a recoger sus cosas. Su amiga ya sabía que eso le sería muy difícil a Hermione, así que le había dicho que la acompañaría para estar con ella.
A las cinco de la tarde, Hermione fue a buscar a su amiga con su coche. Ginny había dejado a James con Harry esa tarde y así ella podía estar siempre son Hermione. Las dos se dirigieron a la antigua casa de Hermione y justo al verla de lejos Hermione recordó todos los buenos momentos que pasó allí junto a Jake. Todavía no podía creer que eso no volvería a suceder jamás.
- Esta mañana me he comprado un piso en el centro de Londres. – dijo Hermione para alejar sus pensamientos de Jake. – Ya era hora de que empezase a vivir de nuevo.
- Es genial, Herms. ¿Cuándo te vas a mudar?
- Lo antes posible, quiero tenerlo todo preparado y así me ayudará a superarlo más rápido. Y además tengo que empezar a pensar en mi hijo. No quiero que cuando nazca yo todavía esté mal por lo de Jake, quiero tener una vida estable y una casa estable para mi bebé. Quiero ser una buena madre.
- Y lo serás seguro, Herms. – contestó Ginny.
Aparcaron el coche delante de la casa. Al entrar, Hermione observó que Jake ya la había arreglado un poco antes de irse a Alemania. No había ninguna foto en la mesa del salón, ni ninguna en su dormitorio. Tampoco había el álbum de fotos que Hermione le había regalado cuando cumplieron dos años de novios. Ella no sabía si lo había quemado o se lo había llevado, pero el caso era que no estaba allí. También la casa estaba muy vacía, ya que todas las pertenencias de Jake no estaban. Al ver la casa tan vacía y tan solitaria, a Hermione le vinieron ganas de llorar.
- ¿Estás bien? – le preguntó Ginny.
- Si, si, solo es que está muy silenciosa y me ha hecho recordar todo lo que vivimos Jake y yo aquí.
- Sé que es duro, Herms, pero tenías que venir. Esta es la única forma de superarlo.
- Si, lo sé. Vamos, tengo que recoger toda mi ropa.
Subieron al dormitorio dónde Hermione y Jake dormían y dónde ella y Ron se acostaron por primera vez juntos. Allí, hace exactamente tres meses, había sido concebido el hijo que ahora estaba esperando, ese hijo que le había cambiado la vida. Hermione se acercó a la cama y después de tocarla, se acarició la barriga, dónde estaba su hijo.
- Aquí fue cuando todo empezó, cuando me quedé embarazada y cuando tú empezaste a formar parte de mí. – le dijo suavemente a su hijo.
Ginny llegó a la habitación en ese momento con una caja de cartón con cosas dentro.
- Ya he guardado lo que me has dicho dentro de la caja. ¿Qué más hay que poner aquí? – le preguntó, pero se dio cuenta de que su amiga estaba casi llorando.
Ginny se sentó en la cama al lado de Hermione y la abrazó.
- No te preocupes, todo estará bien. – le dijo.
- Ya lo sé. No es por eso por lo que estoy así. – contestó Hermione, hizo una pausa y siguió: - Aquí fue donde hace tres meses me acosté con Ron y cuando me quedé embarazada. Ahora estoy muy contenta de poder tener a este hijo, aunque sea sola. – dijo con lágrimas en los ojos.
- Ser madre es lo mejor que te ha podido pasar, Herms. Y me alegro mucho por ti. Pero sola no lo vas a criar, porque cuando se lo digas a Ron, él te va ayudar en todo lo relacionado con vuestro hijo. Y yo también te voy a ayudar en todo, nunca te voy a dejar sola, ¿de acuerdo?
Hermione asintió y abrazó a Ginny. Ella era una gran amiga y estaba seguro que nunca la iba a dejar sola con el embarazo y con su hijo.
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