Es un pequeño (no tan pequeño) One-shot sobre el primer día de clases de Scorpius Malfoy, desde su punto de vista sobre las cosas. ¡Espero que lo disfruten y les sea de su agrado!
Me gustaría que alguno de los moderadores se diera una vuelta por acá por las dudas que haya cometido algún HORROR gramatical o algo por el estilo.
Espero no arruinar la reputación de grandes escritoras argentinas que impusieron Paula y Luciana.
¡Nos leemos!
Disclaimer: Todos los visible pertenece a la reina Johanne Rowling.
Excepto Aline Nott y Trinity Zabanni que me las imaginé yo
Es un sutil Scorpius-Rose.
Era la primera vez en mi corta e infantil vida que pisaba la estación de King Cross y al echarle un simple vistazo todo a mí alrededor me pareció gigante y aterrador. Los trenes yendo y viniendo, echando un vaporoso humo gris de sus locomotoras, la gente corriendo casi desesperada rodeada de valijas y bolsos, y yo parado con mi carrito sin ni siquiera respirar del miedo y con la horrible sensación de que cada pared de la inmensa estación me iba a morder y absorberme dentro de los ladrillos convirtiéndome en un prisionero a tiempo completo.
Mi primer día de clases no se parecía en absoluto a cómo lo había imaginado.
Papá tomó mi carrito que cargaba un gran baúl negro con mis iniciales y mi preciosa hurona perfectamente resguardada en su cajita, y mamá puso su mano sobre mi hombro en señal de apoyo. Los nervios me invadían por completo y no lo podía evitar, cada vez estábamos más cerca de cruzar la barrera que me mostraría la verdadera realidad mágica que estaba esperando, y podía sentir un cosquilleo en el estómago que se hacía constante.
La frase de mi abuelo se repetía en mi mente casi como un eco: “No debes de decepcionarnos, Scorpius, eres un Malfoy, nunca te olvides de eso”
Si su objetivo había sido presionarme y volverme completamente loco por la carga que sería para mí llevar el apellido, sin dudas lo había logrado. Papá cruzó la barrera de la estación sin ser visto por nadie, y la idea de salir casi corriendo para el lado contrario a dónde estábamos me pareció la más sensata.
Sentí la presión de la mano de mi madre sobre mi hombro nuevamente y levanté la cabeza para mirarla casi destellando desesperación de los ojos, ella me sonrió con confianza y me dio un leve empujoncito para que avanzara, pero no me moví, mis pies parecían pegados con un hechizo en el suelo, y era obvio que necesitaría de un contra hechizo para moverme. Un contra hechizo que no tenía idea de cómo hacer.
—¿Qué sucede, Scor?—preguntó mi madre destilando ternura en su voz.
—Tengo miedo—admití más rápido de lo que lo había pensado.
Mi padre ya no estaba con nosotros de ese lado de la barrera y de alguna u otra forma me sentía un poco más liberado de esa enorme mochila que significaba ser un Malfoy, aunque nuestro apellido se había manchado tantas veces que para mí era como ser apellidado troll, mi familia continuaba empecinándose en no arruinar todo lo que habían logrado… como si ellos no lo hubieran hecho.
—Es normal, hijo—respondió mamá acariciándome el rostro—pero nosotros vamos a estar contigo, no lo olvides.
El hechizo se había roto y no había sido necesario más que un poco de apoyo maternal que no había sentido desde que habíamos salido de nuestra casa. Mamá me tomó de la mano con fuerza y solo dejé que ella me arrastrara por la pared hasta que aparecimos del otro lado.
Mi padre nos observó con el ceño fruncido y soltó un bufido casi con repulsión por nuestra tardanza, empujó mi carrito nuevamente y Gaudette que estaba dormida pegó un gritito de la impresión.
Juntos caminamos unos cuantos pasos y en todo momento sentí la mirada fija de la gente en mí, juzgándome a cada segundo de cómo me vestía, como caminaba, como hablaba, como me peinaba y hasta como respiraba. Irónico pensar que ahora éramos nosotros la escoria del mundo mágico…
Mi madre me dio un beso en la mejilla de improvisto y yo sacudí la cabeza de la impresión.
—Tu padre ya subió tus cosas al tren, Scor—me avisó, yo solo asentí con la cabeza y observé por unos cuantos segundos el tren escarlata que se lucía impoluto y tan grandioso como siempre me lo habían representado y estaba atiborrado de estudiantes excitados que no podían esperar un segundo más para subirse allí.
Yo claramente era la excepción.
Papá ya había vuelvo y se encontraba a mi lado mirando hacia un grupo de pelirrojos que entre lágrimas, emoción, tristeza y felicidad despedían a cada miembro de su familia. Por un segundo sentí la penetrante mirada azul de Ron Weasley sobre mí, pero nuestro contacto visual solo duró unos míseros instantes que parecieron una eternidad. Mi padre los saludó con un movimiento de cabeza que éste correspondió y al instante la mirada de casi toda la familia estuvo sobre la de la mía. Tuve que respirar para tranquilizarme si no quería sufrir de algún extraño ataque, y me acerqué a mis padres para saludarlos. Hasta ese momento no me había percatado de cuanto los iba a extrañar.
Mamá llorisqueó unos minutos y mi padre me sonrió todo el tiempo hasta que subí al Expreso. Todavía podía sentir el calor de sus abrazos en mi cuerpo congelado por la ansiedad.
Los pasillos que separaban cada vagón estaban llenos de curiosos que salían a ver a los nuevos y asustados estudiantes, o aquellos que esperaban pacientemente a que sus amigos llegaran a sus respectivos vagones y no tenían mejor idea que hacerlo afuera dificultando el paso.
Logré llegar hasta dónde mi primo Alexander Nott me esperaba casi sin chocarme a nadie lo cual era un gran logro y entré al compartimiento mucho más tranquilo.
—¡Ey Scor!—me gritó a modo de saludo—te estaba esperando desde hace un rato. Mira, papá, mamá y Aline están allí en el andén esperando por saludarte.—miré por la ventana y efectivamente allí estaba mi tía Dapne con Aline en brazos que se removía muy escurridiza para tener solo un año de edad y mi tío Theo que agitaba ágilmente su mano, sonriéndome. Les respondí el gesto con una sonrisa ladeada pero llena de sentimiento y me senté justo en frente a mi primo que me miraba fijamente con sus ojos verdes, iguales a los de mi mamá.
—¿Estas nervioso?—preguntó pícaramente cuando el tren comenzó a moverse.
—Sí—me limité a responder sintiendo que la garganta me ardía un poco.
—Yo también—admitió él pensativo, ambos estábamos solos rumbo a la mejor escuela de magia y hechicería del mundo y aunque fuéramos los primos más unidos en el universo en ese momento nos sentíamos como dos extraños.
—¿Vamos a dar una vuelta?—me propuso.
La idea de deambular por arriba de un tren en movimiento me resultó hasta un poco graciosa pero acepté sin problemas. Lex estaba que saltaba de felicidad, recorrimos cada mísero rincón del tren, saludamos al maquinista, a un profesor barrigón que estaba tomando hidromiel en su vagón y que según lo que le contó a Lex era el profesor de pociones, compramos medio carrito de golosinas y nos empachamos de ranas de chocolate, saludamos a algunos chicos de Slytherin que conocíamos y nos quedamos charlando cómodamente con Trinity Zabini que estaba rodeada de sus amigas de segundo año que nos miraban con ternura como si fuéramos unos pequeños osos de peluche a los que podían apretarle los cachetes a imagen y semejanza.
El grito del semi-gigante Hagrid resonó en nuestros oídos con claridad, los nervios y las ganas de salir corriendo se me habían ido en el transcurso del viaje, casi tenía la sensación de sentirme en casa.
Lo seguimos ordenadamente y nos subimos a los botes con una ansiedad palpable en el ambiente.
Busqué con la mirada a Lex y lo vi junto a una niña de castaños cabellos y cara de ratita.Me miró como suplicándome que lo sacara de allí, pero yo ya estaba sentado en otro de los botes con una mata de rulos anaranjados al lado. Tuve que mirarla dos veces para confirmar que de verdad estaba sentado junto con la hija prodigio de los Weasley.
—Hola—saludé y al ver su mirada azul posada sobre la mía me arrepentí al instante.
—Mi padre no me deja juntarme contigo. Eres Scorpius ¿no?—la miré con los ojos abiertos de par en par y asentí levemente con la cabeza, la niña parecía compungida por la situación y evitaba mirarme a los ojos.
—Tú eres una Weasley ¿verdad?—le pregunté para lograr que posara nuevamente sus ojos azules en los míos, parecía como si desde el mísero momento en que me había mirado por primera vez, esto se había convertido en una necesidad básica de vida.
—¿Cómo lo supiste?—me preguntó sorprendida.
—Eres pelirroja y tienes pecas.
Ella le restó importancia con la mano y por primera vez desde que habíamos partido en esos botes, me sonrió.
—Weasley y Malfoy no se llevan bien, nunca lo han hecho—le dije como si supiera esa frase de memoria. Rose me miró contrariada e hizo una mueca muy graciosa.
—¿Por qué?—me preguntó. Me extrañó en sobre manera que no le hubiesen contando nada, pero estaba seguro de que era un tema que no me correspondía charlar con ella, así que solo me encogí de hombros y murmuré:
—Cosas de la historia.
Ella frunció el entrecejo visiblemente molesta y el corazón se me encogió al verla así. Rose Weasley se me hizo tremendamente tierna.
—Pues yo creo que podríamos cambiar un poco la historia. ¿Qué te parece Scorpius?—sonrió y las mejillas se le sonrojaron un poco.
La miré embobado y asistí con la cabeza, por mí el apellido Malfoy se podía hundir en el medio del lago negro si Rose Weasley estaba dispuesta a cambiar nuestras historias con alguna razón obvia y yo estaba incluido en la idea.










