Estás a punto de leer mi primera historia, la primera publicada porque hace tiempo que escribo pero nunca había publicado nada por cosas de la vida ejem no tenían internet ejem. Pero mi querida amiga Adara, una escritora genial, me animó hacerlo.
Desde el principio advierto que va a ser una historia diferente, no solo va ha estar centrada en una relación amorosa sino también en temas generales. Personalmente estoy cansada de leer siempre lo mismo así que esa es la razón.
La historia va a estar dividida en tres partes: La primera, hasta el capítulo ocho, centrada unos años después de 6º curso con alguna miradita al pasado. La segunda parte, a partir del capítulo nueve hasta el dieciséis más o menos, totalmente centrado en el pasado, y por último, la tercera parte, donde la historia seguirá por donde se quedó en la primera parte
Espero que con esta explicación no os perdáis mucho leyéndolo, de todas formas, cualquier duda me lo decís =)
ADVERTENCIAS : Contendrá spoirles, lemmon y violencia. De todas formas avisaré cuando llegue el momento.
DISCLAIMER: los personajes y los lugares pertenecen a J.K Rowling
Eso es todo, feliz lectura.
Editado 03 de Enero de 2010: Mi beta Lu-lucidity (gracias, gracias, gracias) me ha ayudado con el capitulo y aquí lo dejo corregido.
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Hermione llamó a la puerta antes de que Ginny llegara a su lado. Esperaron juntas, resollando, mientras respiraban el hedor de las aguas de las cloacas. Pasados unos segundos, algo se movió detrás de la puerta y esta se abrió un poco, un hombre las miró por la rendija, un hombre pelirrojo y con gafas.
Hermione se bajó la capucha de la chaqueta. Tenía la piel tan pálida que el rostro parecía brillarle en la oscuridad, mechones del alborotado pelo, que llevaba sujeto en un moño detrás de la nuca, se le habían escapado y caían por su frente.
- ¡Hermione! - Saludó el hombre y abrió un poco más la puerta de modo que la luz alcanzó a las dos chicas -¡Parece que al final no nos has dejado!
- Hola, papá..
- Hola, señor Weasley - Repuso ella con un forzado susurro - ¿Podemos entrar?
- Por supuesto.
El hombre se hizo a un lado para dejarlas entrar en la casa, las dirigió hacías las escaleras que bajaban al sótano donde estaba la cocina.
- Sólo estamos uno pocos, los demás están en un misión - Murmuró el señor Weasley antes de abrir las pesadas puertas de la cocina.
Se encontraban en una pequeña y oscura cocina cuyo aislamiento recordaba a una celda de aislamiento. Las paredes estaban cubiertas de armarios y encimeras, cuya madera estaba enmohecida y parecía haber sido arañada por un gato enorme, en el fondo había unos fogones antiguos y una chimenea; una mesa desvencijada y unas cuantas sillas se apiñaban en un débil charco de luz que arrojaban unas cuantas velas colocadas encima de un armario con las puertas de cristal. Reinaba un ambiente de abandono como si aquella sala no se hubiese usado en años.
Todas las personas allí presente giraron las cabezas para ver quien había irrumpido en la casa a esas horas. Harry y Ron estaban sentados juntos. Sentados en el rincón, había dos mujeres jóvenes y un hombre bastante viejo, con un bastón, hablando en voz baja. Apenas miraron a las visitantes volvieron a juntar las cabezas para seguir hablando.
Una mujer regordeta se abalanzó, de pronto, sobre Hermione y Ginny y las abrazó como si no las hubiese visto en mucho tiempo.
- Cariño... Cielo... - La mujer se separó un poco para mirar mejor a Hermione - Si hubiésemos sabido...
- Molly - Hermione cogió las manos de la señora Weasley - Nadie podía haberlo sabido. Ya está, no lo podemos cambiar.
El señor Weasley rodeó los hombros de su mujer, que se sorbía la nariz e hizo un ademán invitando a Hermione y a su hija a tomar asiento. Hermione se quitó el abrigo y lo dejó en un rincón, rodeó la mesa y se sentó junto a Ron que le cogió la mano y besó el dorso de esta. A continuación se quedó mirando las dos manos unidas, ambas surcadas por finas cicatrices, unas apenas se veían mientras que otras aún estaban tiernas.
Ginny se sentó junto a sus padres.
- Estamos... solos ¿No? - Inquirió Hermione en voz baja.
-Si, por supuesto. Bueno Kreacher está aquí, pero las ratas no cuentan ¿verdad? - Murmuró Harry con desprecio.
Hermione abrió la boca para defender al elfo pero la volvió a cerrar.
-Bien, ¿Cuál ha sido el último movimiento de los Mortífagos? - Preguntó Hermione removiéndose en su asiento.
El señor Weasley carraspeó, se alisó nervioso la corbata y le tendió uno de los periódicos que habían esparcidos por la mesa. Hermione soltó la mano de Ron para coger el periódico, hacía tiempo que “El profeta” no era de fiar. Hermione pasó las páginas de “El Quisquilloso”: la revista del padre de Luna Lovegood que se vendía secretamente.
Los nombres de Arnold y Jane Granger, padres de Hermione Granger, famosa por ser amiga de Harry Potter, se unen a la infame lista de víctimas de los mortífagos. Un vecino muggle que fue testigo de los hechos hizo unas declaraciones antes de que le borrasen la memoria "Si, sí, yo lo vi todo, era un encapuchado, y.... hubo un destello de luz verde..."
Tras ocho años de guerra, las autoridades, que todo el mundo sabe de qué parte están, siguen sin hacer nada por evitar..."
El texto iba acompañado de una fotografía de la casa de los Granger. Hermione arrojó el periódico a la mesa, notaba la boca seca y los ojos llorosos. Ron le apretó el muslo para tratar de consolarla.
- Desde lo de tu padre no han vuelto a actuar...
La señora Weasley se había levantado de la mesa y preparaba café en un rincón. El hombre viejo vaciló un momento, como si se planteara decir algo, pero luego se levantó de la silla ayudándose de su bastón y se metió por una puerta que daba a una despensa; se oyeron golpetazos y tintineos de copas, pasados unos segundos, regresó con una polvorienta botella que dejó en la desvencijada mesa.
- En estos momentos el café no sirve para nada, muchacha - Gruñó el viejo cogiendo a Ron del cuello de la camisa con la intención de levantarlo de la silla para sentarse él. Ron miró con indignación al viejo y después a su madre, quien se encogió de hombros - Ya era hora de que volvieses por aquí. Se te echaba de menos.
- Gracias, señor Dumbledore.
Ron fue a sentarse en la única silla libre junto a las dos jóvenes que lo miraron como si estuviesen frente a algo maloliente. El señor Dumbledore, Aberforth, llenó los vasos de un vino rojo oscuro haciendo que algunos murmuraran las gracias.
- ¡Por que la guerra acabe pronto! - Dijo Aberforth alzando su copa, y se la bebió de un sorbo. Los demás lo imitaron.
Cuando se hubo bebido la segunda, Hermione dijo con precipitación:
- Perdonad que me presente aquí de esta forma, pero quiero volver a estar en activo...
Aberforth levantó una mano para interrumpirla y apuntó con su mano a la puerta de la entrada de la cocina. Hubo un fuerte golpe y un grito seguidos de unos pasos nerviosos.
- Te pido disculpas - Dijo Harry - Últimamente Kreacher se ha aficionado a escuchar detrás de las puertas.
- Ron, querido, ¿quieres ir a encerrarlo de nuevo? - Preguntó la señora Weasley e voz baja y girando la copa entra sus manos.
Ron se levantó de un salto y salió de la cocina, aliviado de tener que separarse de las dos jóvenes que ya empezaban a lanzarle miradas asesinas.
- ¿Seguro que quieres volver justo ahora? ¿No quieres esperar un tiempo?
Hermione negó con la cabeza - Ya ha pasado demasiado tiempo.
- Tenemos motivos para pensar que los Mortífagos traman algo gordo para el martes que viene en San Mungo -Harry miró por encima de sus gafas a Hermione - Vamos a ir un escuadrón bastante grande, pero otra persona más no nos vendría mal.
La señora Weasley se llevó la mano a la boca, para reprimirse de decir algo y su marido le dio unas palmaditas en la mano.
Hermione asintió apretando los labios, se levantó de la silla y cogió su chaqueta.
- A media noche, Hermione.
- Allí estaré - Respondió antes de salir de la cocina.
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