Muñeca de trapo.
Caminaba por los desiertos pasillos de Hogwarts. Era ya bastante tarde y hacia frío (estabamos en preno invierno), asi que me abracé a mi misma y continue con mi paseo nocturno. Caminaba de regreso a la torre de Gryffindor cuando algo, mejor dicho alguien, me abrazo por la cintura. Un estralofrío recorrió toda mi columna vertebral, y solo había una persona capaz de hacerme reaccionar de aquella manera. Draco Malfoy.
Apartó mi pelo de mi cuello y depositó un beso en el lóbulo de mi oreja. Otro escalofrío. Intente liberarme de él, pero me fue imposible. Sus brazos rodeaban mi cuerpo como si se trataran de unos barrotes de hierro, fuertes. Sus labios buscaron los mios y me beso como nunca antes. Yo caí fácilmente ante sus caricias y besos. Otra noche más. Nuestros cuerpos se entrelazaban, encajando perfectamente en el cuerpo del otro. Alcé la mirada y le mire directamente a los ojos.
-¿Por qué juegas conmigo de esta manera tan cruel?-Draco solo sonrió y me acarició la mejilla con lentitud.
-Porque es mi naturaleza.-
Sonrió y volvió a besarme, y yo, como tonta me aferre a él, deseando con todas mis fuerzas no haberme enamorado de él jamás. Me acurruqué en su pecho y llore en silencio. Una vez más caí rendida entre sus brazos, y cuando abrí los ojos, él ya no estaba. ¿Algún día seré lo suficientemente buena para él? Tenia la esperanza de que si, pero por el momento solo podía aspirar a ser una más.
Abandoné aquella habitación, tan especial para mi, pero a la vez, mi infierno. Reccorí los pasillos y por fín llegue al Gran Comedor, me senté en mi mesa y empecé a comer lentamente. Colin y Luna hablaban animadamente a mi lado pero yo ni siquiera les prestaba atención. Me despedí y salí del Gran Comedor. Ahora tenía clase, así que aceleré el paso, no quería llegar tarde. Draco, Draco, Draco, no podia pensar en otra cosa que no fue él. No sabía lo que McGonagall había explicado al finalizar la clase.
Salí del aula y apoyé la cabeza en la pared, cerre los ojos un momento. No muy lejos de mi, Draco le susurraba cosas a Pansy Parkinson al oído, y ella, reía. Intenté apartar la mirada, pero no fui capaz. Finalmente se besaron con pasión. La fría mirada de él se posó en mis ojos y me dedicó una sonrisa triunfal, luego se marcahron juntos.
Los libros resbalaron de mis manos y chocaron en el suelo. Mis lágrimas se agromeraban en mis ojos, me di la vuelta y empecé a correr hacía mi torre, mi santuario. Me tire en la cama y mis ansiosas lágrimas se salieron con su proposito. ¿Por qué me tenía que haber enamorado de él?
El sol naciente se asomaba timidamente por las montañas. Otro día empezaba. Me levanté de la cama y me vestí, luego baje al Gran Comedor a desayunar. Draco estaba en mitad del pasillo, listo para interceptarme. Caminé hasta él y me atreví a mirarlo a los ojos, aunque sabia que sería mi perdición. Esta vez no sonrió, me empotró en la pared y empezó a besarme, yo ni siquiera me resisti. Cuando él se cansó de mis besos, se dio la vuelta y se marchó, sin decir nada.
Así era. Día tras día. Ha veces se acercaba a mi sigilosamente, me abrazaba por la cintura, me regalaba una de sus sonrisas, me acariciaba la mejilla y me besaba. Otros días ni siquiera me miraba, tampoco me besaba y era cuando yo iba a él. Demasiado tarde me di cuenta que lo necesitaba, necesitaba sus besos, sus caricias, su atención...todo.
-Draco, ¿qué soy para ti?-le pregunté un día
-¿Tú?-susurro.-Mi muñeca de trapo.-
No pude evitar que en mis labios se dibujara una sonrisa. Su muñeca de trapo, me respondio. Al fin y al cabo era algo para él...
Disculpo si hay por ahi alguna faltas pero no lo he podido corregir con el Word
Acepto todo tipo de criticas, consejos y demás...GRACIAS!!




