Noche de Verano.
Hacía una noche de verano perfecta. Clara y calurosa, el cielo estaba lleno de brillantes estrellas, y en el centro había una preciosa luna cuarto creciente plateada. Para ver mejor el firmamento salí de mi casa y pasee por el jardín. Me senté en el césped y observe el cielo, la belleza del firmamento conjunto al silencio que reinaba hacia un lugar realmente bello y cautivador. El firmamento me perdía. Un arbusto cerca de mí se movió, provocando un sonido que me asusté. De un salto, me levante y observe atentamente la oscuridad.
- ¿Quién anda ahí? - susurré, pero nadie me contestó.
Regresé rápidamente al interior de la casa y cerré la puerta, y subí a mi habitación. Cerré bien la puerta de mi habitación y me apoyé en ella. Cuando me di la vuelta me lleve una gran sorpresa. Una persona encapuchada estaba allí, de pie, dándome la espalda. No podía ser que él estuviera allí.
- Draco. - susurré.
Habían pasado varios meses desde que se fue de Hogwarts, y pensé que jamás volvería a verlo, pero aquí estaba. Él se dio la vuelta y pude ver su rostro pálido, medio escondido en una capa oscura. En su rostro se dibujó una media sonrisa, de las que yo recordaba. Se quitó la capa y me miro.
- Hola Ginebra. - sonrió dando un paso hacía mí, yo di un paso hacia atrás.
- Me mentiste. - susurré. - Me dijiste que no eras un mortígafo, pero te fuiste con ellos. -
Draco continuó andando hacía mí.
- Te dije la verdad... - sonrió. - ...aunque poco después me convertí en un mortífago. - su sonrisa se transformó en melancólica.
- ¿A qué has venido? - pregunté y me topé con la puerta. No tenía escapatoria.
Draco camino hasta mí con calma, me acarició el rostro con suavidad y me sonrió. Una de esas sonrisas de las que me enamoré perdidamente. Sus dedos acariciaron con lentitud mi labio inferior.
- Draco, no me hagas esto...por favor... - susurré
- Te jure que volvería a por ti. - susurró.
Por primera vez nuestros labios se rozaron, disfrutando del sabor del otro. Fue un beso suave, lento. Mi celebro me gritaba que me separara de Draco, pero mi cuerpo no me respondía. Draco me rodeo con sus fuertes brazos mientras la intensidad del beso aumentaba paulatinamente. Yo me aferré a su cabello y le abracé por el cuello. Él me cogió por la cintura y despacio me tumbó en la cama, a continuación se colocó sobre mi, pero sin que su peso cayera completamente sobre mi y continuó besándome. Cuando lo noté encima de mi traté de quitármelo de encima, pero no pude.
- Déjame. - susurré con un hilo de voz.
Draco me estaba besando el cuello y siguió hasta subir al lóbulo de mi oreja.
- Ginebra...no trates de resistirse porque en el fondo lo deseas tanto como yo. -
Muchas noches había fantaseado con aquel momento, pero ahora que lo tenía no estaba segura. Tampoco Draco me dejo tiempo para pensarlo, volvió a mis labios y me besó con lujuria y pasión. Me dejo sin aire. Yo acaricié su firme espalda y finalmente mis dedos acabaron enredados en su sedoso cabello. Draco deslizó sus manos por debajo de mi camiseta, acariciando con suavidad mis pechos. Gemí. En esos momentos todas mis dudas desaparecieron. Quería entregarme a Draco en cuerpo y alma, y lo quería ya.
Draco me quitó la camiseta y me observó unos segundos, pude ver el deseo reflejado en los ojos. Gracias a Merlín la oscuridad no le permitiría ver mis sonrojadas mejillas.
- Eres preciosa. - susurró
Yo sonreí y Draco continuó besando, acariciando y lamiendo mis pechos. Cerré los ojos con fuerzas y apreté los dientes para no gritar de placer, solo Merlín era capaz de saber el placer tan inmerso que provocaba con solo aquellas caricias. Draco descendió un poco más y continuó besando hasta llegar a la parte más baja de mi barriga. En apenas unos segundos me quitó mis pantalones cortos, yo empecé a jadear. Entre más caricias siguió bajando y cuando note sus labios en el interior de mis muslos gemí más fuerte. No me lo podía creer, ina hacer el amor con Draco y mis padres estaban a dos habitaciones de distancia. Él elevó la mirada y sonrió con picardía, parecía que hubiese leído mi mente.
- Insonoricé la habitación. -
Aquello provocó una carcajada por mi parte, Draco también sonrió. Lo cogí del rostro y lo obligé a que me besara, necesitaba sentir su húmeda lengua, sus labios acariciando los míos. Draco aún estaba vestido, así que le quité la camiseta y fue directa a su pantalón, mientras él jugaba con la goma de mis bragas. Llevaba puestos unos calzoncillos negros que sobresaltaban sobre su piel clara, humedecí mis labios con mi lengua y no pude evitar bajar la mano hasta su miembro. Lo acaricié y Draco gimió, me sentí orgullosa y continué, mientras Draco gemía. Después de varios minutos, Draco cogió mi mano y la alejó de su miembro, me besó con desesperación y pude notar como el deseo y lujuria se hacían con el control de nuestros cuerpos.
Con un rápido movimiento, me quitó mis bragas y me acarició mi sexo. Yo arqueé la espalda cuando noté la lengua de Draco en mi clítoris, volví a gritar de placer y él continuo con su tarea, cada vez lo hacía más rápido y yo creía desfallecer. Draco me estaba llevando hasta el mismísimo cielo, luego introdujo dos dedos dentro de mi y los movió en círculo, volvió a mi boca y me aferre a su cuerpo.
Una fría capa de sudor cubría nuestros cuerpos, pero aquello aún no había terminado. Draco sacó sus dedos de mi interior y se quedó muy quieto a mi lado. Yo tarde un poco en regular mi respiración y cuando lo hice abrí los ojos y mire a Draco, él también tenía la respiración irregular, sonreí.
- Draco quiero hacer el amor contigo ya. Te deseo muchísimo y quiero ser tuya. -
- ¿Es verdad lo que dices? ¿Estás segura? - preguntó mientras besaba mi hombro desnudo.
- Si. -
Draco volvió a tumbarse encima de mi, y con suavidad me penetró. Yo cerré los ojos, lo único que sentía en ese momento era dolor.
- Si te hago daño, solo dímelo. - susurró Draco.
El dolor estaba desapareciendo lentamente, solo tenía que aguantar un poco más y ya estaría.
- No pares. -
Draco poco a poco iba aumentando el ritmo de sus movimientos, y el dolor dejo paso a un placer totalmente desconocido para mi. Gemí cuando llegue al punto del placer extremo. Alargue mi mano y agarre con fuerza la sabana, Draco se dio cuenta y entrelazo su mano con la mia, yo la apreté con fuerza. Draco se quedó a mi lado mientras ambos recobrábamos el aliento, me abrazo y yo me acurruque en su pecho.
- ¿Cómo estás? - susurro Draco mientras me acariciaba el pelo con ternura.
- No lo sé. - dije, Draco me miro divertido y yo le sonreí. - Pensaba que sería más doloroso, no lo sé. -
De repente el miedo y el horror invadieron mi cuerpo. No quería volver a perder a Draco. Me senté encima de Draco y lo abracé con todas mis fuerzas, él se quedó un poco parado pero no me separó de él.
- Te quiero Draco. - susurre y le di un beso. - Te quiero muchísimo. - otro beso.
Draco bajó una mano hasta mi cintura y me apretó contra él, aquello me excitó muchísimo, y con la otra me cogió del cuello y me apego a sus labios. Lo bese con desesperación y sin darme cuenta empecé a mover mi cintura en círculos sobre él.
- Por Merlín, Ginebra. - susurro con voz ronca.
- ¿No te gusta? - dije fingiendo tristeza. - Lo tendré que hacer mejor. - sonreí con picardía
Lleve mis labios hasta su lóbulo y lo mordí levemente mientras lo humedecía con mi lengua, Draco se revolvió debajo de mi y gimió. Perfecto, ya había encontrado su punto débil. Sonreí para mi misma y continué besando y mordiendo su cuello, quería hacer sentir a Draco una mínima parte de lo que él había hecho sentir. Acaricie su bien formado pecho y recorrí con mis dedos todos y cada uno de sus músculos bien marcados. Draco no hacía otra cosa que gemir y jadear. Sin previo aviso fui directa a su miembro, esta vez no me detendría. Lamí toda la longitud de su miembro lentamente y a medida de que él gemía más, más rápidos eran mis lengüetazos.
- ¿Esto te gusta más? - pregunté con inocencia
Ahora tenía su miembro entre las manos y lo agitaba con rapidez, Draco se dejó caer totalmente sobre la cama, con los ojos cerrados fuertemente y la respiración agitada. Varios minutos después, Draco me cogió de los brazos y me puso debajo de él, luego me beso con posesión y desespero. Con una fuerte embestida volvió a penetrarme y yo grite se nombre, nuestros movimientos eran rápidos y pronto llegamos al segundo orgasmo. Gemimos juntos.
Pero yo necesitaba más, ahora que tenía a Draco para mi, no iba a dejar de amarlo. Draco, exhausto, se dejó caer sobre mi, pero yo me puse encima de él y continué moviendo mis caderas.
- Ginebra...Ginebra. -
- Un poco más...solo un poco más. - supliqué
Aumente un poco más el ritmo y en unos segundos volvimos a llegar al orgasmo. Derrotada, caí al lado de Draco y me sumí en un perfecto y profundo sueño.
Los calurosos rayos de sol dieron de pleno en mi cara y me desperté con la sensación de haber tenido un maravilloso sueño. Abrí los ojos asustada y rápidamente comprobé que estaba totalmente desnuda en la cama. Entonces no había sido un sueño, había hecho el amor con Draco. Dos lágrimas resbalaron de mis ojos y cayeron por las mejillas, feliz, completamente feliz. Acaricie las sabanas, donde hace apenas unas horas estaba Draco, y comprobé que aún estaban tibias. No hacía mucho que se había marchado. Sonreí. Me abracé a la almohada y su aroma mentolado aún estaba allí. Inspiré profundamente el olor.
Cerré los ojos y recordé con claridad cada uno de los segundos de la noche pasada. De los labios de él no salieron las palabras "Te quiero" o "Te amo", pero me lo demostró toda la noche, amándome hasta perder el conocimiento. Suspire largamente y me abracé a mi misma. Jamás olvidaría aquella noche. Jamás. Me levanté y caminé hasta la ducha, abrí el grifo de agua fría y me duché.
Cuando volví a la habitación me di cuenta de que en las blancas sabanas destacaban unas gotitas de sangre. Sonreí. Aquella sangre significaba que había dejado de ser una niña para siempre, para convertirme en una mujer completa y madura.
Draco.
Ginebra aún dormía enroscada en mi cuerpo. En su rostro se dibujaba una perfecta sonrisa, se la veía tan bella, parecía un ángel. Mi ángel. Sería capaz de pasarme una vida entera observando su infinita belleza, y jamás me cansaría. Poco a poco iba amaneciendo, lo que significaba que tenía que regresar a la mansión. Con sumo cuidado aparte su pequeño cuerpo del mío y me vestí mediante magia. Por último me incliné sobre ella y la observe por unos minutos, me costaba tanto alejarme de ella.
- Te amo, criatura. - susurre en su oído.
¿Quién era capaz de saber si en un futuro, Ginebra y yo podríamos vivir juntos y felices? Nadie. Lo único que tenía claro es que no iba a ser posible en un futuro inmediato.
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