Este es un one-shot exclusivo para el reto del club DRANSY de mi amiga Giselle.
Es la primera vez que escribo de esta pareja… así que no sé si me haya salido, ya ustedes dirán si me quedo, le sigo o si mejor me voy a mi casa
Aceptó tomatazos, de preferencia que estén blanditos no me vayan a descalabrar, ¿ok?
Ya saben que los personajes son de JK, la pobre inglesa que no le dio gusto a nadie con las parejas
¡Disfrútenlo!
“PALABRAS”
“Me caso con ella”
Cuatro simples palabras que creíste me derrumbarían, que provocarían mis lágrimas en un tumulto arrojándome a tus pies para suplicarte que no lo hicieras, que te quedaras conmigo diciéndome que me amabas, pues bien son dos palabras las que te dirijo yo en respuesta a tu absurda disposición:
“Te equivocas”
Eso, querido mío, tus ojos no lo verán, no me veras humillada y tampoco rogándote por un de tu amor, ¿por qué mendingar por algo de lo que YA soy dueña?
Tal vez quieras ocultarlo tras ese trato frio y desdeñoso que hoy me das, escondidos tras un pilar del jardín de la escuela en nuestra noche de graduación, pero tus ojos, grises como el ópalo, no mienten, no me pueden mentir y veo a través de ellos que al igual que a mí, la disposición de tu padre y del padre de esa niña te duele.
No lo decimos, nunca lo admitiremos, por algo somos el príncipe y la princesa de Slytherin, somos astutos, fríos y orgullosos, jamás admitiremos este dolor, por que desde hace años sabemos que sería así, en nuestro mundo no existen los matrimonios por amor, eso es para muggles o para magos estúpidos y pobretones, nosotros nos casamos por interés, nada más y no haya nada que podamos hacer. Aquí no hay lugar para el amor, esa palabra resulta ser extraña en nuestra sociedad, por ello a pesar de ser la realeza de nuestra sociedad, nos sentimos ajena a ella.
Te vi alejarte poco a poco con paso seguro y lento ante mi falta de respuesta, de lágrimas, de negación… ¿Qué quieres que haga yo, cariño? Soy así, soy Slytherin, eso está en mis venas.
Volví a la fiesta con mi careta fría, careta que sólo caía ante ti junto con el resto de mi ropa en aquellas noches de pasión que solíamos pasar juntos, sonriendo como una muñeca. Pude verte a su lado riendo, abrazándola, besándola. Los celos no se hicieron esperar en mí, pero me contuve, no era una estúpida Gryffindor que se desharía en lágrimas al verte, tal y como minutos atrás lo había hecho la pequeña de las comadrejas al ver a al estúpido-que-vivió en brazos de otra. No. Yo no soy así. ¿Por qué? Por que en Slytherin pensamos con la cabeza, no con otra parte del cuerpo, pero al mismo tiempo no olvidamos que todos, hasta tú cariño, tenemos un corazón.
Me aseguré de que tus orbes grises estuvieran sobre mí cuando hice lo impensable; tomé del cuello a Harry Potter y entrelacé mis labios rojos contra los de él, metiendo mis dedos entre su cabello negro azabache, abrí los ojos y te miré, sin dejar de besarlo, noté como te tensabas, como tu rostro perdía la compostura, tus manos abandonaron la cintura de ella y percibí las ganas que tenias que matar inmediatamente antes de venir hacia nosotros y reclamar lo que era tuyo.
Ni siquiera noté la estupefacta reacción de Potter, sólo vi que te aferraste con fuerza a la cintura de Astoria. No me sorprendió. Somos iguales.
Dos meses pasaron, yo no te busqué y tú tampoco a mí, era obvio, sabemos que las mejores decisiones no son las más fáciles y aunque tenemos el valor de tomarlas, también contamos con la sensatez de saber cuando hacerlo.
Sabía que mañana era tu boda, por que a pesar de todo, tú y ella, esa estúpida que cree ha ganado, tuvieron la desfachatez y la “cordialidad” de mandar una invitación a mi familia. Sabía que ella lo veía como el triunfo total, como si la invitación en pergamino francés era como la sentencia final donde su nombre impreso proclamaba a la ganadora. Reí ante eso, ¡que equivocada estaba!
De ti, no me esperaba otra cosa. Provocación era la palabra para describir nuestra relación. ¿Qué era lo que pretendías? ¿Que entrara a media ceremonia y gritar ante todos que no te podías casar con ella? ¡Mira que caprichoso es el destino!
Tu despedida de soltero era aquella noche, el mejor burdel mágico era el escenario perfecto para la fiesta llena de vino y mujeres donde nuestros amigos se reunirían a decirle adiós al mayor Casanova de la generación, a ti, a Draco Malfoy.
No fue difícil entrar, un buen soborno al dueño y pronto me encontraba en el mismo lugar que tú. Llevaba un antifaz negro, al igual que el conjunto de lencería que preparé para lo ocasión, te miré sentado en la barra brindando con Zabini y varios más por una felicidad que no sentías. Pasé a tu lado e in mediatamente llamé tu atención, en tu pálido rostro pude ver tu confusión. Me seguiste y yo no me detuve, hasta entrar a un pequeño cuarto de iluminación rojiza, donde una cama con dosel blanco nos esperaba.
Escuché la puerta cerrarse detrás de ti y sonreí en mi fuero interno.
-¿Qué haces aquí, Pansy?- me preguntaste devorándome con la mirada, no respondí inmediatamente, me senté con delicadeza en la cama y vi con agrado como tus ojos ligeramente centellaron.
-¿Creíste que no te daría una despedida de soltero como se debe?- te dije lujuriosamente alzando mi ceja tras el antifaz que no servía de nada ante ti, me conocías a la perfección. Te arrojaste a mis labios estrepitosamente con hambre, saboreándolos sin piedad, te colocaste en medio de mis piernas y gustosa te recibí atrapándote con ellas, ataque tus labios con el mismo ímpetu que tú, al poco tiempo ya la ropa estorbaba y nos deshicimos de ella rápidamente, pronto nuestros jadeos y gemidos inundaron la habitación, yo seguía con el antifaz puesto mientras tus labios me enseñaban como llegar al cielo en el infierno de tus caricias.
Te incorporaste y posando tus manos en mi rostro dijiste: - Quiero que me muestres quien eres, Parkinson…- al tiempo que lo decías fuiste quitando lo único que me cubría y justo en ese momento como si fuera literal e irónicamente metafórico, quede al desnudo ante ti. Tus ojos se encontraron con los míos, que te gritaban lo que mis slytherianos labios se negaban a pronunciar, supiste en ese instante, que yo había aprendido más que tú, que seguía los dictámenes de nuestra casa al pie de la letra, yo no necesitaba hacer trampa, ni gritar más alto para imponerme por encima de tu futura esposa, yo sabía que mi verdad y era suficiente, yo sabia que me amabas y eso me bastaba.
Cerré mis ojos azules al sentir el primer contacto que diste contra mí, fue suave pero decidido, y de nuevo me sentí completa y en ti pude ver que sentías lo mismo. Volviste a rozar mis labios y mi mano se apoderó de tu nuca, ambos recorrimos el cuerpo contrario como si la vida se nos fuera en ello, supe que tu necesidad de mí sólo podía equipararse a la que yo sentía por ti.
Sentí tu calidez correr dentro de mí y mis jadeos se intensificaron, mientras los espasmos que tensaban mis músculos me llevaban a tu lado a la cúspide del placer. No hiciste el intento de salir de mí y yo no lo deseaba. Tus ojos grises estaban a punto de ebullición, te sonreí de lado, tú hiciste lo mismo; aquella sería una larga noche…
La sonrisa en mis labios desconcertó por completo a nuestros conocidos, pocos sospechaban el por qué. La recepción era hermosa, tu madre me recibió con una sonrisa nostálgica en el rostro mientras que tu padre me dedico la mirada de desdén que solía guardar a quien no le agradaba. Fácilmente me escabullí hasta las recamaras y no faltó más de dos segundos para encontrarla.
No llamé a la puerta, abrí con delicadeza, ahí estaba ella, la pequeña de los Greengrass mirándose ante el enorme espejo en la pared, admirando su vestido blanco… ¡Qué burla más grande!
Mi vestido verde esmeralda ondeó a mi paso y su mirada de envidia me divirtió sobre manera. Pero, al igual que yo, se comportó a la altura, me sonrió con superioridad mirándome a través del espejo.
-¿Lo ves? Gané…- dijo con suficiencia, pero su mueca se descompuso al ver mi sonrisa.
-¿En serio crees haber ganado? – le pregunté posando justo detrás de ella, que ni siquiera tenía el valor de mirarme frente a frente- ¿Podrás lidiar con mi recuerdo, con mi sombra?
-Tú misma lo has dicho, “tu sombra”- me dijo queriendo formar una sonrisa- Serás el pasado… la otra…
-No querida, no te equivoques…- dije clavando mi mirada en la suya- La otra eres tú… yo- me detuve un segundo- Yo soy la dueña de ese hombre, de su vida, de su corazón, de su cuerpo, de sus besos, de sus pensamientos como bien me lo demostró anoche…
-¡Mientes!- recrimino ella con los dientes apretados, yo sólo me encogí de hombros.
-Tal vez seas la señora Malfoy, pero yo soy la mujer que ama y que amará siempre… ¿sabes que es lo más divertido de esto, Astoria?- la miré con malicia- Que cuando te bese a ti, cuando te haga el amor a ti… será en mí en quien piense y tú lo sabrás por siempre…- me alejé caminando hasta la puerta, me volví y dije- Disfruta tu boda y hasta la luna de miel, por que eso es lo único bueno que sacaras de este “matrimonio”…
-¡Maldita seas Parkinson!- gritó perdiendo por final el piso.
-Gracias…
La rabieta que hizo después no la alcancé a escuchar, olvidé que habías escogido a una niña caprichosa que a mí.
Volví a casa, aún no me quitaba el vestido, aunque sabía que era fuerte no quería tentar mi suerte viendo como te unías a Astoria Greengrass en matrimonio, estaba segura de que no lo soportaría.
Escuché llamar a la puerta y un elfo atendió con rapidez, segundos más tarde estabas frente a mí con tu traje de novio hecho un desastre, tu cabello rubio despeinado y jadeante, te veías guapísimo, cosa que noté a pesar de la sorpresa de tu visita.
-¿Te has casado ya?
No me respondiste, sólo te lanzaste a besarme, yo te recibí con mis brazos abiertos y mis labios se encontraron con los tuyos, con gusto, con lujuria, con hambre, con ansias…
-Te amo, Pansy, te amo –dijiste sin dejar de besarme- No podía casarme con ella…
-Yo también te amo, Draco- sólo alcancé a decir, en esas simple palabras se resumía mi total existencia. Te besé con más fuerza, por que al igual que tú, aprendí que las victorias fáciles no tienen el mismo sabor que las victorias por las que hay que luchar y tú eres una de ellas.
Por que pese a quien le pese, fuimos, somos y seguiremos siendo el uno para el otro.





















