Para que sepan... la historia es como una alternativa a lo que pudo haber pasado entre el final de la batalla de Hogwarts y el epílogo del 7º libro de HP. Toda coincidencia que pueda haber en el mundo real o con cualquier otra historia es pura casualidad.
Espero que los caps. no les resulten tan largos...
RESUMEN
Por razones que parecen imposibles de creer y de suceder, Ron y Hermione siguen sus vidas pero por caminos separados cuando todo indicaba que luego de la batalla de Hogwarts iban a estar juntos. ¿Por qué sucedió todo esto realmente? ¿Cómo continuaron sus vidas? ¿Cuál es ese secreto que guarda Harry acerca de su amigo? Cuando la vida vuelva a juntarlos, ¿se atreverá Hermione a luchar por su felicidad junto a Ron? ¿Se arriesgará Ron a conocer mejor a la chica que alguna vez fue su mejor amiga?
CAPITULO 1
Nubes grises cubrían todo el cielo. A momentos se veía que a través de ellas relucían los rayos, provocando estruendos que se perdían desvaneciéndose en forma de eco hasta volver a la quietud original que provocaba una tormenta.
Las gotas de lluvia caían regularmente, formando una especie de cortina de agua en todo el entorno. El sonido que provocaban era muy relajante, casi reconfortante para quien disfrutara escuchándolo sin preocupaciones. Cerca, unas gotas aisladas caían desde el techo hasta el piso, como si estuvieran marcando una cuenta irregular de tiempo.
Dos personas observaban la lluvia con fascinación, protegidos bajo el techo de la entrada de la casa. Ambas estaban mojadas y de sus cabellos caían algunas gotas de agua.
-¿Cuántas gotas caen del cielo cuando llueve?-preguntó una voz, proveniente de una niña que miraba hacia el cielo a la vez que tomaba la mano de la persona que estaba a su lado.
-Miles de gotas. Millones.-respondió un hombre que también observaba el cielo embelesado.-¿No tienes frío?
-No.-respondió la niña enérgicamente, todavía con su mirada azul fija en el patio cerca del lago. Quería seguir jugando bajo la lluvia.
-Creo que fue mucho por hoy, ¿no lo crees?-dijo el hombre, prediciendo los pensamientos de la niña.
-Pero yo quería seguir jugando.-se quejó ella.-¿Por qué llueve, tío? ¿Por qué?
-¿Por qué crees tú que llueve?-respondió él con una pregunta. Sabía que su sobrina tenía alguna idea extraordinaria sobre la lluvia y él quería escucharla. Los niños siempre dejaban volar su imaginación cuando presenciaban un momento mágico.
-Porque hay personas que están muy tristes.-expresó la niña aferrándose al brazo de su tío luego de haber visto la luz del relámpago, en cualquier momento se escucharía el sorpresivo y sordo ruido del trueno.-¿Lo ves?-agregó, señalando al cielo.-Cada nube se forma porque muchas personas están sufriendo ahora. Y llueve porque están llorando, ¿verdad?
-Sí. Tal vez tengas razón. Muchas personas pueden estar sufriendo ahora.-reconoció el hombre de cabellos pelirrojos mientras apoyaba una mano en el hombro de su sobrina.-Y lloran porque están tristes.
Permanecieron en silencio, mirando hacia el cielo como dos auténticos soñadores sin límites, dejando que su imaginación volara libre entre las gotas de lluvia. Por momentos, la pequeña niña cerraba los ojos con fuerza al escuchar un trueno, pero sabía que no tenía que temerle a aquello, pues no podía hacerle daño. Mucho menos si estaba en compañía de un adulto.
-¡Mira esa nube, tío Ron!-exclamó la niña rubia, señalando nuevamente hacia el cielo.-¡Es gigante!
El hombre pelirrojo miró la nube. Tal como lo había dicho su sobrina, ésta era muy grande, la más gris de todas. Un silencioso relámpago la atravesó, combinándose con las persistentes gotas de lluvia. Poco a poco iba alejándose de ellos, desplazada por el viento que en escasos minutos borraría su existencia.
-Alguien debe estar sufriendo mucho en este momento.-se limitó a responder Ron, inconscientemente viendo su propio sufrimiento reflejado en aquella nube, en aquella tormenta.
-¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué a mí?-lloraba desconsoladamente una mujer, tapándose la cara con sus manos.
-Tranquila, Hermione.-intentaba calmarla su amiga.-Tranquila. Fue lo mejor que pudo hacer. Te hizo un favor en largarse de tu vida. Él sólo te perjudicaba y tú lo sabías.
-Pero… Pero se suponía que me quería.-dijo Hermione, todavía con su cara oculta entre sus manos.-Se suponía que si estaba conmigo era por algo, no para luego tratarme de esa manera… ¿Qué le hice para que las cosas terminaran así?
-¡Nada!-exclamó Ginny indignada.-¡Ese es el punto! ¡Tú no le hiciste nada! Él fue el que te despreció. Creyó que podía tener todo lo que quisiera a su alcance, pero se equivocó.
Hermione quitó las manos de su cara, pero no levantó su mirada. Permaneció observando su regazo. Las lágrimas caían por sus mejillas, como si sus ojos fueran dos nubes grises que acaban de comenzar a provocar la lluvia, tal cual como estaba pasando afuera de su casa. Ginny permaneció en silencio, observando el día por la ventana de la sala de estar. Ambas mujeres estaban sentadas en un cómodo sofá rojo oscuro. Sólo que cada una de ellas estaba viviendo una situación completamente diferente a la de la otra.
La sala de estar estaba perfectamente ordenada. Todo lo que podía parecer fuera de lugar había sido cuidadosamente acomodado. La pulcritud de esa habitación era ya un motivo para elogiar esa casa. Las paredes de color blanco parecían relucir, como si hubieran sido recién pintadas. El piso reflejaba todo lo que tenía sobre él. Lo único que no concordaba con esa temática de orden era Hermione Granger. Ella vestía unas viejas ropas para dormir que ni siquiera eran parte de un pijama. Su cabello castaño estaba enmarañado y suelto, dándole un aspecto algo salvaje. Las lágrimas que se habían secado en su rostro parecían ser cicatrices de quien ha pasado por los peores sufrimientos. Pero continuaban cayendo más, mientras se mezclaban con el sonido del lejano caer de mucha agua.
-Has hecho que llueva, Hermione.-dijo Ginny, rompiendo el silencio. Todavía continuaba observando la tormenta que se extendía por todo Londres. Pero la miraba con molestia, como si le hubiera arruinado el mejor momento de su vida al haber comenzado a caer recientemente.
-No me había dado cuenta.-dijo Hermione sinceramente, levantando la mirada por primera vez para ver la lluvia.
Pero la desvió al instante para tomar una pequeña caja de metal pintada de rojo sangre que contenía cigarrillos del mismo color, con el elaborado dibujo, en bordes dorados, de un sencillo dragón que rugía. Antes de que pudiera sacar su varita mágica para encender el cigarrillo que había sacado de la caja, éste se encendió solo debido a que ella no estaba en pleno control de sus emociones. Se lo llevó a sus labios y cerró los ojos mientras fumaba. Luego de cinco segundos liberó el humo gris lentamente por su boca. Abrió los ojos y se encontró otra vez con la escena de la lluvia frente a ella. Parecía una burla hacia su estado de ánimo. Odiaba la lluvia.
-No sé cómo puedes fumar. Es algo asqueroso.-opinó Ginny mirando con repulsión el cigarrillo de Hermione.-Y parece que lo disfrutas demasiado.
-Una mala enseñanza de Johnny.-se defendió Hermione y luego aspiró otra vez el humo del cigarrillo rojo.-Un día me dijo que me vería linda fumando. No sé por qué le hice caso y ahora fumo. Pero voy a dejarlo.
-¡Pues deberías!-coincidió Ginny arrugando la nariz para no oler el humo.-Eso va a terminar por consumirte más de lo que tú consumes esos cigarrillos. ¡Van a matarte antes de lo que te imaginas! Lo mínimo que podrías hacer es dejar ese absurdo vicio ya que Johnny te lo impuso.
-Sí, Ginny.-asintió Hermione distraídamente mientras apagaba temblorosamente el cigarrillo en un cenicero que había en la mesita ratona frente a ella.-Tienes razón. Prometo dejarlo.
Dicho esto, tomó otro cigarrillo de la caja de metal y se lo llevó a la boca. Ginny la miró elocuentemente como para que dejara de fumar, pero Hermione la ignoró y continuó sosteniendo el cigarrillo temblorosamente.
-¿Qué fue exactamente lo que te hizo Johnny para que quedaras así, Hermione?-preguntó Ginny, viendo que su amiga estaba temblando mucho.
-Nada. ¡No me pegó!-se apresuró a decir Hermione, a la vez que se ponía nerviosa. Ahora se daba cuenta de que no debía haber dicho eso.-Él sólo…-continuó.-Él creía que yo lo engañaba.
-¿Johnny creyó eso?-dijo Ginny incrédula.-¿Acaso es un estúpido? ¡Tú nunca lo hubieras engañado por nadie más!
-Él creía que sí.-afirmó Hermione secándose las lágrimas. Aspiró un poco de humo de su cigarrillo y luego lo liberó de una sola vez.-No sé por qué pudo haber pensado en eso. Yo sólo estaba para él. Yo no… yo no quería a otra persona.-finalizó, volviendo a perder su mirada en la lluvia. Una nueva lágrima cayó por su rostro. En el fondo sabía que se mentía a sí misma, y también a él.
-¿Y se fue de esa manera? ¿Sin decir nada más?-quiso saber Ginny.
-No… Comenzó a hacerme preguntas. Trataba de humillarme.-contó Hermione dolidamente.-Johnny era muy cruel. Una mala persona. No sé por qué estuve con él… Fui una tonta.
-Te dejaste llevar por las apariencias, Hermione.-dijo Ginny para que Hermione no se sintiera mal.-Cometiste un error. Eso es todo.
-La primera vez que lo vi… Lo primero que pensé fue que él era un rebelde.-confesó Hermione, acurrucándose en el extremo del sillón mientras Ginny la miraba con atención.-Pero me dio curiosidad. Por un momento… Quería saber qué se sentía estar con una persona como él. Que no me importara nada más.
-Pero todo parecía ir de maravillas entre ustedes.-recordó Ginny.-Las pocas veces que te vi con él, todo estaba bien. Se veían felices. Aunque había algo en Johnny que me asustaba.
-Supongo que yo también sentí algo parecido luego de un tiempo.-asintió Hermione.-De un momento a otro comenzó a tratarme diferente. Como si sospechara algo de mí…
-Creo que él tenía muchas razones para sospechar de ti, Hermione. ¡Eres una bruja!-resaltó Ginny abriendo mucho los ojos.-¡Tendrías que haberle dicho eso en un principio!
-Pero… ¡Él iba a dejarme! No quería que lo hiciera porque… porque me sentía feliz… luego de todo lo que pasó…
No pudo evitarlo más y comenzó a llorar. Se abrazó a sí misma y hundió su cabeza entre sus brazos. La verdad era que en el fondo nunca le había gustado Johnny Carrigan. Sólo había salido con él para dejar de lado la decepción, la tristeza, el olvido. Lo cierto era que por casi un año había logrado sentir bienestar al saber que alguien la apreciaba. Pero luego las cosas empeoraron. Como si todo hubiera sucedido en un abrir y cerrar de ojos. Todavía podía sentir a Johnny, su novio, golpeándola casi con regocijo, mientras ella lloraba indefensa. Aún así no se atrevió a decirle a nadie sobre su inestable situación con él. Hermione siempre había pensado que iba a ser difícil salir con alguien que no fuera como ella, que no fuera un mago. Era cierto que le había ocultado muchas cosas sobre ella a su novio, pero todo había sido por su bien. Para que pudiera vivir un poco de felicidad luego de lo que le había sucedido, finalizada la guerra. Sin embargo, no comprendía el porqué de la actitud de Johnny. Ella nunca le había sido infiel. Tampoco le había mencionado a él sobre su pasado, sobre quién era ella realmente. Él nunca había sabido que su verdadero trabajo estaba en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas, protegiendo a los elfos domésticos de sus deplorables condiciones de vida. Mucho menos que ella poseía una varita mágica que era capaz de hacer casi cualquier cosa realidad. Todas esas verdades se habían ido acumulando en su interior, haciéndose cada vez más pesadas a los ojos de su ex novio. Pero de lo que nunca, nunca le había hablado había sido sobre él. Sobre la única persona que le había gustado realmente como para dejar a Johnny y comenzar todo de nuevo. Recordaba perfectamente que había dado un gran paso que nunca se había atrevido a hacer. Que sólo en sus sueños y fantasías había existido. Pero luego todo se había esfumado con una increíble facilidad. Con la misma facilidad que se producía un hechizo, un maleficio… Hasta ahora continuaba pensando que todo había sido muy ilógico, casi imposible de creer. Todavía no entendía en qué momento lo había dejado marcharse sin aclarar nada, sin explicarle lo pasado. Le costaba creer que había seguido con su vida normalmente, había encontrado un hombre que la había hecho feliz en los momentos más simples y más íntimos. ¿De qué se habría percatado para abandonarla con una última impresión de odio y rencor hacia ella?
-No hay motivo para que estés así, Hermione.-dijo Ginny dándole palmaditas en la espalda.-Piensa que eres joven. ¡Tienes 22 años! Tu vida recién comienza. Vuelve a empezar si quieres. No tienes porqué quedarte a la sombra.
-Para ti es fácil decirlo, Ginny.-dijo Hermione volviendo a secarse las lágrimas.-Tú ya tienes toda tu vida planeada con Harry. Lo amas demasiado, pero yo… ¿Qué tengo yo hasta ahora? Todo lo que he querido lo he perdido. Me dijiste que fuera por lo que quería y que lo consiguiera.
-Creo que debo asumir parte de la culpa si vemos el asunto desde ese punto de vista.-admitió Ginny con pena.-Supongo que a veces mis consejos no resultan nada buenos. A veces pienso que de verdad debo aprender a callarme.
-No, Ginny. Todo fue mi culpa.-la contradijo Hermione.-Tal vez fui yo la que interpretó mal tu consejo… O simplemente la vida no quiere que yo sea feliz.
-¡No digas eso!-saltó Ginny tomando a Hermione por los brazos y mirándola fijamente.-Ya verás que las cosas van a cambiar a tu favor. Te olvidarás de Johnny. Conocerás a alguien más que no sólo te querrá, te amará. Porque eso va más allá de cualquier pensamiento, de cualquier motivo para que alguien no te merezca.
Hermione se sonrosó un poco al escuchar las palabras de Ginny. Si las cosas pudieran suceder con la misma facilidad con la que ella decía esas palabras, Hermione pensaba que ya hubiera sido la persona más feliz de mundo, pero luego recordaba que se encontraba en su casa, llorando mientras la lluvia se burlaba de ella allá afuera.
-Sólo haz una cosa, Hermione.-retomó Ginny la conversación con mucho más entusiasmo, tratando de contagiárselo a Hermione pero hasta ahora no estaba dando resultado.-Cierra tus ojos. Imagina que vas por una transitada calle en Londres.
Hermione le obedeció. Cerró sus ojos lentamente, como si estuviera a punto de dormirse. Imaginó que caminaba entre un tumulto de gente que no conocía.
-Las personas pasan sin cesar, cada una con la mente en sus propios asuntos. Tú vas pendiente de cada rostro, pero no conoces a ninguno…
Las personas caminaban a ambos lados de ella, pero nadie se detenía a mirarla. Todas seguían con los ojos fijos en un punto al frente de sus narices, como si estuvieran buscando algo imposible de encontrar, pero que ha estado siempre más cerca de lo que ellos hubieran imaginado.
-Es un hermoso día. Un día para pasear. Un día para enamorarse.-decía la voz de Ginny, de fondo en su imaginación.-Tú también caminas con tus propias preocupaciones en mente. Cuando de repente… Lo ves. Sí. Es él. La persona que has estado buscando toda tu vida. Sólo deja volar tu imaginación, Hermione. Imagínalo como quieras. Un hombre alto, moreno, rubio, de ojos oscuros, claros… Lo que tú quieras…
Pero Hermione imaginó a esa persona sin hacer caso a las cualidades que Ginny daba como alternativas. Entre el mundo de gente, pudo distinguir la silueta de un hombre alto. Los rayos del sol provocaban que su cabello pareciera rubio, pero cuando se fue acercando más hacia ella se pudo distinguir un llamativo color anaranjado. Al instante, Hermione sintió que su corazón se aceleraba un poco. Sabía que la persona que estaba visualizando en su mente verdaderamente existía. La había conocido cuando tenía 11 años. Inmediatamente los recuerdos comenzaron a aparecer, fugaces como la velocidad del mismo pensamiento. Tantas cosas que siempre creyó que continuarían con el tiempo, habían desaparecido como si nunca hubieran existido en ninguna mente con recuerdos. Aquella persona en la que estaba pensando seguía caminando en la escena que Ginny le dijo que imaginara. Hermione hubiera dado cualquier cosa por revivir aunque fuera los peores momentos vividos con él…
El hombre pelirrojo se fue acercando a ella. Todavía no la había reconocido (pero estaba segura de que no lo haría). Hermione se acercaba lentamente a él, en cualquier segundo estarían uno frente al otro y ella podría ver sus ojos azules otra vez.
La velocidad de la escena parecía transcurrir cada vez con más lentitud. Los pasos de la gente resonaban muy lejanos al igual que sus voces en murmullos. Un sonido como interferencia se fue haciendo más fuerte, pero Hermione lo ignoraba. Sólo quería encontrarse con él. Cuando ya faltaban unos cuantos pasos para que se detuvieran uno frente a otro, un retumbante y escalofriante sonido hizo que Hermione abriera los ojos y diera por finalizada su visión imaginada. Un poderoso trueno acababa de sonar cerca de su casa, como si hubiera marcado el fin de su ficticio encuentro. Como un toque de queda que la devolvía a su realidad.
-¡Está lloviendo demasiado!-se sorprendió Ginny, levantándose del sillón y asomándose a la ventana para ver mejor la tormenta.-Maldita lluvia. ¡Esto significa que no podré salir con Harry! Justo ahora que tenía unos días libres de entrenamiento. Las Arpías son muy exigentes con las prácticas. ¡Ahora he desaprovechado todo mi fin de semana!
Hermione no escuchaba las protestas de Ginny relacionadas con la lluvia y el Quidditch. Miraba fijamente el caer del agua en la calle, tan tranquilo, tan relajante, tan simple como la felicidad. Sentía un profundo deseo de esconderse. Ocultarse en un sitio oscuro y no salir nunca más de allí. Que nadie supiera algo sobre ella. Que todos se olvidaran de que una persona llamada Hermione Granger había existido alguna vez. No quería ver la luz nunca más, porque a la superficie las cosas no eran como ella hubiera deseado. Nada nunca fue como lo hubiera deseado. Y cuando lo fue, no duró lo suficiente como para valorarlo.
Sin poder evitarlo, una última lágrima cayó por su mejilla derecha. Hermione volvió a cerrar los ojos y escuchó el sonido de la lluvia. Hizo un esfuerzo para dejar de pensar en lo que la atormentaba. No quería saber nada más de Johnny. Para ella aquello había sido el fin de una etapa, pero no estaba segura si sería el comienzo de otra. Por el momento quería darse un tiempo para recuperar su estado de ánimo, para volver a hallar la escurridiza felicidad. Pero si quería lograr ese objetivo, primero debía olvidarse de otra persona. Una persona que la había olvidado a ella con mucha facilidad. Ron Weasley debía estar fuera de sus pensamientos, porque no iba a ser parte de su vida nunca más como lo había sido. Si antes no tenían nada en común, mucho menos ahora lo tendrían después de tanto tiempo sin verse.
-Ya no lo quiero. Ya no siento nada por él. Fue algo pasajero, nada más.-se dijo a sí misma, observando distraídamente la mesa ratona que estaba frente a ella.
Estaba segura que las cosas retomarían su curso. Volvería a su trabajo. Ya no tendría que ocultar su condición de bruja hasta en su propia casa. Podría hacer magia para cocinar, para limpiar, para cualquier cosa. Sería ella misma, pero mucho más vacía y sola. En su mente no habría lugar para ninguna otra persona que ella misma, su familia y su trabajo.
-Ya no lo quiero. Ya no. No siento nada por él.-repitió.- Ya no lo amo.



