aqui teneis el segundo capitulo la cosa se pone interesante, os propongo un reto ¿ a quien pertenece la voz del espejo?. capitulo II. Una nueva y caótica vida En el baño de una de las habitaciones de Slytherin se encontraba Hermione aturdida. Sumergió su cabeza en el agua enjabonada, eran demasiadas cosas extrañas en muy poco tiempo. La caída de San Davinia, volver a Hogwarts, pertenecer a la casa que siempre la hundió por su forma de ser, volver a ver a sus conocidos y enemigos… Todo aquello era demasiado difícil para asimilar. Se colcó un antifaz negro sobre los ojos y se olvidó del mundo exterior.
Draco acababa de llegar a su habitación. Se tumbó en la cama. Se sentía furioso, triste, alegre… todo aquello al mismo tiempo. Furioso por recordar todo aquello que llevaba tiempo queriendo olvidar y alegre porque durante el tiempo que duraba el curso no vería a sus padres y no tendría que acatar las tontas leyes que él solo aceptaba por tener un odioso apellido. Pensando eso se quedo dormido.
Hermione salió del baño, se sentía realmente relajada. Se cambió de ropa, decidió que leería un rato y se iría a dormir. Abrió la puerta, hecho un vistazo a su alrededor. La habitación no era tan fea, incluso resultaba algo atractiva. Paredes de color verde, las camas poseían unas sabanas de color plateado y la estructura estaba constituida por madera de roble. En una de las camas se encontraba un muchacho tumbado el cual no podía identificar debido a las cortinas que la rodeaban.
Se acercó para ver quien se encontraba durmiendo. Andaba de cuclillas para no despertar al muchacho. Cuando llegó, corrió la cortina y encontró a… Draco Malfoy tumbado con los ojos cerrados. Parecía un ángel... unos cuantos mechones le caían por la cara. Hermione se acercó mucho más a él para quitarle esos mechones, y en el momento en el que acercó la mano, algo, o más bien dicho, alguien, le agarro de la muñeca.
-¿Se puede saber que pensabas hacer, sangre sucia?- dijo Draco abriendo los ojos.
- Lo siento Draco, solo quería ver quien era mi compañero- respondió algo asustada.
-Para eso no hace falta tocarme… y no me llames Draco, para ti soy Malfoy -su cara de ángel se transformó.
-Pe…pe… pero- balbuceaba Hermione.
No podía creer lo que estaba oyendo, no era el Draco que ella conoció.
-Pero nada. Tú no te mereces llamarme Draco… hace tiempo, gracias a ti descubrí que mis padres tenían razón, sois lo peor, no deberías existir en este mundo.
Hermione se fue a la cama deseando que todo fuera un sueño.
A la mañana siguiente se levantó, se rascó los ojos y vió por primera vez la habitación con la luz del sol, dándose cuenta de que no había sido un sueño.
La muchacha se vistió. Se puso unos vaqueros y una camiseta de manga corta de color negro. Abrió un baúl en el cual estaban bordadas las iniciales H.J.G en hilo de oro -claramente se podía adivinar a quien pertenecía- sacó su túnica, la cual, de momento no se pondría, ya que el curso, como tal, no comenzaba hasta una semana mas tarde. Terminó de colocar su ropa en el armario y finalmente, en la parte más profunda del baúl encontró un espejo de madera negra de sauce llorón. En la parte de arriba tenia un par de rosas. Era bastante antiguo. Lo acabó colocando delante de su cama.
Salió de las mazmorras al corredor, en el cual se encontró con Ron, Harry, Ginny y Luna. Ella les saludó, pero los chicos y Ginny la ignoraron, excepto una pequeña rubia que le saludo con una pequeña sonrisa. Los demás se levantaron sin mirar hacia atrás para esperar a la Rawenclaw.
-Hola- gritó Hermione desde el otro extremo.
Pero solo hubo una respuesta, la de Luna.
La muchacha castaña comenzó a impacientarse al no obtener respuesta
-¿Se puede saber que os pasa? -En ese momento el grupo se dio la vuelta, observando a la nueva y extraña Hermione
–¿No te das cuenta de que eres una traidora? Primero, nos mientes no diciéndonos que eres una muggle; segundo, te marchas sin despedirte de nosotros y tercero, te han cambiado de casa, con lo cual, has cambiado mucho para haberte convertido en una serpiente -dijo Ron de una forma muy seca.
-Harry, Ginny… ¿pensáis lo mismo?- comenzó a sollozar a modo de suplica de una respuesta negativa.
Los dos griffindor asintieron, lo que hizo que el dolor que sentía se acentuara.
-Hombre, Hermione no te voy a mentir ya que alguna vez te considere mi amiga. Pero han pasado seis años, no es muy normal lo que esta pasando ¿comprendes? mi hermano tiene razón - los tres muchachos se dieron media vuelta.
Harry carraspeo para llamar la atención de Luna, la cual se despidió con un simple movimiento de mano.
Las lágrimas de la muchacha comenzaron a brotar. Con las manos se acarició sus ojos para hacerlas desaparecer, entró en el Gran Comedor, todo el grupo perteneciente a su casa le miraba con odio, rencor, superioridad… recogió la bandeja con su comida y se marchó a su habitación. Colocó su comida en la cama y comenzó a mirarse al espejo. Lo sorprendente fue que este empezó a hablar.
-¿Qué tal te ha ido el día mi pequeña?- dijo con una voz un tanto siniestra y ronca.
-No muy bien, mejor dicho realmente mal, mis amigos… bueno los que creía mis amigos me han dado de lado, y además me han cambiado de casa, ahora soy de Slytherin
Comenzaron a brotarle de nuevo las lágrimas, las cuales ya no contuvo.
-Pequeña, no me gusta verte así y menos me gusta decirte esto, pero te lo advertí, yo te di la opción de decidir, ahora dime que harás todo lo que esta en tu mano -la muchacha lo pensó durante un buen rato y al final se decidió.
-Lo haré, no te quepa duda -dijo con unos ojos realmente llenos de frío.
-Así se hace pequeña- terminó de decir la voz.
-Quiero pedirte un favor… deja de llamarme pequeña -dijo a modo de suplica, ya que detestaba que la llamasen así.
-De acuerdo peque -y justo antes de cortarse la comunicación se oyó una pequeña risa.-
Durante los siguientes días se sentía observada. Todo el mundo quería saber quien era esa muchacha para poder molestarla, así que decidió pasar el mayor tiempo posible en un lugar que nadie entraría: la biblioteca. Tampoco dormía en su habitación, la mirada de Draco le hacia mas daño que cualquier insulto.
Draco cada vez se extrañaba más por las desapariciones de Hermione y por las noches que no pasaba en la habitación. Solo salía de su escondrijo para ir a clase, luego volvía a su madriguera. Eso le desesperaba y decidió buscarla, sacarla de su guarida y hacerle la vida imposible.
Capitulo 3 El escondrijo