"Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU) cap 39 (04-09-11)

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"Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU) cap 39 (04-09-11)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 1:04 pm

Hola a todo el mundo!!, soy nueva en esta página.
Disclaimer: casi todos los personajes pertenecen a la increíble JK ;) yo sólo los tomé prestados ^^

Este es mi primer fanfic largo, mi primer RoMione también, es un AU y espero que os guste.


Princesa, por la fuerza
"Hermione Granger, hija única de los dueños de una cadena hotelera, Ron Weasley, príncipe heredero de Inglaterra… una noche de cumpleaños, unas fotos engañosas y un año para salvar sus reputaciones..."
**

Prólogo
Ron miraba a través de la ventana de una de sus numerosas estancias, su gesto era serio, meditabundo, sentado en aquel sillón de su biblioteca particular.

Hacía exactamente un mes que su hermano mayor, Charles, había fallecido después de una larga y dura enfermedad. A Ron no sólo le acompañaba el dolor por la pérdida de un hermano, sino también el miedo y la inseguridad ante las nuevas responsabilidades que se le venían encima, pues ahora, Ronald Bilius Weasley I era el nuevo heredero de la corona británica.

Dos golpes contundentes sonaron al otro lado de la puerta.
—Adelante —dijo el joven sin demasiadas ganas.
Bajo el marco de la puerta apareció un hombre de mediana edad, con cabellos negros, y ojos fieros del mismo color, se trataba de Severus Snape, el consejero personal del heredero. Había trabajado fielmente para Charles, pero a su muerte pasó a ocuparse de los asuntos del joven Ron. Aunque no lo manifiesta al exterior, no está muy seguro de que éste pueda ser un buen rey llegado el momento, pero es lo que está dispuesto, así que desempeñará su trabajo, como antes que él lo hicieron su padre, su abuelo, su bisabuelo… los Snape siempre habían estado relacionados con la casa real inglesa.

—Buenos días alteza… lamento interrumpir sus horas de estudio.
—No estaba estudiando, ya lo sabes Snape, eso era más cosa de Charlie.

Snape hizo una mueca de disgusto, no, definitivamente ese muchacho no sería un buen rey, su actitud nunca le había convencido, pero no estaba en sus manos cambiar la línea sucesoria.

—En cualquier caso… venía a avisarle de que en dos horas tendrá que estar listo para la ceremonia de su nombramiento.
Ron seguía sin apartar los ojos de la ventana.
—Bien, estaré listo, ahora déjame solo, por favor.
—Como guste alteza —Hizo una ligera reverencia con la cabeza.

Snape se retiró en silencio, pero su mente siguió rumiando. Ronald Bilius Weasley I o el príncipe Ron, como todo el mundo fuera de palacio lo llamaba, siempre había sido un chico despreocupado, amante de las fiestas, del alcohol, de las mujeres… y de los escándalos. No es que fuera un mal chico, o eso quería pensar, pero siempre acababa dando la nota, y dejando en mal lugar a su familia. Si fuera cualquier chico anónimo no sería tan grave, pero perteneciendo a la familia real de su país, era fuente constante de problemas, comunicados de disculpas, noticias en periódicos sensacionalistas… siempre estaba en la cresta de la ola, pero para mal.

Cuando se supo de la enfermedad que padecía Charles Weasley, el primogénito del rey Arthur y su esposa, todas las miradas recayeron en su hijo mediano.

Durante años se hizo lo imposible por salvar a Charlie, y de puertas para afuera de palacio, se daban las noticias a medias, siempre maquilladas, un resfriado fuerte, un cólico, una fiebre, un accidente jugando al polo…para justificar la ausencia de su hijo en numerosos eventos públicos. Siempre con la esperanza de encontrar un remedio y lograr su recuperación, pues todo el mundo lo quería y admiraba, era buen estudiante, inteligente y con don de gentes, veían en él un futuro gran rey, a la altura de su padre. Pero sus deseos se truncaron un mes atrás, Charlie no resistió más y se marchó con sólo 24 años, dejando a su familia hundida en la tristeza y al país decepcionado e intranquilo, pues todos sabían que por sangre, el nuevo heredero era el príncipe Ron, el juerguista e irresponsable príncipe Ron.
**

Hermione Granger salía de su última clase de la mañana, en la universidad de Londres. Le encantaba estudiar, le encantaban los libros, le encantaba ser la mejor de su clase, aunque a veces algunos compañeros la llamasen "sabelotodo insufrible". Estudiar y ser de las mejores le daba seguridad en sí misma, seguridad que su aspecto y escasa experiencia en ciertos terrenos le quitaban. Además, quería estar preparada cuando llegase el día en que tuviera que empezar a trabajar con su padre, gestionando y dirigiendo la cadena de hoteles GR, posesión familiar desde sus abuelos.

La muchacha aparcó su coche en el garaje de su casa, situada en una zona residencial, recogió sus carpetas y bolso y saludó a su madre, que estaba arreglando unas plantas del jardín.
—¡Hola mamá!
—Hola cariño, tienes la comida preparada ya, aunque igual la tenemos que calentar, tu padre comió hace rato porque tenía prisa.
—No pasa nada —Se agachó y besó a su madre en la mejilla—, te está quedando precioso.
—¿Seguro?, ¿no lo dices por halagar? —La mujer sonreía a su única hija con dulzura.

La señora Granger era paisajista, había diseñado los jardines y espacios exteriores de algunos de los hoteles GR y pasaba muchos de sus ratos libres dedicada a su propio jardín, ella misma había seleccionado todas las especies y su colocación, ahora estaba enzarzada en una nueva creación, el rincón de las rosas.

—La caliento, pongo la mesa y te llamo ¿eh?, que no me gusta comer sola… ¡hola Crookshanks! —Un gato color canela, de morro chato, se acercó elegantemente hasta sus pies y la saludo con unos maullidos, Hermione lo recogió del suelo— Eres un señorito, como te gusta que te coja en brazos.

Un rato después, Hermione llamó a su madre y se sentaron a comer.
—Pues todavía me queda, pero será lo mejor del jardín, ya lo verás.
—No lo dudo mamá… eres la mejor. —Le sirvió un poco de pasta.
—Ay cariño, ¿qué hora es?
—Las tres y media, ¿por qué? —preguntó extrañada.
—Pon la televisión, rápido.
—¿Por? —Algo no cuadraba, su madre no era aficionada a esa caja tonta, absorbe mentes según ella, siempre inculcó a Hermione la preferencia por los libros, desde muy pequeñita.
—¿No era hoy la coronación del príncipe Ron?
—¿Eh? —No daba crédito.

—Sí cariño, que hoy su padre lo nombra príncipe de Gales y heredero al trono, y lo retransmiten en directo —hablaba emocionada, y de pronto Hermione cayó en la cuenta. A Emily Granger le fascinaban los cuentos de príncipes y princesas y por extensión las casas reales del mundo, en especial la de los Weasley, la familia real británica, vio la boda del rey Arthur por televisión y ahora esperaba ver las de la segunda generación.

Hermione le pasó el mando del aparato y siguió comiendo de su plato despreocupadamente, su madre dejó el tenedor unos minutos, casi contenía la respiración, embobada con la imagen de la "caja tonta". La joven estaba tan sorprendida por la expresión de su madre que no pudo evitar buscar la causa, y dirigió su mirada a la pantalla.

Un chico joven, de cabellos pelirrojos, se arrodillaba frente al rey Arthur, mientras éste depositaba una corona sobre su cabeza. Hermione nunca había prestado atención a esas cosas, los Weasley eran parte del pasado y del presente de su país, pero poco tenían que ver con su vida diaria. Aunque por supuesto sabía las cosas básicas, como todo inglés. El rey Arthur reinaba en Inglaterra, vivía en el palacio de Buckingham con su esposa y sus tres hijos, Charles, que había fallecido hacía unas semanas, Ronald y Ginevra, y como el primogénito ya no estaba, tenían que nombrar un sustituto, que obviamente sería su hermano pequeño, el famoso príncipe Ron. Hermione tenía clara su opinión respecto a él, era un completo desastre de chico, sólo parecían interesarle las fiestas y la diversión desmedida, había leído muchos artículos referidos a escándalos principescos y siempre con el mismo protagonista, Ron, así que no le parecía inteligente nombrarlo heredero, si es que querían asegurar el futuro de su familia en el trono, pero como a ella no le afectaba lo más mínimo quien reinara, apartó esos pensamientos rápidamente y se puso a enumerar mentalmente las cosas que tenía que hacer esa tarde.
**

Dentro de un coche negro con cristales tintados, el nuevo príncipe de Gales viajaba junto a su nuevo asesor, consejero, vigilante o como lo quisieran llamar, para él era como una sombra aguafiestas que no lo dejaba tranquilo ni un segundo.

—Bueno alteza, ahora ya es oficialmente el príncipe heredero del trono de Inglaterra, a partir de mañana tendrá que seguir mis consejos a pies juntillas, su padre me ha dado total libertad para actuar, seré inflexible ¿entendido?

—Sí, sí… pero ahora déjame tranquilo, lo de hoy ha sido demasiado para mí —respondía un indiferente pelirrojo.

—Sólo una cosa más, le felicito por haber terminado su relación con Lavender Brown, esa… señorita —Le costó emplear la palabra—, no es una… compañía recomendable para el heredero al trono.-

—Gracias por tu apreciación… la iba a dejar de todas formas, me aburría —dijo sin el más mínimo sentimiento.

Snape no pudo ocultar su decepción al escuchar a su joven príncipe, sus palabras manifestaban la falta de sensibilidad y delicadeza que tanto temía de él, ¿cómo iba a convertir a ese muchacho en un digno sucesor de su gran amigo Arthur o del noble pero desafortunado Charlie?, ¿cómo iba a apartarlo de las fiestas y el desenfreno que habían llenado su vida hasta ese día?
Última edición por Ysabel-Granger el Dom Sep 04, 2011 1:01 pm, editado 20 veces en total
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 1:27 pm

Capítulo 2. Noche de cumpleaños (1ª parte)
Hermione jugó el primer partido de tenis de la tarde con Katie, su mejor amiga desde el colegio, para tenerla contenta, para que no se quejara, pero después se sentó en un banquito cercano a las pistas, sacó un libro de su bolso y se puso a leer, mientras su amiga la miraba sonriendo, nunca cambiaría la pequeña Granger sabelotodo. La morena tenía que convencer a Hermione cada vez que quería ir al club, a menos que hubiera algún evento cultural, ésos nunca se los perdía, y una vez allí sólo lograba hacerla jugar un partido al día, por supuesto Katie Bell siempre ganaba, y a Hermione le daba igual, le gustaba verla feliz y el tenis no le importaba demasiado, como todos los deportes en general. El club de la estrella era un club social y deportivo que frecuentaba la gente adinerada de Londres, Hermione y Katie acudían a menudo con sus amigos, a tomar algo, a practicar deportes, todos menos Hermione claro, a hacer planes…

—Un día de éstos se te hará el culo cuadrado Hermione, ¡ven aquí, que te doy la revancha! —le gritaba Katie desde la pista.
—Uy deja, deja, aquí a la sombra se está muy bien… ¡mira!, es Claire, seguro que acepta un partido —Siempre se salía con la suya, pero Katie la dejaba, era como una especie de ritual entre ambas que se repetía cada tarde de club.

Katie se acercó ligeramente sofocada, secándose la cara con una toalla.
—Uf, Claire me ha hecho sudar… ¿qué lees hoy?
—Ah, nada, un libro de ejercicios que recomendaron en clase.
—Yo no puedo ni con los básicos y tú siempre ampliando, eres de lo que no hay… vaya, mira quien viene por ahí.
Hermione se volvió y vio a su novio, Oliver Wood, le sonreía mientras acortaba la distancia entre ellos.
—Hola Katie… hola guapa —Terminó con voz melosa, mientras se sentaba en el banco y besaba en los labios a Hermione.
—Hola Oliver… anda, a ver si tú la convences, que hoy podemos quedar todos y me dice que tiene que estudiar un examen, ¿te lo puedes creer?, ¿cuánto hace que no salimos en grupo?
—Podría estar muy bien Hermione, a mí me apetece —Le cogía una mano y se la acariciaba, poniéndole ojitos para ablandar a su novia.
—Sois malas tentaciones… debería irme a casa —bromeaba ya medio convencida.
—¡Lo has conseguido Oliver!, estupendo, pues quedamos a las ocho y después de la cena… ¡¡de fiesta!!, yujuuuuuu —Se alejó del banco dando saltitos como una niña.
Hermione sonrió viéndola alejarse.
—Y si quieres… después podemos ir a mi apartamento y…
—No Oliver, todavía no… ya lo hemos hablado, y ahora menos, que se acerca un examen que me importa mucho —Su voz sonaba dulce pero con determinación.
—Vale, perdona, ¿tal vez otro día?
—Tal vez… —Sus ojos ya estaban de nuevo entre las líneas de su libro, Oliver se despatarró en el banco y dejó la vista vagando entre la gente que veía por las canchas.
**

Un chico rubio, de aspecto atlético y porte chulesco se acercó hasta Ron, que estaba acariciando el hocico de su caballo favorito, Eterno.
—¡Hola!
—Hola Cormac.
—¿Qué tal después de la coronación?, me dejaste mosca por móvil.
—Pues imagínate, me ha caído todo el marrón encima… joder, Charlie no debió morir, mira que dejarme la responsabilidad a mí, que cabrón de hermano —Trataba de bromear, pero sus ojos brillaban de tristeza, su amigo lo sabía.
—Mira, no soporto verte de bajón, me da igual que seas heredero, tú eres Ron, eres el alma de la fiesta, así que vamos a salir a divertirnos y…
—Olvídalo, Snape me tiene bajo estrecha vigilancia desde que salí en primera plana del "Gossip News" hace una semana, me manda a Sirius como sombra, no se fía de mí… me conoce bien el condenado —Sonreía con desdén.
—Pero es tu cumpleaños, tienes que celebrarlo, ¡tienes que divertirte joder!... no todos los años se cumplen 21, es una fecha muy especial.
Ron detuvo su mano sobre las crines de Eterno y entornó los ojos, pensativo.
—Tienes razón… vamos a salir, yo soy como soy, y no me pueden cambiar, tengo derecho a divertirme, soy muy joven todavía.
—Así se habla tío, ese es mi Ron —Le agarró con fuerza de los brazos, zarandeándolo un poco.
—¿A dónde me vas a llevar?, aunque prefiero que vayamos solos, así pasaremos más desapercibidos.
—Despistaremos a Sirius… sólo tú, yo y las miles de chicas que podamos encontrar. —Rió.
—Pues espero que una de ellas no sea Lavender.
**

—Peter, quiero que estés bien atento, seguro que este fin de semana vuelve a salir, menudo es, y gracias a él volveremos a vender miles de ejemplares.
—No se preocupe señorita Skeeter, seré su sombra, me apostaré en los alrededores de palacio y en cuanto intuya que ha salido, echaré detrás como un perro rastreador.
—Muy bien, recuerda que te aumentaré el sueldo cuando me traigas algo especialmente suculento, cuanto más morboso mejor, ya sabes lo que les gusta a nuestros lectores.
—Desde luego señorita Skeeter, quieren carnaza y si de mí depende… la tendrán.
Peter Foley trabajaba como fotógrafo, o más bien paparazzi, para el "Gossip News", un periódico de chismes, escándalos, secretos a voces, infidelidades, traiciones, romances que dejaban de ser ocultos… cualquier cosa de temática rosa o irreverente que su directora, Rita Skeeter, viera con potencial para atraer al público, le valía todo con tal de vender.
**

Habían llegado, Hermione, Katie, Oliver y algunos amigos más estaban en la entrada del "Everlasting", uno de los locales de moda entre los jóvenes de Londres.
—A ver si hoy conozco al chico de mi vida —Katie estaba rebosante de energía, como siempre que salía de fiesta, su cuerpo atlético era una ventaja en ocasiones como ésta, Hermione la envidiaba, seguro que aguantaba más horas bailando sin parar que ella.
Pero alguien escuchaba sus palabras con profunda tristeza en el rostro, se trataba de Neville Longbottom, un chico alto, moreno y tímido, muy tímido, incluso apocado, si Hermione carecía de cierta confianza en sí misma, lo de Neville era ya un caso extremo. Pero su débil personalidad no le impedía soñar, y su sueño era Katie Bell, una chica activa y arrolladora, y mucho más lanzada que él. Hermione apreció su mirada, porque siempre estaba pendiente de la gente que le importaba, y Neville era un buen amigo, así que intentó echarle una mano.
—Ve a la barra Oliver, pide para los dos, ahora vengo… ¡NEVILLE!
—Hola Hermione.
—MENUDO AMBIENTE ¿EH?, ESTO ESTÁ LLENO HOY, SOBRE TODO DE CHICAS —Tenía que hablarle a gritos en la oreja.
—Sí… —Hermione tuvo que leer sus labios, la voz del moreno apenas salía de su boca.
—¿POR QUÉ NO INVITAS A BAILAR A KATIE?
—¿QUÉ?- fue nombrarla y Neville reaccionó, su amiga le sonrió.
—INVÍTALA A BAILAR.
—NO, NO PUEDO, NO SÉ BAILAR, SOY UN DESASTRE…
—PUES LLÉVALE UNA COPA, SEGURO QUE TE LO AGRADECE.
—SÍ, ESO HARÉ, GRACIAS HERMIONE —La besó en la mejilla, alborotado, y se dirigió a la barra sin perder tiempo.
Hermione volvió junto a Oliver. Katie estaba con varias amigas por el centro de la pista.
—¿Qué le decías a Neville?
—Nada, una tontería.

Estaba concentrada en la pista, seguía los torpes movimientos de Neville con las copas en sus manos, deseaba de corazón que ambos se conocieran mejor, pero Katie era su mejor amiga por algo, y sabía que el chico lo tenía complicado, y vio a Neville llegar hasta la morena, tropezando con una columna, muy complicado, y como ella le recogía la copa, le sonreía y le daba la espalda para seguir hablando con unos chicos que se les habían acercado, vale complicadísimo, pero no hay nada imposible ¿no?
**

—Joder Ron —El rubio reía—, pensaba que no podríamos darle esquinazo, que insistente es.
—Calla Cormac, que luego me tocará a mí dar la cara.
—¿La tara?, ¿qué tara?, no sabía que Sirius tuviera alguna tara, pobre.
—Digo cara, estás sordo como una tapia.
—¿Sordo?, es mi amigo el vodka, que me está dominando, siento su poder en mí. —Cormac no podía dejar de reírse.
—Anda, entremos ahí antes de que Sirius nos alcance y nos vea. —Ron acompañaba sus risas.
Cruzaron la puerta del "Everlasting" y se fueron adentrando entre las luces de colores, el humo, el ruido, y la masa de gente en continuo movimiento.

Se acercaron a la barra, pidieron dos cubatas de vodka con limón, y apostados en taburetes, observaban entre sorbos de alcohol, lo que solían llamar "la oferta de la noche", o en otras palabras, todas las chicas que les resultaban apetecibles, por una u otra razón.
—Mira ésa, tiene un buen par de… razones —bromeaba el rubio.
—Sí, pero aquella me gusta más, con ese culo… —replicaba Ron.
Hasta que una chica rubia, tremendamente maquillada y con una falda igual de corta que su inteligencia, se acercó a ellos desde un grupito.
—Perdona, ay perdona —Ron se volvió hacia ella.
—¿Eres… eres el príncipe Ron? —hablaba entrecortándose, aunque Ron no sabía si por nervios, embriaguez, calentón o una mezcla de todas.
—No, te has equivocado guapa, muchos dicen que me parezco.
—Ay que pena, bueno pues nada…
Todavía estaba la chica revoloteando a su lado, y Cormac no quiso desperdiciar la ocasión.
—Pero ¿qué haces tío?, dile que sí, te la tiras fijo, pero antes asegúrate de que me presente a alguna amiga.- le susurró al oído.
—¿Estás loco?, no quiero que se sepa que he estado aquí, esta noche no soy el príncipe Ron.
Cormac ya se estaba resignando, pero la rubia los cogió desprevenidos.
—Bueno es igual —Rió tontamente—, lo he pensado y no me importa, te pareces tanto que me das morbo como si lo fueras, ¿queréis conocer a mis amigas?
Y se encaminó a saltitos hacia un grupo de chicas igualmente maquilladas y poco vestidas que ella.
Los rostros de ambos amigos se iluminaron, se miraron un segundo, sus bocas se torcieron en sonrisas bobaliconas y de un salto dejaron los taburetes.
**

A sólo unos metros de ellos, Hermione y su grupo se reía recordando anécdotas, y un hombre solo, parado entre la gente, no dejaba de mirar al pelirrojo y su amigo, esperando, pacientemente, la foto de la noche.
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor icecreammanrupert » Dom Abr 11, 2010 1:28 pm

Hola Ysabel, jajaj que bien verte por el foro loco.
Sabes tenia ganas de leer tu historia y creo que tal vez pueda hacerlo aquí...
Prometo hacerlo y dejarte rr, besos.
María
Benedict se pone el abrigo de Sherlock, camina con aire arrogante y las chicas piensan que es sexy. (Stephen Moffat, writer)


Benedict Cumberbatch y su hermosa voz: "Oda a un Ruiseñor"



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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 1:32 pm

Capítulo 3. Noche de cumpleaños (2ª parte)
—Mirad, éstas son Jenny, Zoe y Anne, y yo me llamo Vanessa, dos besitos ¿no?
La rubia les presentaba a sus amigas, todas encantadas de conocer a dos chicos altos y guapos, y más cuando uno de ellos parecía el hermano gemelo del famoso príncipe Ron.
—¿Y tú cómo te llamas guapo? —Le preguntó a Ron una morena de melena rizada.
—Ro… bert, Robert —Por poco se delataba él mismo, pero supo salvarse a tiempo.
—Yo soy Cormac, encantado preciosas señoritas —El rubio les hizo una reverencia y el grupo de chicas estalló en risitas tontas.
Parecía que la cosa estaba yendo bien, la morena le había echado el ojo a Ron y se aseguraba de rozarse con él, con poco disimulo, mientras que Vanessa tonteaba claramente con Cormac, las otras dos chicas parecían estar pensando a cual de los chicos acercarse, sin importarles lo más mínimo tener que compartirlos con sus amigas.

Un hombre de cabellos negros, rostro atractivo y ojos grises miraba agobiado a ambas aceras, al paso de su imponente coche. Sirius Black, el guardaespaldas personal del príncipe Ron y a menudo chófer cuando el joven quería salir de palacio, había sido burlado una vez más, y el castigo que recibiría sería ejemplar, si no regresaba a palacio con su protegido antes de que el rey se enterase.
—Maldito muchacho, la confianza da asco, me comporto como un colega y así me lo paga, cuando lo encuentre se va a enterar.

Hermione se cansó de bailar con Oliver y los demás y se acercó a Neville, que permanecía sentado, en una mesa alejada de la zona de baile.
—¡Ey!... ¿no vienes con los demás?
—No me apetece —Ni siquiera la miraba, no podía apartar sus ojos de Katie y el chico con el que se estaba riendo tanto.
—Anda ven, para saber bailar antes hay que aprender, vamos… —Le cogió la mano y tiró de él.
—Hermione no, de verdad… —Se resistía a levantarse de la silla, donde se sentía seguro además de desgraciado.
—Nada, nada, vas a aprender a bailar, venga, ¿así cómo quieres acercarte a Katie? —Le guiñó un ojo.
—Pero… ¿tú sabes que…? —preguntó azorado.
—Es más que evidente, menos para ella claro —rió—, vamos, no tengas miedo.
—Bueno, vale, pero porque estás tú —Hermione le sonrió.
Se acercaron a los demás y la chica empezó a moverse con la música, de una forma discreta, sin llamar mucho la atención, instando a su amigo a imitarla, y Neville lo intentaba, aunque con poco acierto.
Hermione le hacía señas con los ojos, para que saludara a Katie y tratara de bailar con ella. Y Neville la saludó, y logró captar su atención, y la morena le dedicó una sonrisa que a él le supo a gloria… pero, cuando se trataba de Neville siempre había un pero, el moreno se envalentonó, quiso lucirse y al girar bruscamente empujó a un camarero, al que se le escapó la bandeja de la mano, rompiéndose los vasos en mil pedazos y derramando su contenido por el suelo.
Hermione sintió una punzada de culpa, tal vez fue mala idea animar a Neville a bailar.
El pobre muchacho no dejaba de disculparse con el camarero, tanto que éste no sabía como quitárselo de encima.
Algunas de las copas salpicaron los pantalones del chico que hablaba con Katie y se puso de mal humor, pero antes de que atacara a Neville, Katie lo calmó, proponiéndole sentarse en alguna mesa y seguir su conversación.
Oliver se acercó a Hermione y la agarró de la cintura.
—Cariño, me temo que esta vez tu idea no ha sido nada buena —La besó en la frente.
—Creo que tienes razón… ¡Neville!
—Me voy a la barra, a beber, parece que es lo único que me sale bien aquí —Su rostro era una oda a la derrota.
—Lo siento Neville —Le dio un apretoncito en el brazo.
—No te preocupes, tú has hecho lo que has podido, gracias… —Una sonrisa triste y se alejó de ellos, esquivando la visión de la mesa en la que Katie y el desconocido se reían tranquilamente.
Pero al cabo de un cuarto de hora el chico se marchó y Katie volvió a la pista con sus amigos.
—Uy, ¿a dónde se fue?
—Es que mañana tiene entrenamiento.
—¿Sí?, ¿de qué?
—Atletismo… hoy ha salido porque sus amigos no paraban, me ha recordado a ti Hermione. —Se rió.
—Y… ¿te ha dado su móvil o algo? —Hermione indagaba para evaluar la situación de Neville.
—Pues sí, me ha dicho que quiere volver a verme, así que tal vez quedemos para comer o algo la semana que viene, ¿no es genial? —Se le dibujó una sonrisa soñadora en la cara y Hermione supo que la situación de Neville era mala, francamente mala, por no decir catastrófica.

Ron se había abandonado al placer de los besos de aquella desconocida morena, sólo quería disfrutar de su calor y sus ganas, ¿de qué otra forma podría celebrar su triste 21 cumpleaños?, si todo lo que le esperaba en palacio eran deberes, obligaciones, responsabilidades, caras serias… todavía le parecía todo un mal sueño, y el alcohol que llevaba en el cuerpo y aquella chica complaciente le hacían olvidar su realidad, ¿por qué no evadirse de esa manera?, además, no conocía otra.
Cormac también andaba enzarzado en un combate de lenguas, pero algo los interrumpió de golpe.
—¿Qué cojones te crees que estás haciendo? —Sonó una voz tremendamente grave.
Ron miró sobre el hombro de la chica y sintió un escalofrío, un hombre de casi dos metros, pelo rapado casi al cero, muchos tatuajes y unos músculos como montañas agarraba a Cormac de las solapas de su camisa.
—¡Ésa es mi novia, imbécil!
—¿Imbécil?, no, te equivocas, se llama Vanessa, así que no puede ser tu novia —Cuando Cormac bebía, su humor aumentaba peligrosamente.
—No me toques las pelotas, niñato —Lo levantó del suelo y al rubio se le acabaron las ganas de bromear de inmediato.
—Tranquilo peque, no le pegues, si no es nadie —Le empezó a decir la rubia, cogiéndolo del enorme brazo—. ¿Y no habíamos cortado?
“¿Peque este Goliat?, joder con los apodos parejiles” pensó Ron conteniendo la risa.
—Lo siento capullito de alhelí, soy un bobo, si no voy a encontrar a otra mejor que tú.
—Mejor besando difícil, es cierto —Se le escapó al rubio, lo que le valió una mirada asesina del grandullón.
—¿Quieres volver conmigo, pequeñín? —Le ronroneó la rubia juguetona.
—Pues claro, por eso he venido.
—Ay amor mío, te quiero, te adoro, te amo, te comería ahora mismo —dicho esto, la chica se tomó al pie de la letra sus propias palabras y se arrojó al cuello del hombre, con un salto previo, porque le sacaba más de la cabeza, y ambos empezaron a besarse con desespero.
—Arggg —Cormac miró a otro lado, buscando a Ron—. Tío, qué empalagosos, ¿y vosotras…? —No pudo ni terminar la frase, las otras tres chicas estaban bailando con varios tipos parecidos al de la rubia, estaba claro que formaban un grupo, y esa noche, Ron y él sólo habían sido la distracción pasajera mientras estaban enfadadas con sus hombres. El príncipe estalló en carcajadas.
—¿De qué te ríes pelirrojo idiota?
—De tu cara Cormac, la vida es así, unas veces se gana y otras se pierde, anda vamos a sentarnos en la barra, relajémonos.
—Y una mierda, dile a mi amiguito que se relaje ahora. —Se señaló la entrepierna.
—Aún queda noche, vamos a ver lo que sale por ahí ¿no?

Peter, oculto entre la gente que bailaba, apuraba su cigarrillo mientras observaba al pelirrojo. Había estado a punto de sacar su cámara y echar fotos del altercado con los grandullones, hasta había pensado en un título “con el rabo entre las piernas”, pero no le había parecido suficientemente escandaloso, morboso o inesperado para su jefa, tenía que ser algo mejor, mucho mejor, así que acarició su Nikon, oculta bajo la gabardina y buscó otro cigarrillo en la cajetilla de su bolsillo.

Las chicas del grupo decidieron ir al baño, todas menos Hermione, y Oliver tuvo que acompañar a Neville fuera, para que tomara un poco el aire, al parecer su remedio contra las penas le había jugado una mala pasada, así que estaba sola en la pista, esperándolos a todos, y eso fue lo que la convirtió en su objetivo.

Ron y Cormac no querían marcharse con las manos vacías, no después del esfuerzo por deshacerse de Sirius y el chafón con las novias de los gigantes, así que decidieron cambiar de táctica, y entrar a chicas solas, lo consideraron… más seguro.
—Esa chica —Señaló Ron.
—Uy, es poca cosa ¿no?
—Sí bueno, es pequeñita.
—Y su cuerpo no parece demasiado sinuoso —Se burlaba arrastrando las palabras, el efecto inevitable de las copas que habían ingerido.
—Ya, muy delgada.
—Por no decir lo poco sexy que va, vaqueros y un jersey que le tapa todo uf, y ese pelo enmarañado, ¿es una nueva moda? —Entornó los ojos— No, me habría enterado… y desde aquí ni siquiera le vemos la cara, mmm, no sé, no sé.
—Joder, me estás quitando las ganas ¿eh?
—Perdona tío —se reía—, ve, ve, que más vale pájara en mano que cien tías dando saltitos en la pista.
—Pues eso —Echó un gran trago para apurar su enésimo cubata y se dirigió hacia Hermione con decisión. No tenía intenciones de perder el tiempo, ni de darle opción a rechazarlo, además iba tan pasado de vodka que la cara que tuviera ella no le importaba demasiado, siempre que no fuera difícil de mirar, que todo tiene un límite.

Pasó en cuestión de segundos. Hermione sintió unas manos agarrándola de la cintura, y un cuerpo pegándose al suyo, sonrió y puso las suyas sobre las del chico, segura de que era Oliver, ¿quién si no iba a cogerla así? Peter echaba fotos, incapaz de creerse su buena suerte, y Ron continuó su ataque. La volteó hacia él y sin dejarla reaccionar la besó, atrapando su boca hambriento, llevaba muy mal el quedarse a medias, arrastraba la frustración de hace un rato y no tuvo compasión de la chica, obligándola a abrir la boca e invadiéndola con su lengua.

Hermione tardó unos segundos en reaccionar, tenía el cuerpo tieso como una estaca, los ojos abiertos como platos. Su cuerpo no tuvo tiempo de cumplir las órdenes de su cerebro, sabía que no era Oliver y quería apartarlo de ella, pero se le había echado encima sin darle la menor oportunidad. Cuando Ron sintió que como primer beso estaba bien se despegó de ella, satisfecho, y aflojó su cintura.
Hermione recuperó el movimiento y le propinó un fuerte bofetón. Peter seguía gastando carrete.
—¡¿Pero cómo te atreves?! —Lo miraba hecha una furia, sonrojada, acalorada, nerviosa, indignada, y mil cosas más acabadas en “ada”, por haber sido besada a la fuerza.
—Primero dejas que te toque y te bese y después me abofeteas… ¿de qué vas niñata? —le replicaba el pelirrojo con su mano en la mejilla malograda.
—¿De qué voy yo?, pero… esto es increíble —Cruzó los brazos delante del pecho, con cara de muy pocos amigos.
—Sí, tú, ¿ahora te haces la estrecha?... mira, me da igual, tampoco eres guapa ni estás buena, ahí te quedas, encontraré a otra.
Hermione se sintió herida en lo más hondo de su orgullo de mujer, encima de que la había tocado y besado sin permiso, se atrevía a insultarla, eso era ya demasiado.
—¿Qué has dicho de mí? —Lo desafió, era una luchadora, nadie amedrentaba a Hermione Granger.
Ron le había dado la espalda, pero sus palabras lo tentaron, necesitaba desahogarse de todo lo que llevaba dentro y cualquier actividad le valía, cabalgar sobre Eterno, tener sexo o incluso discutir con aquella desconocida de cabello enmarañado.

Sirius alcanzó a Cormac en la barra, le preguntó por el príncipe y el rubio le indicó la dirección en la que mirar.
—¿Qué está pasando ahí?
—Parece que no tenemos suerte esta noche. —El rubio se reía, removiéndose divertido en su taburete, y señalaba la escena que protagonizaba su amigo.
—Quédate aquí, no te muevas, voy a por el príncipe y os llevo de vuelta a palacio de inmediato, suerte que no he visto paparazzis por la entrada.
—Que sí, perrito bueno, que sí. —Cormac llamaba perros a todos los guardaespaldas de Ron, no como insulto, sino por su semejanza con los perros de pastoreo, siempre atentos para que las ovejas no se descarríen.

Pero Ron no pudo desahogarse, Sirius lo alcanzó a tiempo y lo agarró con fuerza del brazo, obligándolo a caminar delante de él.
—Perdónele señorita, está muy borracho, es amigo mío, ya me lo llevo.
—Ey, suéltame, todavía tengo mucho que aclarar con ésa…
—Vamos a palacio ahora mismo, y suerte que no os han encontrado esos carroñeros antes que yo —le hablaba al oído para que sólo Ron lo escuchase.

Sirius estaba equivocado, Peter tenía fotos de toda la escena, desde el abrazo feliz hasta el bofetón final, las hizo sin problemas, pues tomó la precaución de coger una cámara de apariencia inofensiva, para no levantar sospechas, ¿y qué tenía de raro hacer fotos cuando uno sale de fiesta?

Katie alcanzó a su amiga cuando Sirius ya salía del local, con un muchacho en cada brazo.
—¡Hermione!, ¿estás bien?, ¿qué coño ha sido eso?, ¿y dónde narices está Oliver?
—Sí, sí, estoy bien, Oliver está fuera con Neville…
—¿Te ha dejado aquí sola?, joder, cuando salía del baño he visto a ese tío besándote y he alucinado, luego le has dado el bofetón y me he asustado, por eso he venido corriendo.
—Era sólo un borracho salido.
—¿Aviso a Oliver?, si nos damos prisa lo cogemos, acaba de irse ¿no?
—Déjalo Katie, no quiero líos, no ha sido para tanto tampoco —mentía, le había molestado más de lo que admitiría, pero Hermione era ante todo una chica discreta y pacífica, no quería ser causa de conflictos, y si Oliver se enteraba, podría pelearse con ese tipo, no era buena idea.
—¿Entonces no se lo vas a contar?
—¿Para qué?, sólo era un idiota, no le dediquemos más tiempo ¿vale? —Le dedicó una sonrisa forzada que no convenció a su amiga de toda la vida, pero Katie lo dejó así.
**

—Alteza, ¿por qué me hace esto?, no le concedí mi confianza para que me tome el pelo y me meta en líos con su majestad.
—Sirius, tranquilo, nadie tiene porque enterarse, no había fotógrafos en la entrada ¿no?, pues ya está. —Se repantigaba en el amplio asiento de atrás.
—Espero que tenga razón y todo quede en una travesura… —Le miró con el ceño fruncido desde el retrovisor— Que no se repetirá.
—Sí, vale… pero dale más gas, que quiero meterme en la cama, ha sido una noche de mierda.
—Ron, tío, la próxima irá mucho mejor.
—¿Cómo que la próxima?, de eso nada. —Se escandalizó el moreno.
—Cormac sólo bromeaba ¿verdad? —dijo entre dientes, mientras pellizcaba a su amigo en el brazo.
—Sí… s… sí, sólo bromeaba, es que cuando bebo soy un cachondo mental. —Se rió.
Ron lo miró con ganas de matarlo, en parte era el responsable de aquella desastrosa noche, él no tenía pensado salir, pero Cormac siempre lo acababa liando.
**

Una hora más tarde, Hermione, agotada después de toda la noche bailando, ayudando a Neville y soportando borrachos maleducados, se retiró del local junto a un ignorante Oliver, una fiel Katie y un descompuesto Neville, se despidieron de las demás chicas del grupo y tomaron taxis para volver a sus casas.
Ron ya estaba en palacio, a salvo en sus habitaciones. Tumbado sobre su enorme cama, pensaba que todo quedaría en una mala noche fácil de olvidar. Cormac roncaba en una de las estancias de invitados.
Hermione se despidió de Oliver con un fugaz pico, no se sentía a gusto para besarlo más intensamente por lo que había pasado horas antes, pero se excusó de su falta de pasión con el cansancio, Oliver la creyó y le dio las buenas noches. Crookshanks maulló al escucharla abrir la puerta, siempre estaba despierto cuando ella salía por las noches, como si la esperase en vela, preocupado por ella, era una de las razones por las que lo quería tanto. Lo acarició al verlo y se metió en su habitación, pensando que al día siguiente, todo quedaría en un recuerdo lejano.

Pero ninguno de los dos olvidaría jamás el momento que habían compartido, porque Rita Skeeter y su fiel fotógrafo no lo iban a permitir.
—Ya me estaba resignando a volver sin nada y entonces lo vi acercarse a ella… al principio pensaba que era una chica cualquiera, anónima como las de antes, pero cuando me fijé mejor la reconocí y ya no pude parar de echar fotos.
—Esto ha sido un regalo divino, mañana agotaremos la tirada Peter... —Hizo una reverencia a una de las fotos— Feliz cumpleaños, alteza. —Sonrió con maldad.
Ambos observaban entusiasmados el borrador de la portada del próximo Gossip News, un beso en la imagen y un titular: “el príncipe Ron, heredero del trono, y Hermione Granger, hija del dueño de hoteles GR, amantes”
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 1:35 pm

Capítulo 4. Malas noticias
Hermione Granger llevaba una vida relativamente anónima, salvo contadas ocasiones, en que había tenido que participar en actos públicos relacionados con el negocio de su padre. También aparecía en las fotos de algunas bodas y celebraciones de gente pudiente, o en sus primeros días de colegio y de universidad, formando parte de una prensa de sociedad que poca gente se molestaba en leer. Para los medios, la heredera de los Granger era un personaje aburrido y anodino, una niña buena que sólo hacía que estudiar. Nunca había dado que hablar, nunca… hasta esa maldita noche. Aquello fue una locura, un boom, la noticia del día, de la semana, incluso del mes… la virtuosa y discreta Hermione Granger, amante del príncipe Ron.

Katie vio la foto en la portada y el titular, y con cara de espanto y alucine buscó el artículo del interior, lo leyó y no tardó ni medio minuto en marcar la tecla de llamada sobre el nombre de su amiga Hermione en el móvil.
—¿Katie? —Su voz sonaba adormilada.
—¡¡Hermione!!
—¿Qué pasa? —Ahora sonaba asustada.
—¿Has visto el Gossip News de hoy?
—No, ya sabes que no compro ese tipo de prensa.
—¿Estás sentada?
—Estoy tumbada Katie, estaba durmiendo.
—Bueno… te leo la portada de carrerilla y me dices que piensas, voy…
—Vale, venga… —Se incorporó ligeramente en su cama, sosteniendo el móvil en su oreja.
—El príncipe Ron, heredero del trono, y Hermione Granger, hija del dueño de hoteles GR, amantes.
—Pero ¿qué?, ¿cómo se atreven a publicar tal mentira?, y ¿por qué me juntan a mí con un tío al que sólo conozco de la tele o la prensa?, me siento ofendida.
—Es que… sí lo conoces, ahora sí…
—¿Qué dices Katie?
—¿Recuerdas al pelirrojo de anoche?
Silencio, Katie apretaba aún más el teléfono a su oreja, pero sólo escuchaba silencio.
—¿Hermione?, ¿sigues ahí?
—Sí, sigo aquí… Katie, dime ahora mismo que esto es una de tus bromas.
—Lo siento, ojalá fuera eso.
—¿Aquel estúpido atrevido era el príncipe Ron?
—Sí, ahora que puedo verlo bien en las fotos, lo reconozco, no hay duda de que es él.
—Pero ¿qué fotos han publicado?, ¿qué han escrito?, ¡dime Katie!
—Mira, hagamos una cosa, me paso por tu casa en un cuarto de hora, te llevo el Gossip News y lo ves todo tú misma.
—Buena idea… Dios, suerte que mis padres tampoco leen estas cosas.
**

Cormac se despertó relativamente temprano para lo que acostumbraba tras una noche de fiesta intensa, pero claro, no había tenido fiesta precisamente “intensa”, más bien una noche fallida, pero no le preocupaba, saldría otra vez dispuesto a remediarlo. Se dirigió a las cocinas, para tomar el desayuno con el servicio. Prefería eso a sentarse en el comedor principal, donde desayunaban los reyes y sus hijos, rodeados de servidumbre, joyas por menaje y un aire espeso y deprimente, por los sucesos recientes acaecidos en palacio con la pérdida de Charlie. Además Cormac no soportaba el estricto protocolo que seguía la familia real, él era rico, muy rico, pero sus padres no eran nobles, así que no se había criado como los príncipes. Su antipatía por el protocolo y las obligaciones era compartida por Ron, tal vez por eso eran tan amigos, pero a diferencia de él, el pelirrojo tenía que seguir las normas cuando estaba en palacio, o en presencia de sus padres.

Los cocineros y las doncellas saludaron al rubio sin apenas inmutarse, lo veían por allí desde niño, desde que empezara su amistad con Ron. Cormac iba a sentarse en una mesa pero el corrillo de mujeres cuchicheando por lo bajo llamó su atención. Se acercó a ellas, les vio un periódico en las manos y pidió que se lo dejaran, entre otras muchas cosas, Cormac era un cotilla sin remedio. Pero la portada no le hizo ninguna gracia, le cambió el color, su sonrisa se borró ipso facto y echó a correr hacia las habitaciones de su amigo, quería avisarlo antes de que se enterase el rancio de Snape, o peor… el rey.

Snape y sus ayudantes habían revisado todas las publicaciones del día, indistintamente, prensa seria y prensa rosa, como hacían cada mañana temprano, para estar al tanto de todo lo bueno y malo que se decía de la familia real, y así poder actuar en consecuencia, tratando de mejorar cosas o evitar otras. El pálido hombre, con el gesto descompuesto, tuvo que informar al rey Arthur del último escándalo protagonizado por su hijo. Empezaba a no soportar a aquel muchacho, después de las charlas y consejos de buena fe que le habían dado, después de su coronación como heredero, no había cambiado un ápice su comportamiento. Una semana antes le había prometido que no volvería a pasar, pero había mentido, otra vez. ¿Y qué coño había pasado con Sirius?, le dijo que fuera su sombra, ese guardaespaldas idiota lo iba a escuchar.
—Voy a despertar al príncipe, su majestad.
—No, yo mismo lo haré.
—Señor…
—Tengo que hablar seriamente con mi hijo.
El rey, con paso firme y gesto imperturbable, recorría el pasillo, en dirección a las habitaciones del príncipe, que todavía dormía plácidamente. Antes de llegar, se encontró con Cormac, cuya cara palideció más que la de Snape. El muchacho trató de escabullirse, pero fue en vano, Arthur lo interrogó sin piedad y Cormac acabó contándole todo lo que había pasado, o al menos todo lo que él recordaba. Que Ron había ido a por esa chica, que la había besado y ella le había abofeteado y que después un enfadado Sirius los había llevado a palacio.
**


—Yo ni siquiera sabía que era el príncipe Ron, ufff, pensé que era un borracho que quería meterme mano, de hecho eso es lo que era, maldita sea…
—Eso encaja con su mala fama, pero en estas fotos se te ve muy sonriente mientras él te toca.
—¿Qué dices? —Se acercó al papel y miró las imágenes con el ceño fruncido— Bueno es verdad, pero… ¡porque pensaba que era Oliver!
—Yo te creo Hermione, pero supongo que ya estarán inventando historias sobre ti y el príncipe.
—Claro, porque no han publicado nada del bofetón, es más morboso que yo sea su amante… —Estrujaba con furia las sábanas de su cama.
—Intenta tranquilizarte, ponerte así no te ayudará.
—Esto no me puede estar pasando a mí.
—A lo mejor nadie se lo cree y dentro de unos días está olvidado ¿no?
El móvil de Hermione, que seguía sobre su cama, empezó a vibrar, pero la muchacha no parecía con ganas de cogerlo.
—¿No lo coges?
—Es Oliver, seguro que ha visto la prensa… encima no le conté nada ayer, espero que me crea.
—Claro que te creerá, es tu novio y te quiere, aunque no me extrañaría que se enfadara por ocultárselo… pero no te preocupes, yo te defenderé, que para algo soy tu amiga.
—Gracias Katie —El gesto de la morena le provocó una débil sonrisa.


Arthur no le había dicho porqué quería hablar con él, así que Ron se sentía inquieto, no era muy normal que su padre lo despertara. Simplemente le había dicho que lo esperaba en su despacho privado en diez minutos. Ahora estaban sentados a la mesa, padre e hijo, estudiándose con las miradas, hasta que el más viejo empezó la conversación.
—Sirius me dijo que ayer lo engañaste para escapar de él.
—Ya se ha ido de la lengua —maldijo por lo bajo.
—Sirius no te ha delatado, yo lo amenacé para que hablase.
—Oh —Se tranquilizó, apreciaba a Sirius, siempre había sido más un amigo que un vigilante y le satisfacía sobremanera su lealtad.
—Menuda inconsciencia, no puedes ir por ahí sin seguridad.
—Lo sé, pero es que… —Su padre le interrumpió.
—¿Has visto la portada del “Gossip News”, hijo?
A Ron no le costó entender que al final, después de sus intentos de discreción, algún fotógrafo los debía haber pillado la noche anterior.
—Lo siento, es cierto que bebí más de la cuenta, perdí un poco los papeles y tonteé con algunas chicas —El pelirrojo comenzó su letanía de excusas, soltadas de carrerilla por el gran número de veces que las había utilizado.
—Pensé que te había quedado claro, Severus y yo nos cansamos de repetirte que debías comportarte, que tus salidas nocturnas tenían que terminar.
—Lo siento padre, quise celebrar mi cumpleaños… lo siento —Mantenía la vista en el suelo.
—¿Lo siento?, ¿eso es todo lo que tienes que decir?, esta vez no sólo te has puesto en ridículo a ti mismo, sino que has comprometido la reputación de esa pobre muchacha.
—¿Cómo? —Lo miró de inmediato.
—¿Te suenan de algo los hoteles GR?
—¿Eh?... sí, hay alguno en Londres ¿no?
Arthur arrojó el periódico arrugado contra la mesa, para que su hijo lo viera.
—Abrazaste y besaste a Hermione Granger, me extrañó al leerlo, pero Cormac me ha aclarado que después te abofeteó, lo que me cuadra más con lo que sabía de ella.
—Pero… ahí dice ¡que Granger y yo somos amantes! —exclamó alterado mientras cogía los papeles y buscaba en el interior más fotos de la fatídica noche—, todo esto es mentira, si no la conozco de nada, obviamente no somos amantes, joder… ¿por qué no está el bofetón por ninguna parte?
—Desgraciadamente, el periódico sólo publica las fotos jugosas, ¿qué esperabas?, ya ves como están las cosas, gracias a tu irresponsabilidad una vez más…
—Lo siento padre, haré un comunicado, explicaré que todo es culpa mía, que ella no tiene nada que ver conmigo.
—¿Otro comunicado Ron?, ¿cuántos hemos emitido ya?, ¡¿crees que todo se soluciona con esos malditos escritos?! —Arthur Weasley estaba perdiendo la paciencia.
—Pero ¿entonces…?
—Nadie se creerá ese comunicado, esas fotos pesan mucho más y aunque lo creyeran, tú volverías a quedar como un juerguista irresponsable, no, peor todavía, porque te dedicas a besar a chicas que ni siquiera lo desean… Dios santo, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?, ya no sé que hacer contigo.
—A lo mejor no estoy preparado para heredar tu trono —Se puso a la defensiva y sus ironías terminaron de enfadar a su padre.
—Ginny lo haría mejor que tú, no me cabe duda… —habló su desesperación.
—Sabía que siempre has pensado eso, ¿por qué me coronaste si no confiabas en mí para sucederte?, ¿eh? —Ahora la rabia lo consumía.
—¡Silencio!, no te atrevas a reclamarme hijo, llevas las de perder… no vas a salir de palacio en los próximos días, tendré que pensar la forma de enmendar tu error, como siempre… ¡pero te lo advierto, esta va a ser la última vez Ron, la última vez que te consiento algo así!, ¡y ahora, fuera de mi vista!
Recogió el periódico de la mesa y lo estampó en el suelo, después se dejó caer en el sillón, derrotado, decepcionado.

Ron hizo un gran esfuerzo y se mordió la lengua, al fin y al cabo, su padre tenía razón en todo lo que había dicho, y no le reprochaba su enfado con él, pero le dolieron sus palabras, saber que siempre lo había mirado como el último, como el menos adecuado de la familia, y le desconcertaba que no lo hubiese saltado en la sucesión.
Ron ignoraba que Arthur Weasley lo amaba igual que a sus otros dos hijos, y que todavía conservaba la esperanza de que madurase y tomara las riendas de su vida y sus responsabilidades, confiaba en ello, aunque esa confianza se había resquebrajado seriamente con el último escándalo del joven príncipe.
La reina se tropezó con su hijo en el pasillo, trató de acercarse a él, sabía que venía de hablar con su padre, pero Ron la esquivó.
—Ron…
—Ahora no madre.
Molly Weasley observó alejarse a su hijo, quería consolarlo y al mismo tiempo darle un par de azotes, como cuando era pequeño y hacía trastadas, pero lamentablemente, dos azotes no resolverían el lío que acababa de producirse ni tampoco harían que Ron entrara en razón y se diera cuenta, de una vez, de toda la responsabilidad que tenía encima. Su hijo se negaba a aceptar su destino y ella, como toda madre, quería ayudarlo, pero el pelirrojo nunca había sido bueno en eso de dejarse ayudar.
—Majestad.
Snape abrió la puerta del despacho privado del rey, y con un gesto le indicó a la mujer que entrara delante de él. Los tres tenían mucho que hablar y decidir para solucionar el entuerto.


En medio de una iluminada cocina, una mujer de cabellos castaños hablaba alterada.
—¡¿Qué significa esto Hermione?! —Meneaba con fuerza un ejemplar del Gossip News.
—Mamá, si tú no lees esas cosas.
—Me la ha enseñado una vecina, pero no me cambies de tema Hermione, ¿qué es todo esto?
—No es lo que parece.
—No uses esa frase conmigo que sabes que no la aguanto… ¿qué haces besando al príncipe?... ¿estás saliendo con él y no me has dicho nada?, pero ¿y Oliver?, ¿juegas a dos bandas?, hija, no sabía que eras así… —Katie la miraba sin dar crédito.
—¡Mamá, por favor!, claro que no estoy saliendo con ése… príncipe de pacotilla… yo estoy con Oliver y nos va muy bien.
—Pues quien lo diría, con es-tas ri-si-tas —recalcaba cómicamente señalando las fotos del abrazo.
—Todo tiene una explicación, esas fotos son engañosas, de verdad que no es lo que parece.
—¿Y este beso tampoco es lo que parece?
—Sí, vale, las fotos son auténticas… pero yo…
—Dios mío, estás liada con el príncipe Ron y yo sin saberlo, ¿cómo le haces esto a tu madre?, con lo que me fascina ese mundo a mí.
—Pero mamá…
—Señora Granger, se equivoca, mire… el príncipe Ron —dijo su nombre con desprecio—, iba borracho, como acostumbra, y se pasó de listo, Hermione pensó que era Oliver y se dejó abrazar, pero en cuanto ese baboso la soltó, después de besarla el muy caradura, tu hija le dio una bofetada de las que hacen historia y lo puso en su sitio.
—¿Entonces?
—Todo lo que dicen es mentira, era la primera vez que nos veíamos, y por supuesto que no estoy con ese pelirrojo inútil.
—Cariño, no te pases que es príncipe.
—Por mí como si es Papá Noel, es un cretino integral.
—Bueno… —Bajó el brazo con el periódico en la mano y cierto aire de decepción— Supongo que a tu padre le gustará saber que todo es invención de los paparazzis para vender más.
—¿Y a ti?, cualquiera diría que preferirías que fuera cierto.
—No me hagas caso cariño, es que ya sabes que la realeza me trastorna —rió—, anda vamos a preparar algo de comer, que llevamos una mañana de sustos, seguro que Buckingham no tarda en hacer algún comunicado exigiendo una rectificación por parte de ese periódico.
Emily Granger se acercó a la nevera mientras Hermione y Katie seguían sentadas en la mesa.
—Tu madre es la leche.
—Mi madre está loca —Resopló.
—Mira el lado bueno, si te lías con Ron de verdad, ella te apoyará encantada —se burló la morena.
—Eres lo peor Katie Bell —Le pegó en el brazo sin fuerza y estalló a reír.
Crookshanks las miraba a cierta distancia, receloso, como si fuera capaz de presentir que aquellas risas pronto se volverían lamentos, porque nada carecía de consecuencias si Ron Weasley estaba implicado.

El Gossip News agotó sus ejemplares, tal como había predicho su directora. Pero eso sólo era la punta del iceberg, muchas otras revistas los habían llamado para comprarles las fotos, y algunos programas de televisión pretendían entrevistar al fotógrafo que las había hecho. Rita Skeeter bendijo su suerte y terminó de decidirse, mantendrían la mentira que habían anunciado en primera plana unos días más, y sus bolsillos rebosarían como nunca.
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 1:37 pm

Capítulo 5. Medidas desesperadas
Pero el comunicado que Emily Granger había mencionado no vio la luz, y ya habían pasado tres días desde el escándalo. Lejos de olvidarse, el asunto no había hecho otra cosa que coger importancia, ahora eran decenas de revistas y periódicos los que se hacían eco del supuesto affair entre el príncipe Ron y la heredera Hermione Granger, Rita Skeeter había decidido que vender algunas de las fotos que hizo Foley no les perjudicaría, pues ellos habían sido los primeros en publicarlas, habían dado la exclusiva y ese mérito nadie se lo quitaría, eso sí, las fotos del bofetón estaban guardadas bajo llave, hasta que la astuta directora considerase oportuno mostrarlas, por ahora quería seguir beneficiándose de la mentira que habían anunciado a bombo y platillo.

Ron pasaba los días en palacio, por orden de su padre no podía salir de allí. Cormac y otros amigos lo informaban de las novedades vía móvil, messenger y con alguna visita de corta duración, sabían que el rey estaba muy enfadado y no querían provocarlo más.
—Tío, no te agobies, seguro que en nada hacen algunas declaraciones y asunto arreglado.
—No lo sé, esta vez creo que agoté su paciencia, ¿por qué no me destituye y acabamos con esto?
—Eso sería perjudicial para tu familia, que te nombre heredero y en menos de tres meses te quite el título… el rey quedaría muy mal —añadió un chico moreno de brillantes ojos esmeralda.
—Tienes razón Harry, sólo faltaba un nuevo escándalo.
**

Hermione, por su parte, continuó asistiendo a sus clases en la universidad, pero esta semana tuvo que aguantar miraditas y comentarios por lo bajo, cuchicheos y hasta acercamientos de gente que siempre la había ignorado. Todo el mundo estaba ansioso por saber si lo que contaban en la prensa era cierto, pero los protagonistas callaban, lo que hacía que pareciera verdad.
—Mira, tú ignóralos, ya se les pasará cuando haya un nuevo rumor… son así de cenutrios.
—Sí…
Katie conocía muy bien a su mejor amiga y su expresión de aparente calma escondía cierta incomodidad, se resignaba pero lo estaba pasando mal, nunca le había gustado ser el centro de atención, más de dos veces le había confesado que preferiría no tener que aparecer ni siquiera en las noticias de sociedad.
Al pasar junto a un grupito de chicas, una de ellas habló en alto, para hacerse oír.
—No le bastaba con los hoteles de su padre, la niña ahora quiere ser princesa —se burlaba—, ¡uy!, Hermione, ¿qué tal? —dijo con una sonrisa tan falsa como el rubio de su pelo.
Hermione la saludó con un leve gesto de su cabeza y una sonrisa fingida pero mucho menos luminosa que la de su acusadora.
—Menuda guarra, lo ha dicho a propósito, para que la oyeras, es que iría y le daría dos bofetones.
—Déjalo Katie, cuanto menos caso les hagamos, antes lo olvidarán.
Y no sólo sus compañeros de estudios la molestaban, ahora una legión de fotógrafos aparecía en las puertas del campus universitario cada vez que Hermione llegaba o abandonaba el lugar, afortunadamente Katie estaba siempre con ella, a veces incluso Neville, pero la situación se estaba volviendo insoportable.

Los reyes se habían reunido con Snape varias veces durante estos días, comentando las distintas posibilidades y finalmente habían llegado a una solución.
—Hemos investigado a fondo toda su vida y afortunadamente no hay nada reprochable ni de lo que preocuparnos… no ha protagonizado ningún escándalo, a diferencia de su hijo, majestad… además es muy buena estudiante e incluso va a la universidad.
—Bueno… si ambos pensáis que es lo mejor… pero a Ron no le va a gustar nada, y esa pobre muchacha… —Molly Weasley se mostraba preocupada.
—Ron hará lo que yo le diga, que bastante daño nos ha causado, es hora de que entienda que sus acciones tienen consecuencias.
—Muy bien majestad, pues voy a informar a su alteza de su decisión.
—Manda llamar también a los Granger, cuanto antes acabemos con esto mejor —dijo sentándose de nuevo en su sillón y paseando nervioso un bolígrafo entre sus dedos.
Su esposa lo miraba con compasión, había sido una difícil decisión para él, sabía que sería complicado, pero ¿qué otra cosa podían hacer ya?

Era jueves, pero no un jueves normal. Los Granger tenían audiencia con Severus Snape, el consejero personal del príncipe Ron, y con su alteza en persona, en el mismísimo palacio de Buckingham. Un funcionario de palacio les había llamado para invitarlos a comentar el desagradable suceso del Gossip News.
John y Emily Granger pensaban que todo se trataba de ofrecerles disculpas sinceras, pues el joven príncipe había ofendido a su hija y la había metido en un lío, pero Hermione estaba inquieta, de pronto todo lo que tuviera que ver con aquel pelirrojo atrevido le causaba temor, le daba mala espina.
Su madre estuvo toda la mañana preocupada por la ropa que se pondría, su padre intentando tranquilizarla, diciéndole que era una reunión privada, sin cámaras, que no la iba a ver casi nadie, y Hermione nerviosa por lo que pudiera pasar en esa inesperada reunión. Se vistió con unos vaqueros y una sencilla camiseta de mangas largas, intentó alisarse el pelo, pero el resultado no fue muy alentador, lo dio por imposible y bajó al salón.
—Cariño, ¿no te maquillas más ni nada?
—Mamá, sinceramente, no me importa nada lo que piense ese… príncipe de mí —Sí le importaba, le molestaba de hecho, porque ya sabía lo que pensaba, que no era guapa ni deseable, pero sus principios le impedían darle a ese idiota la importancia suficiente como para molestarse en arreglarse más y demostrarle su error.
—Mujeres Granger, el coche de palacio ya está en nuestra puerta.
—Ay amor, qué nerviosa estoy, disculpas reales, y en Buckingham, ni en mis mejores sueños…
—Que sí mujer, anda vamos —La apresuró amablemente su marido.

En otras circunstancias, incluso Hermione habría admirado la magnificencia del palacio, la inmensidad de sus jardines, la opulencia de los pasillos, las paredes llenas de cuadros, los guardias, el servicio… pero estaba demasiado preocupada para hacerlo, además, su madre ya lo hacía por las dos.
Snape los recibió en la entrada, se presentó de manera educada pero fría y les rogó que lo acompañaran. Recorrieron un pasillo y entraron en una especie de despacho, no era muy grande, por lo que Hermione dedujo que sería de algún empleado, tal vez del hombre de aspecto taciturno que los había recibido, la decoración del lugar era recargada y había gran cantidad de libros.
—Sus majestades reales querían transmitirles sus más sinceras disculpas por el comportamiento de su hijo, y lamentan no poder recibirlos en persona, pero sus deberes no se lo permiten.
—No se preocupe, dígales que aceptamos de buen grado sus disculpas —contestó Emily educadamente.
—Pero ¿va a hacerse algún comunicado o algún anuncio para aclarar lo ocurrido al público?, mi hija no lo está pasando muy bien, los demás estudiantes murmuran y los periodistas la persiguen.
Snape dirigió su gélida mirada a la muchacha, pero su gesto se mantuvo imperturbable, habría sido natural un gesto de simpatía hacia ella, pero estaba claro que a aquel hombre le importaba poco su suerte.
De pronto alguien tocó a la puerta, Snape permitió el paso y un hombre de mediana edad apareció en el hueco, tieso como una estaca y hablando en tono solemne.
—Su alteza real, el príncipe Ron de Inglaterra.
—Mira, los anuncian hasta para las visitas privadas —cuchicheaba una fascinada Emily a su marido.

Y por fin apareció él, ese pelirrojo causante de sus problemas, ese pelirrojo que la había tocado y besado sin permiso, que la había ofendido como mujer.
Los padres de Hermione se pusieron en pie para recibir al recién llegado, su hija tuvo que imitarles, aún sin tener ganas. Ron fue saludándolos a todos, primero a su padre, con un apretón de manos, después a su madre, con un respetuoso beso en la mejilla, mientras la mujer disimulaba su emoción con una sonrisa exagerada y entonces llegó el turno de Hermione.

Al llegar a su altura, Ron se detuvo un instante, dudoso, no sabía bien cómo saludarla, bueno, sí sabía lo que el protocolo requería, pero se sentía raro, después de como se habían despedido en aquel pub, saludarse ahora de manera cordial le parecía de lo más hipócrita, pero en el mundo en que había nacido, la hipocresía era una cualidad más, indispensable para poder sobrevivir, así que sonrió ligeramente e hizo un amago de agacharse para besarla, pero la mirada furiosa de Hermione lo detuvo, ella le ofreció la mano y él se la estrechó levemente ofendido.
El pelirrojo dio unos pasos atrás y teniéndolos en frente, inclinó la cabeza.
—Les ofrezco mis más sinceras disculpas por mi comportamiento de la otra noche, lo que hice estuvo fuera de lugar, y lamento todas las molestias que eso les ha ocasionado —Dirigió sus ojos azules como el hielo a Hermione—, especialmente a usted, señorita Granger.
—Gracias —musitó, alzando el mentón con dignidad, gesto que hizo sonreír a Ron, otras cosas no, pero Granger tenía orgullo para parar un camión.

Snape invitó a todos los presentes a sentarse en los sofás que había en el fondo de la habitación, rodeando una pequeña pero exquisitamente labrada mesita, y fue entonces cuando Hermione supo que pasaba algo y su mal presentimiento se hizo más presente. Crookshanks había estado raro cuando ella lo acarició antes de marcharse de su casa, tenía una sensibilidad especial que a ella le parecía magia, por la razón que fuera, ese gato, de caminar lento y pelaje canela, estaba raro y receloso cuando algo malo o inesperado iba a suceder, su madre siempre le decía que eran tonterías de niña supersticiosa, pero hasta entonces nunca había fallado.

En un sofá estaba sentados los Granger, y en el opuesto Ron y Snape, de manera que mientras el moreno explicaba los procedimientos de palacio para pronunciarse ante noticias de prensa o declaraciones de la gente, Ron y Hermione se dedicaron a mirarse, pero no como dos jóvenes que se gustan o dos personas que se causan curiosidad, si no como dos oponentes que se estudian con frialdad y desdén, buscando las debilidades del adversario.

“Pues no lo veo tan guapo ni tan alto como decía mi madre, tiene la piel demasiado blanca, y unos ojos muy pequeños… es una exagerada, ella y todas esas fans locas que tiene… si no fuera por su apellido veríamos cuanto ligaba. Y encima quería besarme el muy… ya me besó bastante en “Everlasting”, Dios… creo que me estoy poniendo roja, que chico más detestable, es de los que piden perdón de boquilla y se creen que sus cagadas están olvidadas… sí, un malcriado, eso es lo que es” se decía a sí misma Hermione.
No podía perdonarle su comportamiento con una disculpa tan falsa y vacía como ésa, no podía perdonarle que la llamara fea y poco atractiva, así que considerarlo poco agraciado la ayudaba a soportar sus heridas, y tanto se lo repetía que sus ojos acabaron diciéndole que ciertamente, aquel pelirrojo no era para tanto.

“Menudos aires se da… rechazar mi beso, bueno, mis besos, primero en el pub y ahora aquí, esta chica no sabe nada de hombres, a ver cuando se le ha acercado uno tan guapo y bien plantado como yo… dudo que le lluevan las citas con ese cuerpo carente de curvas y ese pelo castaño estropajoso, y de cara… no es un cardo, pero tampoco es guapa…¿y voy a tener que… y con esta chica tan insulsa?, mis padres y Snape deben estar locos, pero no me puedo negar, he metido demasiado la pata, aunque…” sonrió de repente, Hermione lo miró con cara de disgusto “… puede ser divertido hacerla rabiar”

—Bueno y si ahora nos disculpan señores Granger, me gustaría hablar a solas con su hija, sobre un asunto importante —anunció en su tono frío de costumbre.
“Ahí lo tienes, sabía que tenía truco” se lamentó Hermione.
—Sí claro… estaremos fuera hija.
—Vale papá.
Incluso su madre se encontraba desconcertada, pero accedió a salir de la estancia.
Ron se acomodó en el sofá, repantigándose sin pudor, y Snape se aclaró la garganta, Hermione estaba ya de los nervios, ¿qué demonios era lo que quería hablar con ella y sin sus padres delante?
—He preferido hacer salir a sus padres porque usted ya es mayor de edad señorita Granger —Era cierto, tenía diecinueve años—, y esto es algo que la afectará básicamente a usted, y no tanto a ellos, así que debe ser su decisión.
—¿A qué se refiere?, me está empezando a preocupar.
—Pues espere a escuchar el resto… señorita Granger —bromeó burlón el pelirrojo, recibiendo una mirada asesina de la castaña.
—Desde que aparecieron esas fotos en la prensa, los reyes y yo hemos estado discutiendo sobre la mejor forma de resolver la situación y sólo vemos una solución… que usted, señorita Granger, y su alteza el príncipe Ron, anuncien al mundo que son pareja, declarando que las fotos no reflejaban una noche de borrachera y tonteo frívolo, sino los gestos de una pareja enamorada.
La cara de Hermione era un poema, la de Ron al mirarla, la mueca contenida de una carcajada y la de Snape un gesto de amargura, le repugnaba lo que acababa de decir, era un hombre extremadamente profesional y siempre procuraba hacer las cosas dentro de la legalidad y con honestidad, pero situaciones desesperadas requerían de medidas desesperadas y lo primero era salvar la reputación de la familia real, aunque eso supusiera mentir al mundo entero.
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 1:38 pm

Capítulo 6. Préstamo un año
Hermione procuraba recuperar cierta calma, aunque por supuesto, le era imposible no estar algo alterada después de las palabras de aquel hombre altanero y gris.
—¡Eso es una barbaridad!, nadie lo creería —Se volvió indignada hacia el pelirrojo— ¿Y tú, no dices nada?, ¿te parece estupenda la idea?
—Si Snape dice que no hay otra manera, yo le creo. Además es la decisión de mi padre, y no puedo desobedecerle, ya no… —La miró desafiante, dejándole claro que en él no encontraría un aliado.
—Tiene que haber otra opción.
—No la hay, créame que hemos pensado en esto durante días enteros —Sus ojos negros la hacían sentirse pequeña, alguien insignificante.
—¿Es que soy la única persona cuerda en esta habitación?, oh Dios mío —La desesperación hacía mella en la castaña.
—Señorita Granger, no se altere, hemos analizado la situación, las distintas posibilidades en que esto podría desarrollarse y desde luego ninguna nos complace, sería muy perjudicial para su alteza y para toda la casa real Weasley —Ron la miraba con cierta diversión, Hermione no dejaba de poner caras de terror.
—Pero… con todos mis respetos “alteza” —Le dirige una mirada de soslayo—, a mí me importa muy poco el futuro de la casa real, sólo quiero seguir con mi vida sin más.
—Imaginaba que diría eso… pero ¿se ha parado a pensar en como afectará este escándalo a “su vida”? —escupió las palabras con desprecio, para él sólo era una plebeya más, con bastante dinero, sí, pero plebeya.
—¿A mi vida?, pues… son sólo patrañas, las fotos se han malinterpretado, daré una entrevista para explicar la confusión.
—Qué inocentes son las niñas ricas de hoy día… mire señorita, esas fotos son auténticas, le guste o no, usted y su alteza compartieron abrazos y un beso —Ron no dejaba de observarla, interesado en los próximos gestos de la horrorizada castaña—, es una lástima, toda su vida comportándose con tanta corrección para ahora esto, porque creo que ya debe saber qué calificativos les dedican a las chicas que aparecen con su alteza en ese tipo de artículos, ¿verdad?
—Sí… —Apenas le salía la voz— Pero yo confundí al príncipe con…
—Sí ya, con su novio, ya nos lo ha contado antes… no se da cuenta… la gente pensará que ahora se inventa la historia de un novio formal, al que por cierto nadie conoce porque jamás se les ha fotografiado, para tapar su comportamiento, digamos poco decente, tonteando con el príncipe en su fiesta de cumpleaños, la gente pensará que hace cualquier cosa por conservar su reputación de hija perfecta, de alumna perfecta, de heredera perfecta, ¿no lo entiende?
—Pero… Oliver y yo hemos sido discretos, por eso… por eso no hay fotos nuestras.
—Nadie creerá eso, y usted lo sabe… la hasta ahora virtuosa heredera de los hoteles Granger, quedará como una juerguista irresponsable y peor aún, como una mentirosa sin escrúpulos… lo que afectará negativamente al negocio familiar en general y a su reputación personal en particular.
Hermione empezó a comprender la realidad, que se abría camino en su mente demoliendo su optimismo, sus ojos se humedecían, su garganta se secaba, un nudo le impedía hablar.
Snape se sacó un pañuelo y se lo ofreció por pura cortesía.
—No es momento de lágrimas… ahora debemos colaborar, todos —recalcó—, para salir de este lío lo mejor posible.
Hermione se sentía totalmente abatida, derrotada, intentando asimilar lo mucho que había cambiado su vida en sólo unos días, por unas malditas fotos. Ya no tenía ganas de discutir con aquel hombre y mucho menos verle la cara al príncipe, así que resolvió marcharse a casa con sus padres.
—Déjeme al menos unos días para que lo piense.
—El tiempo es vital, cuanto más tardemos, más se complicará todo, pero está bien, le damos dos días.
Hermione se levantó del sofá y caminó hacia la puerta despacio, como si le pesaran los pies. Detuvo sus pasos al escuchar de nuevo a Snape.
—Y recuerde señorita Granger, no le estoy pidiendo que nos ayude sólo a proteger a la familia real, sino que colabore para protegerse a sí misma también.
—Adiós.
Cuando su madre la vio atravesar el umbral de la puerta corrió hacia ella, impaciente por saber de que habían hablado con ella. Pero Hermione le pidió marcharse a casa y no habló más en todo el trayecto de vuelta.
**

Ya en su casa, la castaña habló con sus padres de la maravillosa solución de Buckingham para salvarle el culo a su disoluto heredero. John se escandalizó, encontraba todo una broma de muy mal gusto, pero Emily lo veía de otro modo.
—Pues me parece que tiene sentido su propuesta.
—Pero mamá ¿qué estás diciendo?
—Emily ¿te has vuelto loca?
—Yo no, ¿y vosotros?... —Su familia la miraba con ojos como platos— ¿No os dais cuenta?, Buckigham no anunciará nada dejando fatal al príncipe y exculpándote a ti cariño… me duele decirlo, pero harán lo posible para que él no quede mal.
—¿A dónde quieres ir a parar?
—¿Y si dan un comunicado diciendo que Hermione lo quería seducir para cazarlo?, ¿y si la dejan como una cualquiera?
—¡Eso no lo harán! —Miró desesperada a su padre, pero su ira inicial se había vuelto profunda inquietud— ¿Papá?
—Tal vez… tu madre tiene razón… harán cualquier cosa para salvarse, aunque suponga destrozarte a ti.

Durante el resto del día, Hermione siguió sin creer las palabras de sus padres, como si pudiera tener algún tipo de fe en aquellos bastardos, príncipe y asesor, a cual más frío, egoísta e hipócrita. Pero confiaba que no serían capaces de algo tan horrible. Al menos le quedaba una noche y un día para decidirse.

Antes de cenar, quiso hablar con Oliver, desde que todo había saltado a los medios, se había mostrado bastante comprensivo, aunque al principio se enfadase porque su novia le ocultó lo que ocurrió en el pub.
—Me alegro de que estés bien, y que se hayan disculpado, ¿cuándo se aclarará toda esta locura?
—Pues… no lo sé… ellos me… —A punto estuvo de contarle la propuesta de Snape, pero decidió en el último segundo que no era buena idea, ¿para qué preocuparlo más de la cuenta? —, me aseguraron que en unos días solucionarían todo.
—Bien, a ver si es verdad, detesto aguantar comentarios de mi novia con otro hombre.

Katie también supo de Hermione, pero no por recibir una llamada suya, la morena se presentó directamente a cenar en casa de los Granger, auto invitada, como hacía muchas veces.
—Hola Katie, pasa dentro, suerte que has venido ya, aún hay tiempo de echar más caldo a la sopa.
—Ya sabe señora Granger, a oportuna no me gana nadie —bromeó—, ¿dónde está Hermione?
—Está arriba, en su cuarto.
Sonaron dos toques en la puerta y Hermione dio permiso para entrar.
—Ya me extrañaba no saber de ti hoy —Intentaba sonreír.
—Mujer, mi mejor amiga ha ido a palacio, necesito saberlo todo, con pelos y señales por favor, ¿quién te recibió?, ¿es tan grande aquello como parece por la tele?, ¿viste al príncipe Ron?
—Respira Katie, que te vas a ahogar.
—Pues seguro, porque no me cuentas nada y me muero de curiosidad. —Se rió.
Hermione le contó todo, incluida la charla final con Snape y el príncipe, esa maldita propuesta. Katie intentó quitarle hierro al asunto, haciéndola reír con sus típicas salidas de contexto, como la castaña, veía imposible que palacio la difamara para salvar sus muebles. En realidad no lo veía imposible, pero quería darle confianza a Hermione, odiaba verla tan desanimada.
—¿No se lo has dicho a Oliver?
—Claro que no, si al final no acepto, mejor que ni lo sepa.
—Sí, buena idea.
**

Cormac había llamado a Ron, quería saber como había ido todo, y el pelirrojo puso al día a su amigo, pero callándose el final, el rubio era bueno, en el fondo, pero un auténtico bocazas, no necesitaba beber para irse de la lengua, por eso prefería no contarle ciertas cosas, a menos que fueran de conocimiento popular. Pero si confiaba en la discreción de su otro mejor amigo, Harry Potter.
El joven conde de Bath, título que heredó al morir sus padres en un accidente de coche años atrás, caminaba con paso enérgico por los pasillos de palacio, Ron lo esperaba para cenar, le había mandado un sms algo preocupado, necesitaba desahogarse con él.
De pronto detuvo sus pasos al llegar a sus oídos cierta risa, una risa inconfundible para él, porque era de ella, de Ginny Weasly, la hermana pequeña de Ron, la princesa de Inglaterra, y la muchacha que lo tenía loco desde hacía años, aunque desgraciadamente ella no pareciera notarlo.
Giró sobre sus talones y la vio cruzar la esquina, caminaba dando saltitos, riendo con una de sus doncellas personales.
—¡Hola Harry!, no sabías que venías a palacio hoy.
—Ron me pidió que viniese, quiere hablar conmigo.
—Vaya, ¿cosas de chicos? —preguntó juguetona, mirándolo con picardía. El moreno se sonrojó un poquito, pero como siempre, Ginny no se fijaba lo suficiente en su cara para advertirlo— ¿Tiene que ver con la nueva amante de mi hermano?, esa Ginger, Grunger, no, Granger, eso Granger.
—Pues… no lo sé, no me lo dijo.
—Bueno, pues ya me lo contarás, yo ahora voy a arreglarme que salgo con unas amigas, gracias a Dios que cumplí los dieciocho y me dan más libertad —Sonreía esplendorosa.
—Sí…
—Nos vemos Harry, y dile a Ron que se deje ya de tontear con chicas y se centre en su deber —Se acercó al moreno y le dio un beso en la mejilla—, ¡hasta luego!
Le había alegrado la sorpresa de verla, muchas veces visitaba a Ron pero la pelirroja no estaba en palacio, sin embargo, saber que se iba de fiesta con sus amigas le produjo tristeza y admitía que un poco de celos.

Seguramente se le acercarían hombres, algo inevitable, sólo había que verla, era preciosa, su cuerpo se había desarrollado magníficamente, mostrando las curvas sensuales de una joven mujer, su cara era encantadora, salpicada de multitud de pequitas, como la de su hermano, y su melena de cabellos de fuego, marca de la casa Weasley, que llevaba al viento con una gracia y un desparpajo únicos, le daba el toque de gracia, definitivamente era de ese tipo de chicas que tenías que volver a mirar cuando pasaban a tu lado. Y Harry la miraba, la miraba y volvía a mirarla cada vez que tenía ocasión, pero Ginny nunca se había fijado en él, en realidad todavía no se había fijado en ningún otro, eso lo esperanzaba, la princesa había disfrutado de una larga infancia y pronta juventud cultivando sus hobbies y su educación, pero acaba de entrar en un nuevo estadio, ahora ya estaba en edad de merecer, y eso lo asustaba. Las vibraciones de su móvil interrumpieron sus pensamientos.
—¿Aún no has llegado? —preguntaba Ron desconcertado.
—Sí, sí, ya estoy aquí.
—¿Aquí dónde?
—En el pasillo norte.
—Joder, ¿y cuánto llevas ahí?, ni que te hubieras perdido.
—Perdona, apareció Ginny y…
—Ah vale, no pasa nada… venga, que te espero con un par de pizzas, necesito que hablemos. —Ron sabía de los sentimientos de Harry por su hermana, y no le molestaban, al contrario, no imaginaba mejor novio para ella, pero a saber que tenía la alocada Ginny Weasley en la cabeza para no darse cuenta de nada.
**

Para matar el tiempo antes de que su madre las llamase a la mesa, dedicaron sus mentes al sencillo deporte del zapping, hasta que un programa captó toda su atención. Era un espacio de cotilleos del corazón y el tema de la noche era Hermione, ella y su affair con el príncipe.
—Sí que ha sido una sorpresa todo esto, ¿quién iba a imaginar que la siempre correcta Hermione Granger…?
—Eso es así —Interrumpió una invitada—, las que van de modositas y decentes son las peores, hacen lo que las demás pero a escondidas, y mirad, encima no se conformaba con cualquiera, nada menos que el príncipe heredero. —El plató estallaba en risas al tiempo que los ojos de Hermione empezaron a humedecerse.
—¿Y qué opináis del príncipe?
—Pues amparándome en el derecho a la libertad de expresión… —La presentadora lo miraba con atención—, diré que es vergonzoso su comportamiento, antes lo era, pero ahora, después de morir el bendito príncipe Charles y ser coronado heredero, ¿en qué está pensando ese chico?, sigue con sus fiestas, sigue bebiendo, sigue con mujeres aquí y allí, porque os digo una cosa, Granger no es más que otra en su lista, no me extrañaría nada que dentro de unos días veamos fotos del príncipe con una nueva… amiguita.
—Es cierto, yo pienso igual, la lista de amantes del príncipe es ya casi legendaria, pero no esperaba que incluyera a chicas como Hermione Granger.
—Yo sí, parece que ninguna es inmune a los reales encantos de su alteza... —Más risas en plató—. Es una pena —Fingía sentimiento—. Tenía a Granger en un pequeño grupo de gente rica y a la vez digna, hasta que leí el “Gossip News”.
—Como se dice por ahí… las apariencias engañan ¿verdad?... y hasta aquí el programa de hoy, les espero mañana como siempre, a las siete de la tarde.
Katie casi no se atrevía a mirarla, pero lo hizo, y no se sorprendió al verla llorando, la abrazó de lado, sentadas las dos en el sofá.
—No les hagas caso, tienen que decir algo para llenar su tiempo, no los tomes en serio.
Pero Hermione no le contestaba, sólo lloraba en silencio, con la mirada todavía fija en la televisión.
—¡Chicas, la cena está servida! —Se escuchó la voz de Emily desde el piso de abajo.
—Vamos a cenar, anda… pero antes te acompaño a lavarte la cara ¿vale?
Por fin, la voz de Hermione pronunció palabras.
—Buckingham no podría empeorarlo más, ya he quedado como una cualquiera…
—Hermione... —No sabía como sacarla de su estado.
—No tengo elección Katie —Miró a su amiga con seriedad—, mi reputación está tan maltrecha como la del príncipe, no puedo permitir que me sigan insultando gentes como ésas —Señaló la pantalla y después el periódico Gossip News—, o ésas.
—¿Entonces?

No lo pospuso demasiado, mientras su madre servía el postre a los cuatro comensales de la mesa, Hermione les anunció que estaba decidida, aceptaría la propuesta de la familia real.
**

Al día siguiente, viernes, volvió a faltar a la universidad, lo último que necesitaba era otra ración de chismes y miraditas a su paso. Se puso en contacto con el secretario de Snape y le transmitió su decisión.
Y todo se puso en marcha, el propio Snape llamó a los Granger para preparar otro encuentro en palacio. Por la tarde ya estaban ocupando otra vez los mismos sofás, en las mismas posiciones y de nuevo Ron observaba a Hermione, y Hermione a Ron, pero esta vez había algo diferente, Hermione parecía mucho más serena y eso al pelirrojo le intrigaba.
—Bueno, ahora sólo queda matizar los detalles, evidentemente no vamos a anunciar que su hija y su alteza salen juntos para que la relación dure un mes, porque entonces quedarían casi igual de mal, como si hubiera sido para pasar el rato, ¿me explico?
—Perfectamente —contestó Hermione con un tono de voz claro y rotundo, sorprendiendo a los presentes. Ron la miraba con incredulidad.
—Bien, pues si la señorita lo entiende… sus majestades y yo hemos pensado que lo ideal sería un año.
—¡¿Un año?!
—Sí señor Granger, un año juntos, para que todo el mundo sepa que es una relación seria, aunque después se acabe.
—¿Tanto?, ¿y Oliver? —Su madre le apretaba la mano para darle todo su ánimo.
—Ese noviete tuyo tendrá que aguantarse, al fin y al cabo esto no es del gusto de nadie ¿no? —Hermione lo miró con odio, Ron rodó los ojos, ya echaba de menos ese cariño por parte de la castaña.
—Su alteza tiene razón, esto no será fácil para nadie, pero debemos hacerlo bien, porque si se descubriera, sería mucho peor que ahora… por eso les ruego que lo lleven con la mayor discreción, la gente debe pensar que la relación es auténtica, cuantas menos personas sepan que no lo es, mejor.
John Granger asintió y miró a su hija, sintiendo lástima por ella. Emily seguía cogiendo a Hermione y ésta mantenía la vista en la mesita del centro, pensando como le explicaría todo esto a su novio.
—Pues si les parece bien, dejamos aquí la reunión, tengo que preparar los comunicados y la rueda de prensa.
—¿Rueda de prensa? —Hermione levantó la cabeza y se encontró con los ojos negros más fríos que había conocido.
—Por supuesto, dado que es un asunto serio y delicado que además anda en boca de todos, lo más adecuado es que la pareja protagonista anuncie la relación al mundo.
La castaña empezó a temblar levemente, pero ya no había vuelta atrás, había aceptado participar en aquella farsa durante un año, era la única forma de recuperar la buena reputación que había ido cosechando durante toda su vida.
Ron le echó una última mirada antes de abandonar la estancia, ¿cómo podría aquella castaña insignificante hacer bien su papel?, motivación no le faltaba, pero ¿sabría desenvolverse en su mundo de apariencias, protocolos y títulos nobiliarios sin dejarlo en ridículo?, Hermione se sintió observada y clavó sus ojos en los azules de él, Ron pensó que a pesar de todo, aquella muchacha imponía cierto respeto cuando estaba enfadada.
Snape permaneció en su despacho, fuera, el príncipe se despidió educadamente de los Granger, y se acercó a Hermione, que caminaba detrás de ellos.
—Nos veremos mañana ¿verdad cariño? —dijo con voz melosa, para provocarla, y lo consiguió.
—¿Eres idiota?
—No, soy príncipe, así que dirígete a mí con más respeto. —Frunció el ceño.
—Cuando estemos solos tú y yo, no tengo porque aguantar tus estupideces, por muy príncipe que seas.
—Mi novia tiene demasiado carácter, que me devuelvan el dinero. —Regresó al tono jocoso, le divertía demasiado sacarla de sus casillas y además se le daba bien.
—Uffff, eres insoportable. —Giró su cabeza sacudiendo su enmarañada melena violentamente y se alejó de él con pasos firmes, dejando claro que estaba de muy mal humor, otra vez gracias a él
“Sí, esto puede ser divertido”, sonreía malicioso.
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor claricia » Dom Abr 11, 2010 2:11 pm

¡¡Hola guapa!!
Que bueno que me hiciste caso y publicaste aquí.
De verdad que me tienes enganchada a esta historia. Ya me estoy poniendo al día, como te dije.
Pero no estará de mas que relea los primeros capítulos y así te los comento más tarde.
Reeditaré el comentario y será mucho más largo, jejejeje.
Dame tiempo.
Petonets,
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Gaby! » Dom Abr 11, 2010 6:18 pm

Hola!!! recien descubri tu ficc..
me parecio muy interesante y bastante original...
no fue el tipico amor a primera vista...o nos conocemos de toda la vida y siempre estube enamorado de vos..
te sigo....
besos!
Gaby!
No ExIsTe El PrEsEnTe...Es SiMplEmEnTe El PunTo De UnIoN EnTrE El PaSaDo Y El FuTuRo...
No entiendo porque te extraño tanto!


Te NeCeSiTo PaRa VoLvEr AmAr .....
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Siempre te ame! RW/HG
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 7:29 pm

Muchas gracias a las tres: icecreammanrupert, claricia y Gaby! :-P

Espero que os guste mucho este fanfic, es al que más esfuerzo he dedicado y le tengo gran cariño ^^
***

Capítulo 7. Nos queremos, que lo sepa todo elmundo
Sólo faltaban dos días para la temida rueda de prensa, dos días y su vida relativamente tranquila se acabaría. Hermione daba vueltas en su habitación, todavía no se creía que todo aquello fuese real, Ron importunándola en el pub, las fotos en el periódico, los encuentros en Buckingham y ahora también el trato que había aceptado, era tan surrealista. Se echó sobre su cama, aturdida por los acontecimientos sucedidos en los últimos días, se llevó las manos a los ojos, tapándoselos con el dorso, tratando de tomarse un respiro. Le duró poco, alguien tocó a su puerta.
—¿Sí?
—Soy yo, ¿puedo pasar? —preguntó Katie Bell.
—Claro, si te da igual lo que te diga. —Sonrió ligeramente sin abrir los ojos.
—Ay Hermione… —se sentó en la cama de su amiga y se lanzó a abrazarla.
—Katie —la castaña se incorporó un poco y le devolvió el abrazo—, en serio, empiezo a pensar que eres mi hermana perdida, si es que no sales de mi casa.
—Qué alegría que aún conserves el buen humor, es que… como me dijiste que el príncipe te había puesto de los nervios… otra vez… pensé que igual necesitabas reírte un poco con tu gente. —la morena fue bajando la voz conforme terminaba la frase, cierto arrepentimiento la oprimía.
—¿Mi gente?, Katie, no me digas lo que estoy pensando, dime que no es cierto.
—Yo… es que…
—Dime que no has traído a éstos. —La miraba con una mezcla de miedo y ansiedad.
—Jo Hermione, pensé que te animarías con ellos, además Neville estaba muy preocupado por ti, por todo lo que se ha dicho en la prensa y en la televisión, y como no has querido contestar los sms ni los emails de nadie.
— ¿No les habrás contado la verdad? —exclamó asustada.
—No, no, ni loca, pero a Oliver deberías decírselo todo, porque va a flipar en colorines, ¿cuándo piensas hacerlo Hermione?, te recuerdo que el lunes saldrás en la tele como novia del príncipe.
—Uf, no lo sé Katie, es que es muy delicado, se enfadará y con razón… no sé ni como explicárselo, le pareceré una loca.
—Eso seguro, yo a ratos también lo pienso, pero es tu novio y te quiere mucho, lo tendrá que aceptar, tu reputación está en juego.
—Gracias Katie, por tu comprensión, pero te mataría por haberlos traído, anda diles que ahora bajo, que no quiero parecer una huraña. —bromeó la castaña.
—Vale, ahora mismo. —Sonrió y se levantó de un salto en dirección a la puerta, por la que desapareció.
Hermione sonreía tontamente, todavía recostada sobre su cama, a veces sentía ganas de matarla, pero otras no sabía ni cómo se apañaría sin Katie. Al no tener hermanos, la castaña siempre se había volcado más en sus amigos, especialmente en la morena, que le había demostrado su amistad incondicional muchos años, era como la hermana que nunca tuvo.
Por fin se decidió a moverse, se acerco hasta su cómoda, se miró en el espejo, retocándose un poco su indomable melena, el resultado fue casi inapreciable, lo dejó estar y salió de su habitación.

—Cariño. —Le faltó tiempo al moreno para agarrar a Hermione de la cintura y plantarle un beso en los labios, Neville miró hacia otro lado con su típica caballerosidad—. Venimos a ver como estás, con toda esa mierda que no dejan de decir sobre ti y ese imbécil.
—Gracias chicos —Miró a Oliver y después a Neville—. Estoy bien, me alegra mucho veros.
—Mira, te he traído los apuntes del jueves y de ayer, como no viniste, aunque claro, con toda la gente ahí hablando a tus espaldas —Neville se puso nervioso, pensó que había metido la pata—, o sea, que no paraban de cuchichear, bueno, yo quiero decir que…
Su cara enrojecía por momentos, Katie lo hizo callar con un ligero codazo, y Hermione rió un poco al mirarlos.
—Gracias Neville, eres muy amable. —Le dio un beso en la mejilla y el muchacho se relajó, se volvió hacia la morena y le sonrió orgulloso, Katie rodó los ojos.
El resto de la mañana transcurrió con normalidad, hablando, riendo, revisando algunos apuntes, hasta que se hacía la hora de comer y sus amigos se retiraron.
—Oliver espera, necesito hablar contigo. —le rogó la castaña.
—Claro preciosa.
Katie la abrazó y aprovechó la cercanía para hablarle sin que nadie más las escuchara.
—Suerte Hermione, díselo y que pase lo que tenga que pasar.
—Gracias Katie.
Katie y Neville se marcharon y Hermione hizo subir a Oliver a su habitación, allí le pidió que se sentase, el moreno se impacientaba.
—Hermione… dime lo que sea, me estás preocupando.
—Verás… Buckingham ya encontró una solución.
—Pero eso es estupendo, ¿de qué se trata?, ¿qué dirán? —preguntaba ansioso.
—Pues… se trata de contar que el príncipe y yo… estamos saliendo juntos. —acabó de carrerilla.
—¡¿Cómo?! —exclamó con los ojos desorbitados— te habrás negado ¿verdad?
—He aceptado.
—¡¿Qué?! pero ¿estás loca?
—No hay otra opción Oliver, ¿has visto como me ponen por la tele o la prensa?, de la noche a la mañana me he convertido en una vulgar cualquiera, una más en la extensa lista de conquistas del príncipe Ron, no puedo permitir que digan eso de mí. —hablaba con resolución.
—Claro, pero sí puedes permitir que digan que él es tu novio. —replicó con reproche en su voz.
—Oliver por favor, sería sólo una farsa, para que al menos nadie pueda criticarnos por aparecer juntos.
—Por abrazaros y besaros querrás decir. —La molestia era cada vez más patente en sus palabras.
—Sabes que eso fue un malentendido, ya te lo expliqué… no quiero que me consideren una guarra como las que abundan por ahí, yo no lo soy y no merezco ese trato, ¿tan malo te parece que me niegue a soportarlo? —Hermione empezaba a sentirse indignada.
—No es eso Hermione, pero decir que sois pareja, ¿en qué me deja eso a mí?, ¿voy a ser el otro?
—¡Claro que no!, este noviazgo será mentira, para que las habladurías terminen, y después de un tiempo, volveremos a nuestras vidas normales, y tú y yo seguiremos como hasta ahora. —aclaró la castaña.
—Ahora me alegro de no haber divulgado demasiado nuestra relación, porque quedaría como un idiota, ¿sabes lo que pasaría si la gente del club o de la universidad supiera que estamos juntos?, pensarían que yo no era más que la tapadera, para darte coartada mientras te veías con el augusto príncipe.
—Es cierto, dadas las circunstancias, es lo mejor que podía pasar.
—Por que explicar la verdad sería inútil ¿no?
—Sí Oliver, nadie creería que tú y yo éramos pareja de antes y que lo de Ron fue sólo un percance desafortunado, sonaría a excusa desesperada.
—Y tú aún quedarías peor, ya… —el moreno no era tonto, se estaba dando cuenta de la magnitud de la situación, de cada posibilidad, y no tuvo más remedio que aceptar la decisión de su novia y confiar en sus sentimientos.
—Oliver yo…
—Está bien, tienes razón, si no hay otra salida, adelante, yo te apoyaré, pero escúchame una cosa Hermione…
—Sí.
—Si ese príncipe del tres al cuarto se toma demasiadas confianzas, te prometo que me pasaré por el forro el protocolo, y le patearé su real trasero, ¿de acuerdo?, porque eres mi novia y no la suya.
—¡Gracias cariño! —Se arrojó a su cuello, ciertamente emocionada.
El primer asalto había acabado francamente bien, ahora venía el segundo.
—Bueno y… para que parezcamos ir en serio, y que lo nuestro no es un capricho tonto, pues… la farsa durará un año. —dijo casi en voz baja.
—¡¿Un año?! —gritó sin dar crédito.
Hermione sonrió hacia sus adentros, esto costaría un poco más, pero le quedaba día y medio para tranquilizarlo y que aceptase la situación.

Una hora después, Oliver se alejaba por el camino de la casa Granger, caminaba con energía, sorprendentemente contento, después de explicárselo varias veces, por fin había aceptado todo, aunque no tenía más remedio, no quería perder a la castaña. Pero su felicidad se debía a otra cosa, Hermione había aceptado ir a cenar y estudiar a su casa esa noche, como una especie de despedida de la normalidad, porque el lunes sus vidas cambiarían durante un año. Y esta noche era su gran oportunidad, tenía que ser la noche, ¿qué mejor ocasión?, ¿qué mejor razón para tener algo muy suyo, de los dos, para recordar?, con estas ideas en su cabeza, subió a su coche y se alejó de allí.
******

Ron Weasley cabalgaba como alma que lleva el diablo, sobre Eterno. A pesar del desacuerdo de su padre, el pelirrojo necesitaba quemar adrenalina fuera de palacio, era cierto que había aceptado el montaje que anunciarían pronto, pero eso no significaba que no le causara desasosiego. Molestar a Hermione Granger era divertido, pero fingir ser su novio implicaba muchas cosas más, y desde luego no todas serían tan divertidas.
Decidió pasar la mañana en Cirencester, el club de polo más antiguo del Reino Unido, al que pertenecía desde niño, al igual que su padre y el fallecido Charlie.
Por influencia de su amigo Harry, que tenía amistad con los dirigentes del club, lo habían cerrado unas horas, para que el joven príncipe pudiera estar tranquilo. Potter también jugaba al polo, pero en esta ocasión prefirió sentarse con un refresco, mientras su amigo se perdía en el horizonte, a lomos de su caballo. Y la razón no era otra que la princesa Ginny. Había querido acompañarlos y para evitar dar explicaciones, el rey se lo había permitido.
—Sigo pensando que estas normas son ridículas, están pasadas de moda, prohibir la participación de las mujeres en los partidos, bua. —se lamentaba teatralmente.
—Bueno, es por tradición, no es que seamos machistas los que jugamos en el presente. —le respondió educadamente el moreno.
—No me convences, que renueven las reglas jo, estoy segura de que muchas mujeres cabalgamos mejor que algunos hombres que juegan aquí. —fingió indignación.
—No me cabe duda, y tú eres una de ellas, montas muy bien.
—Pues claro, como todos los Weasley, lo llevamos en la sangre… —jugueteaba con su pajita— ¿Ves?, tú sí que juegas bien, a ti no te mandaría al banquillo. —Se reía la pelirroja.
—Gracias Ginny, qué amable. —Acompañó sus risas.
Harry conocía la situación de Ron, y sabía lo que pasaría el lunes, pero Ginny no, así que evitaba hablar de su hermano. Aunque una parte de él le decía que no era buena idea ocultárselo, la pelirroja era buena amazona pero también una chica lista, optó por desviar la atención de los caballos, los Weasley y sucedáneos a temas menos delicados.
—Oye Ginny… ¿has oído sobre la nueva obra de teatro que representarán en el Royal Albert Hall?
—Sí, tengo muchas ganas de verla, seguro que estará genial.
Los ojos verde esmeralda de Harry se iluminaron, era su oportunidad, y se lanzó a por ella.
—Había pensado que… tal vez te apetecería venir conmigo a verla.
Pero la cara de Ginny al escucharlo no era como la había imaginado, no esperaba que saltara de la silla y tocara la sombrilla embargada por la felicidad, pero tampoco verla con gesto tan lastimoso.
—Ay Harry lo siento, me invitaron unos amigos hace dos días, si no te habría dicho que sí.
—¿Unos amigos? —Los celos hicieron acto de presencia.
—Fleur y Víktor, ya los conoces ¿no?
Harry se sintió un poco aliviado, los conocía desde hacía unos años, Fleur Delacour, una aristócrata francesa con gusto por los viajes, y Víktor Krum, el hijo de un diplomático búlgaro. Aunque ese Víktor se las daba de chico serio, no se fiaba de él ¿y si era una máscara para ocultar su lado casanova?
—Podrías venirte con nosotros si quieres.
—No, da igual…
—Hagamos una cosa —Ginny seguía su discurso, sin apreciar los cambios en el semblante de su amigo—, si me gusta mucho la obra, voy a verla otra vez contigo, ¿vale?, así que espérate a verla unos días, ¿te parece?
De nuevo esos ojitos de cachorrito, maldita sea, ¿cómo iba a negarle nada si lo miraba así? A veces, Harry se preguntaba si la pelirroja sólo se hacía la tonta, si en realidad conocía demasiado bien sus sentimientos por ella, porque al final siempre lo llevaba a su terreno.
******

Oliver Wood vivía solo desde hacía un año, decía que quería intimidad y libertad, y con lo bohemios que eran sus padres pintores, no le costó mucho su aprobación. Había preparado la cena, pasta italiana acompañada de un buen vino. Cuando Hermione vio la mesa preparada para dos, con velas y la mejor cubertería, se extrañó un poco, pero pensó que Oliver sólo quería sorprenderla, para terminar de limar las asperezas de la mañana.
Sin embargo, las intenciones del moreno iban más allá, estaba convencido de que ésa era la gran noche, la noche en que por fin haría el amor con su novia, Hermione Granger.

La castaña fue puntual, tocó al timbre y Oliver le abrió con una sonrisa en los labios.
Hermione lo besó y entró en la casa.
—¿Has pedido pizza o comida china para cenar? —preguntó despreocupada.
—Mejor que eso, he preparado yo mismo la cena, pasta italiana, con diferentes salsas para condimentarla. —le contesto orgulloso.
—Menuda sorpresa, ¿y a qué debo el placer de tu arte culinario? —le inquirió persuasiva.
—A que es la última noche que estaremos juntos antes del lunes… quería que fuera un poco especial. —hablaba con fingida timidez.
—Es un detalle muy bonito Oliver, gracias. —lo besó de nuevo y se abrazaron, el moreno pensó que todo iba viento en popa.

Después de la agradable cena, Hermione se lavó los dientes, era muy escrupulosa con su aseo personal, la pasta y el cepillo la acompañaban en su bolso si comía fuera de casa, manías Granger, influencia de un tío dentista. Y salió del baño decidida a devorar sus apuntes.
Ambos se sentaron en la mesa de la habitación principal del apartamento. Ella concentrada en los enunciados de sus libros, él concentrado en sus labios, en su cuello. Hermione empezó a escribir la resolución de una pregunta y Oliver soltó su lápiz y acercó su boca a su cuello, la besó y la castaña se sobresaltó un poco, se removió en su silla, él se apartó ligeramente de ella y simuló volver al libro. Pero lo volvió a intentar, esta vez agarrándola de la cintura con un brazo, y besando sin reparo su blanca piel.
—Oliver… ¿qué haces?, ¿no íbamos a estudiar? —demandó Hermione mientras cogía la mano del chico para apartarla de su cintura.
—Perdona, pero es que… ¡quiero que brindemos! —exclamó inesperadamente.
—¿Brindar?
—Sí, por nosotros, espera. —Se levantó de la silla y salió de la habitación en busca del vino. Hermione decidió tomárselo con calma, era normal que se pusiera un poco pesado, a fin de cuentas, su novia estaba a punto de anunciar al mundo que estaba con otro chico. Se sentó en la cama, la mesa y los apuntes le parecían un entorno demasiado formal para brindar dos enamorados.
—Ten.
Oliver regresó ofreciéndole una copa de vidrio, puso otra en la mesa y le sirvió vino tinto, según él, de una buena reserva. Hermione no tenía costumbre de beber, así que no sabía mucho de bebidas alcohólicas ni le interesaba.
—Por nosotros y porque pase rápido este próximo año. —Chocaron las copas.
No dejaba de mirarla a los ojos, con tanta insistencia que la castaña empezó a ponerse nerviosa y tuvo que apartarle la mirada. Oliver lo notó y pensó que era el momento.
Le retiró la copa de la mano, la dejo en el suelo, junto a la suya, y se volvió hacia ella dispuesto a todo. Enmarcó su cara con las manos y la besó, Hermione le devolvió el beso, pero el moreno empezó a profundizarlo con cierta ansiedad, y fue volcando el peso de su cuerpo sobre ella, hasta tenerla debajo, sobre la cama. Hermione seguía correspondiéndolo, la mano de Oliver se deslizó por su cintura, su muslo, llevaba falda, eso facilitaba las cosas. Cuando Hermione sintió la fría mano de Oliver sobre su piel se quedó quieta, dejó de besarlo, y lo miró con cara de desconcierto, él siguió ascendiendo sobre su pierna, buscando su ropa interior. El gesto de Hermione se tornó preocupado, incómodo, pero Oliver ni podía ni quería parar.
—Oliver para, por favor para. —le rogó.
—¿Por qué Hermione?, lo deseamos los dos. —Siguió acariciando su piel alcanzando su zona íntima por encima de la ropa.
—¡Para, Oliver! —le sujetó la mano con firmeza y expresión de decepción en el rostro.
—Pero Hermione… —Se incorporó un poco, liberándola de su peso.
Ella se enderezó también, un poco sofocada por la situación, y se recolocó la falda.
—Pensé que lo habíamos hablado, que nos lo tomaríamos con calma, sabes que es algo muy importante para mí. —le reprochaba decepcionada.
—Hermione, llevamos casi un año tomándonoslo con calma… y ahora te meterás en ese fregado con el dichoso príncipe, pensé que esta noche era la ideal para…
—¿Me invitaste a tu casa para llevarme a la cama? —le interrogó indignada.
—Sólo quería pasar una noche especial contigo, ¿eso está mal? —se defendía el moreno.
—No, no está mal, pero… ¿por qué tanta insistencia en… eso?, podíamos tener una noche maravillosa sin llegar hasta ahí. —se justificaba Hermione.
—Claro, y luego a esperar un año entero, nuestra relación se quedará congelada desde el lunes, y tú lo sabes —Se había enfadado también—. Yo te veré de uvas a peras y a escondidas, mientras ése desgraciado te tendrá cerca cada día.
—¿Es por eso?, ¿quieres acostarte conmigo para quedarte tranquilo? —Explotó la castaña—. ¿Para dejarme tu marca y estar tranquilo?
—No lo entiendes Hermione, no es así, sólo quería tener algo muy especial que recordar de nosotros.
—Entiendo que mientras para mí cada momento contigo es especial, hagamos lo que hagamos, para ti el sexo es lo único reseñable… —empezó a recoger sus cosas en la mochila— Siento mucho ser una novia tan aburrida.
Abandonó la casa enfurecida y triste al mismo tiempo, Oliver no supo contestar a su última acusación, se sintió mal por haberla hecho marcharse así. El sexo no era lo más importante para él, de ser así se habría buscado otra novia hace tiempo, candidatas no le habrían faltado siendo deportista de élite y bien parecido, pero era verdad que llevaba un tiempo algo desesperado por cruzar la línea con ella, simplemente la deseaba en todos los sentidos, ¿por qué ella no podía verlo?
******

El domingo pasó deprisa para unos, muy despacio para otros, pero llegó a su fin, y con él la preparación de la rueda de prensa. Snape los había aleccionado a ambos desde la mañana hasta bien entrada la tarde, tanto Ron como Hermione tenían claro lo que debían decir y lo que debían callar.
—¿Siguen acosándola los periodistas en la puerta de su casa? —preguntó el hombre con su habitual tono de indiferencia.
—Pues sí, hay días que veo menos, otros que veo más, pero siempre hay algunos…
—Pues tenga muy claro que desde el mismo lunes, la presencia de esos sujetos a su alrededor se verá multiplicada por mucho, porque se habrá convertido en la novia oficial de un príncipe heredero, no lo olvide —La miró con desdén—. Procure comportarse estoicamente, ignórelos, no les de más carnaza.
—De acuerdo. —le contestó Hermione con mirada de pocos amigos.
La aversión y desconfianza entre ellos era mutua, para Snape, ella no era más que una plebeya intrusa que ahora debía tolerar por el bien de su irresponsable pupilo, para Hermione, él era el ayudante perfecto de un perfecto inútil, el príncipe Ron.
—La rueda de prensa la daremos en una sala cercana a mi despacho, la esperamos mañana a las nueve en punto señorita Granger, tendremos un rato para ensayarlo todo, tenga buena noche y salude a sus padres de mi parte.
Hermione asintió con la cabeza sin mucho entusiasmo, sabía que cada palabra cordial del moreno era pura cortesía, nunca sincera. Salió de la habitación y detrás de ella lo hizo Ron. La castaña esperaba otra frasecita impertinente como la del viernes, pero el pelirrojo parecía ignorarla.
—¿Hoy no vas a decirme ninguna gracia de las tuyas? —Ron se volvió hacia ella.
—No me digas que ya las echas de menos, vais de dignas pero al final os pasa a todas —se burló.
—Eres un creído estúpido, no sé ni porqué me molesto en dirigirte la palabra. —Ahí estaba de nuevo la mirada de odio de la castaña.
—Yo sí echaba de menos esa forma tan cálida que tienes de mirarme. —El pelirrojo le sostenía la mirada, y Hermione perdió la paciencia.
—Me voy a mi casa, no quiero estar cerca de ti más tiempo del necesario. —Le dio la espalda.
—Ten muy claro que el placer es mutuo.
—Vaya, si el señor principito sabe usar la ironía y todo.
—No soy ningún idiota.
—Permítame que rebata esa afirmación, alteza. —Le hizo una reverencia burlona.
—Así me gusta, no olvides que yo soy príncipe, y tú no eres nadie que pueda llamar mi atención.
Hermione hervía por dentro como una olla a presión, de nuevo la estaba descalificando como mujer, apretaba los dientes mientras pensaba algo para herirlo, no podía dejar que se marchase así, como aquella noche en el pub.
—¡Basta!, ¿qué es este escándalo? —ambos miraron asustados a un malhumorado Snape, que salía del despacho por haberlos escuchado discutir— Espero que hayan soltado todos sus humos, porque mañana esto no puede pasar, ¿está claro?, mañana parecerán una pareja feliz, así que se acabó la discusión.
Volvió a su despacho, dando un fuerte portazo tras él. Ron y Hermione se miraron pero no dijeron nada, cada uno se giró en una dirección abandonando el lugar.
******

Llegó el lunes, Hermione se había pasado parte de la noche hablando con sus padres, sobre muchas cosas y sobre ninguna en particular, también había llamado a Katie para contarle como le había ido en palacio, incluso cogió el móvil cuando la llamó Oliver para pedirle disculpas por su comportamiento del sábado, al final lo habían arreglado, aunque a ella le costaría un poco olvidarlo.
Ya no había vuelta atrás, pensaba, mientras miraba por la ventanilla del mercedes negro enviado por palacio para recogerla. Se iba a convertir en una de las chicas más famosas del mundo, y odiaba la fama, era lo que menos le gustaba de ser una Granger, aunque nada tenía que ver eso con pertenecer a la familia real, claro, porque lo segundo era muchísimo peor. Intentó respirar hondo y tranquilizarse.
—Ánimo señorita. —dijo de pronto el chófer.
Al bajar el cristal tintado que la separaba de él, pudo verlo y lo reconoció, era el hombre moreno que se llevó a Ron arrastras del pub.
—Usted… ¿sabe a lo que voy a palacio? —preguntó recelosa.
—Sí, no me he presentado debidamente, me llamo Sirius Black, soy el guardaespaldas personal y chófer ocasional del príncipe Ron, y como usted debe imaginar, conozco de cerca sus movimientos, o bueno, casi todos —recordó cuando le dieron esquinazo aquella noche—. Sé que usted no sale con el príncipe, aunque vaya a anunciarlo en televisión, pero no se preocupe, su secreto está a salvo conmigo, nunca traicionaría al príncipe.
“Qué bien, otro lacayo fiel de Ron, como si no tuviera suficiente con Snape, uf”
Sirius advirtió su cara de disgusto y trató de aliviarla.
—Aunque no lo parezca, el príncipe Ron no es un mal muchacho.
Pero Hermione no lo creyó en absoluto.
—Gracias por sus ánimo Sirius, ¿puedo llamarle Sirius?
—Naturalmente señorita Granger, además, nos veremos con frecuencia a partir de hoy. —Le sonrió con amabilidad.
“Al menos es mucho más simpático que el murciélago de Snape”

Nada más acceder al pasillo de palacio, Snape apareció delante de ella, le echó una mirada de la cabeza a los pies, cargada de desprecio y prepotencia que ya le puso mal cuerpo a Hermione y la instó a seguirlo hasta la sala elegida para el acontecimiento.
—Pasan casi diez minutos de la hora estipulada, pensé que ya no vendría, casi tengo que inventarme una excusa para la prensa. —Le escupió mientras caminaba dándole la espalda—. En lo sucesivo, le rogaría que sea más puntual, no se imagina la cantidad de gente que dependerá de su presencia para poder hacer su trabajo.
¿Por qué aquel hombre siempre tenía las palabras justas para hacerla sentirse como basura?

Después de aguantar las indicaciones poco amables de Snape, la castaña se sentó en una silla para ordenar su cabeza y repetir mentalmente algunas frases de muletilla. La puerta de la sala se abrió y una figura imponente ocupó el umbral. Ron entró en la habitación con gesto serio, los presentes se callaron al verlo, cuando Hermione lo miró tuvo que contenerse para no resultar evidente su sorpresa. El maldito pelirrojo era mucho más apuesto de lo que había querido admitirse a sí misma. Llevaba un traje gris, con camisa blanca y corbata rayada a juego, su pose era sorprendentemente madura y hasta parecía más alto y más guapo que en sus encuentros anteriores.

De pronto se sintió ridícula con su sobrio conjunto de blusa y falda, ¿sobrio?, más bien aburrido y algo pasado de moda, pero es que no veía necesario llevar mejores ropas, sólo iban a sentarse y comunicar una noticia. Por primera vez en su vida, se arrepentía de no haberse dejado aconsejar por su madre en tema de vestuario. Hermione siempre había preferido la ropa cómoda y funcional a la bonita y llamativa, a parte de que desde siempre, había sido una chica discreta, y sus escasas curvas no la animaban a preocuparse más de su armario.
Como esperaba, Ron ni la saludó, apenas le dirigió una mirada altiva, ¿y era vanidad lo que leía en sus ojos?, el maldito bastardo había notado su patética expresión al verlo entrar, lo que le faltaba, subirle más el ego.

Cuando el príncipe tomó la palabra y pronunció la primera frase “la señorita Hermione Granger y yo, mantenemos una relación seria desde hace un tiempo”, la sala se quedó en absoluto silencio, y dos segundos después estalló un aluvión de flashes, “así que lo que dice el Gossip News, que somos amantes, es falso, somos mucho más que eso, Hermione es mi novia” concluyó el pelirrojo, y una marabunta de comentarios mezclados se desató. Snape puso un poco de orden.
—Por favor señores, de uno en uno, su alteza el príncipe contestará con sumo gusto a sus preguntas.
Ron llevó casi todo el peso de la situación, Hermione se limitaba a asentir, y contestar con monosílabos, como Snape le había indicado, ella supuso que por temer que metiera la pata.
—¿Y cómo se conocieron alteza?
—Pues… —Se volvió hacia Hermione, mirándola con cierta malicia, sin duda recordaba bien como se conocieron—, es algo que contaremos en una entrevista más extensa que ofreceremos a un programa serio y de nuestro agrado, ¿verdad Hermione?
—Sí. —Fingió una sonrisa.
—¡Alteza!
—¿Sí?
—¿Podría besar a la señorita Granger?
Otras voces se sumaron a la petición, los fotógrafos ardían en deseos de obtener la instantánea del beso.
Ron se inclinó hacia Hermione y le susurró tapando el micro, en medio de sonrisas, los presentes lo interpretaron como confidencias de enamorados. Pero realmente, Ron sólo trataba de relajar a una Hermione que se había puesto muy nerviosa de repente, porque una cosa era contestar preguntas y otra muy distinta besarse.
Oliver observaba angustiado la escena en su televisor. Casi todo el país y millones de personas en todo el mundo prestaban su atención a la pantalla.
—Tranquila, no te alteres, sólo será un pico, para que se queden tranquilos… tampoco me ilusiona a mí, pero es parte de esto.
—Va… vale… —respondió débilmente una casi taquicárdica Hermione.
La joven se giró hacia él, y se limitó a cerrar los ojos y esperar, Ron posó sus labios sobre su boca, fue un contacto de escasos segundos, pero la sala se revolucionó, una explosión de gritos y flashes la inundó y ambos protagonistas se separaron rápidamente.
—No pienses que he disfrutado con esto —musitó él mientras le sonreía ampliamente.
—Yo tampoco. —Le devolvía la sonrisa, porque debían quedar bien en las fotos.
—Gracias alteza, hacen una pareja preciosa. —exclamó un periodista.
—Sí… no podría haber elegido mejor —replicó otro.
Bromeaban entre ellos, parecían felices con la idea de verlos juntos, todo el mundo estaba encantado, todo el mundo menos ella, sus padres y Oliver.
Hermione Granger no pegaba mucho como su amante, no daba el perfil, pero como novia formal era una de las mejores candidatas entre las jóvenes de la aristocracia y las familias ricas de Inglaterra. Su reputación, ahora subsanada, era intachable, nunca había protagonizado ningún escándalo y además era muy buena estudiante.

Rita Skeeter miraba la televisión pasmada, lo que veían sus ojos y escuchaban sus oídos era increíble, el príncipe y esa chica anunciando su romance, no podía ser verdad, estaban mintiendo, ¿o tal vez Peter descubrió un romance auténtico cuando sólo buscaba morbo para su portada?
—Le aseguro que esos dos mienten, yo los vi allí, y no parecía que se conocieran en absoluto, ella estaba enfadadísima cuando él la besó, y después el príncipe le habló con muy poca educación, escuché lo que se decían, no entiendo lo que pasa, pero definitivamente están mintiendo. —aseguró Peter Foley.
—Jamás esperé algo así de Buckingham, han sido capaces de anunciar una relación inexistente para proteger la reputación de su heredero, esto es inaudito, ahora sí que me creo el rumor de que son capaces de todo.
—Bueno, la verdad es que la reputación de Granger también estaba un poco dañada después de nuestra portada, con todo lo que se ha montado. —apuntó.
—Cierto, con esta mentira parece que ambos salen muy beneficiados, pero mentir es peligroso, podrían pillarlos.
—Si publicamos las fotos del bofetón y la discusión, podríamos dejarlos con el culo al aire. —Rió con crueldad el hombre.
—No sé, podrían decir que es una riña de enamorados, después de esto, me esperaría cualquier cosa, no haremos nada Peter —sonreía maliciosa—. Siento curiosidad por saber hasta donde están dispuestos a llegar, además, acaban de darle una enorme credibilidad a nuestro periódico, resulta que anunciamos la exclusiva del año y nosotros sin saberlo, ¿no es divertido?
—Sí… que olfato más fino tengo. —La pareja se reía sin reparos.

Ellos celebraban la rueda de prensa televisada, pero otra persona se moría de celos por dentro. Oliver se había sentido muy mal al presenciar aquel beso, no era como el del pub, inesperado y no deseado por ella, éste era consentido. Y por un instante sintió miedo, ¿y si aquel príncipe acababa deslumbrándola y su relación de mentiras se volvía realidad? Luego pensó que Ron era un mujeriego y un juerguista, que nunca se enamoraría de una chica como Hermione, no era su tipo de mujer, pero sí podría seducirla y romperle el corazón después. Y le hervía la sangre, pero no podía hacer nada, sólo esperar, tener paciencia, y disfrutar al máximo cada momento que pudiera estar con ella, que a partir de ahora serían pocos y siempre a escondidas.

CONTINUARÁ…
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Dom Abr 11, 2010 7:32 pm

Capítulo 8. Conociendo a los Weasley
La rueda de prensa había terminado, Snape anunció a los presentes que su alteza, el príncipe Ron se iba a retirar. El pelirrojo agradeció la presencia de los periodistas con una sonrisa increíblemente seductora, o al menos eso le pareció a Hermione, ¿es que ese chico todo lo arreglaba con sus encantos?, tal vez sí, el condenado tenía unos cuantos a la vista.
Su novio de pega la despertó de su letargo.
—Levántate ya, que aquí hemos terminado. —le dijo por lo bajo, manteniendo aquella sonrisa, que ahora sabía que era totalmente falsa, porque se la dedicaba a ella.
—Pues avanza un poco, porque no tengo espacio para salir si no te mueves. —le devolvió la castaña, sonriendo tan falsamente como él.
Snape iba delante, le seguía Ron y Hermione terminaba la comitiva, estaban a punto de salir de la sala cuando una periodista más joven se salió de la masa y rozó a Hermione en el brazo.
—Perdone, señorita Granger…
—Sí, dime. —exclamó con amabilidad. Snape le había casi amenazado con que fuese encantadora con la prensa, y se tomó muy en serio sus palabras.
—Sólo quería darle la enhorabuena, por estar con el príncipe, ¿sabe que es la envidia de miles de chicas en todo el país?, bueno… y en el mundo entero.
Por su forma de mirarla, supo que ella era también una de esas chicas.
Ron había detenido sus pasos, tenía curiosidad de lo que pudiera decir Granger.
—Sí, soy muy… afortunada. —Sonrió ampliamente y a la joven periodista se le iluminó la mirada.
—Lo suyo es casi un cuento de hadas… le deseo toda la felicidad del mundo, señorita Granger... y a usted también alteza. —terminó la frase algo azorada, al notar las azules orbes de Ron posadas en ella.
—Gracias a usted señorita, por haber venido, si nos disculpa. —Cogió a Hermione de la cintura y la instó a caminar a su lado, por fin salieron de la sala.
La gente de la prensa abandonaba el lugar por otra puerta, de manera que Snape, Ron, Hermione y algunos hombres de seguridad entre los que se encontraba Sirius Black, se encontraban en uno de los pasillos de palacio, ya lejos de miradas indiscretas.
—Ha ido bastante bien… —empezó Snape con su habitual tono plano, carente de emoción— Puede regresar a su casa señorita Granger, pero mañana debe venir a Buckingham a las nueve.
—¿Otra vez?, pero…
—Ya es hora de que conozca a la familia real, no puede ir por ahí diciendo que sale en serio con el príncipe, cuando ni siquiera conoce a su hermana o a sus padres, por no decir el propio palacio —la miró con fastidio—. Supuestamente ha estado aquí muchas veces, con los Weasley.
—¿Pensabas que con decirlo era suficiente?, ¿por qué te crees que me molesta tanto esta situación? —comentó Ron mirándola de soslayo.
—Entonces… ¿mañana pasaré el día aquí, con los reyes?
—¡Bravo!, ¡lo ha pillado! —se burló el pelirrojo.
“Maldito príncipe de pacotilla, qué fácil es todo para ti, que estás en tu mundo, ente los tuyos, mientras que yo aquí no tengo ningún apoyo y todo es nuevo y demasiado surrealista” meditaba Hermione mientras lo miraba con tirria.
De pronto un sonido llamó la atención de todos, era una melodía, un teléfono móvil, Hermione sabía que no era el suyo, lo tenía silenciado, Snape se volvió hacia su pupilo contrariado. Ron miró la pantalla del móvil, leyó el nombre del interlocutor y se le cambió la cara.
—Es… es sólo un momento. —Retrocedió varios pasos y descolgó.
Su asesor estaba parado en medio del pasillo, esperando con cara de acelga, y Hermione no sabía si marcharse de allí o esperar también. La curiosidad decidió por ella, se quedó cerca del moreno, sin armar mucho revuelo, dirigiendo sus ojos hacia Ron.
El pelirrojo ponía expresiones que no le había visto nunca, levantaba sus cejas rubias como cuando uno intenta aparentar inocencia. No podía escuchar lo que decía, porque hablaba demasiado bajo, pero leyó de sus labios un “lo siento”, dos… hasta tres “lo siento” en apenas unos segundos, ¿con quién se disculpaba ese rufián?, le ponía más empeño que cuando le pidió perdón a ella.

Desde el porche de su casa, una rubia de sinuosas curvas hablaba indignada por teléfono.
—Pero ¿cómo me haces esto Ron?
—Lo siento Lavender.
—¿Lo sientes?, me he tenido que enterar por la televisión, ¿por eso me dijiste que lo nuestro tenía que terminar?, ¿estabas con esa… esa mosquita muerta?
—Lav Lav —trataba de calmarla—, no te alteres, que estás más guapa cuando sonríes.
—Déjate de chorradas Ron, ¿me has dejado por esa “poca cosa Granger”?
—Sabes quien soy, y como son mis padres, yo habría seguido contigo, pero ellos insistieron en que mi reputación necesitaba un lavado total de imagen, y que me convenía una novia seria y aburrida como ella. —mentía a cada palabra que salía de su boca, pero eso no lo sabía la rubia.
—Entonces Ro Ro, ¿te han obligado a salir con ella?, ¿es todo por ser el nuevo heredero? —su tono de voz, tintado de una excesiva comprensión le informó que había picado el anzuelo, al menos así no ocasionaría problemas.
—Así es… —dijo apesadumbrado— gracias por ser tan comprensiva Lav Lav, es el duro destino del heredero.
—No te preocupes Ro Ro, que yo estaré aquí siempre que me necesites, siempre. “Y no permitiré que esa poca cosa Granger me quite lo que he soñado toda mi vida”

Ron colgó satisfecho, Hermione se moría de curiosidad, pero jamás le preguntaría nada. Cuando el pelirrojo llegó hasta ellos, Snape giró la cara y siguió su camino, y los dos jóvenes le siguieron.
******

Lavender Brown, la última amante más o menos duradera del príncipe Ron, seguía mirando su móvil, pensando mil maneras para cambiar las tornas, no podía conformarse con la situación. Siempre soñó con ser princesa, y al conocer a Ron tan íntimamente, pensó que su sueño se haría realidad, pero al morir su hermano y convertirse en heredero, la había dejado. No era tonta, sabía que su reputación de chica ligera de cascos y excesivamente juerguista no la ayudaba, pero estaba dispuesta a todo por recuperar al pelirrojo, no sería difícil seducirlo, su rival era tan… poca cosa, pero sus padres eran otro tema, la única opción que veía era volverlo loco por ella y que él mismo se enfrentara con el rey por su relación. Todavía no sabía cual sería su primer movimiento, pero ya se había dejado la puerta abierta con él, como amiga.
******

Hermione llegó a la entrada de palacio acompañada de Sirius.
—De verdad que no hace falta que me lleves a casa, puedo coger un taxi.
—Ni hablar señorita Granger, a partir de hoy, debo preocuparme de usted como novia de mi protegido —hablaba con profunda convicción—. La devolveré a su casa sana y salva.
Le hizo una reverencia y la castaña sonrió encantada, ¿por qué no podrían aprender de él ciertos morenos amargados y pelirrojos engreídos?
La música de su móvil inundó el vehículo, Sirius subió el vidrio tintado para darle intimidad.
—¡Te he visto en la tele! —gritaba entusiasmada Katie.
—Si ya sabías que iba a salir.
—¿Y qué?, me ha hecho mucha ilusión jo… mi mejor amiga en la tele, desde Buckingham.
—Pues por mí, no habría salido de casa hoy.
—Pero si has estado muy bien… no me digas más ¿el príncipe?
—Todo Katie, esto no ha hecho más que empezar, mañana mismo tengo que volver a palacio.
—Ánimo mujer, que son sólo unos meses.
—¿Meses?, es un año entero Katie… —se lamentaba la castaña.
—Tómatelo como… una experiencia diferente… intenta ver lo positivo, te codearás con grandes personalidades, irás a fiestas increíbles…
—¿Tú también?, ya pareces mi madre.
—Bueno… es que… la tengo aquí al lado. —Se rió.
—¡Cariño!, he puesto el manos libres… ¡habéis estado genial con los periodistas!
—Ya me extrañaba que no me dijeras nada, mamá. —musitó Hermione.
—¿Qué dices cariño?, que no te escucho, que mal va el manos libres.
Hermione oía las risas de Katie y no pudo evitar sonreír también, como quería a ese par de locas, y cuanta falta le hacían cuando estaba en palacio, sola entre tanto estirado.
—Mamá, te tengo una alegría.
—¿Sí?, ¿Qué lo tuyo con el príncipe va en serio?
—¡Mamá! —La oyó reírse.
—Perdona hija, era una broma, dime.
—De verdad que eres… bueno, pues que mañana he de volver a palacio, pasaré todo el día con la familia real.
—¿En serio? —ahora intervenía Katie.
—Ay mi niña, entre reyes, reinas, príncipes y princesas, qué ilusión.
—Oye, oye, ¿y ese piquito con Ron? —provocó Katie.
—Eso hija, que al final le vas a coger el gusto a besarlo, ya verás.
—Pero bueno… Os lo cuento todo cuando llegue a casa ¿vale?, porque supongo que te quedarás a comer.
—¿Eso va por mí? —preguntó con inocencia fingida su amiga.
—Claro, por mi hermana perdida. —Reía la castaña.
Colgó y todavía sonreía, pero pensó en Oliver y su sonrisa se desvaneció, seguramente, a él no le habría hecho ilusión verla por la televisión. Decidió llamarlo después de comer.
******
—¡Hermione!, ¿cómo estás?
—Hola Oliver, estoy bien, ¿qué tal el día?
—Pues… no te voy a mentir, regular, me ha molestado veros juntos en la tele, lo siento.
—No me pidas perdón, es lo natural… si te sirve de consuelo… yo tampoco lo pasé muy bien, y cuando él me besó… —El moreno cerró los ojos, con un gesto de dolor— Pensé en ti.
—Gracias… Hermione, ¿puedes quedar mañana?, me gustaría verte, lo necesito.
—Oliver… lo siento… mañana tengo que pasar el día en Buckingham.
—¿Allí?, ¿por qué? —cuestionaba desconcertado— Pensaba que por ahora no tendrías más obligaciones reales.
—Me temo que sí tengo, de hecho voy a tener que ir a menudo, lo siento Oliver, es parte de esto.
—Ya… vale, pues cuando tengas un hueco para mí avísame, me gustaría estar contigo.
—Lo haré, yo también tengo ganas de verte.
Se sentía culpable por obligarlo a pasar por aquello. Era cierto, había metido la pata el sábado por la noche, pero había sido un novio maravilloso durante casi un año, tenían una relación casi perfecta, se llevaban bien, se entendían, tenían la misma forma de ver la vida… salir con Oliver le aportaba tranquilidad y seguridad, y quería volver a estar con él sin tener que esconderse, y llegar hasta donde no habían llegado, a su debido tiempo, claro. Pero tenían que ser pacientes, y aguantar un año complicado.
******

El anuncio oficial de la relación entre el príncipe Ron y Hermione Granger había tomado los medios, en televisión repitieron las escenas hasta la saciedad, y la prensa del martes coincidía en sus titulares. Pero sobre todo, se hablaba de la novia del príncipe, de que por fin Ron, el príncipe playboy, parecía sentar cabeza y de que la elegida era una “chica de familia adinerada, buena reputación y aspecto bastante normal”, esto último molestó a Hermione, aludían claramente a su falta de belleza exuberante, en comparación con sus amantes del pasado. Pero ver a aquellas sabandijas retractarse delante de las cámaras, por haberla difamado sin escrúpulo alguno, la complacía enormemente.

Snape recibió a Hermione y la aleccionó sobre como saludar a sus majestades, serían los primeros a los que vería, después el rey volvería a sus ocupaciones diarias al igual que su esposa, y pasaría el resto del día con Ron y su hermana, exceptuando la comida, en que se reunirían todos.
—Debe resultarle extraño, señorita Granger, pero trate de ver Buckingham como su segundo hogar, lo será en el próximo año.
Si al menos no la mirase con esos ojos negros como pozos sin fondo, ya era bastante duro todo como para tener que aguantar esos desprecios. Aquel hombre tenía grabado a fuego la superioridad de la aristocracia y lo peor es que no se molestaba en disimularlo.

Estaba muy nerviosa cuando un hombre anunció a los reyes, tenía las manos juntas, delante del cuerpo, Snape estaba a su lado, y Ron la miraba divertido, nunca dejaban de llamarle la atención las reacciones de la gente al conocer en persona a sus padres, para él no tenía importancia, eran sólo sus padres. Su forma de mirarla no tranquilizaba a la castaña.
—Sus majestades, el rey Arthur primero y la reina Molly.
Vistos en vivo no parecían tan sobre humanos ni especiales, era un matrimonio de mediana edad, como lo eran sus padres, pero debía admitir que desprendían cierta dignidad especial, aunque más cálida de lo que esperaba.
Hermione les ofreció la mano y estrechó las suyas al tiempo que les hacía una ligera reverencia, como Snape le había indicado un rato antes. No se le dio del todo mal.
—Le agradecemos mucho que colabore en esto, señorita Granger. —empezó la reina.
—Bueno, tampoco tengo otra opción —habló sin meditar sus palabras—. Yo… no quería decir eso… yo…
—No se apure, puede hablar con franqueza, tiene todo el derecho del mundo a enfadarse, si no hubiese sido por el irresponsable de mi hijo, usted no estaría en este lío.
Hermione miró a Ron y a su padre alternativamente, parecía que se lanzasen rayos por los ojos, y ya hacía más de una semana desde el escándalo de las fotos, ¿cuánto le duraban los enfados a la realeza?, durante un instante sintió lástima por Ron, pero sólo un instante, pues su mirada de hielo la atravesó, como si quisiera fulminarla, como si ella fuera la causante de todo, y la devolvió a la realidad, Ron era un engreído y un irresponsable, como bien había dicho su padre.

Apenas intercambiaron unas frases, pero a la reina le bastaron. Y mientras hablaron, observó atentamente los ojos marrones de Hermione, sus gestos, su tono de voz, y supo que era una gran chica. Molly Weasley tenía un carácter estricto cuando se trataba del deber, pero poseía también una gran empatía con las personas, y pudo sentir los nervios, el miedo y la sinceridad de Hermione. Miró a su hijo con gesto de aflicción, ¿por qué nunca se había fijado en chicas como Hermione Granger?, ¿es que acaso primaban las apariencias a la hora de escoger a una mujer?, ella misma nunca fue demasiado atractiva, siempre había sufrido un ligero sobrepeso, pero su marido no dudó en elegirla, y sabía que la amaba con todo su corazón. Ron aún era joven, pero iba siendo hora de que su escala de valores cambiara, o su futuro reinado sería desastroso.
Hermione se sintió especialmente cómoda con la reina, que no dejaba de sonreírle mientras conversaban. Ambos soberanos se disculparon y salieron de la sala para volver a sus quehaceres habituales.

Snape aprovechó el momento para explicarle sin demasiado entusiasmo que le iría informando de los eventos a los que debería acudir, como novia oficial del príncipe. También le explicó que tendría que dejar la universidad, pero que tenía la posibilidad de estudiar a distancia si no quería perder el año.
—Seguiré estudiando, aunque sea a distancia, no quiero perder el tiempo. —afirmó sin titubear, el hombre le dedicó la primera mirada cortés desde que lo conocía, impresionado por la responsabilidad de la muchacha, tan escasa en su pupilo.
—Como ya le dije antes, deberá venir a palacio con frecuencia, para conocer el lugar y tratar con la gente habitual del príncipe… para que su relación parezca auténtica, debe conocerlo bien a él y a su entorno, y eso también va para usted alteza.
—¿Para mí?, yo ya conozco mi casa y a mis amigos. —respondió molesto.
—Para usted, porque tendrá que ayudar a la señorita Granger a conocer este mundo, su mundo alteza.
Qué injusta era la vida, no podía enseñárselo la reina, esa mujer tan encantadora, o Snape, que por fin parecía mirarla con menos desprecio, tenía que hacerlo Ron.
En lo sucesivo se ahorraría cosas como ésta con Oliver, mejor que no supiera cuanto tiempo iba a pasar con otro chico.
—Y creo que podría empezar ahora mismo, vaya a enseñarle los jardines de palacio, así hacen tiempo hasta que llegue la princesa Ginevra —sugirió el moreno—. Y por favor, absténganse de discutir como acostumbran, porque el servicio debe seguir creyendo que la relación es auténtica.
Y se retiró, caminando tan estirado como acostumbraba.

Hermione miró de reojo a Ron, no sabía que decir, cómo le costaba hablar con ese pelirrojo. Sabía que cada frase podía ser el inicio de una pelea y eso era algo que no se podían permitir.
—Creo que deberíamos hacer una tregua, porque si no… —Ron la interrumpió.
—Vamos, sígueme, te llevaré por los dichosos jardines.
—Vale. —dijo tímidamente.
Hermione caminaba despacio, un paso por detrás de Ron, mirando todo a su alrededor, maravillada con la vegetación e inmensidad, no en vano eran los jardines más grandes de Londres. Incluso había un precioso lago en medio.
—¡Guau!, si mi madre estuviera aquí se moriría.
—¿Por qué? —La miró horrorizado.
—Pero del gusto, del gusto —rió despreocupada—. Esto es inmenso… y precioso, mi madre es…
—Sí, paisajista, me lo dijo Snape, entonces le deben ir estos rollos verdes.
—Pues sí. —dijo la castaña en voz baja, el desapego de Ron a unas vistas como aquellas le parecía casi inhumano. Tal vez estaba aburrido de verlas, para ella en cambio, eran totalmente nuevas, algún día tenía que llevar allí a su madre.

Una voz detuvo su improvisado paseo campestre, antes de que Hermione pudiera acercarse al lago.
—¡Ron!
Era un chico de pelo azabache y gafas que sin duda conocía al príncipe.
—¡Harry!, ¿qué haces aquí?, pensaba que venías más tarde.
—Y así era, estaba con Ginny, pero ha decidido volver antes, y me he adelantado para avisarte, como ella no sabe lo de… —Y entonces la miró— Disculpa mi mala educación, me llamo Harry Potter, soy un amigo de la familia.
Hermione estrechó su mano cálida y pudo ver con comodidad unos preciosos ojos verde esmeralda tras sus gafas.
—Encantada, yo soy Hermi…
—Hermione Granger, no queda un solo inglés que no te conozca. —Le sonrió.
—Vaya. —Se ruborizó un poco y eso bastó para que a Harry le cayera bien.
—¿Cuánto tardará Ginny?
—Nada, venía detrás de mí, será mejor que vayamos a palacio.
Mientras caminaban, Hermione no dejaba de darle vueltas, ¿Ron era el peor de aquel lugar?, hasta ese chico, Harry Potter, le parecía encantador, pero el pelirrojo sin embargo…

Alcanzaron la edificación pero no llegaron a entrar. Harry divisó a Ginny y empujó a Ron sobre Hermione sin mediar palabra.
—¿Qué coño haces? —escupió indignado.
—Salvarte el culo, tu hermana viene hacia aquí.
La princesa estaba ya a pocos metros, sonreía ampliamente, y Ron reaccionó en segundos, agarrando a Hermione de la cintura y apretándola contra él sin delicadeza alguna. El contacto tan repentino hizo a la castaña sobresaltarse. Bajó los ojos hasta encontrarse con la mano grande y pálida de Ron sobre su cuerpo, los levantó rápidamente para recibir a la recién llegada, pero sus mejillas sonrojadas la delataban.
Ginevra Weasley entornó los ojos, aunque la sonrisa no abandonó su cara.
—¡Hola!, tenía muchas ganas de conocerte Hermione, ¿puedo llamarte Hermione?
—S… sí, sí claro. —Se quedó momentáneamente sin aliento, la belleza de la princesa pelirroja la había dejado abrumada, era hermosa hasta decir basta. Todos los piropos que le dedicaban en la prensa, en la televisión, eran más que merecidos.
—Y que sepas que me parece fatal que no me lo contaras antes tú, menudo hermano. —Le sacó la lengua y Harry y Hermione se rieron.
—¿Os parece que nos sentemos en el jardín? —sugirió Harry.
—Buena idea. —contestó la pelirroja.

Se acercaron hacia dos bancos enfrentados, Ginny se sentó primero, Ron hizo el amago de sentarse a su lado, eran bancos de dos plazas y no tenía ninguna intención de compartir el suyo con Hermione, pero Harry lo empujó disimuladamente, ocupando el lugar que pretendía junto a su hermana, así que tuvo que sentarse con la castaña.
Las chicas entablaron una conversación superficial mientras Harry se desvivía por hacerse entender con señas a un perplejo Ron, que lo miraba con cara de póker, el moreno pretendía decirle que le cogiera la mano a Hermione, que se acercara más a ella, que la tocara de algún modo, porque parecían cualquier cosa menos una pareja de enamorados.
Ron por fin entendió a su amigo, no todo, pero sí lo de cogerla, y a regañadientes cogió la mano de Hermione. Ella pegó un respingo al sentirlo, Ginny los miró desconcertada y Harry suspiró rodando los ojos.

De pronto la pelirroja quiso beber un zumo, y le pidió a Hermione que la acompañase hasta una barra móvil que tenían en el jardín.
—Ginny es muy lista, deberías disimular mejor.
—Pero ¿qué me dices a mí?, ¿has visto como se pone Granger cada vez que la toco?, si parece que le causo urticaria.
—Bueno, no esperarás que te tenga precisamente cariño ¿o sí? —se burló.
—A ti te ha caído muy bien Granger ¿no?
—Es una chica maja… Y me hace gracia verte con ella.
—¿Que te hace gracia?
—Te está bien empleado, tanto jugar por ahí con unas y otras y ahora toma, novia oficial. —No podía aguantarse la risa.
—Harry, que te den por donde amargan los pepinos.
—En realidad no me hace tanta gracia… —Su gesto se endureció.
—Menos mal.
—En realidad me da mucha pena por ella.
—¡Serás imbécil!

Ginny estaba con la mosca detrás de la oreja, primero Ron no le había dicho nada, cuando siempre se habían contado sus cosas, después esa chica no se parecía en nada a sus anteriores ligues, ¿cómo iba a cambiar de gustos tan de repente?, y para rematar la cosa, esa forma de reaccionar cada vez que él se le acercaba. Todo le parecía demasiado raro, así que no pudo contenerse, inventó lo de los zumos para apartarla de Ron y poder evaluarla a solas.
—¿Te ha dejado montar ya a Pichurri, su caballo favorito?
—Pues… no, todavía no, pero lo hará cualquier día jejeje. —Sonreía forzada mientras Ginny la miraba entornando los ojos, y volvió a hablar.
—Tengo que devolverle unos cómics de Spiderman, le fascinan y como descubra que se los he cogido, seguro que se enfada —bromeaba Ginny.
—Pues no tardes en devolvérselos —replicó con una sonrisa nerviosa.
Y de nuevo esa expresión de incredulidad en su rostro. Hermione pensó que tal vez no le había caído bien, lo cual era penoso, porque se moría por llevarse bien con ella, la única chica de su edad en aquel horrendo lugar, necesitaba un aliado desesperadamente, y hacerse amiga de la princesa habría sido perfecto.
La pelirroja había llegado a una conclusión, y quería hablar cuanto antes con su hermano, que las observaba temeroso desde los bancos.

CONTINUARÁ…
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor weasley_granger » Dom Abr 11, 2010 7:49 pm

hola acabo de leer tu fic y la verdad es que me encaqnto es super original y muy interesante espero que o continues pronto y me gustaria q si puedes y quieres te pasaras x el mio besitos
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor whore » Dom Abr 11, 2010 8:03 pm

:D Ysis!!! te apareciste en el foro!!! wiii, bienvenida! me enteré recién por sk8girl de que habías publicado acá. Pero veo que ya venis publicando hace rato... por qué no me avisaste??? :cry: jaja. Ya te iba a decir yo que lo hicieras, pero me ganaste de mano :lol:
awww si supieras cuánto me gusta Princesa por la fuerza . (bueno, capaz que ya lo sabes jum :lol: pero no está demás recordarlo ;) !!!)amo este fic, me encanta!!!
bueno, me paso rapidito porque me están echando de la PC (ya me parezco al Dan, que siempre lo corren de todos lados cuando deja review :lol: )qué mala gente, che, que no la dejan a una distraerse un ratito en internet ¬¬
Mucha suerte con Princesa... por estos rumbos. Aunque no creo que te haga falta porque es genial el fic ;)

Te kiero "Chica del fic azul" ♥
Nos leemos!!

Creo que me emocioné con los emoticones xD
whore
 
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor ~$!Lv!$~ » Lun Abr 12, 2010 12:19 am

AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!
Este fic aparecio po aqui..me muero!!!!!
Mira no soy fanatica de esta pareja...Soy mas Dramione que otra cosa, pero cuando vi tu historia en fanfiction.net me causo curiosidad y MERLINNNNN LA AMEEE....LA AMOOO
Soy fanatica cien por ciento de tu imaginacion!!!! me lei casi todas tus historias *-*
Y no puedo creer que este aqui!!!! te prometo comentarte cada vez que publiques (si puedo xDD)
Esta historia tiene un no se que de esta pareja...no voy a decir mucho proque no terminaste de postear todos los caps que tienes...pero sinceramente te felicito por tanta originalidad
Espero la continuacion y muchas gracias por postearlo aqui ^^
Nos seguimos leyendo
Yop
♥♥ Club de Fans We LOVE Dramione ♥♥
# Club Locas por Tom Felton #
"It´s not the face, but the expressions on it. It´s not the voice, but what you say.
It´s not how you look in that body, but the thinks you do with it.
You are beautiful."
♥♥♥
Amo leer y solo leer...
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Re: "Princesa, por la fuerza" [RWxHG] (AU)

Notapor Ysabel-Granger » Lun Abr 12, 2010 7:50 am

weasley_granger: Hola!, me alegro de que te haya gustado mi fanfic ^^ Espero que me sigas leyendo. Desgraciadamente voy mal de tiempo por culpa de la universidad y de mis fics, pero si puedo me pasaré por el tuyo ;)
Besicos!

Juulietweasley: Hola Juno!!! :D no me dio casi tiempo a avisarte, porque me registré ayer por la tarde jajaja, he colgado todos estos capis casi de golpe xD
Muchas gracias por tus palabras siempre animándome a continuar la historia :D me encanta que te encante xD
jajaja ¿te echan del pc?, eso me suena, no sólo a ti o al Dan, a mí tb, y no me gusta nada ¬¬ jajaja. Pues gracias por desearme suerte, me da que por auqí la gente no se anima a leerme jajaja, pero no pasa nada ^^
Los emoticones nunca sobran :lol: yo aún no los uso tanto, pero debería, son relindos jajaja :lol: :twisted:
Te quiero mucho, Juuliet, Juno, doctora... :lol:
Un beso muy fuerte!! :mrgreen:

~$!Lv!$~: Jo, tu mensaje me ha alegrado un montón!!! :lol: me hace mucha ilusión que a pesar de no ser DraMione leyeses esta historia y encima que te haya gustado tanto :D :D :D
¿Y de veras leíste otras historias mías? :oops: gracias por lo que dices de mi imaginación, espero que tb te hayan gustado mucho :lol:
Pues no sé si colgar de golpe todo lo que tengo, o ir más poco a poco, pero bueno, seguiré posteando capis, y ojalá te siga gustando :lol:
Besicos!!!
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