Muchas gracias a las tres: icecreammanrupert, claricia y Gaby!
Espero que os guste mucho este fanfic, es al que más esfuerzo he dedicado y le tengo gran cariño ^^
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Capítulo 7. Nos queremos, que lo sepa todo elmundoSólo faltaban dos días para la temida rueda de prensa, dos días y su vida relativamente tranquila se acabaría. Hermione daba vueltas en su habitación, todavía no se creía que todo aquello fuese real, Ron importunándola en el pub, las fotos en el periódico, los encuentros en Buckingham y ahora también el trato que había aceptado, era tan surrealista. Se echó sobre su cama, aturdida por los acontecimientos sucedidos en los últimos días, se llevó las manos a los ojos, tapándoselos con el dorso, tratando de tomarse un respiro. Le duró poco, alguien tocó a su puerta.
—¿Sí?
—Soy yo, ¿puedo pasar? —preguntó Katie Bell.
—Claro, si te da igual lo que te diga. —Sonrió ligeramente sin abrir los ojos.
—Ay Hermione… —se sentó en la cama de su amiga y se lanzó a abrazarla.
—Katie —la castaña se incorporó un poco y le devolvió el abrazo—, en serio, empiezo a pensar que eres mi hermana perdida, si es que no sales de mi casa.
—Qué alegría que aún conserves el buen humor, es que… como me dijiste que el príncipe te había puesto de los nervios… otra vez… pensé que igual necesitabas reírte un poco con tu gente. —la morena fue bajando la voz conforme terminaba la frase, cierto arrepentimiento la oprimía.
—¿Mi gente?, Katie, no me digas lo que estoy pensando, dime que no es cierto.
—Yo… es que…
—Dime que no has traído a éstos. —La miraba con una mezcla de miedo y ansiedad.
—Jo Hermione, pensé que te animarías con ellos, además Neville estaba muy preocupado por ti, por todo lo que se ha dicho en la prensa y en la televisión, y como no has querido contestar los sms ni los emails de nadie.
— ¿No les habrás contado la verdad? —exclamó asustada.
—No, no, ni loca, pero a Oliver deberías decírselo todo, porque va a flipar en colorines, ¿cuándo piensas hacerlo Hermione?, te recuerdo que el lunes saldrás en la tele como novia del príncipe.
—Uf, no lo sé Katie, es que es muy delicado, se enfadará y con razón… no sé ni como explicárselo, le pareceré una loca.
—Eso seguro, yo a ratos también lo pienso, pero es tu novio y te quiere mucho, lo tendrá que aceptar, tu reputación está en juego.
—Gracias Katie, por tu comprensión, pero te mataría por haberlos traído, anda diles que ahora bajo, que no quiero parecer una huraña. —bromeó la castaña.
—Vale, ahora mismo. —Sonrió y se levantó de un salto en dirección a la puerta, por la que desapareció.
Hermione sonreía tontamente, todavía recostada sobre su cama, a veces sentía ganas de matarla, pero otras no sabía ni cómo se apañaría sin Katie. Al no tener hermanos, la castaña siempre se había volcado más en sus amigos, especialmente en la morena, que le había demostrado su amistad incondicional muchos años, era como la hermana que nunca tuvo.
Por fin se decidió a moverse, se acerco hasta su cómoda, se miró en el espejo, retocándose un poco su indomable melena, el resultado fue casi inapreciable, lo dejó estar y salió de su habitación.
—Cariño. —Le faltó tiempo al moreno para agarrar a Hermione de la cintura y plantarle un beso en los labios, Neville miró hacia otro lado con su típica caballerosidad—. Venimos a ver como estás, con toda esa mierda que no dejan de decir sobre ti y ese imbécil.
—Gracias chicos —Miró a Oliver y después a Neville—. Estoy bien, me alegra mucho veros.
—Mira, te he traído los apuntes del jueves y de ayer, como no viniste, aunque claro, con toda la gente ahí hablando a tus espaldas —Neville se puso nervioso, pensó que había metido la pata—, o sea, que no paraban de cuchichear, bueno, yo quiero decir que…
Su cara enrojecía por momentos, Katie lo hizo callar con un ligero codazo, y Hermione rió un poco al mirarlos.
—Gracias Neville, eres muy amable. —Le dio un beso en la mejilla y el muchacho se relajó, se volvió hacia la morena y le sonrió orgulloso, Katie rodó los ojos.
El resto de la mañana transcurrió con normalidad, hablando, riendo, revisando algunos apuntes, hasta que se hacía la hora de comer y sus amigos se retiraron.
—Oliver espera, necesito hablar contigo. —le rogó la castaña.
—Claro preciosa.
Katie la abrazó y aprovechó la cercanía para hablarle sin que nadie más las escuchara.
—Suerte Hermione, díselo y que pase lo que tenga que pasar.
—Gracias Katie.
Katie y Neville se marcharon y Hermione hizo subir a Oliver a su habitación, allí le pidió que se sentase, el moreno se impacientaba.
—Hermione… dime lo que sea, me estás preocupando.
—Verás… Buckingham ya encontró una solución.
—Pero eso es estupendo, ¿de qué se trata?, ¿qué dirán? —preguntaba ansioso.
—Pues… se trata de contar que el príncipe y yo… estamos saliendo juntos. —acabó de carrerilla.
—¡¿Cómo?! —exclamó con los ojos desorbitados— te habrás negado ¿verdad?
—He aceptado.
—¡¿Qué?! pero ¿estás loca?
—No hay otra opción Oliver, ¿has visto como me ponen por la tele o la prensa?, de la noche a la mañana me he convertido en una vulgar cualquiera, una más en la extensa lista de conquistas del príncipe Ron, no puedo permitir que digan eso de mí. —hablaba con resolución.
—Claro, pero sí puedes permitir que digan que él es tu novio. —replicó con reproche en su voz.
—Oliver por favor, sería sólo una farsa, para que al menos nadie pueda criticarnos por aparecer juntos.
—Por abrazaros y besaros querrás decir. —La molestia era cada vez más patente en sus palabras.
—Sabes que eso fue un malentendido, ya te lo expliqué… no quiero que me consideren una guarra como las que abundan por ahí, yo no lo soy y no merezco ese trato, ¿tan malo te parece que me niegue a soportarlo? —Hermione empezaba a sentirse indignada.
—No es eso Hermione, pero decir que sois pareja, ¿en qué me deja eso a mí?, ¿voy a ser el otro?
—¡Claro que no!, este noviazgo será mentira, para que las habladurías terminen, y después de un tiempo, volveremos a nuestras vidas normales, y tú y yo seguiremos como hasta ahora. —aclaró la castaña.
—Ahora me alegro de no haber divulgado demasiado nuestra relación, porque quedaría como un idiota, ¿sabes lo que pasaría si la gente del club o de la universidad supiera que estamos juntos?, pensarían que yo no era más que la tapadera, para darte coartada mientras te veías con el augusto príncipe.
—Es cierto, dadas las circunstancias, es lo mejor que podía pasar.
—Por que explicar la verdad sería inútil ¿no?
—Sí Oliver, nadie creería que tú y yo éramos pareja de antes y que lo de Ron fue sólo un percance desafortunado, sonaría a excusa desesperada.
—Y tú aún quedarías peor, ya… —el moreno no era tonto, se estaba dando cuenta de la magnitud de la situación, de cada posibilidad, y no tuvo más remedio que aceptar la decisión de su novia y confiar en sus sentimientos.
—Oliver yo…
—Está bien, tienes razón, si no hay otra salida, adelante, yo te apoyaré, pero escúchame una cosa Hermione…
—Sí.
—Si ese príncipe del tres al cuarto se toma demasiadas confianzas, te prometo que me pasaré por el forro el protocolo, y le patearé su real trasero, ¿de acuerdo?, porque eres mi novia y no la suya.
—¡Gracias cariño! —Se arrojó a su cuello, ciertamente emocionada.
El primer asalto había acabado francamente bien, ahora venía el segundo.
—Bueno y… para que parezcamos ir en serio, y que lo nuestro no es un capricho tonto, pues… la farsa durará un año. —dijo casi en voz baja.
—¡¿Un año?! —gritó sin dar crédito.
Hermione sonrió hacia sus adentros, esto costaría un poco más, pero le quedaba día y medio para tranquilizarlo y que aceptase la situación.
Una hora después, Oliver se alejaba por el camino de la casa Granger, caminaba con energía, sorprendentemente contento, después de explicárselo varias veces, por fin había aceptado todo, aunque no tenía más remedio, no quería perder a la castaña. Pero su felicidad se debía a otra cosa, Hermione había aceptado ir a cenar y estudiar a su casa esa noche, como una especie de despedida de la normalidad, porque el lunes sus vidas cambiarían durante un año. Y esta noche era su gran oportunidad, tenía que ser la noche, ¿qué mejor ocasión?, ¿qué mejor razón para tener algo muy suyo, de los dos, para recordar?, con estas ideas en su cabeza, subió a su coche y se alejó de allí.
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Ron Weasley cabalgaba como alma que lleva el diablo, sobre Eterno. A pesar del desacuerdo de su padre, el pelirrojo necesitaba quemar adrenalina fuera de palacio, era cierto que había aceptado el montaje que anunciarían pronto, pero eso no significaba que no le causara desasosiego. Molestar a Hermione Granger era divertido, pero fingir ser su novio implicaba muchas cosas más, y desde luego no todas serían tan divertidas.
Decidió pasar la mañana en Cirencester, el club de polo más antiguo del Reino Unido, al que pertenecía desde niño, al igual que su padre y el fallecido Charlie.
Por influencia de su amigo Harry, que tenía amistad con los dirigentes del club, lo habían cerrado unas horas, para que el joven príncipe pudiera estar tranquilo. Potter también jugaba al polo, pero en esta ocasión prefirió sentarse con un refresco, mientras su amigo se perdía en el horizonte, a lomos de su caballo. Y la razón no era otra que la princesa Ginny. Había querido acompañarlos y para evitar dar explicaciones, el rey se lo había permitido.
—Sigo pensando que estas normas son ridículas, están pasadas de moda, prohibir la participación de las mujeres en los partidos, bua. —se lamentaba teatralmente.
—Bueno, es por tradición, no es que seamos machistas los que jugamos en el presente. —le respondió educadamente el moreno.
—No me convences, que renueven las reglas jo, estoy segura de que muchas mujeres cabalgamos mejor que algunos hombres que juegan aquí. —fingió indignación.
—No me cabe duda, y tú eres una de ellas, montas muy bien.
—Pues claro, como todos los Weasley, lo llevamos en la sangre… —jugueteaba con su pajita— ¿Ves?, tú sí que juegas bien, a ti no te mandaría al banquillo. —Se reía la pelirroja.
—Gracias Ginny, qué amable. —Acompañó sus risas.
Harry conocía la situación de Ron, y sabía lo que pasaría el lunes, pero Ginny no, así que evitaba hablar de su hermano. Aunque una parte de él le decía que no era buena idea ocultárselo, la pelirroja era buena amazona pero también una chica lista, optó por desviar la atención de los caballos, los Weasley y sucedáneos a temas menos delicados.
—Oye Ginny… ¿has oído sobre la nueva obra de teatro que representarán en el Royal Albert Hall?
—Sí, tengo muchas ganas de verla, seguro que estará genial.
Los ojos verde esmeralda de Harry se iluminaron, era su oportunidad, y se lanzó a por ella.
—Había pensado que… tal vez te apetecería venir conmigo a verla.
Pero la cara de Ginny al escucharlo no era como la había imaginado, no esperaba que saltara de la silla y tocara la sombrilla embargada por la felicidad, pero tampoco verla con gesto tan lastimoso.
—Ay Harry lo siento, me invitaron unos amigos hace dos días, si no te habría dicho que sí.
—¿Unos amigos? —Los celos hicieron acto de presencia.
—Fleur y Víktor, ya los conoces ¿no?
Harry se sintió un poco aliviado, los conocía desde hacía unos años, Fleur Delacour, una aristócrata francesa con gusto por los viajes, y Víktor Krum, el hijo de un diplomático búlgaro. Aunque ese Víktor se las daba de chico serio, no se fiaba de él ¿y si era una máscara para ocultar su lado casanova?
—Podrías venirte con nosotros si quieres.
—No, da igual…
—Hagamos una cosa —Ginny seguía su discurso, sin apreciar los cambios en el semblante de su amigo—, si me gusta mucho la obra, voy a verla otra vez contigo, ¿vale?, así que espérate a verla unos días, ¿te parece?
De nuevo esos ojitos de cachorrito, maldita sea, ¿cómo iba a negarle nada si lo miraba así? A veces, Harry se preguntaba si la pelirroja sólo se hacía la tonta, si en realidad conocía demasiado bien sus sentimientos por ella, porque al final siempre lo llevaba a su terreno.
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Oliver Wood vivía solo desde hacía un año, decía que quería intimidad y libertad, y con lo bohemios que eran sus padres pintores, no le costó mucho su aprobación. Había preparado la cena, pasta italiana acompañada de un buen vino. Cuando Hermione vio la mesa preparada para dos, con velas y la mejor cubertería, se extrañó un poco, pero pensó que Oliver sólo quería sorprenderla, para terminar de limar las asperezas de la mañana.
Sin embargo, las intenciones del moreno iban más allá, estaba convencido de que ésa era la gran noche, la noche en que por fin haría el amor con su novia, Hermione Granger.
La castaña fue puntual, tocó al timbre y Oliver le abrió con una sonrisa en los labios.
Hermione lo besó y entró en la casa.
—¿Has pedido pizza o comida china para cenar? —preguntó despreocupada.
—Mejor que eso, he preparado yo mismo la cena, pasta italiana, con diferentes salsas para condimentarla. —le contesto orgulloso.
—Menuda sorpresa, ¿y a qué debo el placer de tu arte culinario? —le inquirió persuasiva.
—A que es la última noche que estaremos juntos antes del lunes… quería que fuera un poco especial. —hablaba con fingida timidez.
—Es un detalle muy bonito Oliver, gracias. —lo besó de nuevo y se abrazaron, el moreno pensó que todo iba viento en popa.
Después de la agradable cena, Hermione se lavó los dientes, era muy escrupulosa con su aseo personal, la pasta y el cepillo la acompañaban en su bolso si comía fuera de casa, manías Granger, influencia de un tío dentista. Y salió del baño decidida a devorar sus apuntes.
Ambos se sentaron en la mesa de la habitación principal del apartamento. Ella concentrada en los enunciados de sus libros, él concentrado en sus labios, en su cuello. Hermione empezó a escribir la resolución de una pregunta y Oliver soltó su lápiz y acercó su boca a su cuello, la besó y la castaña se sobresaltó un poco, se removió en su silla, él se apartó ligeramente de ella y simuló volver al libro. Pero lo volvió a intentar, esta vez agarrándola de la cintura con un brazo, y besando sin reparo su blanca piel.
—Oliver… ¿qué haces?, ¿no íbamos a estudiar? —demandó Hermione mientras cogía la mano del chico para apartarla de su cintura.
—Perdona, pero es que… ¡quiero que brindemos! —exclamó inesperadamente.
—¿Brindar?
—Sí, por nosotros, espera. —Se levantó de la silla y salió de la habitación en busca del vino. Hermione decidió tomárselo con calma, era normal que se pusiera un poco pesado, a fin de cuentas, su novia estaba a punto de anunciar al mundo que estaba con otro chico. Se sentó en la cama, la mesa y los apuntes le parecían un entorno demasiado formal para brindar dos enamorados.
—Ten.
Oliver regresó ofreciéndole una copa de vidrio, puso otra en la mesa y le sirvió vino tinto, según él, de una buena reserva. Hermione no tenía costumbre de beber, así que no sabía mucho de bebidas alcohólicas ni le interesaba.
—Por nosotros y porque pase rápido este próximo año. —Chocaron las copas.
No dejaba de mirarla a los ojos, con tanta insistencia que la castaña empezó a ponerse nerviosa y tuvo que apartarle la mirada. Oliver lo notó y pensó que era el momento.
Le retiró la copa de la mano, la dejo en el suelo, junto a la suya, y se volvió hacia ella dispuesto a todo. Enmarcó su cara con las manos y la besó, Hermione le devolvió el beso, pero el moreno empezó a profundizarlo con cierta ansiedad, y fue volcando el peso de su cuerpo sobre ella, hasta tenerla debajo, sobre la cama. Hermione seguía correspondiéndolo, la mano de Oliver se deslizó por su cintura, su muslo, llevaba falda, eso facilitaba las cosas. Cuando Hermione sintió la fría mano de Oliver sobre su piel se quedó quieta, dejó de besarlo, y lo miró con cara de desconcierto, él siguió ascendiendo sobre su pierna, buscando su ropa interior. El gesto de Hermione se tornó preocupado, incómodo, pero Oliver ni podía ni quería parar.
—Oliver para, por favor para. —le rogó.
—¿Por qué Hermione?, lo deseamos los dos. —Siguió acariciando su piel alcanzando su zona íntima por encima de la ropa.
—¡Para, Oliver! —le sujetó la mano con firmeza y expresión de decepción en el rostro.
—Pero Hermione… —Se incorporó un poco, liberándola de su peso.
Ella se enderezó también, un poco sofocada por la situación, y se recolocó la falda.
—Pensé que lo habíamos hablado, que nos lo tomaríamos con calma, sabes que es algo muy importante para mí. —le reprochaba decepcionada.
—Hermione, llevamos casi un año tomándonoslo con calma… y ahora te meterás en ese fregado con el dichoso príncipe, pensé que esta noche era la ideal para…
—¿Me invitaste a tu casa para llevarme a la cama? —le interrogó indignada.
—Sólo quería pasar una noche especial contigo, ¿eso está mal? —se defendía el moreno.
—No, no está mal, pero… ¿por qué tanta insistencia en… eso?, podíamos tener una noche maravillosa sin llegar hasta ahí. —se justificaba Hermione.
—Claro, y luego a esperar un año entero, nuestra relación se quedará congelada desde el lunes, y tú lo sabes —Se había enfadado también—. Yo te veré de uvas a peras y a escondidas, mientras ése desgraciado te tendrá cerca cada día.
—¿Es por eso?, ¿quieres acostarte conmigo para quedarte tranquilo? —Explotó la castaña—. ¿Para dejarme tu marca y estar tranquilo?
—No lo entiendes Hermione, no es así, sólo quería tener algo muy especial que recordar de nosotros.
—Entiendo que mientras para mí cada momento contigo es especial, hagamos lo que hagamos, para ti el sexo es lo único reseñable… —empezó a recoger sus cosas en la mochila— Siento mucho ser una novia tan aburrida.
Abandonó la casa enfurecida y triste al mismo tiempo, Oliver no supo contestar a su última acusación, se sintió mal por haberla hecho marcharse así. El sexo no era lo más importante para él, de ser así se habría buscado otra novia hace tiempo, candidatas no le habrían faltado siendo deportista de élite y bien parecido, pero era verdad que llevaba un tiempo algo desesperado por cruzar la línea con ella, simplemente la deseaba en todos los sentidos, ¿por qué ella no podía verlo?
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El domingo pasó deprisa para unos, muy despacio para otros, pero llegó a su fin, y con él la preparación de la rueda de prensa. Snape los había aleccionado a ambos desde la mañana hasta bien entrada la tarde, tanto Ron como Hermione tenían claro lo que debían decir y lo que debían callar.
—¿Siguen acosándola los periodistas en la puerta de su casa? —preguntó el hombre con su habitual tono de indiferencia.
—Pues sí, hay días que veo menos, otros que veo más, pero siempre hay algunos…
—Pues tenga muy claro que desde el mismo lunes, la presencia de esos sujetos a su alrededor se verá multiplicada por mucho, porque se habrá convertido en la novia oficial de un príncipe heredero, no lo olvide —La miró con desdén—. Procure comportarse estoicamente, ignórelos, no les de más carnaza.
—De acuerdo. —le contestó Hermione con mirada de pocos amigos.
La aversión y desconfianza entre ellos era mutua, para Snape, ella no era más que una plebeya intrusa que ahora debía tolerar por el bien de su irresponsable pupilo, para Hermione, él era el ayudante perfecto de un perfecto inútil, el príncipe Ron.
—La rueda de prensa la daremos en una sala cercana a mi despacho, la esperamos mañana a las nueve en punto señorita Granger, tendremos un rato para ensayarlo todo, tenga buena noche y salude a sus padres de mi parte.
Hermione asintió con la cabeza sin mucho entusiasmo, sabía que cada palabra cordial del moreno era pura cortesía, nunca sincera. Salió de la habitación y detrás de ella lo hizo Ron. La castaña esperaba otra frasecita impertinente como la del viernes, pero el pelirrojo parecía ignorarla.
—¿Hoy no vas a decirme ninguna gracia de las tuyas? —Ron se volvió hacia ella.
—No me digas que ya las echas de menos, vais de dignas pero al final os pasa a todas —se burló.
—Eres un creído estúpido, no sé ni porqué me molesto en dirigirte la palabra. —Ahí estaba de nuevo la mirada de odio de la castaña.
—Yo sí echaba de menos esa forma tan cálida que tienes de mirarme. —El pelirrojo le sostenía la mirada, y Hermione perdió la paciencia.
—Me voy a mi casa, no quiero estar cerca de ti más tiempo del necesario. —Le dio la espalda.
—Ten muy claro que el placer es mutuo.
—Vaya, si el señor principito sabe usar la ironía y todo.
—No soy ningún idiota.
—Permítame que rebata esa afirmación, alteza. —Le hizo una reverencia burlona.
—Así me gusta, no olvides que yo soy príncipe, y tú no eres nadie que pueda llamar mi atención.
Hermione hervía por dentro como una olla a presión, de nuevo la estaba descalificando como mujer, apretaba los dientes mientras pensaba algo para herirlo, no podía dejar que se marchase así, como aquella noche en el pub.
—¡Basta!, ¿qué es este escándalo? —ambos miraron asustados a un malhumorado Snape, que salía del despacho por haberlos escuchado discutir— Espero que hayan soltado todos sus humos, porque mañana esto no puede pasar, ¿está claro?, mañana parecerán una pareja feliz, así que se acabó la discusión.
Volvió a su despacho, dando un fuerte portazo tras él. Ron y Hermione se miraron pero no dijeron nada, cada uno se giró en una dirección abandonando el lugar.
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Llegó el lunes, Hermione se había pasado parte de la noche hablando con sus padres, sobre muchas cosas y sobre ninguna en particular, también había llamado a Katie para contarle como le había ido en palacio, incluso cogió el móvil cuando la llamó Oliver para pedirle disculpas por su comportamiento del sábado, al final lo habían arreglado, aunque a ella le costaría un poco olvidarlo.
Ya no había vuelta atrás, pensaba, mientras miraba por la ventanilla del mercedes negro enviado por palacio para recogerla. Se iba a convertir en una de las chicas más famosas del mundo, y odiaba la fama, era lo que menos le gustaba de ser una Granger, aunque nada tenía que ver eso con pertenecer a la familia real, claro, porque lo segundo era muchísimo peor. Intentó respirar hondo y tranquilizarse.
—Ánimo señorita. —dijo de pronto el chófer.
Al bajar el cristal tintado que la separaba de él, pudo verlo y lo reconoció, era el hombre moreno que se llevó a Ron arrastras del pub.
—Usted… ¿sabe a lo que voy a palacio? —preguntó recelosa.
—Sí, no me he presentado debidamente, me llamo Sirius Black, soy el guardaespaldas personal y chófer ocasional del príncipe Ron, y como usted debe imaginar, conozco de cerca sus movimientos, o bueno, casi todos —recordó cuando le dieron esquinazo aquella noche—. Sé que usted no sale con el príncipe, aunque vaya a anunciarlo en televisión, pero no se preocupe, su secreto está a salvo conmigo, nunca traicionaría al príncipe.
“Qué bien, otro lacayo fiel de Ron, como si no tuviera suficiente con Snape, uf”
Sirius advirtió su cara de disgusto y trató de aliviarla.
—Aunque no lo parezca, el príncipe Ron no es un mal muchacho.
Pero Hermione no lo creyó en absoluto.
—Gracias por sus ánimo Sirius, ¿puedo llamarle Sirius?
—Naturalmente señorita Granger, además, nos veremos con frecuencia a partir de hoy. —Le sonrió con amabilidad.
“Al menos es mucho más simpático que el murciélago de Snape”
Nada más acceder al pasillo de palacio, Snape apareció delante de ella, le echó una mirada de la cabeza a los pies, cargada de desprecio y prepotencia que ya le puso mal cuerpo a Hermione y la instó a seguirlo hasta la sala elegida para el acontecimiento.
—Pasan casi diez minutos de la hora estipulada, pensé que ya no vendría, casi tengo que inventarme una excusa para la prensa. —Le escupió mientras caminaba dándole la espalda—. En lo sucesivo, le rogaría que sea más puntual, no se imagina la cantidad de gente que dependerá de su presencia para poder hacer su trabajo.
¿Por qué aquel hombre siempre tenía las palabras justas para hacerla sentirse como basura?
Después de aguantar las indicaciones poco amables de Snape, la castaña se sentó en una silla para ordenar su cabeza y repetir mentalmente algunas frases de muletilla. La puerta de la sala se abrió y una figura imponente ocupó el umbral. Ron entró en la habitación con gesto serio, los presentes se callaron al verlo, cuando Hermione lo miró tuvo que contenerse para no resultar evidente su sorpresa. El maldito pelirrojo era mucho más apuesto de lo que había querido admitirse a sí misma. Llevaba un traje gris, con camisa blanca y corbata rayada a juego, su pose era sorprendentemente madura y hasta parecía más alto y más guapo que en sus encuentros anteriores.
De pronto se sintió ridícula con su sobrio conjunto de blusa y falda, ¿sobrio?, más bien aburrido y algo pasado de moda, pero es que no veía necesario llevar mejores ropas, sólo iban a sentarse y comunicar una noticia. Por primera vez en su vida, se arrepentía de no haberse dejado aconsejar por su madre en tema de vestuario. Hermione siempre había preferido la ropa cómoda y funcional a la bonita y llamativa, a parte de que desde siempre, había sido una chica discreta, y sus escasas curvas no la animaban a preocuparse más de su armario.
Como esperaba, Ron ni la saludó, apenas le dirigió una mirada altiva, ¿y era vanidad lo que leía en sus ojos?, el maldito bastardo había notado su patética expresión al verlo entrar, lo que le faltaba, subirle más el ego.
Cuando el príncipe tomó la palabra y pronunció la primera frase “la señorita Hermione Granger y yo, mantenemos una relación seria desde hace un tiempo”, la sala se quedó en absoluto silencio, y dos segundos después estalló un aluvión de flashes, “así que lo que dice el Gossip News, que somos amantes, es falso, somos mucho más que eso, Hermione es mi novia” concluyó el pelirrojo, y una marabunta de comentarios mezclados se desató. Snape puso un poco de orden.
—Por favor señores, de uno en uno, su alteza el príncipe contestará con sumo gusto a sus preguntas.
Ron llevó casi todo el peso de la situación, Hermione se limitaba a asentir, y contestar con monosílabos, como Snape le había indicado, ella supuso que por temer que metiera la pata.
—¿Y cómo se conocieron alteza?
—Pues… —Se volvió hacia Hermione, mirándola con cierta malicia, sin duda recordaba bien como se conocieron—, es algo que contaremos en una entrevista más extensa que ofreceremos a un programa serio y de nuestro agrado, ¿verdad Hermione?
—Sí. —Fingió una sonrisa.
—¡Alteza!
—¿Sí?
—¿Podría besar a la señorita Granger?
Otras voces se sumaron a la petición, los fotógrafos ardían en deseos de obtener la instantánea del beso.
Ron se inclinó hacia Hermione y le susurró tapando el micro, en medio de sonrisas, los presentes lo interpretaron como confidencias de enamorados. Pero realmente, Ron sólo trataba de relajar a una Hermione que se había puesto muy nerviosa de repente, porque una cosa era contestar preguntas y otra muy distinta besarse.
Oliver observaba angustiado la escena en su televisor. Casi todo el país y millones de personas en todo el mundo prestaban su atención a la pantalla.
—Tranquila, no te alteres, sólo será un pico, para que se queden tranquilos… tampoco me ilusiona a mí, pero es parte de esto.
—Va… vale… —respondió débilmente una casi taquicárdica Hermione.
La joven se giró hacia él, y se limitó a cerrar los ojos y esperar, Ron posó sus labios sobre su boca, fue un contacto de escasos segundos, pero la sala se revolucionó, una explosión de gritos y flashes la inundó y ambos protagonistas se separaron rápidamente.
—No pienses que he disfrutado con esto —musitó él mientras le sonreía ampliamente.
—Yo tampoco. —Le devolvía la sonrisa, porque debían quedar bien en las fotos.
—Gracias alteza, hacen una pareja preciosa. —exclamó un periodista.
—Sí… no podría haber elegido mejor —replicó otro.
Bromeaban entre ellos, parecían felices con la idea de verlos juntos, todo el mundo estaba encantado, todo el mundo menos ella, sus padres y Oliver.
Hermione Granger no pegaba mucho como su amante, no daba el perfil, pero como novia formal era una de las mejores candidatas entre las jóvenes de la aristocracia y las familias ricas de Inglaterra. Su reputación, ahora subsanada, era intachable, nunca había protagonizado ningún escándalo y además era muy buena estudiante.
Rita Skeeter miraba la televisión pasmada, lo que veían sus ojos y escuchaban sus oídos era increíble, el príncipe y esa chica anunciando su romance, no podía ser verdad, estaban mintiendo, ¿o tal vez Peter descubrió un romance auténtico cuando sólo buscaba morbo para su portada?
—Le aseguro que esos dos mienten, yo los vi allí, y no parecía que se conocieran en absoluto, ella estaba enfadadísima cuando él la besó, y después el príncipe le habló con muy poca educación, escuché lo que se decían, no entiendo lo que pasa, pero definitivamente están mintiendo. —aseguró Peter Foley.
—Jamás esperé algo así de Buckingham, han sido capaces de anunciar una relación inexistente para proteger la reputación de su heredero, esto es inaudito, ahora sí que me creo el rumor de que son capaces de todo.
—Bueno, la verdad es que la reputación de Granger también estaba un poco dañada después de nuestra portada, con todo lo que se ha montado. —apuntó.
—Cierto, con esta mentira parece que ambos salen muy beneficiados, pero mentir es peligroso, podrían pillarlos.
—Si publicamos las fotos del bofetón y la discusión, podríamos dejarlos con el culo al aire. —Rió con crueldad el hombre.
—No sé, podrían decir que es una riña de enamorados, después de esto, me esperaría cualquier cosa, no haremos nada Peter —sonreía maliciosa—. Siento curiosidad por saber hasta donde están dispuestos a llegar, además, acaban de darle una enorme credibilidad a nuestro periódico, resulta que anunciamos la exclusiva del año y nosotros sin saberlo, ¿no es divertido?
—Sí… que olfato más fino tengo. —La pareja se reía sin reparos.
Ellos celebraban la rueda de prensa televisada, pero otra persona se moría de celos por dentro. Oliver se había sentido muy mal al presenciar aquel beso, no era como el del pub, inesperado y no deseado por ella, éste era consentido. Y por un instante sintió miedo, ¿y si aquel príncipe acababa deslumbrándola y su relación de mentiras se volvía realidad? Luego pensó que Ron era un mujeriego y un juerguista, que nunca se enamoraría de una chica como Hermione, no era su tipo de mujer, pero sí podría seducirla y romperle el corazón después. Y le hervía la sangre, pero no podía hacer nada, sólo esperar, tener paciencia, y disfrutar al máximo cada momento que pudiera estar con ella, que a partir de ahora serían pocos y siempre a escondidas.
CONTINUARÁ…