Preciosidades aquí viene el tercer capitulo, siento la tardanza.
Las quiero.III- Nadie cambia de la noche a la mañanaBien. Mal. Bien. Mal. Ya llevaba doce margaritas, y todas acababan igual, la idea loca de trabajar con Draco Malfoy no era para nada buena. Había comprado una docena de margaritas, para su suerte no eran muy caras, pero necesitaba la aprobación de alguien, y ese alguien tenía que ser mano inocente, y para Hermione Jean Granger no había nada más inocente ahora mismo que una margarita, bueno en este caso no era una, si no un puñado de ellas.
Nada iba a salir bien, no es que fuese negativa, simplemente intentaba ser lo más realista posible, y en este caso no iba a ser menos. No sabía como iba a salir de este criadero de mandrágoras chillonas, pero esperaba salir ilesa y a ser posible con un ascenso bajo el brazo. Tenía que ser fuerte y demostrarse a ella misma que podía ser una profesional de los pies a la cabeza, que no le iba a temblar el pulso cuando estuviese delante del ex Slytherin, iba a plantarle cara al mortífago, iba a hacer el mejor trabajo de su vida, costase los disgustos y males que le costase. Después de siete años Hermione Granger volvió a jurar, error, nuca jures nada que tenga que ver con Draco Malfoy, una lección que debía de haber aprendido hace ya mucho tiempo.
#&#
Ella lo sabía, desde hacía tiempo Lavender Brown sabía lo patética que era su vida, todo por culpa del amor, entendería que nadie se fijase en ella si fuese un troll, o una enana con una cabeza de grandes dimensiones. Cierto que ella no era nada llamativa, cierto que desde hacía tiempo había dejado de ser alguien. La castaña con destellos pelirrojos sabía que era inmejorable en su trabajo, pero eso también le hacía saber que cada día estaba más sola.
Agarró la carpeta roja de su escritorio. Ella no era tan horrenda como una sirena, además de no tener esa exótica cola de pez; ella no era un unicornio con un cuerno en la cabeza. Ella no era nada de eso, solo una chica asqueada de su patética vida amorosa.
Su último amor de verdad, Ronald Weasley, quien lo dejo por la ratita de biblioteca Granger, no lo culpaba, por aquel entonces ella era un niña pesada, se podría llegar a decir que en aquellos tiempos Lavender Brown carecía de cerebro. Pero desde entonces las cosas habían cambiado mucho, sería que no había llovido desde su sexto año en Hogwarts. Suspiró. Se miró al espejo. Veinticinco años. Era toda una mujer. Tal vez la culpa la tenía su nariz, podría parecer muy grande, y eso podría ser el motivo de que nadie se fijase en ella. Sin duda la magia podría ayudarle.
Te quitas la bata, la odias, según tu criterio te hace las caderas anchas, pero sabes que sin ella no serías nada. Después de la Gran Batalla te refugiaste en los libros, sí, te reías de tu compañera castaña por hacerlo, pero luego tu lo hiciste. Suspiras y empiezas a leer los casos que te han llegado, ninguno en especial, nada difícil, cosas que ya podrías hacer con los ojos cerrados.
#&#
Salió de la oficina del jefe de aurores, dando un sonoro portazo, cuyo resultado fue que todo el mundo se girase a mirarlo. El rubio solo gruño, haciendo que todos volviesen al trabajo. Todo estaba mal, y Potter no lo quería reconocer, las cosas se les iban de las manos, y el muy estúpido del cara rajada no lo quería ver. Los mortífagos iban recortando terreno poco a poco, él lo sabía. No tenía miedo de lo que pudiese pasarle, él se despreocupaba de si mismo, pero si que odiaba que los demás pagasen por los errores que un estúpido sin poder de liderazgo había ordenado.
Él no quería presentarse al cargo ese, pero Potter había delegado en él. Bufó molesto y se revolvió el pelo. Hacia apenas dos días que se lo había cortado, se había quitado ese pelo largo que tanto le recordaba a su padre, por eso mismo lo había hecho, por que él era Draco, no Lucius Malfoy. Sabía porque debía presentarse a eso, pero no le parecía que él fuese el más indicado. Los motivos de Potter eran claros, y ciertos no lo iba a negar, pero volverle a ver la cara a ese maldito mortífago, eran demasiados recuerdos juntos.
Además por si fuera poco tendría que aguantar a una periodista de El Profeta durante todo el tiempo de campaña en su casa, vivir con una metomentodo. Suspiró, no le quedaba más remedio si no quería que el plan de Potter se fuese al traste, y por su culpa no iba a ser. Agarró la varita y se apareció en la puerta de su casa, que hora serían, no más de las cinco de la tarde.
- ¡Pero cómo que no esta!- gritó desesperada la mujer-. ¡Llevo media hora esperando y me dices que el hurón de tu amo no esta! ¡Pero me lo dices ahora! ¡Voy a avisar al periódico ahora mismo, pero que se ha creído el rubio teñido!
- Para tu información Granger es natural.
La chica se giró y lo vio ahí parado, con esa sonrisa suya de superioridad. Hermione sabía que había visto como perdía la paciencia con un simple elfo doméstico, pero no era culpa suya estar más irritable de lo normal, si no culpa de aquella serpiente que ahora tenía delante.
- Ya claro tan natural como que habíamos quedado a las cinco.
- Espera Granger, ¿quedar yo contigo? No es por ofender pero lo dudo.
Hermione apretó los dientes mientras echaba fuego por los ojos, quien le mandaba a ella aceptar, si en el fondo solo era un ascenso, podría conseguirlo de otra manera, y además en su planta no se estaba tan mal, tendría que recapacitarlo otra vez.
- Conmigo no Malfoy, si no con mi profesión- intentó explicarle la castaña, aunque el chico seguía sin comprender-. Viviré contigo cuatro largos meses, te suena de algo.
- Espera tu no puedes ser mi jefa de prensa, por si no lo sabías mi candidatura depende de lo que tu escribas de mí y para mí.
Hermione asintió, solo que ahora sonrió con cierta malicia. No había visto el punto de arruinarle a Malfoy su brillante carrera, pero entonces renunciaría a todos su valores, esos por los cual había peleado, se odio a si misma por ser tan gryffindor. Este en cambio no sabía que pensar, realmente no salir elegido le daba igual, solo que con la castaña por ahí rondando todos los planes podían irse a la mierda, hablando mal, tenía que hablar con Harry, con esto no iba a poder, ambos conocían la personalidad de la chica, y que no iba a parar hasta averiguar lo que quería. Draco notó un escalofrío y recordó lo que había pasado con Weasly, y sabía que ella todavía no estaba lista para saberlo.
- Me vas a abrir o nos vamos a quedar charlando aquí afuera- dijo de manera irónica la castaña.
- Calla sangre sucia.
- ¿Perdón? Podrías repetirlo a mis lectores muggles les encantará saber como te refieres a ellos.
Draco apretó los puños y abrió la puerta con la varita. La castaña sonrió y cargó con sus maletas hasta la puerta, donde miró a Malfoy y le sonrió con superioridad. Esto acababa de empezar y ya iba ganando.
- ¿Y dónde voy a dormir?- preguntó Hermione.
- Con lo elfos- susurro Draco para que la chica no lo oyese.
- ¿Dijiste algo de elfos Malfoy?- preguntó ingenua la castaña.
- No, digo sí, que los elfos te la enseñaran.